Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 547 al 566 
AsuntoAutor
149/04 - LOS HECHO Humboldt
150/04 - VUELOS RE Humboldt
151/04 - VUELOS IN Humboldt
152/04 - LAS TELEC Humboldt
153/04 - VOLOS SAO Humboldt
154/04 - PRIMERA C Humboldt
155/04 - VUELOS RE Humboldt
156/04 - MOVILIDAD Humboldt
157/04 - VUELOS AS Humboldt
158/04 - La Fragme Humboldt
159/04 - CÓMO LLEG Humboldt
160/04 - CÓMO LLEG Humboldt
161/04 - BAHÍA BLA Humboldt
162/04 - LAS ACTIV Humboldt
163/04 - BUENOS AI Humboldt
164/04 - El Desarr Humboldt
165/04 - Accionar Humboldt
166/04 - La Transf Humboldt
167/04 - NUEVOS ES Humboldt
168/04 - VUELOS BA Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 582     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 156/04 - MOVILIDAD ESPACIAL DE LA COMUNIDAD COREANA EN LA PROVINCIA DE TUCUMAN (ARGENTINA)
Fecha:Sabado, 5 de Junio, 2004  00:32:02 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

MOVILIDAD ESPACIAL DE LA COMUNIDAD COREANA

EN LA PROVINCIA DE TUCUMAN (ARGENTINA)

 

Prof. Liliana Palacios de Cosiansi

Prof. Sergio Francisco Naessens

UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMAN

 

INTRODUCCIÓN

 

La historia demográfica de la República Argentina está ligada, desde sus orígenes, a la llegada de diversas oleadas migratorias provenientes de prácticamente todo el mundo. El aporte de diferentes pueblos y culturas fueron conformando una sociedad amalgamada desde la heterogeneidad.

Europeas, árabes y judías fueron las nacionalidades que prevalecieron en los flujos migratorios que recibió nuestro país desde fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX. Éstas fueron seguidas por una nueva corriente proveniente de los países limítrofes. Y desde la década del ´60 llegó otra inmigración, nuevamente ultramarina, representada por flujos asiáticos, cuyo número sin dudas es menor a su visibilidad social. Es precisamente la inmigración coreana (de Corea del Sur) la que nos ocupa en esta investigación y que aporta un nuevo elemento al cuadro migratorio tradicional, dada la diferente pertenencia cultural que traía consigo.   

El objetivo de este trabajo es analizar el proceso de arribo de los inmigrantes coreanos a la provincia de Tucumán y su inserción económico-comercial en nuestro medio. La llegada fue producto de una inmigración directa desde Corea o de una remigración desde otra provincia argentina, pero siempre a través del funcionamiento de cadenas migratorias. ¿Qué los llevó a emigrar o a reemigrar? ¿Qué priorizan en su decisión de instalarse en un lugar? ¿Qué factor los hace quedarse definitivamente?

Una vez asentados, siempre en medios urbanos, con excepción del primer grupo que tuvo una finalidad agrícola en un ambiente rural del Noroeste argentino, se dedicaron sistemáticamente al comercio de ropas. Y es aquí, ya insertos en la ciudad, cuando encaran una interesante movilidad territorial. ¿Qué buscan a través de ella? ¿Ha encontrado la comunidad, después de veinte años de presencia en Tucumán, su madurez territorial o sigue en la búsqueda de nuevos parámetros de vida? ¿Cómo se organizan en la vida laboral? Su prioridad está puesta más en lograr una efectiva integración con la comunidad local o en alcanzar su movilidad social? ¿Qué papel juega el mundo del trabajo en sus vidas? ¿Es sólo un medio de vida o tiene connotaciones culturales de mayor peso?

Las hipótesis de este trabajo están planteadas a través de estas preguntas que serán abordadas a lo largo del desarrollo del mismo, aunque el punto clave está puesto en la reconstrucción de los pasos seguidos por esta comunidad en la provincia de Tucumán. Comenzaremos por un planteo teórico para ubicarnos conceptualmente en los parámetros que guiaron nuestra investigación. A continuación una breve historia de la llegada de los primeros inmigrantes a nuestro país, puesto que el proceso está íntimamente ligado al de nuestra provincia. Y, por último, los procesos de inclusión de la comunidad en el mundo laboral tucumano.

Cabe destacar que intercalamos testimonios de inmigrantes coreanos, pero optamos por mantenerlos anónimos para resguardar la identidad y privacidad de los entrevistados.

 

 

MARCO TEÓRICO

 

Vamos a partir del concepto de “migración”, definido por De Marco, Durán y Sassone, como “un fenómeno dinámico y complejo que implica un desplazamiento territorial de población desde el lugar de asentamiento original o previo hacia otro lugar, con la intención de instalarse en él y entablar, en consecuencia, nuevos vínculos con la comunidad receptora”[1].

A nadie escapa la nueva tendencia de la Geografía a estudiar y analizar procesos dinámicos y las bases espaciales sobre las que se desarrollan dichos fenómenos. Y la temática de las migraciones internacionales conlleva la problemática de los flujos espaciales, de la interacción entre diferentes lugares y de los efectos producidos por la redistribución poblacional.

Es en este último aspecto en el que hace hincapié la Geografía desde el punto de vista conceptual, por las implicancias espaciales que presenta: en las consecuencias de los trasvases demográficos sobre la superficie terrestre y en la redistribución de la población implícita.

Por otro lado, el desplazamiento de población, implica la elección de un destino. Dicha determinación obedece a la imagen o concepción de la utilidad del lugar que perciben los potenciales migrantes en su origen. En el destino, los extranjeros eligen algunos sectores específicos que concentran las mayores fuerzas de atracción en función de las oportunidades económicas, sociales, religiosas y culturales, entre otras.

