Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 821 al 840 
AsuntoAutor
422/04 - SEXTO ENC Centro H
423/04 - A mis ami Centro H
424/04 - HOTEL EL Centro H
425/04 - ACTIVIDAD Centro H
426/04 - El neolib Centro H
427/04 - LUGAR DEL Centro H
428/04 - TRÁMITE C Centro H
429/04 - ACTIVIDAD Centro H
430/04 - HOTEL POS Centro H
431/04 - FUNCIONAR Centro H
432 - AUSPICIO PRO Centro H
433/04 - Saludos! Centro H
434/04 - MENÚ FIJO Centro H
435/04 - Después d Centro H
436/04 - ¿Dónde qu Centro H
437/04 - HOTEL ALT Centro H
438/04 - DISFRACES Centro H
439/04 - Le deseam Centro H
440/04 - VI Encuen Centro H
441/04 - SEXTO ENC humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 855     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 426/04 - El neoliberalismo al rojo vivo: mercado de trabajo en Argentina
Fecha:Jueves, 9 de Septiembre, 2004  00:46:20 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...............ar>

 El neoliberalismo al rojo vivo: mercado de trabajo en Argentina

Javier Lindenboim*

y Mariana González**

 

 

Introducción

 

La Argentina está recién comenzando a superar lentamente los momentos más graves de una profunda crisis económica, cuyas consecuencias sociales han sido devastadoras, y que en el plano político precipitó un cuestionamiento generalizado respecto al funcionamiento de las instituciones democráticas.

Esta crisis estalló a fines del año 2001, luego de un período de recesión que se extendió durante tres años. En efecto el PBI entre 1999 y 2001 inclusive disminuyó en promedio un 3% anual, y a partir de allí cayó un 11 % en el plazo de un año.

Estas cifras, comparadas con el importante crecimiento económico observado en los primeros años de la década del noventa, parecen a primera vista indicar que se trata de un problema gestado en unos pocos años. Esta visión es propiciada por quienes buscan encontrar como culpable exclusivo y excluyente de esta situación a alguno de los dos últimos gobiernos: el de Fernando De La Rúa y el de Eduardo Duhalde.

Sin ninguna intención de defender a estos presidentes, en honor a la verdad debe reconocerse que la gestación de esta crisis económica no comenzó en los últimos años, ni fue –como sostienen algunos– el desafortunado resultado de una conjunción de factores externos desfavorables (crisis en otros países periféricos, devaluación de la moneda brasilera, caída en los términos de intercambio). Antes bien, esta crisis resultó ser el anunciado desenlace del modelo económico implementado en la Argentina desde inicios de la década del noventa.

Esta orientación, que implicó cambios tanto en las políticas económicas como en el rol del Estado en la economía y en la sociedad, se basó en las recomendaciones hechas por los organismos internacionales a los países latinoamericanos, y cuyo cumplimiento se planteaba como necesario para crear las condiciones que permitirían reincorporarlos como receptores de flujos de capitales tras la llamada “crisis de la deuda”.

El “nuevo” modelo, que ya había mostrado su inviabilidad y sus consecuencias negativas en un breve ensayo durante la pasada dictadura, incluía entre los cambios de política económica una abrupta apertura tanto comercial como financiera, que terminó por destruir un conjunto importante de las empresas y las industrias nacionales, al tiempo que propiciaba una entrada de capitales externos de una magnitud tal que logró esconder por varios años la gravedad del daño que estaban sufriendo la economía y la sociedad argentinas.

La sobrevaluación del tipo de cambio que se mantuvo durante el período, argumentando la necesidad de mantener la estabilidad lograda mediante el plan de Convertibilidad, volvía la situación aún más grave, ya que restaba competitividad a los productos nacionales a la vez que abarataba significativamente todos los bienes importados. Esto hizo que muchas empresas no pudiesen sobrevivir, y forzó al resto a lograr aumentos de productividad principalmente mediante alguna de estas dos vías: la sustitución de trabajadores por equipos de capital (que por ser importados estaban relativamente abaratados) y el aumento en la explotación del factor trabajo, a través de cambios organizacionales o del incremento en la intensidad del trabajo. Ambas opciones hicieron que la demanda laboral creciera muy lentamente aún en el contexto inicial de crecimiento económico, que se incrementara gravemente el desempleo y se deteriorasen las condiciones laborales.

