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Asunto:[encuentrohumboldt] 480/04 - LA CONSTRUCCION DEL PERIURBANO Y LA APUESTA POR EL VERDE
Fecha:Lunes, 11 de Octubre, 2004  11:15:07 (-0300)
Autor:humboldt <humboldt @...............ar>

LA CONSTRUCCION DEL PERIURBANO Y LA APUESTA POR EL VERDE
                                                                                
Nidia Formiga
 

Las tendencias que predominan en la estructuración del  espacio periurbano
tienen como consecuencia la conformación de áreas con rasgos muy
particularizadas. Como parte de esta temática, el interés se focaliza en las 
áreas residenciales cuyos habitantes priorizan el verde, las parcelas amplias, la
tranquilidad y la naturaleza, condiciones que se materializan, especialmente, en
los denominados  barrios parque. En el estudio de este proceso en Bahía Blanca se
seleccionaron, de un conjunto de entrevistas que se realizaron para estudiar las
prácticas espaciales y la movilidad residencial, las que presentaban este tipo de
preferencias al localizarse en un sector del periurbano bahiense. El propósito es
una aproximación a las prácticas y las experiencias familiares en la construcción
y ocupación de este tipo de áreas, así como a las transformaciones que se
evidencian, en el transcurso del tiempo, por la influencia de las nuevas formas
de producción y consumo  vinculadas a la globa
 lización.   
 

La dinámica urbana

La materialización de la producción de suelo urbano, en áreas de expansión, se
realiza a través de los amanzanamientos, los  loteos y de las vías de
circulación, en tanto la ocupación del suelo se concreta en la continuación del
tejido urbano, a medida que avanza la construcción de edificaciones y comienzan a
desarrollarse los usos vinculados  a las actividades urbanas y periurbanas. 

La incorporación de nuevas áreas, requeridas  por el crecimiento físico, supone
el proceso de producción de tierra urbana, es decir la transformación de suelo
rústico en espacio construido.  En este sentido, los aspectos atinentes a la
conformación de la oferta son: a) la potencialidad del suelo para los distintos
usos urbanos y periurbanos, dado que la oferta de tierra  dependerá de las
características  topográficas y edafológicas, como determinantes tanto del
potencial de uso como de las posibilidades de dotación de infraestructura, que
actuarán como freno o impulsor del crecimiento; 

b) las restricciones al cambio que resultan de los usos del suelo presentes y
sus materialidades; c) los condicionantes impuestos por la estructura de la
tenencia de la tierra, que de acuerdo al tipo de propiedad favorece o retrasa
(con fines especulativos generalmente) el proceso de  urbanización. Como
consecuencia de la  incidencia de estas variables, la particularidad de esta
expansión horizontal es que, en la mayor parte de los casos, no se produce sin
solución de continuidad, sino que se da como una urbanización  “a  saltos”.

En todo este complejo proceso el dinamismo que  se imprime a  la ocupación del
espacio depende, en gran medida, de los intereses que guían a los agentes
intervinientes (agentes individuales, promotores inmobiliarios, instituciones y
organizaciones, agentes públicos), cuyas estrategias inciden de manera directa 
en la organización y la incorporación de las nuevas áreas, particularmente 
debido la revalorización del suelo que se produce ante las expectativas creadas
al inicio de los procesos.

Considerando el espacio como construcción social,  en la producción de suelo
urbano se ponen de manifiesto las desigualdades existentes entre los grupos
sociales y que se expresan, materialmente, en las distintas áreas residenciales.
“El espacio urbano, como producto social creado para atender al crecimiento de la
ciudad, no será neutro ni homogéneo sino desigual y segregador, al responder a
las diferencias que, sobre todo por el nivel  de renta, puedan existir dentro del
tejido social.“ (Vinuesa - Vidal, 1991, pp.116). 

Los requerimientos de espacio se modifican en el tiempo de acuerdo a los cambios
tecnológicos y en los estilos de vida (Mignaqui, 1998). Hoy se evidencia una
mayor demanda de  espacio periférico  relacionado con áreas residenciales y
actividades que reivindican la calidad  ambiental y el paisaje. Como proceso
particularizado, la existencia de  externalidades positivas (accesibilidad,
paisaje, prestigio social) es condición  necesaria para la formación de las
llamadas periferias suburbiales, vinculadas a grupos de ingresos medios y
medio-altos, con viviendas unifamiliares que presentan una amplia disponibilidad 
de áreas verdes  y en cuya proximidad se ubican centros comerciales  y
equipamientos educacionales. Es por ello que, también, se registra una mayor
demanda de suelo destinado a vías de circulación jerarquizadas y a complejos
comerciales, los que requieren disponer de amplias playas de estacionamiento para
una clientela que accede haciendo un uso masivo del automóvil. 

 

 

El espacio periurbano 

La estructuración del espacio periurbano es determinada por las variaciones en
los usos del suelo, que son indicativas del avance de la ciudad, en un proceso
que  da origen a un nuevo tejido urbano, flexible y disperso, donde los límites
cada vez son más imprecisos  al ir  incorporando áreas rurales más amplias.  “En
estas franjas, se producen hoy los cambios morfológicos, funcionales y de
población más rápidos y profundos de todo el espacio urbano.” (Zárate M., 1991,
pp.142).

