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Asunto:[encuentrohumboldt] 455/04 - La integración Argentina-Brasil en el contexto económico latinoamericano de los ochenta
Fecha:Martes, 21 de Septiembre, 2004  21:48:31 (-0300)
Autor:humboldt <humboldt @...............ar>

La integración Argentina-Brasil en el contexto económico latinoamericano de los
ochenta.

 

Javier Luchetti[1]

 

Introducción.

 
La integración de los países latinoamericanos robustece su capacidad para
replicar eficaz y eficientemente, a los retos y ocasiones que se presentan en la
globalización, y para ello es necesario la ampliación de los mercados y la
concertación de diversas políticas. Por supuesto, una cosa es que los estados
propongan algo y otra muy distinta, lo que las grandes corporaciones
internacionales dispongan, puesto que el poder de resolución sobre el rumbo de
las economías nacionales y las finanzas, puede estar determinado por la
influencia de las corporaciones. Las corporaciones buscan que los gobiernos se
incorporen al mercado mundial a través de políticas amistosas, ya que en caso
contrario, los países se exponen a sufrir consecuencias nefastas como por
ejemplo, la fuga de capitales, como represalia por su comportamiento
"inadecuado"[2]. Es decir, como menciona Bernal-Meza (1994), el escenario
internacional presenta diversas características tales como, "la redistribución
del poder
  mundial, que restringe los márgenes de maniobrabilidad, en la medida que los
intereses de un solo bloque son ahora los determinantes; la homogeneidad
ideológica (unipolar); la expansión del sistema capitalista y por lo tanto una
menor viabilidad para continuidad -y escasas alternativas para el surgimiento- de
modelos económicos contestatarios a la economía-mundo, o economía de libre
mercado (y) la inestabilidad; lo que implica la temporalidad y condicionalidad de
las estrategias políticas de largo plazo"[3]. El objetivo de las siguientes
páginas, es analizar brevemente las principales situaciones que desde el punto de
vista económico, llevaron a la Argentina y a Brasil a iniciar un acercamiento que
se tradujo en lo que posteriormente se convirtió en el Programa de Integración
Argentina-Brasil. Es decir, analizaremos los acontecimientos más importantes que
en el marco latinoamericano, llevaron a una nueva era de las relaciones
bilaterales de ambos países.

 

1. La crisis de la deuda externa.

 

En la década de los setenta, la mayoría de los países de la región gracias a los
petrodólares tuvo acceso a los fondos externos, acumulándose una elevada deuda
externa. Los créditos se dirigieron a casi todos los países de la región y no
solamente a los importadores de petróleo. Los bancos comerciales privados que
contaban con la anuencia de los Estados Unidos, prestaban dinero sin fijarse en
la capacidad de pago de sus clientes, que buscaban adquirir bienes de consumo,
equipo militar, mantener las burocracias de un estado agrandado, etc.. El capital
privado reemplazaba la ayuda externa del sector público. El flujo de los
petrodólares sirvió para realizar inversiones estratégicas, pero también para
financiar los déficits fiscales, y las inversiones de las empresas públicas. Cada
país en forma individual buscaba la integración con el mundo, financiando el
proceso con la deuda externa, y dejando de lado la cooperación con los países
vecinos[4].

 

Pero, en 1982, México declaró que no podía efectuar más pagos de su deuda
externa, desatando una crisis mundial, a la que se le sumó posteriormente el
mayor país sudamericano, Brasil. La reacción del Fondo Monetario Internacional y
de los bancos ante la crisis, si bien fue rápida, consistía en “paquetes de
rescate” que incluían la reprogramación de las deudas y el otorgamiento de nuevos
créditos. Los bancos privados a requerimiento de los gobiernos de los países
centrales y de sus respectivos bancos centrales, otorgaron fondos para organizar
el rescate financiero, formando comités de dirección que llevaron a cabo las
negociaciones. Las negociaciones fueron llevadas adelante con cada país en forma
individual. El FMI actuó como mediador y parte interesada en las negociaciones
concertando las acciones de los países deudores, países acreedores, la banca
privada internacional y las de los bancos centrales y sus asociaciones. Lo
evidente fue que tanto el Fondo Monetario Internacion
 al como el Banco Mundial no utilizaron los recursos de que disponían en su
totalidad, e incluso desde 1985, el primero comenzó a retirar fondos de los
estados latinoamericanos; sólo una parte de los créditos del organismo fue usada
en países en desarrollo. El Banco Mundial se limitó durante la crisis a seguir el
camino del Fondo Monetario Internacional, los gobiernos de los países acreedores
y los bancos comerciales asociando los préstamos a los acuerdos stand-by del
Fondo Monetario Internacional, asegurándose que los países generaran una
atmósfera apta para las reformas macroeconómicas que llevaran a una economía
estable. El Club de París, un foro de encuentro de acreedores públicos, solo
actuó en forma posterior a los acuerdos firmados con el Fondo Monetario
Internacional. Las políticas de ajuste, lograron generar una enorme resistencia
social[5].

 

América Latina debía cumplir con sus obligaciones, de lo contrario la región no
recibiría nuevos préstamos y se expondría a severos castigos por sus
incumplimientos. Asimismo, todos sabían que la deuda era impagable, pero los
bancos no podían pasar a pérdida sus préstamos porque los directorios sufrirían
las quejas de los accionistas, y más de uno debería cerrar sus puertas, además el
gobierno de los Estados Unidos, tendría que auxiliarlos, por lo que aumentarían
los impuestos de los norteamericanos, algo que los políticos estadounidenses no
estaban dispuestos a avalar. Los bancos redujeron honorarios y las tasas de
interés, refinanciaron la deuda, y se pagaron solo los intereses para demostrar
que la región continuaba siendo cumplidora, que los bancos no iban a quebrar, y
que el sistema financiero internacional seguía gozando de buena salud. El
diagnóstico era que los problemas en el pago de la deuda se podían superar con
las políticas de ajuste, la reprogramación parcial de
  los servicios y la concesión de créditos de emergencia para enfrentar
situaciones comprometidas en las balanzas de pago, pero hacia 1985 era evidente
que la estrategia para enfrentar el problema de la deuda externa latinoamericana
estaba agotada debido a los inconvenientes de solvencia de los países deudores, y
la influencia deteriorada del FMI[6]. Primero el Plan Baker[7], y luego la
capitalización de la deuda[8], fueron consideradas como posibles soluciones para
que los países endeudados pudieran pagar sus voluminosas deudas externas, a pesar
que durante la década del ochenta, América Latina transfirió a sus acreedores
cerca de 220.000 millones de dólares[9].