La profunda crisis económica que se manifestó a partir del 2001, y sus graves consecuencias en el plano del ámbito laboral, no deben hacernos olvidar que el deterioro de la situación de los trabajadores fue una constante a lo largo de toda la década del noventa. Así fue que mientras la tasa de desocupación llegó a un pico de 21,5% en mayo del año 2002, su valor se había mantenido por encima del 12% desde 1994, alcanzando ya el 18% en 1995. Es que el esquema económico dificultaba la creación de empleo por un lado, mientras que por otro hacía a la economía especialmente vulnerable a sufrir repentinas crisis que agravaban aún más la situación de los trabajadores.

Por las razones brevemente esbozadas en estas primeras páginas, entendemos que para comprender el problema actual de la economía y del mercado laboral, no es suficiente analizar lo ocurrido recientemente, sino que hay que remontarse cuando menos a los comienzos de las reformas neoliberales y de la implementación del plan de convertibilidad.

Con este enfoque, presentamos un balance general de lo ocurrido en los mercados laborales urbanos en la Argentina a partir de principios de los noventa, describiendo el proceso de deterioro observado y procurando a la vez indagar en las razones del mismo.

Para ello, se recurre a la información suministrada por la Encuesta Permanente de Hogares para 25 aglomerados urbanos en los que se releva información sistemáticamente en los meses de mayo y octubre de cada año. Ello permite dar cuenta de la declinación en la capacidad de absorción por parte de la demanda de trabajo, el escaso aumento de la oferta laboral respecto de su tendencia histórica, así como el resultado de la interacción de demanda y oferta en términos de desempleo y empeoramiento de la calidad de los puestos de trabajo.

El modo de estructurar el trabajo para mostrar las evidencias al respecto se centra en cuestionar las afirmaciones sostenidas durante los noventa –y aún hoy– por quienes tienden a desvincular sistemáticamente los resultados observados en el mercado laboral respecto de las políticas económicas implementadas.

Así, luego de esta introducción se comienza presentando una discusión general respecto de la naturaleza de las concepciones económicas, sociales y políticas del neoliberalismo y su aplicación en América Latina, para adentrarse ya en la sección 2 en el caso argentino a través de un breve balance de la situación del mercado de trabajo en los noventa. Esta primera información se contrasta en la sección 3 con el diagnóstico oficialista (neoliberal) respecto de lo que estaba sucediendo en el mercado laboral y las políticas aplicadas en base a estas ideas, para luego presentar nuestras críticas a esa visión y a los resultados de esas políticas en la sección siguiente.


 

1.    Neoliberalismo y mercado de trabajo

 

Muchos analistas hablan indiferentemente de globalización, neoliberalismo y capitalismo contemporáneo,  como si fueran términos intercambiables. (…) En una frase: si la globalización es el medio,  el neoliberalismo es la política hegemónica y la acumulación de capital el fin.

 

La afirmación según la cual el neoliberalismo defiende los intereses del mercado contra el Estado es ambigua. Deja suponer que en la fase de acumulación precedente, las políticas económicas, la ideología dominante y las instituciones estatales y de regulación de las empresas no tuvo por objeto central la defensa del mercado.

 

Darío I. Restrepo Botero (2003)

 

La segunda mitad del siglo XX permitió observar –simultáneamente- una potenciación sin precedentes de la capacidad humana para producir bienes capaces de satisfacer las más variadas necesidades, junto con un proceso de deconstrucción de las instancias de preservación y ampliación de los derechos y conquistas de los trabajadores, el componente indudablemente más débil de la estructura productiva capitalista[1].

Luego de la Segunda Guerra Mundial, cambió el liderazgo occidental pasando de Gran Bretaña los Estados Unidos, al tiempo que fue derrotado en asociación con la URSS el experimento nazi. La Unión soviética amplió su área de influencia a buena parte de la Europa oriental. Se construyó un nuevo orden de posguerra que, si bien tuvo como característica una “guerra fría” que duró décadas, dió origen al sistema de las Naciones Unidas y a procesos de independencia de antiguas colonias hasta los años sesenta. 