En el  caso del espacio periurbano bahiense  se trata de un  proceso de menor
intensidad por estar referido a una ciudad mediana y que, por lo tanto, no da
lugar a  los complejos fenómenos propios de las áreas metropolitanas; no
obstante, se va conformando como un ámbito diferenciado que pone de manifiesto la
intensidad variable de los procesos que en él tienen lugar. Las materialidades,
en su distribución y composición,  son testimonios  del tiempo acumulado y se
presentan como guías en la reconstrucción de procesos y transformaciones. En el
caso del periurbano estas materialidades, en sus distintas combinaciones, van
dando la pauta  del avance de lo urbano sobre el entorno rural. Al ser la zona de
contacto entre estos dos ambientes, adquiere los rasgos particulares de una zona
de transición, siendo el factor de transformación la dinámica del crecimiento
urbano. De manera que el avance de la ciudad, en su expansión horizontal,
transforma los espacios rurales adyacentes  en u
 n proceso que, como indica  Bozzano, se relaciona con  "las diferentes
condiciones generales de valorización de capitales que se generan en unos y otros
ámbitos; asimismo, el espacio periurbano se estructura para la ciudad porque sus
procesos, directa o indirectamente, están en función de ella” (1990,pp. 269).

El proceso de crecimiento urbano está fuertemente ligado al incremento en la
accesibilidad de las áreas periféricas, por la extensión del sistema vial. La
incorporación de ejes de circulación periférica y accesos dotan de adecuadas
condiciones de accesibilidad a estos sectores, lo que se manifiesta en el mercado
del suelo por el alza del precio del suelo y  a través de la operación de los
agentes inmobiliarios, que incorporan suelo urbano mediante el loteamiento de
amplias fracciones de terreno.  También se notará su efecto en la conformación de
nuevas áreas comerciales y de servicios, cuya localización estará  influida por
el componente social de las áreas residenciales próximas. De tal forma, la
expansión de la ciudad se va canalizando a lo largo de los nuevos ejes, que
posibilitan desplazamientos rápidos y disponibilidad de transporte colectivo,
observándose la concentración  de la ocupación en la proximidad de las
principales vías, que llega a alcanzar densidades relativa
 mente importantes (Ciccolella, 1999,pp.13). 

 

 

LAS EXPERIENCIAS EN LAS AREAS  RESIDENCIALES
 

En la síntesis de la actividad cotidiana, que pone de  manifiesto las
peculiaridades de los comportamientos individuales y las relaciones
espacio-tiempo, se estructura el espacio social. En él se destacan los lugares,
dado que allí  se desarrollan las relaciones sociales establecidas sobre una base
territorial. Si bien en la diferenciación del espacio son importantes los
componentes morfológicos, por su incidencia en las percepciones individuales y en
la generación de las imágenes colectivas, también influyen las condiciones
personales respecto a la posición en la estructura social  y los aspectos
culturales. De las prácticas espaciales surge, entonces, un conjunto de
significados dominantes vinculados a  las distintas áreas urbanas, que son de
importancia para comprender la valorización de los lugares, la percepción  y los
comportamientos de los habitantes. 

 

Tomando como caso de estudio un sector de la ciudad de Bahía Blanca, se
seleccionaron las experiencias de seis familias que se presentan a continuación,
por considerar que son representativas de  las motivaciones de la movilidad
residencial así como de las relaciones que se establecen al localizarse en un
área periurbana, las que evidencian las transformaciones que se producen en el
proceso de construcción  y reconstrucción de espacio.  Como el área de referencia
es el barrio parque, se incluyeron casos de Patagonia y Palihue y  las
entrevistas fueron realizadas a Ana, Silvina, Lorena, Cristina , Alicia y Elsa.
En el caso de Alicia, la familia tiene residencia en el centro y en el barrio
parque. Se incluye la experiencia de Elsa, que vive en un sector muy próximo a
Patagonia, por considerar que comparte  la preferencia por el verde en la
decisión de la movilidad residencial, aunque no corresponde a un barrio parque.
De acuerdo al tema se optó por entrevistas no estructuradas,
  con la intención de captar la experiencia de  familias que representan
diversos tipos de hogares y  situaciones socioeconómicas,  las que se realizaron
en los años 1999 y 2000.

 

Las experiencias son diversas en cuanto a las relaciones que se establecen con
los vecinos, en el lugar en que viven, aun cuando las personas presenten 
condiciones de vida similares o que se localicen en el mismo barrio. De allí que
se pueden plantear tres tipos de situaciones para encuadrar los casos en estudio:
una adecuada integración, aquellos que no establecen casi relaciones con sus
vecinos, la residencia alternativa y la vecindad en barrios nuevos. 

 

Se conforma un ámbito barrial integrado

La existencia de relaciones intensas e importantes con los vecinos, vinculada a
un sentimiento de identidad con el  barrio, se encuentra en los casos de Ana y
Silvina. Las dos experiencias son significativas en cuanto a la participación en
la construcción de un espacio  y   las transformaciones posteriores.

