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Asunto:[encuentrohumboldt] 506/04 - EL CENTRO HISTORICO DE MORELIA: UN CASO DE GESTION EXITOSA
Fecha:Martes, 26 de Octubre, 2004  01:02:46 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

 
EL CENTRO HISTORICO DE MORELIA: UN CASO DE GESTION EXITOSA

 

 

Luis Felipe Cabrales Barajas

 

Departamento de  Geografía y Ordenación Territorial

 

Universidad de Guadalajara (México)

 

Resumen:

El centro histórico de Morelia es uno de los más señoriales y mejor conservados de México e incluso en 1991 fue declarado Patrimonio de la Humanidad por parte de la UNESCO. No obstante, la proliferación de comercio informal en las calles y plazas observado durante los últimos 25 años se convirtió en un problema que parecía irresoluble y que generaba problemas sociales y ambientales, además de que limitaba el disfrute de los espacios públicos, tanto para los ciudadanos locales como para el turismo.

Gracias a una labor de consenso político y de múltiples negociaciones se logró retirar a dichos comerciantes (más de 1.500) mismos que fueron realojados en sitios mejor dispuestos con lo cual el centro histórico luce una agradable imagen y se encuentra en mejores condiciones para perpetuar su centralidad. Se documentan los mecanismos utilizados  y el papel desarrollado por el Patronato Pro-Rescate del Centro Histórico para alcanzar este importante objetivo que en México resulta muy alentador y ha generado un clima de optimismo social.

 

Palabras clave: centro histórico, comercio informal, Morelia, México.

 

 

Abstract:

The historic center of Morelia is one of the most stately and best conserved in México, so much so that in 1991 it was declared a Patrimony of Humanity site by UNESCO. Notwithstanding such a mark of distinction, the last 25 years have seen the center invaded by a proliferation of street vendors, a problem that until recently seemed insoluable. It generated not only social and environmental problems but also limited the enjoyment to the public spaces by residents and tourists alike.

Thanks to  consensual political action and multiple negotiations, the more than 1.500 vendors were removed and relocated in more appropriate locations, leaving the city center to better exhibit its pleasant environment and distinguished architectural past. The paper documents the methods uses in relocation process, especially the role played by the Patronato Pro-Rescate del Centro Histórico to achieve this important objective which, for Mexico, appears most encouraging and has generated a climate of optimism.

 

Key words: historic center, informal commerce, Morelia, México.

 

 

 

EL CENTRO HISTORICO DE MORELIA:

UN CASO DE GESTION EXITOSA.

 

 

 

 

Luis Felipe Cabrales Barajas

 

 

 

 

“La búsqueda de un futuro termina siempre

con la reconquista de un pasado”

Octavio Paz

 

Introducción.

Cada finca es un palacio. El entramado de palacios y conjuntos conventuales  forma en Morelia uno de los cascos históricos más señoriales de México. Dada la coloración de la piedra desnuda que domina sus muros, Pablo Neruda hizo referencia a “los párpados rosados de Morelia” (1981: 356).

La antigua Valladolid constituye un sitio excepcional por sus valores urbanístico-arquitectónicos y por el  protagonismo desplegado en diversos episodios de la historia nacional. Si bien el esfuerzo por valorar y recuperar el patrimonio de la capital de Michoacán tiene lejanos antecedentes (Ramírez, 1985: 75-88, Díaz- Berrio, 1998: 172), recientemente se convirtió en noticia. Durante los últimos 25 años sufrió una despiadada invasión  por parte de comercios semifijos y ambulantes que lograron apropiarse de calles y espacios cívicos del  corazón de la ciudad, incluso una porción de ese comercio tenía más de 40 años de arraigo.

En el año 2001 ocurrió el “milagro”:  la ciudad histórica de pronto se vio liberada de dicha patología social, tan común en las ciudades  latinoamericanas. El encabezado celebratorio de un artículo periodístico que circuló a nivel nacional es elocuente y pretende ser aleccionador: “Como acabaron en Morelia con los ambulantes” (Círigo, 2001: 16). Por su parte un diario local, La Voz de Michoacán en su edición del 5 de junio hizo referencia en su primera plana a la “Limpia de ambulantes”.

La operación pública de desalojo,  lejos de ser resultado de una actuación dura  por parte del Estado, fue producto de una mezcla entre el consenso y aplicación de la norma legal. Por su contundencia, ésta afirmación se expone a un natural margen de duda, mismo que intentamos disipar en el presente trabajo y adelantamos que no se trata de una acción aislada: forma parte de una política integral emprendida a través del Patronato Pro-Rescate del Centro Histórico “Todos por Morelia”[1], mismo que ha logrado aglutinar voluntades de diversos sectores de la sociedad, aunque también haremos referencias  al uso político de la iniciativa.

La intervención sobre el comercio informal tiene tal trascendencia para el casco histórico que merece ser documentada. Aunque las buenas experiencias de gestión social no son mecánicamente  repetibles, el caso que nos ocupa muestra una voluntad creativa puesto que ha impactado positivamente a la ciudad heredada: mejoró notablemente sus aspectos  sociales, funcionales y estéticos e infundió un buen ánimo ciudadano.

La zona patrimonial se encuentra en mejores condiciones para  perpetuar su centralidad: para los morelianos es y seguirá siendo el espacio simbólico por excelencia. También augura mejores horizontes para el turismo cultural: ese nicho de mercado tiene gran importancia para la economía mexicana y se prevé una notable expansión durante los próximos años. El ordenamiento comercial del centro histórico de Morelia puede alimentar la agenda de compromisos que enfrentan las ciudades históricas, de cara a una mejoría en la calidad del hábitat y tiene un valor de ejemplo que inspire soluciones a sus difíciles retos.

México cuenta con 56 Zonas de Monumentos Históricos oficialmente reconocidas y con 21 sitios declarados por la UNESCO “Patrimonio de la Humanidad”[2]: dos de ellos son bienes naturales, mientras que 19 constituyen bienes culturales. De estos últimos, nueve corresponden a cascos históricos vivos que simbolizan magistrales realizaciones del urbanismo colonial[3]. 

Los centros históricos están sujetos a presiones turísticas diferenciales, fenómeno que en principio podemos desdoblar en tres tipologías. Están en primera instancia los de la ciudad de México (8.605.239 habitantes en el año 2000[4]), Puebla (1.346.916), Querétaro (641.386) y Morelia (620.532), que aunque tienen  vocación turística presentan funciones urbanas diversificadas, lo cual se explica parcialmente por gran la escala de la ciudad que representan y por su peso industrial. En cambio  Oaxaca (256.130), Guanajuato (141.196) y Zacatecas (123.899) constituyen una segunda categoría que se caracteriza por una nítida especialización turística que se ha conseguido en buena medida a partir de la recuperación de sus cascos históricos.

La tercera tipología esta representada por los centros históricos de Campeche (216.897) y Tlacotalpan, Veracruz (14.946), cuya presión turística resulta por ahora incipiente. Son los sitios que más recientemente obtuvieron la declaratoria y tienen en común su emplazamiento litoral, lo cual refleja el avance de la frontera patrimonial  oficialmente reconocida, antes circunscrita  al  centro del país, e incluso en el caso de Tlacotalpan incorpora una cultura local con arraigados ingredientes rurales.