Con la “rebeldía” de Francia en 1968 que solicitó –infructuosamente- transformar sus cuantiosas reservas en dólares en su equivalente en oro, cuyo eco fue la devaluación del dólar respecto del oro[2], se inició un período de turbulencias cuyo máximo exponente fue la denominada crisis del petróleo a comienzos de los setenta.

Con el esfuerzo por recomponer el ritmo de acumulación a escala internacional, el capitalismo da término a los “treinta años gloriosos”[3], con la forzada colocación de los petrodólares en las economías dependientes (luego bautizadas con el nombre de emergentes) y un reforzamiento de los cambios tecnológicos, todavía enmarcados en la competencia con la entonces Unión Soviética.

Así, los setenta y los ochenta (que culminaron con los documentos constitutivos del Consenso de Washington) se caracterizaron por la instalación de regímenes políticos conservadores en Gran Bretaña y Estados Unidos sostenidos en las corrientes económicas que se pueden denominar, genéricamente, neoliberales o neoclásicas[4].

Estas corrientes que llegaron luego a imponerse en la mayor parte del planeta, a comienzos del siglo XXI han empezado a ser duramente cuestionadas.

Sin pretensión de ser exhaustivos podemos señalar algunos de los puntos focales del denominado pensamiento dominante, en particular aquellos ligados a la participación laboral de la población. Es obvio que uno de los aspectos principales es la desaparición de la centralidad del trabajo en el análisis económico y en la formulación de políticas. El esquema se sostiene en afirmar que la generación de cambios tecnológicos (presuntamente derivados de una modificación “autónoma” de la demanda) acelera -más que el aumento de la producción de bienes y servicios- la disminución relativa de los requerimientos laborales. Negando que el trabajo sea la actividad humana que genera el valor, este pensamiento justifica “teóricamente” la aparición y reproducción de un sobrante de trabajo (de trabajadores) dando pie a la denominada “economía de dos velocidades” [5].

En lo que se refiere al impacto de la ideología y la práctica neoliberales sobre el mercado de trabajo –la “crisis del trabajo”– de la Garza sintetiza lo que él denomina las cuatro formas en que tal crisis se manifiesta: a) “La crisis de la actividad laboral como centro de la creación de identidad de sujetos sociales”; b) “La crisis del trabajo como núcleo de la acumulación del capital”; c) “La crisis de la centralidad del trabajo en la sociedad postindustrial”; d) La significación que tal crisis plantea para América Latina.[6] 

Lo característico del pensamiento dominante en las décadas finales del siglo XX es, precisamente, junto con la supresión analítica de la capacidad de generación de valor por parte del trabajo, que el “mercado” determina qué se produce, cómo se reparte, etc. sin aceptar regulación social alguna respecto de aquellas determinaciones y, menos aún, sobre su apropiación. Con lo cual, termina por esfumarse el significado de la dotación inicial de los factores para acceder a una porción determinada del resultado económico y, por lo tanto, desaparece el significado de las relaciones sociales  como reguladoras del modo de distribución de la riqueza social, más allá de las meras relaciones mercantiles.

 

2.    Los signos del deterioro laboral

 

Si bien no puede afirmarse que los problemas laborales de la población argentina comenzaron en la década del noventa, sí es cierto que esos años serán históricamente recordados por la gravedad que adquirieron las cuestiones vinculadas al trabajo.

El signo más evidente de ello está dado por la evolución de la tasa de desocupación que, como es sabido, llegó a niveles inusitados, manteniéndose por encima de los dos dígitos desde 1994 hasta hoy (ver gráfico 1), y con perspectivas poco alentadoras respecto del tiempo y esfuerzo que, aún con crecimiento económico, es necesario para bajar el desempleo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: elaboración propia CEPED en base a EPH-INDEC, ondas octubre.

