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Asunto:[encuentrohumboldt] 311/04 - MERCOSUR ¿UNA INTEGRACIÓN FORZADA?
Fecha:Domingo, 1 de Agosto, 2004  15:54:31 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

MERCOSUR

¿UNA INTEGRACIÓN FORZADA?

 

Berardi, Ana Laura

Cogley, Romina

Piñero, Mariela

Universidad Nacional de Mar del Plata

 

 

INTRODUCCIÓN

 

América Latina fue y sigue siendo un espacio controvertido. Nunca ocupó una posición central, aunque siempre aspiró a ello. Tampoco, dado su desarrollo histórico, podemos insertarla dentro de los países subdesarrollados. Bien define Rouquié a América Latina cuando dice que “... ocupa un lugar propio en el mundo desarrollado. (...) Sería en este sentido el Tercer Mundo de Occidente y Occidente del Tercer Mundo”.[1] Esta definición también habla de las idas y venidas, de los adelantos y retrocesos que experimentó y experimenta la región. El Mercosur, totalmente embebido de estas dicotomías, es el bloque que augura prosperidad y despierta esperanzas a la vez que suscita dudas de cara al futuro.

Las naciones de hoy son el resultado de su historia. Por lo tanto, los aciertos y avatares en el interior del bloque son consecuencia de su presente como así también de su pasado. Las economías de los países integrantes no solo no tienen la misma estructura industrial ni el mismo desarrollo económico, sino que tampoco dichos países alcanzan iguales indicadores demográficos. Como consecuencia de esta diversidad intra-bloque, las relaciones comerciales que se generan sufren desigualdades.

A pesar de estos desequilibrios, el Mercosur ha logrado superar varios obstáculos  y resulta sustancialmente significativo para la prosperidad de las economías que lo integran. Hoy el grupo se encuentra en una encrucijada: entre la fusión continental o la unión con la Comunidad Andina de Naciones. De la dirección en la que encamine la solución de esta disyuntiva se jugará el futuro del bloque. Para esto, las decisiones de Brasil y Argentina son de vital importancia.

Considerando este marco general expuesto, nos abocaremos a esbozar un estado de situación que describa el Mercosur como un todo sin dejar de lado la singularidad de las partes. Para ello, los acontecimientos históricos son de vital relevancia. En este contexto, intentaremos entablar una discusión en torno a la fortaleza del bloque. Queda claro que del grado de solidez que presente el mismo dependerá su futura existencia.

 

 

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

 

A mediados de los ´70 la mayoría de las economías latinoamericanas sufrieron un agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, el mismo que había sido el motor económico en décadas anteriores. Como consecuencia de ello, algunos países, como Argentina, implementaron programas basados en la gradual desregulación y liberación de la economía.

De ésta manera, al debilitamiento del modelo anterior se suman algunos impactos externos que afectan a las diversas economías nacionales, tales como los shock petroleros, sucedidos ambos durante la misma década (1973-1974 y 1979-1980). Además, debido a las dificultades en las economías nacionales, se hace creciente el endeudamiento externo, cuya causa obedece a los préstamos contraídos en esos años tanto por los gobiernos de facto como por el sector privado. Esta última deuda luego es traspasada al Estado, como ocurrió en Argentina. En algunos casos, estos créditos fueron utilizados para grandes obras de infraestructura, mientras que en otros responden al boom importador y a la fuga de capitales.

Es así como los principales países latinoamericanos hacen su ingreso a la década del ´80 acarreando una fuerte crisis, lo que la denominó “década perdida”. Durante esta etapa se producen varios cambios en Latinoamérica, tanto económicos como políticos.

En materia económica, la deuda representa un gran peso en las distintas naciones. Las principales corresponden a los grandes países: México, Brasil y Argentina. A ello se le suma la caída del producto per cápita en un 10% aproximadamente, alcanzando algunos países alrededor del 25%, tal es el caso Argentino.[2] Todo esto se manifiesta con una clara desigualdad social.

Por otro lado, en materia política, retornan los gobiernos constitucionales que, al asumir deben hacerse cargo de la deuda creciente que posee el Estado con el exterior.

Hacia el final de la década, y con una crisis agravada, nuevos gobiernos optan por aplicar políticas neoliberales, siguiendo los parámetros que impone el sistema mundial.

Todas estas dificultades y restringidos desarrollos que han atravesado los diferentes gobiernos latinoamericanos, se enmarcan dentro de un contexto de gradual “globalización”. Como consecuencia de este fenómeno es evidente que se hace casi imposible un desarrollo nacional aislado. Frente a este panorama, la integración regional resulta un factor esencial.

“La formación de bloques económicos regionales constituye, paralelamente a la mundialización o globalización de la economía, una de las tendencias cruciales de la realidad internacional actual. Estos bloques son esquemas complejos y contradictorios mediante los cuales se intenta alcanzar, al nivel regional, un equilibrio ventajoso entre el libre comercio y la protección de mercados nacionales”.[3]

 Continuando con lo anterior, Viktor Sukup plantea que estos bloques sostienen   distintas opiniones acerca de la integración regional como instrumento de desarrollo y de inserción más dinámica en la economía mundial. Además, éstos vinculan la economía globalizada con los intereses nacionales, los cuales no son siempre concordantes entre los países miembros. Las diferencias intragrupo, que en algunos casos pueden ser mayores debido a presiones externas, pueden llegar a hacer peligrar la continuación del proyecto de integración. Igualmente, frente a la economía global, los bloques pretenden representar los distintos intereses nacionales de sus miembros.