Este nuevo grupo humano produce transformaciones en el espacio de atracción y genera un determinado ordenamiento territorial. Y este proceso se hace evidente en la comunidad coreana por el tipo de actividad económica que encara y que genera un fuerte impacto en la tradicional estructuración espacial del micro centro de la ciudad capital de la provincia y que logra reorganizar.

No puede obviarse en la elección la incidencia del origen étnico, pues cada corriente llega con toda su carga cultural y debe poner en funcionamiento los mecanismos propios de la integración, desarrollando un sentido de pertenencia en el área de destino en base a nuevos lazos espirituales. Inician el camino de la reconstrucción; si no lo logran, se segregan social y espacialmente, o aún reemigran o encaran el sendero del retorno.

En este encuadre teórico aparece implícito el concepto de “movilidad espacial” como una forma más amplia de migración, que incluye todas las clases de movimientos territoriales para cualquier distancia, duración o grado de permanencia. Este trabajo intenta analizar cómo esa movilidad espacial en el seno de la colectividad, está relacionada o condicionada por la movilidad social y por una búsqueda permanente de progreso económico. 

 

EL ARRIBO DE LOS COREANOS A LA ARGENTINA

 

La llegada de los primeros inmigrantes de origen coreano a nuestro país data del año 1956 y se trataba de militares norcoreanos, prisioneros de guerra, a quienes se les había dado la oportunidad de emigrar a otro continente, desde Corea del Sur.

En el año 1962 se firmó un acuerdo diplomático entre la República de Corea del Sur y la República Argentina; pero recién a partir del año 1965 comenzaron a llegar oficialmente inmigrantes de Corea con destino final Argentina.

A partir de la década del ´60 el mismo gobierno de Corea fomentó la emigración de sus ciudadanos hacia otros países, mediante subvenciones y ayudas, como una forma de hacer frente al alto crecimiento demográfico de la población (Ley de Emigración N° 1030, promulgada en 1962). Pero otras causas se sumaban a la ya expresada para incentivar fuertemente a la población en su decisión de emigrar. Si bien a partir de 1962 se pusieron en marcha los planes quinquenales que fortalecerían su economía a partir de un acelerado proceso de industrialización, los resultados recién se verían algunos años más tarde. Bajo un nuevo régimen militar desde 1961, la violencia y la represión ganaron las calles de Corea. Asimismo crecía la inseguridad y el temor ante una posible invasión de Corea del Norte, como había ocurrido en 1950. Con un nuevo modelo de país que miraba al exterior y apostaba a su producción industrial, se resintió y debilitó enormemente su sector rural, generando un estancamiento de la producción agrícola y un aumento de la pobreza y de los períodos de hambre, lo que motivó un fuerte éxodo rural. Pero los desempleados se acumulaban en las ciudades, formando villas de emergencia alrededor de ellas. Gran parte de la población no encontraba un lugar en la estructura productiva a causa de la transformación del sistema económico-social.

Corea del Sur estaba sumida en una profunda crisis social y económica y no ofrecía, a gran parte de su población, ninguna posibilidad de mejoramiento de su calidad de vida material, psíquica, ni afectiva. Con este panorama se puede comprender mejor los motivos de partida de los primeros emigrantes de Corea.

En este contexto, Argentina representaba una nueva perspectiva de progreso individual, familiar y colectivo.

Siguiendo el análisis del proceso de inmigración coreano que realiza Carolina Mera[2] se pueden distinguir diferentes etapas de arribo: de 1956 a 1970; de 1971 a 1977; de 1978 a 1983 y desde 1984 a la actualidad. Cada etapa conlleva distintas motivaciones que los impulsa a emigrar, diferentes condiciones de entrada y radicación en el país, y disímiles objetivos en la elección de nuestra nación. Si bien resulta muy interesante el análisis de cada etapa con sus características distintivas, no creemos pertinente hacerlo en este trabajo, que busca básicamente posicionarse en aquellos inmigrantes que llegaron directa o indirectamente a la provincia de Tucumán.

Cabe destacar que desde mediados de la década del ´60 el Gobierno Coreano, a través de la Corporación Coreana de Desarrollo de Ultramar (KODCO), ha invertido en nuestro país mediante la adquisición de tierras para que sean trabajadas por inmigrantes coreanos. Así es como en 1977 KODCO adquirió la COLONIA CAMPO DE ISCA YACU en el Departamento Jiménez, sobre la línea del Ferrocarril General Belgrano, al Noroeste de la provincia de Santiago del Estero, que fue el asentamiento inicial de los coreanos en el Noroeste del país.

El protagonista de la concreción de este proyecto fue el Sr. IK HWAN LEE, quien había llegado solo a Buenos Aires, procedente de Seúl en 1967, después de haber perdido todos sus bienes en Corea como resultado de un mal negocio. Eligió este destino recordando las palabras de su profesor de Historia de la escuela primaria: “Argentina es el paraíso, hay mucha tierra para trabajar”.Una vez en Buenos Aires, sin medios económicos y sin el manejo del idioma, intentó los más variados trabajos: fotógrafo, zapatero, verdulero, almacenero, tintorero. Al cabo de tres años logró enviar dinero para que su madre, esposa y dos hijos viajaran desde Corea y se reunieran con él.

Pero él insistía en trabajar el campo.

“En Corea se pedían inmigrantes para Argentina, para trabajar en agricultura, perolos coreanos al llegar se quedaban en las ciudades y no iban al campo; por eso los

coreanos fueron mal mirados, porque no cumplían su palabra”.En 1977 el Sr. LEE se puso en contacto con el Cónsul de Corea, quien le sugirió que se trasladase a Ituzaingó (Corrientes) para dedicarse a la agricultura, pero esperando su turno en una fila a fin de concretar este proyecto, un hombre le sugirió que pidiese información sobre Isca Yacu en Santiago del Estero. Se contactó con dos profesionales agrónomos coreanos, con su Consulado en Buenos Aires y con la Secretaría de Agricultura y Ganadería de la provincia de Santiago del Estero. En la información suministrada desde Santiago del Estero, aparecía una colonia de 500 hectáreas con su infraestructura completa, en donde se disponía de 40 casas con tendido de corriente eléctrica y agua proveniente de un pozo surgente de 216 metros de profundidad y con un caudal de 230 mil litros hora. Este lugar había pertenecido a una empresa de desmonte que ya había abandonado sus tareas.

