Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 901 al 920 
AsuntoAutor
495/04 - Valorizac Centro H
496/04 - MURAL Centro H
497/04 - Bialet Ma Centro H
498/04 - EL FUTURO Centro H
499/04 - Turismo c Centro H
500/04 - SE TOMARO Centro H
501/04 - Paisajes Centro H
502/04 - O Reciclo Centro H
503/04 - PANEL GEO Centro H
504/04 - LOS CAMIN Centro H
505/04 - bailando Centro H
506/04 - EL CENTRO Centro H
507/04 - HUMBOLDT Centro H
508/04 - ÁREAS Y L Centro H
509/04 - CON NUEST Centro H
510/04 - PRIMERA C Centro H
511/04 - LA PERCEP Centro H
512/04 - EMILCE Centro H
513/04 - PARTICIPA Centro H
514/04 - Merlo - S Centro H
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 936     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 495/04 - Valorización turística en Patagonia Austral
Fecha:Miercoles, 20 de Octubre, 2004  15:55:24 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

Valorización turística en Patagonia Austral.

El caso del Parque y Reserva Nacional Los Glaciares y del Calafate en la provincia de Santa Cruz[1]

 

                                                                                                          Analía Almirón[2]

 

 

Resumen

 

 Este trabajo analiza la valorización turística de un área de receptora de turistas en el sudoeste de la provincia de Santa Cruz. El estudio aborda el caso del Parque y Reserva Nacional Los Glaciares y de la ciudad de Calafate, un destino turístico de la Patagonia Argentina que en las últimas décadas está adquiriendo gran importancia que se expresa en la creciente promoción a nivel nacional e internacional y en el crecimiento permanente del número de turistas que recibe.

En las sociedades actuales el turismo se presenta como una práctica social y una actividad económica de gran importancia y expansión. Uno de sus rasgos actuales relevantes es la búsqueda permanente de nuevas modalidades turísticas (alternativas) con características específicas que se diferencian de las prácticas tradicionales propias del turismo masivo predominantes en décadas anteriores. La valorización creciente de la naturaleza en sus aspectos conservados y no contaminados son características que distinguen a una parte de estas ofertas alternativas.

En Patagonia estas nuevas modalidades vienen desplegándose en forma creciente sobre todo en las áreas bajo conservación ambiental que aparecen como lugares ideales para el desarrollo de prácticas en contacto directo con la naturaleza. Entre las áreas protegidas patagónicas valorizadas por este tipo de práctica turística se encuentra el Parque y Reserva Nacional Los Glaciares. Asimismo, en el contexto de crisis de las actividades tradicionales, la actividad turística tiene un papel importante en muchas economías locales. Las sociedades locales ven en el turismo una vía factible para superar los problemas sociales y económicos y una estrategia de desarrollo local. La ciudad de Calafate se presenta como un caso paradigmático por el hecho de que se convirtió en pocas décadas en uno de los centros turísticos de gran crecimiento de la Argentina. Se trata de un centro de apoyo turístico de una amplia área de cordillera y estepa de la provincia de Santa Cruz, gran parte de este territorio corresponde al Parque y Reserva Nacional Los Glaciares, siendo el glaciar Perito Moreno el principal atractivo turístico.

 

 

Introducción

 

En las sociedades actuales el turismo se presenta como una práctica social y una actividad económica de gran importancia y expansión. Uno de sus rasgos actuales relevantes es la búsqueda permanente de nuevas modalidades turísticas con características específicas que se diferencian de las prácticas tradicionales propias del turismo masivo predominantes en décadas anteriores. Las críticas al turismo tradicional en íntima relación con la preocupación por las cuestiones ambientales han dado lugar, en los últimos años, a nuevas modalidades turísticas denominadas bajo el rótulo de alternativas (Bertoncello, 1998). En efecto, la valorización creciente de la naturaleza en sus aspectos conservados, prístinos y no contaminados son características que distinguen a una parte de estas ofertas alternativas.

 

En Patagonia estas nuevas modalidades vienen desplegándose en forma creciente –no reemplazando totalmente a las modalidades tradicionales sino coexistiendo con ellas- sobre todo en las áreas bajo conservación ambiental que aparecen como lugares ideales para el desarrollo de prácticas en contacto directo con la naturaleza. De esta forma, en el producto turístico Patagonia los Parques Nacionales funcionan como una de las principales marcas (Urry, 1996) turísticas. Los PN garantizarían a las nuevas prácticas turísticas autenticidad ambiental, la posibilidad de realizar un turismo activo a través de prácticas que van más allá de la contemplación y, también, una aparente mayor distancia con los lugares y prácticas de vida cotidiana de los turistas. Entre las áreas protegidas patagónicas valorizadas por este tipo de práctica turística se encuentra el Parque y Reserva Nacional Los Glaciares.

 

Asimismo, la importancia actual del turismo viene sustentando un conjunto de discursos que le atribuyen un papel importante como una estrategia impulsora del desarrollo, particularmente apta en aquellos lugares cuyas peculiaridades permiten la construcción de productos turísticos con demanda en el mercado (Rodríguez, 1996; Seguí Llinas, 1998). En Patagonia, en el contexto de crisis de las actividades tradicionales, la actividad turística tiene un papel importante y creciente en muchas economías locales. Las sociedades locales ven en el turismo una vía factible para superar los problemas sociales y económicos y una estrategia de desarrollo local. La ciudad de Calafate se presenta como un caso paradigmático por el hecho de que se convirtió, en pocas décadas, en uno de los centros turísticos de gran crecimiento de la Argentina. Se trata de un centro de apoyo turístico de una amplia área de cordillera y estepa de la provincia de Santa Cruz, gran parte de este territorio corresponde al Parque y Reserva Nacional Los Glaciares, siendo el glaciar Perito Moreno el principal atractivo turístico.