 

 

 

Valladolid-Morelia: valor histórico y recuperación del patrimonio.

Morelia se instaló con el nombre de Nueva Ciudad de Michoacán sobre una pequeña loma del valle de Guayangareo, sitio con población indígena escasa y dispersa y buena disponibilidad de recursos naturales como agua, tierras fértiles y pastos para el ganado. Se trata de una implantación típicamente española hecho que llevó a Manuel González Galván a afirmar que la ciudad “nace de semilla hispánica en un débil surco indígena” (Ramírez: 1985: 10).

La fundación fue aprobada el 23 de abril de 1541 por el virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza, aunque su creación había sido autorizada cuatro años antes por Cédula Real expedida en Valladolid, España. “El 18 de mayo de 1541, a las 8 de la mañana los jueces comisarios designados, tomaron posesión del sitio en el valle de Guayangareo, y señalaron el lugar de la ciudad, su traza y los sitios para la iglesia catedral, casas de cabildo, cárcel y plaza principal” (Cervantes, 2001: 23). Al convertirse en sede episcopal recibe el nombre de Valladolid (1577 o 1578), nombre que ostentaría hasta 1828 en que se denomina Morelia, en honor al prócer de la Independencia Nacional Don José María Morelos y Pavón.

La elección del nombre colonial es un buen ejemplo de los valores que permeaban las relaciones entre el poder peninsular y el novohispano: en una interesante hipótesis Herrejón (2000: 155-156) plantea que aunque no hay indicios para asegurar que la iniciativa hubiera provenido del rey Felipe II, funcionarios subordinados a él como el bachiller  Alonso Martínez o el virrey Martín Enríquez de Almanza consintieron rebautizar a la ciudad como Valladolid. Las razones: ahí había nacido el monarca en 1527 y “con la refundación michoacana se prometían los nuevos pobladores prolongar acá el lejano esplendor”, mismo que la ciudad castellana había perdido cuando la capitalidad del reino fue trasladada a Madrid en 1561 por el propio Felipe II. El lustre y prestigio que a Valladolid se restaba en España se ganaría en América.

En la construcción física y formación social de Valladolid-Morelia se filtran los ideales del humanismo renacentista que no por ello están desprovistos de arraigadas concepciones del orden religioso medieval.

El núcleo moreliano articula magistralmente dos componentes morfológicos, el plano y la edificación, con lo cual adquiere una singular personalidad. La planta urbana, diseñada por el alarife sevillano Juan Ponce responde a la tradicional trama ortogonal de las ciudades españolas en América, aunque en ciertos sectores la cuadrícula muestra ajustes que bien son resultado de adaptaciones a accidentes físico-topográficos, incorporación de caminos rurales a la trama urbana o bien responden a la búsqueda de soluciones creativas, por ejemplo las calles cerradas que rematan en fachadas de iglesias realzando el paisaje urbano.

Entre las singularidades del plano moreliano tenemos que la imponente catedral no cuenta con una plaza frontal sino que está flanqueada por dos plazas, una a cada lado. La suma de estas, junto con la superficie ocupada por la construcción catedralicia suma  298 metros de frente (dirección E-O) por 129 de fondo (dirección N-S) lo que genera un cuadrilátero de 38.442 m2 en donde se conjugan armónicamente espacios sacros y lúdicos. También llama la atención la presencia de un amplio y monumental eje articulador oriente-poniente que hace las veces de espina dorsal del casco histórico: la actual avenida Madero que durante el virreinato constituyó el camino real entre México y Guadalajara.

Oculta bajo su unidad aparente, la edificación vallisoletana muestra diversidad: en términos genéricos se desarrolló el concepto barroco, aunque con tal originalidad e introversión que se han acuñado calificativos como barroco moreliano o tablerado, cuya seña principal es la sobriedad, al tiempo que coexiste con determinantes influencias platerescas y neoclásicas.

Resalta la arquitectura religiosa desde el momento en que Valladolid se consolidó como ciudad conventual durante el siglo XVII, la construcción de los edificios se convirtió en un factor de atracción de mano de obra indígena. Los monasterios, conventos y capillas son imprescindibles piezas  de un patrimonio excepcional que se completa con la portentosa catedral cuyos méritos artísticos sólo podrían ser superados por sus homólogas de la ciudad de México y Puebla.

Cada orden religiosa dejó su particular huella en la ciudad, así por ejemplo, los carmelitas descalzos levantaron su convento al iniciar el siglo XVII anteponiendo  el principio de sobriedad. En un estudio sobre el tema Dávila (1999: 88) documenta la filosofía constructiva del Convento del Carmen “serían las proporciones y no el ornato las que aportarán estética al conjunto y a los diversos elementos de la construcción...la sobriedad contribuía a la meditación y al recogimiento de los frailes, ayudándoles a interiorizarse”. Ello explica la ausencia de alardes decorativos y que el claustro sea de una planta, con lo cual se buscaba congruencia con los ideales religiosos[5].

Por su parte, las fincas domésticas suelen ser de una o dos plantas y en los casos más relevantes son el producto de una refinada concepción académica ejecutada por arquitectos europeos. En las mansiones palaciegas  sorprende la magnificencia de sus patios porticados y balcones: en especial, durante “el siglo de las luces” intentan ser el reflejo del poder que ostentan sus dueños, generalmente propietarios de haciendas agrícolas.

La riqueza económica combinada con los ideales ilustrados monumentalizó la ciudad. Entre las obras civiles de la época se cuenta el acueducto cuya manufactura procede del siglo XVIII: consta de 253 arcos que se distribuyen a lo largo de 2.010 metros (Cabrera & Ettinger, 1998: 71-72).

El centro histórico actual, cuyo perímetro corresponde a la trama urbana de finales del siglo XIX esta formado por 1.142 edificios: se sitúa en el tercer  lugar  nacional dentro de las 56 zonas monumentales oficialmente reconocidas[6]. Según el decreto publicado el 19 de diciembre de 1990 en el Diario Oficial de la Federación se declara  Zona de Monumentos Históricos, cubre 219 manzanas y una superficie de 3,43 km2.

Durante los últimos 60 años el casco histórico ha estado expuesto a potentes presiones para servir a una ciudad que crece vertiginosamente. Para el año 1900 Morelia contaba con 37.278 habitantes: en el año 2000 aloja a 620.532, sin embargo, ese tránsito observa dos cortes claramente diferenciados: entre el arranque del siglo XX y 1940, cuando Morelia alberga a 44.304 habitantes, crece a una tasa media anual de 0,43 %, mientras que entre 1940 y 2000 lo hace a 4,58 %, dato que ilustra la contundencia del fenómeno.

El balance sobre la pureza del patrimonio moreliano se enfrenta a naturales controversias. Para el común observador externo guiado por la percepción, el centro histórico destaca por su magnificencia y buen estado de conservación. En cambio el especialista y ciudadano crítico, más atentos al detalle no estarán totalmente de acuerdo.

Aunque existen voces de denuncia sobre la destrucción o abandono de edificios, éstas  pesan menos que las originadas por cambios en los usos del suelo ya que orillan a realizar adaptaciones materiales: la más típica es  la conversión de patios en espacios aprovechables comercialmente o la instalación de servicios -como bancos y restaurantes-, situación que ha llevado a injertar cubiertas, aunque a veces en forma acertada.

