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Asunto:[encuentrohumboldt] 537/04 - Latinoamérica en los años ochenta: crisis económica y concertación política.
Fecha:Viernes, 12 de Noviembre, 2004  00:59:21 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

Latinoamérica en los años ochenta: crisis económica y concertación política.

 Prof. María Faiella[1]

Prof. Javier Luchetti[2]

 

 1. Introducción.

 A partir de la década de los setenta, América Latina incrementó fuertemente su deuda externa gracias a los préstamos externos. La situación empeoró cuando bajó el precio de las mercancías vendidas por estos países y subieron las tasas de interés. Así, desde 1980 en adelante, los países debían pagar más deuda, con ingresos por exportaciones reducidos, lo que acarreó que no pudieran cumplir con sus obligaciones de pago. Al mismo tiempo, las autoridades de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, instaban a las reformas económicas que incluían la apertura de los mercados al comercio exterior y a las inversiones extranjeras, las privatizaciones, etc., es decir, presionaban a los países latinoamericanos para que se realizaran "ajustes estructurales", que por supuesto estaban destinados a beneficiar a los acreedores externos[3].

 

En este contexto de crisis económica, los países de América Latina fueron abandonando paulatinamente los gobiernos autoritarios y recuperando la democracia para sus pueblos. A partir de esta situación, se fueron identificando nuevas formas de concertación política directa entre los gobiernos latinoamericanos para lograr un mejor manejo colectivo de ciertos problemas internacionales de importancia para la región, predominando las relaciones de cooperación económica y política por sobre los conflictos. Es decir, ante los límites que tenían para insertarse los países en forma individual en la economía internacional, y ante la vulnerabilidad externa, la concertación política junto con la integración regional servirían para promover la paz y el desarrollo, y consolidar la democracia. El análisis del siguiente trabajo, a partir de esta interpretación de la realidad, parte del hecho de que como consecuencia de estas circunstancias, a mediados de la década de los años ochenta, asistimos a los esfuerzos por lograr nuevas formas de diplomacia multilateral y políticas de concertación entre gobiernos latinoamericanos, para alcanzar estrategias alternativas conjuntas y poder afrontar la difícil condición económica y política de la región.

 

 

2. La crisis económica latinoamericana.

 

En la década del ochenta, la caída del producto bruto interno latinoamericano, y la baja en los precios de los principales productos de exportación latinoamericanos como combustibles, minerales y productos agropecuarios vendidos casi sin elaboración -a pesar del aumento de las exportaciones de productos manufacturados- en un mercado mundial inestable, deterioraron el nivel de vida de la población. Por otra parte, esos productos fueron sustituidos por otros en muchos casos producidos por los propios países industrializados a partir de la nueva revolución científico-tecnológica que contaba con el apoyo de los estados, que destinaban una gran parte de sus presupuestos a Investigación+Desarrollo[4].

 

El crecimiento económico basado en el crédito externo abundante y barato de los setenta se acabó bruscamente por una serie de factores tanto externos como internos: “mercados internos demasiado estrechos, que no fueron ampliados a tiempo a través de una orientación exportadora más decidida; falta de rentabilidad y escasa adaptación social y económica de los costosos proyectos de gran envergadura; utilización insuficiente del potencial de desarrollo nacional a consecuencia de la concentración en las clases medias y altas urbanas y en los modelos de consumo occidentales intensivos en importaciones; limitada competitividad internacional de muchas empresas, que, debido al elevado proteccionismo, tuvieron pocos incentivos para aumentar las exportaciones de bienes manufacturados, aprovechar rendimientos de escala mejorar el nivel tecnológico de los procesos de producción y de los productos; desarrollo deficiente de la producción de bienes intermedios y de capital, con una concentración simultánea en los productos de consumo duraderos e intensivos en importaciones; creciente diferenciación social y regional de los ingresos, cuya proporción sobrepasa considerablemente a la de los países semiindustrializados asiáticos; formas de producción muy intensivas en capital, generadas artificialmente, y una elevada propensión al consumo, que frena la acumulación de capital”[5].

