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Asunto:[encuentrohumboldt] 306/04 - EN LA ANTESALA DEL CHACO
Fecha:Jueves, 29 de Julio, 2004  15:31:48 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

EN LA ANTESALA DEL CHACO.

LA REDEFINICION ESPACIAL Y PRODUCTIVA EN EL ESTADO NACIONAL

 

María Gabriela Greco[1]

 

Resumen:

 

            La región del Chaco pareció olvidada de los principales circuitos económicos y productivos durante muchos años, siendo solo ocupada en su periferia. Recién en las últimas décadas del siglo XIX el “hombre blanco” ha avanzado por el Oeste sobre el Chaco salteño.

Además de campañas militares e instalación de líneas de fuertes y fortines, cuyo objetivo explícito consistía en someter al indígena; hubo empresarios (vinculados a las actividades azucareras, forestales y ganaderas), científicos y religiosos que recorrieron, y en algunos casos se asentaron,  en diferentes  zonas del sector oriental de la provincia de Salta. Esta población, ya sea directa o indirectamente fue útil al nuevo Estado a partir de la ocupación de tierras y la incorporación subordinada del indígena.

            El objetivo del presente trabajo consiste en analizar los mecanismos utilizados para lograr el control territorial y social a favor de las nuevas actividades productivas.

 

 

 

Consideraciones previas

 

            En los primeros años del siglo XIX, se produce un quiebre en el sistema colonial y una paulatina gestación de un Estado Nacional, el cual necesitaba la apropiación, el conocimiento y el control del espacio y la población. Oszlak (1981) sostiene que la formación de un Estado es parte de un proceso en el que se definen distintos planos y componentes que van estructurando una determinada vida social. Dicho proceso requirió de varias décadas para su consolidación.

            En el marco de este proceso la Argentina transformaba vertiginosamente su estructura económica, social y productiva; y en la segunda mitad del siglo XIX se insertaba en el mercado internacional como proveedora de materias primas y alimentos. Al mismo tiempo el país incorporaba importantes cantidades de inmigrantes de origen europeo y asiático y necesitaba crecientes extensiones de tierra y mano de obra.

En este escenario se hacían permanentes referencias a la necesidad de ocupar los llamados “espacios vacíos”, como también a dar solución al “problema indígena”. Efectivamente los indígenas constituían un problema, a menudo así mencionado en proyectos y trabajos de la época. Los indígenas eran vistos como el atraso y la barbarie. Eran vinculados a la improductividad y al ocio. También se hablaba de las tierras hostiles, para referirse a las tierras donde vivían los indígenas.

            Lagos (2000) sostiene que en la década de 1870 el hombre blanco apenas se había asentado en el borde oriental chaqueño a orillas del Paraná. Desde el Oeste avanzaba sobre el Chaco salteño[2] y en el norte santiagueño y santafecino daba sus primeros pasos a frontera forestal. Hacia 1920 no había rincón del Chaco[3] en el que no hubiera penetrado (Lagos, 2000:29)

            Además de militares e instalación de líneas de fuertes y fortines, cuyo objetivo explícito consistía en someter al indígena y ponerlo al servicio de las nuevas actividades productivas como fuerza de trabajo; hubo empresarios (vinculados a las actividades azucareras, forestales y ganaderas), científicos y religiosos que recorrieron, y en algunos casos se asentaron,  en diferentes  zonas del sector oriental de la provincia de Salta. Estas “nueva población” pasó a formar parte del proyecto del Estado Nación que buscaba consolidarse. Así, ya sea directa o indirectamente sirvieron a ese nuevo Estado a partir de la ocupación de tierras y la incorporación subordinada del indígena.

