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Asunto:[encuentrohumboldt] 167/04 - NUEVOS ESPACIOS, NUEVOS TRABAJADORES
Fecha:Martes, 8 de Junio, 2004  02:19:01 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NUEVOS ESPACIOS, NUEVOS TRABAJADORES.

NOTAS EN TORNO AL PROCESO DE SURGIMIENTO DE UN INGENIO AZUCARERO

 

María Gabriela Greco

Universidad de Buenos Aires

 

Las diversas actividades productivas incorporadas en el territorio argentino a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, produjeron en el mismo importantes transformaciones sociales y espaciales. Específicamente la instalación de los sistemas productivos representados por la plantación y el ingenio han sido responsables de un quiebre en las relaciones sociales y la organización productivas preexistentes.

En la Argentina, la producción azucarera adoptó características distintas a las adoptadas en el resto del continente americano y el sector social involucrado en la misma  (en numerosos casos de modo involuntario) ha padecido profundas transformaciones en su economía doméstica, su tiempo y su espacio.

En el caso argentino fueron numerosos los pobladores de zonas rurales del norte del país que debieron adecuar sus actividades productivas y sus vidas cotidianas al trabajo temporario en los ingenios azucareros. A su vez, estos fueron  importantes agentes tanto en la transformación social como en la conformación de nuevas pautas, costumbres y relaciones sociales. Por otra parte, hacia el interior de los ingenios se configuró un universo de relaciones interpersonales característico.

El objetivo del presente trabajo es analizar el rol social e institucional de un ingenio azucarero ubicado en una zona próxima a la frontera argentino-boliviana y sus trabajadores temporarios en los primeros años del siglo XX.

La caña de azúcar transforma el espacio

            La caña de azúcar realizó un largo recorrido, en tiempo y espacio, por el mundo hasta llegar, probablemente desde China e India, al continente americano. A éste último arribó de la mano de  Cristóbal Colón, quien en su segundo viaje realizado en 1493 trasladó esquejes de caña de azúcar desde las islas Canarias hasta La Española (actualmente Santo Domingo).

            En Sudamérica la primera zona que comenzó a cultivar caña de azúcar fue Brasil. Más concretamente en el año 1520 los portugueses introdujeron caña de azúcar en el nordeste del actual territorio de Brasil. Dicha zona, además de sus óptimas condiciones agroecológicas, tenía una excelente ubicación por encontrarse próxima a Europa, donde estaba el mercado consumidor, y a Africa, donde se encontraba la mano de obra (Correia de Andrade, 1994).

            En la República Argentina el origen del cultivo de la caña de azúcar es ubicado por algunos autores como iniciado a partir del siglo XVII (Bisio y Forni, 1976; Reboratti, 1996). Reboratti (1996), sostiene que dicho cultivo llegó al país específicamente con las misiones jesuitas.

En las provincias de Salta y Jujuy, la producción azucarera comenzó a realizarse hacia fines del siglo XVIII. Si bien la misma se desarrollaba de modo limitado y artesanal con trapiches de madera tirados por bueyes. García Recio (1988)[1] considera probable que desde Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) llegase al noreste de Salta la "caña criolla", variedad poseedora de una fibra de poca resistencia, apropiada para los trapiches de madera. Poco más tarde la caña criolla fue reemplazada por una variedad de mayores rendimientos la "caña de Java". Durante varias décadas, la producción azucarera estuvo orientada a los mercados locales y regionales (Villa, et al. 1996) y su afianzamiento en las mencionadas provincias se logrará recién un siglo más tarde[2].   

La consolidación de la producción azucarera en las provincias de Salta y Jujuy, se produce en el contexto del proceso de afianzamiento del Estado Nacional. La plantación y el ingenio han sido responsables de un quiebre en las relaciones sociales y productivas preexistentes, en el marco de la instalación del nuevo sistema económico productivo.

             La mano de obra utilizada en la producción azucarera argentina tuvo sustanciales diferencias con la empleada en el resto de América, donde se utilizó fundamentalmente mano de obra esclava. Sin embargo a pesar de que, en el caso Argentino la fuerza de trabajo no fue esclava en sentido estricto, en el reclutamiento de la misma, se utilizaron diferentes mecanismos coercitivos.