 

Las empresas transnacionales contaban con un control de los mercados –a veces formando carteles-, en el cuál manejaban la producción, el transporte y la distribución de las materias primas y alimentos. El papel de las pequeñas y medianas empresas era poco significativo y su nivel de desarrollo tecnológico escaso. Los países vendedores carecían de la información suficiente como para fijar el rendimiento y la producción a futuro, y también los precios eran manejados por las bolsas de productos situadas en países desarrollados. El superávit en la balanza comercial gracias a la depresión del mercado interno, las devaluaciones, el desempleo, y los bajos salarios, no se aplicó al desarrollo tecnológico, sino al pago de la deuda externa. La disminución del producto bruto interno latinoamericano, el descenso del ingreso real per cápita, la evasión fiscal, la baja tasa de ahorro nacional, el éxodo de los más capacitados, la caída de la inversión pública y del consumo interno, y la disminución del nivel de vida, junto con la depreciación de los precios del sector exportador, amplió la brecha con los países del norte, que presionaron para lograr la apertura de las economías latinoamericanas, proponiendo reformas que tendían a la estabilización de la economía a través del ajuste fiscal y la reducción del aparato estatal.

 

Los grupos privilegiados por las excepciones fiscales o por los contratos con el estado, lograron bloquear cualquier intento de los gobiernos democráticos por lograr un equilibrio fiscal, ya que su rentabilidad se basaba en la baja de los ingresos de los sectores asalariados y en la especulación financiera. La estatización de la deuda externa y la deuda pública interna aumentaron la quiebra estatal y las presiones hiperinflacionarias. La inflación se produjo además, porque la necesidad de contar con divisas para los pagos externos requería adquirir internamente los fondos necesarios, y los dólares debían adquirirse de los exportadores privados comprando las divisas con endeudamiento, o con emisión monetaria. Recién en la segunda mitad de la década de los ochenta, se comienzan a aplicar las estrategias que intentan superar los estrangulamientos externos e internos mediante una mayor capacidad exportadora de la región que podría llevar a una mejoría económica interna a través de una mayor recaudación que ayudara a mejorar el déficit fiscal. Esto se instrumentó con tipos de cambio elevados, créditos a las exportaciones y estímulos fiscales[6].

 

A partir del fracaso de la política de sustitución de importaciones, comenzaron a ganar terreno las ideas que hablaban de la apertura de la economía, la competitividad y la inserción externa a través de un estado eficiente que privatizara las empresas estatales, y se dedicara solamente a ciertos sectores económicos o sociales que no pudieran ser atendidos por el mercado. También comenzó a replantearse la inserción en la economía internacional a partir de la modernización del aparato productivo, el aumento de la productividad, la complementariedad y la competitividad, la creación de un mercado ampliado y de economías de escala para la utilización de la capacidad industrial ociosa, y la atracción de capitales de riesgo.

 

Los organismos internacionales buscaban la liberalización del comercio en los países subdesarrollados, integrándolos fuertemente a las demandas de las naciones desarrolladas, en desmedro del comercio intraregional que en la década disminuyó fuertemente. Esto se debió a que los productos primarios tradicionales estaban destinados a los mercados del norte, y a que las exportaciones recíprocas de manufacturas disminuyeron por falta de divisas para importar insumos, bienes de capital y tecnología y por la carencia de dinero de los países compradores. El comercio con los Estados Unidos fue disminuyendo como consecuencia de la intensidad con que la región ha contraído sus importaciones en respuesta a las restricciones provenientes de la crisis del endeudamiento externo. El intercambio comercial con la Comunidad Económica Europea (CEE), no ha sido mejor a pesar del saldo superávitario latinoamericano, debido al recorte de las importaciones, acentuando la posición marginal con respecto al comercio exterior de la CEE, puesto que los productos agrícolas ocupan una parte importante de las exportaciones y han venido declinando en su participación como consecuencia de la política agrícola común. Esta política de la CEE ha logrado transformarla en autosuficiente en una serie de rubros agrícolas de zona templada, exportando incluso productos lácteos, carne bovina y porcina, y trigo mediante subsidios masivos que descolocan las exportaciones latinoamericanas en otros mercados por la desleal competencia europea[7].

 

En este sentido, la Rueda de Negociaciones Comerciales, llamada comúnmente Ronda Uruguay, que se inició en 1986, y que se preveía que finalizara en 1990, intentó desbaratar las trabas arancelarias que alteraban el comercio mundial. Si bien la ronda tenía como objetivos reforzar el sistema multilateral del GATT[8], liberalizar el comercio mundial, colaborar con los ajustes estructurales a partir del aumento del comercio internacional, especialmente de los bienes de tecnología avanzada, y fomentar la cooperación internacional, los máximos protagonistas fueron los representantes de los Estados Unidos y de la Unión Europea que entablaron una serie de discusiones en torno a los subsidios agrícolas. A esta discusión se sumó el Grupo Cairns, que buscaba el desmantelamiento de los subsidios, y el resto de los países subdesarrollados que participaron más activamente que antes en el debate sobre el proteccionismo, las inversiones, etc.. Finalmente, la Ronda concluyó en 1993[9].