Con ayuda de KODCO, los coreanos adquirieron estas tierras y en marzo de 1978 20 familias coreanas (4 provenientes de la ciudad de Buenos Aires y 16 arribadas directamente desde Corea), que totalizaban ochenta y tres personas, se instalaron en la Colonia de Isca Yacu. Las condiciones de asentamiento exigidas por la provincia para cada inmigrante eran documentación en regla, certificado de buena conducta y aptitud para cumplir tareas agrícolas.

Los nuevos colonos adquirieron toda la maquinaria agrícola necesaria, y después de desmontar 260 hectáreas con la ayuda de una empresa privada, el núcleo familiar, incluyendo mujeres y niños, se dedicó de lleno a las tareas de preparar las tierras e iniciaron la siembra de maíz, poroto negro, sorgo, soja, etc.. Las verduras no prosperaron debido a la sequedad del clima. Isca Yacu se encuentra en la llanura santiagueña, en un área bastante homogénea desde el punto de vista geomorfológico y con una suave pendiente NO-SE. Presenta un clima subtropical con estación seca, pero con fuertes características de semiárido y megatérmico, con un acentuado déficit hídrico que se manifiesta todo el año.

Luego de un año comprobaron que los rendimientos obtenidos estaban por debajo de lo calculado, lo que no les permitiría prosperar. Estudios realizados constataron que una sola familia requería entre 200 y 300 hectáreas, para obtener las ganancias necesarias para vivir cómodamente. Los rendimientos de 1.000 a 1.200 kilos de poroto negro y de 2.000 a 2.500 kilos de soja por hectárea, no resultaban redituables al productor de esa zona dados los elevados gastos de insumos y los altos precios para transportar los granos. Además, las posibilidades de ampliar las áreas de cultivo se veían restringidas por la baja calidad del agua de riego a causa de su alto contenido salino.

A fin de hacer frente a la delicada situación económica que atravesaba la comunidad, las mujeres seleccionaban prendas de vestir, telas e incluso utensilios coreanos que habían traído consigo, a fin de venderlos. Los jefes de familia se turnaban para trasladarse los fines de semana a la localidad de Simoca, ubicada en el centro–sur de la provincia de Tucumán y distante unos 100 km desde Isca Yacu, con el objeto de ofrecer los elementos coreanos como “vendedores ambulantes” en la tradicional y concurrida “Feria de Simoca”.“Yo no hablaba castellano. Sólo sabía decir “barato” “barato” y gente seacercaba y compraba. Fueron época muy difícil”.La figura de los “vendedores ambulantes” forma parte del paisaje rural-urbano de la provincia de Tucumán, y aún del Noroeste argentino, ya desde principios del siglo XX, cuando los primeros inmigrantes de origen árabe y judío tomaron esta actividad como medio para ganarse la vida. No les exigía un frondoso léxico, con palabras claves podían comunicarse y cumplir su objetivo, pero sí les demandaba larguísimas caminatas adentrándose a los lugares más difíciles de acceder. Aunque en menor escala y por un espacio de tiempo mucho más reducido, los coreanos no escaparon a este “inicio laboral en lo comercial” común a los primeros inmigrantes de algunas de las colectividades más importantes de la provincia.Después de dos años de vanos intentos, las familias coreanas fueron paulatinamente abandonando las tierras de Isca Yacu. Quince de ellas emigraron a Buenos Aires y las restantes se asentaron en ciudades cercanas tales como San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero. Es en este momento, cuando corría el año 1980, en que comienza la historia de los coreanos en la provincia de Tucumán.

La elección de esta última provincia por parte de algunas familias respondió a que este espacio específico concentraba las mayores fuerzas de atracción en función de las oportunidades económicas, sociales y culturales que el grupo esperaba. Dicha determinación obedeció a la imagen o concepción de la utilidad del lugar que percibían los potenciales migrantes desde Isca Yacu.

Sólo una familia, la del Sr. LEE, quedó establecida en Isca Yacu como símbolo de la voluntad coreana de cumplir con el compromiso contraído de hacer fructificar la tierra. En 1987 esta “colonia coreana” contaba con 300 hectáreas de soja, 150 de cártamo y 50 de poroto negro y en menor proporción una parcela de sésamo y de aloe vera para el consumo coreano.El Sr. LEE envió a sus dos hijos mayores a estudiar a Estados Unidos y él continuó viviendo allí junto a su esposa y su pequeña hija hasta 1990, año en que falleció. Al poco tiempo su viuda vendió el campo, las maquinarias y las pertenencias y partió a Estados Unidos.

Se cierra así el capítulo de “los coreanos en la Colonia de Isca Yacu”, quienes superados por el medio agreste, la merma de apoyo económico desde su gobierno[3] y la necesidad de un mayor bienestar para sus familias, determinaron su alejamiento de estas tierras. El proceso de “remigración”[4] de la comunidad coreana ya había comenzado. Su claro objetivo de lograr una efectiva movilidad socio-económica para sus familias digitaba sus voluntades. La movilidad territorial, en el caso concreto de los coreanos, se vincula a las dificultades de inserción en el lugar de destino y un desfasaje entre lo ofrecido por el medio y sus propias expectativas de movilidad socio-económica.

