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Asunto:[encuentrohumboldt] 145/04 - Argentina-Brasil: los comienzos de la integraci ón (1985-1989)
Fecha:Jueves, 27 de Mayo, 2004  22:06:57 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

NCeHu 145/04
 

Argentina-Brasil:

los comienzos de la integración (1985-1989)

 

Javier Fernando Luchetti

 

Introducción.

El siguiente trabajo se propone analizar factores económicos y políticos internos que llevaron a la firma de los acuerdos de cooperación e integración entre Argentina y Brasil y sus resultados, entre la Declaración de Iguazú firmada en 1985 y el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo aprobado por ambos Congresos en 1989.[1] El proyecto de integración iniciado por el gobierno de Raúl Alfonsín, intentaba alcanzar beneficios económicos y no económicos, pero los medios con que contaba no eran los suficientes, y no pudo vencer los obstáculos internos y externos.

En primer lugar, en cuanto a los motivos económicos, la política exterior argentina respecto a Brasil se definió a partir de un diagnóstico sobre la situación económica nacional e internacional que provocó un acercamiento al vecino país, puesto que se quería lograr disminuir la vulnerabilidad externa, aumentar la capacidad autonómica de la región mediante el crecimiento económico conjunto y la modernización tecnológica, y mejorar la inserción en la economía mundial. Se partía del supuesto que el modelo de crecimiento hacia adentro mediante la industrialización por sustitución de importaciones estaba agotado, y que existían problemas externos como la restricción financiera, la condicionalidad política impuesta por el endeudamiento externo, y la reducción de la demanda de ciertos bienes debido al proteccionismo de los países industrializados, y los adelantos tecnológicos.

La cooperación e integración con el Brasil permitiría a partir de un mayor intercambio comercial simétrico y equilibrado, una reconversión industrial mutuamente beneficiosa, la posibilidad de insertarse en la economía internacional con productos competitivos, y sentar las bases para la concreción de un espacio económico regional que incluyera a todos los países latinoamericanos. Se intentaría obtener beneficios derivados de una mayor especialización proveniente de la ampliación del mercado, gracias a la explotación de las economías de producción a gran escala, y la reducción de los costos de producción. La competitividad tendría que lograr modificaciones estructurales a través de métodos de producción más eficientes, lo que incrementaría los volúmenes de producción, provocando un mayor empleo de la población, y la utilización de la capacidad ociosa de las empresas.

En segundo lugar, en lo que se refiere a las razones políticas, uno de los objetivos de la política exterior argentina bajo el radicalismo entre 1983 y 1989, fue incrementar los márgenes de negociación mediante la búsqueda de un mayor espacio de autonomía respecto de las políticas adoptadas por los países del norte, lo que hacía indispensable la voluntad política del gobierno para profundizar lazos de amistad con el vecino país, puesto que los dos países unidos por ejemplo, podían acordar mejores condiciones para el pago de la deuda externa. Desde el gobierno se observaba que América Latina, y particularmente Argentina, debían aumentar su poder de negociación no sólo frente a las potencias industriales, sino también frente a los organismos internacionales de crédito, para lo cuál era necesario reanimar y fortalecer los vínculos de solidaridad y cooperación entre los países. Por otra parte, la recuperación de la democracia significó también el reconocimiento de la necesidad de buscar instrumentos para su consolidación, de ahí que la integración sería una herramienta fundamental, para lo cuál era imprescindible contar con la voluntad política de los dos países.

1. La Declaración de Iguazú.

El gobierno radical que asumió el 10 de diciembre de 1983, sostenía que la construcción de un país moderno y desarrollado no podía ser obra de un solo gobierno, sino que su concreción comprometía a los países democráticos latinoamericanos mediante la integración regional, y para lograrlo se comprometían a promover “(...) una política tendiente a aumentar la capacidad de negociación de los países en desarrollo y apoyará la cooperación económica entre ellos como medio de cimentar la confianza colectiva y de consolidar el principio de solidaridad”.[2]

Se podía observar que las ideas de la integración, volvían a tener vigencia en nuestro país, a partir de ciertas circunstancias que se fueron sucediendo: “1. La tradición histórica a favor de la integración en el Cono Sur, apoyada por los principales partidos políticos nacionales. 2. La recuperación de la democracia hizo tomar conciencia de situaciones extremas vividas (hiperinflación, violación de derechos humanos, etc.) por la sociedad civil, redefiniéndose valores, actitudes y comportamientos. 3. El abandono de la problemática rivalidad entre la Argentina y Brasil, reflejada en una primera etapa en el acuerdo tripartito de 1980 (Argentina, Brasil y Paraguay), y luego en el encuentro entre los presidentes Raúl Alfonsín y Tancredo Neves en 1984. 4. El hecho de que la integración regional aparece como una respuesta a los desafíos planteados por la tendencia mundial a los bloques y megabloques y a la necesidad de asegurarse el acceso a grandes mercados en épocas de proteccionismo y comercio administrado. 5. La relativa obsolescencia tecnológica y la caída en la productividad de la economía nacional, que hizo perder la participación de bienes originados de nuestro país en las importaciones de los países industrializados, enfrentando un problema de competitividad a escala mundial. 6. La incertidumbre actual sobre el sistema de comercio mundial, como consecuencia de los lentos avances que se han producido en las negociaciones de la ronda Uruguay del GATT, que abre profundos interrogantes sobre la viabilidad de un modelo de inserción ‘solitaria’ en la economía global, teniendo en cuenta las recurrentes tendencias al proteccionismo que se manifiestan en las economías de los países más desarrollados”.[3]

Diversos cambios en el ámbito internacional repercutieron en la región: “La percepción de una pérdida de solvencia, influencia y prestigio en la esfera internacional, con su inevitable consecuencia: el deterioro de la capacidad de negociación. Un elemento de esa percepción es la conciencia de un retraso creciente en las actividades que concentran el potencial de innovación tecnológica de las sociedades modernas, hoy en rápida transformación por obra de esa y otras fuerzas. El advertir que una internacionalización avasalladora de la vida económica obliga a repensar los esquemas de política económica con los que hasta ahora ha funcionado la región, y a adoptar aquél o aquellos que sean más adecuados para sacar partido de las corrientes más dinámicas de la economía mundial, asimilar las nuevas tecnologías y generar endógenamente una capacidad propia de innovación y de gestión productiva”.[4]