En América Latina uno de los primeros bloques o asociaciones fue la llamada “Asociación Latinoamericana de Libre Comercio” (ALALC). Dicha asociación fue fundada en 1960, agrupando casi la totalidad de los países latinoamericanos. A los pocos años la ALALC perdió importancia y, más tarde, fue reemplazada por la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), agrupando a los mismos países miembros. Su objetivo es el de lograr un aumento en los márgenes regionales con preferencia entre los países que la integran.

Tanto la ALALC primero como la ALADI actualmente han tenido más contras que pro, entre otras cuestiones, debido a las diferencias en cuanto estructura de los países que la integran, a su dependencia con respecto al comercio, capitales y tecnologías exteriores y a la debilidad de los intercambios. Frente a esta situación resulta complicado superar estas dificultades. Con el tiempo, se vislumbró claramente que los países más grandes (México, Brasil y Argentina) lograron mayores ventajas con respecto a los intercambios, mientras que los demás miembros tendían a acarrear con los costos. La causa principal de estas diferencias correspondería a que ante la liberalización de intercambios en función a criterios de libre mercado, ha traído mayores ventajas en los países más desarrollados del bloque.

Al referirse a esta problemática, Sukup plantea que la asociación se corresponde con una suerte de “Subdesarrollo integrado”, dado que los beneficios tienden a concentrarse en contados países, más concretamente en el capital privado proveniente de las empresas extranjeras. Por lo tanto, en lugar de incentivar el intercambio entre sus miembros, los desvirtuó. (Sukup, 1999)

Paralelamente a la ALADI, en América Latina, se han originado otros bloques o mercados comunes con menos cantidad de países miembros y limitados, en su totalidad, geográficamente. Uno de estos bloques, el cual es centro de nuestro trabajo, es el Mercosur

El primer paso hacia esta integración fue dado por los gobiernos de Argentina y Brasil, en noviembre de 1985, en el cual, mediante acuerdos bilaterales, pusieron en marcha un nuevo tipo de integración. Dichos acuerdos coincidieron con un proceso de reestructuración económica y de mayor apertura en ambos países.

En este contexto, la cooperación e integración bilateral pasó a constituir una prioridad política de ambas naciones.

A principios de la década del ’90 estos países con nuevos gobiernos, que adhieren a políticas neoliberales, decidieron intensificar las relaciones bilaterales, acortar los tiempos y avanzar sobre el tratado de integración regional. En marzo de 1991, Uruguay y Paraguay se incorporan al proyecto mediante la firma del Tratado de Asunción, que da origen al Mercado Común del Sur (MERCOSUR). El mismo entró en vigencia el 1º de enero de 1995.

Previamente a la entrada en vigor del Tratado, los países miembros se suscribieron al Tratado de Ouro Preto, mediante el cual se implanta un órgano permanente y comienza a regir el arancel externo común que, conjuntamente al inevitable intercambio mutuo, dio lugar a la unión aduanera. El fin que persigue el establecimiento de un órgano institucional gira en torno a preparar al Mercosur para objetivos mayores y procesos de negociaciones más profundas con otros países, grupos de países y organismos internacionales.

La idea inicial era que a partir de la firma del Tratado y hasta su entrada en vigencia, se redujeran los aranceles paulatinamente hasta su eliminación total. Hacia finales de 1994, Argentina y Brasil habían respondido a lo acordado con una liberación del comercio que abarcaba cerca del 90%, con la expectativa de llegar a su totalidad en el año 2000. Aquellas mercancías que no integren el común arancelamiento conforman una lista de productos exceptuados, lo que posibilita la aplicación de medidas proteccionistas. Durante los últimos años, se han producido graves discordancias dentro del acuerdo por la discrepancia en torno a lo establecido. Tal es el caso de los sectores azucarero, lácteo, textil y automotriz.

En lo que concierne a la política comercial común frente a terceros, este tema ha presentado serios problemas intragrupo y aún no puede hablarse de una política común. Las negociaciones vinculadas al arancel externo común no resultaron sencillas, principalmente por la confrontación de intereses de los países. De este modo “para Uruguay y Paraguay, por ejemplo, significaba una desventaja aumentar los aranceles a los bienes de capital y a los productos de alta tecnología, mientras que Brasil y Argentina, contrariamente, estaban interesados en proteger esos sectores de la competencia externa”[4].

Si bien en  algunos temas aún se mantienen  tratativas, el bloque ha logrado alcanzar varios objetivos como tal, que se vislumbran claramente en la multiplicación del comercio dentro del grupo. Lo cual incide sobre las economías nacionales y más concretamente sobre las economías de sus dos grandes socios.