               

Este trabajo analiza la valorización turística del Parque y Reserva Nacional Los Glaciares y de la ciudad de Calafate. Es un destino turístico de la Patagonia Argentina que en las últimas décadas está adquiriendo gran importancia que se expresa en la creciente promoción a nivel nacional e internacional y en el crecimiento permanente del número de turistas que recibe.

 

El trabajo presenta, en primer término, el proceso a través del cual se construyó la condición de destino turístico, refiriéndose para ello, en primer lugar, al proceso de creación de las áreas protegidas en la Argentina y del Parque Nacional Los Glaciares; y, en segundo lugar, al proceso a través del cual se consolidó su actual función turística y sus implicancias en la conformación del Calafate como centro turístico del destino. En segundo término, el trabajo continua con una caracterización actual de la actividad, de los atractivos turísticos involucrados y de la práctica turística y, por último, presenta un análisis de la atractividad turística del destino con el propósito de discutir su condición de natural y destacar su carácter de construcción social; esta discusión aparece como relevante también por sus vínculos con las potencialidades del turismo para el desarrollo.

 

 

 

Parques Nacionales y turismo en Argentina: la creación del Parque Nacional Los Glaciares

           

 

El núcleo inicial de las áreas protegidas en la Argentina[3] se origina en 1903 en el acto de donación de Francisco P. Moreno a la nación de tres leguas cuadradas de su propiedad en su mayoría ubicadas en el noroeste de la actual Provincia de Río Negro, para su preservación y uso por la comunidad. Los propósitos de su donación están contenidos en las siguientes expresiones: “Al hacer esta donación emito el deseo de que la fisonomía actual del perímetro que abarca no sea alterada y que no se hagan más obras que aquellas que faciliten las comodidades para el visitante culto, cuya presencia en esos lugares será siempre beneficiosa a las regiones incorporadas definitivamente a nuestra soberanía y cuyo rápido y mediato aprovechamiento debe contribuir tanto a la buena orientación de los destinos de la nacionalidad argentina” (tomado de: Servicio Nacional de Parques Nacionales, 1977: 62).

 

            Finalmente, en 1922 se crea por decreto nacional el Parque Nacional del Sur. En el año 1924, se constituyó la Comisión Pro Parque Nacional del Sur[4] que inició el camino de preparación y sanción de un proyecto de ley y de creación efectiva de los Parques Nacionales. En 1934, se sanciona el proyecto de ley y se crea la Dirección de Parques Nacionales –organismo dependiente del gobierno central, actualmente Administración de Parques Nacionales (APN)- y los Parques Nacionales Iguazú y Nahuel Huapi, éste último sobre la base del Parque Nacional del Sur (Costantino, 1977; APN, s.f.).

 

            Es importante destacar que en las expresiones del acto de donación del perito Francisco P. Moreno se plantea por primera vez la combinación de la preservación de un área, para que sus condiciones naturales no sean alteradas, con su disposición para el acceso y disfrute de los visitantes. Al mismo tiempo, en esas expresiones están los contenidos de los tres objetivos fundamentales que guiarán la creación y gestión de los primeros parques nacionales argentinos por parte del Estado nacional: conservación de las condiciones naturales, disfrute del visitante y defensa y control del territorio nacional (Bertoncello, 2000).

 

El propósito fundamental que sostiene la creación de los parques nacionales argentinos es el de preservar sitios de la naturaleza, que puede o no tener belleza escénica, destinado a la investigación, la educación y la recreación, esto último dirigido y manejado de tal forma para que no llegue a producir trastornos a las condiciones naturales que, precisamente, se constituyeron en los elementos esenciales para su elección. Es importante señalar, que este propósito justifica en lo inmediato la preservación y protección de áreas en la esfera pública y, por otro lado, la exclusión de la propiedad privada –en más de un caso teórica- y la prohibición de la explotación económica.

           

            Al mismo tiempo, la presencia del estado en esas regiones lejanas para asegurar la defensa y seguridad del territorio nacional constituía otra de las finalidades que sustentaban la creación y gestión de los parques por parte del Estado nacional[5], sobre todo en las primeras décadas del siglo XX donde se asistió a un proceso de apropiación territorial y definición de límites estatal- nacionales (Bertoncello, 2000). Este tercer núcleo constitutivo del propósito de la creación de los Parques Nacionales remite a una finalidad nacionalista ya que tiende a vincular la nación con los confines lejanos, a partir de la presencia efectiva del Estado nacional, de propiciar la colonización de esos territorios y de proveer infraestructura y equipamiento para permitir el acceso de los visitantes.

           

En este sentido, la política inicial de la Dirección de Parques Nacionales no sólo se orientó a la protección de la naturaleza para el disfrute de las presentes y futuras generaciones sino también a la consolidación de la soberanía territorial mediante el desarrollo de áreas de frontera por medio del impulso, entre otras, de la actividad turística[6], como uno de los factores de desarrollo y poblamiento (Bustillo, 1988).

 

En efecto, este organismo inicia una gestión de significativo impulso al turismo nacional e internacional en los Parques Nacionales creados, convirtiéndose, de esta forma, en pionero en el desarrollo turístico de la cordillera austral mediante fuertes inversiones en infraestructura vial, de transportes y hotelera (Bergallo y Encabo, 2000; APN, 1994; Bustillo, 1988). Al mismo tiempo que Parques Nacionales fomentaba el turismo y creaba villas turísticas (Llao- Llao, Catedral, La Angostura y Traful) fundaba escuelas, iglesias, hospitales y otros servicios públicos básicos como parte de un conjunto de acciones que respondían a una política de colonización de esos territorios (APN, 1994).