 

2. Las experiencias de integración latinoamericanas previas al Programa de
Integración y Cooperación Argentina-Brasil.

 

Los esfuerzos de la CEPAL en las décadas del ’50 y ’60, no pudieron impedir que
el comercio y las economías continentales sufrieran los efectos de la recesión.
La CEPAL bajo la dirección de Raúl Prebish, sostenía que los adelantos
tecnológicos eran el factor dinámico del crecimiento económico, y debían ser
parte de una política de los estados. El intercambio regional sobre el modelo de
sustitución de importaciones constituía, una base para el desarrollo
latinoamericano, a partir de los lazos comerciales sobre bases equitativas, para
vencer el deterioro de los términos de intercambio. La industrialización
sustitutiva de importaciones debía expandir las dimensiones de los mercados
nacionales mediante espacios mayores, integrando a distintos países para aumentar
el poder de negociación internacional, lograr economías de escala y alcanzar el
desarrollo económico equilibrado. Los países serían más eficientes complementando
la capacidad industrial y las inversiones futuras a través
  de la ampliación de un mercado protegido. Se debía proceder a la
diversificación de los patrones de exportación incluyendo productos de mayor
elaboración para nuevos mercados, puesto que sería difícil competir en los
mercados europeos y norteamericanos[10].

 

Uno de los problemas que llevaron a la crisis fue la idea generalizada de que
por medio de la industrialización se lograría atraer financiamiento externo, pero
no alcanzó para lograr el proceso de innovación tecnológica. Los países miembros
de los procesos de integración primero de ALALC -Asociación Latinoamericana de
Libre Comercio- luego de ALADI -Asociación Latinoamericana de Integración- eran
heterogéneos, los unían pocos vínculos políticos estables, y era escasa la
complementariedad de sus economías. Además, favorecieron la sustitución de
importaciones por sobre la penetración en el mercado externo, haciendo caso omiso
de los mayores costos de producción. Existían pocas redes de comunicación y
transporte, debido a obstáculos geográficos y políticos. Las políticas cambiarias
no fueron las adecuadas, al mantener en algunos casos las monedas sobrevaluadas
lo que llevó a deformidades en la asignación de recursos. Las concesiones
arancelarias eran inestables, y el comercio se
  concentró en las economías más desarrolladas, puesto que la aprobación de
ventajas arancelarias no significaba que automáticamente se generaran relaciones
de interdependencia entre los países[11].

 

Cuando se ofrecían oportunidades para crear nuevas industrias, el mercado
definía donde instalarlas, y las inversiones elegían los países mayores para la
especialización de las manufacturas, dejando a los países pequeños y medianos la
explotación de las materias primas. Los empresarios no estaban dispuestos a
someter a la producción nacional a la competencia de bienes originarios de otros
países en la región. La mano de obra no estaba capacitada para competir en un
mercado abierto contra la producción de los países más desarrollados. La idea de
la integración no había sido muy aceptada tampoco por los gobiernos militares,
que no solamente planteaban una desconfianza en el plano militar sobre sus
vecinos, sino que estaban más atentos a los reclamos estadounidenses de unirse a
una coalición anticomunista. Ante la impotencia por alcanzar los logros que se
habían propuesto, fracasaron las negociaciones, se suspendieron los contratos
vigentes, y se redujeron las concesiones otorga
 das[12].

 

La crisis de la ALADI reconoció casi las mismas causas que en el caso de su
predecesora, la ALALC: la falta de resultados inmediatos, la inestabilidad
económica, la ausencia de convergencias políticas, la deuda externa, las
políticas de ajuste estructural, los nacionalismos, y la escasa competitividad
industrial de los empresarios. Los países redujeron las importaciones de todas
las fuentes, lo que perjudicó a los países miembros. Además, la insuficiencia de
la complementación productiva y el predominio de los intercambios entre las
filiales y la casa matriz de las multinacionales condujo a robustecer los
intercambios intrazonales, dejando de lado una integración de los aparatos
productivos. Las economías latinoamericanas estaban orientadas al comercio con
los países industriales y no a la integración con los países vecinos. La
estrategia de una integración “hacia adentro” para sustituir importaciones
demostró su agotamiento, y la necesidad de reemplazarla por otra “hacia fue
 ra”, para mejorar la competitividad empresarial de la región en la economía
internacional[13].

 

La situación se complicó por los planes de ajuste en la región reclamados por el
Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los gobiernos de los países
industrializados y la banca privada, para combatir la inflación y reducir los
déficit comercial y fiscal, que produjeron una recesión en la economía,
convirtiendo a la región en una exportadora de capitales y encontrándose fuera
del flujo de capitales internacionales manejado por las empresas transnacionales
y la banca internacional privada. La interrupción de préstamos internacionales,
junto con el envío de fondos al exterior y la menor importancia relativa del
continente como receptor de inversiones –excepto en los países con un mercado
interno importante-, motivaron una inestabilidad generalizada. El peso de la
deuda externa en los presupuestos estatales y el escaso recorte del gasto
público, generó inflación, emisión monetaria, y la concentración en la
distribución del ingreso[14].

 

Al mismo tiempo que perdía empuje la ALALC, se creó el Pacto Andino surgido del
Acuerdo de Cartagena en 1969, e integrado por los países de menor y mediano
desarrollo relativo, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela -que se
sumó después-, que habían visto que los beneficios derivados de la integración se
concentraban en los tres países más grandes de la región, Argentina, Brasil y
México: “El acuerdo nace como respuesta subregional ante los lentos avances de la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y ante la necesidad de
aumentar la fuerza negociadora internacional de los países andinos. Nutriéndose
de aspiraciones y proximidades socioculturales, marca objetivos que superan los
ámbitos comerciales y económicos en general. El Acuerdo se traza metas de
integración económica, social y cultural”[15]. Cuando se estableció el Pacto
Andino los países más grandes concordaban en sus sistemas políticos, puesto que
los presidentes de Chile, Colombia, Perú y, 
 Venezuela habían sido elegidos y perseguían estrategias de crecimiento
económico, dentro del marco de la sustitución de importaciones en economías
mixtas Los objetivos del Pacto Andino eran liberalizar los intercambios entre
ellos con un arancel externo común, y la sustitución de importaciones coordinando
una política de desarrollo industrial equilibrada entre los países, y
distribuyendo equitativamente los beneficios derivados de la integración[16].

 

No existieron las condiciones necesarias para que el acuerdo funcionase debido a
que "la estrategia de sustitución de importaciones se llevó a cabo dentro de un
entorno de intervención gubernamental que llevó a una gama muy grande en las
políticas seguidas por cada país: aranceles y barreras paraarancelarias,
controles de precios para industrias monopólicas (…). Esta amplia gama responde a
las características instituciones de cada país, difiere enormemente en cada uno
de ellos, y su gran número y variedad en sí mismo dificulta la convergencia de
políticas. (…) La diversidad en la estructura de producción y en el tamaño del
mercado condiciona algunas de las políticas a seguir en cada país. (…) La
estrategia de sustitución de importaciones privilegia la producción industrial
sobre la de productos básicos y consumo. Luego, los déficits comerciales
bilaterales, especialmente en manufacturas, se consideran indeseables, lo cual
restringe el número de políticas satisfactorias para t
 odos los países y dificulta aún más la convergencia entre ellas. (…) La
integración bajo una estrategia de sustitución de importaciones no fomenta la
formación de gremios y grupos de presión a favor de la integración. La mayoría de
los gremios que se forman son de productores, los que promueven grupos de presión
que tienden a proteger cada uno su mercado nacional. Cada vez que hay problemas
en la balanza de pagos, los gobiernos tienden a responder a los requerimientos de
dichos grupos, fortaleciendo las medidas proteccionistas”[17].