            Los ingenios azucareros fueron importantes agentes tanto en la transformación social como en la conformación de nuevas pautas, costumbres y relaciones sociales. En el noroeste argentino fueron numerosos los pobladores de zonas rurales que debieron adecuar sus actividades productivas y sus vidas cotidianas al trabajo temporario en los ingenios azucareros. A su vez, hacia el interior de éstos se configuró un universo de relaciones interpersonales característico.

            De esta manera, se podría afirmar, junto con Abduca (1999) que las formas de propiedad y producción establecen pautas elementales en la organización del espacio, constituyéndolo en territorio (Abduca, R., 1999). Así una nueva actividad productiva, al incorporarse a un espacio puede generar profundas alteraciones en el mismo, y el sector social involucrado en la nueva actividad (voluntaria o involuntariamente), puede padecer profundas alteraciones en su tiempo, su espacio, sus relaciones, su economía doméstica y su vida cotidiana.

 

Organizando el territorio. Controlando a la población

       A comienzos del siglo XIX, se produce un quiebre en el sistema colonial, a la par de un paulatino proceso de afianzamiento del Estado Nacional. En principio, no debe desconocerse que todo Estado necesita absolutamente de la apropiación, el control y el conocimiento de un territorio. Oszlak (1981), a su vez considera que la formación de un Estado es parte de un proceso en el cual se definen distintos planos y componentes que paulatinamente van estructurando una determinada vida social "..... contribuyendo en grado variable a la conformación de un Estado Nación, entre ellos, el desarrollo relativo de las fuerzas productivas, los recursos naturales disponibles, el tipo de relaciones de producción establecidas, la estructura de clases resultantes y la inserción de la sociedad en la trama de relaciones económicas internacionales". (Oszlak, 1981: 1)

            Minvielle y Zusman (1995) sostienen que la delimitación de un territorio de dominación es parte constituyente del proceso de cohesión interno y diferenciación externa. En consecuencia, en la conformación de un Estado Nación, es absolutamente necesario en un principio conocer el territorio, a fin de poder controlarlo, y establecer los límites con otros Estados. Así, una vez definido el territorio y controlada su población, es posible realizar una serie de inversiones a fin de garantizar la organización de una determinada estructura económico-productiva, incorporada a su vez en el contexto económico internacional.

            A partir de 1860, el país comienza un nuevo proceso de inserción en el mercado internacional[3], esto hacía necesario, incorporar nuevos espacios y mano de obra para las nuevas actividades productivas consecuentes con el nuevo rol de la Argentina en el mundo. No obstante, aún varias décadas después de producido el movimiento revolucionario todavía quedaba un extenso espacio, sin controlar y habitado por pueblos organizados a partir de racionalidades distintas y modalidades productivas diferentes a las que el Estado Nación en formación quería imponer. Dicho Estado debió valerse de diversos mecanismos para, paulatinamente, ir penetrando en el espacio y la población a fin de lograr el control de ambos al tiempo de estructurar un sistema determinado de clases. Este proceso necesitó para su concreción  varias décadas.

En el relato de Geronimo de La Serna[4], se puede observar de alguna manera una necesidad de legitimar, la ocupación de un espacio que se encontraba habitado por indígenas, a fin de incorporar las nuevas actividades productivas. Al tiempo de facilitar también el conocimiento de las potencialidades productivas de los territorios que despertaban interés y la organización y racionalidad de los espacios ocupados por indígenas a fin de poder incorporarlos al nuevo proyecto político del Estado Nación. Así, Geronimo de La Serna, por ejemplo, en sus "1500 leguas a lomo de mula", realiza extensas descripciones del clima, vegetación, algunos incipientes cultivos, y potencial mano de obra.

            "... Los elementos fundamentales para la industria abundan allí, ... brazos y tierras baratas, combustible vegetal abundante, eximio, inagotable, en bosques que pueden figurar entre los mejores del mundo ... Su explotación industrial es cuestión de capitales y medios de comunicación" (de La Serna, 1885).

            Bialet Masse, en su informe realizado ya en los primeros años del siglo XX, en el cual abundan las referencias a civilización, progreso y estado, se refiere al indio como el elemento más eficiente del progreso “.... sin él no hay ingenio azucarero, ni algodonal, ni maní, ni nada importante” (Bialet Masse, 1904: 55).