Es necesario incorporar matizaciones  y mantener el espíritu crítico, lo cual no debe impedir reconocer que el casco moreliano ha logrado salvaguardar su marco edificado, evaluación que debe inscribirse dentro del contexto nacional en el que buen número de núcleos urbanos han corrido con peor fortuna.

Díaz-Berrio (1998: 171) sintetiza y concilia valoraciones de distinto signo al mencionar que “no se encuentran, más que en contadas ocasiones, elementos o edificios discordantes, o volúmenes excesivos que afecten el entorno histórico general de la zona urbana central, aunque haya habido deterioros, destrucciones y diversos problemas en Morelia, como en todas las ciudades históricas”.

Una apreciación similar ofrece Vargaslugo (1997: 122) cuando afirma que “puede considerarse como una ciudad bien conservada, que ha resguardado la mayoría de sus bienes histórico-artísticos a pesar de las vicisitudes que inevitablemente destruyeron parte de su patrimonio”.

En un minucioso estudio publicado por Esperanza Ramírez en 1985 se cuantifica el área degradada en un 11,7 %, aunque alerta que un 37 % se encuentra en proceso de deterioro, para tal efecto usa como unidad de análisis la cuadra.

Por su parte el Programa Parcial de Desarrollo Urbano del Centro Histórico de Morelia  (1999) estima el que el 11,8 % del patrimonio edificado se encuentra en malas condiciones, el 51,5 en regular estado y el restante 36,7 en bueno, con lo cual se tiene una aproximación objetiva que invita a pensar en los grandes retos que el casco moreliano debe afrontar[7].

De especial importancia es la fuerza de participación ciudadana. Hiriart (1999: 119) documenta la presencia activa de 17 agrupaciones civiles[8] encaminadas a velar la buena salud del centro histórico, algunas con un papel clave en la recuperación de edificios específicos, el rescate de bienes muebles o las dedicadas al tema de la formación profesional y difusión cultural. Un ejemplo por demás exitoso lo constituye la iniciativa de la asociación civil Morelia, Patrimonio de la Humanidad para restaurar el acueducto, obra que en 1997 quedó concluida regresando así la dignidad a uno de los principales emblemas de la ciudad.

El interés por conservar y recuperar el casco histórico moreliano se intensifica con la creación del Patronato Pro-Rescate del Centro Histórico, ocurrida oficialmente el 18 de mayo de 1999. El organismo esta formado por 68 personas y la iniciativa surge del Ayuntamiento de la ciudad[9].

Las acciones emprendidas durante 2001 gravitarán en buena medida sobre algunos actores clave que trabajan sincronizadamente, aunque desarrollando distintos papeles: el gobernador del Estado y el alcalde de la ciudad[10] quienes otorgan la voluntad política necesaria y la gestión de recursos económicos, Esperanza Ramírez Romero, historiadora y experta conocedora del centro histórico quien funge como presidenta del Patronato y Enrique Villicaña Palomares, Coordinador Ejecutivo del Plan Maestro para el Rescate del Centro Histórico en el cual se involucran los gobiernos municipal, estatal y federal.

Este instrumento contempla tres proyectos estratégicos:

·        Desconcentración de oficinas administrativas de los gobiernos estatal y municipal.

·        Reubicación de la Central de Autobuses “Generalísimo Morelos” y de las terminales de autobuses sub-urbanos y rurales.

·        Reubicación del comercio informal instalado en el centro histórico.

La mayor parte de las tareas quedaron consumadas en el año 2001. Con la mudanza de 17 oficinas públicas estatales y la construcción de tres complejos administrativos municipales fuera del centro (en la zona Manantiales), se propició “que al centro no acudan un total de 30.000 personas diariamente a trabajar o a realizar gestiones”[11] (Plan Maestro, p. 18).

La estación fue reubicada: el 8 de noviembre (2001) entró en operación la moderna Terminal de Autobuses de Morelia, emplazada a bordo del anillo de circunvalación (Periférico Paseo de la República)[12]. El impacto en beneficio del centro histórico consiste en que “ya no llegarán al centro 1.200 unidades diarias que transportaban a 43.750 pasajeros” (op. cit, p. 18).

 

 

 

El problema social y funcional más visible: la “economía bazar” en espacios públicos.

Entre la opinión local y los turistas estaba bien arraigada la idea de que la invasión de espacios públicos por parte del comercio informal constituía la principal patología negativa del centro histórico moreliano. Las investigaciones  generalmente hacían referencia a ese problema (Ramírez, 1994: 22, González, 1998: 118, López & Rodríguez, 2001: 146).

No era para menos, el núcleo histórico alojaba a una buena cantidad de  tenderetes que en promedio funcionaban durante ocho horas diarias e incluso algunos utilizaban su comercio como improvisada vivienda, lo cual permite adivinar las condiciones infrahumanas y de insalubridad que ahí podían encontrarse.

El foco principal del improvisado comercio era la Plaza Valladolid que forma un conjunto con la iglesia y exclaustro de San Francisco. En 1936  Manuel Toussaint se refiere a “la plaza convertida en la actualidad en un mercado” (1939: 141).

Aunque  las fuentes varían en su estimación, lo único seguro es que estas unidades comerciales superaban el millar y medio: así el  Plan Maestro documenta 1.500, una investigación universitaria calculó 2.000  (López & Rodríguez, 2001: 146) e informaciones periodísticas consignaban hasta 2.480 (La Voz de Michoacán, 5 de junio de 2001).

La “economía  bazar”  desencadena  opiniones encontradas: se  pueden enumerar 

fácilmente sus múltiples inconvenientes en lo que respecta a la evasión fiscal, su competencia desleal al comercio establecido, la basura y condiciones insalubres que provoca, el estrangulamiento de espacios públicos, entorpecimiento de la circulación peatonal y congestionamiento vehicular.

Además desata el deterioro material en las fincas históricas y plazas,  distorsión de la imagen urbana, así como la pérdida de calidad de vida de un espacio histórico y por tanto se limita su capacidad para recibir a ciudadanos locales y turistas.

Está el otro lado de la balanza: es una modalidad comercial que genera empleo, requiere de baja inversión y se articula con una amplia demanda que busca productos y servicios de bajo costo. En el caso particular de Morelia, un componente bien valorado del comercio callejero estaba conformado por artesanías michoacanas que se cuentan entre las más ricas y variadas de México.

Vale anotar otra faceta de su dimensión cultural: tal forma de comerciar tiene hondas raíces históricas de procedencia prehispánica, por lo tanto la erradicación del comercio callejero puede considerarse desde esa perspectiva como una agresión a los usos y costumbres tradicionales[13].

Aún adoptando el sistema de valores que defiende el comercio informal sería irresponsable no reconocer que esta práctica debe estar sujeta a diversas normas: las de orden urbano adquieren espacial relevancia en un espacio que por su céntrica localización es proclive a que diversos sectores de la sociedad se lo apropien.