 

 Ana cuenta su experiencia en Palihue, lugar al que llega con su esposo en la
búsqueda de un espacio verde, hacia fines de los años sesenta. “Fue casual la
llegada a Palihue, porque nos convino económicamente comprar allí”. Habían
comprado un lote en Patagonia que, para entonces, carecía de servicios y escuela.
Comenta como factores adversos, además, que tenían que pasar por delante del
cementerio, la ruta no estaba iluminada y se encontraba demasiado lejos de la
ciudad, por lo cual fueron postergando la construcción de la casa. Entonces
surgió, simultáneamente, la oportunidad de un vecino muy interesado en su lote y 
la oferta de un loteo a  precios muy convenientes en Palihue, donde se estaban
instalando los servicios públicos y pavimentando las calles. Así pudo comprar
mucha gente, en la manzana de ellos y en la de enfrente, “se pudieron comprar
lotes que estaban más baratos que en Villa Mitre.” Obtuvieron un valor tan bueno
por la parcela de Patagonia, que compraron en P
 alihue y pagaron parte del proyecto de la casa. "Después, despacio, fuimos
construyendo la casa. A medida que crecía la casa, crecía la familia."

Coincidió que vivían en el barrio muchas familias de la edad de ellos, en
algunos casos conocidos de la infancia o compañeros de la Universidad, así que
hubo mucha convivencia. “Se crearon lazos de amistad también entre los chicos, no
sólo de los adultos que nos conocíamos desde antes” y que se han mantenido a lo
largo del tiempo. 

A medida que la familia iba creciendo, uno de los mayores inconvenientes que
tuvo fue la distancia. Allí siempre se requiere un segundo coche porque los
chicos están con mucha actividad (aunque asistan a la escuela del barrio), con la
práctica de deportes, estudio de idiomas, etc. “La mamá se transforma en
mamá-taxi; es una de las características de las madres allí, que se ven salir y
entrar.” Supone que tal vez, en su caso, influyó más la ubicación de la casa, que
no está cerca de la entrada. “Ahora mejoró muchísimo el servicio de ómnibus, pues
antes era muy malo, pasaba cada hora.”  Con la apertura de los shoppings y la
Escuela de Agricultura y Ganadería que está en Sarmiento, el  servicio se presta
con mayor frecuencia; más bien, ahora  los vecinos se quejan por exceso de
movimiento.

Ellos participaron mucho en la comisión de la Sociedad de Fomento del barrio en
los primeros años y en las cooperadoras, tanto del jardín de infantes como de la
escuela. El esposo fue varios años presidente de la Cooperadora de la escuela,
cuando se construyeron varias aulas y el gimnasio (muy amplio, lo utilizaban
también los padres fuera del horario escolar) y un centro de reunión. Ahora están
alejados, pues ya no tienen niños en edad escolar y están muy ocupados, pero
cuando pueden participan. [ Se nota el interés por los asuntos de la comunidad]

Pero el proceso no ha continuado igual y señala los cambios que se observan en
el barrio y las etapas de consolidación: al entrar al barrio, está el sector
viejo, de las casas tradicionales, de las familias que crearon un tipo country -
casas más abiertas, más bajas, más verdes - “con la idea de alejarse”. Son
familias que permanecen en el barrio aunque sus hijos se han marchado. En otros
casos se observa la continuidad en la preferencia por el lugar y la
disponibilidad de recursos,  ya que los hijos han tenido oportunidad de comprar
allí, también, lotes. ”Después de las ventas masivas, quedaron pocos lotes y las
casas que se están construyendo ahora son muy costosas, ‘tipo Dallas’. Y las
familias que vienen a vivir allí también son jóvenes, con muchos chicos, tienen
su 4 x 4. Es otro nivel, no el de profesores universitarios como era el nuestro,
en los inicios.” También algunos hijos de las familias que compartieron  la misma
etapa de construcción del barrio que ellos, que s
 e  han casado, han comprado lotes en un sector que es extensión de Palihue, en
un triángulo entre la Universidad, la antena y el barrio, que ahora se encuentran
gran parte en construcción.  Hoy el barrio se ha consolidado, se compactó, y los
pocos lotes que  quedaron  no están en venta  porque los reservan para algún
hijo, o bien, especulan con la tierra. Por otro lado, Ana señala que se notan los
efectos de las nuevas técnicas constructivas. “Uno nunca termina de hacerlo y
otros la hacen de repente. Uno pasa por un terreno baldío y, a los tres meses,
está una casa hermosa con el cesped.”

Hay loteos contiguos que se parecen, pero tienen otras condiciones, como el
establecer un menor tamaño de los lotes y se permiten medianeras, que es el caso
de Altos del Palihue o el Barrio Golf (entre San Andrés y el Club de Golf).

Se muestra una cierta tendencia a quedarse, en los hijos, a continuar en un área
residencial semejante. Pero también se observa mucha movilidad, aunque Ana
reconoce que ellos han tenido suerte de mantener los mismos vecinos,  durante
mucho tiempo. Un fenómeno reciente es el alquiler de casas. “A medida que la
ciudad crece industrialmente, hay más gente con poder adquisitivo que busca el
espacio verde.” Y, como ejemplo, menciona el caso de unos amigos que alquilaron
su casa, completa, amoblada, a una multinacional de uno de los nuevos
emprendimientos. La ocupará uno de sus ejecutivos que  viene solo porque su
esposa, también empresaria, desarrolla su actividad en USA. Por este motivo,
alternará su estada  entre  Bahía Blanca y USA, un mes en cada lugar, pero quería
estar cerca de un campo de golf. “Ya no es el mismo tipo de gente. Son familias
desestructuradas, un poco por el tipo de actividad que están desarrollando. Ya no
es el mismo ambiente, tienen otras costumbres inclusi
 ve.”