            Al respecto, un decreto de Saenz Peña, emitido el 27 de octubre de 1911, señalaba que uno de los principales objetivos de la Campaña del Chaco[5], era la obtención de una abundante provisión de mano de obra indígena (Rutledge, 1987).

            Así, entre fines del siglo XIX y principios del XX, las campañas militares, la explotación del tanino, la producción cañera, el trazado de vías férreas y la producción algodonera transformaron intensamente la región del Chaco[6]

 

Un Estado Nación para todo el territoio?:

            Convencionalmente se sostiene que el proceso de consolidación del Estado Nación fue concretado en el período comprendido aproximadamente entre 1860-1880 (Zusman, 1994; Chiaramonte, J. 1989.; Oszlak, 1981). Para Oszlak el triunfo de Pavón, que confirmó la hegemonía de Buenos Aires sobre el resto del territorio argentino allanó (a partir de 1862) el camino para la definitiva organización del Estado Nacional[7].        

            Sin embargo en el presente trabajo se considerará que la consolidación del Estado Nación no se concretó al mismo tiempo en todo el territorio. Dentro de esa consolidación se considera: la penetración del Estado en el espacio, el control y organización del mismo, la imposición de un idioma y de una religión, y en cierto sentido la dominación y la homogeneización[8] de la población en función de las nuevas actividades productivas. Este proceso, que en numerosas áreas de la región pampeana se concretó a mediados del siglo XIX,  en el norte argentino sin embargo recién  se efectivizó, en  los primeros años del siglo XX.  

Como ejemplo de lo anterior podría mencionarse la ausencia de medios de comunicación en la porción oriental de la provincia de Salta. En el caso del ferrocarril, elemento esencial en la organización productiva y el control territorial, el ramal hacia la localidad de  Orán, se terminó de construir recién en 1916 (Sweeney y Benavides, 1998). A  su vez, el ramal del ferrocarril que vincula Formosa con Embarcación, localidad ubicada en el oriente salteño, se finalizó  en 1930

 Otro elemento que afianza lo manifestado más arriba es una información recabada en Santa Victoria Oeste[9]. En dicha localidad el Estado no se hizo cargo del control de los nacimientos, casamientos y defunciones hasta 1923, hasta esta fecha los mismos estuvieron controlados por la Iglesia.         

            A su vez son abundantes los testimonios escritos de la época (Bialet Masse, 1904; Niklison, 1917) que relatan el desconocimiento del idioma por parte de prácticamente la mayoría de la población indígena del norte. También abundan los relatos sobre la necesidad de evangelizar o cristianizar a dicha población:

Bialet Masse se refiere  la existencia de escuelas nacionales y a la importancia de las mismas, si bien menciona que en algunos casos estas son solo para niños cristianos, y manifiesta al respecto “hay sin embargo centenares de niños a quienes enseñar siquiera el idioma del país” (Bialet Masse, 1904: 97). También menciona en el mismo informe a la “influencia poderosa” de la religión en los indígenas (Bialet Masse, 1904: 75). Destaca el mismo autor además que el indígena no tenía idea alguna de la vida civilizada ni nadie hacía nada por inculcársela, si bien se refiere mas adelante los señores Leach  (familia fundadora del ingenio La Esperanza) “han introducido aquí la vida medio civilizada” (Bialet Masse, 1904: 94).  

            Bialet Masse no es el único que habla de la vida civilizada, Niklison[10], quien redactó su informe en 1917, también se refiere al “deseo de amparar y civilizar a los indios del Norte” (Niklison, 1917: 127).  

San Martín del Tabacal, espacio y población

            La producción nacional de azúcar encontró nuevos mercados a partir de la Primera Guerra Mundial y la consecuente destrucción de las usinas europeas de remolacha azucarera. Como consecuencia de esto el precio del azúcar tuvo un incremento, al igual que la producción. Es en este momento, más precisamente en 1918 cuando se funda el ingenio San Martín del Tabacal. La hipótesis de trabajo sostiene que éste ingenio, ubicado en una zona próxima a la frontera argentino-boliviana[11] fue funcional a la necesidad de control territorial y poblacional del Estado Nación.      

