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Asunto:[encuentrohumboldt] 170/04 - EL NORESTE ARGENTINO, EL ESTADO Y LA PROMOC IÓN INDUSTRIAL
Fecha:Miercoles, 9 de Junio, 2004  00:11:42 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

EL NORESTE ARGENTINO, EL ESTADO Y LA PROMOCIÓN INDUSTRIAL

María Haydée Martin

(CONICET/UBA/IIHES)

 

"No hay receta posible para alcanzar el desarrollo de un territorio dado. El desarrollo tiene mucho de heurístico, de descubrimiento permanente, de rizo, de creación de futuro recogiendo lo valioso del pasado, pero sin la pretensión de construir un futuro como una extrapolación del pasado."

(SERGIO BOISIER, Teorías y metáforas sobre desarrollo territoriall, Cepal, Libro 49, 32.)

 

El territorio de la Argentina se caracteriza por tener heterogeneidad interna, que si bien da lugar a una diversificación de la producción, también otorga "...una asimetría productiva y socioeconómica a través de la historia" 1: aunque esa heterogeneidad pudo provocar una diversificación de producción, el modo de ocupación de la tierra y sobre todo la apropiación de los recursos, generó el predominio de la región pampeana que recibió la mayor parte de los beneficios económicos y sociales, basado en el comercio agroexportador con el cual esa región insertó al país en el mercado internacional desde fines del siglo XIX. Tal realidad dio escasas oportunidades a otras regiones para que sus recursos fueran aprovechados y produjeran un efecto multiplicador tanto para las economías locales como nacional. Una de esas zonas es considerada suscintamente aquí, la del Noreste, abarcativa de las provincias de Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones, proponiendo una aproximación a su análisis en relación al fomento industrial y la acción del Estado como factor interviniente a través de la política económica nacional y su incidencia en la región en el siglo XX. Para ello, se tomó en cuenta la teorización que sobre lo regional ha concebido Sergio Boisier hace poco tiempo y que fuera ensayada como proyecto colectivo de desarrollo para una zona chilena en 1990 2. El concepto que prima es que lo regional se sigue construyendo debido a las transformaciones permanentes de los factores que atañen a su conformación, a la natural evolución del pensamiento humano que trata de comprender y explicar los fenómenos, y a lo dificultoso que resulta concluir sobre un tema caracterizado por la diversidad de los casos que presenta. En ese contexto cambiante se advierte la importancia del proyecto político de un país para que el desarrollo regional cobre sentido. Boisier menciona cuatro categorías de recursos que pueden impulsarlo: los materiales (naturales, de infraestructura, de capital), los humanos (cantidad, calidad y pertenencia regional), los psicosociales (voluntad colectiva, consenso, autoconfianza colectiva) y los conocimientos (incluídos la información actualizada y su transformación en conocimiento colectivo), que aclaran la necesidad del proyecto político. Para este autor, el entorno, el medio externo a la región, influye también sobre su desarrollo, porque junto con él configura un todo. Y ese entorno está formado: por el mercado, no en cuanto a cantidades y proporciones sino en relación a modalidades tales como el comercio, tratados o convenios, nivel de tecnología, promociones; por lo que llama el "tejido de las relaciones internacionales" o sea a éstas en relación a la cooperación entre regiones; y por último, por el Estado, con quien el vínculo es trascendental para la región -puede ser dominante o colaborador- porque de su característica depende el desarrollo de la misma. La articulación adecuada de estos elementos, puede promover el adelanto regional 3. En ese esquema, un enfoque dinámico del comportamiento del sistema económico-social, teniendo presente que en éste el modo de imbricación entre el sistema económico y el jurídico institucional dado incide dentro de cada uno de ellos, y disminuye las posibilidades duraderas de la actividad económica y cambia el sistema social 4, son elementos para tener en cuenta.

El Noreste argentino es una parte del territorio del país que puede verse desde la perspectiva de área de frontera, y como una economía regional periférica. Dice Gejo: "La periferia, como un ámbito distinto a partir del cual la reproducción de los hechos adquiere un significado propio, característico, distintivo respecto de la cadena de sucesos en el centro, reafirma a la posición, a la distancia, como un valor esencial para comprender las probabilidades de un hecho en un determinado área del planeta" 5. Si bien el autor se refiere al mundo, este criterio es aplicable aquí, siendo el centro la región pampeana, el más dinámico del país, y el Noreste una economía regional periférica, diferente al centro, con sus peculiaridades. Los flujos de manufacturas que ingresaron hacia el interior en la época del modelo agroexportador, entre 1880 y 1914, fueron rémora para algunas industrias regionales que perdieron mercados, las cuales se habían mantenido con elevados aforos y tarifas aduaneros y con políticas de promoción consistentes en créditos y permisos para importar insumos y bienes de produción. La competencia con las importaciones, más baratas, descompusieron las economías pre-industriales del norte argentino. Al desplegarse hacia el exterior, el país postergó la integración interna, y consecuentemente un desarrollo regional equitativo. La Primera Guerra Mundial produjo el conocido incentivo a las industrias sustitutivas de importaciones para abastecer el mercado interno, adoptándose en 1920 una serie de medidas que aunque tuvieron finalidades impositivas y monetarias, funcionaron en la práctica como de protección y promoción de la industria. Si bien la mayor exportación fue de granos y carnes, comenzaron las ventas al exterior de productos industriales derivados de materias primas, fundamentalmente las industrias vegetativas, al mismo tiempo que se hicieron inversiones para la fabricación en el país de algunos insumos que hasta entonces se importaban. El reinicio de los flujos de capitales y corrientes comerciales promovió la llegada de inversiones extranjeras y de empresas internacionales, dando lugar al crecimiento de otras con capital nacional relacionadas con agroindustrias y a veces subsidiarias de aquellas, lo cual implicó desarrollo de las economías regionales del interior.

Para responder a las necesidades y exigencias del citado modelo se estructuró un adecuado sistema de comunicación y transportes que coincidiera con el esquema radiocéntrico portuario. Al estudiar los mapas de la red ferroviaria de este período se advierte que el Noreste apenas fue cubierto hasta 1914 (la provincia de Corrientes en su parte sudoeste y el sur-centro del Chaco sobresalen) pero si bien hubo varias razones para la postergación de la llegada del ferrocarril a esta región, el río Paraná era la tradicional vía de comunicación y eje del comercio litoraleño, en cuyas orillas surgieron puertos y embarcaderos que funcionaron como puntos de carga y descarga no sólo para el interior del territorio de ambas costas sino también para la cuenca del Plata, constituyéndose en agente dinámico esencial para el desarrollo económico del Noreste. Entre 1914 y 1917, el trazado de la red ferroviaria tuvo como objetivo el acercamiento de las regiones nacionales entre sí, respondiendo a los problemas de abastecimiento surgidos por la Primera Guerra Mundial y para activar la circulación interna de producciones y mercados. Sin embargo, en esta oportunidad creció más la red caminera. La tendencia continuó, y por ley de vialidad de 1932 se decidió la construcción de caminos que desembocaran en los puertos y en las líneas férreas para lograr una mayor vinculación entre las provincias, los territorios nacionales, los países limítrofes y los centros de producción, actuando el sistema de transporte como fuerza estructurante de la economía. El Estado se ocupó de los caminos, y las empresas privadas del material de transporte. Transcurría la plena época del Estado regulador y del proteccionismo económico, fenómeno por otra parte compartido con numerosos países después de la crisis mundial de 1929-32, cuando se puso en evidencia la importancia de producir internamente los insumos y manufacturas necesarios para no depender de los flujos comerciales internacionales y sus vaivenes. Al concretarse la construcción de caminos según la ley citada, éstos fueron trazados paralelos a las vías del ferrocarril, en vez de intensificar las conexiones hacia otras regiones: hasta 1947, se buscó en forma preferencial unir los centros urbanos importantes, conectándose, por ejemplo, la economía regional cuyana con el puerto de Buenos Aires. Analizando un esquema del trazado de vías de transporte se ve la relación entre la densidad de población y las vías de comunicación trazadas, pudiendo advertirse que el Noreste quedó mejor articulado con el sistema general, además de la vía fluvial, para dar salida a producciones locales como el algodón chaqueño 6.

