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Asunto:[encuentrohumboldt] 116/04 - HACIA UNA DELINEACION METODOLOGICA PARA ABORDAR REPRESENTACIONES LITORALES
Fecha:Lunes, 19 de Abril, 2004  15:42:35 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

HACIA UNA DELINEACION METODOLOGICA

PARA ABORDAR REPRESENTACIONES LITORALES

 

 

VILLAR, María del Carmen

Univ. Nac. de Mar del Plata-

Grupo Investigación Ambientes Costeros

Dpto. de Geografía- Facultad  Humanidades  -


 

Este trabajo forma parte del proyecto de investigación plurianual:“Procesos de valorización espacial en el litoral marítimo bonaerense” comenzado a ejecutar -durante el año en curso- por el grupo de Investigación Ambientes Costeros de la Universidad Nacional de Mar del Plata.

El objetivo central del mismo es reflexionar sobre diferentes representaciones históricas del litoral en general y del litoral marítimo de la provincia de Buenos Aires y el marplatense en particular. En este sentido se ha avanzado, en primer lugar, respecto a ciertas consideraciones teóricas involucradas como componentes principales de la temática, tales los conceptos de paisaje y de representación. En segundo término, se ha intentado delinear una metodología “ad hoc” tendiente a abordar la cuestión ,donde se ha vislumbrado como relevante la incorporación de distintos tipos de miradas según el contexto histórico-cultural, según los actores sociales involucrados, según los usos del mencionado espacio y según los dispositivos/medios de comunicación sociales disponibles que contribuyen a conformar las representaciones dominantes, dentro del contexto temporal extendido hasta las primeras décadas del siglo XX.

 

 

 

 

INTENCIONALIDAD Y ENCUADRE TEÓRICO-CONCEPTUAL:

 

1.   Propósitos:

 

Este trabajo forma parte del proyecto de investigación plurianual: “Procesos de valorización espacial en el litoral marítimo bonaerense” comenzado a ejecutar -durante el año en curso- por el grupo de Investigación Ambientes Costeros del Departamento de Geografía, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata.

Nuestro objetivo es comenzar a reflexionar sobre las representaciones sociales con el propósito de perfilar algunas representaciones históricas dominantes del litoral marítimo bonaerense en general y del marplatense en particular y de analizar dichas imágenes individuales y colectivas con la convicción que, las mismas, nos ayudarán a comprender porqué el mar, lo costero, el espacio litoral (en definitiva) no es percibido actualmente como un espacio substancial de la “curricula” nacional. Dado la faz inicial del trabajo, sólo presentaremos algunos avances teóricos y metodológicos.

Para comenzar a incursionar en las representaciones litorales, debemos explicitar, en primer lugar, qué entendemos por litoral, aunque no sobreabundaremos en este aspecto, ya explicitado suficientemente en otras presentaciones y por otros autores [1]. En tal sentido diremos –sucintamente- que los espacios litorales constituyen una interfase entre dos mundos: el acuático (marino y fluviomarino) y el continental; esta yuxtaposición -que genera complementariedades pero tambien rupturas tanto en el orden natural como en el social- tiene un espesor  que incluye una porción de tierra cercana al agua y una porción de agua cercana a la tierra. Un espacio litoral concierne a toda región situada sobre la influencia directa e indirecta del mar, según lo expresan P.Baud, S. Bourgeat y C. Bras (1997) [2].

En una segunda instancia de aproximación, abordaremos el análisis del espacio litoral como espacio representado. En este contexto, debemos dejar en claro nuestra posición respecto a los conceptos de representaciones de las sociedades y el de paisaje, puesto que ambos se constituyen en los dos componentes fundamentales de dichas representaciones litorales [3].

 

 

2. Acerca de las representaciones:

 

En principio diremos que, primordialmente, entendemos por “espacio representado” a aquel espacio imaginado por los hombres; es el “producto y proceso de una elaboración psicológica y social de lo real”[4]. La expresión “espacio representado” se distingue de la de espacio percibido porque esta última apela a los mecanismos sensoriales, mientras que la representación de un espacio compromete la historia del individuo, sus referencias y por consiguiente, las componentes socioculturales.