            El ingenio y refinería San Martín del Tabacal, uno de los ingenios de mayor relevancia y protagonismo del norte argentino, fue fundado por Robustiano Patrón Costas[12], Pedro Mosoteguy, Juan Patrón Costas y Pedro Bercetche y se ubica en la localidad de Hipólito Yrigoyen, aproximadamente a 15 kilómetros de la ciudad de San Ramón de la Nueva Orán, al noreste de la provincia de Salta. Muchos de los  trabajadores de este ingenio provenían de la región del Chaco, de los valles altos de Salta y Jujuy y de Bolivia.

             Regionalmente ha tenido y también relevancia el ingenio Ledesma, ubicado en la provincia de Jujuy. Dicho ingenio posee actualmente refinerías de alcohol y fábrica de papel. Por su tamaño ocupa el primer lugar en América Latina y está entre los primeros del mundo. En la región se encuentran también el ingenio Río Grande en La Mendieta, próximo a San Salvador de Jujuy; el ingenio La Esperanza, ubicado en la ciudad de San Pedro de Jujuy y el ingenio San Isidro[13], de mucha menor magnitud que los anteriores, ubicado en la localidad de Campo Santo, en la provincia de Salta.  

            Sweeney y Benavides, cuya postura es manifiestamente a favor del San Martín del Tabacal, sostienen que entre 1918 y 1920, el mencionado ingenio transformó Tabacal[14], de una selva primitiva a orillas del río Bermejo en una empresa industrial que en unos años más sería el centro vital de una comunidad próspera y productiva capaz de albergar a 15.000 personas durante la zafra anual[15]

             Sostienen los mismos autores que poco había cambiado esta zona del norte del país desde la colonia hasta que el hombre y el hacha llegaron a desbrozar la selva agreste, abriendo vías de comunicación y transporte, canalizando las aguas de las lluvias y de los ríos para hacer florecer los cañaverales de la empresa azucarera que en un momento fue la más productiva del mundo (Sweeney y Benavidez, 1998:95)[16]

            Patrón Costas utilizó como recurso, al igual que muchos relatos del momento, la metáfora "desierto". En una carta dirigida a Lisandro de la Torre[17] explica los comienzos del ingenio y la organización del mismo. Manifiesta que en el "desierto", por la falta absoluta de recursos locales, fue necesario poner desde la primera estaca para la habitación del personal superior y de los obreros; buscar unos y otros componentes y en número suficiente. Desmontar grandes extensiones de magníficos bosques; hacer ramales de ferrocarril y construir las propias líneas de trocha angosta; levantar una fábrica moderna, venciendo dificultades para conseguir materiales aquí y en Europa y hacerlos llegar con un ferrocarril que tarda hasta dos meses para conducirlos desde Tucumán..." (Swneeney, E y Benavides, 1997:98)

 Es por demás interesante el uso que se hace del término "desierto" en este contexto. Brackebush (1883), utiliza términos como "desierto despoblado" pero con "indios salvajes que amenazaban la vida del explorador".

            Gerónimo de La Serna hace referencias semejantes:

            "Ya a fines del siglo XVIII, Orán había conquistado méritos excepcionales a la consideración del rey, a pesar del poco tiempo que llevaba de fundada, considerándosele como uno de los establecimientos más valiosos creados por la acción del progreso y civilización en que la provincia de Salta estaba empeñada, en sus luchas incesantes contra los indios del Chaco y la acción letal del desierto inconmensurable" (De la Serna, 1885).        

            En este último caso se advierte una identificación por una parte entre indígenas y desierto y por otra parte, colocándolo en un sitio opuesto el progreso y la civilización. 

            Según Minvielle y Zusman (1995)  "... Esta metáfora permitió ejercer cierto tipo de dominación antes de emprender su ocupación. Al igual que en el caso norteamericano la metáfora del desierto se aplicó aquí a un espacio ajeno a la llamada "civilización", la tierra del indígena, hostil, en cuanto en ella se carecía de los medios para la sobrevivencia a los cuales estaba acostumbrado el habitante del no-desierto. Pero esta imagen poseía también otro tipo de connotación la idea del desierto se presentaba también como un estímulo para su conquista y su dominación".

            La presencia del ingenio San Martín del Tabacal tuvo importantes efectos socioespaciales. El mismo (fábrica y plantación) llegó a extenderse desde el río Colorado hasta la localidad de Orán, ubicada a unos 30 km. de la frontera con Bolivia. A su vez Orán, junto con Pichanal y Embarcación, fueron localidades que brindaron diversos servicios al ingenio, el cual tal como ya se ha mencionado llegó a tener varios miles de trabajadores en su interior durante la época de zafra.