 

Pero la tasa de desempleo no constituye, ni por lejos, el único signo de deterioro de la situación laboral. Antes bien, la situación de los trabajadores se ha visto afectada también por cuestiones relativas a la calidad del empleo. Entre éstas, podemos destacar, aunque sin ser exhaustivos, el aumento de la subocupación, el gran incremento de la proporción de empleo no registrado, el estancamiento y posterior caída de los salarios.

En efecto, la tasa de subocupación creció sin tregua a lo largo de estos años, y llegó a más que duplicarse entre 1990 y 2002 (ver gráfico 2). Pero también la sobreocupación se incrementó notablemente, de manera tal que se redujo el grupo de trabajadores que tiene una jornada laboral que podría considerarse “normal” (entre 35 y 45 horas semanales). Por otra parte, la proporción de empleos no registrados o “en negro” pasó del 28 % a casi el 40 % en el lapso de diez años (ver gráfico 3). La precariedad de estos vínculos laborales implica que estos trabajadores sufren una situación de inestabilidad y desprotección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: elaboración propia CEPED en base a EPH-INDEC, ondas octubre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: elaboración propia CEPED en base a EPH-INDEC, ondas octubre.

 

Finalmente, más allá del impulso inicial que tuvieron como resultado del freno a la hiperinflación y de la reactivación económica –impulso que de todos modos resultó inferior al crecimiento de la productividad laboral–, los salarios mostraron un retroceso a partir de 1994. Además, este proceso se dio conjuntamente con un aumento en la desigualdad salarial, lo cual da cuenta de que para muchos trabajadores el panorama fue aún más negativo.

Todo lo anterior no es más que el reflejo de la débil posición en que se encontraron los trabajadores a la hora de negociar sus condiciones laborales, y esta debilidad derivó principalmente del alto grado de desocupación ya mencionado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: elaboración propia CEPED en base a EPH-INDEC, ondas octubre.

 

 

3.    El diagnóstico oficial

 

Conociendo esta situación, cabe preguntarse cuál fue el diagnóstico que al respecto construyeron el gobierno y ciertos círculos académicos afines.

En este diagnóstico pueden diferenciarse dos rasgos característicos: el primero de ellos implicó entender este problema siempre como coyuntural: en un primer momento como producto de crisis externas inevitables (el tequilazo mexicano, la crisis asiática, la crisis rusa), más adelante como fruto exclusivo de la recesión de los últimos años.

El segundo consistió en atribuir las causas del desempleo a cuestiones intrínsecas al funcionamiento del mercado de trabajo, principalmente su falta de adecuada flexibilidad. En efecto, de acuerdo con la visión neoliberal que fue hegemónica en Argentina durante toda la década del noventa y cuyo influyo no ha desaparecido, los problemas del mercado de trabajo deben buscarse al interior del mismo. Dado que de acuerdo con las leyes de mercado el equilibrio está asegurado, si éste no se observa es porque existen mecanismos que no permiten el libre funcionamiento de esas fuerzas del mercado. En particular, aquellos que impiden la caída del salario para que ajuste al nivel que es necesario para alcanzar el pleno empleo, o leyes y normativas que no permiten atenuar los costos del despido y por lo tanto imponen costes demasiado elevados a la contratación de trabajadores.

En todos los casos, las “culpas” del desempleo se imponen sobre los mismos trabajadores, o sus organizaciones, o las instituciones que buscan protegerlos.

Otro argumento señala que el desempleo es producto de una falta de adecuación de la mano de obra a los nuevos requerimientos tecnológicos. En este caso, se dice, sería necesario que transcurra cierto tiempo hasta que las  calificaciones de la mano de obra se adecuen a lo requerido en los “nuevos” procesos productivos. Merece la pena notar que esta afirmación, más allá de que sea válida o no, implica reconocer que esas fuerzas del mercado que conducen al equilibrio no actúan tan rápida y eficazmente como otras veces se supone.

A partir de estas explicaciones, la solución que se postulaba para el desempleo consistía principalmente, por un lado, en no tomar ninguna medida especial en el plano económico y dejar que, dado el contexto de estabilidad que se había alcanzado se generasen nuevos emprendimientos productivos y por lo tanto nuevas oportunidades laborales. Por otro lado, se debía flexibilizar el mercado laboral y disminuir los costos laborales a través de cambios en la legislación, legalización de prácticas anteriormente prohibidas, disminución o supresión de aportes patronales, etc. El menor costo del empleo también favorecería la contratación de una mayor cantidad de trabajadores.