Pese a que Argentina y Brasil han logrado mayores beneficios dentro del mercado regional, cabe destacar la mayor diferencia en cuanto a estrategias políticas como naciones frente al bloque. Durante la década anterior, Argentina privilegió el comercio y la organización macroeconómica, sin tener en cuenta las desigualdades existentes. Mientras que Brasil actuó con una política más definida, en torno a algunos mecanismos institucionales, particularmente en el sector industrial.  En relación con lo anterior, se puede inferir que Brasil puso mayor peso en la estrategia política que en las cuestiones económicas. Quizás este haya sido el instrumento utilizado para fortalecer su capacidad y lograr una preeminencia en las decisiones del grupo. Planteando que “la faz económica es la dimensión operativa del proyecto político”[5] Calcagno y Calcagno  encuentran la diferencia de enfoques entre la posición argentina y brasilera.

En los últimos años la devaluación del Real  ha impactado negativamente en las diversas economías nacionales de la región. En el caso argentino, sufriendo una tendencia de fuerte emigración de empresas hacia Brasil, con cierre definitivo en Argentina o la conocida avalancha de turistas hacia ese país. Aquí es innegable que deberían mantenerse las medidas del Tratado que aseguran “condiciones adecuadas de competencia entre los Estados”.

Actualmente la devaluación del peso argentino ha vuelto a impactar dentro del bloque. Con respecto a lo mencionado anteriormente, aún es un hecho reciente como para formular algún tipo de predicción certera. Queda por ver las diversas negociaciones a las que pueda acceder Argentina para sortear la crisis que atraviesa el país.

 

 

UNA MIRADA HISTÓRICA

A LOS PROCESOS ECONÓMICOS DE LA REGIÓN

 

“La historia del siglo XX aparece sesgada desde el punto de vista geográfico y no puede ser escrita de otra manera por el historiador que quiera centrarse en la dinámica de la transformación mundial”[6].

Tomando estas palabras del historiador Eric Hobsbawn, desde el otro polo, el geográfico, y asumiendo el comportamiento dialéctico de ambas disciplinas, es por demás evidente que debemos mirar hacia atrás, es decir debemos mirar a la historia.

Y “la historia cuenta”, dice Benjamín Coriat[7], por lo tanto, para poder comprender los procesos económicos actuales es fundamental conocer el pasado de los países que competen al trabajo y sus relaciones con las demás naciones del mundo.

El principio del siglo XX encontró a Argentina, en una inmejorable situación económica. El modelo agroexportador, devenido de la clase política oligárquica reinante, generó una activa participación en la división internacional del trabajo, sobre la base de las ventajas comparativas del sector agropecuario. (Sukup, 1999)[8]. Conjuntamente a esta situación, la masiva ola inmigratoria y las inversiones de una todavía poderosa Gran Bretaña, hicieron de la Argentina una de las economías más prósperas del mundo. Una situación similar ocurría en la vecina nación uruguaya, quien al igual que la Argentina basaba su economía en la exportación de productos de clima templado.

Brasil, tampoco era ajeno a esta dinámica mundial,  en palabras de Sukup, este país “nació en el nordeste (Bahía) como un gran emprendimiento mercantilista transcontinental para producir azúcar, entonces el principal producto del comercio mundial”.[9] Este desarrollo económico se daba fundamentalmente gracias a la mano de obra esclava. Una vez abolida la esclavitud, esta masa de trabajadores se convierte en asalariados, la cual encuentra su fuente laboral en los cafetales del ya incipiente São Paulo.

La crisis del ’30 y posteriormente la segunda contienda mundial marcan el final de esta etapa de propensión exportadora.

El nuevo orden mundial conlleva a la reorganización de la economía: la crisis económica que afectó a todo el mundo capitalista y el conflicto bélico de la década siguiente coadyudaron al desarrollo de la industria en las zonas periféricas, bajo lo que se denominó el proceso de sustitución de importaciones.

En este contexto, tanto en Argentina como en Brasil, los factores internos eran favorables: bases industriales preexistentes, pero débiles, mercado interno lo suficientemente importante (aunque sustancialmente mayor en Brasil) y, sobre todo un estado de corte populista que fomentó el desarrollo industrial, dejando de lado lo que otrora fuera el motor de la economía: el comercio de materias primas.

Ahora bien, aunque en ambas naciones sufrieron procesos en apariencia similares, las diferencias son importantes y hasta decisivas en épocas posteriores. Por un lado, dentro de esta etapa económica, se pueden apreciar diferentes momentos:  lo que se denomina la primera fase sustitutiva, donde el desarrollo se basó principalmente en la generación de la industria liviana. Este periodo proteccionista  representativo de  la posguerra, implicó una notable caída de las importaciones. Como menciona  Aldo Ferrer, en Argentina, “la industria asumió el liderazgo del proceso de crecimiento. La producción de textiles, alimentos y de la química y metalúrgica liviana, registraron las más altas tasas de crecimiento”.[10]

La muerte de Getulio Vargas en 1954 y el derrocamiento de Juan D. Perón, marcan el inicio de una nueva etapa, la cual se conoció como segunda fase sustitutiva de industrialización. En este nuevo contexto, la prioridad para ambos países fue el desarrollo de la industria pesada con fuerte inversión de capitales extranjeros. La década del ’60 estuvo marcada por importantes crisis económicas y desestabilización de las estructuras sociales y políticas en ambos países. Aquí surgen divergencias en el proceso económico que empezaban a recorrer cada una de las naciones, en Brasil, luego de la caída de la economía de principio del ya mencionado decenio, el golpe militar, a diferencia de otros regímenes similares en Latinoamérica, mantiene y refuerza el importante papel del Estado en el desarrollo industrial, fomentando a las empresas públicas. (Sukup, 1999).