La mayor parte de los autores que han incursionado sobre la temática de las representaciones distinguen entre “espacio perceptivo” y “espacio representativo” [5]. Según Guy Di Méo[6] , para J.P. Sartre “el espacio perceptivo” es aquel que queda atado a las formas del mundo sensible, mientras que “el espacio representado” (transformado luego en “espacio imaginado”) deviene en algo mucho más abstracto al elemento topográfico privilegiado por la “percepción”, dando lugar a “una homogeneidad ilimitada, sin profundidad y sin leyes, sin planes sucesivos”; de allí la distinción y el complemento.

Guy Di Méo también considera que, en las representaciones, encontramos tres ingredientes indispensables: 1) el objeto de la percepción y de la representación (la materialidad, lo real) 2) el sujeto como individualidad psicológica con resoluciones propias y 3) el sujeto como ser social, con sus habilidades, hábitos, códigos y aprendizajes sociales. Y que, esta manera de entender a las representaciones presenta homologías con el siguiente postulado emitido por V. Berdoulay: “el espacio geográfico puede ser conocido como una construcción compleja donde intervienen el sujeto, la realidad espacial terrestre y sus representaciones” [7]

 

 

·      Representaciones individuales y/ó representaciones colectivas:

 

En nuestras apreciaciones partimos apoyándonos en la interpretaciones que E. Lamo de Espinosa, J.M.González García y C. Torres Albero [8] hacen de parte de la teoría de Emile Durkheim, en el sentido de considerar al hombre con su doble naturaleza: como ser individual y como ser social. Estos autores expresan que Durkheim  cree en la fuerza de la conciencia colectiva sobre la conciencia individual, “en la realidad sui generis que posee la sociedad, con sus caracteres propios y superiores a los del individuo[9]. Así, las representaciones sociales no se reducen a la simple suma de las representaciones individuales, como ninguna sociedad es un puro aditamento de individuos. La sociedad produce fenómenos que son diferentes y de mayor riqueza que los que existen en las conciencias individuales; la sociedad -como sistema de fuerzas en acción- se logra imponer a los propios individuos, determinando formas de actuación y de pensamiento. La dicotomía entre el individuo -sociedad se manifiesta en la consideración bidireccional entre el conocimiento individual y el conocimiento colectivo, teniendo por resultado- el primero – la generación de un conjunto de sensaciones que los objetos / fenómenos producen sobre los sentidos del hombre a partir de las cuales se pueden construir imágenes y representaciones individuales. Claro que, según la creencia durkheimiana, estas sensaciones productoras de imágenes y representaciones que devienen de la relación cotidiana entre el hombre y los objetos, no tendrían sentido si el individuo no pudiese comunicarlas a través del lenguaje, de los conceptos y de las categorías  colectivas que lo anteceden y lo perviven (o sea, que no son de su propia creación). Las sensaciones, las percepciones, las imágenes, las ideas, las representaciones individuales existen, pero ellas, dependen de un conocimiento que trasciende lo individual y que se ha construído mancomunadamente a través de varias generaciones.

Se pone, así, en evidencia las diferencias entre las representaciones y los conocimientos individuales y los colectivos. Mientras que el conocimiento individual solo adquiere significación en un contexto comunicacional (y ello sólo es posible a traves de un lenguaje y de unos conceptos que van más allá de lo individual), el conocimiento colectivo depende de las cualidades grupales y nunca se restringe a la suma de los conocimientos individuales.

Las representaciones colectivas son, entonces, producto de una concurrencia y colaboración  social que se extiende espacial y temporalmente a través de los hombres, y se imponen sobre el individuo con fuerza y eficacia .

Expresan Lamo de Espinosa y coautores que Durkheim discurre, además, sobre los aspectos creativos de las representaciones colectivas del mundo exterior, diciendo que si –de alguna manera- pudiésemos “observarlas objetivamente”, probablemente se nos revelarían como incongruentes con la realidad material externa. Y esto es así porque las representaciones colectivas, en el proceso de relacionamiento con las cosas, tienden a adjudicarle a éstas atributos/propiedades que a veces son inexistentes, pudiendo transformar – a nuestro juicio- lo profano en sagrado y viceversa. No obstante, se remarca la importancia de su fuerza en la determinación de las conductas humanas.