Todas estas medidas fueron entonces llevadas a la práctica: se mantuvo un mismo modelo durante diez años, esperando que sus problemas se resolviesen automáticamente a partir de las señales positivas a la inversión y un supuesto clima de estabilidad, se promulgaron varias leyes que avanzaban en la flexibilización del contrato laboral y las condiciones de trabajo y se disminuyeron en gran medida los aportes que los empleadores están obligados a hacer sobre los salarios. Pero los resultados en materia de reducción del desempleo fueron nulos o incluso contraproducentes, al tiempo que mediante la puesta en vigencia de las llamadas “leyes de flexibilización” el mismo Estado promovió la precarización de las relaciones laborales.

Como medidas paliativas se estableció un seguro de desempleo y una serie de planes sociales-laborales, ambos de alcance muy limitado, de modo que no llegaron a representar siquiera un alivio generalizado para la situación de tantos desocupados.

 

 

4.    Evaluación y críticas

 

La flexibilización del mercado de trabajo

A diferencia de lo que se intentó mostrar desde el gobierno, los problemas del mercado de trabajo son intrínsecos al modelo de acumulación vigente. El mercado laboral no se resuelve en sí mismo, ya que el nivel de empleo es resultado de lo que ocurre en la economía en su conjunto: cuál es el ritmo de crecimiento, cuál es la estructura productiva, cuáles son las actividades que se expanden, cómo evoluciona la  productividad, amén de los factores demográficos.

Por ello, no es posible plantear soluciones al desempleo a partir de una flexibilización de la contratación laboral ni de los salarios. En Argentina, ambos resultaron ser más flexibles de lo que usualmente se admite y, aún así, la tasa de desempleo tendió a aumentar y mantenerse en niveles sumamente elevados.

Como se observa en el gráfico 3, los niveles de empleo asalariado no registrado vienen creciendo sin pausa. El casi 40 % de asalariados cuyo vínculo laboral es precario se encuentra, de hecho, en las condiciones de trabajo más flexibles que puedan imaginarse. Ellos no cuentan con la protección de las leyes laborales, no pueden tener una representación sindical ni negociar colectivamente. Además, la amenaza de perder el empleo los fuerza en muchos casos a aceptar la sobreocupación, la flexibilidad en las tareas a desarrollar, los salarios insuficientes para cubrir un consumo mínimo (Lindenboim, González y Serino, 2000; González y Bonofiglio, 2002).

Las leyes de flexibilización laboral, en general buscaron reproducir esta situación en las empresas más grandes, que no pueden tener empleados no registrados, aunque sí suelen subcontratar empresas en las cuales los “costos salariales” son más bajos.

El disciplinamiento de la fuerza laboral que opera a través de la amenaza del desempleo, en un contexto tan desfavorable para los trabajadores como puede ser la Argentina actual, es altamente generalizado, aún respecto de quienes tienen contratos “en blanco”.

Si se comparan las evoluciones del PBI y del salario promedio en la economía (gráfico 5), es posible verificar que el ajuste de los salarios hacia la baja se produjo durante las recesiones en magnitudes muy cercanas a la caída del producto mientras que, por el contrario, no siempre el crecimiento económico se vio reflejado en una suba de salarios. Ante estas evidencias, no es posible afirmar que no existe flexibilidad en el mercado de trabajo.

 

                                                                                                 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: elaboración propia CEPED en base a Dirección de Cuentas Nacionales y EPH-INDEC, ondas octubre.

 

Dada esta situación, la flexibilización propulsada por las reformas laborales no implicó, como se pretendía, un incremento en el empleo; lo que sí logró es exacerbar la situación de deterioro en la calidad de los mismos (Lindenboim, 2000)

Otra medida que se tomó con el objetivo de buscar incrementar el empleo a través de la disminución de los costos laborales fue la importante disminución de los aportes que los empleadores deben realizar en base a los salarios pagados. Ello tampoco redundó en una mayor creación de empleos. Fue, en cambio, una significativa transferencia al sector empresario que, además, implicó un grave problema presupuestario para al sector público (ibídem).