Mientras que la economía “moderna” sea incapaz de incorporar formalmente a esos grupos marginales, el fenómeno seguirá presentándose. Incluso existen interpretaciones teóricas que plantean la interdependencia entre lo formal y lo informal conceptualizados como el “circuito superior” y el “circuito inferior” de un mismo modelo (Santos, 1982, citado en Estébanez, 1988: 459-460).

Una vez reconocido ese hecho que provoca pugnas sociales y tensiones sobre el territorio urbano, distintas administraciones públicas del país han realizado intentos por ordenar el comercio subterráneo. Los resultados han rondado en el fracaso y han generado graves episodios de violencia urbana perpetrada entre los comerciantes y la policía. En la capital del país el conflicto observa tal grado de masificación y de manipulación política que orilla a pensar que es irresoluble: los numerosos intentos fallidos así lo indican. Por ello la experiencia de Morelia merece ser analizada.

Una condición necesaria para actuar sobre la realidad social es el conocimiento específico del fenómeno. Una radiografía del comercio instalado en la vía pública del centro histórico de Morelia, elaborada mediante una encuesta aplicada en el año 2000 (López & Rodríguez, 2001) permitió conocer sus principales características, entre ellas: el 43 % eran propietarios de los puestos atendidos, mientras que el restante 57 % laboraban como empleados. La mayor parte pertenecen a la edad plenamente productiva: el 72 % oscilan entre los 18 y los 40 años de edad.

En lo que atañe a la escolaridad “casi el 80 % de la fuerza de trabajo que se ocupa de esta actividad, cuenta con un nivel de instrucción suficiente para poder incorporarse a los establecimientos formales que demandan fuerza de trabajo capacitada y productiva. El hecho de que el 43 % de los entrevistados hayan afirmado haber realizado estudios de nivel medio superior y universitario, refleja claramente la desvinculación que existe entre las políticas educativas y las económicas” (idem, p. 152). Se descubrió que el 55 % pertenece a alguna agrupación gremial, la más mencionada fue Felipe Carrillo Puerto con 28 %.

Entre otros hallazgos está que el 70 % obtiene ingresos que superan el salario mínimo  y que hay un segmento empleador de mano de obra que obtiene buenos beneficios y en cambio evade el fisco y no ofrece a sus trabajadores el acceso al sistema de seguridad social (el 87 % no cuenta con esa prestación).

Lo anterior denota que el conglomerado de comerciantes de ninguna manera es homogéneo y que a partir de las múltiples diferencias internas se pueden establecer tipologías: entre ellas es evidente que existe una parte de acumula capital, mientras para otros constituye un mecanismo de sobrevivencia.

 

 

 

La solución al conflicto del comercio callejero: consenso social y audacia política.

El  5 de junio de 2001 pasó a la historia moreliana como el día que el centro histórico quedó liberado del comercio en la vía pública: la fecha fue elegida en función de la celebración del día mundial del medio ambiente. La prensa de los días subsecuentes publicó desplegados signados por asociaciones ciudadanas, grupos universitarios, el gremio del comercio establecido y hasta la multinacional McDonald’s, pasando por una inserción firmada por la Unión Mutualista de Comerciantes, Locatarios y Ambulantes “Mariano Matamoros”. En ellos se refleja un gran impacto emotivo y se felicita a las autoridades, al Patronato e incluso a los propios comerciantes informales por su voluntad para reubicarse.

Las opiniones periodísticas se afilian a la euforia triunfalista “en los más de cincuenta años de vida que tiene este periódico, jamás habíamos presenciado un fenómeno similar en la ciudad de Morelia: la gente, toda la que pudo, salió a la calle a gozar, a redescubrir, a vivir una ciudad libre, limpia, hermosa como fue construida...no podían creer lo que unos días antes se pensó imposible: una ciudad libre de ambulantes...más de veinticinco años permaneció Morelia con el rostro tapado por los ambulantes que estaban a punto de ahogarla y a nosotros con ella” (“Maquiavelo”, en  La Voz de Michoacán, 11 de junio de 2001).

La operación contaba con la debida legitimidad y se cimentaba en la legalidad pero no estaba exenta de riesgos: tan es así que el desalojo fue sorpresivo.  A la media noche del 4 de junio hicieron acto de presencia 310 policías de diferentes corporaciones, así como notarios públicos y representantes de la Comisión Estatal de Derechos Humanos: en un par de horas el desalojo fue consumado.

Producto de una preparación meditada, y quizá de algo de suerte, la acción tuvo la fortuna de desarrollarse sin violencia física: de haber ocurrido seguramente el tema se hubiera politizado y comprometido la continuidad del proyecto de rescate del centro histórico. Para garantizar que los espacios fueran respetados se colocaron redes metálicas que días posteriores serían retiradas, lo que simbolizó la liberación física del ámbito público.

Si bien es cierto que la estrategia utilizada pone en duda la disposición de los comerciantes para relocalizarse, hay que considerar que se trata de un universo múltiple en el que había una porción renuente, en especial las uniones de comerciantes Miguel Hidalgo y Primero de Octubre, que agrupan alrededor de 250  (La Voz de Michoacán, 5 de junio de 2001).

La mayoría había aceptado previamente los acuerdos, lo cual no resultó fácil ni rápido: “durante casi dos años se llevaron a cabo pláticas de negociación con diferentes uniones del comercio informal, las que manifestaron desde el inicio oposición a la reubicación y sin embargo, al observar que las acciones del Plan Maestro no se detenían y que existía suficiente firmeza y apoyo social, fueron poco a poco flexibilizando su posición” (Plan Maestro, p. 12).

Entre las manifestaciones de inconformidad está la marcha pacífica que el propio de 5 junio emprendieron vendedores de la Unión Primero de Octubre reclamando la asignación de locales y la toma del Palacio Municipal el día 2 de agosto por parte del Frente Cívico de Comerciantes Ambulantes, liderados por un diputado federal. La postura de las autoridades en este último caso fue que los demandantes no eran realmente comerciantes de acuerdo al padrón previamente levantado y avalado con el testimonio de un fedatario público o correspondían a vendimias móviles –por ejemplo de globos o pequeños juguetes-, sin embargo, el director de Mercados y Comercio en la Vía Pública del Ayuntamiento manifestó disposición al diálogo partiendo del principio de no ceder ante las presiones (La Voz de Michoacán, 3 y 4 de agosto de 2001).

En lo que atañe al aspecto legal el tratamiento fue más simple: el 11 de mayo de 2001 en sesión extraordinaria de cabildo, el Ayuntamiento de Morelia aprueba un bando municipal en el que “se declara el Centro Histórico de Morelia, Michoacán de Ocampo, zona restringida para toda actividad comercial en la vía pública” (Ayuntamiento de Morelia, 2001: 9).

El acuerdo se cimienta en diversas disposiciones legales, especialmente en el Reglamento para Comercio y Mercados en la Vía Pública, vigente a partir del 2 de julio de 1973, así como en la categoría que ostenta el Centro Histórico como Zona de Monumentos Históricos y como Patrimonio de la Humanidad.

Al momento de efectuar el desalojo ya estaban acondicionados los dos primeros mercados que albergarían a los comerciantes: el Mercado San Juan con 400 locales y el Mercado Capuchinas con 240[14].