            El relato de un científico y viajero que recorrió importantes zonas del norte del país en las últimas décadas del siglo XIX, muestra claramente los objetivos del “nuevo Estado”:

            “....Los elementos fundamentales para la industria abundan allí, .... brazos y tierras baratas, combustible vegetal abundante, eximio, inagotable, en bosques que pueden figurar entre los mejores del  mundo” (de La Serna, 1985)

            Una rápida mirada dirigida hacia la toponimia del sector oriental de la provincia de Salta evidencia claramente algunas de las actividades de la zona; principalmente las vinculadas a los obrajes madereros, a las misiones religiosas y a la actividad ganadera; a partir de los distintos nombres plasmados en el territorio. De norte a sur siguiendo el recorrido del ferrocarril, desde Salvador Mazza hasta Embarcación, pueden observarse las siguientes localidades, parajes o puestos: San Francisco, Bajo de los Hachadores,  Quebracho Ladeado, Las Tablillas, Quebrachal, Senda Hachada, Los Troncos, Algarrobal, Misión Zenta, Misión Chaqueña, Desmonte, Talar, El Quebracho, Ex Obraje. Algo más hacia el este, siguiendo el recorrido del río Bermejo, en el actual departamento de Rivadavia se observan: La invernada, La Ovejería, Monte Cristo, Corral de Agua, Santa Victoria, El Toro, Los Chanchos, El Talar, Colonia Santafecina, La Corzuela, Las Misiones, y la lista podría continuar más aún.  

            Efectivamente, en el ya mencionado proceso de afianzamiento del Estado Nación y consecuentemente en la necesidad de tierras libres y población incorporada al nuevo proyecto económico productivo tuvieron un papel fundamental algunas instituciones, entre ellas las misiones, los obrajes madereros (ya mencionados) y los ingenios azucareros. El objetivo del presente trabajo consiste en analizar los mecanismos utilizados para lograr el control territorial y social a favor de las nuevas actividades productivas.

 

 

“Enseñando” al indígena:

 

            Bialet Masse se refirió a la “influencia poderosa” de la religión en los indígenas, agregando también que “el indígena no tenía idea alguna de la vida civilizada...” (Bialet Masse, 1904:94).

En el territorio argentino, el Colegio de Misioneros Franciscanos de Salta, comenzó a actuar en el ámbito de la región chaqueña desde el año 1856, fundando numerosas misiones (Tomasini, Juan, 1974). Efectivamente, fueron muchas los centros religiosos que se establecieron en las adyacencias del río Bermejo durante la segunda mitad del siglo XIX. Esta zona, era considerada peligrosa y llamada al mismo tiempo por los religiosos el “centro el salvajismo”.

Muchas de estas misiones fueron diezmadas, ya sea  por fuertes inundaciones (como la de marzo de 1875),  por terribles sequías, o por epidemias de viruela. Sin embargo y a pesar de los inconvenientes, los misioneros, han sido probablemente los que tuvieron una relación más directa con los aborígenes, a partir de la convivencia y un trato cotidiano con los mismos.

Fray Benito Pistoia, refiriéndose a la labor de los misioneros franciscanos decía lo siguiente:

“No dejaron rincón sin explorar, se hicieron hermanos de los indios, viviendo su misma vida, en sus mismas chozas y participaron íntegramente del lento andar hacia la civilización” (Pistoia, 1989: 77)

            Los relatos de algunos misioneros franciscanos dejan entrever una preocupación por el futuro de los indígenas, a la vez de un deseo,  junto con el esfuerzo de éstos mismos por hacer de las misiones centros prósperos con actividades promisorias, fundamentalmente agrícolas.