 

¿Falta de calificación o sobrecalificación de los trabajadores?

Como se mencionó, otra de las explicaciones oficiales del incremento de la desocupación fue que éste se debía a una inadecuación de las calificaciones de los trabajadores frente a las demandas de los nuevos puestos de trabajo, relacionados con el uso de nuevas tecnologías.

Este argumento resulta también falaz por cuanto, aún cuando es cierto que se dio un proceso de reconversión tecnológica y reorganización de la producción, lo que se observa a partir de la constatación del nivel educativo de la fuerza laboral es que ésta tendió en general a estar sobrecalificada en relación con lo requerido por el puesto desempeñado (Kulfas, 2000).

Por otra parte, lo que se observó durante los noventa fue que el nivel educativo de la población económicamente activa se incrementó sostenidamente (Lindenboim, 2000). En parte, ello se debió al mismo contexto de alto desempleo y de competencia entre los trabajadores por conseguir un empleo.

Pero si bien es posible que la mayor capacitación pueda resolver el problema individual de encontrar trabajo, de ningún modo representa una solución para el problema colectivo; ya que la capacitación y/o reconversión de la fuerza de trabajo no crea por sí misma puestos de trabajo y, como argumentaremos, es precisamente en la debilidad del crecimiento del empleo donde radica la razón del gran incremento de la desocupación.

La mayor calificación, en un contexto como el actual, implica un beneficio sobre todo para el sector empresario, que puede contar con empleados más calificados sin pagar mayores salarios, e incluso pudiendo disponer de trabajadores sobrecalificados en relación con las tareas a desempeñar.

 

Las dificultades de la economía argentina para crear empleo

Si no se trata de falta de flexibilidad en el mercado laboral ni de falta de calificación de la fuerza de trabajo, ¿cuál es la razón por la cual los indicadores del mercado de trabajo se mostraron crecientemente deteriorados en los últimos años?

Las series presentadas en el gráfico 5 permiten apreciar que, particularmente en la primera parte de la década, el empleo creció a un ritmo mucho menor que el PBI. Es decir, en esos primeros años de alto crecimiento se crearon en términos relativos muy pocos nuevos empleos[7], lo cual se vio reflejado en el hecho de que en la década el empleo creció en promedio sólo un 0,23 % por cada incremento del producto de un 1 %.

La explicación de esta escasa capacidad del producto para crear empleo remite a las transformaciones operadas en la economía argentina. La apertura externa y la sobrevaluación cambiaria que se mantuvo durante el período implicaron una fuerte presión para las empresas respecto de la necesidad de lograr incrementos de productividad, para poder sobrevivir a la competencia de los productos importados. El nivel del tipo de cambio, además, redundó en una modificación de precios relativos entre capital y trabajo, a favor del primero. Ambos factores facilitaron y obligaron a la sustitución de mano de obra por capital y a la introducción de cambios en la organización de las tareas productivas. Estos comportamientos, así como el menor uso de insumos nacionales y la simplificación de los procesos productivos, son los factores que permiten explicar una parte importante de los aumentos de productividad de la primera parte de la década, que redundaron en un menor dinamismo del empleo (Serino y González, 2002; Lindenboim y Salvia, 2001; Camargo, 1999; Altimir y Beccaria, 1999).

Por otra parte, el mismo proceso de apertura –con un tipo de cambio sobrevaluado– habría implicado una fuerte competencia para los trabajadores por cuenta propia y las pequeñas empresas, muchos de los cuales no pudieron sobrevivir.

Si bien puede pensarse que los aumentos de productividad que repercutieron negativamente sobre la creación de empleo son un fenómeno particular de los momentos inmediatamente posteriores a la apertura comercial, existe otro factor que limita la expansión de la ocupación y que tiene carácter permanente. La reestructuración y reconfiguración productiva que se dan como consecuencia de la apertura y de las ventajas competitivas de la Argentina, llevan, por un lado, a un crecimiento relativo mayor de aquellas ramas que son intensivas en recursos naturales y que tienen altas dotaciones de capital pero son poco intensivas en trabajo y, por otro, a un decrecimiento relativo en las que son más intensivas en mano de obra.