El 30 de noviembre de 1985, los presidentes Raúl Alfonsín de Argentina y José Sarney de Brasil, encabezaron una nueva era en las relaciones bilaterales al firmar la Declaración de Iguazú, concibiendo la creación de una comisión mixta para estudiar las modalidades de integración económica entre ambos países, a partir de la consolidación de los procesos democráticos que facilitaran el incremento de las relaciones bilaterales. La contigüidad de ambas naciones serviría para que se profundizaran las relaciones puesto que “(…) más allá de su condición de naciones limítrofes, son vecinas las zonas más pobladas y desarrolladas de cada territorio. Esa proximidad permite el transporte carretero, con lo que no sólo los fletes son por lo general más reducidos, sino que se logran importantes economías financieras debido a la posibilidad de diminuir los stocks. Un litoral marítimo común, con puertos cercanos, posibilita un transporte económico para cargas de bajo precio en relación al volumen, como es el caso de los granos y minerales. A todo esto, que no es poco, se suman factores políticos como la feliz solución al problema del aprovechamiento de los ríos, y del hecho que ambos países hubieran recuperado, casi al mismo tiempo, la forma representativa democrática de gobierno”.[5]

Los dos presidentes buscaban incrementar los lazos de solidaridad y amistad, y coincidieron en señalar los problemas de “(...) la deuda externa, el incremento de las políticas proteccionistas en el comercio internacional, el permanente deterioro de los términos del intercambio, y el drenaje de divisas que sufren las economías de los países en desarrollo”,[6] manifestando su intención de que “(...) América Latina refuerce su poder de negociación con el resto del mundo, ampliando su autonomía de decisión y evitando que los países de la región continúen vulnerables a los efectos de políticas adoptadas sin su participación. Por ello, resolvieron conjugar y coordinar los esfuerzos de los respectivos gobiernos para la revitalización de las políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas”.[7]

Con respecto al problema de la deuda externa, Raúl Alfonsín señalaba que había que bajar las tasas de interés que gravaban a la deuda, y se debían abrir los mercados a los productos latinoamericanos para que cada nación pudiera producir las divisas necesarias para pagar a los acreedores. El presidente José Sarney indicaba que la deuda externa brasileña tenía un componente político, y otro financiero, por lo que debían realizarse negociaciones políticas entre las naciones deudoras y las acreedoras.[8] En lo referente a la deuda externa, “(...) manifestaron además, su gran satisfacción por el hecho de las ideas centrales de Cartagena –exigencia de crecimiento de la economía de los países deudores, necesidad de disminución del peso del servicio de la deuda y corresponsabilidad de deudores y acreedores- estén comenzando a ser comprendidas y, expresaron su deseo de que sirvan de base para nuevas iniciativas tendientes a solucionar el problema”.[9]

Ambos mandatarios, “destacaron que dentro de la tradición de continuidad de la relación bilateral, los éxitos recientemente alcanzados por las dos naciones en sus respectivos procesos de consolidación democrática han traído condiciones particularmente propicias para el perfeccionamiento de sus vínculos en los más variados sectores, como así también para una colaboración más intima y estrecha en el plano internacional”.[10] Se decidió la creación de la Comisión Mixta de Alto Nivel de Cooperación e Integración Económica Bilateral presidida por los ministros de Relaciones Exteriores e integrada por representantes gubernamentales y sectores empresarios de ambos países, junto con cuatro subcomisiones (energía, transporte y comunicaciones, asuntos económicos y comerciales y ciencia y tecnología).[11]

En el terreno de la cooperación científica y tecnológica, los mandatarios “(...) expresaron su convicción de que la ciencia y la tecnología desempeñan un papel fundamental en el desarrollo económico y social y señalaron la importancia del acuerdo básico como marco adecuado para la cooperación bilateral. Su expresión concreta se manifiesta en los acuerdos complementarios referentes a meteorología, forestación, actividades espaciales, agricultura, comunicaciones y el firmado durante el transcurso de este encuentro sobre biotecnología, así como en el acuerdo de cooperación existente sobre los usos pacíficos de la energía nuclear”.[12]

También se tomaron medidas de confianza entre ambos países y respecto a la comunidad internacional, emitiéndose una Declaración Conjunta sobre Política Nuclear, “(...) que se consustancia con los propósitos pacíficos de los programas de desarrollo de sus países en el campo nuclear y que se enmarca en las mejores tradiciones de cooperación y paz que inspiran a América Latina”.[13] Con respecto al acuerdo sobre la política nuclear, el objetivo era fomentar las relaciones entre los dos países en la materia, la promoción del desarrollo tecnológico nuclear, la creación de mecanismos que aseguraran los superiores intereses de la paz, la seguridad y el desarrollo de la región, junto con la cooperación en aspectos técnicos. El compromiso de desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos, anhelaba una cooperación hacia otros países latinoamericanos que tuvieran los mismos objetivos.[14]

2. El Acta para la Integración Argentino-Brasileña.

Los resultados emanados de la Comisión Mixta de Alto Nivel de Cooperación e Integración Económica Bilateral, de las subcomisiones sectoriales y de diversas reuniones de negociaciones dieron lugar en Buenos Aires el 29 de julio de 1986, a la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica. En el marco del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, se firmaron 12 protocolos de carácter sectorial: Bienes de Capital, Trigo, Complementación de Abastecimiento Alimentario, Expansión del Comercio, Empresas Binacionales, Asuntos Financieros, Fondos de Inversiones, Cooperación Energética, Cooperación Nuclear, Sector Aeronáutico, Biotecnología, Estudios Económicos. El programa funcionó hasta el tratado de 1988, y generó conexiones en distintos temas, partiendo de los “protocolos”, a los que luego se sumaron otros protocolos y “anexos”.[15]

El artículo 2 del Acta para la Integración Argentino-Brasileña establecía: “El Programa será gradual, en etapas anuales de definición, negociación, ejecución y evaluación”.[16] El gradualismo se oponía a una integración masiva que hubiera sido desequilibrada desde su nacimiento o que hubiera terminado por fracasar debido a la gran cantidad de excepciones, porque una liberalización amplia y veloz hubiera significado un aumento de las asimetrías existentes entre los desarrollos industriales de ambos países, con enormes costos sociales y económicos. Se prefirió avanzar con detenimiento, con una exención total en un número determinado de bienes cuya cifra aumentaría por etapas. Se dejaron de lado los principios grandilocuentes por metas más realistas que buscaban ventajas comunes que luego podían ser extendidas a otras naciones.[17]

El artículo 2 del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, instituía que: “El Programa será flexible de forma tal de poder ajustar su alcance, ritmo y objetivos”.[18] La flexibilidad estaba relacionada con la falta de conocimiento de ambos países de las estructuras sociales y económicas del otro. La flexibilidad era necesaria cuando el mercado no pudiera corregir los desequilibrios debido a errores de instrumentación o por factores externos. Esto significaba que los dos países coincidían en los intereses estructurales de ambos, y que la flexibilidad servía para ajustar las economías ante variables que alteraran el marco de referencia de los acuerdos.[19]