“....Durante siete años los misioneros siguieron trabajando en la misión Miraflores, creando ya una progresiva transformación en la vida nómade, salvaje e indolente de los reducidos, y hacía abrigar la esperanza de un halagüeño porvenir para el pequeño centro misionero”. (Relato del Padre Ludovico Venturini, fundador de la reducción San Miguel de Miraflores, en Pistoia, 1989:82)

Se observa también, en los relatos de los mismos misioneros una  preocupación,  por la salida de los indígenas a los ingenios y sus inmediatas consecuencias:

“Pero aquí también la presencia de los contratistas para el trabajo en el ingenio Ledesma, echó a perder la gran obra. A la vuelta de los indios, diezmados por la viruela,  cuando comenzaba a levantarse nuevamente la misión, ocurrió la tremenda sequía....con gran mortandad de ganado ...” (Pistoia, 1989:80)

El mismo Pistoia, refiriéndose a la Misión de San Antonio decía lo siguiente:

“....Se construyeron una capilla y casas, se ocupó a la gente en desmontes y sembradíos, mientras la labor espiritual prometía frutos muy buenos. Pero  también  aquí el eterno problema de la salida de los indios para los ingenios azucareros, con casi medio año fuera de la misión y con el consiguiente relajamiento de las buenas costumbres aprendidas all ... pues los indios aprendían los vicios de los cristianos unidos a los propios, resultando así una realidad difícilmente corregible”  (Pistoia, 1989:80-81)

Sin embargo es evidente, y en algún sentido contradictorio, el esfuerzo por cambiar al indígena, por “civilizarlo”. En la misión, los religiosos les imponían actividades, ritmos de trabajo, horarios y un asentamiento permanente que lo obligaba a abandonar las tradicionales actividades productivas de la vida nómade. Todo esto convertía al indígena en un elemento útil como fuerza de trabajo, específicamente en la producción azucarera y los obrajes:

“Como de costumbre, desde el comienzo se empeñó el misionero en suministrar a los indios semillas y herramientas de labranza para sus sementeras, instruirlos en los trabajos y sobre todo en la vida civil y moral cristiana. Dóciles a las enseñanzas, aunque rudos e indolentes, hacían esperar un resultado satisfactorio ...

“La enseñanza cristiana se hizo más regular y organizada, mientras los cultivos progresaban claramente. El hábito al trabajo, la enseñanza de las artes mecánicas y la conciencia de lo que es propiedad individual, eran resultados positivos” (Pistoia, 1989:79)

También la religión constituyó un elemento fundamental en la transformación de los indígenas y obviamente el arma principal de los misioneros. Sin embargo, la conversión al catolicismo fue muy resistida por los indígenas. Sostiene Lagos (2000) que aceptar el catolicismo afectaba la propia esencia del aborigen, obligándolo a abandonar su organización familiar, sus ritos, sus fiestas, y su cosmovisión de la naturaleza y las cosas.

“Pero ello no basta para decir que se realiza un programa de civilización a favor de los indios. Tan es así que tobas, matacos y afines, después del trabajo del día, viven en sus ranchos inmundos, y pasan su vida como en los tiempos más remotos de la conquista...... La educación y la civilización del indio es un campo que requiere personal adecuado, medios especiales y una vocación elevada para afrontarla y conducirla adelante con provecho” (Tommasini, Gabriel, 1937:153)

Sostiene también el mismo Pistoia que la presencia del misionero en el Chaco hizo que muchos estancieros de Bolivia y de las provincias argentinas de Santiago del Estero y Salta pudieran establecerse sin inconvenientes en tierras ubicadas a lo largo del Bermejo. Esto  podría ser vinculado a lo manifestado por Lagos (2000) respecto a que los indígenas reducidos, ya sea en las reducciones a cargo de los misioneros franciscanos como las que estaban a cargo del Ministerio del Interior padecerían los intentos más fuertes de integración, dejando de esta manera vía libre para el accionar de otros grupos económicos necesitados de mano de obra.

 

 

San Ramón de la Nueva Orán

 

            Todo parece indicar que la región del Chaco durante siglos fue  mirada con cierto temor y desde alguna distancia. En sus bordes se asentaron numerosas ciudades: Tarija y Santa Cruz de la Sierrra en la actual Bolivia; Jujuy, Salta y Tucumán, al Oeste; Asunción (Paraguay) y Corrientes al Este; Santiago del Estero y Rosario más al Sur. “Como un collar que rodea esta inmensa llanura de más de un millón de kilómetros cuadrados” (Lagos, 2000:17),  pero siempre de lejos, sin penetrarla.