           

Todos estos antecedentes sirvieron de base a la creación del Parque Nacional Los Glaciares. Durante el año 1936 parten de Buenos Aires comisiones exploradoras con el propósito de incorporar nuevas reservas al sistema de parques nacionales (Schlüter, 1985). Como consecuencia, la ley 13.895 sancionada en el año 1937 amplió considerablemente la lista de los Parques Nacionales Argentinos y, de este modo, dio origen a nuevas áreas, entre ellas al Parque Nacional Los Glaciares para preservar las “maravillas” naturales de esta parte de los Andes Patagónicos Australes.

 

El PN Los Glaciares[7] se ubica en el sudoeste de la provincia de Santa Cruz. Sus límites por el oeste siguen el límite internacional chileno- argentino entre los paralelos 49° 15´ y 50° 50´ Sur (desde el Monte Fitz- Roy hasta el Cerro Stokes). Su importancia se debe a la protección de ecosistemas particulares muy escasamente representados en la Argentina. El Parque protege una muestra de los ecosistemas del extremo sur de la región andino-patagónica; principalmente ambientes boscosos y altoandinos pero también ambientes de transición y sectores de  estepa en las zonas más orientales del área. En el Parque están representadas dos de las tres unidades que se distinguen en la cuenca del lago Argentino: la región andina, caracterizada por cerros con más de 2.500 m. de altura (con los máximos en los Cerros Fitz Roy -3441m- y Torre –3128m-), y la región preandina con montañas de alturas de más de 2000 metros en el límite con la zona andina, descendiendo hacia el este, donde no superan los 1000-1200 metros. Otra de sus características distintivas sujetas a protección es el sector del Campo de Hielo Continental Sur y los glaciares que de él descienden. El PN incluye unos 2.600 km2 de este campo de hielo desde el cual descienden trece glaciares a los lagos Viedma y Argentino: Marconi, Viedma, Moyano, Upsala, Agassiz, Bolado, Onelli, Peineta, Spegazzini, Mayo, Ameghino, Moreno y Frías. Hay además unos 190 glaciares menores no vinculados a la masa de hielo continental (APN, s.f.; 1993; Santa Cruz, s.f.).

 

En la creación de esta área protegida, además de sus condiciones naturales, se tuvo en cuenta sus bellezas escénicas, previsto en el artículo 10 de la ley 12.103/34, para hacerla más atractiva para el turismo (Schlüter, 1985). En el año 1981, fue incorporado a la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, como Patrimonio Natural, debido a su belleza, interés glaciológico y geomorfológico, y parte de su fauna en peligro de extinción, lo que significa un reconocimiento de su valor a nivel internacional (APN, 1993).

 

 

 

La función turística del PN Los Glaciares y el surgimiento del Calafate como centro turístico

 

 

El objetivo de propiciar el disfrute del visitante constituye uno de los objetivos del PN Los Glaciares. Este dará lugar a la consolidación de la práctica turística y, con ella, de un conjunto de instalaciones, equipamientos y servicios turísticos que posibilitan su realización.

 

En los años posteriores a la creación del PN Los Glaciares hubo algunos intentos de proveerlo de instalaciones y equipamientos para la atención del visitante y de esta manera cumplir con la función turística. Sin embargo, por esos años la Dirección de Parques Nacionales consideraba tales iniciativas (entre ellas: la construcción de un hotel frente al glaciar, pedida por el entonces gobernador[8]) prematuras. Al respecto, el entonces presidente de dicho organismo, Bustillo, expresaba lo siguiente:  “...este parque se encontraba tan aislado y a una distancia tan remota de la parte poblada de la República, que fuera de asegurar su vigilancia y protección, no cabía inversión alguna ante el riesgo de no poder casi aprovecharse. Esa era nuestra idea y nunca se pensó en otra cosa que en conservarlo para el futuro, cuando los medios de comunicación se hubiesen desarrollado y fuese mayor la población del país (...) el aspecto colonizador quedaba totalmente descartado...” (Bustillo 1988: 472).

           

Recién en 1950, con la instalación de la Intendencia del Parque Nacional Los Glaciares en la localidad de Calafate, la más próxima a su jurisdicción, la Administración de Parques Nacionales sentó el precedente de establecer en esa localidad toda actividad que no fuera estrictamente necesaria para la atención del visitante in situ (Parque). Por otra parte, a partir de la década del sesenta el organismo inicia un conjunto de acciones para permitir el acceso y permanencia de los visitantes en el área protegida. Una de las primeras obras realizadas fue la construcción de un camino que conectaba el glaciar Perito Moreno con la entrada al parque (Schlüter, 2001).

 

El Calafate se convirtió en el centro de atención y servicios del PN Los Glaciares. Dicha localidad que había nacido como un centro de abastecimiento para la población rural, dedicada a la actividad ganadera[9], fue transformando su economía hacia la actividad turística, en virtud de los atractivos que la rodean, principalmente por su cercanía al PN y al glaciar Perito Moreno (80 km. aproximadamente). En pocas décadas el turismo se convirtió en principal impulsor de las actividades económicas de la localidad. Esta transformación en centro receptor y prestador de servicios a la práctica turística se enmarca en un contexto de crisis de la actividad ganadera (ganadería ovina)[10].

 

Por esos años, la localidad de Calafate era un pequeño poblado (500 habitantes aproximadamente) que contaba con algunos hoteles muy simples destinados a la población rural de la zona (Alonso, 1997; Schlüter, 2001). El insuficiente equipamiento y de prestación de servicios en general producía una práctica turística caracterizada por limitada, incipiente y por turistas que viajaban por cuenta propia.