Estas nuevas situaciones representan un gran cambio en el sentido de la vivienda
para un barrio de este tipo, que se concibió como vivienda permanente y estable;
forman parte del proceso de desapropiación del cotidiano. La explicación se
relaciona con el hecho de ser una oportunidad económica, porque pagan alquileres
muy altos o porque hay problemas económicos.  Pero, por otro lado, también tiene
relación con las etapas del ciclo familiar, cuando los hijos dejan el hogar
paterno y la casa resulta demasiado grande. 

En el caso de la familia de Ana, a veces los acongoja la casa tan grande, ahora
que dos de sus hijos se han ido. Han pensado en alquilar e irse a un
departamento, más adecuado a sus necesidades actuales y cuando proponen
firmemente irse, los hijos les reclaman,  "¿y los nietos, dónde van  a jugar?"

 

El caso de Silvina y su esposo es interesante porque los muestra como pioneros
en la construcción de un espacio. Silvina se refiere a su experiencia en Barrio
Patagonia y expresa  que “vivir aquí es un privilegio. Para nosotros  es un...,
no se, nos cambió la vida”. Cuenta que fueron a Patagonia hace 16 años, cuando
“era como ir a hacer patria, porque casi no había servicios”. Eran pocos los
vecinos que vivían allí y había algunas casas de fin de semana. 

A medida que expone su experiencia, se pone de manifiesto  la integración de la
pareja al trabajo conjunto de los primeros vecinos para lograr el
acondicionamiento del barrio y la dotación de servicios. 

En los primeros años participaban mucho en la Sociedad de Fomento porque estaba
todo por hacer. “Era como un pueblito, se hacían asados comunitarios en el
surgente de Macagno, donde ahora están loteando.” Particularmente la instalación
del gas, a fines de los ochenta, marcó un cambio  y comenzó a registrarse un
proceso de ocupación mucho más rápido. Vivir en Patagonia es caro, especialmente
en invierno por el alto consumo en calefacción y, también, por las distancias;
generalmente, se requiere más de un vehículo. 

Silvina advierte un cambio en la estructura del barrio, en el tipo y calidad de
las viviendas, porque ellos compraban casas existentes, construcciones sencillas,
para refaccionar. También en este caso surge el comentario sobre las nuevas
técnicas constructivas, al acotar que ahora construyen casas de mucho más valor,
en 3 o 4 meses, y de muy buen nivel.

Es evidente que se ha hecho mucho en el barrio en los últimos años, dado que el
importante crecimiento en la ocupación que se ha registrado fue acompañado de un
buen nivel de equipamiento. Como ejemplo, menciona una biblioteca pública, el
edificio de E.G.B, con más  de 10 aulas y laboratorios, y el del Polimodal. “El 
jardín de infantes, que funcionaba antes en la Sociedad de Fomento, tiene ahora
un edificio espectacular.” 

Un aspecto que destaca es que, por la normativa vigente, no podían instalarse
negocios en el barrio y, entonces, comenzó a desarrollarse sobre 14 de Julio una
zona  comercial, donde ahora hay una diversidad de locales. Allí se ubica un
supermercado que fue muy importante hasta que ocurrieron dos hechos: la apertura
del acceso fácil y rápido por Sarmiento, así como la instalación de los
hipermercados en los dos shoppings, que significó una fuerte competencia.  Sin
embargo, superado el primer impacto, sigue funcionando bien con la gente del
barrio.

Además, en otros aspectos de la funcionalidad del barrio se notan los efectos de
la apertura de los shoppings. “Los domingos se incorpora Patagonia a la ‘vuelta
del perro’[1]:Palihue, Sarmiento, Patagonia.” En consecuencia, hay mucho tránsito
en comparación a años anteriores, “antes, auto que se escuchaba, era una visita”.
Considera que ahora está muy urbanizado, “para los que somos campesinos, estamos
pensado en Aldea Romana”. A través de sus palabras se constata que están felices
y disfrutan muchísimo de la casa. Comenta Silvina que la extrañan y desean
regresar cuando van al centro de compras; más aún cuando se van de vacaciones.
Tratan de pasar el mayor tiempo posible allí, como es el caso de los fines de
semana. 

Los hijos también tienen sus amigos en el barrio. Desde hace dos años, más o
menos, el lugar de encuentro de los chicos es una esquina de la calle Chequén,
que identifican como “la asfaltada” por ser la primera que se asfaltó, al ser una
troncal. Son 20 ó 30 chicos que se reúnen y  para que no estén a la intemperie,
cuando hace frío o mal tiempo, Silvina acondicionó el quincho de su casa, para
que funcionara como lugar de encuentro alternativo. 