El artículo 2 del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, contenía lo siguiente: “El Programa incluirá, en cada etapa, un conjunto reducido de proyectos integrados en todos sus aspectos, previéndose inclusive la armonización simétrica de políticas para asegurar el éxito de los proyectos y la credibilidad del Programa”.[20] La selectividad implicaba proyectos integrados referidos a sectores de la producción de bienes y servicios, robustecidos con diseños de cooperación que utilizarían tecnologías y mano de obra calificada. La idea de remover todos los obstáculos que impidieran la libre movilidad de los factores de producción, podría traer riesgos, por lo que se escogieron sectores de la actividad para otorgar a cada uno de ellos un trato que tuviera en cuenta la organización empresarial, el nivel tecnológico, etc..[21]

El artículo 2 del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, precisaba: “El Programa será equilibrado en el sentido que no debe inducir a una especialización de las economías en sectores específicos; que debe estimular la integración intrasectorial; que debe usar un equilibrio progresivo, cuantitativo y cualitativo, del intercambio por grandes sectores y por segmentos a través de la expansión del comercio”.[22] El equilibrio se buscaba evitando la especialización de las economías, por lo que se realizó una integración estratégica y no solo comercialista. Los proyectos intentaban buscar los acuerdos de complementación comercial e industrial dentro de ramas productivas, con sus herramientas y objetivos y mecanismos de ajuste de desequilibrios para avanzar en proceso de especialización sectorial, y lograr la integración al interior de cada rama de producción: “En razón de esas prevenciones, se establecieron líneas de acción intrasectoriales, buscando un equilibrio cuantitativo como cualitativo de los futuros intercambios, tomando en cuenta determinados sectores o segmentos de la producción, para evitar así una futura especialización de las economías involucradas en el proceso. Se trataba, por lo tanto, de un proceso de integración estratégico con componentes estructurales y no meramente de una integración comercialista”.[23]

Los protocolos comerciales y de bienes de capital instauraban reglas para subsanar desequilibrios comerciales –cuantitativos y cualitativos- que incluían la admisión de nuevos productos en distintos sectores y mecanismos financieros, a través de la expansión del comercio. Las políticas debían ser estables y simétricas, porque servirían para mejorar el déficit argentino con respecto a Brasil en la década de los ’80, mediante una complementación intrasectorial que eludía la explotación de las ventajas comparativas estáticas, y harían más creíble el programa. En el caso en que no se realizara de esta manera, los sectores del país más avanzado provocarían el ocaso de sectores del otro país, por eso se buscaba la especialización intraindustrial de comercio, e inversiones al nivel de productos para bajar los costos.[24]

El artículo 2 del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, indicaba que: “El Programa propiciará la modernización tecnológica y una mayor eficiencia en la asignación de recursos en las dos economías, a través de tratamientos preferenciales ante terceros mercados, y la armonización progresiva de políticas económicas con el objetivo final de elevar el nivel de ingreso y de vida de las poblaciones de los dos países”.[25] La profundidad de los acuerdos debía quedar demostrada gracias a la implementación de proyectos integrados que debían servir de ejemplo a otros sectores como una muestra de lo fuerte de la integración. Para ellos los instrumentos utilizados debían ser adecuados para lograr la profundidad. Se eliminaron las barreras paraarancelarias y aranceles que abarcaban a una amplia gama de bienes, y se otorgaron tratamientos preferenciales ante terceros mercados. Se buscaban escalas mínimas para disponer de mercados propios y lograr inversiones modernizadoras que permitieran enfrentar períodos de crisis económica, y mejorar el nivel de vida de los pueblos. La integración era progresiva puesto que se garantizaba su propagación al resto de la estructura económica para que se lograran nuevos acuerdos sobre proyectos integrados que se referían a sectores de la producción de bienes y servicios, a partir de las rondas semestrales de negociación.[26]

El motor del programa lo constituía el protocolo de Bienes de Capital que intentaba vigorizar a las dos economías nacionales a través de una lista única de productos, el fomento del comercio con una protección frente a terceros países, un mecanismo compensador de los desequilibrios de la balanza comercial mediante el aumento del comercio, y la participación empresarial en las negociaciones iniciales, entre otras características. Los bienes de capital eran importantes porque el progreso ya no pasaba por las industrias básicas, sino por industrias con una gran potencialidad tecnológica e intensiva, por eso el modelo de integración industrial era integral, porque la industria de bienes de capital debía ser el cimiento del nuevo modelo. También, se tomó en cuenta que si un país se especializaba solamente en la industria de bienes de consumo, no podría llegar a ser un productor con bajos costos, y por lo tanto, un exportador competitivo, porque si bien los productos podían venderse a precios altos en el mercado local, la situación era distinta en el exterior. A esto se le sumaba que para mantener al sector de bienes de consumo en crecimiento continuo, era necesario importar renovadas cantidades de bienes de capital. Por lo tanto, los países menos desarrollados, necesitaban técnicas de producción que ahorraran capital, y utilizaran gran cantidad de mano de obra.[27]

Se desarrolló una estrategia de creación de una unión aduanera parcial concentrada en el comercio de bienes de capital, puesto que era la única forma posible de iniciar el proceso de integración: “en un primer momento, afecta al comercio de bienes que son típicamente producidos por pequeñas y medianas empresas, con efectos directos sobre el mercado de trabajo, y de una manera cautelosa, dado el peso relativamente reducido de los productos comprendidos en la producción y el comercio exterior de los dos países”.[28]

Ningún país podía especializarse en industrias particulares, puesto que las especializaciones debían ser sectoriales buscando el desarrollo en ambos países de todas las secciones industriales. Para eso se debían dejar de lado los temores de los brasileños respecto a que la Argentina se especializara en parte del sector de bienes de capital, y ellos con la industria de bienes de capital más masiva. Lo que se fomentaba era la competitividad, para lo que se estableció una cláusula gatillo que se pondría en marcha si una industria no era competitiva. El país superávitario financiaría a través de un fondo de inversiones, créditos de mediano y largo plazo al país deficitario, para que produjera mejoras estructuras en su competitividad, y fuera eliminando paulatinamente el desequilibrio.[29]

2.1 Los objetivos políticos y económicos del PICAB.

El presidente argentino Raúl Alfonsín, señaló que nunca en la historia las dos naciones habían tenido objetivos nacionales tan coincidentes que se sintetizaban en la voluntad común de definir una política global de crecimiento orientada al desarrollo social y el bienestar de los pueblos, a pesar de la coyuntura internacional que imponía limitaciones como la retracción del comercio, la imprevisibilidad del sistema financiero, el peso del servicio de la deuda externa y el deterioro de los términos de intercambio. El presidente brasileño José Sarney, afirmó que nunca los dos países habían estado tan próximos como en ese momento, ni se habían tenido oportunidades tan favorables para vincular los intereses mutuos, retomar el crecimiento, reconstruir la confianza y, hacer las reformas que garantizaran estabilidad democrática y bienestar. Pero el compromiso de crecer juntos, afirmaba el presidente brasileño, se debía insertar dentro de un cuadro más amplio, es decir, de la integración de América Latina, que era el objetivo mayor.[30]