 

Otro intento de integración latinoamericano llevó a la creación en 1960 de la
Comunidad, y el Mercado Común Centroamericano –Costa Rica, El Salvador,
Guatemala, Honduras y Nicaragua. La primera estaba relacionada con la cooperación
funcional regional y la coordinación de la política exterior, y el segundo
conectado con la instauración de un mercado común basado en la unión aduanera, y
el acoplamiento de políticas económicas. Los países miembros debían participar
equitativamente en la implantación de nuevas unidades productivas. Si bien la
producción industrial y el intercambio recíproco aumentó, Honduras, el país más
pobre, fue el primero de los países en abandonar el MCCA, y aún los países más
adelantados como Nicaragua y Guatemala mostraron un aumento de sus desigualdades
sociales, a pesar que este último junto con El Salvador, fueron los más
beneficiados por la expansión del comercio intraregional. La crisis financiera
que limitaba la capacidad de pago, las presiones exter
 nas para abrir sus economías por parte de las transnacionales especialmente las
norteamericanas, los nacionalismos, las presiones de los sectores empresariales
de los países más avanzados como El Salvador y Guatemala y, las crisis políticas
aportaron lo suyo para que fracasara el MCCA. En los años ’80 en medio de la
crisis, siguió existiendo, pero los intercambios regionales habían disminuido por
los conflictos bélicos, las crisis internas y, por las restricciones
financieras[18].

 

En los ochenta, la integración estuvo caracterizada por la pérdida de dinamismo
en cuanto al proceso de integración, debido a los factores ya mencionados, y por
otro lado, se puede observar un nuevo cambio de orientación, basándose en una
revisión de los fundamentos en los que se basó la integración anteriormente,
reflejándose esto en un desplazamiento desde las relaciones multilaterales, hacia
acuerdos bilaterales como los firmados entre Argentina y Brasil, aunque se
esperaba que posteriormente se unieran otros países. El fracaso de la ALALC creó
las condiciones necesarias para un nuevo impulso a la integración. Se cambió por
un rumbo más pragmático y flexible tomando en cuenta las disparidades entre los
estados, para lo cual fue creada en Montevideo en 1980 la Asociación
Latinoamericana de Integración. La ALADI estaba formada por los mismos países de
la ALALC, pero en lugar de hablar de una zona de libre comercio, se estableció la
idea de un mercado común latinoamericano me
 diante un enfoque gradual y progresivo, y no a partir de la cláusula de la
nación más favorecida, sino por la firma de tratados bilaterales. Se apoyó la
regulación del comercio recíproco, y la complementación económica. No se
determinaron fechas límites, ni plazos y, los principios eran muy amplios,
representando una ventaja sobre la inflexibilidad de la ALALC, aunque esto
implicaba la falta de una sola interpretación. Se establecieron la
no-reciprocidad y la cooperación comunitaria, creándose según el nivel de
desarrollo, distintas categorías de países e instrumentos básicos de negociación,
como la Preferencia Arancelaria Regional[19], y, Acuerdos de Alcance
Parcial[20].

 

Entre los países de menor desarrollo económico relativo se encontraban Bolivia,
Ecuador y Paraguay. Los países de desarrollo económico intermedio (países de
mercado exiguo para el desarrollo de ciertas actividades industriales) eran
Colombia, Chile, Perú, Uruguay y Venezuela. El resto de los países eran
Argentina, Brasil y México. Otra situación especial era la de Uruguay que obtuvo
un tratamiento distinto que el resto de los países de desarrollo intermedio,
aunque no al nivel de los menos desarrollados, y la de los países mediterráneos
que recibían un tratamiento privilegiado por su negativa posición geográfica[21].
Es decir, se puede apreciar que con la redemocratización de las sociedades en
América Latina, a partir de los años ochenta, se comienzan a discutir y plantear
nuevamente los posibles remedios para superar la posición periférica. A pesar de
la deuda externa y, las políticas de ajuste, se advierte, un acercamiento entre
los países para discutir una mejor inserción 
 internacional a través de la integración regional, revisando los mecanismos de
funcionamiento de los esquemas anteriores, y a partir de nuevos mecanismos de
concertación política y económica.

 

3. La crisis del estado y el déficit comercial.

 

En la década del ochenta, la caída del producto bruto interno latinoamericano, y
la baja en los precios de los principales productos de exportación
latinoamericanos como combustibles, minerales y productos agropecuarios vendidos
casi sin elaboración -a pesar del aumento de las exportaciones de productos
manufacturados- en un mercado mundial inestable, deterioraron el nivel de vida de
la población. Por otra parte, esos productos fueron sustituidos por otros en
muchos casos producidos por los propios países industrializados a partir de la
nueva revolución científico-tecnológica que contaba con el apoyo de los estados
que destinaban una gran parte de sus presupuestos a Investigación y
Desarrollo[22].

 

El crecimiento económico basado en el crédito externo abundante y barato de los
setenta se acabó bruscamente por una serie de factores tanto externos como
internos: “mercados internos demasiado estrechos, que no fueron ampliados a
tiempo a través de una orientación exportadora más decidida; falta de
rentabilidad y escasa adaptación social y económica de los costosos proyectos de
gran envergadura; utilización insuficiente del potencial de desarrollo nacional a
consecuencia de la concentración en las clases medias y altas urbanas y en los
modelos de consumo occidentales intensivos en importaciones; limitada
competitividad internacional de muchas empresas, que, debido al elevado
proteccionismo, tuvieron pocos incentivos para aumentar las exportaciones de
bienes manufacturados, aprovechar rendimientos de escala mejorar el nivel
tecnológico de los procesos de producción y de los productos; desarrollo
deficiente de la producción de bienes intermedios y de capital, con una concentra
 ción simultánea en los productos de consumo duraderos e intensivos en
importaciones; creciente diferenciación social y regional de los ingresos; formas
de producción muy intensivas en capital, generadas artificialmente, y una elevada
propensión al consumo, que frena la acumulación de capital”[23].

 

Además, una de las tendencias más importantes de la década del ochenta fue la
competencia internacional por los mercados por parte de las empresas
transnacionales. La Inversión Extranjera Directa era la fuente más importante de
capital para las economías en desarrollo, puesto que las inversiones dependían
cada vez menos de los préstamos bancarios provenientes del extranjero. La
movilidad del capital internacional significó un gran crecimiento de la IED, que
reestructuró las relaciones económicas internacionales, determinando en gran
medida las corrientes de información y tecnología, pero modificando la
importancia tanto de los gobiernos nacionales como de los organismos
multilaterales de crédito, puesto que como alude Bernal-Meza (1994), "la
Inversión Extranjera Directa presenta formidables desafíos a los formuladores de
política, tanto en los países desarrollados como en los en desarrollo; tanto en
los países sede de empresas transnacionales como en los países receptores y a
 nfitriones de ellas"[24]. Es decir, los gobiernos no pueden en muchos casos
controlar la movilidad del capital transnacional, lo que deja el camino abierto
para las decisiones económicas tomadas por las empresas transnacionales,
planteándose problemas de gobernabilidad.