Los primeros ingresos a la región del Chaco se realizaron entre los años 1700 y 1770, fundándose algunas reducciones en el norte de Santiago del Estero y desplazando a los indígenas hacia el interior de la región. En las últimas décadas del siglo XVIII, se realizaron otras incursiones en la región del Chaco, dirigidas por gobernadores y religiosos (Poderti, 1995) y orientadas a la fundación de ciudades y exploración de fronteras interiores.  

Pojasi (1994) sostiene que la entrada de las columnas expedicionarias al Chaco se demoró tanto años debido en principio a acontecimientos políticos de la nueva república, luego por la guerra con el Paraguay y finalmente por la conquista de los Desiertos del Sur.  Probablemente a lo anterior habría que agregar la falta de interés o de funcionalidad de la región, agregando que la misma comenzó a ser ocupada cuando se hacían necesarios nuevos espacios y  fuerza de trabajo.

            La fundación de la localidad de San Ramón de la Nueva Orán, ubicada en el sector más oriental de las Yungas, fue concretada a fines del siglo XVIII, aún en el período colonial y casi un siglo antes de las principales campañas militares. Orán, ubicada a unos 30 km. de la frontera con Bolivia y en las proximidades de la margen izquierda del río Bermejo, prácticamente en la puerta de entrada a la región del Chaco: ¿se funda  en un momento en que desde distintos sectores comenzaba a mirarse hacia esa zona, sus recursos naturales y su potencial fuerza de trabajo? ¿Cuál fue la causa para fundar una ciudad en ese preciso lugar? En breve repaso de las circunstancias de la fundación de Orán darán algunas respuestas a estos interrogantes.  

            La Misión o Reducción de Zenta, (muy próxima a Orán)  y el Fuerte de San Andrés, estaban presentes en la zona desde 1779. La Misión, a cargo de los misioneros franciscanos poesía plantaciones de cañaverales para una artesanal elaboración de azúcar. Tenía además cultivos de cítricos, viñedos, frutales, algodón y tabaco; contaba a su vez con grandes extensiones de pastizales con ganado mayor.      

            Ramón García de León y Pizarro, en  1792, siendo encargado de la Intendencia de Salta del Tucumán, realizó una gira con fines de inspección por el valle de Zenta. En dicho recorrido visitó la Misión de Zenta, a partir de lo cual decidió fundar una ciudad en dicho valle y repartir tierras a fin de que se utilicen para cría de animales y cultivos.

            María Mercedes Rubianes y Moure, esposa del Coronel Zegada, donó sus tierras para la fundación de la Ciudad  de Orán y la Misión de Zenta (Poderti, 1995).  Así se convocó a diferentes  pobladores y en 1794 se fundó San Ramón de la Nueva Orán en el Valle de Zenta[4].  Dicha ciudad fue llamada por Pizarro Nueva Orán  en homenaje a su lugar de nacimiento, Orán del Africa (Luna, 2001)

            “La distribución gratuita de grandes campos y solares destinados a faenas agrícolo-ganaderas, privilegiaron la inmediata influencia de muchos colonos, entre los que se cuenta el Sargento Mayor de las Milicias de Tarija, Inocencio de Acosta, quien se estableció en Orán junto a otras 74 personas” (Poderti, 1995:50)

            Los franciscanos fundan también una misión cerca de Orán, a la que llaman Zaldúa, en honor a la esposa del fundador de la ciudad María Ana Zaldúa.