La decisión política pretendía fortalecer el sistema democrático, en consecuencia, la integración, era vista por Alfonsín como una muestra de la voluntad de los pueblos, y no de las cúpulas de poder, de ahí que no hubiera lugar para las naciones que eran gobernadas por regímenes de facto.[31] El Programa de Integración y Cooperación Económica era un proyecto esencialmente político para lograr la integración económica: “Quien lo vea sólo como una suma de buenos negocios comerciales o de inversiones de ambas partes, o de cooperaciones en tecnología de avanzada o en un hipotético modelo industrial basado en los bienes de capital, corre el riesgo de perder la perspectiva fundamental del Programa: su dimensión política y su inspiración democrática”.[32]

Los cuadros de los ministerios de relaciones exteriores, se percataban que una integración argentino-brasileña aumentaría el poder de negociación internacional obteniendo grandes ganancias por las economías de escala y la especialización productiva, que ayudarían al pago de la deuda externa y permitirían resolver conflictos sociales. Asimismo, favorecería la aparición de nuevas conductas empresariales, nuevas oportunidades de mercado y, de abastecimiento de insumos, incrementando la eficiencia empresaria en la producción de bienes y servicios. Pretendían una integración con proyectos intrasectoriales con un desarrollo tecnológico que originara una interdependencia creciente y simétrica entre ambos países, reconociendo que los proyectos de desarrollo ya no se basaban en la industria automotriz o en la siderurgia, sino en la informática, la biotecnología, etc..[33]

 

La complementariedad intraindustrial se produciría a partir del desarrollo de industrias conjuntas en el sector de bienes de capital creadas a partir de fondos de inversión y la formación de empresas binacionales, es decir, una parte de la tarea se encontraría en manos de los gobiernos a través de las políticas adecuadas, y otra parte, la realizarían las empresas y los inversionistas. Para la Argentina, las ventajas tenían que ver con el acceso a un mercado consumidor mucho más grande que ayudaría a activar nuestra economía, en lo que hace a materias primas, equipos y maquinarias producidas en series cortas y con mano de obra calificada, mientras que para Brasil servía para sumar un mercado consumidor de bienes de consumo duraderos y suntuarios, con factores y recursos necesarios para mejorar la eficiencia de su economía, a partir de la provisión de alimentos baratos y de calidad, junto con recursos energéticos como el gas y mano de obra calificada relativamente barata.[34]

Se comprendía que eran necesarias nuevas pautas de conducta en conjunto para negociar en el ámbito internacional, aumentando el poder de negociación de los estados, por lo que la integración más que ocuparse de un mercado interno ampliado, debía engendrar una estrategia exportadora a partir del aprovechamiento de los recursos naturales y humanos. Debido al reconocimiento del agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones, se podía optar por la apertura total de los mercados, o por el proteccionismo tradicional, pero se eligió una postura intermedia, que suprimiera la protección superflua, pero que lograra una integración sin grandes costos para ambos países, mediante “(...) un proteccionismo selectivo de aquellas actividades ubicadas en la frontera tecnológica, capaces de generar ventajas comparativas dinámicas”.[35]

Continuamente se firmaron nuevos protocolos hasta alcanzar el número de 24. Los protocolos tenían por finalidad objetivos a corto y largo plazo. En el corto plazo perseguían la recuperación del nivel de transacciones comerciales corrigiendo los desequilibrios en el flujo de comercio, mientras que a largo plazo creaban relaciones económicas y políticas que lograran instalar los cimientos del proceso de crecimiento de la región. Varias medidas contenidas en los protocolos entraron en vigencia en 1987, pero se presentaron algunos problemas, porque por ejemplo, si bien se hablaba de armonización de políticas, estas no se llevaron a la práctica.[36]

2.2 Las repercusiones internas del PICAB.

Los empresarios al principio se mostraban reacios a la integración, especialmente en el lado argentino: “En efecto, los argumentos sustentados por algunos sectores empresarios destacaron tanto los problemas derivados de los distintos niveles y grados de desarrollo alcanzados por Argentina y Brasil, como las dudas y temores existentes frente a las restricciones financieras y fiscales con que opera la economía argentina y, asimismo, las diferencias entre ambos países en materia de financiamiento, regulaciones y costo del trabajo. Estos cuestionamientos, sin duda legítimos en muchos casos, son en gran medida, expresión de los intereses corporativos de una buena parte del empresariado argentino acostumbrado a operar bajo la sobra protectora del Estado o en el marco de distintos proyectos de promoción sectorial o regional a través de los cuales han compensado tradicionalmente sus deficiencias operativas”.[37] Paradójicamente, fueron estos mismos sectores los que luego apoyaron la apertura económica durante la presidencia de Carlos Menem.

Los sectores empresariales que participaron con mayor interés en las negociaciones fueron los pertenecientes a las transnacionales y los grupos oligopólicos locales, porque la producción y comercialización de sus productos aprovecharían las economías de escala. La Unión Industrial Argentina se mostró satisfecha con la fundación de un espacio económico ampliado que sirviera para el crecimiento combinado. Las pequeñas y medianas empresas a través de la Confederación General de la Industria, se ocuparon de las negociaciones del protocolo de Bienes de Capital. La Asociación Argentina de Fabricantes de Máquinas Herramientas, la Cámara Nacional de Industrias Electrónicas y otras Cámaras de otros productos, señalaron que la integración no podía ser inmediata, puesto que los pasos debían ser graduales, negociando solamente, en aquellos rubros en donde los empresarios nacionales estuvieran de acuerdo en entablar negociaciones. Otra diferencia fundamental era que, las licencias obtenidas en el exterior provenían mayormente en el caso de Brasil de los Estados Unidos, mientras que nuestro país dependía más de Europa. También las Fuerzas Armadas de ambos países expresaron su desconfianza ante los acuerdos.[38]

Por el lado brasileño, los empresarios temían que las menores barreras a las importaciones les hicieran perder parte del mercado interno, y le otorgaban más importancia a otros mercados avanzados como los de los países centrales. Consideraban que el negocio era más importante para la Argentina que para Brasil, puesto que los empresarios argentinos se iban a beneficiar en virtud de la expansión de las exportaciones de alimentos. Sectores agrícolas de Brasil, especialmente del sur del país, fueron los más disconformes con el acuerdo.[39] En Brasil, señalaban que los planes de integración estaban condenados al fracaso si no existía una fuerte conducción política que lograra superar la resistencia de intereses nacionales tales como los sindicatos, los grupos empresariales y los políticos locales, cuando en la mesa de negociaciones se pusieran a discusión los detalles sobre aranceles y otras preferencias comerciales. Establecían estos sectores que la posibilidad de integración debía limitarse a las áreas de la economía en donde existiera complementación como por ejemplo, el abastecimiento de materias primas, tecnología nuclear y proyectos energéticos conjuntos.[40]