Un hecho que ayuda a entender el éxito del reacomodo de comerciantes y deja entrever un rasgo de congruencia  por parte del poder público es que además de las negociaciones políticas se requirió de una buena inversión económica que se maneja mediante un Fideicomiso. Los comerciantes realojados en los mercados accedieron a un pequeño local  (con superficie de 4 m2) que tiene un costo próximo a los 2.000 dólares que pagaran en un plazo de 10 años.

Los comerciantes pendientes de reubicación han recibido a partir del desalojo, una indemnización mensual de 250 dólares mientras son reinstalados, situación que contribuye a desactivar brotes de inconformidad pero al mismo tiempo ha obligado a poner empeño en el acondicionamiento de los mercados faltantes para desprenderse de esa carga financiera.

A efectos de impedir el  retorno de  comerciantes callejeros –o la aparición de nuevos- se implantó una solución blanda e inteligente: un programa de reclutamiento de jóvenes universitarios que dan vida a la agrupación ARCOS (Amigos del Rescate del Centro Histórico). Previa formación en materia de primeros auxilios, turismo, seguridad pública, reglamentos municipales y educación vial patrullan durante seis meses como vigilantes e informantes ciudadanos, a cambio de lo cual obtienen una beca y se les reconoce el servicio social que la normatividad universitaria obliga[15]. En el caso de detectar la posible instalación de algún comerciante lo invitan a retirarse, si el intento fracasa dan parte a la policía.

La documentación del complicado proceso social de ordenamiento comercial quedaría incompleta si no se anotan dos de sus ramificaciones: la labor de ciudadanización encaminada a subrayar la necesidad de salvaguardar el centro histórico, así como el clima político bajo el que se materializaron las acciones.

El Patronato trabajó desde marzo del año 2000 con diversos sectores de la sociedad moreliana para sensibilizar acerca del valor del centro histórico y así formar militantes defensores del patrimonio. El objetivo se centró especialmente en escolares de educación básica  que recibieron una hora de instrucción diaria durante cinco días a través del curso “Conoce tu ciudad”, el cual tuvo como apoyo didáctico el libro Mi ciudad y yo[16] (Ramírez, 1992). El número de alumnos involucrados fue de 10.500, pertenecientes a 95 escuelas.

Otra de las fórmulas para incitar la apropiación ciudadana del centro histórico ha sido la intensificación de la oferta cultural y lúdica. Apenas ejecutado el desalojo de los comerciantes se programaron jornadas dominicales de atletismo, ciclismo y otros deportes y se ofrecieron actividades artísticas en plazas y recintos cerrados del casco antiguo mediante el programa “Vive el Centro Histórico”.

La vertiente política es por demás compleja. La recuperación de los espacios se desarrolla en forma simultánea al proceso electoral que se avecinaba el 11 de noviembre de 2001: de los comicios saldría el relevo –a partir del año 2002-, para la gobernatura del estado, ayuntamientos, así como diputados y senadores.

Dentro del espectro nacional Michoacán es el principal bastión del PRD (Partido de la Revolución Democrática) encarnado en la figura de Cuauhtémoc Cárdenas[17], cuyo hijo Lázaro Cárdenas  –homónimo de su legendario abuelo-, compitió para convertirse en gobernador y ganó. La competencia política para el PRD estaba representada principalmente por el PRI (Partido Revolucionario Institucional) que también tiene hondo arraigo michoacano y en esos momentos mantenía el poder en el estado y en el ayuntamiento de Morelia.

Aunque es casi inevitable la tentación asociar las acciones de gobierno con propósitos electorales resulta aventurado aseverar que la proximidad de los sufragios fue el resorte principal para emprender determinadas acciones, más cuando se tenían antecedentes de 29 meses con la creación del Patronato. En todo caso demostraría una audacia política basada en una estrategia de amplio plazo para acumular capital electoral.

Los acontecimientos reales: además del triunfo del PRD para la gobernatura estatal,  el PRI refrendó el poder en Morelia en la persona de Fausto Vallejo Figueroa, quien estuvo involucrado activamente en el rescate del centro histórico[18]. Tanto el día de su postulación como al momento de conocer su triunfo el discurso tuvo destacadas alusiones al centro histórico, las que resultan preocupantes ya que explícitamente apuntan a una turistización elitista.

Además de prometer continuidad al rescate del centro histórico “se dará un énfasis sin igual al aprovechamiento de la vocación turística de Morelia, con la meta de llegar al 100 por ciento de ocupación hotelera y de atraer turistas con un más alto poder adquisitivo, mínimo de 7 salarios mínimos para que puedan derramar más recursos...el centro histórico no puede verse como algo romántico, contemplativo, sino que hay que aprender a venderlo como se hace en varias ciudades de España” (La Voz de Michoacán, 30 de agosto de 2001).

Sin dejar de reconocer que dicha intención tiene su parte positiva en cuanto al anhelo de potenciar la competitividad turística, ofrece una lectura paralela: el riesgo de generar un esquema excluyente lo que equivaldría a poner el centro histórico al servicio exclusivo del gran capital a costa varios logros sociales, entre ellos la reubicación de los ambulantes.

Por último cabe reseñar un punto que igual ofrece lecturas respecto a la participación ciudadana que a los nexos del rescate con el ambiente electoral: el 31 de agosto de 2001 –inmediatamente después del destape del candidato priísta- se llevó a cabo el Primer Rescatón Todos por Morelia a instancias del Patronato.

La meta era recolectar recursos económicos para iniciar la restauración de las plazas y portales, en específico la Plaza de los Mártires, anexa a la catedral. Se determinó previamente un monto-objetivo de $ 1.500.000 pesos (150.000 dólares) con lo cual se podría emprender la obra.

El resultado exhibe un alto grado de compromiso social: además de la nutrida asistencia en la Plaza Valladolid donde destacó la presencia infantil, se reunieron  $ 1.725.000 pesos (172.500 dólares), más $ 100.000 pesos (10.000 dórales) en especie –objetos artesanales y obras de arte-, aunque es prudente asentar que un empresario local donó un millón de pesos -equivalente a cien mil dólares- (La Voz de Michoacán, 1 de septiembre de 2001).

El gobernador del Estado aprovechó el acontecimiento festivo para informar la futura inversión de más de 15 millones de pesos de aportaciones federales y estatales para restaurar espacios públicos del centro histórico. El Rescatón se convirtió en una pasarela donde llamó la atención el acto de presencia de funcionarios y candidatos priístas y de partidos de la oposición que hicieron sus aportaciones económicas, actitud que exhibe el uso político de la situación pero al mismo tiempo refleja madurez y capacidad de consenso: el centro histórico convertido en un vértice ciudadano que recobra su sentido cívico.

El cuadro presentado muestra el complejo entramado social y político que se ha tejido a raíz de la apuesta por el centro histórico. Este se ha convertido en un  teatro en el que han desfilado las más diversas tentaciones, las pugnas por su dominio y el anhelo por revalorarlo y hasta de reinventarlo.

Ello delata variados trasfondos que han puesto a prueba la cohesión social a la hora de imponer la inteligencia colectiva. El resultado material y sus saldos sociales y culturales serán un retrato fidedigno del pulso de sus ciudadanos, los que de entrada se han anotado una virtud: rompieron con la apatía.