Los mencionados intérpretes de Durkheim sugieren que aún las representaciones individuales están mediadas socialmente, ya que lo que consideramos como percepción individual “está también coloreado y mediatizado por el ambiente y el grupo social al que pertenecemos, por el momento histórico, por un marco de referencia social del que es muy difícil sustraerse” porque “los órganos de la percepción humana están socializados, educados y traspasados de valores colectivos”.[10]

 

 

·      Paisaje e imágenes:

 

El territorio es resultado de la paciente estructuración del espacio - tiempo en la cual se interceptan factores de diferente orden: geográficos, políticos, económicos e ideológicos; teniendo un carácter dinámico, el territorio evoluciona en forma contínua al ritmo que le imprimen las mutaciones de sus elementos constitutivos. Pero además y conforme a lo expresado por Guy Di Méo (op.cit.) el territorio se traduce en la conciencia humana a través de “ imágenes (representaciones) y de paisajes familiares, vectores de fuertes cargas emocionales” [11] que ameritan un esfuerzo de comprensión.

Pero ¿qué entendemos por paisaje?: el paisaje constituye un término polisémico y suceptible de interpretaciones contradictorias en la medida que designa ó nos remite –según se oriente y privilegie su uso en el proceso histórico de evolución disciplinar– al mismo espacio ó a la representación de un espacio.

Según Milton Santos[12], el paisaje es un conjunto heterogéneo de formas fraccionadas de lo natural y de lo artificial, que no se crea de una sola vez, sino por acrecentamiento y sustituciones, pero que constituyen la materialización de un instante de la sociedad. Es lo que vemos pero también lo que sobrepasamos como aspecto cuando interpretamos su significado.

Expresa D. Guillemet (op.cit) que, desde el siglo 16 el término “paisaje” fue adquiriendo diferentes significaciones (a veces contradictorias), pero que actualmente existe un acuerdo en considerarlo como una percepción de orden cultural, elaborada a partir de un espacio objeto que es el medio geográfico, natural y humano.

El paisaje es, entonces no sólo la “vista” que se nos ofrece, sino también una “visión” del mundo elaborada por el sujeto social . Vista y visión que no constituyen la realidad misma sino la representación de esa realidad, que será percibida de manera diferente según los individuos y su contexto histórico, cultural, económico, político y tecnológico .Por lo tanto, un paisaje constituye una verdadera “representación” que requiere de una lectura y de una interpretación, puesto que se halla colmada de valores ideológicos y afectivos.

Para M. Berdoulay y M. Phipps [13] el paisaje “nace de la intersección de la realidad material y de las estructuras semióticas” y en ese sentido se constituiría en un conjunto de signos producidos por la realidad material (componentes naturales y humanos) que, estando cargados de significaciones son percibidos por el observador, decriptados – y eventualmente- transformados por el intérprete  según su óptica socio-cultural.

J.C.Wieber [14] piensa que, por un lado , existe el “paisaje visible”, lugar donde los objetos -naturales y/ó sociales- son procurados en imágenes perceptibles, ofrecidas a la vista, aunque no se los mire o vea. Esa es una “imagen objetivada” que contiene “todos los significantes posibles”. Y, por otra parte, existe “la determinación del significado” que está hecho por los observadores - utilizadores del paisaje. Entre los dos, Wieber instala “filtros perceptivos” de distintos ordenes: filosóficos, fisiológicos, socioculturales, “lugar de todas las selecciones, de todas las cosas, de todas las creaciones míticas que los utilizadores efectúan y que influyen sobre su recepción de las imágenes visibles”.

En suma ,bajo el efecto de la acción humana, el espacio, la materialidad, se organiza en paisajes que los individuos descubren y resignifican.

 

 

HACIA UNA CONSTRUCCIÓN METODOLÓGICA:

 

En la medida en que el paisaje se instituye en una representación (vista y visión particular y a la vez colectiva de una porción del mundo elaborada por un sujeto social al que no le son ajenos sus circunstancias históricas, económicas, políticas, culturales, técnicas e ideológicas), entonces podremos decir que los atributos de dicho paisaje-imagen (en tanto representación) dependerán no solo de los objetos naturales y sociales ofrecidos a la vista y que existen con independencia del observador, sino también de ciertas características del sujeto:

 

·      Origen y condiciones del sujeto (pertenencia a una clase social, extracción cultural, ideológica)

·      Rol e intencionalidad del sujeto en el momento de la observación (actividad, actitud, intereses en relación con el espacio aludido).