Hasta 1947, en el sector industrial nacional habían predominado las industrias textil, de alimentos, bebidas y tabaco, pero desde 1950 los efectos de los cambios en la economía mundial incidieron en una mayor significación de las relacionadas con maquinarias, equipos eléctricos, comunicaciones, electrónicas, petroquímicas, coincidiendo con la aparición de filiales de empresas extranjeras. El Estado aumentó las importaciones para impulsar el desarrollo interno, pero la falta de capitales obligó a negociar financiamientos internacionales dándose lugar a un endeudamiento creciente. En ese contexto, aunque las economías regionales demoraron su crecimiento, las líneas ferroviarias, de acuerdo a políticas nacionales de integración, acercaron en forma progresiva el Noreste con el Noroeste y con los países limítrofes. A su vez, la red caminera aumentó su extensión, beneficiándose nuestra región por la conexión con las vías fluviales en la zona mesopotámica, para intensificar el dinamismo comercial hacia el Atlántico, todo esto hasta alrededor de 1977. Actualmente, si bien hubo en el mundo una revaloración de las conveniencias del uso del ferrocarril, en parte en beneficio de las actividades económicas y del medio ambiente, en el caso de la Argentina poco se ha concretado de los estudios realizados para su reestructuración. Esta última se relaciona con los procesos de integración regional y las transformaciones que a nivel tecnológico inciden en los pasos de producción y circulación de bienes. La causa principal es que la reorganización de la red ferroviaria partió de la necesidad de disminuir el déficit fiscal, de pasar de un Estado subsidiario a otro eficiente con abandono del rol de empresario, para lo cual la ley N° 23.696 autorizó al PEN a privatizar empresas 7, no asignándose un lugar específico al ferrocarril en un plan integral de transporte,concretando concesiones que dieron como resultado fragmentaciones y contradicciones entre los diversos proyectos, justificando que los propios concesionarios reclamasen luego al Estado una política activa reguladora de la situación 8.

Volviendo a la citada expansión del sistema de transportes, si bien hubo intención de incentivar la vinculación socioeconómica de zonas no incorporadas al conjunto nacional por ser periféricas, no se logró en la medida de lo proyectado, en gran parte por la influencia de los mercados en la localización industrial. Las migraciones internas van marcando este punto en las economías regionales: las que no pudieron complementarse con Buenos Aires, vieron emigrar su población, siendo buen ejemplo en el Noreste el caso de la provincia de Corrientes 9; en cambio, hubo una expansión poblacional en Chaco y Formosa, acicateada por nuevas localizaciones industriales que ofrecían puestos de trabajo, acompañada con la ampliación de la red de transportes 10.

Aunque con momentos de mayor movilización económica-social, el Noreste, zona marginal al circuito movilizador de la economía del país, tenía pocas posibilidades de impulsar los resortes propios para su autodesarrollo. En general, su población se dedicó a tareas rurales en condiciones poco tecnificadas y con alto riesgo de mortalidad, siendo una economía primaria definida como una periferia tardía al haber surgido recién en la primera mitad del siglo XX 11, a excepción de Corrientes. Esta provincia tuvo explotación ganadera bovina desde fines del siglo anterior, actividad que comenzó a practicarse en Chaco y Formosa aproximadamente en 1937. Por datos de 1960, se sabe que la región contaba con el 12% del ganado vacuno existente en todo el país; aunque su calidad permaneció inferior al de la región pampeana sus animales se adaptan mejor a las características del suelo y a las condiciones más rústicas de explotación. Entre 1914 y 1937 la superficie cultivada aumentó cinco veces, coincidiendo con el proceso de colonización provocado entonces, siendo las producciones más importantes las de cultivos industriales y de frutales, que continuaron su evolución pero sin el empuje inicial. Consecuentemente, el valor de producción de la agricultura creció, aumentando del 22% en 1914 a un aproximado 70% en 1960, porcentaje este último mantenido hasta fines de siglo. A su vez, la ocupación rural también se elevó entre esos años, acompañando las tendencias de la expansión agrícola. La expansión ganadera en cambio se mantuvo en segundo plano desde 1914.

Tradicionalmente supeditada a la intermitencia de los ciclos de producción agrarios, desde la década del setenta la población rural convergió hacia las ciudades como lugar de residencia en busca de ocupación y estabilidad. Para ubicar la dimensión de esta región en relación a otras, según Liberali hubo un punto de inflexión hacia 1970 respecto a períodos anteriores, reduciéndose en el país las migraciones Norte-Pampa y produciéndose un crecimiento vegetativo en el Noreste y también en el Noroeste, además de una corriente migratoria originada en los países limítrofes, continuando por otro lado las migraciones Norte-Patagonia y en el caso de Cuyo, permaneciendo estable 12.

La población regional tuvo su mayor expresión cuantitativa en la ciudad de Resistencia, cuyos guarismos subieron entre 1960 y 1990 de un 6,3% a un 10,5% , mostrando una concentración de habitantes importante, mientras que la población del NEA en relación al marco nacional subió, en el mismo lapso, de un 8,1% a un 8,4%, viéndose en la comparación de ambos rangos de datos los cambios en la región de la población urbana y rural 13 . Reafirma la característica de constituir una economía primaria el constatar que el Producto Bruto Interno por habitante en 1980 (en australes de 1986) daba a esta zona 1233, 1275 para el NOA y 2380 para puerto y centro del país, mientras que la tasa de desempleo era mayor en el NEA que en las otras zonas, mostrando que el monto de riqueza producida por habitante en el NEA y en el NOA era la mitad de la correspondiente al puerto nacional y el centro 14.

La irracional distribución de la población, los bajos salarios, los escasos y en muchos casos precarios y obsoletos medios de transporte cuya red de distribución cubría muy poco territorio, la falta de empleo, unido a otros factores adversos, dieron una característica de inestabilidad y pronosticaban pocas perspectivas de progreso, mientras no se tomaran medidas drásticas para revertir la situación. Bruinard y Bolsi han destacado hace unos años que aunque se haya reunido al grupo de provincias que nos ocupa en la "Región de Desarrollo Nordeste" (NEA) "...el esquema centrífugo e independiente de sus flujos económicos interfiere la integración efectiva de sus componentes en una región funcional articulada" 15. Además de los inconvenientes en el sentido que se viene diciendo, se agrega el hecho de que tres de sus provincias constitutivas fueron territorios nacionales hasta mediados del siglo XX. Se trata de una región heterogénea en su interior, que es marginal como se dijo en relación al centro del país aunque produzca maíz, girasol y ganadería, pero donde se desarrollan actividades con ventajas comparativas, cultivos industriales cuyos productos abastecen el mercado interno o se exportan y otros sustituyen importaciones: frutas, algodón, yerba mate, té, tabaco, tung, soja, bananas, café, maderas. La heterogeneidad que origina contrastes y el esquema de dispersión de su economía provocaron dificultades en las producciones de la región, demostrando la necesidad de adoptar políticas sectoriales globales con mecanismos de promoción.