 

 

 

El turismo: ¿aliado o enemigo en la recuperación del centro histórico?.

Con el reordenamiento del comercio en vía pública, aunado a la desconcentración de oficinas administrativas y desplazamiento de la terminal de autobuses se pretende mejorar la funcionalidad del centro histórico. Si bien los afanes conservacionistas tienen una matriz cultural y la intención de lograr armonía urbana, también cuentan con el estímulo que representa la actividad turística como un componente dinámico de la economía.

El turismo es uno de los pilares de la economía mexicana: representa la tercera fuente de ingresos para el país, solo es superada por la industria manufacturera y el petróleo. Según datos de 1995 aporta el 9 % del PIB nacional y genera 600.000 empleos directos y un millón y medio de empleos indirectos (Certeza Económica, 2000: 32).

México recibe anualmente –en números redondos- 100 millones de visitantes internacionales de los cuales 20 millones son propiamente turistas y 80 millones son excursionistas[19] (Idem. p. 36). La ventajosa posición del país y su riqueza de atractivos, seguramente masificarán aún más los flujos turísticos ante lo cual las empresas privadas y organismos públicos deberán estar preparados para afrontar los retos que ello supone. La Secretaria de Turismo estima que para el año 2025 la cifra de turistas internacionales llegará a 49.388.000 (citado en Mundo Ejecutivo, 2002: 96).

Como parte del vertiginoso proceso, posiblemente se incrementará la presión sobre las ciudades históricas, más aún considerando que se trata de un producto turístico muy singular que puede resultar cada vez más atractivo para los ciudadanos de Canadá y Estados Unidos que en conjunto aportan para México el 73 % del mercado turístico internacional, en cuanto a número de visitantes[20] (Certeza Económica, p. 30).

Morelia es el epicentro urbano de una de las regiones más ricas de México por su patrimonio natural y manifestaciones culturales, estas últimas muy cargadas de identidad indígena, las cuales adquieren una de sus mejores expresiones en la vecina comarca lacustre de Pátzcuaro, nombre que también lleva la ciudad que articula ese territorio y que actualmente intenta cubrir el expediente para sumarse a la lista del patrimonio mundial.

Pátzcuaro tiene méritos más que suficientes para lograrlo, lo cual supondría tener dos ciudades Patrimonio de la Humanidad en una distancia de 56 kilómetros, las que por otro lado tienen personalidades diferentes, Morelia con honda raíz hispánica, Pátzcuaro más indígena, más rural, pero ambas resultan ser las  estrellas regionales del urbanismo y la arquitectura.

Michoacán representa un territorio con gran entidad geográfica y densidad de atractivos, que además tiene la ventaja de estar situado entre las dos principales metrópolis nacionales –ciudad de México y Guadalajara, que suponen un mercado cautivo de 22 millones de personas- lo que explica la notoria presencia de turismo nacional facilitado por la accesibilidad que otorga la red de carreteras y autopistas.

Además del turismo cultural que ofertan sus pueblos y ciudades, Michoacán ofrece atractivos naturales, entre los que destacan paisajes volcánicos, lacustres y bosques de pino-encino.

Un atractivo especial lo constituye la mariposa monarca (Danaus plexippus): millones de insectos migran desde Estados Unidos y Canadá, lo cual supone un trayecto de más de 4.000 kilómetros para invernar en los bosques michoacanos ofreciendo un espectáculo fantástico. El periodo de estancia de las monarca en los santuarios michoacanos es entre septiembre y marzo, su avistamiento ha generado un circuito turístico que suele combinarse con pernoctaciones en Morelia o Pátzcuaro.

Por otro lado, Michoacán cuenta con una tradición artesanal que encierra notables valores históricos y artísticos. El desarrollo de la artesanía fue impulsado durante el período colonial por el obispo Vasco de Quiroga bajo una concepción humanista: sería un complemento y prolongación natural de las actividades agrarias. Cada pueblo se especializaría en una rama particular lo que propició la formación de una densa red de trueque y comercialización.

La obra de Quiroga trasciende en el espacio y en el tiempo: la aplicación de sus ideales contribuye a cohesionar la región y funda un modelo de organización productiva que reserva un lugar especial a la creatividad artesanal. Ambas aportaciones perviven al paso de los siglos.

La pletórica riqueza artesanal incluye una fina y variada cerámica, tallas de madera, coloridos textiles, minuciosos bordados y piezas de cobre[21]. Una afortunada conjunción entre el patrimonio religioso colonial y la desbordante oferta artesanal lo constituye el claustro del convento de San Francisco en Morelia, donde se exhiben y comercializan productos de todo el estado de Michoacán desde 1970.

Morelia es por tanto el referente de una región muy atractiva y dada su valía cultural seguramente verá durante los próximos años reforzada su vocación turística.  La urbe moreliana cuenta con una planta hotelera conformada por un número próximo a las 3.500 cuartos y ha superado el millón de turistas (cuadro 1)

 

 

Cuadro 1

Morelia 2000: número de turistas y ocupación hotelera.

 

Mes

Turistas nacionales (%)

Turistas

Extranjeros (%)

Total

Ocupación Hotelera (%)

Enero

87.564 (97)

3.049 (3)

90.613

49

Febrero

85.153 (95)

4.282 (5)

89.435

46

Marzo

82.668 (95)

3.907 (5)

86.575

55

Abril

88.468 (96)

3.767 (4)

92.235

52

Mayo

78.472 (97)

2.570 (3)

81.042

47

Junio

72.616 (96)

2.905 (4)

75.521

42

Julio

107.750 (96)

4.384 (4)

112.134

60

Agosto

97.023 (96)

4.296 (4)

101.319

58

Septiembre

78.284 (96)

3.105 (4)

81.389

49

Octubre

86.356 (96)

3.436 (4)

89.792

52

Noviembre

93.215 (97)

3.192 (3)

96.407

54

Diciembre

98.468 (97)

3.568 (3)

102.036

52

Total

1.056.037 (96)

42.461 (4)

1.098.498

51

Fuente: Secretaría de Turismo del Estado de Michoacán.

 

 

 

La ciudad atrae principalmente al turismo nacional[22], no obstante como parte de la evolución del sector y de su creciente internacionalización es posible el aumento del turismo extranjero que en mayor o menor medida evolucionará en paralelo al incremento del turismo nacional. Todo ello supone adoptar esquemas capaces de asumir los cambios en forma controlada, debe plantearse una adecuada banda de equilibrio  entre la oferta y la demanda.

La administración michoacana realiza una importante labor en promoción turística a lo que deberá sumar el diseño de un modelo  de desarrollo que continúe recuperando patrimonio cultural, lo convierta en atractivo y le agregue valor. También será necesaria la ampliación de los servicios turísticos, la búsqueda de mejor calidad[23] y la resolución de problemas funcionales (tráfico, movilidad, estacionamientos). Con todo ello podrían alcanzarse diversos objetivos, entre ellos incrementar la ocupación hotelera que actualmente ronda el 51 %. Aunque la presencia de turistas no presenta una acusada estacionalidad (destaca el incremento en los meses de verano, sobre todo julio y agosto) se puede estimular el aumento durante los meses de menor afluencia (los inmediatamente previos al verano, es decir mayo y junio).