·      Localización del sujeto y su mirada (posición multidimensional relativa) respecto al espacio observado.

·      Oportunidades para realizar observaciones dejando testimonio de las mismas (posibilidad  reproductiva y de difusión de sus representaciones en un contexto histórico, técnico, económico y político determinado).

Claro que, si nos aproximamos al litoral sólo a través de visiones de paisajes, los resultados han de ser necesariamente reduccionistas puesto que se le otorga al sujeto que observa y a su mirada una facultad desmedida, corriendo el riesgo de considerarlo como el único recurso e instancia de constitución de dicho paisaje. Y es reduccionista porque el observador realiza no sólo selección de perspectivas, rasgos y configuraciones sino que, en ese proceso de “filtración” define un campo de visión y – simultáneamente - un campo de exclusión de imágenes, conformando un paisaje-imagen del que quedan desterrados–con gran frecuencia- los “hacedores” del paisaje.

El conjunto de signos producidos por la realidad material son portadores de significaciones diferentes para los distintos sujetos sociales; así la representación de un observador del paisaje litoral como “espectáculo” será disímil de la de un “hacedor” del paisaje litoral; el uno, hará un consumo y una reproducción –la mayor parte de las veces– estética del paisaje, mientras que el otro forjará “representaciones” paisajísticas relacionadas con el trabajo; el primero  elaborará representaciones como “espectador” y el segundo como un “actor” al interior de las relaciones de producción.

¿Cómo proceder, entonces, como intérpretes para abordar las distintas representaciones litorales...? Dominique Guillemet[15] recomienda, al respecto, y en primera instancia “tener una aproximación sistemáticamente dual, “transitiva” y fundada sobre el uso del espacio”-en este caso, el uso del espacio litoral- donde se torna interesante la confrontación de las representaciones de los espectadores del paisaje con las “representaciones” de los actores del paisaje[16] si tomamos en cuenta:

·      Que las representaciones de un observador -en calidad de espectador- estarán canalizadas por el sistema del cual el observador es copartícipe y estarán imbuídas de las impresiones que la ideología dominante logra imponer a la sociedad en su conjunto y

·      Que sólo comprenderemos la “geografía mental” de los actores del paisaje si  consideramos cómo los sistemas  de poder – en sus diferentes escalas– han delineado la configuración del territorio sujeto a análisis.

El análisis diacrónico del litoral en general y de su sociedad a través de las representaciones / “geografía mental”, requiere de variadas lecturas en la medida que existe una mutación permanente en las imágenes conformadas, debido a que:

·      sus diversos tramos han sido intervenidos, transformados y observados diferencialmente a través del  tiempo ( diferentes usos, sujetos y miradas).

·      algunos sujetos –otrora espectadores- fueron transformándose  en actores, en decisores y otros, fueron reemplazados.

Para poder abordar estas representaciones, nos hemos inspirando en la metodología  empleada por la historiadora Dominique Guillemet (op.cit) para el abordaje de las representaciones en el contexto espacial de la Belle-Ile– en- Mer (Francia), procedimiento que hemos intentado perfeccionar a partir de las siguientes pautas iniciales:

 

 

A. Construir una tipología de las miradas (según las características de los sujetos enunciadas precedentemente),

B. Delimitar porciones del litoral según sus usos, y donde puedan ser interpretadas las  representaciones consignadas en el punto A y

C. Poner en relación las consideraciones y categorías anteriores a lo largo del tiempo  y sobre la base de una periodización.

 

A.   En el proceso de  construcción de una tipología  de las miradas, y de una manera muy global, podemos reconocer:

 

·      Representaciones de Espectadores del paisaje litoral:

 

Son aquellas producidas por los sujetos que contemplan dicho paisaje de manera directa (in situ o a través de dispositivos intermediarios que le permiten estar en contacto directo -visión sincronizada-) ó de manera indirecta (lectores de imágenes recabadas por variados procedimientos y distribuidas a usuarios a través de diferentes soportes y mecanismos; lectores de textos, de mapas, “testaferros” de las miradas, etc.).