La promoción industrial se utiliza para incentivar el desarrollo de la industria. En la Argentina se consideran como parte de esa política, desde 1918 hasta 1959, el crédito bancario, las franquicias aduaneras para la importación de bienes de capital y la protección ante las importaciones competitivas. Para Altimir, Santamaría y Sourrouille 16 , los dos primeros forman la combinación más eficiente dentro de lo hecho con referencia a estos regímenes, siendo a su vez el citado en primer lugar el de mayor estímulo dentro de las perspectivas de los empresarios. Tomando en cuenta el período de entreguerras, dichos autores consideraron que iniciado el proceso de industrialización por sustitución de importaciones con industrias livianas, el régimen de protección a las industrias de interés nacional fue adecuado en sus medidas y exigencias, pero que no fue suficiente porque la evolución de las industrias no básicas se produjo a la sombra de restricciones a la importación y al control del tipo de cambio. Recordando nuevamente los efectos causados por los profundos cambios a nivel mundial a comienzos de los años treinta, uno de ellos fue el crecimiento industrial, cuando se otorgaron permisos preferenciales para importar combustibles y equipos de maquinarias indispensables para las industrias nacionales. Para Dorfman, el control de cambios aplicado a partir de 1931 tuvo sesgo de promoción industrialista al disponerse cierta discriminación en la categoría de bienes, y se mantuvo luego de la guerra aunque variaran los tipos de cambio, para asegurar abastecimientos y hacer frente a la competencia de las importaciones 17. Al fundarse el Banco Central en 1935 se aplicó un sistema selectivo de algunas ramas industriales dentro de la política económica general, tratando de mantener en funcionamiento aquellas consideradas importantes pero sin acicate para el surgimiento de otras, conservándose así la dependencia del crecimiento industrial hacia combustibles e insumos varios. Eran intentos para encontrar un cauce hacia la industrialización tendiente al autoabastecimiento, línea que el Plan Pinedo de 1940 trataría de fomentar con suerte adversa. La promoción industrial recibe impulso en Abril de 1944 al crearse el Banco de Crédito Industrial, y en Junio del mismo año se sancionó el decreto de fomento y defensa de las industrias de interés nacional (Decreto 14.630) donde se declaró como deber del Estado propiciar el desarrollo de la economía y evitar una paralización de la actividad industrial, incluyendo una legislación en relación a los aspectos fiscal, financiero, aduanero, de subsidios, pieza legal que tuvo poca ingerencia al no aplicarse debidamente, no incluyó normas sobre promoción industrial regional, pero que testimonia la intención del gobierno, lo mismo que la creación de la Secretaría de Industria y Comercio. Desde 1946 hubieron préstamos bancarios para la industria, y algunos bancos provinciales fomentaron la promoción de créditos, sin formar en conjunto un plan orgánico, mientras que el Banco de Crédito Industrial apoyó financieramente a ciertas agroindustrias como bodegas, fábricas madereras y centros tabacaleros, y así también a textiles y químicas, entre otras, según puede verse en las Memorias y Balances de ese establecimiento. También el Banco de la Nación Argentina acordó créditos, de acuerdo a sus fines estatutarios, recibiendo apoyo en el Noreste varias cooperativas algodoneras, entre ellas "Santa Sylvina" de Villa Angela, "Las Breñas" de Charata, "Unión y Progreso" y "El Progreso" de Pte.Roque Saenz Peña, "Avellaneda" Coop.Ltda. de Reconquista, "Toba" de El Zapallar, Agrícola Regional de Villa Angela. Es conocido el movimiento de importaciones de materiales y equipos para la industria al aplicarse el primer plan quinquenal peronista entre 1947 y 1949, pero los trastoques de precios internacionales tanto de las materias primas -en baja- como de los productos manufacturados -en alza-, dio lugar a nuevas regulaciones que achicó el espectro de industrias nacionales protegidas. Hacia 1955 era urgente completar el proceso de sustitución, no alcanzado por causas que escapan a este trabajo, para instalar industrias básicas con una mayor y más perfeccionada tecnificación y poder competir en mejores condiciones a niveles internacionales, ubicar a la Argentina en una posición más relevante y así aliviar los problemas económico-sociales internos.

A pesar del relativo éxito obtenido, se observa una progresiva intención por parte del Estado de fomentar industrias, siendo prueba las numerosas instituciones administrativas públicas surgidas con el fin de coordinar orgánicamente a nivel nacional el proceso de industrialización, acompañadas de legislación para la descentralización regional de los focos instalados y para la capacitación de mano de obra. Tales intenciones pueden seguirse en los Diarios de Sesiones de la Cámara de Senadores del Congreso Nacional. Hasta 1947, el Estado retuvo muy pocas actividades fabriles: en el NEA mantuvo hilanderías y tejedurías de algodón controladas por la Junta Nacional correspondiente. Pero desde ese año hasta el mencionado de 1955 y dentro de la política económica de nacionalización regulada se hizo cargo de numerosas empresas, sobre cuyo espectro surgió la Dirección Nacional de Industrias del Estado -DINIE-, epicentro del manejo de variadas industrias, entre ellas las fábricas de hilado de Formosa. De a poco se fueron formando empresas mixtas con capitales privados nacionales 18 regidos por la Ley N° 14.781, pero aparecieron también capitales extranjeros por negociaciones directas con grupos industriales foráneos y por la aplicación de la ley regulatoria de las inversiones provenientes del exterior (N° 14.780). La promoción industrial de los años 60 y de los primeros 70 se basó en esos cuerpos normativos, determinando en forma general las regiones promovidas la primera ley citada. Así, entre 1959 y 1962 se radicaron empresarios que abarcaron la casi totalidad de las industrias, cuya conformación no corresponde aquí citar 19, estando la promoción sectorial fundada en beneficios tributarios y financieros. Fue un momento de euforia industrial causada por la inyección de capitales, la expansión de firmas transnacionales e instalación de empresas, comenzando un crecimiento proyectado a largo plazo que incidió positivamente en los niveles de producción, trabajo y exportaciones. Sin embargo, se observaba una desintegración en la estructura industrial que no favorecía la acumulación de capital, manteniendo vacíos en ciertos sectores básicos que hacía depender a la Argentina del exterior 20. Desde la segunda mitad de la década de los años sesenta, la situación política del país y nuevas medidas económicas variaron el panorama industrial.

Dentro del anterior cuadro general, la producción de alimentos, los textiles y la industria maderera (se estimuló la forestación y reforestación por Decreto 2070/62) aumentaron su participación en la estructura industrial con la aplicación de políticas acordes al objetivo general de fomento industrial, produciéndose en la década de los 60 un desarrollo de algunas agroindustrias con la consiguiente reestructuración de los mercados de trabajo regionales. El avance de la industrialización -que provocaría crisis en las economías agrícolas- los cambios en los tipos de cultivos y la maquinización de las tareas en el campo, dieron lugar a nuevos flujos migratorios hacia las ciudades desde las zonas rurales, y desde el interior hacia Buenos Aires, como ocurrió en el NEA, según datos ya citados aquí 21. En el Chaco, corazón de la industria algodonera, su población ascendió entre 1947 y 1960, estabilizándose después, hecho que demostraría la paralización de esa industria (datos censales correspondientes a esos años). Más adelante se retoma este punto.

Desde casi el final de la década de 1950 se configuró un sistema de promoción industrial para fomento de determinadas ramas, buscando la integración sectorial. Sus aplicaciones no alcanzaron a cubrir las expectativas creadas, signado el período por sucesivas crisis en diferentes sectores que incidían, en definitiva, en el plano económico nacional, como la de 1962. Las industrias vieron una posibilidad de crecimiento vendiendo excedentes de producción, siendo apoyada la exportación mediante subsidios estatales en algunas ramas. El siguiente sistema de promoción industrial, armado desde 1964 (Decreto N° 3113) sumó las integraciones sectoriales y espaciales como objetivos, que Ferrucci resume en dos: uno, la integración de la actividad industrial (para reducir la vulnerabilidad estructural entre otras cosas), y dos, lograr un desarrollo regional más equilibrado (para que cada subespacio movilice sus potencialidades) 22. Mientras a nivel externo se impulsaron las exportaciones no tradicionales, internamente se orientaron los capitales hacia los sectores más dinámicos, siendo el Estado partícipe activo en la economía como agente ordenador del sistema involucrando al conjunto de la oferta y de la demanda, para lograr la buscada integración industrial. Se indicaron las zonas que serían promovidas sobre la base de la anterior Ley 14.781: la Patagonia (zona A), el Noroeste (zona B) y la provincia de Corrientes (zona C) en donde se agregaban ocho departamentos de la provincia de Misiones atendiendo al fomento de la reforestación iniciado poco antes, al progreso de las producciones de té y de citrus, y a un nuevo ciclo expansivo de la actividad yerbatera 23. Las empresas incorporadas al sistema de promoción podían llegar a ser beneficiadas hasta con el 100% de franquicia tributaria. El uso más racional de los recursos naturales dio oportunidad a un mejor desarrollo de los cultivos industriales, incorporando nuevos sectores al sistema productivo. Sin embargo, la tendencia hacia la concentración espacial, hacia los centros urbanos, no se detuvo, en parte porque las materias primas y ciertos insumos se obtenían de las zonas rurales pero su procesamiento o acabado industrial se hacía en las ciudades, sobre todo en el área metropolitana, acentuando el fenómeno de migraciones desde el interior del país. Tal concentración acentuó los problemas de desocupación y malestar social, sobre todo en las economías regionales periféricas, porque además los centros de poder descuidaron la aplicación de una política equitativa de distribución de ingresos, agregando un factor importante al desequilibrio del desarrollo espacial. Fueron dictados regímenes de promoción especiales a comienzos de los años 70 para algunas regiones nacionales que no alcanzaron al Noreste. En 1973, la Ley N° 20.560 derogó el sistema de promoción industrial anterior, y en lo que aquí interesa, contempló el emplazamiento de establecimientos fabriles en las zonas de frontera y la participación del Estado en el capital de las empresas intervinientes. Por decretos complementarios, el NEA -incluyendo la zona norte de la provincia de Santa Fe- quedaba dentro del programa de promoción regional (Decreto N° 575/74), y entre sus beneficios podía acogerse a créditos especiales del Banco Nacional del Desarrollo (BANADE) con aval de la Secretaría de Estado de Hacienda 24.