 

Por último, aumentó el comercio intraindustrial por sobre el comercio intersectorial, basado en ventajas comparativas como los recursos naturales. La declinación de este último, estaba marcada por la caída absoluta en el volumen de comercio de productos primarios, mientras que las exportaciones de manufacturas debían soportar las medidas proteccionistas de los países industrializados, colocando a las exportaciones de la región en una situación inestable frente a la evolución de la economía internacional. Como consecuencia de esto, decayó la participación de las importaciones y exportaciones latinoamericanas en el comercio internacional[10].

 

 

3. La concertación política.

 

En la década de los ochenta, se produjo una oleada de democratización en los países latinoamericanos, es decir, “una ola de democratización es un conjunto de transiciones de un régimen no democrático a otro democrático, que ocurren en determinado período de tiempo y que superan significativamente a las transiciones en dirección opuesta durante ese mismo período. Una ola también implica habitualmente la liberalización o la democratización parcial en sistemas políticos que no se convierten por completo en democráticos”[11]. Esta oleada democratizadora que se produjo en la década del ’80, sucedió a una serie de regímenes autoritarios, que se fueron debilitando por una serie de hechos que determinaron su decadencia y fin: “La prevalencia de normas democráticas en el mundo y en muchos países concretos; la ausencia general de una legitimación ideológica para los regímenes autoritarios distintos de los sistemas de partido único; derrotas militares; problemas económicos y deficiencias derivadas de la crisis del petróleo, la ideología marxista-leninista y políticas económicas poco sagaces e ineficaces; buenos resultados en el logro de algunos objetivos que (como la supresión de la guerrilla) redujeron la necesidad del régimen, o (como con el crecimiento económico muy rápido) intensificaron los desequilibrios sociales y las exigencias de participación política; el desarrollo de divisiones entre las coaliciones gobernantes en los regímenes autoritarios, particularmente en los regímenes militares sobre la politización de las fuerzas armadas y los efectos bola de nieve de la caída de algunos regímenes autoritarios, pese a la confianza de los gobernantes en otros países autoritarios; (…) niveles más elevados de bienestar económico, que llevaron a una amplia alfabetización educación y urbanización, una clase media más amplia, y el desarrollo de valores y actitudes de apoyo a la democracia; cambios al mismo tiempo a nivel popular y en los niveles directivos de la Iglesia Católica, que llevaron a la Iglesia a oponerse a los regímenes autoritarios y a apoyar a la democracia”[12].

 

Aunque por las razones mencionadas en el apartado anterior se produjo un retraso económico considerable en América Latina, en el aspecto político la situación mejoró al comenzar a impregnarse la región de una diplomacia más diligente y pragmática. Ante el retroceso de las doctrinas de seguridad nacional y geopolíticas, la integración latinoamericana tomó un nuevo impulso con mecanismos de consulta y cooperación a partir de los problemas políticos que se planteaban en muchos casos, como un enfrentamiento regional de las grandes potencias. Tal fue el caso de la crisis centroamericana (el enfrentamiento fronterizo entre Honduras y Costa Rica frente a Nicaragua), y la creación del Grupo de Contadora en 1983. La búsqueda de una estabilidad política que consiguiera la perdurabilidad de los procesos democráticos de la región conllevó a la creación de instrumentos de concertación que pudieran solucionar los problemas latinoamericanos, que en ciertos casos se encontraban en la agenda internacional. La creación del Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) inició una nueva forma de concertación regional, a partir de las dimensiones internacionales relacionadas con la relación Este-Oeste derivadas del conflicto centroamericano, y a pesar de las presiones económicas y militares de los Estados Unidos[13].