Cuadro 1: Crecimiento del PBI, de la producción industrial y agrícola de Argentina y Brasil.

 

 

1950/55

1955/60

1960/65

1965/70

PBI

 

 

 

 

Argentina

3.0

3.2

3.5

4.1

Brasil

5.7

5.9

4.2

7.1

Prod. Industrial

 

 

 

 

Argentina

3.8

3.8

4.1

5.0

Brasil

8.1

10.3

4.9

10.3

Prod. Agrícola

 

 

 

 

Argentina

4.1

-0.4

2.1

1.1

Brasil

5.0

3.7

6.9

3.0

(Fuente:  C. Furtado, “La economía Latinoamericana. Formación histórica y problemas contemporáneos.)[11]

 

Sí tenemos en cuenta los datos que arroja el cuadro 1, se puede ver claramente el predominio de Brasil sobre todos los indicadores de la economía Argentina. Esta situación que se manifiesta claramente para esta etapa de la economía de ambas naciones, seguirá el mismo curso e incluso profundizará las inequidades hasta la actualidad. Sobre esta situación Mariana Vázquez señala lo siguiente: “una de las más importantes asimetrías, es la existencia de tradiciones diferentes en Brasil y Argentina. Una ventaja estratégica del país vecino es la continuidad de los grandes ejes de la política económica y de los objetivos de la misma, adaptados a cada momento de su propio proceso histórico y del contexto económico internacional. Brasil no deja de esforzarse por conservar las líneas centrales de su proyecto nacional”.[12]

La década de los ’80, sumergió a todos los países de América Latina en una profunda crisis, donde la inflación y el aumento estrepitoso de la deuda externa,   conllevaron al colapso de las economías ya golpeadas. 

De esta manera, el nacimiento del Mercosur se da en el marco de una década signada por los grandes cambios sucedidos a escala mundial. Con la caída del bloque soviético, el mundo bipolar se volvió multipolar desde el punto de vista económico. En este contexto, el neoliberalismo impuesto desde las potencias hegemónicas y los organismos internacionales es la receta para combatir la inestabilidad económica y pauperización que dejó como saldo la década perdida.

De la misma forma, el modelo impuesto, llevó a crear políticas de estabilización a fin de frenar la inflación crónica, “reina” de la década anterior. Tanto el Plan Real como el Plan de Convertibilidad intentaron equilibrar los procesos macroeconómicos, suceso que ocurrió al menos por algunos años.

En este marco de aparente orden es cuando el Mercosur, entra en vigencia.

 

 

Las asimetrías de los intercambios comerciales

 

Este bloque económico que nació con el propósito de promover los intercambios con equidad, desde un comienzo estuvo signado por los desequilibrios. Nada más pertinente que retomar la frase de Benjamín Coriat “La historia cuenta” para explicar las relaciones que entre los socios del bloque, y a su vez éste como un todo inmerso dentro de la dinámica mundial. Y esa historia marca no solamente, el diferente grado de desarrollo de los cuatro socios al interior, sino también muestra su posición de periferia “retrasada”, en el contexto de la economía mundo.

El Mercosur como bloque absorbe alrededor del 25% de las exportaciones de sus socios; pero lo que significa para cada de estos difiere  ostensiblemente. Para Paraguay y Uruguay representa el 61% y 55% de sus exportaciones respectivamente, para la Argentina el 36% y para Brasil 17%.[13] Como se observa, se podría trazar una línea inversamente proporcional, a menor grado de desarrollo mayor es la dependencia económica con respecto al bloque.

Ahora bien, como se mencionó anteriormente, sólo el 25% de las exportaciones de los socios tienen como destino el bloque, por lo que creemos pertinente esbozar una breve descripción del comercio que mantiene cada país con el resto del mundo.

En el caso de Argentina, el porcentaje de sus exportaciones (36%), a simple vista demostraría que su dependencia respecto del bloque sería relativa.  Sin embargo, sí tenemos en cuenta que uno de los integrantes del bloque, Brasil, es su principal socio comercial, con casi un cuarto de los intercambios,  el cuadro varía. Esta situación nos permite hacer varias apreciaciones.

En primer lugar, es pertinente tener claro que estamos hablando de un proceso de integración periférico, en condiciones de atraso relativo con respecto a su similar asiático, que en la actualidad se ha convertido en la periferia dinámica que otrora fuera Latinoamérica. De acuerdo con estas características, el desarrollo de  productos competitivos a nivel mundial es ostensiblemente limitado. Sí a eso le sumamos que gran parte de las actividades industriales son generadas por  multinacionales, que  tienen como política la producción para la región y no precisamente para los mercados centrales, y que; Brasil por mercado interno, desarrollo de infraestructuras, competitividad y políticas impulsadas desde el gobierno, resulta más atractivo para la instalación, la situación de Argentina se agrava.