La estrategia liberal de prescindencia estatal y de apertura al aspecto financiero internacional característica a partir de 1976, aumentó las diferencias de desarrollo regionales del país, acelerando la debilidad del interior en relación a la región metropolitana. Los modos de promoción industrial no garantizaron su cumplimiento debido a deficiencias en el sistema del control estatal, producto de la reducción de los alcances de éste. Fragmentado el poder político, los agentes oficiales no estaban en condiciones de instrumentar regímenes de promoción fabril. Así, "el Estado promotor tendía a contraerse mientras crecía el peso de sus órganos financieros; estos últimos sometían todo el sistema al mismo tiempo que ellos mismos eran sometidos a la disciplina de ese mercado sectorial" 25. Paulatinamente fue suprimido el apoyo estatal para proyectos industriales, dándose lugar a la apertura externa, a la desregulación del mercado financiero, y a la participación de la empresa privada. La ley 21.608 de 1977 fue un intento de regular las medidas de promoción del Estado al exigir a los beneficiarios un aporte del 5% de la inversión total calculada, decisión que incentivó la pérdida de interés por parte de los empresarios. Poco después siguieron disposiciones promocionales con topes de subsidios y aumento de restricciones, hasta culminar con la desaparición de tales subsidios y de créditos especiales. Aunque se apoyó la radicación de emprendimientos industriales en zonas de frontera las nuevas condiciones de promoción desalentaron a los probables beneficiarios a causa de sus exigencias. Para el NEA siguió vigente el Decreto 575/74 en lo relativo a promoción regional.

En 1984 se propició como solución para reajustar el sistema productivo nacional la intervención en el mismo de la inversión privada porque ayudaría a distribuir racionalmente -se sostenía- los esfuerzos tendientes a la modificación buscada, promoviendo el desarrollo de las economías regionales como productoras de bienes de consumo nacional -competitivos con los extranjeros- y de bienes de exportación 26. Esa producción hacia ambos mercados debería ser equilibrada, porque las economías regionales que dependen estrechamente de sus exportaciones, resultaban perjudicadas a la larga porque necesitaban de la protección del Estado mediante altos aranceles, exención impositiva parcial, créditos subsidiados. La necesidad de los cambios dio lugar al Régimen de Promoción de las Exportaciones, que estableció que: " El P.E.N. tenderá a promover con el máximo nivel de beneficios impositivos que acuerda la presente ley, a las exportaciones de economías regionales (...) Arbitrará medidas necesarias de promoción de exportaciones, tomando en cuenta la localización geográfica de la producción de los bienes y el uso de los puertos o aduanas más cercanas a las zonas de producción y de los sistemas de transporte que a tales fines determine (...) El P.E.N. establecerá regímenes de promoción especial para exportaciones que tengan en cuenta exclusivamente productos originarios de economías regionales." 27 . Para la aplicación del plan deberían instalarse focos de reactivación industrial con actividades integradas de los dos sectores, el industrial y el agropecuario, aprovechando la complementariedad directa e indirecta de las economías regionales. Esta industrialización necesitaba un sector agropecuario dinámico y en crecimiento permanente, mientras que el industrial que produce para el mercado interno y externo debía abrir la economía en forma racional y eficiente. De esa forma se obtendría, según los pronósticos, un país integrado y con desarrollos regionales parejos. Dentro de ese bosquejo el sector privado actuaría, debiendo el Estado resignar posiciones. La industria actuaría con un papel dinamizante en la economía, provocando un mejoramiento social en la comunidad, convirtiéndose en un factor estabilizador para el país. Para tal objetivo hacía falta una remodelación del aparato productivo total, y prever la configuración futura de la estructura productiva argentina. Pero la crisis de la deuda externa, surgida desde 1981, sería obstáculo firme para cualquier planificación a largo plazo, y a pesar de que hubieron propuestas de promoción industrial entre 1984 y 1988, la retirada del Estado dejó lugar a los juegos del mercado. En la década de los noventa, tras la crisis inflacionaria de 1989, fueron instrumentados cambios macroeconómicos, donde la industria -salvo pocas excepciones- quedó sin protección, suspendiéndose los regímenes de promoción y de incentivos. Como índice de la situación, es muestra el estancamiento en líneas generales del PBI a partir de 1975 y hasta 1990, que aumentó sólo un 0,57%, cayendo comparativamente el sector manufacturero del 37,5% en 1975 al 21,7% en 1989, según el INDEC. Desde 1980 crecieron las exportaciones de ese sector, tendencia terminada en 1989 al retornarse a una economía primaria. Desde 1990 la deuda externa se capitalizó a través de la privatización de empresas públicas, transfiriéndose al ámbito privado varios sectores productivos, de modo que áreas relevantes de sectores claves de la economía nacional pasaron a la actividad privada, equivaliendo en la práctica, en un mundo global, a su transnacionalización.

Dentro de ese panorama, ¿qué lugar pueden ocupar las economías regionales? Es sabido que la tendencia mundial indica que los bienes industriales aumentaron su participación mientras que los alimentos la bajaron, explicándose el fenómeno con el cambio de composición de la producción y su mayor tecnificación. Tales comprobaciones muestran que fomentar la especialización en ramas atrasadas y concentradas en una región reducida conduce indefectiblemente a la desintegración económica y regional: lo primero porque profundiza la dependencia de los insumos del exterior, lo segundo por el continuo empobrecimiento relativo de las regiones donde no existen ventajas comparativas. Se ejemplifica el modelo diciendo que es como si cada región tomara los beneficios de su dotación de factores sin redistribuirlos. El desarrollo de las economías regionales necesita entonces un constante proceso de acumulación e inversión con el que puedan mantener la ampliación de sus capacidades productivas y la incorporación de nuevas tecnologías. Alcanzar ese estado depende de varios factores: la existencia de un mercado interno en expansión, impulso para obtener mercados externos, confianza en la eficaz aplicación de políticas arancelarias y cambiarias, la concreción con participación del Estado de adecuadas obras de infraestructura, planes de financiamiento con costos menores a los de las tasas de ganancia calculadas, en suma, un cambio de estructura.

Desde la óptica espacial, la región del NEA, dentro de las teorías ambientales, podría definirse como "zona de contacto", ya que a través de ella existe una interactividad entre los espacios de tres países: la Argentina, Paraguay y Brasil. Teniendo en cuenta esa característica, pueden citarse elementos geográficos y espaciales propios de esta región: corresponde, por ejemplo, a una frontera permeable como zona limítrofe, cuya índole genera una acción de parte del Estado con el objeto de controlar y registrar el tránsito de personas que ingresan y egresan del territorio nacional y da lugar a la conformación de un área peculiar, única, propia del NEA y no de otro espacio geográfico 28 . Ha sido y es propio de esta economía regional el constante deambular de individuos en el que los controles estatales no han podido ejercer plenamente su objetivo, deambular basado principalmente en la búsqueda y el mantenimiento de tareas laborales con escasos asentamientos permanentes. Este fenómeno otorgó a la población de la región una suerte de indiferencia hacia el significado de los límites nacionales dentro de la zona de frontera, situación explicada por Nweihed cuando define a la frontera como "una franja potencialmente habitable por un conglomerado humano perteneciente a dos o más nacionalidades distintas, pero que se hayan, a fuer de adyacencia en el espacio compartido, frente a unas realidades objetivas que tienden a la creación de un subsistema común en que, además de conservar cada quien las características de su identidad de origen, agrega otras características híbridas que son el producto inmediato y necesario de la vecindad" 29, donde no importaría estar en el suelo de uno u otro país al no sentirse en la realidad cotidiana la presencia de jurisdicciones distintas: es la consecuencia de este tipo de migraciones fronterizas.