 

Las relaciones multilaterales de alto nivel político acompañaron la democratización continental buscando estratégicas alternativas a la de los gobiernos dictatoriales, y entre ellas se pueden mencionar el nacimiento del Grupo de Apoyo –Argentina, Brasil, Perú y Uruguay- a Contadora, y el Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política del Grupo de los Ocho, que mostraron la intención de aplicar la asistencia económica y política entre los países para lograr una mayor inserción internacional, consolidando los sistemas democráticos, favoreciendo el diálogo entre las naciones, y promoviendo la cooperación e integración latinoamericana[14]. La creación del Grupo de los Ocho para buscar una solución negociada en Centroamérica, y apoyar al Grupo de Contadora que carecía de la fuerza necesaria para resolver la crisis debido al endurecimiento de las partes y la falta de voluntad política, aportó elementos para coordinar acciones ante problemas comunes: "La nueva concertación regional comenzaba a definir sus contornos con mayor precisión. Cinco serían las primeras tareas que había de cumplir el Grupo de Lima (Grupo de Apoyo), siempre en apoyo a los importantes esfuerzos de Contadora: intercambiar información para identificar medidas que contribuyeran a la solución de los problemas centroamericanos; realizar consultas tendientes a facilitar la coordinación de acciones negociadoras; gestionar diplomáticamente junto con Contadora ante los diversos gobiernos comprometidos en la pacificación de la región; impulsar la conclusión y suscripción del Acta para la Paz y la Cooperación en Centroamérica; y auspiciar el cumplimiento efectivo de esta última"[15].

 

Frente a la crisis económica, se promovió la realización en 1984 de la Primera Conferencia Económica Latinoamericana de Jefes de Estado en Quito, que buscaba la realización de programas de financiamiento, comercio y cooperación energética y regional destinada a dar solución a los graves problemas estructurales del área: "A partir de la Reunión de Quito, la acción solidaria regional fue considerada como el mejor instrumento de negociación latinoamericana con la banca acreedora. Mediante esta acción, nuestros países han tratado de definir en forma colectiva un marco más equitativo para la negociación de la deuda externa, que al contemplar las particularidades de cada país permita una respuesta general a un problema común de la región"[16]. Se buscaba llevar a cabo estrategias colectivas de solidaridad frente a los acreedores de la deuda externa, algo que generó la oposición del Grupo de los 7 quienes se oponían a la formación de un club de deudores, porque esto hubiera significado la discusión pública de las políticas internas fiscales y monetarias de los países industrializados. Posteriormente ese mismo año, la Reunión de Cartagena de Indias a la que concurrieron los ministros de finanzas y cancilleres conformando un Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política (Consenso de Cartagena) para proponer un tratamiento político de la deuda y su renegociación, mostró la voluntad de avanzar colectivamente en un mecanismo de concertación político y económico regional[17].

 

Se excluyó la posibilidad de repudio de la deuda, y se propuso la creación de un cartel de deudores que acordaran lineamientos generales que sirvieran a las negociaciones individuales de cada país. Se estableció la idea de la noción de corresponsabilidad entre acreedores y deudores respecto al endeudamiento, y se recomendó que se limitaran los pagos de la deuda externa a un porcentaje de las exportaciones, exigiendo no solamente la baja de las tasas de interés, sino también la restauración de los préstamos. Sin embargo, el Consenso de Cartagena no se manifestó solidario con la decisión del presidente peruano Alan García de limitar el servicio de su deuda externa al 10% de sus ingresos de exportación, ante la posterior reacción de dureza de los acreedores que presionaron al país, aislándolo del resto de las naciones[18].

 

La intención de los países de poner fin al estancamiento económico y político quedó demostrado por la firma de varios acuerdos sobre integración. Las declaraciones de Esquipulas I y II (1986-87) lograron la paz en la región centroamericana mediante un programa de desarrollo e integración. La fusión del Grupo de Contadora con el Grupo de Apoyo en Río de Janeiro en 1986, en el llamado Grupo de los Ocho o Grupo de Río, no sólo se constituyó en un nuevo factor de poder frente a la crisis centroamericana, sino que se amplió el campo de aplicación de una política en común que abarcara la cuestión centroamericana, el desarrollo económico, la paz, la justicia, la libertad, y la defensa de la democracia[19]. Lo que buscaban los países integrantes del Grupo de los Ocho era incrementar su poder negociador ante las grandes potencias económicas, promoviendo un cambio en las relaciones económicas y políticas internacionales, a la par que pretendían, fortalecer las democracias, incrementar la cooperación política y económica, y apresurar los dispositivos de integración, es decir, "el objetivo central del Grupo de los Ocho fue conseguir la acumulación de un mayor poder de negociación para el conjunto de países miembros, a través de la creación de nuevos canales de diálogo intraregional y extrarregional, tendientes a reducir la vulnerabilidad de la región, a aumentar su autonomía de decisión y a promover una mayor presencia de la misma en el escenario internacional"[20].