 

Las empresas transnacionales contaban con un control de los mercados –a veces
formando carteles-, en el cuál manejaban la producción, el transporte y la
distribución de las materias primas y alimentos. El papel de las pequeñas y
medianas empresas era poco significativo y su nivel de desarrollo tecnológico
escaso. Los países vendedores carecían de la información suficiente como para
fijar el rendimiento y la producción a futuro, y también los precios eran
manejados por las bolsas de productos situadas en países desarrollados. El
superávit en la balanza comercial gracias a la depresión del mercado interno, las
devaluaciones, el desempleo, y los bajos salarios, no se aplicó al desarrollo
tecnológico, sino al pago de la deuda externa. La disminución del Producto Bruto
Interno latinoamericano, el descenso del ingreso real per cápita, la evasión
fiscal, la baja tasa de ahorro nacional, el éxodo de los más capacitados, la
caída de la inversión pública y del consumo interno, y la dis
 minución del nivel de vida, junto con la depreciación de los precios del sector
exportador, amplió la brecha con los países del norte, que presionaron para
lograr la apertura de las economías latinoamericanas, proponiendo reformas que
tendían a la estabilización de la economía a través del ajuste fiscal y la
reducción del aparato estatal: “Es así como se ha intentado ‘jibarizar’ al Estado
en sus múltiples funciones, reduciendo el número de funcionarios y los salarios
públicos, recortando sus gastos en los servicios sociales, eliminando subsidios,
disminuyendo las inversiones públicas, privatizando actividades y empresas
estatales e intentando elevar rápidamente sus ingresos por la vía de reformas
impositivas que otorgan mayor prioridad a los tributos directos por sobre los
directos”[25].

 

Los grupos privilegiados por las excepciones fiscales o por los contratos con el
estado, lograron bloquear cualquier intento de los gobiernos democráticos por
lograr un equilibrio fiscal, ya que su rentabilidad se basaba en la baja de los
ingresos de los sectores asalariados y en la especulación financiera. La
estatización de la deuda externa y la deuda pública interna aumentaron la quiebra
estatal y las presiones hiperinflacionarias. La inflación se produjo además,
porque la necesidad de contar con divisas para los pagos externos requería
adquirir internamente los fondos necesarios, y los dólares debían adquirirse de
los exportadores privados comprando las divisas con endeudamiento, o con emisión
monetaria. Recién en la segunda mitad de la década se comienzan a aplicar las
estrategias que intentan superar los estrangulamientos externos e internos
mediante una mayor capacidad exportadora de la región que podría llevar a una
mejoría económica interna a través de una mayor reca
 udación que ayudara a mejorar el déficit fiscal. Esto se instrumentó con tipos
de cambio elevados, créditos a las exportaciones y estímulos fiscales, junto con
una leve reducción de las barreras arancelarias[26].

 

A partir del fracaso de la política de sustitución de importaciones, comenzaron
a ganar terreno las ideas que hablaban de la apertura de la economía, la
competitividad y la inserción externa a través de un estado eficiente que
privatizara las empresas estatales, y se dedicara solamente a ciertos sectores
económicos o sociales que no pudieran ser atendidos por el mercado: "El hecho de
que la competencia entre las naciones se basará cada vez más en lo económico y
que esta competencia internacional será redefinida por la globalización de las
actividades económicas de las empresas transnacionales plantean nuevos desafíos a
los gobiernos. Entre estos desafíos está la definición de roles al mercado y al
Estado, el papel de la IED en el desarrollo nacional y su integración con la
economía internacional, así como los vínculos entre las cuestiones de política
nacional y sus dimensiones internacionales"[27].

 

También comenzó a replantearse la inserción en la economía internacional a
partir de la modernización del aparato productivo, del aumento de la
productividad, la complementariedad, la competitividad, la creación de un mercado
ampliado y de economías de escala para la utilización de la capacidad industrial
ociosa, y la atracción de capitales de riesgo: “Mejorar la performance comercial
internacional, es decir, lograr una reinserción dinámica en la economía-mundo,
equivale a incorporar el progreso técnico; hacer más competitiva la industria, el
agro y los servicios. Este proceso, necesario para el desarrollo, es complejo y
tiene altísimos costos en inversión de capitales y recursos humanos (educación),
lo que hace ineludible la cooperación entre economías y sociedades que enfrentan
desafíos similares; una cooperación que va desde el aprendizaje la negociación de
transferencia de tecnología, hasta la potencialidad del desarrollo tecnológico
compartido y la formación conjunta de 
 recursos humanos de alto nivel”[28].

 

Los organismos internacionales buscaban la liberalización del comercio en los
países subdesarrollados, integrándolos fuertemente a las demandas de las naciones
desarrolladas, en desmedro del comercio intraregional. Esto se debió a que los
productos primarios tradicionales estaban destinados a los mercados del norte, y
a que las exportaciones de manufacturas disminuyeron por falta de divisas para
importar insumos, bienes de capital y tecnología, y por la carencia de dinero de
los países compradores. El comercio con los Estados Unidos fue disminuyendo como
consecuencia de la intensidad con que la región ha contraído sus importaciones en
respuesta a las restricciones provenientes de la crisis del endeudamiento
externo. El intercambio comercial con la Comunidad Económica Europea no fue mejor
a pesar del saldo superávitario latinoamericano, debido al recorte de las
importaciones, acentuando la posición marginal con respecto al comercio exterior
de la CEE, puesto que los productos 
 agrícolas ocupan una parte importante de las exportaciones y han venido
declinando en su participación como consecuencia de la política agrícola común.
Esta política de la CEE ha logrado transformarla en autosuficiente en una serie
de rubros agrícolas de zona templada, exportando incluso productos lácteos, carne
bovina, carne porcina, y trigo mediante subsidios masivos que descolocan las
exportaciones latinoamericanas en otros mercados[29].

 

En este sentido, la Rueda de Negociaciones Comerciales, llamada comúnmente Ronda
Uruguay, que se inició en 1986, y que se preveía que finalizara en 1990, intentó
desbaratar las trabas arancelarias que alteraban el comercio mundial. Si bien la
ronda tenía como objetivos reforzar el sistema multilateral del GATT, liberalizar
el comercio mundial, colaborar con los ajustes estructurales a partir del aumento
del comercio internacional, especialmente de los bienes de tecnología avanzada, y
fomentar la cooperación internacional, los máximos protagonistas fueron los
representantes de los Estados Unidos y de la Unión Europea que entablaron una
serie de discusiones sobre los subsidios agrícolas. A esta discusión se sumó el
Grupo Cairns, que buscaba el desmantelamiento de los subsidios, y el resto de los
países subdesarrollados que participaron más activamente que antes en el debate
sobre el proteccionismo, las inversiones, etc.. Finalmente, la Ronda concluyó en
1993[30].