 
Escasa vinculación al entorno barrial
 

Aquí se agrupan los casos en que, aunque parecen localizarse en un ámbito
barrial organizado y relativamente integrado, no se evidencia participación por
parte de los miembros de la familia. Las justificaciones que respaldan esta
actitud se relacionan con un traslado, más o menos, reciente al lugar, así como
con el problema de no disponer de  tiempo. Sin embargo, además de disponer de
poco tiempo,  es posible que la falta de participación también se relacione a un
cierto desinterés por lo que ocurre en el entorno. Aquí son interesantes las
diferencias que se detectan entre la experiencia comentada anteriormente, en
Patagonia, con otros hogares más recientes en ese mismo barrio parque y que no se
han integrado.

Se pone de manifiesto que las condiciones para la participación e integración no
están dadas por el lugar, sino que se conjugan una serie de circunstancias como 
el estado de la situación al momento de instalarse, las  motivaciones y el
interés personal.

 

Lorena y su familia vinieron a vivir a Patagonia hace 1 año y 8 meses. La
motivación, que los llevó a pensar en un cambio, surgió de las condiciones de
vida no satisfactorias que  derivaban de vivir en un departamento en el centro.
Había mucho movimiento, de autos, de  gente, ruido, smog  y querían un poco más
de verde, de libertad y de aire puro. Prefirieron Patagonia porque es más verde,
más parque. “La experiencia nos ha resultado bárbara, muy buena, más libertad
para las chicas; lo pensamos más que nada  para ellas.” Y, también, por el
trabajo estresante que tiene su esposo, necesitaban un lugar así. A él le gusta
trabajar con las plantas, estar afuera, cortar el cesped; “la naturaleza le
gusta...En el departamento era como que seguía encerrado en el Hospital.”

Lorena destaca el cuidado y el mantenimiento que presta la Sociedad de Fomento a
la plaza del barrio, que está frente a su casa. No participan en esa entidad
porque "como que todavía nos estamos acostumbrando al barrio y, además, estamos
poco tiempo aquí", aunque tienen intención de hacerlo en el futuro. Destaca la
labor que lleva a cabo la Comisión y se sienten respaldados por ella, ya que se
evidencia que, si necesitan algo, tienen la posibilidad de plantearlo y que serán
escuchados.

El traslado de barrio significó un cambio importante, "más trabajo, porque es
lejos y la distancia requiere tiempo", dado que las niñas asisten a una  escuela
privada del centro y quieren que sigan allí; y,  además, van a patín. “Fue
positivo por el verde, por la distracción, el no estar tan pendiente de la
televisión  y de la computadora. Pero se necesita más tiempo para llegar a las
actividades.”  Un detalle que pone en evidencia la necesidad que sienten los
niños de relacionarse con los otros niños del barrio, es que la hija mayor pidió
hacer catequismo en la iglesia ubicada frente a   la plaza, muy cerca de su casa.
“Ella quiso hacer catequismo en la iglesia del barrio para conocer a la gente de
acá, del barrio. Ella lo decidió, para conocer a las nenas que viven acá  y hacer
alguna amiga”. 

Respecto a las relaciones con los vecinos, su percepción es que aquí parece
mejor que en el centro porque están, ”más o menos todos, en la misma situación”.
Lo que pasa es que la mayoría trabaja en Bahía y “estamos todos ocupados”.  En su
manzana  gran parte de las casas son nuevas y todavía no se han relacionado mucho
con los vecinos, pero el trato es ameno. Además, con la vecina se ven cuando
salen y entran, ”porque estamos en la misma”. Por eso, los fines de semana 
tratan de quedarse para disfrutar de la casa y salir a pasear pues, además, es
una actividad que practican muchos vecinos, se ve movimiento en las calles y es
muy lindo. 

 

Otras connotaciones presenta la  experiencia de Cristina en Patagonia, que  vive
aquí con su esposo desde hace cuatro años. En la etapa anterior a este traslado,
vivieron en departamentos de la zona céntrica y desde la perspectiva de Cristina,
parece que Patagonia está fuera del ámbito bahiense. “Mirá, yo, no volvería a
Bahía nunca más. Estoy tan chocha de estar acá”.  Debido a que nació en un pueblo
chiquito de la provincia, cuando  vivían en el centro no estaba de acuerdo en
venir aquí. Compraron un lote y construyeron sólo la piscina y un quincho. Pero,
a medida que comenzaron a quedarse, primero los fines de semana y luego la
temporada de verano, comparaba la tranquilidad de este barrio con el ruido del
tránsito en el departamento céntrico, que resultaba muy  molesto y los afectaba,
especialmente a la noche, para dormir. “Te digo que venir acá, para mí, fue la
gloria. Si yo tuviera un banco acá, en la ruta, Bahía nunca más. Yo voy a Bahía a
los bancos.” Despacio, han ido 
 completando la casa. Incluso, tienen en  proyecto una ampliación, en planta
alta.  

El cambio fue notable en su estilo de vida, pues llegaba el viernes a la noche y
sentía desazón, pesadumbre por el fin de semana, en un departamento pequeño. “El
domingo  era tétrico. Mi marido dormía y yo me sentaba a mirar televisión”. 
Menciona que no le agradan los parques ni lugares cercanos de sierra y mar. “Para
ir cerca, lindo, nada. Así que moríamos los domingos encerrados, ahí, todo el
día.”  Es evidente que disfrutan de la casa de Patagonia y a Cristina, en
particular, le gustan tanto  las actividades al aire libre, en el parque, como
estar en el interior de la casa. “Hermoso, es impagable. Yo no lo cambio por
nada, así me des un piso en la Avda Alem.”  A pesar de que ha tenido problemas
con todos los vecinos, "las relaciones con el resto del barrio, bien". Realiza
varias actividades, como gimnasia y pintura, “todo acá, cuestión de no moverme.” 
Comenta que se desvincularon de la Sociedad de Fomento porque se olvidó de pagar
la cuota, lo que demuestra falta de inte
 rés pues, seguramente, en la entidad aceptan que se pague con algún atraso. 