 

La Primera Reunión de Ocho Presidentes Latinoamericanos efectuada en 1987 en Acapulco, resaltó el compromiso por la paz, el desarrollo, la democracia, la justicia y la independencia, asumiendo el compromiso de renovar y profundizar la integración y cooperación regional, ampliando el comercio recíproco con el objetivo de converger hacia un Mercado Común Latinoamericano y avanzando hacia un concepto de responsabilidad compartida que permitiera una articulación de intereses para lograr un desarrollo económico sostenido[21]. Los jefes de estado recalcaron la necesidad de impulsar un programa de cooperación en ciencia y tecnología para marchar hacia la creación de tecnologías autónomas avanzadas y revertir las transferencias masivas de recursos hacia el exterior, limitando el servicio de la deuda a la capacidad de pago real de cada país[22]. Se consideró indispensable, "la preservación de la paz y la seguridad de la región; la consolidación de la democracia y del respeto a los derechos humanos; la recuperación de la capacidad de nuestras sociedades para generar un desarrollo sostenido y autónomo; la solución del problema de la deuda externa; el establecimiento de un sistema comercial internacional justo, abierto y libre de proteccionismos; el impulso al proceso de integración entre nuestros países y con toda América latina y el Caribe; la participación más efectiva de nuestros países en la economía internacional; el desarrollo autónomo y acelerado de la ciencia y de la tecnología; el fortalecimiento de la capacidad de negociación de los ocho gobiernos y de la región en su conjunto; la reafirmación de la identidad cultural de la región y el intercambio de experiencias educativas"[23].

 

También se identificó la necesidad del establecimiento de un sistema comercial internacional sin proteccionismos, reconociendo la naturaleza política del problema de la deuda, y solicitando la creación de instrumentos que otorgaran a los países latinoamericanos beneficios en los descuentos del valor de sus respectivas deudas externas. La reunión de los jefes de estado y gobierno del Grupo de los Ocho dejó bien en claro la intención de avanzar en un intercambio de consulta más abierto con una continuidad anual, “tomando forma definitiva la decisión de los gobiernos allí representados de reforzar la unidad latinoamericana y su poder negociador internacional, impulsando nuevas maneras para formular y enfrentar los problemas comunes; de poner en marcha novedosas estrategias para lograr una auténtica cooperación regional basada en la solidaridad y mantener una permanente interacción política a fin de avanzar en la consolidación de un núcleo integrador de voluntades políticas y esfuerzos económicos”[24].

 

La segunda reunión de jefes de Estado del Grupo de los Ocho en octubre de 1988, elaboró distintos instrumentos para la integración regional, la paz, la seguridad, la democracia, el fortalecimiento de los organismos regionales, la protección del medio ambiente, el combate del narcotráfico y el desarrollo de la estructura productiva de los distintos países. En esta segunda convocatoria realizada en Punta del Este, no solamente se habló de la integración económica sino también de la integración científico-tecnológica, cultural y educativa. Se remarcó la necesidad de que el mundo no se dividiera en zonas de influencia, y que se respetaran las soberanías nacionales, valorizando de esta forma las negociaciones multilaterales. Asimismo, se hizo hincapié en que los inversores externos tuvieran en cuenta a los países latinoamericanos, mientras que "en materia de deuda externa, en esta oportunidad se enfatizó menos en la importancia de la recuperación de los flujos de crédito externos que en la reducción del monto y de los servicios de la misma, aunque se mantuvo la tesitura de continuar con la estrategia de concertación regional en el diálogo político iniciado con los acreedores tendientes a lograr la reducción de la deuda"[25].

 

Por último en la tercera cumbre presidencial del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política celebrada en Ica, Perú, en octubre de 1989, predominaron los temas de seguridad, tales como narcoterrorismo y tráfico de armas, por sobre los temas económicos, políticos y sociales de la región. Los miembros de los países participantes se comprometieron a apuntalar la Organización de los Estados Americanos como el escenario político apropiado para lograr una nueva etapa de diálogo en la región. También se expresó que existía la voluntad política de conseguir la integración regional, no solo en su aspecto comercial, sino también en cuanto a transportes, tecnología, ciencia y cultura. También se apoyó a la Ronda Uruguay del GATT, en su misión de eliminar los impedimentos existentes para el fomento del comercio de los productos de los países latinoamericanos[26].