Sin ser una norma generalizable, es posible afirmar que en México se pone actualmente más atención a la vertiente de la promoción turística que a la gestión del espacio turístico. De ahí se desprende la gran oportunidad de atender promoción y gestión en forma sincronizada con el objeto de garantizar un producto sostenible pero que al mismo tiempo resulte competitivo.

De lo anterior se deriva la necesidad de operar transversalmente integrando objetivos turísticos, urbanos, sociales y culturales. Debe plantearse  responsablemente la relación entre turismo y patrimonio con el objeto de maximizar beneficios y prevenir costos sociales y ambientales: hay que convertir al turismo en un aliado de la recuperación y no en su enemigo. Por ello conviene abordar el tema de la capacidad de acogida del centro histórico de tal forma que se llegue a un sano equilibrio entre diferentes usos, evitando que el turismo domine y con ello sature y trastoque culturalmente el espacio en detrimento que de él hacen los ciudadanos locales. El casco histórico ha de ser un espacio armónico de cruce social entre ciudadanos y turistas.

Aunque en la actualidad Morelia no observa situaciones criticas de congestionamiento turístico conviene abordar el tema preventivamente ya que de esa forma se facilitaran las soluciones y resultarán menos costosas.

Un sitio podrá calificarse de turísticamente “exitoso” cuando la experiencia resulte agradable al turista y no genere tensiones con los residentes y ciudadanos locales. En tal sentido deben reconocerse las limitaciones del espacio receptor y también de los contingentes turísticos: se trata de mantener una adecuada calidad del medio ambiente urbano. Esto lleva a rechazar la lógica “mientras más turistas mejor”: se requiere una labor de gestión del espacio turístico urbano, de la que emanará una política de promoción turística y no al revés.

Tal como señala García (2000: 143) “a nivel urbano, al igual que ocurre con la capacidad de acogida turística, en la mayoría de los destinos turísticos patrimoniales no existen estrategias ni líneas de actuación específicas de gestión de los flujos de visitantes. Sin embargo, sí se suelen adoptar medidas que, directa o indirectamente se puede considerar están relacionadas con la gestión de los flujos turísticos...En general la gestión de los flujos de visitantes persigue cuatro objetivos básicos:

a) Proteger los espacios patrimoniales más saturados diversificando el uso turístico del espacio, b) Poner en valor espacios patrimoniales sin uso turístico para alargar la estancia de los visitantes, c) Crear infraestructuras de acogida para los visitantes y mejorar los servicios que éstos utilizan, y d) Mejorar la satisfacción de los visitantes”.

En el caso de Morelia la gestión de la ciudad histórica deberá incluir decididamente fórmulas que contrarresten el despoblamiento residencial del centro histórico, con lo cual se garantizaría un esquema urbano sustentable a largo plazo.

De ahí la necesidad de que los agentes locales participen en la definición de políticas públicas: “hay que apostar por estrategias turísticas prudentes, controladas por la sociedad local y adecuadas a la capacidad de acogida de las diversas ciudades” (Troitiño, 2000: 135). Sin lugar a dudas lo alcanzado hasta ahora para mejorar el centro histórico de Morelia es un cimiento básico que facilita la consecución de objetivos superiores.

La intervención sobre el comercio informal ha ampliado el grado de libertad para actuar públicamente en favor del casco histórico, está por verse en que medida se aprovecha la oportunidad.

 

 

A manera de conclusión.

Al margen de los juicios de valor político sobre el reordenamiento del comercio informal que antes ocupó la vía pública del centro histórico moreliano, los hechos resultantes invitan a pensar que la operación ha sido por demás benéfica.

El mejoramiento de la calidad  ambiental y estética, la reducción del estrés urbano y los problemas sociales, así como la participación de la ciudadanía constituyen logros nada despreciables. Se requerirá de la continuidad y responsabilidad de los diversos actores sociales para ahuyentar riesgos y no dar marcha atrás en los afanes por perpetuar el carácter público de dichos espacios[24].

Una vez alcanzados los tres grandes objetivos del Plan Maestro para el Rescate del Centro Histórico de Morelia se podrá avanzar en tareas no menos complicadas como rehabilitar fincas y sitios públicos, mejorar la accesibilidad, calmar y reordenar el tráfico rodado, ampliar la oferta de estacionamientos sin lastimar el patrimonio, multiplicar la oferta cultural y consolidar una función turística de excelencia, todo ello a partir de un optimismo vigilante por parte de la sociedad local y con una alta dosis de intervención pública que haga contrapeso a la especulación y otros efectos negativos del libre mercado.

Al mismo tiempo se deberá proteger y estimular el uso residencial como estrategia detonadora en el alcance de un modelo equilibrado de usos del suelo y así evitar que el centro histórico se convierta en una escenografía inerte de vida  barrial: el patrimonio intangible es un componente esencial del casco antiguo.

Resulta paradójico advertir que en un espacio que se ha anotado importantes éxitos las asignaturas pendientes suenen tan difíciles. Ello puede ser una señal de que al ir avanzando se van vislumbrando nuevos desafíos.

La sociedad local ha demostrado que es capaz de perpetuar sus señas de identidad a la par de emprender iniciativas  innovadoras. Esto puede ser una prueba tangible de que México cuenta con los ingredientes necesarios para convertirse en un país moderno y al mismo tiempo ser congruente con su pasado.

 


 

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[1] Agradezco la colaboración del Patronato que en voz de Ricardo Aguilera Soria respondió profesional y generosamente a muchas interrogantes y me aportó algunos documentos de base.

[2] Durante julio de 2002 se celebrará en Budapest la reunión de la UNESCO en que se discutirá la propuesta de inclusión en la lista del Patrimonio Mundial de la ciudad maya de Calakmul (Campeche) y de las misiones franciscanas de la Sierra Gorda de Querétaro.

[3] El resto de sitios declarados son: la ciudad prehispánica y Parque Nacional de Palenque, las ciudades prehispánicas de Teotihuacan, Chichen-Itzá, Uxmal, Paquimé y la zona prehispánica de Xochicalco. También están las pinturas rupestres de la Sierra de San Francisco, los monasterios del siglo XVI sobre las laderas del Popocatépetl y el Instituto Cultural Cabañas de Guadalajara. En el caso del centro histórico de la ciudad de México se incorpora Xochimilco y en el de Oaxaca incluye la ciudad prehispánica de Monte Albán. Los sitios naturales incluidos son la reserva de la Biosfera Sian Ka´an y el Santuario de Ballenas de las Lagunas de Vizcaíno.

[4] Cifra que comprende al Distrito Federal y por tanto no incluye el resto de la metrópoli asentada sobre el estado de México. Los datos proceden de INEGI (2001). En el resto de las ciudades los datos corresponden al municipio central que en algunos casos polariza a una ciudad más amplia.

[5] El exconvento carmelita es la sede actual del Instituto Michoacano de Cultura.

[6] Sólo es superado por el centro histórico de la Ciudad de México que cuenta con 1.435 edificios catalogados y el de Querétaro con 1.380 (www.inah.gob.mx).