Los sectores sindicales de ambos países no tuvieron participación en las negociaciones, a pesar de los cambios que podían provocar los acuerdos en la ocupación de la mano de obra. La Confederación General del Trabajo, de la Argentina, señalaba que el gobierno radical no tenía delineada una política de redistribución del ingreso en favor de vastos sectores sociales sumidos en la pobreza, y que la expansión del mercado de consumo solo abarcaría a los sectores medios y altos. De igual forma, la central de los trabajadores cuestionaba la participación protagónica que se le había dado al sector empresarial en las negociaciones, sin tener en cuenta la opinión de los sindicatos.[41] La integración -reclamaba la CGT-, no debía servir para bajar los salarios y nivelar costos porque sería una injusticia que beneficiaría solo a los ricos.[42]

3. El Acta de Amistad Argentino-Brasileña.

Con el objetivo de profundizar aún más los lazos entre ambos países, en diciembre de 1986 se firmó en Brasil el Acta de Amistad Argentino-Brasileña, Democracia, Paz y Desarrollo, que reafirmaba los conceptos desarrollados en la Declaración de Iguazú y en el Acta de Integración. Los presidentes, “(...) profundizan algunos de estos conceptos, como por ejemplo, el destacar su profunda fe en la democracia y señalar que el estado de derecho es el principal garante de la justicia social, así como de la dignidad, la libertad y los derechos esenciales del ser humano, sin olvidar tampoco que el crecimiento económico es condición necesaria para la justicia social, la consolidación de la democracia y la paz. Por otra parte, se proponen avanzar hacia un sistema permanente de concertación y coordinación políticas, tanto respecto de los temas bilaterales como de la situación regional e internacional”.[43] Se incorporaron 5 protocolos adicionales: siderurgia, transporte terrestre, transporte marítimo, comunicaciones y cooperación nuclear. En esa oportunidad conjuntamente con Uruguay, se estableció que la cooperación económica entre los tres países estaba definida por acuerdos de integración.[44]

El presidente Alfonsín, expresó ante empresarios argentinos y brasileños, que al proceso de integración no sólo debía incorporarse la expansión de las exportaciones y el crecimiento industrial, sino también el cambio tecnológico, pero que sería a través de la asimilación y no del mero transplante de la tecnología foránea que se conseguiría darle impulso propio al crecimiento de nuestras economías. Para el mandatario argentino, la integración nos permitía asociar esfuerzos de crecimiento al desarrollo de una estructura exportadora que nos permitiera insertarnos en un mercado internacional altamente competitivo, puesto que la revolución tecnológica ofrecía una nueva frontera de crecimiento cuyo límite estaba en la organización política y económica del sistema mundial, antes que en los recursos naturales del planeta. El presidente Sarney, enfatizó el objetivo político de la integración afirmando, que era importante que la motivación política de los dos gobiernos encontrara una continuidad en el seno de las dos sociedades, que iban estrechando su conveniencia y descubriendo nuevos intereses comunes.[45]

El 7 de julio de 1987 se amplió el Programa con tres nuevos protocolos (cultural, administración pública y moneda). Pero la reunión entre los dos presidentes en Buenos Aires, no solamente sirvió para la firma de los protocolos, sino que marcó un hecho histórico: por primera vez un presidente extranjero visitaba en compañía del presidente Alfonsín la planta secreta de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu, lo que demostraba la eliminación de cualquier enfrentamiento geopolítico entre los dos países, y la intención de avanzar hacia un uso pacífico de la energía nuclear.[46]

4. El Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo.

El 29 noviembre de 1988 ambos países rubricaron el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo. Los objetivos del tratado eran la consolidación del proceso de integración y cooperación económica y la integración en un espacio económico común de los territorios de los dos países.[47] El acuerdo enunciaba objetivos generales, aunque algunos de los objetivos eran más codiciosos: “La armonización de políticas aduaneras, de comercio interno y externo, agrícola, industrial, de transporte y comunicaciones, científica y tecnológica y otras que los Estados Partes acordaren, así como la coordinación de políticas en materia monetaria, fiscal, cambiaria y de capitales, serán realizadas gradualmente, a través de Acuerdos específicos que, en los casos correspondientes, deberán ser aprobados por el Poder Legislativo de la República Argentina y por el Poder Legislativo de la República Federativa del Brasil”.[48]

Uno de los objetivos era alcanzar en la primera etapa la unión aduanera. Esto deberá ser cumplido en un plazo de 10 años desde el paso inicial del programa de integración, como quedaba establecido en el artículo 3: “La remoción de todos los obstáculos tarifarios y no tarifarios al comercio de bienes y servicios en los territorios de los Estados Partes serán alcanzados, gradualmente, en un plazo máximo de diez años (...)”.[49] Una vez finalizada la primera etapa se debía llegar a la creación de un mercado común: “Concluida la primera etapa se procederá a la armonización gradual de las demás políticas necesarias para la formación del mercado común entre los dos Estados Partes, incluyendo, entre otras, las relativas a recursos humanos, a través de la negociación de Acuerdos Específicos que serán aprobados por el Poder Legislativo de la República Argentina y el Poder Legislativo de la República Federativa del Brasil”.[50] El tratado fue aprobado en agosto de 1989, por los parlamentos de ambos países, cuando había finalizado el mandato de Raúl Alfonsín, y luego de la asunción en julio de 1989 del presidente Carlos Menem.

De esta manera, se introduce un cambio en la fase de integración, que se consolida posteriormente con la firma del Acta de Buenos Aires en julio de 1990, entre los presidentes Collor de Mello (presidente brasileño asumido en 1990) y Carlos Menem. El cambio en la orientación señalaba “(…) la imposición de una meta ambiciosa y precisa, conviniéndose en el acta un ritmo perentorio para la concreción global de lo proyectado, sin atender a la heterogeneidad de las relaciones económicas contempladas en el programa originario, ni a una posible adaptación de los términos y modalidades de integración a las particularidades de cada tema o materia negociada. Este giro se debió, más que a una evaluación de resultados del programa, a la asfixia económica y financiera padecida por ambos países (…)”.[51] No se establecieron organismos encargados de la conducción del proceso de formación de un mercado común, por lo que el tratado se convirtió en un marco que en caso de profundizarse requeriría la aprobación de los parlamentos.[52]

5. Comentarios finales.

La política exterior del gobierno radical pretendía aumentar la capacidad de negociación de países en desarrollo como el nuestro. Se pretendía una integración regional que lograra un mayor crecimiento de las economías, no sólo por motivos económicos, sino también políticos, puesto que las nuevas democracias debían consolidarse, de ahí que los primeros pasos estuviesen dados por los gobiernos y no por los empresarios. Tanto desde el lado argentino como desde el brasileño, ambos gobiernos comprendieron que los dos países debían comprometerse en un programa de cooperación e integración que lograra un intercambio comercial simétrico y equilibrado. La idea de la integración regresaba por una serie de factores tales como, la recuperación de la democracia, el abandono de las hipótesis de conflicto, los desafíos del comercio internacional, el proteccionismo, la falta de acceso a tecnología de punta, la baja productividad y, la escasa competitividad de nuestra industria.