En este contexto, cabría destacar los asentamientos espontáneos en tierras fiscales misioneras de núcleos brasileños que practicaron desde fines del siglo XIX la llamada agricultura itinerante de roza y quema, abriendo espacios libres para su posterior usufructo 30, provocando quejas constantes de colonos y trabajadores locales que alertaban sobre la peligrosidad de ese método por asolar las tierras y dejarlas improductivas durante un tiempo 31. En el NEA, aquella migración deambulante citada, permanente y continua, así como temporaria y circunstancial, también obedeció a las orientaciones direccionales de las migraciones internas de la Argentina atraídas por la articulación de los mercados de trabajo, que condicionan ocasionalmente a las fronterizas 32. Las circunstancias históricas derivadas de la Primera Guerra Mundial dieron lugar a que el Estado argentino impulsara varias industrias para abastecimiento del mercado interno, complementando esa política económica con un proceso de colonización europea entre 1923 y 1936 para atraer mano de obra capacitada, que acompañó la consolidación del poblamiento en las áreas de frontera con el Paraguay y del interior de la región 33. Por entonces, el auge del cultivo de algodón provocó desplazamientos de población intrarregional y en las zonas fronterizas, desde el Chaco paraguayo hacia Formosa y el Chaco argentino, .

En relación al algodón, sembrado en la región del Nordeste por pimera vez en Formosa como ensayo en 1894 y cultivado con objetivos comerciales desde 1897, el gobierno se interesó en un primer momento sólo en la producción de la materia prima para exportación, porque no había industria textil montada que consumiera su fibra. Las consecuencias de la guerra internacional provocó la intención de mejorar la calidad del producto. En 1923 visitó el Chaco el Ministro de Agricultura de la Nación Tomás Le Bretón, y viendo las posibilidades del cultivo, dispuso la creación en 1924 de la División de Producción Algodonera dentro del ministerio citado, que coordinó experimentaciones de cultivo y de fomento. Será recién hacia 1932 cuando se impulsó las etapas de hilado y tejido de la industria algodonera, sobre todo en el Chaco, por dificultades en la importación de productos textiles, utilizando la nombrada colonización europea que se radicó en esa provincia en asentamientos separados por origen. Según Guido Miranda 34 la población chaqueña ascendió de 60.564 habitantes en 1922, a 276.343 en 1935, mientras que las hectáreas cultivadas de algodón lo hicieron de 1.738 en 1910, a 245.625 en 1935, síntomas del crecimiento del ciclo algodonero. El promedio de la década 1925/1935 fue de 136.100 Has. sembradas, produciéndose 117.643 Ks.de algodón en bruto y 33.174 de fibra. En esos años se instalaron en la región varias empresas para ocuparse del desmote, dada las buenas perspectivas de la actividad, que pasaron a controlar la comercialización del producto, obteniendo considerables ganancias: según Pepe y Derewicki 35 "Bunge & Born, Louis Dreyfus y Anderson-Clayton operaban el 80% de las desmotadoras instaladas en el Chaco, casi un oligopolio (...)", dando origen a la formación de las Juntas de Defensa de la Producción y a huelgas de los productores algodoneros en contra de los abusos de los acopiadores, debiendo intervenir el gobierno central.

Las medidas proteccionistas de los años 30 fueron el marco de una política de apoyo al consumo interno mediante la regulación del sector algodonero que impactó sobre los precios y el sistema de transacciones, organizando sistemas de créditos subsidiados por el Estado, favoreciendo tanto al productor como a las hilanderías. En 1935 se creó la Junta Nacional del Algodón a propuesta del cuerpo asesor del gobierno chaqueño para controlar el proceso productivo y comercial, y ajustar las características del algodón argentino con las del mercado internacional, siendo reemplazada en 1944 por la Dirección de Algodón, formando parte del Ministerio de Agricultura, en cuyos objetivos se advierte muy claro el rol del Estado en esos años: " los problemas de la posguerra hacen indispensable consolidar y fijar previsoriamente la orientación de la economía algodonera, por lo cual es necesario el contralor oficial de las empresas y entidades particulares (...) siendo deber del Estado facilitar a los productores la comercialización de sus productos en la forma más conveniente a sus intereses, es indispensable declarar de servicio público la operación del desmote, y reglamentar dicho servicio (...) la instalación de usinas desmotadoras oficiales en las zonas de fomento de ese textil, permitirán estabilizar el cultivo del algodonero en regiones especialmente aptas y de poco desarrollo aun(...) a los efectos de una mejor y más justa comercialización de fibra y demás productos y subproductos del algodón, es necesario que las transacciones y cotizaciones de los mismos se ajusten a patrones oficiales..." (Decreto-Ley N° 24046, 5/9/44).

Tanto la Junta como la Dirección armaron una red de centros experimentales en las provincias productoras, observándose un fuerte crecimiento de producción de fibra de algodón entre 1945 y 1953 (de 72.014 tns. a 123.397 tns) y un aumento de fábricas de tejidos de esa materia prima entre 1947 y 1952 (de 858 a 1924) 36. En el Noreste, desde los años 20 se dieron las bases para el movimiento cooperativo chaqueño que permitiría a los productores una efectiva participación en el proceso fabril, concretado en 1934 con la creación de la Unión de Cooperativas Agrícolas Chaqueñas Limitada, con el respaldo nacional otorgado por el Congreso con la sanción de la Ley de Sociedades Cooperativas en 1926. Sin embargo, a largo plazo, la protección estatal derivó en un aislamiento seguramente no buscado de la industria algodonera local respecto de los cambios a nivel internacional, impidiendo su modernización tecnológica y operativa. En los años 1950, el saturamiento del mercado interno y la baja de precios desaceleraron el progreso de esta actividad. También hubieron otros factores negativos: falta de flejes para los desmotadores, escasez de depósitos para almacenar la producción, pocos medios de transporte tanto terrestres como vía fluvial -y a veces ninguno disponible- desde el Noreste para llevar algodón a las hilanderías hasta Buenos Aires y semillas a las fábricas de aceite de Resistencia y Barranqueras que en oportunidades llegaron a detener su actividad, como tampoco para cumplir con las exportaciones de la fibra, asuntos todos dirimidos en la órbita estatal. Al crearse el INTA en 1958, su Programa Nacional de Algodón se orientó, desde la Estación Regional Saenz Peña (Chaco) a la búsqueda de variedades aplicando tecnología para mejorar la calidad y el rendimiento. En 1970 desaparece la Junta Nacional del Algodón, pasando sus funciones a la Junta Nacional de Granos, creándose el Fondo Algodonero Nacional que regula la oferta interna y exporta excedentes de producción mediante subsidios. Las desmotadoras pasaron al control de las provincias donde estaban instaladas, disminuyendo ya los alcances del poder estatal. En 1972 las funciones de la Junta de Granos se incluyen dentro del Ministerio de Agricultura y Ganadería. Posteriormente, la transformación del rol del Estado, la apertura externa carente de límites razonables para no lastimar a la industria nacional, la imposibilidad de la reproducción social de los productores por falta de rentabilidad o bajos ingresos, marcaron notables vaivenes en la actividad agrícola algodonera 37. En el plano regional, de las cuatro provincias del Noreste, Chaco, Corrientes y Formosa son productoras de algodón y las dos primeras intervienen en el proceso textil. El Estado limita su acción a fijar los instrumentos legales, habiéndose creado en 1985 la Comisión Nacional Asesora del Algodón integrada por representantes estatales y privados.

Paralela a su evolución, se había desarrollado también en el Noreste la industria de oleaginosas que dio lugar al surgimiento de numerosas fábricas de aceite 38. En ambas actividades intervino la Compañía Fabril Financiera, empresa modernizada con tecnología y personal extranjeros, que con capitales apoyó a Celulosa Argentina en la compra de bosques misioneros para fabricar con esa madera diversas variedades de celulosa, y luego de papel en la década de los setenta. Estas operaciones brindaron fuentes de trabajo en el NEA, al fusionarse Fabril Financiera, Papelera Argentina y Celulosa Argentina en un grupo industrial que logró abastecer al mercado interno desde 1945. Con su base en la región, este grupo abrió la Papelera del Plata Limitada en Colonia, Uruguay, para elaborar papel y sus derivados, constituyendo un ejemplo de expansión regional hacia el mercado exterior 39. También en los setenta se instaló Papel Misionero, con capitales mixtos, recibiendo créditos de bancos oficiales -una forma de promoción- para la fabricación de papel Kraft y de cartón corrugado para envases.