Como también tuvo inconvenientes con el sistema de seguridad disponible en el
barrio,  se contrató su propio servicio privado. La situación de ellos  es muy
particular, pues su esposo hace guardias en el hospital, de noche, y ella se
encuentra sola en la casa, de modo que requiere de un servicio de seguridad
eficiente. Y este es uno de los tantos aspectos que hace que vivir en Patagonia
resulte caro como, también, el mantenimiento del parque, el mayor consumo en
servicios. ”Pero sí, el mantenimiento es caro... Con semejante patio, en verano,
tenés que tener una luz afuera, una allá, una acá, por seguridad. Cuanto más
grande, más luz, más gas para calefacción. Es caro, pero creo que se paga la
tranquilidad de vivir. Yo lo pago con gusto.” 

Cristina hace referencia a la movilidad  que se está registrando en familias del
barrio, señalando dos motivos. Por comentarios que  ha escuchado, se está
registrando un movimiento de familias que venden aquí, para  ir a vivir a un
lugar más alejado, debido a que  el barrio se ha poblado demasiado. Por otro
lado, está el caso de familias que conoce, “que se vuelven a  Bahía”. No es
porque no les guste Patagonia, sino porque han crecido los hijos y les requiere
muchos viajes al centro, para llevarlos a las distintas actividades: que el
colegio, que la fiestita, “entonces, es mucho ir y venir, levantarse a las tres
de la mañana para ir a buscar a la nena al  “boliche”, y eso los mata.”  Llega un
momento en que se saturan de ser mamá-taxi y papá-taxi.

 

 
Residencias alternativas 
 

La preferencia por una localización en el área central parece estar relacionada
con la oferta especializada y diversificada de bienes y servicios; el énfasis
está en la mínima distancia y el mínimo tiempo; se busca que todo esté cerca.
Pero, en primavera y verano,   cuando las temperaturas hacen atractiva la vida al
aire libre, la alternativa es la residencia en el barrio parque.  

 

Alicia y Jorge viven hace 14 años en el centro, en el transcurso de los cuales
han ocupado 3 domicilios próximos a la Plaza Rivadavia, los dos primeros en
alquiler y el actual en propiedad, desde hace unos 7 años; antes vivían en Villa
Loreto. Al comentar sobre el motivo del cambio dice Alicia: “la verdad, me cansé
de la tierra, de todo lo que tenia que limpiar. Y acá me pareció más limpito, más
práctico.”  Con los hijos les pasó lo que a otras familias en situación similar,
que se fueron a vivir al centro, “los dos mayores, chochos. La pequeña [en ese
entonces tenía 8 años] sufrió mucho, porque extrañó su vereda, su bicicleta, sus
amiguitos del barrio. Aquí no hay barrio, no lo suplí con nada a eso. Siempre
encerradita, escribiendo; le cambió los juegos. El centro a ella no le aportó.” 
En cambio, los grandes estaban en plena actividad con sus amigos, en el lugar
típico de los encuentros de adolescentes, que era la peatonal de Alsina.  “Me
encanta vivir en el centro. Es cómo
 do, es práctico, estoy a un paso de todo. Me gusta, te digo, voy a parecer
pretenciosa, me gusta desde abril hasta agosto. Después en verano, no me gusta.
Me gusta el espacio verde; eso, tal vez, porque vivo en departamento.”

La necesidad de verde en verano fue satisfecha con una casa en Patagonia.

Comenzaron comprando, a principios de los 80, un terreno en Millamapu (enfrente
de Patagonia), donde construyeron una piscina y un quincho, en un barrio con muy
baja ocupación, en ese entonces; posteriormente, construyeron una pequeña casa.
Después, planearon la compra de una casa en Patagonia y, como prueba, alquilaron
un verano y les gustó muchísimo; ya hace 2 años que tienen casa propia allí.    

En el edificio del centro reconoce que no hay relaciones de vecindad y, en
Patagonia, tampoco se han dado buenas oportunidades: se han encontrado con gente
mayor que vive hace muchos años allí y  no salen; una mujer joven, con muchos
chicos, que trabajaba todo el día, de modo que sólo saludarse; en el sector
actual hay una situación medio conflictiva entre los que viven en forma
permanente y prefiere mantenerse al margen. De esa manera, tiene buenas
relaciones con todos, que es muy importante porque facilita  que haya más
solidaridad ante los problemas de robos que afectan al barrio. Dentro de los
cambios recientes, menciona que ha observado una mayor cantidad de gente que
circula los fines de semana y el incremento notable de casas que se están
construyendo, al entrar desde Sarmiento, en el sector de calle Pilmayquén,  ”lo
que creció es impresionante.”  En la actualidad, la pareja está pensando en
vender para comprar algo similar que esté cerca de la ciudad, por la familia y
  por los amigos, pero que resulte más económico. La causa es el costo de
mantener una segunda casa, con  el mismo nivel de vida, pues "resulta carísimo".
Es un proyecto en el que están pensando y, además, lo están intentando dado que
“está bravo para vender en Patagonia”. Cuenta Alicia que cuando ellos compraron,
no había casi oferta, compraron lo que encontraron. ”Ahora hay mucha venta y el
comentario es que venden porque es muy caro mantenerla”, y menciona los gastos de
jardinero, iluminación, etc., lo que pone en evidencia que se notan los efectos
de la situación económica en todos lados. Pero, a pesar de estos inconvenientes, 
señala que “la combinación departamento en el centro- casa en Patagonia es
ideal.”