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, el progresivo aumento de los intercambios con su socio mayoritario muestra la pérdida de presencia mundial, sobre todo en los intercambios con Europa Occidental (representa el 20.3% de sus exportaciones y el 29.9% de sus importaciones), a quien por historia estuvo íntimamente relacionado. Pero esta situación también debe ser tomada en cuenta con precaución, ya que el bloque comunitario, luego de Brasil, representa el mayor volumen de su comercio, especialmente con España, Francia e Italia, países que tienen gran presencia en la Argentina,  sobre todo como consecuencia de los procesos de privatizaciones que se gestaron a mediados de los noventa bajo la presidencia de Carlos Menem. De igual manera, esta situación marca la debilidad de los intercambios, ya que con todos estos países presenta déficits, devenidos de la comercialización de productos que varían significativamente en su valor agregado, principalmente por la importación de bienes de capital para el desarrollo de sus empresas en este país.

En tercer lugar, debemos tener presente a EEUU. Este país es el segundo socio comercial de Argentina, un 11, 4 % de los productos se dirigen hacia el país del norte y de éste provienen un 19.6%. Al igual que lo que sucede con la Unión Europea, en este caso se produce déficit, por un lado por la similitud que tiene con el bloque europeo con respecto a los intercambios y a esto se suma que tiene como principal socio latinoamericano a México, el cual mantiene alrededor del 80% de los intercambios con el socio principal del Nafta. En este caso, la cercanía geográfica, juega un papel muy importante. De igual manera, la presencia norteamericana es de notable relevancia.

Siguiendo la lógica, de las demás potencias mundiales, Japón no podía ser la excepción, sin embargo la presencia nipona en nuestro país, al igual que en toda la región es mucho menos significativa que las dos restantes: sólo representa un 2.3% de las exportaciones de Argentina y 4.2% de las importaciones. Esta débil presencia, en términos relativos, se debe principalmente a que sus intereses comerciales se encuentran estrechamente ligados a sus vecinos, tratando de afianzar el bloque asiático.

Por último, y producto de todo lo expuesto anteriormente, los intercambios con el resto del mundo son poco significativos. Fundamentalmente, se trata de mercados, que en algunos casos son eventuales, en donde Argentina tiene la posibilidad de colocar,  preferentemente commodities y productos alimenticios, mercancías que no puede comerciar con la Unión Europea y EEUU por producirlos en sus propios países o, en el caso de la  Europa Comunitaria, que da prioridad a las naciones del este europeo.

  En el caso del principal país del Mercosur, en términos económicos, de población y territorio, es el que menor dependencia del bloque tiene. Como se mencionó anteriormente, es el que mayor atractivo ofrece para la instalación de  empresas transnacionales. El Mercosur es el primordial mercado para las exportaciones brasileñas de alto valor agregado. Como menciona Helio Jaguaribe, las exportaciones de estos productos tienen como destinos los países del Mercosur y demás de América  del Sur. Estos productos no tienen cabida en los países centrales.

Al igual que Argentina, no guarda una fuerte dependencia con los EEUU, aunque los lazos comerciales con el mismo son relevantes, un 18% de las exportaciones van a este país y un 21% provienen de éste.

Cabe destacar que su situación comercial, con respecto a sus intercambios, es similar a la de Argentina. La diferencia radica, en la diversificación de su economía y su mayor desarrollo industrial.

En el caso de los dos socios menores del Bloque, Paraguay y Uruguay, su situación es de mayor dependencia con respecto a éste. Básicamente su desarrollo económico está basado en las actividades primarias y los productos encadenados a éstas. Por lo tanto, sus intercambios comerciales están limitados a la venta de estos productos, lo que provoca un desarrollo poco favorable para sus economías. Esta condición se ha visto agravada en la última década por las devaluaciones tanto en Brasil como en Argentina, lo que ha restado competitividad a sus ya debilitadas economías. 

Esta radiografía del comercio de los integrantes del bloque, nos permite observar, por un lado las asimetrías que existen al interior del mismo, lo que en muchas situaciones ha generado discrepancias. Por otro, sería importante intensificar los intercambios dentro de éste, teniendo en cuenta que todos los integrantes presentan déficit comerciales con los países centrales.

 

 

PROBLEMÁTICAS DE UNA POSIBLE INTEGRACIÓN

 

En los últimos años, América Latina, y especialmente el  Mercosur se encuentran en una encrucijada. Esta región se halla en el medio de una disputa entre los países centrales. EEUU puja por seguir siendo la potencia hegemónica. Para ello, es primordial que termine por alinear a toda América definitivamente bajo su cuidado. Por su parte, la Unión Europea no quiere quedar fuera, y lucha por su permanencia y robustecimiento en la región. Se trata de afirmar por parte de los dos oponentes el sistema de dominación, donde  los mercados emergentes están cumpliendo una función substancial. Bien lo expresa Luis Bilbao cuando afirma que “ en el norte muestran los colmillos; en el sur se dan las dentelladas”[14].

En otro extremo de los acontecimientos América del Sur está buscando una integración que sea ajena a las disputas del norte. Brasil, seguido por otros países de la región, se encuentra impulsando las negociaciones en este sentido. Las alternativas son variadas y de la elección  de una u otra depende el futuro desarrollo de la región.