 

 

4. Síntesis.

 

Si bien los países lograron obtener superávit comercial, el dinero conseguido gracias a las devaluaciones, la recesión del mercado interno y los bajos salarios, se empleó para el pago de la deuda externa, al mismo tiempo que aumentaron las voces que pedían una reducción del aparato estatal, para eliminar la inflación, y privatizar las empresas públicas. También se comenzó a hablar, de la necesidad de aumentar la productividad, la complementariedad y la competitividad mediante la apertura de la economía. Las empresas transnacionales controlaban los mercados, dejando poco espacio a las pequeñas y medianas empresas, que carecían de tecnología avanzada y del apoyo del estado. Como las grandes empresas ocupaban poca mano de obra, era natural una alta tasa de desempleo. Además, el estado intervenía poco para frenar la evasión fiscal y la especulación financiera que hubiese podido ayudar a la creación de puestos de trabajo. Es decir, mientras que en el aspecto económico asistimos a la crisis del modelo estatal de desarrollo, y al escollo de la deuda externa, en lo político, los años ochenta significaron para la región, la recuperación de la democracia y el surgimiento de nuevas formas de concertación política regional.

 

En el aspecto político la década de los ochenta, muestra el retorno de la democracia en los países latinoamericanos, gracias al retroceso de las doctrinas de seguridad nacional. La necesidad de lograr la estabilidad política de las nuevas democracias significó la creación de instrumentos de concertación que pudieran solucionar problemas latinoamericanos, como el Grupo de Contadora, y el Grupo de Apoyo, además del Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política del Grupo de los Ocho. Se buscaba promover la cooperación e integración latinoamericana, no solamente para consolidar los procesos democráticos, sino también para llevar a cabo estrategias colectivas frente a los acreedores de la deuda externa, y oponerse al tratamiento individual de la deuda de cada país. En este sentido, el Consenso de Cartagena, no repudió el pago de la deuda, pero sí estableció la idea de la corresponsabilidad entre deudores y acreedores, mostrándose favorable al tratamiento político de la deuda y a una baja de las tasas de intereses.

 

Las reuniones del Grupo de los Ocho, sirvieron para lograr una amplia coincidencia en cuanto a la aplicación de una política en común que comprendiera la paz, la justicia, la libertad, la defensa de la democracia y el desarrollo económico. Para esto era esencial incrementar el poder negociador ante las grandes potencias económicas, para que abrieran sus mercados y dejaran de lado el proteccionismo, tratándose el tema de la convergencia hacia un Mercado Común Latinoamericano. También vieron la necesidad de impulsar un programa de cooperación en ciencia y tecnología para revertir las transferencias de divisas al exterior, y apoyar la integración científico-tecnológica, cultural y educativa, buscando implementar mecanismos para corregir los desequilibrios entre los países latinoamericanos. Al mismo tiempo, se reconoció la necesidad de buscar una solución política al tema de la deuda externa, para lo cuál se impulsaba la unidad latinoamericana a fin de mejorar el poder negociador internacional, mediante la cooperación regional y la acción política conjunta: "La evolución de la concertación señala así un cambio cuantitativo (aumento del número de actores involucrados) y cualitativo (la incorporación de nuevos temas a la agenda), mientras que aquellos originales (paz, deuda externa, integración, desarrollo), se han reforzado. También señala una mayor complejidad en los mecanismos, al incorporarse otros órganos burocráticos de los gobiernos, tal es el caso de los ministros de economía, educación y cultura"[27].

 

En el decenio de 1980, se comienza a perfilar una visión política regional de la integración como medio de consolidación de la democracia y herramienta para la promoción del desarrollo latinoamericano. Se parte de un panorama crítico en el ámbito internacional puesto que en esta etapa existía el neoproteccionismo en los países del norte, y presiones para que en los países latinoamericanos se hicieran los "ajustes" a sus economías. Estas presiones tenían por objeto que los países latinoamericanos cumplieran con sus compromisos externos. Estas circunstancias hicieron disminuir las expectativas de incrementar las relaciones con los países industrializados, por lo que una opción para lograr el desarrollo económico y social de los pueblos latinoamericanos, era incrementar la cooperación e integración política y económica regional, puesto que los países ya no podían solucionar sus problemas individualmente.