 

El descenso de la participación de productos primarios de los países
latinoamericanos, en el comercio internacional, los avances tecnológicos, y el
creciente proteccionismo de los países desarrollados, llevó a reconocer a los
gobiernos argentino y brasileño que debían concentrarse en el acceso a un mercado
de gran tamaño y dinamismo, reconociendo la necesidad de la transformación
productiva, generando exportaciones con mayor valor agregado gracias al progreso
técnico en informática, biotecnología y nuevos materiales y, aumentando el
comercio intraindustrial por sobre el comercio intersectorial. La declinación de
este último, estaba marcada por la caída absoluta en el volumen de comercio de
productos primarios, mientras que las exportaciones de manufacturas debían
soportar las medidas proteccionistas de los países industrializados, colocando a
las exportaciones de la región en una situación inestable frente a la evolución
de la economía internacional[31].

 

4. La integración Argentina-Brasil.

 

El nuevo gobierno democrático asumido en 1983 buscaba fortalecer los lazos
económicos y políticos con América Latina, para poder impulsar una política
basada en el fortalecimiento de la paz y de las instituciones democráticas, el
desarrollo económico y, la integración latinoamericana. En el caso del cono sur,
si bien ya se habían dado acercamientos entre Argentina y Brasil sobre todo por
el tema de las centrales hidroeléctricas, recién en la primera mitad de la década
del ochenta se prestó la situación como para que se comenzaran a dejar a un lado
las rivalidades entre los dos países. Se fueron firmando paulatinamente la
Declaración de Iguazú, el Programa de Integración y Cooperación Argentina-Brasil,
y el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, con lo que se buscaba una
integración en áreas críticas como la ciencia y la tecnología y, los bienes de
capital, entre otras, para que de esa manera ambos países superaran una relación
desigual en el comercio internacional 
 frente a los países desarrollados. Sin embargo, la integración tenía objetivos
tanto políticos como económicos, puesto que englobaba también un proyecto
político de afinidad en cuanto a la relación con el resto del mundo. En ese
sentido, pretendían detentar una posición común en cuanto a diversos factores
como la deuda externa, puesto que una política negociadora en común iba a
fortalecerlos.

 

Los acuerdos firmados tenían en cuenta el contexto latinoamericano y también la
situación internacional, por lo que la integración fue proyectada como una
estrategia de enlace entre las dos economías para tratar de enfrentar la
creciente competitividad internacional, y los mercados cada vez más cerrados. El
Programa de Integración y Cooperación Argentina-Brasil fundado en los principios
de equilibrio, simetría, gradualismo, tratamiento preferencial frente a terceros
mercados, entre otros, significó la aprobación del protocolo de bienes de capital
que fue la iniciativa más significativa, a partir de una estrategia de
integración intraindustrial, como parte de una integración estratégica, que
perseguía la industrialización y la modernización tecnológica. Esta política fue
cambiada por el gobierno de Carlos Menem, por una integración comercialista
basada tanto en que el mercado se iba a encargar de la integración como en la
retirada del estado del proceso.

 

5. Breves comentarios finales.

 

América Latina tuvo un papel muy importante en la década de los ’80 en el
mercado financiero internacional. El capital privado tomó el lugar de la ayuda
financiera gubernamental hacia los países subdesarrollados, que deseaban
conseguir bienes de consumo, mantener una costosa burocracia, comprar
equipamiento militar y, financiar los déficits fiscales. Pero la crisis de la
deuda externa que comenzó en México, para extenderse posteriormente a Brasil,
desató una crisis mundial, que obligó a los bancos privados, especialmente
norteamericanos, a organizar rescates financieros supervisados por los gobiernos
de los países centrales y sus bancos centrales. La negociación se hizo país por
país, con el FMI como mediador y parte interesada en las negociaciones. Tanto el
Banco Mundial como el Club de París, hicieron causa común con el FMI, que no
utilizó todos los fondos que tenía en disponibilidad para ayudar a los países. El
diagnóstico era que a pesar que todos sabían que la deuda exte
 rna era impagable, los bancos no podían pasar a pérdida sus préstamos, puesto
que quebrarían y tendrían que ser salvados con dinero de los contribuyentes
norteamericanos mediante aumentos de impuestos que los políticos no iban a
aprobar. Por lo tanto, la región que fue intimada a realizar los resistidos
planes de ajuste, siguió pagando los intereses para demostrar que aún seguía
siendo cumplidora.

 

Con respecto a la crisis de sobreendeudamiento externo, las opciones para
reducir su peso y restablecer los préstamos internacionales, mostraban fuertes
condicionamientos que presionaban a los gobiernos para que emprendieran las
llamadas reformas estructurales que implicaban un ajuste fiscal y monetario, una
mayor participación del sector privado, la privatización de empresas estatales,
la eliminación de subsidios, la disminución de las inversiones públicas, la
eliminación de regulaciones al comercio internacional de bienes y servicios, y el
tratamiento igualitario de las inversiones extranjeras a las nacionales. Estas
reformas estructurales eran reclamadas por el Fondo Monetario Internacional, el
Banco Mundial, los gobiernos de los países industrializados y la banca privada, e
implicaron un fuerte obstáculo para la instrumentación de los mecanismos
dinámicos como el PICAB. El pago de la deuda significaba un drenaje de divisas, a
lo que se le sumaban las dificultades para ent
 rar en los mercados estadounidense y europeo, puesto que la política de
subsidios, por ejemplo a la agricultura, y las medidas arancelarias y
paraarancelarias perjudicaban las exportaciones de materias primas y productos
alimenticios. En este aspecto, la Rueda de Negociaciones Comerciales que quería
reforzar el GATT para liberalizar el comercio internacional, terminó siendo un
fracaso luego de varios años de discusión (1986-1993).

 

Se proclamaba que los adelantos tecnológicos debían ayudar a la sustitución de
importaciones, y estos solo se podían alcanzar si se lograban economías de escala
mediante la integración de los países en un mercado ampliado. Los intentos de
integración latinoamericanos no fueron exitosos, debido a diversos factores: la
heterogeneidad de los países, los nacionalismos, la falta de complementación
económica, las escasas redes de transporte y comunicaciones, la falta de
coordinación de las políticas cambiarias, la instalación de industrias en los
países mayores dejando la producción de materias primas a los de menor tamaño, la
preocupación por la sustitución de importación más que por las exportaciones, las
políticas de ajuste estructural, etc.. Además, los adelantos tecnológicos de los
países industrializados, provocaron la baja en los precios de los principales
productos de exportación latinoamericanos tales como combustibles, minerales y
alimentos, a lo que se sumaba el control 
 del mercado que realizaban las empresas transnacionales, puesto que ellas
manejaban la producción, transporte, y comercialización de las materias primas y
alimentos.