 

 

INSERCIÓN EN EL MUNDO LABORAL TUCUMANO

 

La ciudad de San Miguel de Tucumán se presenta como un espacio urbano multicultural que no escapa al común denominador de las ciudades argentinas, producto del crisol de razas que ha ido poblando desde fines del siglo XIX estos amplios espacios. Pero si hay un rasgo distintivo para destacar en la composición de su población, es la acentuada herencia americana que imprime, al igual que en el resto del Noroeste argentino, un particular matiz en la fisonomía de sus habitantes. Este es uno de los aspectos que distingue al Noroeste argentino de las demás regiones del país, confiriéndole rasgos de identidad propia.

Es en este contexto demográfico que llegan a partir de 1981 grupos minoritarios de origen coreano, cuya presencia no pasa desapercibida para la población tucumana, dadas sus evidentes características físicas y culturales, que los hacen adquirir mayor visibilidad en el escenario de la ciudad.

Tal como lo precisa Leonor Arfuch, “su periodización relativamente reciente, su conformación, sus modalidades de inserción y poblamiento, su distancia –geográfica, lingüística, imaginaria- hacen de esta inmigración un acontecimiento singular, cuya huella en la comunidad receptora tiene todavía el signo del extrañamiento”[5].

Siguiendo el eje conductor de nuestra investigación, partimos de la base de que es éste un estudio puntual, de escala micro que privilegia el fenómeno de la movilidad a partir de su incidencia o su intervención en distintos fenómenos sociales, y no sólo a partir de su volumen, es decir, reconocemos la importancia del movimiento no por el volumen de la población desplazada sino por la significación que dicho desplazamiento presenta para la sociedad receptora.

En efecto, la comunidad coreana en la provincia de Tucumán está constituida numéricamente por alrededor de 100 personas, es decir una cantidad insignificante si tenemos en cuenta el total de la población en la provincia: 1.142.105 habitantes, y el total de la población en el Gran San Miguel de Tucumán: 622.324 habitantes, según el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1991[6]. Sin embargo, su presencia y progresiva inserción en nuestra sociedad adquiere significación desde una perspectiva económico-comercial. Tomando un concepto de L. Dumont diremos que “dos culturas no entran en contacto directamente en toda su extensión, sino sólo en ciertas zonas”[7].

Podemos afirmar que, si bien en un comienzo la presencia de los negocios coreanos en el sector céntrico de la ciudad de San Miguel de Tucumán fue muy puntual y casi anecdótica, con el correr de estos 20 años la situación cambió radicalmente. Hoy a nadie escapa su presencia y podríamos afirmar que se han vuelto casi imprescindibles para un amplio sector de la población que sistemáticamente se abastece en estos surtidos negocios, que venden en especial ropa femenina y donde se encuentra gran variedad de prendas, colores, diseños, tamaños y, sobre todo, precios muy accesibles.

Resulta muy interesante estudiar la forma en que fueron ganando espacios en el micro centro de la ciudad y la consecuente movilidad espacial en su actividad comercial. Haremos un análisis con los datos preliminares de que disponemos, ya que es un trabajo inicial perteneciente a un proyecto de investigación que comenzó recientemente y se extenderá hasta diciembre de 2003.

En esta reconstrucción de la llegada y movilidad territorial, partimos del hecho de que las primeras familias coreanas arribadas a Tucumán fueron sólo dos, y lo hicieron desde la Colonia de Isca Yacu en 1981. Se localizaron en la periferia del centro de la ciudad de San Miguel de Tucumán con el objetivo de alquilar algún local en el micro centro de la misma, para dedicarse a la venta de ropa de vestir femenina. Esto al comienzo les fue imposible y debieron conformarse con alquilar locales en el sector de la ciudad denominado “El Bajo”, un centro comercial de segundo orden muy cercano a la Estación Terminal de Ómnibus de corta y larga distancia y a la Estación de Ferrocarril General Belgrano. Este barrio comercial muy concurrido, articulado por calle 24 de septiembre desde primera cuadra hasta la numeración del 200, estuvo tradicionalmente ocupado por negocios cuyos dueños eran, en su mayoría, de origen árabe.

“Al centro no teníamos acceso, sólo pudimos llegar (mi familia) a él en 1987-88;o sea que primero nos movilizábamos en la zona del Bajo. Era muy difícil entrar

en el centro; a partir de 1985 otras familias comenzaron a concentrarse en el

centro”.Efectivamente, alrededor de 1985 pudieron alquilar algunos locales pero en calles periféricas del micro centro: sobre Junín y Maipú al 300, Córdoba al 600, pero su objetivo era trasladarse a calles más neurálgicas, más concurridas.

 “El objetivo nuestro, al menos de mi familia, era llegar desde los alrededores alcentro, abaratar un poco los costos de la ropa porque era impresionante los

precios que te estaban cobrando. Me acuerdo que a mis 14 años que una sola

vez di una vuelta por el centro y los precios era una aberración lo que te cobra-

ban, era una estafa los precios de la ropa”.Una de las características de los negocios coreanos es que se vendían prendas de vestir mucho más económicas que en el resto de los locales comerciales tradicionales del medio. Esto era posible porque ponían en práctica un “circuito productivo” que les resultaba muy ventajoso y les permitía abaratar los costos. Este circuito enlazaba Tucumán con Buenos Aires.En Capital Federal, más precisamente en barrios como Once, Flores y en Avenida Avellaneda, se concentran las viviendas-talleres-comercios de la comunidad coreana llegada desde la década del ´60 a nuestro país. Tradicionalmente el barrio de Once era una zona comercial liderada por judíos, y si bien éstos continúan dominando gran parte del capital económico de Once, lo cierto es que en la actividad comercial fueron desplazados por los coreanos. Fueron los propios judíos los que “les ofrecieron las primeras actividades y trabajos en la rama textil a los coreanos, posibilitando así la entrada de esta comunidad en el sistema económico del barrio y de la ciudad”

[8].