Con la Declaración de Iguazú firmada en 1985, se produjo el puntapié inicial para la iniciación de la integración bilateral, a partir de la consolidación de los procesos democráticos que facilitaran el incremento de las relaciones y aumentaran la autonomía de las decisiones. La solidaridad, la amistad y la integración entre ambos países debían intensificarse para enfrentar los graves problemas que afectaban a ambos países tales como, el proteccionismo de los países industriales, la brecha tecnológica, el deterioro de los términos de intercambio, y el problema de la deuda. Para lograr el desarrollo económico y social, la ciencia y la tecnología eran imprescindibles, y justamente, la integración de ambos gobiernos podía servir para su mayor expansión. Entre los temas importantes, la política nuclear ocupó un lugar primordial por varias razones: en el plano externo para tranquilizar a la opinión internacional y aumentar la autonomía en ese campo, y en el plano interno, para diluir conflictos geopolíticos y resistencias militares. Pero la integración debía ser profundizada convocando no solamente a todos los sectores nacionales, sino también al resto de los países latinoamericanos, para lograr un espacio económico regional latinoamericano, para lo cuál era imperioso la voluntad política de ambos gobiernos.

La voluntad política de llevar adelante la integración condujo a la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica Argentina-Brasil en julio de 1986, puesto que el crecimiento y el desarrollo con estabilidad, permitirían la generación de un espacio económico común que serviría para aumentar la autonomía de los pueblos, reforzar la paz, intensificar la seguridad y, robustecer los gobiernos democráticos. El PICAB nació de una decisión política y fue un proyecto esencialmente político llevado adelante por ambos gobiernos, no por empresarios, más allá de los negocios comerciales o de inversiones de ambas partes.

La integración tenía varias ventajas: la consolidación de los gobiernos democráticos, la paz y el desarrollo; el refuerzo del margen de autonomía para poder encarar negociaciones internacionales; el aumento de las ganancias por las economías de escala y la especialización productiva; la obtención de una mayor cantidad de divisas que serviría para resolver conflictos sociales; la llegada de nuevas conductas empresariales y de oportunidades de mercado; la elevación de la eficiencia y la competitividad; la posibilidad de tener acceso a nuevas tecnologías que desarrollaran los nuevos sectores dinámicos de la economía; la divulgación de tecnología y la especialización de las empresas, especialmente de bienes de capital; la intensificación de la complementariedad productiva de los dos países a partir del desarrollo de industrias conjuntas en el sector de bienes de capital, creadas por fondos de inversión y la formación de empresas binacionales. Los argentinos tendrían acceso a un mercado consumidor mucho más grande que auxiliaría a la reactivación de nuestra economía, especialmente en materias primas, y equipos fabricados con mano de obra calificada, mientras que los brasileños, por su parte, podrían sumar un mercado consumidor de bienes de consumo duraderos y suntuarios, y proveerse de recursos energéticos baratos. En 1986 con la firma de nuevos protocolos mediante el Acta de Amistad Argentino-Brasileña se revalidaban las concepciones desarrolladas en la Declaración de Iguazú y en el Acta de Integración.[53]

Se fueron firmando nuevos protocolos, hasta que finalmente se rubrica el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo en 1988, por el cuál se buscaban objetivos ambiciosos tales como la armonización de políticas aduaneras, de comercio interno y externo, de ciencia y tecnología, etc.. Al mismo tiempo que debían eliminar en un plazo de 10 años las barreras tarifarias y no tarifarias con respecto al comercio de bienes y servicios, a lo que posteriormente se sumaría la creación de un mercado común entre los dos estados, cambiando la orientación de la integración al no tenerse en cuenta los principios fundamentales del PICAB, debido a la crisis económica que estaba instalada en ambos países, y a la orientación neoliberal de sus nuevos gobiernos. El tratado fue ratificado por los Congresos de ambos países, y su ejecución estaría a cargo de integrantes de los poderes ejecutivo y legislativo, para asegurarse que los proyectos contarían con el aval institucional de los partidos mayoritarios, más allá de quién estuviera en el poder.[54]

A este tratado, además se podían sumar nuevos países, después de cinco años de vigencia. Las nuevas administraciones resolvieron marchar a una integración regional mucho más rápidamente. En la Argentina existía interés por la magnitud del mercado brasileño y su importancia para las empresas locales ante la falta de demanda interna, y porque ambos países compartían una visión sobre el rol en el contexto mundial, y por el lado brasileño, el interés era fundamentalmente político, y no tanto económico, por el temor de las empresas brasileñas a comprometerse con una economía más pequeña y deteriorada.[55]



[1]Cabe aclarar que por una cuestión de espacio no se profundiza en los factores externos, aunque sí se los va a mencionar. Por integración se entiende “(…) un proceso de creciente solidaridad e interpenetración estructural, cuyos mecanismos, instrumentos y objetivos quedan definidos en el programa consensual que le da origen y que conduce a mayores grados de unidad entre los espacios nacionales participantes. (…) Los fines perseguidos quedan implícitos en el resultado del proceso: solidaridad entre las partes que conduce a mayores grados de unidad”. Vacchino, Juan; Integración económica regional. Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1981, pp. 70-71. Sin embargo, la solidaridad en la integración no es vista por algunos autores, que se inclinan por una integración más económica: “Desde el punto de vista de económico, la integración es un proceso. A través de él, dos o más mercados nacionales previamente separados y de dimensiones unitarias estimadas poco adecuadas se unen para formar un solo mercado (mercado común) de una dimensión más idónea”. Tamames, Ramón; Estructura económica internacional. Madrid, Alianza Universidad, 1995, p. 165. En cambio, la cooperación es toda relación económica directa o indirecta de beneficio mutuo para los países, sin implicar la utilización de mecanismos destinados a perfeccionar el espacio económico ampliado, ni compromisos en materia de políticas económicas. Los actores no son solo los gobiernos, sino que también intervienen organismos internacionales, asociaciones, etc., en una enorme serie de actividades. Palacios Maldonado, Carlos: La integración bilateral, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, julio-agosto 1988, nº 136-137.