 

Si bien los países lograron obtener superávit comercial, el dinero conseguido
gracias a las devaluaciones, la recesión del mercado interno y los bajos
salarios, se empleó para el pago de la deuda externa, al mismo tiempo que
aumentaron las voces que pedían una reducción del aparato estatal y la
privatización de las empresas públicas, para eliminar la inflación. También se
comenzó a hablar, de la necesidad de aumentar la productividad, la
complementariedad y la competitividad mediante la apertura de la economía. Las
empresas transnacionales controlaban los mercados, dejando poco espacio a las
pequeñas y medianas empresas, que no solo carecían de tecnología avanzada, sino
que tampoco el estado les brindaba ayuda. Como las grandes empresas ocupaban poca
mano de obra, era natural una alta tasa de desempleo, además el estado intervenía
poco para frenar la evasión fiscal que hubiese podido ayudar a la creación de
puestos de trabajo. Las grandes empresas con sus influencias bloqueab
 an los intentos de los gobiernos de eliminar tanto la evasión fiscal, como la
especulación financiera.

 

Para finalizar, cabe acotar que la integración entre Argentina y Brasil durante
los ochenta significó el reconocimiento de la responsabilidad histórica que
tenían por delante los dos gobiernos: alcanzar no solo el desarrollo económico de
sus países, sino también, conseguir la consolidación de las estructuras
democráticas, a partir de una posición política en común en torno a diferentes
temas. Así quedó demostrado, que la democracia permitió la integración económica
y la colaboración política, mediante un proceso de eliminación de rivalidades
geopolíticas, es decir, como sostiene Bernal-Meza (2000), "la integración
bilateral surge como un paradigma posible, que permite concretar los intereses
que aparecen superficialmente en conflicto. El escenario de la Cuenca del Plata
pasa a ser visto como un espacio para la interdependencia subregional, donde las
políticas de algunos actores estatales impactan o pueden afectar las condiciones
internas y externas de ellos mismos y los demás
 , y que la democracia es funcional al desarrollo y la cooperación en las
relaciones internacionales. Ambos gobiernos coinciden en que sus proyectos de
política exterior presuponen una vinculación directa entre democracia interna y
democratización externa, y que la integración puede constituirse en un impulso a
la consolidación de la democracia en ambos gobiernos. Ese es el espíritu que
impondrían ambos gobiernos en las consideraciones políticas del Acta para la
Integración del Picab. El proceso de integración fue así el instrumento de la
interdependencia de ambos Estados"[32].



--------------------------------------------------------------------------------

[1]Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro de la Provincia
de Buenos Aires.

[2]Para examinar las distintas visiones de sobre la integración, véase, Ferrer,
Aldo, Hechos y ficciones de la globalización. Argentina y el Mercosur en el
sistema internacional. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1998.

[3]Bernal-Meza, Raúl; América Latina en la economía política mundial. Buenos
Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1994, pp. 36-37.

[4]Altimir, Oscar: Desarrollo, crisis y equidad, en; Revista de la Cepal.
Santiago, CEPAL, abril 1990, n° 40, pp. 9-15. Laredo, Iris: Definición y
redefinición de los objetivos del proceso de integración latinoamericana en las
tres últimas décadas (1960-1990), en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos
Aires, INTAL, septiembre-octubre 1991, nº 171-172, pp. 12-14. Vacchino, Juan; La
dimensión institucional en la integración latinoamericana, en; Revista
Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, diciembre 1992, nº 185, pp.
57-58.  Wiarda, Howard: Estados Unidos, América Latina y la deuda internacional:
¿hacia una solución?, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires,
INTAL, mayo 1988, n° 134, pp. 47-48.

[5]Dehesa, Mario y Ruprah, Inder: El papel del FMI en la crisis: deuda externa y
crecimiento de América Latina, en, A.A.V.V.; La vulnerabilidad externa de América
Latina y Europa. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1985, pp. 230-233.
Feinberg, Richard y Bacha, Edmar: Cuando la oferta y la demanda no se cruzan:
América Latina y las instituciones de Bretton Woods en la década de los ochenta,
en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la
economía internacional a fines de los ochenta, Buenos Aires, Grupo Editor
Latinoamericano, 1989, pp. 182-187. Ferrer, Aldo: De la crisis de la deuda a la
viabilidad financiera, en, A.A.V.V.; La vulnerabilidad externa de América Latina
y Europa. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1985, pp. 249-250.
Quintanar, Silvia: Evolución de la economía internacional de la posguerra y sus
efectos en la transferencia de recursos financieros hacia y desde América Latina,
en; Cuadernos. Tandil, Universidad del 
 Centro de la Provincia de Buenos Aires, 1992, pp. 14-18.

[6]Bitar, Sergio: El pensamiento latinoamericano ante la crisis económica, en,
A.A.V.V.; Crisis y regulación estatal: dilemas de políticas en América Latina y
Europa. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1986, pp. 23-24. Sistema
Económico Latinoamericano; La economía mundial y el desarrollo de América Latina
y el Caribe. Caracas, Nueva Sociedad, 1990, pp. 114-118. Wiarda, Howard, op.
cit., pp. 48-49.

[7]Una solución al problema de la deuda fue propuesta por el secretario del
Tesoro de los Estados Unidos, James Baker, en la asamblea conjunta del FMI y el
BM realizada en Seúl en 1985, en donde reconoció que era necesario que volvieran
las inversiones y flujos financieros, a cambio de un intenso plan a largo plazo
coordinado por las grandes potencias económicas para que intervinieran en las
medidas económicas de los gobiernos latinoamericanos. Aceptó que se necesitaba un
mayor financiamiento, porque los ajustes recesivos generarían una mayor
resistencia y la insolvencia se acrecentaría. Reconoció que la crisis no era
solamente de liquidez, sino estructural incentivando a los bancos de los países
desarrollados a realizar una inversión de 20.000 millones de dólares en tres años
en aquellos países que quisieran realizar reformas de mercado que implicaran una
mayor participación del sector privado, la eliminación de regulaciones al
comercio internacional de bienes y servicios, y
  el tratamiento igualitario de las inversiones extranjeras con las nacionales.
También el BM y los bancos regionales de desarrollo debían aumentar sus créditos,
otorgándole un papel más importante y dejando en un rol secundario al FMI, puesto
que se requería una política económica orientada al crecimiento y no tanto al
ajuste. Los resultados fueron modestos, al no poder reunirse los fondos,
especialmente de los bancos privados, a pesar de la presión oficial
norteamericana y de los organismos financieros multilaterales. En los años
siguientes si bien el crecimiento de los países industriales fue alto y sin
inflación, pocos países latinoamericanos consiguieron resultados, ya que
siguieron los déficits públicos y la inflación. Los escasos fondos aportados por
el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y, la banca privada no
alcanzaron para lograr las reformas estructurales, aumentando el número de
créditos impagos. Solamente Ecuador se postuló como candidato al fin
 anciamiento del Plan Baker. A principios de 1987, Brasil anunció la suspención
del pago de intereses hasta fin de año, lo que marcaría el final del Plan Baker.
Quintanar, Silvia, Evolución de la economía internacional de la posguerra y sus
efectos en la transferencia de recursos financieros hacia y desde América Latina,
op. cit., pp. 20-22. Sistema Económico Latinoamericano, La economía mundial y el
desarrollo de América Latina y el Caribe, op. cit., pp. 114-118. Varela Parache,
Félix: El problema de la deuda: evolución y perspectivas, en, Varela, Manuel
(comp.); Organización económica internacional. Problemas actuales de la economía
mundial. Madrid, Pirámide, 1991, pp. 230-232.