 

El bajo nivel de desarrollo de la actividad turística provocó que al lanzarse oficialmente la temporada turística en 1972, el gobierno nacional asignara importantes partidas económicas para el mejoramiento de la infraestructura y del equipamiento existente: hoteles, muelle de Punta Bandera, aeropuerto, caminos, etc (Alonso, 1997).

 

Por su parte, el gobierno provincial agregó a la oferta de alojamiento existente (aproximadamente 50 habitaciones) otras 30 habitaciones con la inauguración del Complejo turístico Lago Argentino, formado por el primer hotel de categoría y un conjunto de bungalowes (Schlüter, 2001). A esta oferta de alojamiento, se ira agregando la construcción de hotelería de primer categoría realizada por instituciones tales como el Automóvil Club Argentino, y de inversores privados de la provincia.

 

A partir de esos años, y particularmente en la década del ochenta, se registró un incremento notable del número de visitantes que llegaban a Calafate. La información estadística recopilada por la Subsecretaría de Turismo de la provincia de Santa Cruz[11] permite constatar esta afirmación: durante la temporada 1972/73 Calafate recibió a 9.567 visitantes. Esta última cifra se incrementó significativamente, durante la temporada 1987/88, a 22.600 llegadas; y a 31.091 llegadas, durante la temporada 1988/89. Otra información, recopilada por la Intendencia del PN en base al cobro de entradas, comprueba el crecimiento de la afluencia turística al área: creciendo el número de visitantes ingresados al PN de 20.000 en el año 1981 a más de 45.000 en el año 1989[12]. Este aumento significativo de la demanda (donde la mayor parte pernoctaba en camping) motivó el desarrollo del equipamiento (aumento de la oferta de alojamientos), servicios de transporte y excursiones conllevando a un crecimiento de la oferta.

 

Al mismo tiempo esas fuentes estadísticas proveen datos sobre el origen de los turistas: en la década del setenta, el mayor porcentaje de turistas llegados eran de origen nacional; a partir de la década del ochenta, si bien no se modifica dicha situación, se registra un aumento significativo del porcentaje de los turistas internacionales en el total de turistas llegados al área.

 

De esta forma, a partir de la década del ochenta la localidad de Calafate se consolida como centro de servicios de la práctica turística. En ella se va instalando la mayor parte del equipamiento hotelero y de servicios en general permitiendo el uso turístico del parque en el que se encuentran los atractivos que motivan la llegada de turistas. En pocos años (entre la temporada 1987/88 y la temporada 1992/93) la oferta de plazas de alojamiento tuvo un incremento cercano al 80 porciento.

 

Específicamente en el área del PN, la prestación de servicios turísticos ha sido organizada por la APN, a través de la emisión de autorizaciones de instalaciones y actividades y de la entrega en concesión la explotación de áreas y servicios. En términos de la infraestructura de servicios para la atención del visitante es a partir de la década del ochenta que es mejorada con diversas obras: pasarelas, miradores (desde donde se práctica la observación del glaciar Perito Moreno), sanitarios, salas de primeros auxilios, local para el cobro de acceso al área, campamentos, senderos, etc, siendo prácticamente las mismas en la actualidad (APN, 1993).

 

Actualmente, el PN cuenta con la unidad turística ventisquero Moreno con servicio de restaurante, con cinco camping (con o sin servicios, uno de ellos bajo concesión), cuatro estancias (que brindan servicios de alojamiento, gastronomía, participación en tareas de campo, pesca deportiva, cabalgatas, trekking, etc.). Respecto a otros servicios prestados, dos concesionarios realizan excursiones de navegación lacustre para avistaje de los glaciares, complementadas en algunos casos con excursiones terrestres y trekking sobre los glaciares (se ofrecen diversos circuitos).

 

 

 

Características actuales de la actividad turística

 

 

En las últimas décadas, el desarrollo del turismo en la localidad de Calafate ha experimentado un significativo crecimiento convirtiéndola en un centro turístico de creciente importancia nacional y con buenas perspectivas de posicionamiento a nivel internacional.

 

Su transformación, en pocas décadas, en centro de apoyo turístico del PN Los Glaciares se ha basado en la inversión privada de pequeñas y medianas empresas, tanto de inversores locales, como inversores externos (provinciales y nacionales) que vieron en el turismo posibilidades de desarrollo y que fueron acompañadas por inversiones estatales, principalmente del gobierno provincial, en obras de infraestructura que facilitaron la prestación de los servicios a los visitantes. Al mismo tiempo, el gobierno de la provincia de Santa Cruz (a través de la Subsecretaría de Turismo) y el gobierno nacional (a través de la Secretaría de Turismo) han tenido un importante papel en materia de difusión y promoción del destino a nivel nacional e internacional, al igual que las agencias de viaje que vienen instalando el destino en circuitos internacionales.

 

A partir de los primeros años de la década del noventa es cuando se registra el despegue del turismo en Calafate. La información estadística recopilada por la Subsecretaría de turismo de la provincia de Santa Cruz en conjunto con la Dirección de turismo municipal (Calafate) permite corroborar dicha afirmación. En efecto, en la temporada 1991/92 se registró una cifra de 40.171 visitantes; este ingreso supone un incremento nada despreciable si tenemos en cuenta las cifras registradas durante la década del ochenta. En las siguientes temporadas, el arribo de turistas no ha dejado de crecer, registrándose la cifra máxima en la temporada 1995/1996 con 56.288 llegadas, manteniéndose muy cercana hasta la actualidad (52.004 en la temporada 2001/02). El mes que registra más ingresos de turistas nacionales es enero, mientras que noviembre es el mes con más llegadas de turistas extranjeros. La temporada turística es estival y la estadía promedio es breve, de unos dos a tres días.