 

Para finalizar, cabe decir que la década de los ochenta fue una época difícil para nuestro continente: “Se margina más la región por varias razones (crisis de la deuda, falta de competitividad, aumento de las tendencias proteccionistas, etc.). No logra conectarse bien con el nuevo polo poderoso de Extremo Oriente y su centro japonés, salvo parcialmente Chile y un poco Brasil. Europa se aleja de América Latina, acentuando una evolución de varias décadas. Estados Unidos se vuelve más hegemónico en la región, lo que implica una mayor dependencia y nuevos problemas muy complejos. (...) Al mismo tiempo, todo esto prepara el terreno para la prédica de las recetas neoliberales, supuestamente salvadoras para salir de la crisis mediante la modernización y un salto de productividad”[28].



[1]Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Humanas, Tandil.

[2]Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Humanas, Tandil.

[3]Para un análisis del estado de la economía latinoamericana, véase también Luchetti, Javier; La integración Argentina-Brasil en el contexto económico latinoamericano de los ochenta. Neuquén, V Encuentro Internacional Humboldt, 2003.

[4]Martner, Gonzalo: Mercados internacionales de productos básicos, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericana, 1989. Sierra, Pablo: La integración como estrategia frente a la crisis, en; Integración Latinoamericana. Informe Base. Buenos Aires, Consejo Federal de Inversiones, 1991.

[5]Kürzinger, Edith: América Latina y la Comunidad Europea: repercusiones de los cambios en la economía mundial, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1987, n° 120, p. 29.

[6]Altimir, Oscar: Desarrollo, crisis y equidad, en; Revista de la Cepal. Santiago, CEPAL, ABRIL 1990, n° 40. Bustos, Pablo; El Mercosur ¿más de lo mismo?. Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, 1992. López, Andrés y Porta, Fernando: Nuevas modalidades de inserción internacional: el Mercosur, en Kosacoff, Bernardo (ed.); Hacia una nueva estrategia exportadora. Buenos Aires, Universidad de Quilmes, 1995. Martner, Gonzalo, op. cit.. Sierra, Pablo, La integración como estrategia frente a la crisis, op. cit.. Sierra, Pablo: Países del Cono Sur. Ajuste económico 1980/1990 y procesos de integración, en; Integración Latinoamericana. Informe Base II. Buenos Aires, Consejo Federal de Inversiones, 1992.

[7]Castellanos, Diego: Hacia una revisión de las relaciones con la Comunidad Europea, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad, marzo-abril 1990, n° 106. Insulza, José: Europa y América Latina ante la reestructuración global, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad, marzo-abril 1990, n° 106.

[8]El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio establecido en 1948, tenía como propósito fundamental lograr un comercio más libre y justo, a través de la eliminación de aranceles y otras barreras comerciales. El GATT poseía tres principios fundamentales: 1) la no-discriminación, el multilateralismo, y la aplicación del principio de la nación más favorecida a todos los signatarios; 2) la expansión del comercio por medio de la reducción de barreras comerciales y; 3) la reciprocidad incondicional entre todos los signatarios. Gilpin, Robert; La economía política de las relaciones internacionales. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1990.

[9]El Grupo Cairns estaba integrado por Argentina, Australia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Filipinas, Hungría, Indonesia, Islas Fiji, Malasia, Nueva Zelanda, Tailandia y Uruguay. Lanús, Juan; Un mundo sin orillas. Nación, estado y globalización. Buenos Aires, Emecé, 1996.

[10]Bouzas, Roberto: América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América latina y la economía internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1989. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe; El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe. La integración económica al servicio de la transformación productiva con equidad. Santiago, CEPAL, 1994. Jaguaribe, Helio: La integración Argentina-Brasil, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, noviembre 1987, n° 129. Kürzinger, Edith, op. cit.. Tussie, Diana; Los países menos desarrollados y el sistema de comercio mundial. Un desafío al GATT. México, Fondo de Cultura Económica, 1987.

[11]Huntington, Samuel; La tercera ola. La democratización a finales del siglo XX. Buenos Aires, Paidós, 1994, p. 26.

[12]Ibídem, pp. 104-105.

[13]Bernal-Meza, Raúl: La concertación política regional: factor clave de la integración económica latinoamericana, en, Bernal-Meza, Raúl y Mendoza, Oscar (comp.); Orden mundial y escenarios regionales. San Juan, Universidad de San Juan, 1991. Laredo, Iris: Definición y redefinición de los objetivos del proceso de integración latinoamericana en las tres últimas décadas (1960-1990), en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, septiembre-octubre 1991, n° 171-172.