Actualmente estos barrios se han convertido en lugares de aprovisionamiento de mercadería barata, debido en gran medida, a que se han instalado enormes y medianos talleres textiles, cuyos propietarios eran en un principio los judíos, pero que fueron siendo reemplazados por dueños coreanos. Los empleados son, preferentemente ciudadanos bolivianos, y en menor medida familias coreanas recientemente llegadas al país. Trabajar en ellos representa una ardua tarea, por la excesiva cantidad de horas de labor y, además, por comprometer a todo el grupo familiar.

Los coreanos también se dedican a la venta mayorista y minorista de mercaderías, sobre todo de origen textil, algunos en sus propios negocios y otros trabajando en las empresas o negocios de otros coreanos.

Se habla de un verdadero “enclave étnico”, donde existe un proceso dinámico en el ámbito laboral, basado en una red étnica solidaria, que implica la adquisición de la información necesaria para el establecimiento de nuevas empresas, del empleo de mano de obra, del aprendizaje de las reglamentaciones desconocidas, etc..

Este sistema de producción abarata enormemente los costos, y por ello el producto final es muy económico.

Este contexto existente en Buenos Aires tiene una doble relación con la actividad de los coreanos en Tucumán. Por un lado, los comerciantes coreanos viajan periódicamente desde nuestra provincia a abastecerse de mercadería en estos populosos y económicos barrios porteños, donde además entran en relación directa con su propia comunidad, manteniéndose los lazos de parentesco y de amistad. Por otro lado, es allí donde se establecen los contactos necesarios para brindar información acerca de las condiciones de vida y situación socio-económica de los coreanos que viven en el interior del país, generando incentivos que favorecen la “remigración” desde Buenos Aires hacia otras provincias. Son verdaderas redes sociales que movilizan el mundo del trabajo.       

Posicionándonos nuevamente en Tucumán, diremos que durante los siguientes 15 años fueron varias, alrededor de 10, las familias coreanas que arribaron a la provincia, a través del funcionamiento de “cadenas migratorias”, ya sea directamente desde Corea (proceso de inmigración), o desde Buenos Aires (proceso de remigración).

Ya hemos hablado con anterioridad del concepto de remigración, y lo vamos a complementar haciendo referencia al exhaustivo análisis que realiza Thernstrom a través del cual demostró cómo los individuos se movían espacialmente, en el siglo XIX, en Estados Unidos, hasta alcanzar un trabajo que les significase una movilidad social. Aquellos que no lo lograban, continuaban moviéndose; de esta forma permanecían estables únicamente los que lograban integrarse en la nueva sociedad[9].

Y a esas motivaciones responde la estructura de movilidad espacial que se observa en la comunidad coreana, sujeta a la promoción socio-económica que logra en la nueva sociedad. Si hay conformidad en el grupo familiar se convertirá este último, en el lugar de destino de esta remigración, pero si no, se lo seguirá buscando a través de un nuevo desplazamiento. Recordemos que estos movimientos están digitados en gran medida, por las cadenas migratorias.

El funcionamiento de las cadenas migratorias ha sido analizado por J. y L. Mac Donald, quienes las definieron como el movimiento a través del cual los presuntos inmigrantes se enteran de las oportunidades, son provistos de transportes y obtienen su inicial ubicación y empleo por medio de relaciones primarias con inmigrantes anteriores[10].

Diversas interpretaciones que siguieron al trabajo de los Mac Donald, fueron clarificando el concepto[11]0. El estudio del proceso migratorio a través de las cadenas migratorias propone el estudio de las redes sociales existentes en la base de los movimientos migratorios, recuperando la perspectiva local y valorizando las estrategias que el propio migrante formulaba. Ciertamente, éstas han sido estudiadas desde diversas perspectivas, sobre todo vinculadas con la influencia que desempeña en la elección del lugar de residencia y con las estrategias matrimoniales. Sin embargo, un aspecto poco estudiado, es el papel de las cadenas en el ámbito laboral. Nuestro estudio de caso revela claramente la influencia de mecanismos de cooperación e información en la permanente llegada y asentamiento de familias coreanas en nuestra provincia.

“Nosotros llegamos a Tucumán a través de la familia del Sr. Lee y nos   instalamos aquí”.“...y por ejemplo mi mamá, cuando se mejore un poco acá, quiere traer a suhermana menor que no vive muy bien allá. La quiere traer acá para ayudarle y

ponele un negocio. La vida es muy difícil allá”.El objetivo inmediato después de arribar era el de abrir un negocio de venta de ropa femenina. Aquí vamos a analizar dos aspectos: por un lado el diferente grado de dificultad en la inserción al mundo laboral dependiendo de si se trataba de las primeras familias o de las que arribaron con posterioridad; y por otro, el por qué de la concentración de la colectividad en una determinada rama de la actividad económica.

Con respecto al primer aspecto, debemos puntualizar que la inserción en el medio laboral tucumano para las primeras familias arribadas implicó un mayor esfuerzo y sacrificio que para las llegadas con posterioridad. Con el síndrome del “recién llegado” no sólo portaban una forma de trabajo y una concepción del mundo acordes a su propia cultura y necesariamente diferentes a la del nuevo contexto social, sino que carecían de los elementos básicos para lograr una efectiva comunicación: el manejo del idioma local, el conocimiento del sistema de vida y las normas sociales. En cambio, la inserción fue más rápida y directa para los que arribaron con posterioridad.“Generalmente todos los coreanos que llegan acá ya vienen con la proyecciónde abrir un negocio acá. No vienen para ser empleados sino para abrir uno

propio. Nosotros también llegamos con esta intención y a través de la familia

Lee alquilamos un local”.“Los coreanos vienen, observan, hablan con coreanos instalado y ven qué lugarhay disponible para alquilar. Generalmente se llega con todo ya planificado, se

instala un negocio y se alquila un lugar para vivir, generalmente un

departamento; y se ponen a trabajar inmediatamente.

Existe una fuerte tendencia de la colectividad a trabajar en una determinada rama de la actividad económica: la textil y con especialización en ropa femenina.