Siguiendo con Misiones, su economía se diversificó al producirse tung además de yerba -la producción por excelencia en casi toda la primera mitad del siglo XX-, maíz, arroz y otros cultivos, iniciando en 1945 el cultivo del té, con destino al mercado interno. Se añadió luego un importante proceso de reforestación dentro de la actividad maderera. La expansión del área sembrada se realizó hacia las costas del río Paraná y hacia el interior de las selvas misioneras sin alcanzar el área de frontera con Brasil. Como se dijo, esa parte del territorio misionero fue poblada espontáneamente por brasileños con asentamientos no permanentes, siendo conocida como la zona de la "tierra muerta" 40 . Entre 1960 y 1980 este proceso no planificado se acentuó en el noreste de la provincia como resultado de una "auto-organización de familias pioneras", surgiendo nuevas colonias mediante la apropiación de recursos fiscales 41.

Otro producto valioso de la región fueron las maderas. Su explotación comenzó en la parte chaqueña desde los albores del siglo XX, pero lo indiscriminado de los métodos aplicados para la extracción de madera, ya en los tiempos de La Forestal entre 1905 y 1950, provocó la casi extinción de los quebrachales, utilizados para obtener tanino, durmientes de ferrocarriles, postes de alambrado, leña para fábricas y para hornos de panaderías, carpintería, causando un deterioro físico, biótico y social del cual son prueba las mutaciones de los bosques, los caseríos abandonados y el traslado de los capitales hacia otras regiones 42. Se calcula que la reducción de la superficie boscosa entre 1910 y 1984 fue para Formosa de un 67,3% y para el Chaco del 60%, según datos del I.F.O.N.A. Diversos factores incidieron para que no se instrumentara una política de salvaguardia de estos recursos, faltando reglamentaciones para preservar y mantener ejemplares para reproducción asegurando el mantenimiento del ecosistema regional. La ley forestal dictada en los años treinta, ley nacional 13.273 y leyes provinciales adheridas autorizando el desmonte si la tierra se dedicaba a la producción agraria, y en consecuencia el adelanto de la frontera agrícola para la producción de carne, algodón y tabaco, dio inicio a la desaparición de bosques y arbustales, formándose con el tiempo grandes huecos utilizados para dobles cultivos bajo riego con alta tecnología en las dos provincias citadas, sin tomar en cuenta los perjuicios al medio ambiente 43. La práctica continuada de estos procedimientos dio lugar a que un buen porcentaje de explotaciones regionales del NEA impidieran la reposición natural de los recursos -siendo otro ejemplo el uso de las plantas para las industrias químicas con destino industrial o medicinal- calculándose que el 31% de la producción regional de carne, cuero y lana obtenido en ecosistemas de bosques y arbustales que al mismo tiempo proveen de forraje, artículos alimenticios, madera y leña, sobrepasan la posibilidad de recuperación natural. En consecuencia, los planes regionales necesitan contemplar la reparación de los posibles daños sobre el ambiente y la permanencia de la población, con la intervención del gobierno central y de las provincias que conforman la región, ya que éstas conocen más de cerca los problemas locales y las posibles soluciones, teniendo en cuenta los complejos encadenamientos entre los factores políticos, económicos y sociales relacionados con la conservación, protección y producción sustentable de los bosques 44. Estos factores incluyen las oleadas de colonización que, si bien ayudaron al poblamiento, incidieron en la degradación ecológica por la forma en que se concretaron. En suma, faltó la instrumentación de planes regionales y sectoriales a largo plazo. Aguerre y Denegri han relacionado el retroceso de la explotación forestal con sucesivos fenómenos socioeconómicos después de la década de 1950, como la caída de los precios de los productos agropecuarios en general desde mediados de los setenta, la decadencia de la industria del tanino, la disminución de demanda de durmientes por culminación de la expansión de redes ferroviarias 45. En un primer paso, la pérdida de importancia de esta explotación se tradujo en la caída del precio de las tierras, facilitando la radicación de poblaciones agrícolo-ganaderas que talaron bosques para asentarse, formando parte del proceso citado de expansión de la frontera agrícola pampeana, pero después la búsqueda de nuevos montes por mano de obra contratada para la obtención de carbón dio lugar a traslados permanentes cuyo asentamiento se hizo alrededor de los centros urbanos ya empobrecidos, surgiendo verdaderos bolsones de pobreza y de marginación social, la tercerización y las migraciones golondrina, además de acentuarse el proceso de desertización de los suelos 46. Para Teubal, esa pobreza forma parte de un ineficiente "acceso a las necesidades básicas" del individuo que se relaciona con las políticas estatales 47.

Relacionado con lo que se viene diciendo y apuntando al rol del Estado, importa agregar que es común que en las fronteras agropecuarias se desarrollen diversas actividades productivas -extractivas, agroganaderas y silvicultura en el caso del noreste- que otorgan diferentes destinos a la tierra. Esas fronteras se continúan con la urbana, conformando en conjunto una especie de sistema de transición entre lo urbano y lo rural. Tal característica hace que se constituya un espacio dinámico en transformaciones, donde hay costumbres, procedimientos y explotaciones -legales o no-, donde se producen cambios en el uso de la tierra, no siempre controlados. De tal modo, aquí se ve la necesidad de participación del Estado en el armado de políticas de comercialización, de normas jurídico-institucionales, y de vigilancia ambiental, porque en general se trata de actividades impulsadas por inversiones de empresarios no locales con fines de exportación. La entrada de capitales multinacionales ha sido, en numerosos casos, un factor de deterioro de los recursos de los bosques desde comienzos del siglo XX, exterminando los quebrachales en áreas dilatadas. La falta de medidas oficiales de regulación y control, así como de previsión para el aprovechamiento de los recursos, ofrece buena oportunidad para la afluencia de esos capitales, atraídos por la ausencia de límites en las explotaciones, permitiéndoles un máximo de beneficios sin ningún condicionamiento y sin prejuicios por destruir la riqueza patrimonial del Noreste y, en definitiva, de la Argentina. Para Burkart 48, el problema base es la vigencia de una "estructura de mercado asimétrica y deformada" en las economías regionales donde se desarrolla la actividad forestal, cuando la silvicultura soporta "...condiciones extremas de inestabilidad de mercados y de política de gobierno...", y "tanto el propietario rural, como el acopiador, el obrajero o el inversor externo, están sujetos a los números de una economía cortoplacista..." que normalmente impone lapsos muy cortos a las inversiones de las empresas, a las cuales conviene, en esas condiciones, explotar las existencias de madera cortando los ciclos de crecimiento naturales para obtener réditos inmediatos.

Finalmente, el NEA, por sus características humanas, geográficas y económicas, influye en la integración fronteriza entre tres países. Para Bernal-Meza, "la frontera tiene siempre un carácter integrador (...) hay factores que crean condiciones favorables para esa integración fronteriza y para una progresiva complementación económica. El hombre de la frontera es un agente de integración (...) 49. Siendo el Noreste una región fronteriza, su desarrollo y crecimiento afecta a ese proceso de integración, sobre todo con sus actividades económicas que ayudan a expandir otras, tanto nuevas como anteriores, máxime cuando se trata de industrias relacionadas y comerciales, dinámicas y radicadoras de población. La región quedó directamente involucrada, por su situación geográfica con el Mercosur desde los años 90, a la nueva política de cooperación entre los estados y al surgimiento del eje geopolítico San Pablo-Buenos Aires-Santiago de Chile, siendo importante su propia integración al circuito comercial generado en ese eje al dar lugar a la expansión de la frontera agraria tanto en la Argentina como en Brasil por una renovada producción de soja. Tal situación exige interconexiones y desarrollo de infraestructura diferentes a las ya existentes, para unir los sistemas de transporte, energía y comunicaciones del NEA, por un lado hacia el país y por otro hacia Paraguay y Brasil 50.