 

 

El Mercosur en el ALCA

 

El Area de Libre Comercio de las Américas es la versión actualizada de la Doctrina Monroe y de la Alianza para el Progreso. Ahora con la propuesta “Desde Alaska a Tierra del Fuego”, EEUU pretende consolidar la integración regional. Bajo este lema tan unificador como uniforme, intenta homogeneizar a toda la región y anhela hacer lo mismo con el contenido de su propuesta.

La meta de este tratado es la libre circulación de mercancías y de capital, no de personas. Para ello, procura asegurar las inversiones y brindarle a todas las empresas trato nacional. También propone revisar el papel del sector público en cuanto salud, educación, cultura y temas estratégicos. Alrededor de estos ejes se crearon los grupos de negociación: *Acceso a mercados, *Agricultura, *Servicios, *Compras del sector público, *Inversiones y Subsidios y *Antidumping y Derechos compensatorios.   

El ALCA intenta profundizar el modelo de desarrollo que viene experimentando América Latina. La simplificación de la estructura industrial en su conjunto y, especialmente, de algunas regiones que poco a poco van ganando fuerza en un desarrollo con mayor independencia del norte (léase Brasil). Resulta evidente que muy pocas empresas de América Latina están en condiciones de competir de igual a igual con  sus pares norteamericanas. Como afirman Calcagno y Calcagno “... con el arancel cero del ALCA, las manufacturas estadounidenses barrerán del mercado sudamericano a los productos nacionales. Se terminará así con la veleidad industrializadora y volveremos al redil de los productores de materias primas y mano de obra barata”[15]. América del Sur tampoco sería seductora para la instalación las maquilas por su lejanía geográfica.

Con esta perspectiva se crearía una especialización excluyente y las economías se tornarían drásticamente vulnerables. Por un lado, la demanda de materias primas esta condicionada a su génesis (los productos de clima templado no encontrarán muy buena aceptación) y a los avances tecnológicos; por otro, la mano de obra barata será ofertada por toda la región, lo que significa tener que adicionarle otro tipo de ventajas para su atracción (disminución de impuestos, daños irrestrictos al medio ambiente, etc).

A los objetivos económicos se suman los geopolíticos. Es necesaria la dominación de los pueblos en pos de poder implementar su duro plan. Esta estrategia ya tiene nombre “Plan Colombia”. Bajo la excusa de la lucha contra el narcotráfico, EEUU envió tropas a Colombia. La presencia militar norteamericanas se exhibe en las bases militares  localizadas en América Central y América del Sur.

El tratado ALCA supera en jerarquía a las constituciones nacionales, exceptuando a la de EEUU [16]. Así, los estados-naciones verían reducida drásticamente su capacidad de acción.

En la esfera social, se profundizaría la desigual distribución de los ingresos incrementando la polarización y estratificación social. La pauperización de las condiciones de vida y del trabajo con la consiguiente ampliación de la subocupación y desocupación estarían entre algunas de las consecuencias. 

 

 

Integración Iberoamericana: Una opción pausada

 

La Unión Europea no queda fuera de esta tendencia de integración que estimula el sistema económico mundial. Este bloque, por lazos históricos, es un socio vital  para América del Sur y esencialmente para el Mercosur. Su intención es consolidar un acuerdo de cooperación económica con todos los países de Iberoamérica en donde estaría incluida Cuba. Sus negociaciones han sido más lentas y precavidas que las que presenta EEUU. A mediados del mes de mayo en la Cumbre Iberoamericana, Aznar se manifestó a favor de la integración pero se abstuvo de poner una fecha para su inicio. Agregó que era necesario que la región austral del continente americano ordene su situación política y económica, haciendo alusión a las crisis institucionales y económicas de la zona.

 

 

Integración Sudamericana ¿otra alternativa?

 

Los países de América del Sur tienen una alternativa de integración autónoma. Esta propone una unión entre iguales, entre naciones que no reconocen diferencias extremas en cuanto desarrollo económico.

Brasil es el principal impulsor de esta propuesta, en vistas que de no mediar EEUU, la potencia regional de erigirá como país dominante. Esta nación “... está ansiosa por alzarse como potencia hegemónica en la región, mediante el Mercosur (...), como alternativa al dominio estadounidense”[17]. Como bien lo plantea Eric Hobsbawn, Brasil ha sido históricamente la economía “... siempre a punto de convertirse, aunque sin lograrlo nunca, en los Estados Unidos del hemisferio sur...”[18], sin duda, sus últimos esfuerzos apuntan a obtenerlo.

El Área de Libre Comercio para Sudamérica (ALCSA) busca la fusión del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) con la Comunidad Andina de Naciones (CAN). En una reunión de estos bloques en Junio del 2001 se reafirmó la necesidad de fortalecer los mecanismos regionales para aumentar los intercambios. Junto a ello se sostuvo la importancia que tenía para la región la combinación y convergencia de los bloques para afrontar con una posición más sólida las negociaciones con la Unión Europea y los EEUU. El año anterior, estos mismos países habían firmado una declaración reivindicando el espacio ampliado, es decir, la integración de las naciones de la región.