“En Buenos Aires está totalmente diversificado. Acá la tendencia es sólocomercial y de ropa. Generalmente ropa femenino. Niños dos o tres casas y

 una sola casa para ropa de hombre”.

Carolina Mera explica que esta tendencia se da a partir de los siguientes hechos: la imposibilidad de continuar con sus antiguas profesiones por la falta de homologación de sus diplomas[12], por el mal manejo de la lengua, por no contar con los contactos sociales necesarios indispensables para emprender trabajos más especializados y por el desconocimiento de la sociedad receptora. Todos estos elementos se suman a las características culturales de origen, basadas en los preceptos confucianos: los deberes sociales digitan la conducta del coreano en cuanto a ritos y cortesía; no es tan importante el individuo como el grupo social; cada persona debe auto controlarse y cumplir estrictamente los deberes oficiales; existe una rígida jerarquización vertical de la sociedad, a la que el coreano le debe su respeto máximo; también existe una fuerte jerarquización en la familia, en donde la figura máxima es el padre de familia, que es obedecido, respetado y con el tiempo, hasta venerado.

Esta ética desarrolla relaciones humanas y laborales rígidamente pautadas. Así se pueden comprender mejor, por ejemplo, la modalidad del trabajo estrictamente disciplinada, la cantidad de horas dedicadas a las tareas laborales, que a veces llegan a 16 horas diarias, la costumbre de que el empleado deba quedarse hasta que su jefe se retira, la fuerte dedicación al trabajo del dueño coreano del negocio que no suele declinar con el correr de los años, aunque tenga empleados, y otros muchos aspectos más.

Otra característica sustancial por sus efectos, es que se trata de una inmigración netamente familiar. Al principio trabaja toda la familia: padres, abuelos, hijos, que van cumpliendo turnos rotativos. Cada uno de los integrantes se compromete en el futuro de la empresa familiar, lo que acarrea grandes beneficios en términos de ganancia. Llevan una vida austera, lo que les permite lograr importantes ahorros. A medida que transcurre el tiempo se dividen responsabilidades laborales entre los miembros.

Todos los elementos nombrados ubican a los coreanos en una posición de competencia favorable dentro de las reglas del mercado laboral y del sistema económico en general. Esto se traduce en un lógico proceso de movilidad social ascendente en el plano económico y, concomitante con ello, una permanente búsqueda del desplazamiento de los negocios hacia el corazón del micro centro de la capital tucumana.

En efecto, lentamente los negocios coreanos han atravesado las barreras del inconsciente colectivo tucumano y ya están presentes en las arterias nodales del micro centro. Simultáneamente, los negocios más alejados de él se fueron cerrando.

“Hace catorce años atrás no había lugar para coreano en el centro, pero de apoco, como en todo el país, nos estamos ubicando en los mejores lugares”.La movilidad espacial se efectivizó hacia las calles Maipú y Muñecas primeras cuadras, como así también Mendoza y San Martín entre el 500 y el 700 de numeración. La arteria que concentra la mayor cantidad de ellos es Mendoza al 600, entre Muñecas y Maipú, localizándose un total de diez: seis sobre la vereda sur y cuatro sobre la norte. Estos negocios pertenecen a distintas familias, aunque muchas tienen varios locales. Actualmente se contabilizan veintiocho negocios coreanos en el micro centro de la ciudad de Tucumán.

El número de negocios fluctúa de acuerdo a la situación económica general. Así, en época de expansión económica el número sobrepasó ampliamente los treinta locales; sin embargo, desde hace unos años a la fecha el difícil trance financiero del país y en particular de Tucumán no tardó en hacerse sentir. Paulatinamente el poder adquisitivo de gran parte de la población fue disminuyendo y esto resintió a los comerciantes en general y a los coreanos en particular; a ello se debe la reducción de locales.

Con el transcurrir de los años se han evidenciado algunos rasgos de cambio y evolución ligados a la actividad comercial de los coreanos. Por ejemplo, si bien en un comienzo los nombres de los negocios estaban vinculados a lugares geográficos que los identificaba claramente, como “Casa Korea”, “Seúl”, “Kimchis”, en la actualidad predominan ampliamente nombres que responden a un marketing ligado a la alta costura, a lo moderno, a denominaciones más convocantes, a palabras extranjerizantes, como “Nicoll”, “París Uno”, “Hirena”, “Exess”, “Line”, “Fashion Top”, “Ana Boutique”, “Elegance”, “Donna pet a porter”, “D´Angel Tucumán Colection”, etc..Por otro lado, hay que reconocer la evolución en la calidad de las prendas que confeccionan y venden. En un principio, lo coreano estaba sistemáticamente unido a la baja calidad de las telas, a diseños y combinaciones de colores no modernos, a lo poco durable de las prendas, a la poca variedad y a la gran producción en serie de la ropa. El único aspecto altamente positivo era su escaso valor económico.

Sin embargo, en el transcurso de estas dos décadas, se percibió una evolución favorable en ese sentido. Es como si el coreano hubiera estudiado y entendido la esencia de la moda en la mujer argentina. Comprendió que a ella le gusta vestir bien, a la moda, pero con diseños originales. Es coqueta y elegante, y ésta es una característica cultural que los empresarios coreanos han captado. |

Esto resulta altamente valorable porque significa toda una adaptación a nuestra cultura, ya que las pautas de la moda en el mundo coreano son muy diferentes. Uno de los aspectos que más llama la atención a un visitante argentino en Corea, es la uniformidad con que visten las mujeres y la poca variedad de colores; más bien predominan los oscuros, y trajecitos tipo uniformes. La vestimenta no es un elemento importante para ellas, para las argentinas, sí lo es.

A pesar del cambio positivo en la calidad y variedad de prendas, esta primera percepción en el imaginario popular ha sido muy difícil de superar, y aún continúa arraigado en parte de la población, aunque es un hecho que cada vez más, amplios sectores de la sociedad acceden a los negocios coreanos y salen muy satisfechos.