            Los primeros trabajadores del surco en el Tabacal fueron indígenas provenientes del Chaco. Unos años antes de la fundación del San Martín del Tabacal ya se había configurado un comercio de mano de obra indígena para los ingenios salto-jujeños:

           Schleh (1945), cita una carta escrita en 1895 por propietarios de ingenios de Salta y Jujuy, dirigida a un oficial a cargo de los fuertes de la frontera chaqueña. En la misma, los propietarios de los ingenios hacen referencia a las actividades de los colonos del Departamento de Rivadavia (provincia de Salta), quienes inducidos por ciertas autoridades provinciales, habían desarrollado un comercio del trabajo indígena, reclutando Matacos en el Chaco y transportándolos hasta las zonas de plantación, donde les cobraban a los propietarios de los ingenios una cierta suma por cada indígena que les entregaban (Schleh, 1945). 

            Los indígenas, partían hacia la zafra a mediados de marzo (la zafra comienza en el mes de mayo)[18]. Estos iban trasladados por los contratistas que también llevaban ganado en pié para alimentarlos durante el viaje. Hasta el momento en que se finaliza la construcción del ferrocarril que une las localidades de Formosa con Embarcación (1930) los indígenas debían recorrer a pie los varios cientos de kilómetros, que los separaban de los ingenios.

            San Martín del Tabacal organizó el espacio en su interior, las plantaciones de caña fueron divididas en lotes, había distintas viviendas para los distintos tipos de trabajadores; había almacenes, iglesia, escuela, hospital[19] y también policía y moneda propia (se entiende por ésta última los vales que solo podían cambiarse en los almacenes del mismo ingenio).

            Los indígenas que trabajaban en el ingenio[20] en los comienzos no hablaban español, eran necesarios en consecuencia los "lenguaraces" que hacían de traductores[21]. Esta situación se mantuvo hasta que los indígenas paulatinamente fueron aprendiendo el español. En el ingenio se realizaban además periódicamente actividades religiosas, muchas de estas eran exclusivamente para los dueños del ingenio, sus familias y el personal administrativo[22] no obstante algunas celebraciones religiosas se hacían en los mismos lotes donde debían  participar los indígenas (Gallo Mendoza, 1999). Téngase en cuenta que Robustiano Patrón Costas tenía fuertes creencias religiosas (Swneey y Benavides, 1997).

            En algunos comentarios elogiosos hacia el ingenio suelen encontrarse referencias al progreso y a la frontera: 

            Felix Luna (1999) ha manifestado sobre Patrón Costas:

             "Formó una industria muy fuerte y muy importante .... promovió varias iniciativas de bien público. Indudablemente su mentalidad era conservadora, tenía pautas religiosas bastante rígidas, pero dentro de esa mentalidad había un propósito de progreso”.

            Un visitante del ingenio, Venidero Morandi también describe "las casitas blancas de techos rojos, como un avance de la civilización sobre la selva..." y agrega, "Lamenté que todos los argentinos no estuvieran a mi lado para admirar como yo estaba admirando una obra magistral, nacida y fortalecida casi en las fronteras del país. Para que compartirán mi emoción y comprendieran lo que un puñado de hombres había dado a la patria" (Sweeney y Benavides,1998: 117). 

 

Algunos comentarios finales

            Son numerosas, en los escritos de la época, provenientes tanto del ámbito público como privado las referencias  a:  “patria”, “progreso”, “civilización”. Era necesario extender ciertos atributos del Estado a diversas zonas que carecían de ellos. Sin embargo, qué objetivo tuvo la consolidación del Estado Nación en esta zona del país, qué  funcionalidad cumplía el mismo?, para quién era este Estado?.

            El ingenio San Martín del Tabacal, (recuérdese que fue fundado en 1918), organizó un espacio determinado, tanto exterior como interiormente. Hacia el exterior, el ingenio otorgó diversos roles a las distintas ciudades que se encontraban próximas al mismo y al cual le brindaban diversos servicios. Estas ciudades eran Orán, Pichanal, Embarcación. Al mismo tiempo activó el comercio a partir de los comerciantes de estas localidades[23], quienes instalaban sus tiendas los días de pago a lo largo de la puerta del ingenio vendiéndole diversos artículos a los trabajadores (muchas veces engañándolos)[24].  