            Al mismo tiempo, crece levemente la proporción de turistas extranjeros: mientras que en la temporada 1991/92 representaban el 37 porciento del total, en la temporada 2001/02 el 41 porciento del total son de ese origen. Entre estos, los que mayor proporción de turistas aportan al total de turistas extranjeros son los oriundos de Europa y América, siguiendo en menor importancia los provenientes de Asia, Oceanía y África, respectivamente.

           

            El mayor porcentaje de turistas nacionales elige alojamientos de categoría 1 y 2 y de categoría de 3 y 4, en especial éstos últimos. Esta misma característica se presenta en el caso de la demanda extranjera (salvo la de los turistas provenientes de Asia y África, donde los alojamientos más utilizados son los de categoría 3 y 4 y, en segundo lugar, los camping). En el caso de las cabañas, los hospedajes y los camping, la demanda nacional registra una elección mayor por estos tipos de alojamiento.

               

Otra información puede, asimismo, mostrar la creciente importancia de la actividad turística en Calafate. Las mismas fuentes informan que en Calafate el total de plazas en la temporada 2001/02 alcanza las 2.567, mientras que en la temporada 1993/94 contaba con un total de 1.321 plazas, es decir que casi se duplicó la oferta en ocho años.

 

En la oferta actual de alojamientos (temporada 20001/02), Calafate cuenta con 57 establecimientos de diversos tipos y categorías: hoteles y hosterías de una a cuatro estrellas y albergues, cabañas, hospedajes de distintas categorías. También existe la oferta de camping con servicios. Los emprendimientos son en general chicos, ya que el establecimiento de mayor envergadura no supera las 90 habitaciones y el más pequeño dos. La mayor concentración de plazas, 64 porciento, corresponde al tipo hoteles, hosterías, turísticos y apart hoteles con un total de 25 establecimientos. De esas plazas el mayor volumen se verifica en las categorías cuatro (560 plazas) y  tres (457 plazas), que reúnen el 61 porciento del total. Por su parte, a los tipos hospedajes, albergues y cabañas le corresponde un total de 921 plazas.

 

 

 

Los atractivos y prácticas turísticas[13]

 

 

En el Parque Nacional Los Glaciares, la vista de los frentes de ruptura de los glaciares constituye el principal atractivo turístico. El sector con mayor afluencia turística es el sitio donde se encuentra el glaciar Perito Moreno, siendo la vista de sus frentes de ruptura la práctica más realizada por los turistas. Además de esta práctica tradicional que comprende el recorrido por pasarelas y miradores situados frente al glaciar, vienen teniendo importancia otras prácticas como la navegación en cercanías de sus paredes y el trekking sobre el mismo. Otro atractivo principal es la navegación por el brazo norte del lago Argentino en cercanías al frente del glaciar Upsala con vista de los glaciares Spegazzini, Seco, Heim, Onelli, Agassiz y Bolado.  

 

Por otra parte, existen otros atractivos que en la última década están mostrando una importancia cada vez mayor por la creciente afluencia de turistas. Este el caso de los atractivos del sector norte del PN: el glaciar y cerro Torre y cerro Fitz Roy, los glaciares Viedma y Piedras Blancas, las lagunas Torre, Piedras Blancas, Los Tres, Sucia, Madre e Hija y Capri. Las principales prácticas son las caminatas, el trekking (también sobre glaciares), las cabalgatas, el montañismo y, en menor medida, las travesías en el área del hielo continental. Con respecto a estas últimas actividades, en los últimos años se ha incrementado la concurrencia de andinistas y escaladores que acceden principalmente a las montañas del noroeste del lago Viedma (cerros Fitz Roy y Torre). Para la realización de estas prácticas, el PN cuenta (en este sector) con numerosos senderos y campamentos bases ubicados en las rutas de acceso a los principales cerros y refugios.

 

Por último, es posible identificar el sector sur del PN (Reserva Zona Roca) caracterizado por ser el sector que menor afluencia de turistas recibe. En ella predominan los pescadores y campamentistas. Sus principales atractivos son el lago Roca y el ascenso al cerro Cristal desde cuya cumbre es posible visualizar el cerro Torres del Paine (Chile), los glaciares Frías y Perito Moreno, la Península de Magallanes y los lagos Argentino y Roca. En los últimos años, además de la pesca deportiva y la práctica de acampe viene teniendo importancia las caminatas y los paseos en bicicleta.

 

            En síntesis, en cada uno de estos aspectos naturales del PN con interés turístico se desarrollan un conjunto variado de prácticas que por orden de importancia -de acuerdo a su oferta y/o a la cantidad de turistas que las realizan-, son las siguientes: contemplación, navegación, trekking, campamentismo, montañismo, pesca deportiva y cabalgatas. A éstas debe sumarse el agroturismo, que se viene desarrollando en las estancias, a través de la complementariedad – en forma creciente- de sus actividades tradicionales con las turísticas. Esta práctica además de ofrecer al turista la posibilidad de realizar tareas rurales también ofrece otras tales como cabalgatas, caminatas y pesca.

 

Es a partir de los primeros años de la década del noventa donde se asiste a un incremento notable de las modalidades turísticas denominadas alternativas que aparecen como complemento de la visita turística tradicional a los principales atractivos (glaciar Perito Moreno y glaciar Upsala). Desde entonces esas nuevas formas de hacer turismo se vienen desarrollando fuertemente en el sector Norte del PN, pero también están teniendo creciente importancia en los otros dos sectores del mismo (Centro y Sur).

 

 

 

Algunas reflexiones sobre la atractividad turística del destino

 

La descripción realizada en el punto anterior muestra la existencia de un conjunto atractivos naturales que constituyen, por un lado, los elementos motivantes del desplazamientos de turistas hacia el destino y, por el otro lado, la base de la práctica/ actividad turística de este último. Sin embargo, la condición de atractividad natural del PN Los Glaciares merece ser revisada.