Los países integrantes de los bloques mantienen estrechas relaciones comerciales, en especial, de aquellos productos en los que no son competitivos a nivel internacional, llámese manufacturas de origen industrial y productos tecnológicos. "De las exportaciones sudamericanas, el 55,4% de las manufacturas " nuevas" de origen industrial quedan dentro de la región ..."[19]. De no optarse por el ALCSA, estos intercambios se verían interrumpidos por la falta de competitividad de las economías de la  zona ante la entrada masiva de productos norteamericanos.

Las relaciones de fuerza que se juegan dentro del ALCSA son mucho más laxas que las que ofrece el ALCA. Si bien, los países que lo integran mantienen ciertas diferencias en cuanto a la estructura industrial y al nivel tecnológico, estas desigualdades no impedirían un desarrollo relativamente más equitativo y prospero para todas las naciones que lo componen.  

El Mercosur significa cerca de la mitad de la población del subcontinente y genera algo más del 50% del producto bruto regional. Dada la magnitud del bloque  dentro  del contexto  subcontinental, si éste optara por un proyecto autónomo con eje en la industria y el mercado interno, la hegemonía mundial vería jaqueado su plan. Sin estos dos bloques no hay ALCA. Deja de tener sentido una integración sin las economías donde aún quedan algunos vestigios de población con alto poder adquisitivo donde el país del norte pueda insertar sus productos de mayor valor agregado. Por otra parte, EEUU ya tiene bajo su tutela los países de América Central y México, y es solo América del Sur la que se escapa en mayor proporción a su órbita. También lo inquieta la incesante y próspera relación comercial que poco a poco se va afianzando con los países asiáticos y la ya consolidada con la Unión Europea.

De implementarse el ALCSA, las perspectivas de desarrollo son más auguriosas. Esta mayor armonía permitiría un superior desarrollo relativo que incentivaría la industria, la difusión del progreso técnico y la expansión del mercado interno. Consecuentemente esto se traduciría en una mayor productividad, en creación y en la mejora de las condiciones de empleo y en la diversificación de las exportaciones. Las naciones sudamericanas necesitan una mayor capacidad de maniobra para poder desarrollar una economía de mercado más seria y responsable que apunte a una penetración sólida en el comercio internacional.

Es la decisión de ser o no Estados-Naciones soberanos donde el desarrollo sea  autárquico. Junto a un plan económico que rompa con los preceptos neoliberales, debe haber políticas certeras que apunten a revertir el hondo resquebrajamiento de los tejidos sociales producidos en las décadas de los 80’y 90’. Una mejor repartición de la riqueza  en pos de combatir la polarización social, la pobreza y la marginalidad. Una nivelación educativa de toda la población y un mejor acceso a los servicios sanitarios y a los sistemas previsionales. Para ello, es esencial crear un órgano político coordinador que evalúe y monitoree su ejecución en las regiones que más lo necesiten.

Es necesario que América del Sur tome una posición firme en  cuanto a su futuro desarrollo y se sume al creciente rechazo mundial del neoliberalismo, que crece de manera irresistible y plural. Es su oportunidad de ser la expresión espacial de las construcciones alternativas al pensamiento único.

 

 

CONSIDERACIONES FINALES

 

 América Latina se posiciona en la economía mundo en una condición desfavorable. Su situación política, económica y social dista mucho de ser satisfactoria. La voluminosa deuda externa, el pauperizado mercado interno y su frágil perfil industrial, nos hablan de un continente debilitado por los avatares de la mundialización.

Atrás quedaron los tiempos de Latinoamérica en el rol de la periferia dinámica. Es que a principios de siglo, la inserción en el mercado mundial como proveedora de materias primas resultaba ventajosa. Pero los tiempos cambiaron y la región se quedó en  el pasado. Ya no se es competitivo vendiendo lo que el campo o las haciendas pueden producir. Y es consecuencia de su historia. Los estados nacionales perdieron su autonomía al renunciar a un proyecto nacional autárquico, cediendo ante el capital hegemónico, favorecido por la desregulación de la economía, la especulación financiera y la privatización del sector público.

Bajo estas condiciones se inserta el Mercosur, que sin lugar a dudas lleva la carga de su posición geográfica y de su historia. Este bloque como tal, es el fiel reflejo del lugar donde se gestó: Latinoamérica. En comparación al Nafta y al Asean, no sólo ha registrado una caída durante la década del ’90 como proveedor para el mundo, sino también como destino para las exportaciones mundiales. Esto demuestra el grado de vulnerabilidad que presenta con respecto al sistema global; y señala el papel central que cumple el bloque para los intercambios de sus miembros.

Ahora bien, sí analizamos el Mercosur en el contexto regional, la situación difiere relativamente de lo expuesto en el párrafo anterior. El desarrollo industrial brasilero, tiene no sólo como destino a los países del bloque, sino que también produce para los mercados cautivos que conforman la Comunidad Andina de Naciones.  Sin duda el hecho de que Venezuela se encuentre dentro del CAN, implica una importancia adicional. Este país, juega un rol vital  como proveedor de petróleo.