            Teniendo en cuenta que los diferentes sectores sociales establecen lazos con el espacio que ocupan. Hacia su interior, el ingenio configuró también un espacio propio, convirtiéndolo en territorio; un espacio que les daba a sus trabajadores una determinada identidad y con el cual paulatinamente fueron estableciendo una relación de pertenencia.

En el Tabacal trabajaron familias enteras, a partir de los cual los padres fueron transmitiendo y enseñando el trabajo del surco a  sus  hijos. El ingenio en su vida y actividades    cotidianas  fue "inculcando" a  sus  trabajadores  diversos  elementos vinculados al Estado Nación (idioma, religión, uso de moneda circulante[25], símbolos patrios) Podría afirmarse  que  el San Martín del Tabacal fue imponiendo a sus trabajadores un determinado modelo de "ciudadanización".

            Este modelo de ciudadanización resulta a su vez homogeneizador. Así se sostiene, junto con Anderson (1986) que es precisamente una ideología territorial, la que puede resultar unificadora internamente y divisora externamente a la vez que define a la gente en términos de pertenencia (o no pertenencia) con respecto a un país y a una cultura particular que designan una nación.  

 

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[1] En Gullón Abao, 1992.

[2] En la provincia de Tucumán, la producción azucarera se consolida a partir de 1876, con la llegada del ferrocarril. Dicha producción tendrá una estructura productiva muy diferente a la de las provincias de Salta y Jujuy.

[3] En este momento se inicia el período comúnmente llamado  “División internacional del trabajo”, el cual se extiende hasta 1930.

[4] Viajero que recorrió extensas zonas del norte argentino en las últimas décadas del siglo XIX.

[5] Entre los indígenas de la región del Chaco se encontraban  los primeros trabajadores de los ingenios

[6] Al hablar de la región del Chaco se hace referencia al extenso territorio que ocupa la porción oriental de Salta, las provincias de Formosa y Chaco, el sector noreste de |Santiago del Estero y una porción Sur de la República del Paraguay

[7] Si bien Oszlak aclara que el Estado Nacional surgido de Pavón no adquirió automáticamente sus atributos, sino que debió luchar para constituir su dominio en diversos planos.

 

[8] Entendida en sentido cultural e ideológico

[9][9] Departamento ubicado el norte de la provincia de Salta, cuyos pobladores, masivamente trabajaron en el Ingenio San Martín del Tabacal entre los años 1930 y 1970

   [10] Inspector del Departamento Nacional del Trabajo. Autor de la Investigación sobre los indios matacos trabajadores

    [11] Orán se encuentra aproximadamente a 30 km. de la frontera y el ingenio a unos 45 km. de la misma

  [12] Quien ocupó además diversos cargos públicos en el gobierno provincial y nacional.

 [13] Recientemente cerrado

[14] La zona recibía ese nombre previo a la instalación del ingenio

   [15] Relato basado en un artículo de La Nación fechado el 8 de diciembre de 1938

   [16] Confirmaría este relato lo sugerido sobre el afianzamiento tardío del Estado Nación en esta zona

   [17] Con quien mantenía periódicamente correspondencia

    [18] Conti, V.; Lagos, M. y Lagos, A. de (1985); Gordillo, G. (1995) y Trinchero, H. (1995) se refieren al trabajo indígena en los ingenios saltojujeños.

    [19] En los primeros años del ingenio a la escuela no asistían los hijos de los indígenas y el hospital solo atendía "población blanca".

    [20] Si bien pertenecían a diferentes étnias solían recibir todos el nombre de "Chaguancos"

    [21] Algunos indígenas tenían conocimiento del inglés debido probablemente a su contacto con Anglicanos.

   [22] Principalmente las misas semanales

    [23] La mayor parte de éstos de origen sirio-libanés (Gallo Mendoza, 1999)

    [24] Recuerdese que en tiempos de zafra en el ingenio había alrededor de 15.000 trabajadores.

    [25] Parte del pago sí era realizado en dinero legal


Ponencia presentada en el Tercer Encuentro Internacional Humboldt. Salta, Argentina. Octubre de 2001.