[2]Plataforma Electoral Nacional de la Unión Cívica Radical, Buenos Aires, 30 de julio de 1983, p. 7.

[3]Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés; La Comunidad Europea y el Mercosur. Una evaluación comparada. Buenos Aires, FIHES, 1993, p. 64.

[4]Salgado, Germánico: Integración latinoamericana y apertura externa, en; Revista de la Cepal. Santiago, CEPAL, diciembre 1990, n° 42, pp. 154-155.

[5]Baldinelli, Elvio; El proyectado Mercado Común Argentino-Brasileño. Buenos Aires, BID/INTAL, 1990, p. 6.

[6]Declaración de Iguazú, artículo 7.

[7]Ibídem, artículo 8.

[8]La Nación, 30-11-1985.

[9]Declaración de Iguazú, artículo 9.

[10]Ibídem, artículo 16.

[11]Ibídem, artículos 19, 20, 23, 24, 29 y, 30.

[12]Declaración de Iguazú, artículo 28.

[13]Ibídem, artículo 31.

[14]La Nación, 30-11-1985.

[15]Halperín, Marcelo: Dilemas jurídicos e institucionales en el proceso de integración entre Argentina y Brasil, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, INTAL, abril 1987, n° 122. Tagle, Carlos: Aspectos jurídicos e institucionales del Programa de Integración y Cooperación Argentino-Brasileño, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, n° 122.

[16]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, artículo 2.

[17]Campbell, Guillermo: Integración Argentina-Brasil: una oportunidad para crecer en, A.A.V.V.; El comercio exterior argentino en la década de 1990. Buenos Aires, Manantial, 1991. Lavagna, Roberto: Integración Argentina-Brasil: origen, resultados y perspectivas, en, Bekerman, Marta (comp.); Mercosur. La oportunidad y el desafío. Buenos Aires, Legasa, 1992. Quintanar, Silvia; La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, en; Revista Meridiano. Buenos Aires, Centro de Estudios Alexander von Humboldt, agosto 1995, n° 1. Vacchino, Juan, El Programa de Integración Argentino-Brasileño y las relaciones entre América Latina y Europa. Reflexiones complementarias, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, abril 1988, n° 133.

[18]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, articulo 2.

[19]Lavagna, Roberto, Integración Argentina-Brasil: origen, resultados y perspectivas, op. cit.. Quintanar, Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit.. Vacchino, Juan, El Programa de Integración Argentino-Brasileño y las relaciones entre América Latina y Europa, op. cit..

[20]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, artículo 2.

[21]Bustos, Pablo; El Mercosur ¿mas de lo mismo?. Buenos Aires, Fundación Fiedrich Ebert, 1992. Gonzales Arrieta, Gerardo: Vinculación entre la integración bilateral y multilateral en América Latina: el caso argentino-brasileño en el sector de bienes de capital, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, julio-agosto 1988, n° 136-137. Quintanar, Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit..

[22]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, artículo 2.

[23]Mendoza, Oscar: DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, en, Bernal-Meza, Raúl y Mendoza, Oscar (comp.); Orden mundial y escenarios regionales. San Juan, Universidad de San Juan, 1991, p. 71.

[24]Bustos, Pablo, op. cit.. Halperín, Marcelo, op. cit.. Lavagna, Roberto, Integración Argentina-Brasil: origen, resultados y perspectivas, op. cit.. Quintanar, Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit..

[25]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, artículo 2.

[26]Lavagna, Roberto, Integración Argentina-Brasil: origen, resultados y perspectivas, op. cit.. Quintanar, Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit..

[27]Centro Internacional de Formación Arístides Calvani; La Decisión. Aportes para la integración latinoamericana. Caracas, IFEDEC, 1987. Conesa, Eduardo: Teoría económica y sustitución de importaciones: su reconciliación, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, julio 1984, n° 92. Halperín, Marcelo, op. cit..

[28]Baumann, Renato: Los bienes de capital y la integración entre Brasil y Argentina, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, diciembre 1989, n° 152, p. 4.

[29]Halperín, Marcelo, op. cit.. Lavagna, Roberto: Los protocolos argentino-brasileños constituyen la primera etapa de un programa de integración económica, en; Cuadernos del SELA. Caracas, Arte, julio-septiembre 1986, n° 13.

[30]Clarín, 29-7-1986.

[31]Tiempo Argentino, 31-7-1986.

[32]Centro Internacional de Formación Arístides Calvani, op. cit., p. 435.

[33]Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, en, Bernal-Meza, Raúl y Mendoza, Oscar (comp.); Orden mundial y escenarios regionales. San Juan, Universidad de San Juan, 1991. Ondarts, Guillermo: La nueva integración, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1992, n° 175. Quintanar, Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit.. Valls Pereira, Lía: Integración del cono sur: algunas reflexiones, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, Depalma, mayo-agosto 1991, n° 38.

[34]Aldaco, Alfredo y Hunt, Guillermo: El Mercado Común del Sur, en, A.A.V.V.; El comercio exterior argentino en la década de 1990. Buenos Aires, Manantial, 1991. Bustos, Pablo, op. cit.. Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, op. cit..

[35]Mendoza, Oscar, DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, op. cit., p. 72.

[36]Los protocolos comerciales, que buscaban incrementar el intercambio de bienes específicos mediante mecanismos de aliento al comercio y de compensaciones para equilibrarlo eran los siguientes: Bienes de Capital, Trigo, Complementación de Abastecimiento Alimentario, Expansión del Comercio, Siderúrgico, Industria Automotriz y por último, Industria de la Alimentación. Los protocolos científico-tecnológicos perseguían la intención de generar conocimientos autónomos mediante la cooperación binacional, y se pueden agrupar en esta clasificación al de Biotecnología, el de Información Inmediata y Asistencia Recíproca en caso de Accidentes Nucleares y Emergencias Radiológicas, el de Cooperación Aeronáutica, y el de Cooperación Nuclear. Los protocolos sobre infraestructura eran los de Energía, Transporte Terrestre, Transporte Marítimo, y Comunicaciones. Los protocolos de articulación estructural se ocupaban de mecanismos financieros y económicos que a largo plazo produjeran influencias en el intercambio. Los protocolos eran los de Empresas Binacionales, Asuntos Financieros, Fondo de Inversiones, Estudios Económicos, Administración Pública y la Moneda. Y por último, se pueden mencionar los protocolos sobre Cultura, y Regiones Fronterizas. El protocolo número 24 sobre Planeamiento Económico y Social puede incluirse entre los que hablan de mecanismos financieros, pero su firma se produjo en agosto de 1989, cuando Carlos Menem había asumido el poder. Alá Rué, Pablo y Lavergne, Nestor; Integración Argentina Brasil. Buenos Aires, Centro de Investigaciones Sociales sobre el Estado y la Administración, 1991. Araújo Jr. , José: El programa de integración Argentina-Brasil y las tendencias actuales de la economía mundial, en, Hirst, Mónica (comp.); Argentina-Brasil. Perspectivas y ejes de comparación. Buenos Aires, Tesis, 1990. Araújo Jr., José: Integración económica y armonización de políticas en América del Norte y en el Cono Sur, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, Depalma, mayo-agosto 1991, n° 38. Bustos, Pablo, op. cit.. Hirst, Mónica: El Mercosur y las nuevas circunstancias para su integración, en; Revista de la Cepal. Santiago, CEPAL, 1992, n° 46. Mendoza, Oscar, DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, op. cit..