            Gerónimo de la Serna, ingeniero civil, integrante de la expedición del Ejército Argentino al Chaco y realizador del levantamiento del primer plano de la ciudad de Orán, manifestó lo siguiente:

"Ya a fines del siglo XVIII, Orán había conquistado méritos excepcionales a la consideración del rey, a pesar del poco tiempo que llevaba de fundada, considerándosele como uno de los establecimientos más valiosos creados por la acción del progreso y civilización en que la provincia de Salta estaba empeñada, en sus luchas incesantes contra los indios del Chaco y la acción letal del desierto inconmensurable" (de la Serna, 1885).

            Probablemente el comentario de Gerónimo de la Serna sea el más elocuente respecto a los objetivos que se perseguía con la fundación de Orán. Poderti (1995) señala también la necesidad de una “ciudad-fuerte” que protegiera las actividades de los pobladores de la región.

No deja de sorprender sin embargo la referencia al “desierto inconmensurable” en una zona de selva pedemontana. Minvielle y Zusman (1995) sostienen que el uso de la metáfora “desierto” permitió ejercer cierto tipo de dominación antes de emprender su ocupación efectiva. Consideran las mismas autoras que igual situación se dio en el caso norteamericano, en el cual  la metáfora del desierto se aplicó a un espacio ajeno a la llamada "civilización", la tierra del indígena, hostil, en cuanto en ella se carecía de los medios para la sobrevivencia a los cuales estaba acostumbrado el habitante del no-desierto. Pero si se asocia el uso de este término con otro muy usado también en el momento como el de “espacios vacíos”, se puede pensar que el uso de estas  metáforas formaban parte del proyecto que estimulaba el proceso ocupación de tierras.

            El proceso de ocupación de Orán  y sus adyacencias continuó en los primeros años del siglo XIX, cuando aún seguían adjudicándose tierras a quienes quisieran establecerse para trabajar en chacras o estancias en la zona. La población de Orán y sus alrededores en este momento estaba constituida por personas provenientes de Iruya, Tarija, Bacoya, Puscaya, Salta y San Salvador de Jujuy, entre otros lugares.

            Hasta las últimas décadas del siglo XIX, desde Santiago del Estero, aún permanecía una línea de quince fortines, que se extendía desde el río Salado hasta las proximidades de San Ramón de la Nueva Orán (Pojasi; 1994) que ya contaba en este momento con 1500 habitantes (en el año 1885; según Poderti, 1995). Sin embargo, un año más tarde una gran epidemia de cólera que se inició en Salta hizo que muchos de sus habitantes se trasladaran hacia el valle de San Andrés.  

            Los cambios que transita el país en la segunda mitad del siglo XIX, hacen que la producción azucarera, presente en el Valle de San Francisco desde mucho tiempo atrás, incremente paulatinamente su producción. Dicho aumento de la producción hacía necesario también una mayor cantidad de mano de obra. Los aborígenes de la región del Chaco constituyeron el grueso de la fuerza de trabajo en los ingenios azucareros hasta la década de 1930, momento en el cual comienzan a ser reemplazados por campesinos de la Puna y Valles Altos.      

            En las últimas décadas del siglo XIX  ya se había configurado un comercio de mano de obra indígena para los ingenios saltojujeños. Al respecto Schleh (1945), cita una carta escrita en 1895 por propietarios de ingenios de Salta y Jujuy, dirigida a un oficial a cargo de los fuertes de la frontera chaqueña. En la misma, los propietarios de los ingenios hacen referencia a las actividades de los colonos del Departamento de Rivadavia (provincia de Salta), quienes inducidos por ciertas autoridades provinciales, habían desarrollado un comercio del trabajo indígena, reclutando Matacos en el Chaco y transportándolos hasta las zonas de plantación, donde les cobraban a los propietarios de los ingenios una cierta suma por cada indígena que les entregaban (Schleh, 1945).  

            Los indígenas, partían hacia la zafra a mediados de marzo (la zafra comienza en el mes de mayo)[5]. Estos iban trasladados por los contratistas que también llevaban ganado en pié para alimentarlos durante el viaje. Hasta el momento en que se finaliza la construcción del ferrocarril que une las localidades de Formosa con Embarcación (1930) los indígenas debían recorrer a pie los varios cientos de kilómetros, que los separaban de los ingenios (En Greco, 2001).