 

En torno al PN se ha ido instalando fuertemente una imagen turística que remite a su naturaleza, en su condición de espectacular, bella, excepcional, cuidada.  Espectáculo natural inolvidable, naturaleza de particular belleza, magnificiencia de los glaciares, medio natural cuidado, son frases que vehiculizan un conjunto de imágenes que constituyen la piedra angular de atractivos turísticos valorizados como productos por la actividad turística.

           

            Sin embargo, cabe señalar que sólo una parte de esa naturaleza es considerada como atractiva y puesta en valor, no sólo por aquellos procesos sociales que definen sus condiciones de conservación y las de su puesta en uso y valorización, sino también por aquellos que definen qué partes de ella serán mostradas y cuáles no. A través de procesos de valorización social algunos de los atributos naturales del PN son vistos como únicos y excepcionales y sustentan su transformación en atractivos turísticos, es decir que sólo una parte de esa naturaleza es funcionalizada en la práctica turística. 

 

En el proceso de organización del PN la definición de miradores, senderos, campamentos, caminos, etc, son prácticas que concretan la elección de aquellos rasgos naturales que van a ser valorizados como atractivos. La selección y acondicionamiento de ciertos fragmentos de la naturaleza es la forma a través de la cual esos fragmentos se irán instalando en el imaginario como los rasgos distintivos del área (las pasarelas y miradores frente al glaciar Perito Moreno son un ejemplo de esto). Sin embargo, es necesario tener presente que la elección es producto de decisiones sociales, ligadas a determinadas pautas y valores culturales, y no meramente reflejo de atributos naturales. Sólo algunos atributos naturales se transforman en atractivos, aquellos que responden a un modelo de paisaje magnífico, imponente y espectacular, y son puestos en valor a través de imágenes y constructos.

 

La condición de atractividad turística del PN es una construcción social, resultante de un proceso de valorización que selecciona ciertos rasgos naturales, al mismo tiempo que otros se dejan de lado. En efecto, la valorización turística de sus rasgos naturales, por ejemplo de los glaciares, no deriva de la existencia per se de esos rasgos sino de su valorización por las acciones de distintos actores sociales que definen cuáles rasgos de la naturaleza son atractivos turísticos. Esta valorización no se procesa por sus características intrínsecas. Afirmar esto no significa que las características del PN son neutras, sino que los meros atributos del área no son en sí mismos los atractivos.

 

En este sentido, al mismo tiempo, merece destacarse que las características intrínsecas de los rasgos valorados no son las que convocan a los turistas a visitar el área, sino un conjunto variado de visiones acerca de los mismos. Tales visiones, miradas turísticas (Urry, 1996) son las que efectivamente forman parte del principio de motivación de los turistas y, por ende, de las promesas y expectativas que los mismos construyen. La búsqueda de los atractivos naturales del PN, se relaciona con la búsqueda de experiencias diferentes de las vividas cotidianamente (experiencias no turísticas vividas en el lugar de residencia habitual) que se perciben como artificiales o no auténticas (Sánchez, 1985; Urry, 1996). Por ello, la condición de atractividad del PN no puede desligarse del hecho de que la valorización turística no se procesa por la lógica de la sociedad de ese lugar. Sólo se valoriza como atractivo aquello que contrasta con la actividad cotidiana de los turistas y, en rigor, aquello que coincide con las demandas existentes en la sociedad de origen de los mismos.

           

En el contexto social actual, la valorización creciente de la naturaleza, asociada al desarrollo de nuevas modalidades turísticas, refuerza aún más la valorización de la condición del PN como ámbito natural. En el proceso de conformación de estas nuevas prácticas y los discursos que éstas movilizan, la naturaleza se resignifica, por hacerse énfasis en sus rasgos prístinos, conservados, no contaminados. En este contexto, el PN reúne un conjunto de atributos naturales que lo hacen destacable en ese sentido, proporcionando al turismo una materia prima diferente y privilegiada donde sus finalidades de protección, más específicamente la práctica de conservación, son atravesadas por las prácticas turísticas y funcionalizadas en la construcción de atractivos turísticos; siendo estos últimos productos y no meramente esa materia prima.

 

En suma, el PN Los Glaciares cuenta con un conjunto de rasgos y atributos naturales que le son propios. Mediante procesos de valorización social, algunos de ellos, y su arreglo espacial en el área del parque, que se expresan en paisajes peculiares, son transformados en atractivos turísticos. Esos atractivos, por una parte, se convierten en satisfactores de la demanda de determinados turistas y, por otra, en recursos turísticos valorizados por agentes económicos específicos. Reflexionar sobre el carácter social de los atractivos/ recursos turísticos del PN no resulta menor puesto que permite, por un lado advertir que la condición de atractividad natural se construyó a lo largo del tiempo (donde las nuevas prácticas turísticas no hacen más que reforzarla) y, por otro lado que, en tanto construcción social e histórica, no está cerrada a nuevas significaciones y valoraciones.

 

 

 

Conclusión

 

 

El trabajo permite conocer las características de la valorización turística de un área receptora de turistas en la provincia de Santa Cruz, el PN Los Glaciares y Calafate, en términos del proceso que lleva a esta condición y sus características como destino turístico.

 

En pocas décadas la actividad turística en lugar de destino se convirtió en una actividad económica de gran relevancia. En su realización participan distintos agentes, desde los privados (vinculados a la prestación de servicios) hasta el sector público que mediante sus distintos organismos, legislación y prácticas concretas, incentiva el desarrollo de la actividad como estrategia de desarrollo local. El desarrollo creciente de esta actividad económica genera grandes expectativas en la sociedad local que se relacionan con un conjunto de potencialidades que se atribuyen a su desarrollo, como la capacidad de generar empleos y el menor nivel relativo de inversiones que se requieren, en comparación con otras actividades económicas.