La recesión de los últimos años vino a profundizar este problema ya grave, porque la retracción del producto implicó a partir de 1999/2000 una expulsión neta de fuerza de trabajo, mayor que la ocurrida a mediados de la década del noventa. Tal gravedad puede observarse en la tasa de desempleo que en mayo de 2002 alcanzó un inédito 21,5%.

La abrupta salida de la convertibilidad a comienzos de 2002 –devaluación mediante– se reflejó positivamente en el mercado de trabajo a través de la recuperación del dinamismo en algunas ramas de actividad, particularmente aquellas más vinculadas con la colocación de productos en el exterior y con la producción local de artículos hasta entonces importados. Como se ha visto más arriba las cifras muestran una mejoría (menor desempleo) hacia finales de 2002, parcialmente atribuible, también, al efecto estadístico del impacto de los nuevos planes sociales[8].

 

Conclusiones

 El balance de la década de los noventa es, en Argentina, el balance de la aplicación a ultranza del neoliberalismo que transitó por gran parte de América Latina.

El mensaje gubernamental y de la mayor parte del establishment era que con tal orientación de las políticas económicas el país arribaría a los deseados destinos del primer mundo y sus habitantes mejorarían sustancialmente sus condiciones de vida y de trabajo.

Sin embargo, la apretada síntesis aquí presentada nos indica que tales augurios no contaban con adecuado sustento, ya que no podía ignorarse que las políticas aplicadas tendrían las consecuencias que se evidenciaron sobre la estructura productiva y, por ende, sobre el mercado de trabajo.

Las páginas precedentes –creemos– ilustran sobre la falacia de la mayor parte de los argumentos que se esgrimieron para tratar de explicar comportamientos “no esperados”. Entre tales comportamientos se aludía a la escasez relativa de la demanda laboral, al aumento del desempleo y de la subocupación, al crecimiento del empleo no registrado o precario.

El haber persistido –más allá de los cambios de gobierno– en mantener el mismo tipo de políticas aún cuando se mostraba que eran insostenibles a mediano y largo plazo y que implicaban crecientes sacrificios para la población, dejó una herencia cuya superación habrá de requerir ingentes esfuerzos del conjunto de la sociedad.

Ningún país de América Latina –por sí solo– tiene posibilidades de sobreponerse a tan duras circunstancias, menos aún en un contexto internacional que, si bien parece entrar en una etapa de retroceso en el plano del pensamiento único, ocurre todo lo contrario en el plano político militar a escala planetaria. De allí que resulta singularmente auspiciosa la “nueva impronta”que parece ir esbozándose en varios de los países de la región.

 

 


Referencias

 Altimir, Oscar y Luis Beccaria (1999) “El mercado de trabajo bajo el nuevo régimen económico en Argentina”, Serie Reformas Económicas Nº 28, Santiago de Chile, CEPAL.

Bour, Juan Luis (1995) “Los cambios en la oferta de trabajo”, en Libro Blanco sobre el empleo en Argentina. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Buenos Aires.

Camargo, José Marcio (1999) “Apertura económica, productividad y mercado de trabajo. Argentina, Brasil y México”, en Tokman, Víctor y Daniel Martínez, Productividad y empleo en la apertura económica, Lima, OIT.

Canitrot, Adolfo (1995) “Presentación general”, en Libro Blanco sobre el empleo en Argentina. Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, Buenos Aires.

Damill, Mario, Roberto Frenkel y Roxana Maurizio (2002) Argentina. Una década de convertibilidad. Un análisis del crecimiento, el empleo y la distribución del ingreso, Santiago de Chile, OIT.

González, Mariana y Nicolás Bonofiglio (2002) “Evidencias sobre el deterioro de la calidad del empleo en la Argentina”, presentado al V Simposio Internacional América Latina y el Caribe: El desafío de los procesos de desarrollo e integración en el nuevo Milenio, Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires.