[8]Hacia 1988, una nueva modalidad de inversión, cobró forma en la región, a
partir del cambio de deuda por inversión, sistema apoyado por los organismos
financieros internacionales y el gobierno de los Estados Unidos: “La
capitalización de la deuda externa (conversión de deuda en capital accionario)
consistía en la operación por medio de la cual se redime anticipadamente un
pasivo (público o privado) a cambio de moneda local para su canalización en un
proyecto de inversión. La materialización de una operación de esta naturaleza
requiere la existencia de un potencial inversor, dispuesto a aprovechar el
incentivo representado por el descuento con que se comercian los pagarés de la
deuda externa en los mercados secundarios internacionales. La existencia de dicho
descuento implica que el inversionista potencial recibe un subsidio equivalente a
la diferencia entre el descuento del mercado secundario y aquel (si existe) que
las autoridades del país deudor aplican al rescate antici
 pado de la deuda”. Quintanar, Silvia, Evolución de la economía internacional de
la posguerra y sus efectos en la transferencia de recursos financieros hacia y
desde América Latina, op. cit., p. 23. Para los acreedores esto servía para
asegurarse el pago de una parte de la deuda reduciendo su exposición en un país.
Esto se ha dado especialmente con bancos de Europa, Medio Oriente y algunos
bancos regionales estadounidenses. Para los que adquirían los títulos de deuda,
la ganancia era la diferencia entre su valor de compra y el valor de venta. El
país que autorizaba la capitalización de su deuda externa obtenía una rebaja de
la misma y del pago de intereses, pero disminuía la inversión extranjera en
efectivo. Igualmente, cuando se compraban activos locales con moneda nacional
barata y con descuento, los derechos eran iguales a los de una operación con
capital de riesgo. Existieron además, dificultades para otorgar garantías que
aseguraran la calidad superior de los nuevos acti
 vos, y falta de divisas de los países deudores. Otro mecanismo alternativo fue
el pago de la deuda con productos, como el realizado el Perú con países
socialistas como la Unión Soviética. Banco Interamericano de Desarrollo/Instituto
para la Integración de América Latina, El proceso de integración en América
latina en 1986. Buenos Aires, BID/INTAL, 1987,  pp. 217-222. Kisic, Drago: La
inversión extranjera directa en América Latina, en, Bouzas, Roberto (comp.); De
espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de
los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1989, pp. 167-169.
Quintanar, Silvia, Evolución de la economía internacional de la posguerra y sus
efectos en la transferencia de recursos financieros hacia y desde América Latina,
op. cit., pp. 22-24.

[9]Ferrer, Aldo, Hechos y ficciones de la globalización. Argentina y el Mercosur
en el sistema internacional, op. cit., 66-67.

[10]Bernal-Meza, Raúl, América Latina en la economía política mundial, op. cit.,
pp. 254-262. Mendoza, Oscar: El programa de integración y cooperación
Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, en, Bernal-Meza, Raúl
(comp.); Política, integración y comercio internacional en el Cono Sur
Latinoamericano. Mendoza, Universidad de Cuyo, 1989, pp. 255-257. Rofman,
Alejandro: Estrategias frente al desafío del Mercosur, en; Revista Realidad
Económica. Buenos Aires, febrero-mayo 1993, n° 114-115, pp. 134-140.

[11]Amorim, Celso: El mercado común del sur y el contexto hemisférico, en;
Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, INTAL, diciembre 1993, n° 196, pp.
254-255. Aragão, José: El programa de integración Argentina-Brasil y las
tendencias actuales de la economía mundial, en, Hirst, Mónica (comp.);
Argentina-Brasil. Perspectivas y ejes de comparación. Buenos Aires, Tesis, 1990,
pp. 46-49. Bodemer, Klaus; Europa occidental. América Latina. Experiencias y
desafíos. Barcelona, Alfa, 1987, pp. 21-22. Eguivar, Luis y Rua Boiero, Rodolfo;
Mercosur. Buenos Aires, La Ley, 1991, pp. 140-142. Laredo, Iris, op. cit., pp.
6-12. Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación
Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, op. cit., pp. 255-257.
Sukup, Viktor: La integración latinoamericana, un camino difícil, en; Cuadernos.
Tandil, Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 1995, pp. 8-11.
Tussie, Diana; Los países menos desarrollados y el sistema de come
 rcio mundial. Un desafío al GATT. México, Fondo de Cultura Económica, 1987, pp.
156-161. Vacchino, Juan, La dimensión institucional en la integración
latinoamericana, op. cit., pp. 5-6.

[12]Aragão, José, op. cit., pp. 46-49. Ffrench-Davis, Ricardo: Integración
económica, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL,
enero-febrero 1989, nº 142, pp. 38-42. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Mendoza,
Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos
criterios para su evaluación, op. cit., pp. 255-257. Raimundi, Carlos: La nueva
dimensión política de la integración. Buenos Aires, Honorable Cámara de Diputados
de la Nación, 1991, pp. 19-24. Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés; La Comunicad
Europea y el Mercosur. Una evaluación comparada. Buenos Aires, FIHES, 1993, pp.
59-63.

[13]Aragão, José, op. cit., pp. 46-49. Gonzales Arrieta, Gerardo: Vinculación
entre la integración bilateral y multilateral en América Latina: el caso
argentino-brasileño en el sector de bienes de capital, en; Revista Integración
Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, julio-agosto 1988, n° 136-137, pp. 82-83.
Vacchino, Juan, La dimensión institucional en la integración latinoamericana, op.
cit., pp. 5-6.

[14]Bouzas, Roberto: América Latina y la economía internacional a fines de los
ochenta, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América
Latina y la economía internacional a fines de los ochenta, op. cit., pp. 14-17.
Gilpin, Robert; La economía política de las relaciones internacionales. Buenos
Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1990, pp. 335-338.

[15]León, Ramón y Kratochwil, Hermann: Integración, migraciones y desarrollo
sostenido en el Grupo Andino, en; Revista de la Organización Internacional de las
Migraciones  en América Latina. Santiago, Centro de Información sobre Migraciones
en América Latina, abril 1993, volumen 11, nº 1, pp. 11-12.

[16]Thoumi, Francisco: Estrategias de desarrollo, convergencias de políticas,
integración económica, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Editorial Texto,
mayo-junio 1993, nº 125, pp. 72-74.

[17]Thoumi, Francisco, op. cit., pp. 73-74.

[18]Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Rofman, Alejandro, Estrategias frente al
desafío del Mercosur, op. cit., pp. 134-140.