Bajo estas circunstancias, es relevante plantear la postura que asumen tanto EEUU, como la Unión Europea. El proyecto de integración que  propone la potencia continental (ALCA), tiene como objetivo principal, la colocación de sus mercancías dentro del continente, de proveerse de materias primas y mano de obra barata, además de consolidar definitivamente su posición hegemónica. Por otra parte, entra en escena el bloque europeo, quien intenta obstruir los planes de su competidor. La conformación del ALCA, implicaría que la Unión Europea rompiera los lazos que hasta la actualidad la unen con los socios del Mercosur, además la legitimación de EEUU como el socio más influyente del continente, significaría que el país del norte ha ganado una batalla en la pugna por el control mundial.

Ante estas alternativas de integración surge otra de carácter regional: el ALCSA. Este proyecto, sin embargo, presenta puntos a favor y en contra. Por un lado, de concretarse, permitiría una relativa autonomía respecto de los países centrales, ya que se trata de una asociación entre economías emergentes, que si bien tienen diferente grado de desarrollo no dejan de ser periféricas. Sin lugar a dudas, la conformación de este bloque regional significará que Brasil ha cumplido sus objetivos, ya que es esta nación, por su posición de líder sudamericano, quien se verá  mayormente beneficiada.

 Si bien este proyecto de integración, en apariencia resulta alentador, se debe tener en cuenta que es solamente un intento de asociación entre economías periféricas, que además han perdido su posición de dinamismo a nivel mundial. Bajo estas circunstancias, las condiciones de desarrollo de la región se encuentran absolutamente limitadas.

De esta situación se desprende que, tanto el Mercosur, o en caso de conformarse el ALCSA, muestran diversas realidades según que socio se analice. Indudablemente, los procesos de integración favorecen a los estados – naciones que disponen de una base industrial y un nivel de desarrollo más sofisticado. Mientras que los países que se encuentran en una  condición más desfavorable, siguen reproduciendo, en mayor o menor medida, su condición de dependencia.  

Frente a este espectro de posibilidades cabe preguntarnos, hasta que punto los proyectos de integración del subcontinente  devienen de una condición de voluntad de cada una de los miembros, o forman parte de una situación forzada por su condición de atraso y débil inserción en la economía mundial, aunque esto signifique reproducir las mismas características de sumisión ante los socios más competitivos de la región. Queda claro que la elección de una u otra instancia no modificará su posición, sino se apunta a la  reestructuración de las bases del sistema político y económico que permitan un desarrollo con relativa autonomía del capital hegemónico.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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Sukup, Viktor. “América Latina, 2000 ¿Unida y Dominada?. Centro de Estudios Alexander von Humboldt. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro. Bs. As, Junio de 1999.

 



[1] Rouquié, A. “Extremo Occidente. Introducción a América Latina”, EMECÉ, Buenos Aires, 1994

[2] Sukup, V. “América Latina, 2000 ¿Unida y Dominada?”, Centro de Estudios Alexander von Humboldt. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro. Bs. As, Junio de 1999.

[3] Sukup, V. Op. Cit.

[4] Elementos para el análisis de las oportunidades y retos que implica la vinculación con el mercado Común del Sur, en www.lanic.utexas.edu

[5] Calcagno, Alfredo E. Y Calcagno Eric, “Un proyecto regional que reclama grandezas de miras”, en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur,  año I, Nº10, abril 2000.

[6] Hobsbwan, Eric, “Historia del Siglo XX, 1914-1991”, Ed. Crítica, Barcelona, 1995.

[7] Solanas, F. y Vázquez, M., “Mercosur: Estado, Economía, comunicación y cultura”. Oficina de publicaciones del CBC, Universidad de Buenos Aires. Diciembre de 1997, Buenos Aires.

[8] Sukup, V., op. cit.

[9] Sukup, V., op.cit.

[10] Ferrer, A. “El devenir de una ilusión. La industria Argentina: desde 1930 hasta nuestros días”. Sudamericana, 1989. En Sukup, V. Op.cit.

[11] Citado en : Sukup, V. op.cit.

[12] Solanas, F. y Vázquez, M. op.cit.

[13] Ferrer A. y Jaguaribe H., Argentina y Brasil en la globalización ¿Mercosur o ALCA?, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001.

[14]Bilbao Luis, “Estados Unidos y la Unión Europea confrontan en Sudamérica”, en Le Monde Dilomatique, edición Cono Sur, año II, Nº22, Abril 2001, pág. 13.

[15]   Calcagno A. y   Calcagno E., “Sudamérica es el camino”, en Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, año II, Nº 15, Septiembre 2000, pág. 6, 7 y 8.

[16] “... en Estados Unidos la legislación nacional se sobrepone a los tratados internacionales. (...) cualquier producto (o maniobra) que amenace a su competidor norteamericano, rápidamente sería objeto de la aplicación de restricciones unilaterales. ” Bajo estas reglas es netamente imposible competir con la mayor economía mundial. Citado en Ferrer A. y Jaguaribe H.,  Op. Cit., pág. 84.  

[17] Henwood, Doug, “Acaparando el hemisferio”, en Atendiendo el patio trasero. La política de Washington hacia América latina después de la Guerra Fría, Vol. XXXIV, Nº3, Noviembre/Diciembre 2000.

[18] Hobsbwan, Eric, op.cit.

[19]   Calcagno A.  y  Calcagno E., op. cit.


Ponencia presentada en el Cuarto Encuentro Internacional Humboldt. Puerto Iguazú, Argentina. Setiembre de 2002.