[37]Russell, Roberto: Democracia y política exterior, en, Perina, Rubén y Russell, Roberto (comp.); Argentina en el mundo (1973-1987). Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988, p. 169.

[38]Hirst, Mónica: Las relaciones Argentina-Brasil: de la asimetría al equilibrio, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, abril 1987, n° 122. Hirst, Mónica; El programa de integración y cooperación Argentina-Brasil. Los nuevos horizontes de vinculación económica y complementación industrial. Buenos Aires, FLACSO, 1989, Documentos e Informes de Investigación n° 81. Moneta, Carlos: El acercamiento Argentina-Brasil: de la tensión y el conflicto a la competencia cooperativa, en; Capítulos del SELA. Caracas, Arte, enero-marzo 1988, n° 18.

[39]Bresser Pereira, Luis: Presupuestos y obstáculos de la integración Argentina-Brasil, en Hirst, Mónica (comp.); Argentina-Brasil. Perspectivas comparativas y ejes de integración. Buenos Aires, Tesis, 1990. Hirst, Mónica, El Mercosur y las nuevas circunstancias para su integración, op. cit.. Quintanar Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit..

[40]La Nación, 30-7-1986.

[41]Moneta, Carlos, El acercamiento Argentina-Brasil: de la tensión y el conflicto a la competencia cooperativa, op. cit.. Quintanar Silvia, La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, op. cit..

[42]La Nación, 30-7-1986.

[43]Acta de Amistad Argentino-Brasileña, Democracia, Paz y Desarrollo, artículos 1, 2, 3, 4, 7, 8, 9 y, 10.

[44]Moneta, Carlos, El acercamiento Argentina-Brasil: de la tensión y el conflicto a la competencia cooperativa, op. cit.. Vacchino, Juan, El Programa de Integración Argentino-Brasileño y las relaciones entre América Latina y Europa. Reflexiones complementarias, op. cit..

[45]La Nación, 12-12-1986.

[46]Jaguaribe, Helio: La integración Argentina-Brasil, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, noviembre de 1987, pp. 7-8.

[47]Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, artículo 1.

[48]Ibídem, artículo 4.

[49]Ibídem, artículo 3.

[50]Ibídem, artículo 5.

[51]Halperín, Marcelo, op. cit., pp. 269-270. Los dos presidentes acordaron acelerar el proceso que llevaría a un mercado común, para el 31 de diciembre de 1994, es decir cinco años antes de lo previsto, partiendo de la base de rebajas generalizadas lineales y automáticas para todo el universo arancelario, junto con la eliminación de trabas paraarancelarias. Ferrer, Aldo: Mercosur: trayectoria, situación actual y perspectivas, en; Revista Desarrollo Económico. Buenos Aires, Instituto de Desarrollo Económico y Social, enero-mayo 1996, nº 140.

[52]Abreu Bonilla, Sergio; Mercosur e integración. Montevideo, Fundación de Cultura Universitaria, 1991. Bresser Pereira, Luis, Presupuestos y obstáculos de la integración Argentina-Brasil, op. cit.. Sukup, Viktor; América Latina, año 2000 ¿Unida y dominada?. Políticas económicas, desarrollo e integración regional. Buenos Aires, Centro de Estudios Alexander von Humboldt, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, 1999.

[53]Entre 1985 y 1989 aumenta la participación brasileña en nuestro comercio exterior, a partir especialmente de las importaciones de ese país. A partir de 1986, la importancia del comercio bilateral se evidenció en el aumento de las manufacturas industriales argentinas en detrimento de las materias primas, mientras que las importaciones del Brasil estuvieron dadas por las manufacturas de origen industrial en el período 1986-1989. El rubro de bienes de capital pasó a tener una mayor importancia de 1984 a 1987 por la participación de las exportaciones argentinas a Brasil. El aumento del comercio bilateral e intraindustrial y de las manufacturas argentinas no solamente se debió a los protocolos firmados en el marco de una voluntad política binacional, sino también al tipo de cambio, especialmente entre 1988-89 cuando la hiperinflación argentina deprimió el consumo interno, el austral estaba subvaluado, y paralelamente se producía una revaluación del cruzado en Brasil. Porta, Fernando: El acuerdo de integración Argentino-Brasileño en el sector de bienes de capital: características y evolución reciente, en, Hirst, Mónica (comp.); Argentina-Brasil. Perspectivas comparativas y ejes de integración. Buenos Aires, Tesis, 1990. Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés, op. cit..

[54]El tratado de integración de 1988, logró el aumento el intercambio comercial luego del primer año de vigencia, corrigiéndose el desequilibrio favorable al Brasil en la balanza comercial entre los dos países mediante un esfuerzo del Brasil que aprobó un incremento de sus importaciones argentinas, especialmente en el área de productos agropecuarios, lo que sirvió para dispersar el temor de que el proyecto de mercado común sirviera únicamente al Brasil, como desconfiaban amplios sectores nacionales. A pesar que el primer trimestre de 1989 arrojó déficit, debido a las fluctuaciones cambiarias que demoraban los embarques, a los costos, y a las menores ventas, el comercio bilateral en 1989 se acercó a los 2000 millones de dólares, y las exportaciones argentinas duplicaron el promedio de años anteriores, posibilitando un superávit de 500 millones de dólares. Los protocolos sectoriales, lograron ampliar el comercio bilateral a partir de la eliminación de las barreras arancelarias, pese a la falta de concreción de algunos objetivos, como la coordinación de las políticas macroeconómicas, los desequilibrios en los costos, etc.. Amorim, Celso: El mercado común del sur y el contexto hemisférico, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, Depalma, mayo-agosto 1991, n° 38. Mendoza, Oscar, DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, op. cit.. Sukup, Viktor, op. cit..

[55]Lavagna, Roberto: Coordinación macroeconómica, la profundización de la interdependencia y derivaciones para el Mercosur. Notas sobre la oferta y demanda de coordinación, en; Revista Desarrollo Económico. Buenos Aires, Instituto de Desarrollo Económico y Social, julio-septiembre 1996, nº 142.


Ponencia presentada en el Tercer Encuentro Internacional Humboldt. Salta, Argentina. Octubre de 2000.