Los negocios son atendidos por numerosas empleadas de origen local; el número varía entre dos y seis por comercio y prácticamente todos los empleados son de sexo femenino. Es poco frecuente que un coreano o coreana atienda al público.

Una constante de estos comercios es que una persona mayor de origen oriental esté en el sector de la caja, no solamente cobrado las prendas que se venden, sino supervisando los movimientos del local y el desenvolvimiento de los empleados.

Las familias que continúan llegando en los últimos años, tienden a asentarse en ciudades del interior de la provincia, como Monteros, Concepción, Aguilares y otras, y son producto, más que de la inmigración directa desde Corea, de una remigración de otra ciudad argentina. Pareciera que el objetivo es incursionar en mercados vírgenes, conscientes de que la posibilidad de competencia con negocios locales es muy remota, dados los precios accesibles de sus productos comerciales. Sin embargo, tal como lo manifiestan los entrevistados, la competencia se comienza a dar entre los propios coreanos.

Este último concepto tira por tierra uno de los mitos presentes en el imaginario local: que los coreanos conforman un grupo muy cerrado en sí mismo, casi impermeable, que practican estrategias de ayuda y apoyo mutuo. Esta característica la tuvo el grupo durante los primeros tiempos, en que los recién llegados eran asesorados y ayudados desde todo punto de vista por los residentes coreanos más antiguos. Así, la estrategia colectiva hacía posible la realización de los individuos.

Sin embargo, una vez que lograron independizarse en negocios propios, y ante la creciente crisis económica, cada familia fue forjando su futuro en forma autónoma de las demás. Y así, las tradicionales relaciones de cooperación fueron dando lugar a relaciones de competencia comercial.

De todos modos, esta es una situación no buscada conscientemente por ellos, y de la que reniegan en forma permanente. Añoran la época en que funcionaban como comunidad y están convencidos de que si unieran sus esfuerzos, voluntades y proyectos parciales, obtendrían mayores beneficios socio-económicos.

Uno de los proyectos de algunos miembros de la comunidad, es el de lograr una concentración espacial comercial en el micro centro, tomando dos o tres arterias como ejes. Es decir, movilizarse territorialmente a “calles coreanas” para que la sociedad las identifique como tales. De esta manera, más que competencia generaría cooperación y estrategias conjuntas de la comunidad, como así también abaratarían los costosos alquileres que pagan por los locales que utilizan para comerciar. Sería trasladar la experiencia de Once o Flores a calles tucumanas, aunque con una envergadura mucho menor. 

 

CONCLUSIÓN

 

A través del trabajo hemos analizado la migración espacial de la comunidad coreana asentada en la provincia de Tucumán. Lo hicimos desde una doble perspectiva. Por un lado el por qué y el cómo llegan a nuestra provincia responde a un proceso de inmigración directa desde Corea en algunos casos, y a un proceso de remigración, cuando se trata de familias que, habiendo vivido inicialmente en Buenos Aires u otras provincias, deciden migrar a Tucumán. En ambos casos poniendo en funcionamiento las cadenas migratorias. Estos procesos de movilidad territorial están íntimamente ligados a los de movilidad socio-económica. De hecho, las familias que deciden asentarse definitivamente en Tucumán, lo hacen porque han logrado un lugar en la comunidad, a través de su inserción en el sistema económico, que les permitirá asegurar una rápida ascensión social. Si no lo logran, esas familias emigran.

Por otro lado, se ha analizado la movilidad territorial de la colectividad coreana a una escala urbana. Esta movilidad ha sido digitada por las estrategias económico-comerciales del grupo coreano, en su afán por insertarse en el sistema productivo de la provincia y que ha atravesado diferentes etapas. Esto ha generado un nuevo ordenamiento territorial del micro centro tucumano.

Como se deduce, ambos desplazamientos de la población están motivados por las ansias de movilidad social del grupo coreano, y que indudablemente constituye el objetivo prioritario en su asentamiento en nuestra provincia y en el resto del país. A juzgar por sus progresos en el nivel de vida y educacional, este propósito se ha cumplido para la gran mayoría de las familias arribadas a Tucumán.

El impacto para la sociedad tucumana ha sido fuerte, sobre todo, en el ámbito comercial. Tal vez porque los coreanos maximizan sus estrategias laborales, que por una cuestión cultural es “su arma secreta”, en el afán de conquistar terreno comercial. Y lo logran. Pero este “acaparamiento” no va acompañado de un manifiesto interés por insertarse en otros planos de la vida comunitaria. Este es el punto débil de la colectividad. Posiblemente porque se trata de una inmigración bastante reciente y porque tienen muy bien clarificados sus objetivos de inserción laboral. Los otros aspectos vendrán con el tiempo.La lógica de intercambio que se establece entre la comunidad coreana y la local en otros aspectos, será tema de próximas investigaciones, con el fin de contribuir al conocimiento de los procesos de integración de ambas culturas.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

BAILY, S. (1988) “Cadenas migratorias italianas a la Argentina: algunos comentarios”, en Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 3, N° 8.CEMLA. Buenos Aires.

BERTONCELLO, R. (1995) “ La Movilidad Territorial de la Población: Notas para la Reflexión”, en II Jornadas argentinas de estudios de la población (AEPA). Honorable Senado de la Nación. Secretaría Parlamentaria. Dirección Publicaciones. Buenos Aires.DEVOTO, F. (1988) “Las cadenas migratorias italianas a la Argentina”, en Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 3, N° 8. CEMLA. Buenos Aires.

DUMONT, Louis (1988) “El individuo y las culturas”, en Tzvetan Todorov y otros, Cruce de culturas y mestizaje cultural, Júcar. Barcelona.