            Podría afirmarse entonces que, entre fines del siglo XIX y principios del XX, las campañas militares, las misiones religiosas, la explotación forestal, la producción azucarera, junto al trazado de las vías férreas, transformaron intensamente la región del Chaco[6] y sus adyacencias.

 

 

San Martín del Tabacal

 

            Las empresas militares llevadas a cabo por el General Benjamín Victorica y el Teniente Coronel Enrique Rostagno, entre los años 1884 y 1911, terminaron con la resistencia indígena, concluyendo la Campaña del Chaco. A fines de ese período, precisamente en 1909, se construye el ferrocarril a Bolivia y comienza en la zona de explotación petrolera[7]. Estos cambios dan lugar al asentamiento de importantes grupos de inmigrantes: siriolibaneses, españoles, griegos e italianos.

            En el año 1908, los hermanos Robustiano y Juan Patrón Costas decidieron adquirir tierras en Orán, zona que por sus ríos con abundante caudal, consideraban apta para el emprendimiento que deseaban realizar. La adquisición de las fincas San Martín y Tabacal[8] se hizo a: Mercedes Cornejo de Leguizamón, Miguel Colque, Julio Carlsen y a los herederos de Don Dámaso Uriburu (Luna1999:30). 

            Poco después de la llegada del ferrocarril a Orán, en 1915, los nuevos dueños de la finca comenzaron a concretar su proyecto, dando lugar a la tarea de desmonte. Luna (1999), sostiene que más de 1800 obreros fueron destinados a la eliminación de la selva para poder iniciar las plantaciones, empresa que no estuvo exenta de levantamientos indígenas.  Finalmente, en julio de 1920 se realizó la primera cosecha.

Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y la consecuente destrucción de las usinas de remolacha azucarera, la producción azucarera encontró nuevos mercados y un incremento en el precio de venta, todo lo cual favoreció la joven industria azucarera argentina.

            La presencia del ingenio San Martín del Tabacal tuvo importantes efectos socioespaciales. El mismo (fábrica y plantación) llegó a extenderse desde el río Colorado hasta la localidad de Orán. A su vez Orán, junto con Pichanal y Embarcación, fueron localidades que brindaron diversos servicios al ingenio, el cual llegó a tener varios miles de trabajadores en su interior durante la época de zafra (Greco, 2001).

Con mucha semejanza a los ingenios del nordeste brasilero y de Cuba, por mencionar solamente dos casos, el San Martín del Tabacal organizó el espacio en su interior. Las plantaciones de caña fueron divididas en lotes, había distintas viviendas para los distintos tipos de trabajadores; había almacenes, iglesia, escuela, hospital[9] y también policía y moneda propia (sí se entiende por ésta última los vales que solo podían cambiarse en los almacenes del mismo ingenio).

            En relación con las escuelas, su rol sería fundamental. Por intermedio de éstas los niños indígenas aprenderían el idioma, el respeto por los símbolos patrios  e incorporarían los “valores de la civilización”. Sin embargo Lagos (2000) manifiesta que las escuelas instaladas en torno a los establecimientos industriales debían competir con los empresarios que necesitaban a los niños para el trabajo.

            Los indígenas que trabajaban en el ingenio[10] en los comienzos no hablaban español, eran necesarios en consecuencia los "lenguaraces" que hacían de traductores[11]. Paulatinamente los indígenas fueron aprendiendo el español. En el ingenio se realizaban además periódicamente actividades religiosas, muchas de estas eran exclusivamente para los dueños del ingenio, sus familias y el personal administrativo[12] no obstante algunas celebraciones religiosas se hacían en los mismos lotes donde debían  participar los indígenas (Gallo Mendoza, 1999). Téngase en cuenta que Robustiano Patrón Costas tenía fuertes creencias religiosas (Swneey y Benavides, 1997).