[7] Un tema por demás controvertido es el que se refiere a los aplanados de los edificios morelianos. En el año 1965 fueron retirados “gracias a las exhortaciones del Ayuntamiento de la ciudad, durante el periodo en que fuera presidente municipal Fernando Ponce De León” (Ettinger, 2001: 118). Cabe señalar que en aquel momento se consideraba como técnicamente válida dicha práctica que fue difundida internacionalmente. Con la eliminación de los revoques se ganó una imagen homogénea de las edificaciones que al paso del tiempo ha adquirido carta de naturaleza, no obstante la UNESCO ha hecho el señalamiento que esa intervención atenta contra la autenticidad del casco histórico ya que anteriormente exhibía un aspecto policromático. La desnudez pétrea de los edificios tiene además el inconveniente de estimular la adherencia de salitre, con lo cual se favorece su deterioro.

[8] Adopta una obra de arte, grupo Michoacán (1991), Asociación de Conservadores de Bienes Inmuebles de Michoacán (1988), Asociación de Egresados de La Escuela de Historia de la UMSNH (1990), Comité de Solidaridad Pro-rehabilitación de la Capilla del Señor de la Columna (1989), Comité de Solidaridad Pro-restauración de la Capilla del Santo Niño (1995), Comité Michoacano del ICOMOS (1988), Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis de Morelia (1995), Comité de Solidaridad Pro-restauración de la Iglesia y Antigua Capilla de Santa María de Guido (1995), Patronato del Conservatorio de las Rosas (1990), Patronato para el Rescate y Reconstrucción de la Calzada de Fray Antonio de San Miguel –PROCAL- (1991), Patronato para la restauración de la Catedral de Morelia (1992), Sociedad Defensora del Tesoro Artístico de Morelia (1994), Conservación y Desarrollo de Morelia, A.C. (1995), Morelia, Patrimonio de la Humanidad, A.C. (1992), Colegio de Arquitectos de Michoacán (1965), Cámara Nacional de la Industria de la Construcción en Michoacán y Patronato Pro Monumento a los constructores de Morelia (1995).

[9] Un antecedente de lo anterior es la Junta encargada de hacer cumplir el Reglamento para la conservación del aspecto típico y colonial de la ciudad de Morelia decretado en 1956. Dicha Junta, a diferencia del Patronato tenía más ingerencia en la vigilancia que en la promoción de iniciativas.

[10] Víctor Manuel Tinóco Rubí y Salvador Galván Infante, respectivamente.

[11] La intención de la política de desconcentración de oficinas fue reducir la función administrativa antes que eliminarla. De hecho la mayoría de los edificios mantienen sus funciones pero con menor carga. Hay sólo dos casos en que se plantea un radical cambio de uso: el Palacio Clavijero que aloja oficinas del Gobierno del Estado se pretende convertir en el Museo de la Ciudad y Centro de Convenciones y en el Palacio de Justicia se intenta instalar el Centro Superior de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

[12] Existe la inquietud de reciclar la antigua estación de autobuses pasa convertirla en un pabellón turístico. Si se plantea un proyecto lúcido este equipamiento podría aliviar parte del déficit de estacionamientos y ser aprovechado para dar servicio a grupos turísticos que se trasladan en autobús, al tiempo que se podría articular con la oferta hotelera aledaña.

[13] Cabe aclarar que se mantuvo a un pequeño grupo de vendedores de artesanías en el corredor lateral de acceso al claustro de San Francisco, sitio en el que desde 1972 hay tiendas formales de artesanías.

[14] El resto de los mercados son: en el centro histórico San Francisco (110 locales), Humboldt (225) y Allende (250). En un recorrido realizado en diciembre de 2001 comprobamos que en los dos últimos casos se trabajaba para concluir las obras en tanto las de San Francisco estaban terminadas. Fuera del centro los mercados son Manantiales (200 locales), también ya terminado y Nueva Terminal de Autobuses  (450) que tenía un avance de 50 %. Entre las causas del retraso el alcalde Augusto Caire Arriaga mencionó la tardanza de una parte de los recursos económicos provenientes del Banco Interamericano de Desarrollo (La Voz de Michoacán, 19 de diciembre de 2001). El 31 de enero de 2002 se instaló la “Comisión para la Adjudicación y Preadjudicación de Locales a Comerciantes que hasta el 5 de junio del año 2001 ocuparon la Vía Pública del Centro Histórico de Morelia”, misma que el 2 de febrero publica un acuerdo en el que se definen las reglas para la asignación de los locales (La Voz de Michoacán, 2 de febrero de 2002).

[15] El programa depende de la Subsecretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Estado. El número de jóvenes involucrados es de 80. En agosto de 2001 comenzó a funcionar la segunda promoción.

[16] Esta obra se hizo acreedora en 1995 a una mención honorífica en investigación, otorgada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Cuenta con tres ediciones, 1992, 1994 y 2000 que en conjunto suponen un tiraje de 11.000 ejemplares. La última edición contó con el apoyo del Patronato Pro-Rescate del Centro Histórico y la UNESCO.

[17] Un par de evidencias sobre la fuerza del PRD en Michoacán: durante las elecciones presidenciales del año 2000 el candidato Cuauhtémoc Cárdenas obtuvo en ese estado el 8,69 de los votos nacionales. En relación con los otros partidos, el 37,14 % de los michoacanos favorecieron a Cárdenas lo que representa el porcentaje más alto del país (cifras calculadas a partir de estadísticas consultadas en Aguayo, 2000: 253).

[18] Desde su posición como oficial mayor del Gobierno del Estado. Para completar el cuadro hay que añadir que el alcalde promotor del rescate del centro histórico dejó el cargo anticipadamente para aspirar a una diputación plurinominal.

[19] De ellos 77 millones son visitantes fronterizos (principalmente en la línea divisoria México-Estados Unidos) y tres millones son pasajeros de cruceros.

[20] De los cuales el 60 % corresponden a Estados Unidos y un 13 % a Canadá.  El resto se distribuye así: 13 % de Europa, 9 % del Caribe, Centro y Sudamérica y un 5 % que corresponde a Africa, Asia y otros.

[21] El Concurso Estatal de Artesanías de Nuevo Diseño constituye un factor de innovación y valoración de la actividad, así por ejemplo en su octava edición efectuada en 2002 participaron 422 artesanos de 39 comunidades, que en conjunto presentaron 604 piezas (La Voz de Michoacán, 3 de febrero de 2002).

[22] El predominio de turismo nacional es una constante en las ciudades históricas: los casos en  que la afluencia de extranjeros es más elevada son Oaxaca con 26 % y Guanajuato con el 12 %. En cambio los destinos sol y playa son dominados por los turistas internacionales que por ejemplo en Cancún ocupan el 73 % y en Puerto Vallarta el 53 % (INEGI: 2001).

[23] Entre las iniciativas para lograr calidad turística destaca el programa “Tesoros de Michoacán”, marca de excelencia que ostentan algunos hoteles.

[24] La coexistencia política que supone el ayuntamiento de Morelia en manos del PRI, la gubernatura emanada del PRD y la presidencia de la República con el PAN (Partido Acción Nacional) pondrán a prueba la madurez política alcanzada y la continuidad de acciones que favorezcan la recuperación del centro histórico.


Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén, Argentina. Octubre de 2003.


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