[19]La Preferencia Arancelaria Regional abarcaba a todos los aranceles que
serían establecidos a partir de fórmulas equitativas para todos los países, y que
eran de aplicación gradual en todos los sectores, aunque se tendría en cuenta a
los más importantes. Se eliminaron las restricciones no arancelarias, y se podían
establecer listas de excepciones para los países de menor desarrollo económico
relativo, menos amplia para los de desarrollo intermedio, y menores que las
precedentes para los otros miembros. Se eliminarían gradualmente los aranceles de
todos los productos teniendo en cuenta plazos y listas de excepciones en función
de los tratamientos diferenciales que surgieran de los distintos tipos de países.
Abreu Bonilla, Sergio; Mercosur e integración. Montevideo, Fundación de Cultura
Universitaria, 1991, pp. 20-30. Barros Charlín, Raymundo: Análisis comparativo de
los Tratados de Montevideo 1960 y 1980, en, A.A.V.V.; IIas Jornadas
Universitarias de Integración Latinoameri
 cana. Córdoba, Universidad de Córdoba, 1981, 146-165. Eguivar, Luis y Rua
Boiero, Rodolfo, op. cit., pp. 140-148. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12.
Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño.
Algunos criterios para su evaluación, op. cit., pp. 254-259. Tamames, Ramón;
Estructura económica internacional. Madrid, Alianza Universidad, 1995, pp.
240-250.

[20]En los Acuerdos de Alcance Parcial sólo tenían participación algunos
miembros, pero la extensión de los beneficios no se haría de modo automático al
resto, como ocurría en la ALALC por la aplicación de la cláusula de la nación más
favorecida, sino que se tendía a su progresiva multilateralización, a partir de
cláusulas que propiciaban la convergencia entre los países asociados, se
negociaban en cualquier época del año, y contenían normas sobre orígenes. Los
países miembros a diferencia de la ALALC, podían concretar acuerdos de alcance
parcial con otros países en desarrollo o sus respectivas áreas de integración
fuera de América Latina, y las concesiones otorgadas tampoco se harían extensivas
al resto de la ALADI, salvo a favor de los países de menor desarrollo económico
relativo. Los capitales de otros países miembros serían considerados con un
tratamiento no menos favorable que aquel que se concediera a los capitales de
cualquier otro país que no sea miembro. Abreu Bonil
 la, Sergio, op. cit., pp. 20-30. Barros Charlín, Raymundo, Análisis comparativo
de los Tratados de Montevideo 1960 y 1980, op. cit., pp. 146-165. Eguivar, Luis y
Rua Boiero, Rodolfo, op. cit., pp. 140-148. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12.
Tamames, Ramón, op. cit., pp. 240-250. Tussie, Diana, Los países menos
desarrollados y el sistema de comercio mundial, op. cit., pp. 151-161.

[21]Abreu, Bonilla, Sergio, op. cit., pp. 20-30. Eguivar, Luis y Rua Boiero,
Rodolfo, op. cit., pp. 140-148. Otero Bosque, Alberto: La Asociación
Latinoamericana de Integración. Un análisis comparativo, en, A.A.V.V.; IIas.
Jornadas Universitarias de Integración Latinoamericana. Córdoba, Universidad de
Córdoba, 1981, pp. 175-190. Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés, op. cit., pp.
59-63.

[22]Martner, Gonzalo: Mercados internacionales de productos básicos, en, Bouzas,
Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía
internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano,
1989, pp. 97-101. Sierra, Pablo: La integración como estrategia frente a la
crisis, en; Integración Latinoamericana. Informe Base, op. cit., pp. 14-15.

[23]Kürzinger, Edith: América Latina y la Comunidad Europea: repercusiones de
los cambios en la economía mundial, en; Revista Integración Latinoamericana.
Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1987, n° 120, p. 29.

[24]Bernal-Meza, Raúl, América Latina en la economía política mundial, op. cit.,
p. 44.

[25]Sunkel, Osvaldo, Del desarrollo hacia adentro al desarrollo desde dentro,
op. cit., pp. 57-58. Bustos, Pablo; El Mercosur ¿más de lo mismo?. Buenos Aires,
Fundación Friedrich Ebert, 1992, pp. 11-13. López, Andrés y Porta, Fernando:
Nuevas modalidades de inserción internacional: el Mercosur, en, Kosacoff,
Bernardo (ed.); Hacia una nueva estrategia exportadora. Buenos Aires, Universidad
de Quilmes, 1995, pp. 231-233. Martner, Gonzalo, Mercados internacionales de
productos básicos, op. cit., pp. 97-101. Sierra, Pablo, La integración como
estrategia frente a la crisis, op. cit., pp. 14-15.

[26]Altimir, Oscar, op. cit., pp. 9-15. Bustos, Pablo; op. cit., pp. 11-13.
López, Andrés y Porta, Fernando, op. cit., pp. 231-233. Martner, Gonzalo,
Mercados internacionales de productos básicos, op. cit., pp. 97-101. Sierra,
Pablo, La integración como estrategia frente a la crisis, op. cit., pp. 14-15.
Sierra, Pablo: Países del Cono Sur. Ajuste económico 1980/1990 y procesos de
integración, en; Integración Latinoamericana. Informe Base II. Buenos Aires,
Consejo Federal de Inversiones, 1992, pp. 14-15.

[27]Bernal-Meza, Raúl, América Latina en la economía política mundial, op. cit.,
p. 52.

[28]Bernal-Meza, Raúl, América Latina en la economía política mundial, op. cit.,
p. 257.

[29]Castellanos, Diego: Hacia una revisión de las relaciones con la Comunidad
Europea, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad, marzo-abril 1990,
n° 106, pp. 119-120. Insulza, José: Europa y América Latina ante la
reestructuración global, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad,
marzo-abril 1990, n° 106, pp. 98-104.

[30]El Grupo Cairns estaba integrado por Argentina, Australia, Brasil, Canadá,
Chile, Colombia, Filipinas, Hungría, Indonesia, Islas Fiji, Malasia, Nueva
Zelanda, Tailandia y Uruguay. Lanús, Juan; Un mundo sin orillas. Nación, estado y
globalización. Buenos Aires, Emecé, 1996, pp. 117-124.

[31]Bouzas, Roberto, América Latina y la economía internacional a fines de los
ochenta, op. cit., pp. 13-17. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe;
El regionalismo abierto en América Latina y el Caribe. La integración económica
al servicio de la transformación productiva con equidad. Santiago, CEPAL, 1994,
pp. 9-12. Jaguaribe, Helio: La integración Argentina-Brasil, en; Revista
Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, noviembre 1987, n° 129, pp.
3-7. Kürzinger, Edith, op. cit., pp. 35-36. Tussie, Diana, Los países menos
desarrollados y el sistema de comercio mundial. Un desafío al GATT, op. cit., pp.
136-138.

[32]Bernal-Meza, Raúl; Sistema mundial y Mercosur. Globalización, regionalismo y
políticas exteriores comparadas. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano,
2000, pp. 426-427.





Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén,
Argentina. Octubre de 2003.




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