            El ingenio San Martín del Tabacal, organizó un espacio determinado. Hacia el exterior, el ingenio tenía una importante presencia en las distintas ciudades que se encontraban próximas, cuyos habitantes utilizaban algunos servicios del mismo, como el almacén y el hospital. Al mismo tiempo activó el comercio a partir de los comerciantes de estas localidades[13], quienes instalaban sus tiendas los días de pago a lo largo de la puerta del ingenio vendiéndole diversos artículos a los trabajadores (muchas veces engañándolos)[14].  

En el Tabacal trabajaron familias enteras, a partir de lo cual los padres fueron transmitiendo y enseñando el trabajo del surco a sus hijos. El ingenio en su vida y actividades cotidianas fue "inculcando" a sus trabajadores diversos elementos vinculados al Estado Nación (idioma, religión, uso de moneda circulante[15], símbolos patrios) Podría afirmarse que el San Martín del Tabacal fue imponiendo a sus trabajadores un determinado modelo de "ciudadanización" (Greco, 2001).

 

 

Comentarios finales:

 

            Se ha hecho referencia a que el afianzamiento de un Estado Nación necesita de determinados mecanismos: un control y organización espacial  y social  en función de la estructura  económica y productiva,  un idioma uniforme,  una religión, sentimientos y lazos de pertenencia e identidad nacional.

            Se ha visto que en la consolidación del Estado Nacional argentino en el norte del país, fueron participes diversas instituciones. Una de ellas ha sido la Orden Franciscana, asentada en el territorio desde mediados del siglo XIX. Dicha Orden, por intermedio de las distintas misiones crearon un determinado patrón de asentamiento. Las misiones tenían viviendas, escuelas, iglesias y campos de cultivos, con lo cual imponían en los indígenas un determinado modelo espacial diferente del seminómade que éstos poseían. De esta manera los indígenas, al estar asentados y concentrados eran transformados en “presa fácil” de los contratistas de ingenios y obrajes.  

            Sostiene Hirsch  que “Las zonas de fronteras son espacios donde el Estado y sus instituciones intentan imponer su control político e ideológico....”(Hirsch, 1999:2)

            A lo expresado por Hirsch, se podría agregar que el Estado intenta imponer un control político e ideológico en todo el territorio sobre el cual mantiene su dominación, pero más aún en las zonas de frontera; tal vez temiendo que en dichas zonas pueda existir algún efecto contagio proveniente del Estado vecino.          

La localidad de Orán, las misiones religiosas próximas a ella y el ingenio San Martín del Tabacal, ubicados en una zona próxima a la frontera argentino-boliviana[16], han tenido un rol funcional a la necesidad de control territorial y poblacional del Estado Nación en esa zona.

 

             

BIBLIOGRAFIA:

 

BRACKEBUSH, Luis (1883) Viaje a la provincia de Jujuy. Boletín Instituto Geográfico Argentino. Tomo IV (203-210 / 217-224).

CONTI, Viviana y Lagos, Marcelo. (1988). "Mano de obra indígena en los ingenios de Jujuy a principios de siglo." Centro Editor de América Latina.

DE LA SERNA, G. (1930). 1500 kilómetros a lomo de mula. Buenos Aires. Imprenta Lopez.

GALLO MENDOZA, G. (1999) Entrevista

GORDILLO, G. (1995). "Después de los ingenios: la mecanización de la zafra saltojujeña y sus efectos sobre los indígenas del Chaco centro-occidental". En: Desarrollo Económico, vol  35, Nº 137 (abril-junio).

GRECO, M.G. (2001) Nuevos espacios, nuevos trabajadores. Notas en torno al proceso de surgimiento de un ingenio azucarero.  Actas: Tercer Encuentro Internacional Alexander von Humboldt.  Salta.