[14]Alegrett, Sebastián: Nuevas formas de concertación regional en América Latina, en Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988. Bernal-Meza, Raúl, op. cit.. Green, Rosario: Nuevas formas de concertación regional en América Latina: El Grupo de los Ocho, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988.

[15]Green, Rosario, op. cit., pp. 258-259.

[16]Laredo, Iris, op. cit., p. 18.

[17]Alegrett, Sebastián, op. cit.. Laredo, Iris, op. cit.. O’ Connell, Arturo: La coordinación de los deudores latinoamericanos: el Consenso de Cartagena y el Grupo de los Ocho, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988. Rofman, Alejandro: Estrategias frente al desafío del Mercosur, en; Revista Realidad Económica. Buenos Aires, febrero-mayo 1993, n° 114-115.

[18]Alegrett, Sebastián, op. cit.. O’ Connell, Arturo, op. cit.. Raimundi, Carlos; La nueva dimensión política de la integración. Buenos Aires, Honorable Cámara de Diputados de la Nación, 1991. Rofman, Alejandro, op. cit..

[19]Green, Rosario, op. cit.. Laredo, Iris, op. cit.. Rofman, Alejandro, op. cit..

[20]Laredo, Iris, op. cit., p. 19.

[21]Con respecto a la integración regional, los presidentes afirmaron que: "Tenemos una clara conciencia de la urgente necesidad de fortalecer la integración y la cooperación regionales. Para ello, estamos decididos a que formen parte de nuestros proyectos políticos nacionales. La integración constituye el instrumento indispensable para garantizar la participación más efectiva de la región en las relaciones internacionales, ampliando su capacidad de negociación frente a terceros. Asumimos el compromiso de reforzar los procesos de integración en los que participan nuestros países y apoyar otros que se realizan en la región. Particular atención habremos de prestar a mecanismos de cooperación e integración entre nuestros países, orientados a resolver y atender las necesidades sociales básicas de nuestros pueblos. Asimismo, hemos decidido profundizar las iniciativas de cooperación entre nuestros países y ampliar y diversificar nuestro comercio recíproco, incluyendo la sustitución de importaciones extrarregionales. Es necesario igualmente aprovechar las potencialidades de complementación económica. Para estos fines procuraremos adecuar los mecanismos de financiamiento y de pagos que apoyen la integración regional. El conjunto de estas medidas favorecerá el establecimiento gradual y progresivo de un espacio económico ampliado en la región, y tendrá como objetivo final converger hacia un mercado común latinoamericano". Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia, artículos, 47, 48, y 49.

[22]Barros Charlín, Raymundo: Estructuras de concertación de políticas económicas, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe: Integración regional: desafíos y opciones, en; Revista Comercio Exterior. México, Banco Nacional de Comercio Exterior, enero 1990, volumen 40, n° 1. Green, Rosario, op. cit.. Fuentes Hernández, Alfredo: Concertación política para el desarrollo de América Latina, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, abril 1988, n° 133.

[23]Compromiso de Acapulco para la Paz, el Desarrollo y la Democracia, artículo 20.

[24]Bernal-Meza, Raúl, op. cit., p. 45.

[25]Laredo, Iris, op. cit., p. 21.

[26]Durante la quinta reunión de los ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de los Ocho, que se realizó en Venezuela en marzo de 1989, se constituyó el Grupo de los Tres, formado por Colombia, México y Venezuela. Este grupo tenía como objetivo el promover la integración económica entre los países miembros y la cooperación con Centroamérica y el Caribe, respondiendo al reavivado interés por la integración desarrollado en América Latina y el Caribe en la década de los ochenta. Laredo, Iris, op. cit.. Raimundi, Carlos, op. cit.. Serbin, Andrés: El Grupo de los Tres y el proceso de regionalización de la cuenca del Caribe, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Editorial Texto, mayo-junio 1993, nº 125.

[27]Bernal-Meza, Raúl, op. cit., p. 53.

[28]Sukup, Viktor; América Latina, año 2000 ¿Unida y dominada?. Políticas económicas, desarrollo e integración regional. Buenos Aires, Centro de Estudios Alexander von Humboldt, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, 1999, p. 52.


Ponencia presentada en el Sexto Encuentro Internacional Humboldt. Villa Carlos Paz, Argentina. Setiembre de 2004.


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