También agrega, como motivo de venta de las casas de Patagonia, el problema de
la distancia y los viajes en el caso de las familias con hijos adolescentes. 
Cita como ejemplo el caso de su prima, que tiene la casa en venta, por el
problema de los viajes y la necesidad de tener varios vehículos. En su caso
también incidió pues, al comprar la casa en Patagonia, Alicia se decidió a
manejar y compraron un segundo auto, “porque si no, cómo me trasladaba”. 

 

Areas en proceso de ocupación
 

También se detecta una experiencia interesante en el caso de  barrios en
formación o áreas de incorporación reciente a la trama urbana, donde se
establecen vínculos estrechos entre los nuevos vecinos en el acondicionamiento
del barrio, a medida que se incrementa la ocupación del área.

 

Elsa  vive con su esposo en el barrio El Nacional y centra sus comentarios en el
proceso de construcción del área, con los cambios que ha ido experimentando desde
la  compra del terreno, quince años antes y, en especial, a partir del momento en
que llegaron vivir, hace 8 años. La intención era encontrar un lote cerca de
Patagonia, porque allí viven sus hijas, y eligieron este lugar de menor valor,
cuando recién se estaba iniciando la ocupación. Les gustó este terreno por la
ubicación, por el verde que lo rodea. El proceso de ocupación en los años
recientes ha sido muy rápido y la calle Agote, desde el cruce con 14 de Julio
donde se ubica el refugio de la parada de ómnibus, se ha convertido en el eje
principal, donde se concentran las construcciones.

Surge de la conversación, que la elección estaba guiada por la búsqueda de
verde, árboles y pájaros, componentes principales del ambiente donde vivían,
próximo al Parque de Mayo. Aquí encontraron una oferta similar, apoyada en la
arboleda del predio del Club El Nacional. “El  barrio está habitado por personas
humildes pero que muestran un gran afán de progreso. Las características del
barrio han cambiado, se ha elevado el nivel, referido más a educación que al
nivel de ingresos.” Es interesante que al hablar de su experiencia, hace
referencia a las características sociales de los barrios en que ha vivido.

Se destaca la participación de Elsa en la construcción y la organización de este
nuevo espacio.  El barrio progresó por la acción de los vecinos en la Sociedad de
Fomento y el apoyo que recibieron del Delegado Municipal. Hace 3 años que cuentan
con gas, agua y luz. “Los cambios  son notorios, ha mejorado mucho el tipo de
construcción, la presentación de las viviendas, siguiendo el ejemplo  de quienes
se han preocupado por tener lindas casas, como las de dos maestra que llegaron al
barrio, que trabajan en la escuela de Patagonia.” A ellos los llaman “los abuelos
del chalet”, porque su vivienda, si bien no es grande, está muy bien arreglada y
pone en evidencia el aporte del esposo, con amplia experiencia en carpintería de
obra.

 En el desarrollo de la exposición queda claro que se han establecido
importantes relaciones de vecindad y señala la diferencia con el barrio anterior,
Universitario, “donde los vecinos eran de más nivel y las relaciones más
formales, menos frecuentes. Aquí la gente es muy humilde y trabajadora, los
vecinos son más serviciales”.

Según Elsa, los terrenos han adquirido mayor valor y  el rápido crecimiento que
se nota,  ejemplificado en la pronta inauguración del Barrio de Prensa, piensa
que traerá más beneficios, como puede ser otro servicio de ómnibus, que pasaría
por la calle Remedios de Escalada. Intentos de progreso también se manifiestan en
las iniciativas de  vecinos que, en las manzanas próximas,  habían abierto varios
negocios, pero con la competencia de los ubicados en el centro comercial de 14 de
Julio,  tuvieron que cerrar y sólo quedaron dos. 

La actividad cotidiana de la familia está centrada en la vivienda y disfrutan de
una situación confortable. A través de sus comentarios se evidencia que  les
gusta sentirse acompañados, sentir gente a su alrededor: “El Club el Nacional es
muy concurrido, también en invierno. No es molesto, es hermoso. Esta es la parte
trasera, se escuchan bocinas, saludos, llamadas de los padres, que son una
compañía. Enfrente está el Complejo de Luz y Fuerza, donde a veces también se
escucha música.” Lo que para algunos pueden ser ruidos molestos, para ellos 
significan compañía.