HIRSCH, Silvia (1999). Misión, Región y Nación entre los guaraníes de Argentina: Procesos de integración y de re-etnización en zonas de frontera. Mimeo 

I.G.M. (1957) Carta Topográfica Tartagal (Salta, Formosa, Jujuy). Ejército Argentino. Instituto Geográfico Militar.

IÑIGO CARRERA, N. (1984) Campañas militares y clase obrera. Chaco, 1870-1930. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires.

LAGOS, Marcelo (2000)  “La cuestión indígena en el Estado y la cuestión nacional. Gran Chaco 1870-1920”. Unidad de investigación en Historia Regional. UNJu. Imprenta ZISSI. S.S de Jujuy.

LUNA, Hugo (1999) “Municipio de Hipólito Yrigoyen”. Mimeo

LUNA, Hugo (2001) “Figuras destacadas” 3L Ediciones. Orán. Salta.

MINVIELLE, S y ZUSMAN, P. (1995). Sociedades geográficas y  delimitación del territorio en la construcción del Estado-Nación argentino. Trabajo presentado en el V Congreso Latinoamericano de Geografos, La Habana, Cuba.

OSZLAK, O. (1981). Reflexiones sobre la formación del Estado y la construcción de la sociedad argentina. Trabajo presentado en el XIV Congreso Latinoamericano de Sociología.

PODERTI, Alicia (1995) “San Ramón de la Nueva Orán. Una ciudad, muchas historias”. Fundación Banco del Noroeste. Salta

POJASI, Alejandro (1994) “TARTAGAL. Historia de una Región”. Imprenta INTI. Salta

SWEENEY, Ernest y BENAVIDES, Alejandro (1998) Robustiano Patrón Costas.  Una leyenda argentina. Emece editores. Argentina. 

TRINCHERO, H. (1995). Transformaciones de la economía doméstica indígena  en el Chaco centro-occidental. En: Desarrollo Agroforestal y comunidad campesina. Revista del proyecto GTZ. Salta. Argentina  



[1] Instituto de Antropología, Facultad de Filosofía y Letras, U.B.A. gabrielagreco@yahoo.com.ar   

[2] Porción oriental de la provincia de Salta

[3] Al hablar de la región del Chaco se hace referencia al extenso territorio que además de ocupar la región oriental de Salta, se extiende por las provincias de Formosa y Chaco, el sector noreste de Santiago del Estero y una porción al sur de la República del Paraguay 

[4] Los oranenses consideran el 31 de agosto como la fecha decisiva en la fundación de la ciudad.

[5] Conti, V.; Lagos, M. y Lagos, A. de (1985); Gordillo, G. (1995) y Trinchero, H. (1995) se refieren al trabajo indígena en los ingenios saltojujeños.

7 Los geólogos Luis Brackebush y Rodolfo Zuber en la década de 1880 habían señalado la existencia de una importante formación petrolífera en la zona del Chaco

 

[8] Menciona el mismo Luna que los fundadores de las fincas San Martín y El Tabacal, obtuvieron por Merced esos terrenos, usufructuando también el derecho de agua para las mismas

 [9] En los primeros años del ingenio a la escuela no asistían los hijos de los indígenas.

 [10] Si bien pertenecían a diferentes étnias solían recibir todos el nombre de "Chaguancos"

[11] Algunos indígenas tenían conocimiento del inglés debido probablemente a su contacto con Anglicanos.

[12] Principalmente las misas semanales

[13] La  mayor parte de éstos de origen sirio-libanés (Gallo Mendoza, 1999)

[14] Téngase en cuenta  que en tiempos de zafra en el ingenio había alrededor de 15.000 trabajadores.

[15] Parte del pago sí era realizado en dinero legal

[16] Orán se encuentra aproximadamente a 30 km. de la frontera y el ingenio a unos 45 km. de la misma


Ponencia presentada en el Cuarto Encuentro Internacional Humboldt. Puerto Iguazú, Argentina. Setiembre de 2002.