Javier Lindenboim (1995) “La desocupación: ¿un flagelo insuperable?”, en Realidad Económica Nº 134,  IADE, Buenos Aires.

Javier Lindenboim (1996) “Flexibilización laboral. Una discusión necesaria”, en Realidad Económica Nº 143, octubre-noviembre.

Kulfas, Matías (2000) “La calificación de la fuerza de trabajo ante la reestructuración productiva y el desempleo. ¿Subcalificación absoluta o sobrecalificación relativa?”, en Revista Época Nº 2, Buenos Aires, noviembre.

Lindenboim, Javier (2000) “Mercados de trabajo urbanos en Argentina de los 90”, presentado al III Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo, Buenos Aires.

Lindenboim, Javier y Agustín Salvia (2001) Cada vez menos y peores empleos. Dinámica laboral en el sistema urbano de los noventa”, en Cuaderno del CEPED Nº 7, Buenos Aires.

Lindenboim, Javier, Leandro Serino y Mariana González (2000) ”La precariedad como forma de exclusión”, en Cuaderno del CEPED Nº 4, Buenos Aires.

Mattos, Fernando A. “Capitalismo organizado e capitalismo desorganizado: o desafio da criacao de empregos”, Cadernos do CESIT Nº 27, Campinas, 1998.

Restrepo Botero, Darío –ed.– (2003) La falacia neoliberal, críticas y alternativas, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.

Serino, Leandro y Mariana González (2002) “Dinámica económica y empleo: Reflexiones acerca de sucesos inevitables”, en Labvoratorio Nº 9, Buenos Aires, Invierno.



*     Director del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (CEPED) de la Universidad de Buenos Aires e Investigador Independiente del CONICET.

**    Investigadora asistente del Centro de Estudios de Población, Empleo y Desarrollo (CEPED).

[1]     Las primeras décadas del siglo fueron un lapso en el que se configuró un esquema mundial particular: adquiría status de modo de organización típico de la producción el desarrollo de Henry Ford sobre los esquemas tayloristas; se concentraba el poder económico a escala supranacional; se dirimían por la fuerza las formas de repartir el poder de las principales potencias, a través de la Primera Guerra; se construían mecanismos de protección de los trabajadores (OIT); aparecía -ya no en la reflexión teórica sino en la experiencia práctica- un modo pretendidamente superador del capitalismo con la revolución bolchevique y la construcción de la Unión Soviética

[2]     Pasando de 35 a 350 dólares la onza troy.

[3]     Expresión acuñada en Europa para dar cuenta de las tres décadas posteriores a la finalización de la Segunda Guerra durante las cuales la intervención estatal, no sólo estuvo dirigida a la reconstrucción de los países devastados por el conflicto bélico sino, principalmente, a llevar a la práctica los rasgos básicos del estado de bienestar.

[4]     Una sintética mirada sobre estos fenómenos y su impacto en el mercado de trabajo latinoamericano puede verse en Mattos (1998).

[5]     También en Europa, luego de los años gloriosos, se verifica un desdoblamiento de un sector económico y social dinámico de otro que va perdiendo la posibilidad de mantener el ritmo del primero. De tal manera se reproduce el enfoque de la economía dual en América Latina surgido en la CEPAL en los sesenta.

[6]     Entre los excelentes textos de este autor puede citarse “Problemas clásicos y actuales de la crisis del trabajo” en E. De la Garza Toledo-J.C. Neffa (compiladores), El trabajo del futuro. El futuro del trabajo, CLACSO, Buenos Aires, 2001.

[7]     Contrariamente a lo que se afirmaba, sobre todo en los primeros años de la década, no es posible explicar el gran incremento en el desempleo por un aumento en la tasa de participación de la población en el mercado laboral, ya que el crecimiento de la tasa de actividad sigue aproximadamente su tendencia histórica (Lindenboim, 1995).

[8]     Nos referimos al Plan de Jefas y Jefes de Hogar Desocupados.


Ponencia presentada en el Quinto Encuentro Internacional Humboldt. Neuquén, Argentina. Octubre de 2003.







[Adjunto no mostrado: foto lindemboin.doc (application/msword) ]