Se sabe desde los escritos de Hirschman y de Myrdal 51 que existe una tendencia propia del desarrollo económico a la formación de desequilibrios espaciales provocados por el mecanismo de mercado, no habiendo otra natural que se incline hacia la compensación de las ventajas y desventajas, es decir hacia el equilibrio. Por esto se sostiene que el gobierno central necesita regular el sistema. Es en este sentido que la política estatal repercute en el proceso de crecimiento, debiendo tener en cuenta lo anterior para no lastimar las bases de cooperación, de convenios internacionales, y al mismo tiempo, no perjudicar las distintas formas de integración en los espacios regionales, aplicando un desarrollo horizontal a más del vertical al modo propuesto por Matus 52. Su accionar necesita combinar el crecimiento regional con regímenes especiales como los de promoción industrial que incluya al ámbito privado, sin lesionar las autonomías provinciales y los intereses del Noreste como región sino por el contrario, articular dinámicos programas de desarrollo con la participación de los gobiernos provinciales con objetivos regionales. Una expansión industrial contribuye al crecimiento de las economías regionales, bajo ciertas condiciones de adecuación al entorno -como propone Boisier- para evitar la desintegración económica y regional, como se expresó párrafos atrás, siendo urgente una planificación para el área de frontera y la economía regional periférica constituída por el Noreste argentino que contemple esa expansión, utilizando racionalmente los recursos locales, para llegar también, a nivel interno, al grado de autosuficiencia que satisfaga las necesidades elementales de la población con el aumento de la renta per cápita. Responde a la sugerencia del mismo autor sobre un enfoque dinámico del sistema económico-social

teniendo en cuenta lo jurídico-institucional, que trató de ser esbozado en parte en este trabajo desde un sesgo histórico.

La sugerente propuesta de la "Vuelta a la Región" da lugar para armar un esquema de análisis con el fin de reconocer espacios con singularidades, con diferencias respecto a otros, que los hacen únicos. Es positivo identificar la entidad de cada región y los modos que cada una tiene para llegar a su plena conformación. Se trata de un proyecto de realización colectivo, siguiendo a Benko cuando menciona la necesidad actual de "mostrar y explicar el rol del espacio en las prácticas sociales, considerando a toda la sociedad en la obra de conformarlo" 53 , que también posee economía propia, para cuya concreción el mismo Benko sostiene que está surgiendo un nuevo modelo, un "paradigma" 54. El Estado nacional debe equilibrar las políticas productivas para el crecimiento de las regiones, y en armonía con los intereses de éstas, regular el sistema y colocarlo en condiciones competitivas. El Noreste es una región especial y merece atención para la formulación de propuestas futuras a partir de las experiencias del pasado.

 