 

Se ha destacado que la práctica turística en el destino se organiza en torno a atractivos (naturales) que no son meros atributos del lugar, sino que son resultado de un proceso social de construcción de atractividad, en el que se articulan intereses, valores e imágenes con los atributos materiales del lugar. Esto, al mismo tiempo, advierte el carácter social, cambiante y no unívoco de los recursos turísticos valorizados por los agentes económicos. En efecto, las reflexiones realizadas en torno al carácter social de la atractividad turística del destino resultan relevantes por sus vínculos con las potencialidades del turismo para el desarrollo local. La existencia de esa atractividad en el lugar de destino habilitaría a encontrar en el turismo un vía para su desarrollo. 

 

Así, si el desarrollo local depende de esa atractividad, entendiendo por ésta última un producto de la dinámica social, cabe preguntarse por los procesos que revalorizan y jerarquizan la atractividad turística del destino y que aseguran su permanencia en el tiempo. Al mismo tiempo, cómo esos procesos se articulan con la oferta de equipamientos y servicios en la construcción de una nueva atractividad, en la preservación o incluso en la destrucción de la misma. Interesa, en efecto, indagar por los procesos sociales que definen y redefinen la atractividad. Estas preguntas deben remitirnos a un estudio de las múltiples prácticas y discursos imbrincados en esos procesos, y del papel que la sociedad local tiene en estos últimos.

 

En este sentido, reflexionar sobre el carácter de construcción social de la atractividad turística resulta importante sobre todo si tenemos en cuenta que en los planes de gestión y de desarrollo turístico es ingnorado. En estos la definición de la atractividad se basa en la selección y búsqueda de los atractivos actuales y potenciales de los lugares. Por otra parte, la naturalización de la atractividad que este tipo de definición implica desdibuja e impide reconocer el rol que la sociedades locales tienen en los procesos de construcción de la atractividad turística, en especial el de los agentes involucrados en la práctica, conllevando que el mismo se limite a ser meras receptoras de decisiones que se toman fuera del ámbito local.

 

Por último, reconocer las potencialidades de la actividad turística para el desarrollo local no significa que aceptemos los supuestos establecidos respecto al turismo como impulsor automático del desarrollo local, muy frecuentes en la literatura sobre el tema. La atribución de positividad del turismo como motor de desarrollo local no es una característica intrínseca a dicha actividad (como tampoco de otras actividades económicas) sino que depende de las situaciones concretas en que la actividad turística se desarrolla. Es necesario el análisis de las condiciones específicas del lugar para comprender los reales alcances y limitaciones de la actividad turística en el desarrollo local. La escasa investigación realizada hasta el momento sobre la actividad turística en el lugar de destino mantiene vigente la pregunta en torno a la capacidad que esta tiene para generar procesos de desarrollo.

  

Bibliografía

 - ALONSO, Miguel, Manual del Lago Argentino y Glaciar Perito Moreno. Buenos Aires, Zagier y Urruty, 1997.

- APN- Argentina, Administración de Parques Nacionales, Sistema nacional de áreas protegidas de la Argentina. Diagnóstico de su patrimonio natural y su desarrollo institucional. Buenos Aires, 1994.

- APN- Argentina, Administración de Parques Nacionales, Plan General de Manejo del Parque Nacional Los Glaciares (Documento para la discusión). Delegación Técnica Regional Patagonia. Bariloche, 1993.

- APN – Argentina, Administración de Parques Nacionales, Clasificación de áreas de preservación. Buenos Aires, s.f.

- APN- Argentina, Administración de Parques Nacionales, El Parque Nacional Los Glaciares, Caracterización ecológica, usos y estado de conservación. Buenos Aires, s.f.

- BERGALLO, Ana María B. de y Matilde Encabo, “Reflexiones sobre el manejo de las áreas naturales protegidas de la Patagonia Argentina”, Estudios y Perspectivas en Turismo, 9 (1-2): 58-71. Buenos Aires: CIET, 2000.

- BERTONCELLO, Rodolfo, “Turismo pasaporte para el desarrollo local? Turismo de estancias en la Patagonia Argentina”, Turismo 1, 1(2): 13-22. México, MOLTUR, 2002.

- BERTONCELLO, Rodolfo, "Turismo en los Andes Patagónicos. Valorización turística de áreas de preservación ambiental", Actas Latinoamericanas de Varsovia, 23: 43-58. Varsovia: Universidad de Varsovia, 2000.

- BERTONCELLO, Rodolfo, "Turismo 'alternativo' en Argentina: una nueva forma de consumo del patrimonio natural?", GeoUruguay, 2: 117-132, septiembre 1998.

- BUSTILLO, Exequiel, El despertar de Bariloche. Buenos Aires, Sudamericana, 1988.

- COSTANTINO, Italo, “Los parques nacionales y la recreación”, Areas Naturales y Turismo, Selección de conferencias presentadas en el I, II, III y IV Seminario Internacional sobre Areas Naturales y Turismo, 90- 92. Secretaría de Turismo, Provincia del Chubut, 1977. 

- INTENDENCIA DEL PARQUE NACIONAL LOS GLACIARES, Registros anuales de entradas de visitantes. Calafate, 1980- 2001.                                                                                                   

- RODRIGUES, Adyr Balastreri (org.), Turismo e Geografia. Reflexões teóricas e enfoques regionais, San Pablo, Hucitec, 1996.