GARCÍA DARIS, Liliana –compiladora- (1988) “Corea, Antigüedad y Actualidad”. Eudeba. Buenos Aires.INDEC (1991) “Censo Nacional de Población y Vivienda 1991”, Serie B. Buenos Aires.

MAC DONALD, J.S. y MAC DONALD, L.D. (1964) “Chain migration, ethnic neighboorbood formation and social networks”, en Milbank Memorial Found. Quartely, N°1 (XLII).MERA, Carolina (1998) “La Inmigración Coreana en Buenos Aires-Multiculturalismo en el espacio urbano”. Eudeba. Universidad de Buenos Aires. Argentina.

OTERO, Hernán (1995) “La Comunidad Inasible. Migración y Movilidad Espacial de Inmigrantes en Tandil durante la Segunda Mitad del Siglo XIX”, en II Jornadas argentinas de estudios de la población (AEPA). Honorable Senado de la Nación. Secretaría Parlamentaria. Dirección Publicaciones. Buenos Aires.

REYNAUD, M. y PALACIOS, L. (1987) “La Inmigración Coreana en el Noroeste Argentino”. Trabajo inédito. Tucumán.REYNAUD; PALACIOS; CALVO Y NAESSENS (1996) “Proyectos de Inversiones Económicas de Comunidades Orientales en el Noroeste Argentino”, en Contribuciones Científicas –GAEA-, Congreso Nacional de Geografía, 57 Semana de Geografía. Tucumán.

REYNAUD; PALACIOS; CALVO Y NAESSENS (1996) “Una Presencia de Oriente en Tucumán” en Revista del Departamento de Geografía. Año III, N° 3. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad Nacional de Tucumán. Tucumán.   SASSONE, Susana (1994) “El Estudio Geográfico en las Migraciones Internacionales”, en Geodemos N° 2. Programa de Investigaciones Geodemográficas. CONICET. Buenos Aires.

STURINO, F. (1988) “Emigración italiana: reconsideración de los eslabones de la cadena migratoria”, en Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 3, N° 8. CEMLA. Buenos Aires.

THERNSTROM, S. (1964) “Poverty and progress”. Cambridge, Harvard University Press. Citado en CEVA, Mariela (1991) “Movilidad social y movilidad espacial en tres grupos de inmigrantes durante el período de entreguerras. Un análisis a partir de los archivos de fábrica”, en Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 6, N° 19.CEMLA. Buenos Aires. 


[1] SASSONE, Susana (1994) “El Estudio Geográfico en las Migraciones Internacionales”, en Geodemos N° 2. Programa de Investigaciones Geodemográficas. CONICET. Buenos Aires.

[2] MERA, Carolina (1998) “La Inmigración Coreana en Buenos Aires-Multiculturalismo en el espacio urbano”. Eudeba Universidad de Buenos Aires. Argentina.

[3] Este Proyecto, como otros proyectos coreanos en Argentina, estuvo avalado por el mismo presidente de Corea del Sur, Sr. PARK CHUNG HEE (1962-1980), quien les enviaba periódicamente ayuda económica. Con su fallecimiento en 1980, esta política cambió y la comunidad dejó de recibir este importante incentivo.

[4] Llamamos “remigración” al desplazamiento espacial no definitivo que realiza un individuo, familia o comunidad después de haber emigrado de su país de origen, y que continúa moviéndose en busca de un lugar permanente que le permita a través de un trabajo, una movilidad social.

[5] En el Prólogo que Leonor Arfuch escribe en MERA, Carolina “La Inmigración Coreana en Buenos Aires-Multiculturalismo en el espacio urbano” op.cit.

[6] INDEC, Censo Nacional de Población y Vivienda 1991, Serie B.

[7] DUMONT, Louis (1988) “El individuo y las culturas”, en Tzvetan Todorov y otros, Cruce de culturas y mestizaje cultural, Barcelona, Júcar.

[8] MERA, Carolina  “La Inmigración Coreana en Buenos Aires-Multiculturalismo en el espacio urbano”.Op.Cit.

[9] THERNSTROM, S. (1964) “Poverty and progress”. Cambridge, Harvard University Press. Citado en CEVA, Mariela (1991) “Movilidad social y movilidad espacial en tres grupos de inmigrantes durante el período de entreguerras. Un análisis a partir de los archivos de fábrica”. En Estudios Migratorios Latinoamericanos. Año 6, N° 19. CEMLA.

[10] MAC DONALD, J.S. y MAC DONALD, L.D. (1964) Chain migration, ethnic neighboorbood formation and social networks, en “Milbank Memorial Found. Quartely”, N°1 (XLII).

[11] Véase en “Estudios Migratorios Latinoamericanos”, N° 8, 1988, los siguientes trabajos: BAILY,S. Cadenas migratorias italianas a la Argentina: algunos comentarios; STURINO,F. Emigración italiana: reconsideración de los eslabones de la cadena migratoria; DEVOTO,F. Las cadenas migratorias italianas a la Argentina.

[12] Cabe destacar que no pocos miembros de la colectividad son profesionales recibidos en Universidades coreanas o europeas: hay ingenieros agrónomos, forestales, químicos, farmacéuticos, veterinarios. Por el momento están ocupados en la actividad comercial textil, pero algunos de ellos no pierden la esperanza de algún día poder dedicarse a su profesión, sobre todo los ingenieros agrónomos que sueñan con invertir en campos y destinarlos a la agricultura y/o ganadería.


AUTORES:

Prof. Liliana Mabel Palacios de Cosiansi (Prof. Adjunta a Cargo de Cátedra)

Prof. Sergio Francisco Naessens (Jefe de Trabajos Prácticos)

 

LUGAR DE TRABAJO:

Universidad Nacional de Tucumán

Facultad de Filosofía y Letras

Departamento de Geografía

Cátedra: “Geografía del Hemisferio Oriental” 


Ponencia presentada en el Tercer Encuentro Internacional Humboldt. Salta, Argentina. Octubre de 2001.