CITAS

1. JORGE MORELLO / SILVIA D. MATTEUCCI, Singularidades territoriales y problemas ambientales de un país asimétrico y terminal, Realidad Económica, N°169, p.73.
2. SERGIO BOISIER, Teorías y metáforas sobre desarrollo territorial, Cepal,Libro 49,p.57.
3. IDEM, Ibidem, pp.54-56.
4. OSVALDO E. BACCINO, Un caso de interdependencia dinámica entre los sistemas económico y social: ciclos de regulación y desregulación, Teoría, estructura y procesos económicos. Ensayos en honor al Dr. Julio H.G.Olivera, MIGUEL TEUBAL (comp.), Colección CEA 19, UBA, Eudeba, 1998, p.34: "En otras palabras, la dinámica del sistema económico se halla estrechamente vinculada con la dinámica del sistema social...".
5. OMAR H.GEJO, La vuelta de lo concreto, Semanario Noticias & Protagonistas, Mar del Plata, 22 de Octubre de 2000.
6. SILVIA S.BURGHARDT, Correlación entre población rural y vías de comunicación (1869-1970), Buenos Aires, 1977; PATRICIO RANDLE, Atlas del desarrollo territorial de la Argentina, Madrid, 1985; JUAN ROCCATAGLIATA, Los ferrocarriles en la Argentina.Un enfoque geográfico, Eudeba, Col.Temas, Buenos Aires, 1987; LUIS E. ALONSO, Privatización del transporte y modelos sociales futuros, CEAL, Buenos Aires, 1992.
7. REPUBLICA ARGENTINA, Congreso Nacional, Ley 23.696/89 de Reforma del Estado.
8. Ver : JORGE BLANCO, El proceso de concesión del ferrocarril de cargas en la Argentina, Instituto de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Programa de Transporte, Buenos Aires, 1998. Mimeo.
9. Cf: ZULMA RECCHINI de LATTES / ALFREDO E. LATTES, Migraciones en la Argentina, Ed.del Instituto, Buenos Aires, 1969.
10. IDEM, Ibidem.
11. ANA MARIA LIBERALI / OMAR HORACIO GEJO, Las economías regionales bajo la lupa demográfica, Estructura económica y comercio mundial, Ediciones Pharon, Buenos Aires (1992), p.147.
12. ANA MARIA LIBERALI, Diagnóstico económico-demográfico de América Latina y la Argentina, Elementos para el análisis regional, Cuaderno UADE N°125, Buenos Aires, 1998, p.62.
13. Censos Nacionales, cit. en ANA MARIA LIBERALI / OMAR HORACIO GEJO, Las economías...,op.cit, p.154.
14. FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMICAS, UNT., Cátedra del Dr.Ramón Darío Medina, El desarrollo económico de Tucumán y de la región del NOA., cit. en La Nación, 13 de Agosto de 1989. Esta investigación apuntó a mostrar los niveles de pobreza del país, concluyendo que en el NOA y el NEA había porcentajes similares a los de América Latina mientras que en Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba se mantenían niveles de desarrollo parecidos a los de los países avanzados.
15. ENRIQUE BRUNIARD/ ALFREDO S.BOLSI, Las provincias del Nordeste (región agro-silvo-ganadera con frentes pioneros de ocupación), en JUAN A. ROCCATAGLIATA (coord.), La Argentina. Geografía general y los marcos regionales, Planeta, Buenos Aires, 1992, p.538. La afirmación de los autores puede vincularse con el concepto de región de Milton Santos al referirse a las principales tendencias de los años 90 en el marco de la globalización: "Estamos acostumbrados a una idea de región como un subespacio largamente elaborado, como una construcción estable. Sin embargo, la región no es el resultado de la longevidad del edificio, sino de la coherencia funcional que la distingue de las otras entidades, vecinas o no." (MILTON SANTOS, De la totalidad al lugar, Oikos-Tau, Barcelona, 1996, p.142).
16. OSCAR ALTIMIR / HORACIO SANTAMARIA / JUAN SOURROUILLE, Los instrumentos de promoción industrial en la posguerra, Desarrollo Económico N° 22-23, Julio-Diciembre de 1966.
17. ADOLFO DORFMAN, Cincuenta años de industrialización en la Argentina. 1930-1980, Ediciones Solar, Buenos Aires, 1983, p.534.
18. ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Fondo Documental "Asuntos Técnicos, Presidencia Juan Domingo Perón, años 1946-1955", legajo 478: Industrias del Estado y varios más sobre industrias específicas. Desde la crisis de 1951, el gobierno trataría de incorporar al sector empresario como apoyo en sus gestiones económicas: ver ALFREDO GOMEZ MORALES, Realidad económica argentina, Buenos Aires, 1951.
19. Cf: JUAN SOURROUILLE / BERNARDO KOSACOFF / JORGE LUCANGELI, Transnacionalización y política económica en la Argentina, Buenos Aires, 1985.
20. PABLO BATALLA / FERNANDO RIZZI, Arturo Illia, Buenos Aires, 1990, p.61; JORGE KATZ / BERNARDO KOSACOFF, El proceso de industrialización en la Argentina: evolución, retroceso y perspectiva, Buenos Aires, 1989.
21. ROBERTO BENENCIA, Migraciones recientes a la Argentina: efectos sociales del multiculturalismo, en HERNAN OTERO / GUILLERMO VELAZQUEZ (comps.), Poblaciones argentinas. Estudios de demografía diferencial, Tandil, 1997, p.163 y ss.
22. RICARDO J. FERRUCCI, La promoción industrial en Argentina,Eudeba,Buenos Aires,1986,p.55. Se entiende por integración espacial un desarrollo económico social según las potencialidades de cada región.
23. LEOPOLDO J.BARTOLOME, Base social e ideología en las movilizaciones agraristas en Misiones entre 1971 y 1975, IDES, v.22, N°85, p.30, Buenos Aires, Abril-Junio de 1982.
24. ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Documentación inédita sobre el BANADE, legajos varios. En esta época se estaban organizando revueltas en Misiones dirigidas por grupos de izquierda, siendo probable que la creación de centros industriales tuviera como objetivo ofrecer vivienda y fuentes de trabajo a sectores populares descontentos. Sobre la situación misionera, consultar a LEOPOLDO J.BARTOLOME, cita 23.
25. JORGE SCHVARZER, La industria que supimos conseguir, Planeta, Buenos Aires, 1996, p.318. 26. C.G.T., S.R.A., UIA, Diagnóstico sobre la situación económica actual, documento presentado al Ministro del Interior A.Tróccoli, Buenos Aires, 26 de Septiembre de 1984.
27. CONGRESO NACIONAL, Cámara de Diputados, Régimen de promoción de las exportaciones, Buenos Aires, 1984, Cap.II: De Economías Regionales, artículos 12 y 13.
28. Ver: SERGIO BOISIER, Modernidad y territorio, Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social, Serie Cuadernos, Santiago de Chile, 1996.
29. KALDONE G. NWEIHED, Frontera y Límite en su marco mundial, Instituto de Altos Estudios de América Latina-Equinoccio, Universidad Simón Bolívar, 2°ed., Caracas,1992,p.28.
30.GABRIELA SCHIAVONI, Porto-capivara. La frontera agraria en Misiones, V Jornadas de Colectividades, IDES, Buenos Aires, 26 y 27 de Octubre de 1995.
31. ARCHIVO GENERAL DE LA NACION, Ministerio del Interior, Misiones, hay varios legajos con documentación relacionada al problema de los "intrusos" provenientes de Brasil que ocupaban tierras ilegalmente, procedían a los desbrozes, y, o se quedaban hasta que los expulsaban, o cobraban por hacerlo en acuerdo con las autoridades y se retiraban.
32. CEPAL / CELADE, Población, equidad y transformación productiva, Santiago de Chile, 1992, pp.114-115. Para el período 1869-1960 en relación a las migraciones, ver ZULMA RECCHINI de LATTES/ALFREDO E.LATTES, Las migraciones...,op.cit.(cita 9).
33. MARIA HAYDEE MARTIN, Aproximación a un estudio de variables socio-económicas en los espacios regionales argentinos colindantes con los países vecinos,XVI Jornadas de Historia Económica, AAHE/UNQ, Quilmes, Septiembre 1998 (CD).
34. Cf: GUIDO MIRANDA, Las tres tendencias colonizadoras, El Territorio, Posadas, 1969.
35. Ver: NORBERTO C.PEPE, JOSE V. DEREWICKI, Su Majestad el Algodón, Meana & Meana, Resistencia, 1998. Las dos firmas citadas primero formaban parte de la Cámara Algodonera de Buenos Aires, fundada en 1926, con Jorge Born por Bunge y Born Ltda. y Jacobo Saslawsky por Louis Dreyfus y Cía., origen de la actual Cámara Algodonera Argentina.
36. BANCO INDUSTRIAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA, Informes sintéticos acerca de las condiciones económicas de las diversas ramas de la industria argentina, Buenos Aires, 1954, T°1.
37. ALEJANDRO ROFMAN et al., Políticas estatales y desarrollo regional, ed.CEUR, Buenos Aires, 1987; MABEL MANZANAL / ALEJANDRO ROFMAN, Las economías regionales de la Argentina. Crisis y políticas de desarrollo, CEAL/ed.CEUR, Buenos Aires, 1989; ALEJANDRO ROFMAN, Perspectivas económicas y estructura social del circuito algodonero-textil argentino, Realidad Económica N°128, Nov.-Dic1994,IADE, pp.124-153.
38. Ver:AMELIA MORRONE, Cultivo de oleaginosas en la Argentina, Revista Geográfica Americana, año V, N°59, Buenos Aires, 1938.
39. Datos extraídos de COMPAÑIA GENERAL FABRIL FINANCIERA ARGENTINA S.A.,
Historia de un grupo de empresas industriales en la Argentina: 1888-1948, Buenos Aires, 1949.
40. ALFREDO S.C. BOLSI, La yerba mate y la ocupación del espacio misionero, Boletín
de Estudios Geográficos, vol.XXI, N°80, pp.7-65, Mendoza, 1983.
41. GABRIELA SCHIAVONI, Colonos y ocupantes. Parentesco, reciprocidad y diferenciación social en la frontera agraria de Misiones, UNM, Posadas, 1998, p.19.
42. JORGE MORELLO / SILVIA D. MATTEUCCI, Singularidades territoriales y ..., op.cit,
pp.80-81.
43. IDEM, Ibidem, p.83. Los autores afirman que "la incertidumbre institucional ha sobrevolado los organismos que se ocupaban tradicionalmente del ambiente biofísico durante todo el período democrático reciente" al referirse a la falta de políticas adecuadas a la conservación de los bosques luego del cierre del Instituto Nacional Forestal en 1991.
44. F. SCHMITHÜSEN, Tropical Forest conservation and protection: Tropical issues and Policy considerations, Deforestation or development in the third world?, Vol.III, pp.111-120. Research Bulletins of the Finnish Forest Research Inst. 349, Helsinki, Finlandia, cit. en MARTIN AGUERRE / GERARDO DENEGRI, Relaciones entre deforestación y evolución socioeconómica en la región chaqueña, Realidad Económica, N°114/115, IDES, Buenos Aires, 1999.
45. M. AGUERRE / G. DENEGRI, Relaciones entre...,cit, p.152.
46. MARIA HAYDEE MARTIN, La educación agrícola y su incidencia en la explotación
de los suelos, Primer Congreso Latinoamericano de las Ciencias y la Tecnología, La Habana (Cuba), 1985. Se menciona en este trabajo que ya en 1979 el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) alertaba sobre los problemas ocasionados al expandir las fronteras agropecuarias para aumentar la producción exportable, con acelerados procesos de erosión, degradación física y desertización. Las causas: "..la carencia de una infraestructura técnica y de servicios provinciales,la ausencia de una legislación nacional que determine las normas para la conservación del suelo y que establezca un organismo de servicio como órgano de aplicación."
47. MIGUEL TEUBAL / RODOLFO PASTORE, Acceso a la alimentación y regímenes de acumulación. El papel de los precios relativos, Teoría, estructura y ..., op.cit., p.167.
48. RODOLFO BURKART, Nuestros bosques norteños. Desvaloración y deterioro,
Realidad Económica, N°114-115, IDES, Buenos Aires, 1999, p.62.
49. RAUL BERNAL-MEZA, Teoría y metodología para el estudio de las relaciones fronterizas: el caso de Arica, Tacna y Oruro como modelo analítico de regionalización fronteriza, XVI Jornadas de Historia Económica, AAHE/UNQ, Quilmes, Septiembre 1998.
50. ALEJANDRO KOUTOUDJIAN,Evolución de los grandes proyectos de infraestructura en las áreas de soldadura del Mercosur, Proy.Arg. 87/014,P.N.U.D.,Diciembre 1991 (mimeo)
51. Cf ALBERT HIRSCHMAN, La estrategia del desarrollo económico, FCE, México,1970; GUNNARD MYRDAL, Teoría económica y regiones subdesarrolladas, FCE, México, 1964.
52. CARLOS MATUS, El desarrollo del interior de América Latina, Dos polémicas sobre el desarrollo de América Latina, ILPES, Siglo XXI, Santiago de Chile, 1971.
53. GEORGE BENKO, La Ciencia Regional, Univ.Pantheon-Sorbonne, p.113.
54. GEORGE BENKO / ALAIN LIPIETZ, Las regiones que ganan. Distritos y redes. Los nuevos paradigmas de la geografía económica, Edicions Alfons el Magnanim, Valencia, 1994, p.34 y p.365.

Ponencia enviada al Tercer Encuentro Internacional Humboldt. Salta, Argentina. Octubre de 2001.