- SANCHEZ, Joan-Eugeni. "Por una geografía del turismo de litoral. Una aproximación metodológica", Estudios Territoriales,  Madrid, 17:103-122, 1985.

- SANTA CRUZ Provincia, Subsecretaría de Turismo, Patrimonio Turístico de la Provincia de Santa Cruz. Río Gallegos, s.f.

- SANTA CRUZ Provincia, Subsecretaría de Turismo, Estadísticas turísticas. Río Gallegos, temporadas 1972/73- 2001/02.

- SCHLÜTER, Regina, Turismo y áreas protegidas en Argentina. Buenos Aires: Centro de Investigaciones y Estudios Turísticos–CIET, 1985.

- SCHLÜTER, Regina, El turismo en Argentina. Del balneario al campo. Buenos Aires, CIET, 2001.

- SEGUI LLINAS, Miguel, "Mallorca como ejemplo del potencial turístico de la naturaleza", Estudios y Perspectivas en Turismo, 7(2): 91-110. Buenos Aires, CIET, 1998.

 - SERVICIO NACIONAL DE PARQUES NACIONALES, La conservación de la naturaleza. Parques Nacionales Argentinos. Buenos Aires, 1977.

- URRY, John, O olhar do turista. Lazer e viagens nas sociedades contemporaneas. San Pablo, SESC y Studio Nobel, 1996.

 

Guías turísticas:

 

- GUÍAS REGIONALES ARGENTINAS, El sur. Bariloche, Caleuche, 2000.

- GUÍAS TURISTICAS DEL AUTOMOVIL CLUB ARGENTINO, Patagonia Austral. Buenos Aires, ACA, 2000.

- GUÍAS VISUALES DE LA ARGENTINA, Glaciares y Tierra del Fuego. Buenos Aires, Clarín Proyectos Especiales, 2001.

  


[1] Este trabajo se basa en resultados de una investigación llevada a cabo en el marco de una beca (categoría estímulo) de la Universidad de Buenos Aires durante los años 2001-2002.

[2] Profesora de Geografía, becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas-CONICET y docente del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

[3] Uno de los antecedentes en el nacimiento de los Parques Nacionales Argentinos es la creación del primer Parque Nacional del mundo, el Yellowstone National Park. La República Argentina ha sido el primer país en América Latina y el tercero del continente americano en crear Parques Nacionales, siguiendo principalmente el ejemplo de los Estados Unidos de América (Costantino, 1977).

[4] Integrada por Ezequiel Bustillo, principal autor del anteproyecto que dio origen a la primer ley de Parques Nacionales; y presidente del Servicio de Parques Nacionales durante 1934- 1944.

[5] Con respecto a esto, Bustillo decía: “...aparte de su función específica de preservar las bellezas naturales y ponerlas al alcance del pueblo, perseguía también como alto y difícil objetivo, afianzar en su área nuestra soberanía territorial...” (Bustillo, 1988: 9-10).

[6] Bustillo, al respecto expresaba:“Es entonces de justicia reconocer que Parques Nacionales (...) al fomentar el turismo, preparó el terreno para completar la conquista del vencedor de Santa Rosa. (...) El turismo como avanzada, acompañado de una racional conservación de la naturaleza y de un buen y meditado programa de colonización, por elemental que sea, he ahí el camino que la Argentina debe seguir si quiere algún día y de una vez por todas, ser dueña de toda esa extensión geográfica que con sus lagos, ríos, bosques, montañas y nieve...” (Bustillo, 1988: 15-16).

[7] En el año 1971, mediante la Ley N° 19.292, se establecen los límites actuales incluyendo la división del área en Parque Nacional y Reserva Nacional. A partir de dicha Ley el Parque Nacional se ubica en la porción más occidental del área protegida, y su superficie es de 445.900 ha., mientras que la Reserva se divide en tres zonas: Viedma, Centro y Roca, dispuestas al este del Parque, y ocupando en total una extensión de unas 145.100 ha (APN, s.f.).

 

[8] Teniente de Fragata Gregores, gobernador del Territorio Nacional.

[9] Desde fines del siglo XIX, las explotaciones agropecuarias fueron el mayor impulso para el poblamiento y el desarrollo económico provincial, siendo la actividad económica fundamental la ganadería ovina. A principios del siglo XX, en el período de auge del ciclo lanero, la actual ciudad de Calafate nace como parador destinado a prestar servicios a la actividad ganadera en el camino de la lana y cueros entre la cordillera de los Andes y el puerto de Río Gallegos y otros puertos del Atlántico. En años posteriores a la fundación de esta localidad (1927) se instalan los principales servicios (Alonso, 1997).

[10] A partir de la década del sesenta del siglo XX, la actividad ganadera evidencia signos de crisis, con importantes caídas de los ingresos del sector –con rentabilidad muy baja o incluso negativa-, relacionada principalmente con la disminución del precio de la lana en el mercado internacional y el manejo incorrecto de la capacidad de carga de los campos (Bertoncello, 2002).

[11] En la información estadística suministrada por la Secretaría de Turismo Provincial se define como demanda a pasajeros que pernoctan por lo menos una noche en la localidad.

[12] Estas cifras registradas por la Intendencia del PN, son superiores a las registradas por la Secretaría de turismo provincial debido a que una parte de los turistas arribados al Calafate no permanecen en él (no pernoctan) sino en el área misma del PN. A modo de ejemplo, en la temporada 1990/91, el PN registró aproximadamente 45.000 visitantes, mientras que Calafate aproximadamente 34.000 visitantes.

[13] Para identificar los principales atractivos y prácticas turísticas en el PN Los Glaciares se han consultado diversas fuentes: folletería turística, guías turísticas y documentos oficiales.


Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén, Argentina. Octubre de 2003.