 
LAS PRACTICAS EN EL  CONTEXTO PERIURBANO      
 

La riqueza de los comentarios pone de manifiesto las diferencias en las
experiencias espaciales, en la capacidad de observación, en la vivencia del marco
físico, en la sensibilidad respecto a las cuestiones espaciales. Corresponden a
los aportes desde diversas perspectivas, en las que se aborda el espacio
periurbano en una variedad de situaciones, interpretaciones y experiencias que
componen, en conjunto una imagen dinámica de este sector de la ciudad.

Como se señala en forma reiterada, tanto en Patagonia como en Palihue, las
dificultades en la accesibilidad están relacionadas con la distancia y la
carencia de transporte público, que hace necesario el traslado de los hijos para
que asistan a actividades escolares o extracurriculares, resultando más
problemáticas las salidas nocturnas.

Los  diversos comportamientos identificados permiten distinguir desde aquellos
que manifiestan una acentuada tendencia a la movilidad y la necesidad de
interacción, hasta los que prefieren una actividad concentrada en el hogar, con
el mínimo de salidas. En los comentarios anteriores ya se puso en evidencia la
necesidad de los desplazamientos en las zonas periurbanas, desde los barrios
parques, que queda simbolizada en la imagen de mamá-taxi.

El espacio residencial periurbano es dinámico y las nuevas tendencias en la
producción y en el consumo también se plasman en su morfología y en las prácticas
cotidianas de sus habitantes. En general, las referencias a la conformación de un
ambiente barrial, en el sentido del desarrollo de relaciones más o menos intensas
entre los vecinos y un tipo de organización más comunitaria y formal, parecen
haber sido condiciones prevalecientes hasta hace unos cuantos años y que se
conformaban en las situaciones específicas de familias jóvenes que compartían la
construcción de un espacio; en esos casos, la atención de los niños también
jugaba a favor de la integración. El barrio tradicional, en su sentido
sociológico, está ligado más a la permanencia en el tiempo y a la relación
residencia-trabajo en el lugar. En cambio, las condiciones de vida hoy están
vinculadas a una fuerte movilidad residencial, al trabajo de la pareja, a las
actividades extracurriculares de los niños, las pautas d
 e consumo y  recreación ligadas a áreas específicas modernas, aspectos que
implican el desempeño de una multiplicidad de roles que llevan, en síntesis, a
que el tiempo de permanencia en la vivienda sea más limitado y las relaciones que
se pueden establecer en el entorno vecinal sea más funcionales, de menor
compromiso, más superficiales.

Como dice Estébanez  “las personas reflejan en su estilo de vida más la clase,
la fase del ciclo de vida y los valores culturales de su grupo social que las
características que le otorga el residir en un determinado territorio.” (Puyol et
al., 1988,pp.424).

Es por ello que los factores de integración se  constituyen en las necesidades
de infraestructura y de equipamiento, estableciendo una escasa relación con la
entidad barrial que representa la Sociedad de Fomento. Es evidente que ésta
funciona como motor para la organización en aspectos de infraestructura y
equipamiento, pero con muy baja capacidad de una efectiva organización social,
como se infiere de las observaciones respecto a la participación de los
habitantes  en sus  respectivas entidades de fomento.

En las áreas residenciales de  mayor prestigio, como Palihue, se nota el efecto
de las verticalidades con la llegada de las empresas y sus ejecutivos "móviles",
así como en las oportunidades económicas que provocan un cambio importante en las
actitudes como es el alquilar la vivienda que, seguramente, es un  "producto
familiar". Aquí, al igual que en Patagonia, se observa la forma en que las
condiciones del sitio más el valor agregado por la reputación que va adquiriendo-
ya que se configura como un área residencial de calidad desde sus inicios- tienen
como consecuencia una continua revalorización de estos lugares, que resultan
atractivos para las inversiones de alto valor y calidad, componiendo las áreas de
mayor prestigio residencial de la ciudad. En ambos casos, se vinculan a la
ideología que prioriza amplios espacios, el verde y la tranquilidad que resulta
de una baja ocupación. Estas ventajas tienen como contraparte, los altos costos
de mantenimiento y accesibilidad. Es 
 notable como las nuevas actividades localizadas en el acceso de Sarmiento
introdujeron alteraciones en la calidad de vida de sus habitantes.

 

Tampoco suponen un obstáculo importante las distancias y la necesidad de
movilidad propia cuando  se dispone de un nivel de ingresos altos. Los cambios en
las pautas de consumo conllevan a la multifuncionalidad de los hogares, la
potencialización de los medios de comunicación y software para el comercio
electrónico, que enfatiza el individualismo. 

Las nuevas tecnologías alteran, en la vida cotidiana, la relación entre
localización residencial y la localización de las actividades, en cuanto a la
accesibilidad/fricción de la distancia (telecompra, telebanking, trámites
administrativos, teletrabrajo). Sin embargo, aunque se está registrando un
crecimiento acelerado de los que adoptan estas tecnologías, esto no implica que
en el futuro se reduzcan al máximo los desplazamientos, ya que hay servicios y
actividades que requieren lugares específicos y para las cuales los contactos
personales son insoslayables o irreemplazables. Pero, esta independencia de
ciertas actividades rutinarias implica poder utilizar de manera más flexible el
tiempo y el espacio; de esta forma, los distintos  lugares adquieren mayor
singularidad.

 

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Croquis de la ciudad de Bahía Blanca

 




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[1] Paseo habitual de los domingos 




Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén,
Argentina. Octubre de 2003.




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