Dentro de esta categoría podremos precisar distintas subcategorías las que varían conforme discurre el tiempo (viajeros, exploradores, escritores, fotógrafos, periodistas, etc.) y según el tipo y forma de perpetuar las representaciones como testimonios documentales (textos, mapas, fotografías, postales...).

En líneas generales, se trata de un universo bastante homogéneo donde “las interpretaciones paisajísticas se imponen al conjunto social por la ideología dominante, en sus dos acepciones: la de la clase dominante ó la que es cuantitativamente y colectivamente dominante”[17] ,pudiendo no ser –ambas- forzosamente equivalentes. Los testimonios documentales de estas representaciones son tan abundantes como socialmente excluyentes, en la medida que dejan pocas o ninguna huella sobre los verdaderos “constructores ” del paisaje, dejando traslucir - las materialidades espaciales de los que forjan la historia oficial y organizan el territorio. 

 

 

·      “Representaciones” de Actores ó “Geografía mental” del paisaje litoral:

 

Son las generadas por los que producen, construyen y  transforman directamente

(junto con los factores naturales) al paisaje, lo hacen.

En el seno de esta categoría podemos reconocer múltiples actores diferenciados según el uso que hacen del espacio litoral (pescadores, trabajadores rurales, trabajadores de la construcción, etc.). Las variaciones en la geografía mental de los sujetos involucrados, en estos casos, dependerá del grado de su participación activa en los procesos de cambios suscitados en el uso del espacio (guardando -esto también- correspondencia con su origen y sus relaciones sociales, en especial las de producción) y del grado de libertad relativa para poder optar por un cambio de actividad cuando lo deseen.

En términos genéricos, se trata de un grupo del cual se cuentan escasos testimonios documentales impresos, puesto que -en primer término- los sujetos comprometidos en esta categoría están más ocupados en el proceso de construcción del paisaje que en el de la contemplación del mismo, ellos “hacen” el paisaje litoral que otros miran y del cual generan y difunden imágenes donde no están –generalmente–incluídos los hacedores.

Y contamos con escasos testimonios de sus representaciones del espacio litoral porque parte de estas poblaciones fueron –durante una gran porción de la historia- analfabetas y sin posibilidades de poder apropiarse de los medios de producción, de un tiempo de contemplación y de la palabra (en el sentido más amplio del término). Se trata de las representaciones de los individuos y/ó grupos sociales dominados, dependientes, alejados de las esferas del poder y sólo considerados –eventualmente- como aspectos pintoresquistas de un paisaje animado, como fuerza de trabajo o utilizados con fines clientelistas o populistas, de los cuales, sin embargo, se puede intentar reconstruir su “geografía mental”, sus relaciones con el litoral  a través de diferentes técnicas y métodos, entre los cuales no están ausentes las interpretaciones de los periódicos populares, los archivos fiscales, la historia oral y tantas otras fuentes y procedimientos destinados a “recuperar el testimonio de los de sin historia”[18] .

 

·      Representaciones de decisores del paisaje litoral:

 

Son esas construidas por los que detentan el poder del espacio litoral y lo ejercen a través de diversos dispositivos.

Categoría perteneciente a las altas clases sociales e integrada por diferentes subcategorías jerárquicas que han ido cambiando de medios y métodos a lo largo de la historia, conforme a las variaciones suscitadas en los escalonamientos sociales, pero que siempre han procurado el “hacer contemplar” como forma provocadora de deseos en otras clases sociales, como señales demarcatorias de pertenencia espacial y de “gustos” -en el sentido de Pierre Bourdieu [19]-, como un mecanismo de captación de rentas y también como una manera de distinción al propio interior de la clase dominante a través del doble propósito de “hacer contemplar” y “contemplarse” (modalidad autoreferencial).

Se debe destacar que, los arquetipos de esta categoría, disponen de medios de poder político y económico que son utilizados para apropiarse del espacio litoral y balizarlo con materialidades emblemáticas que se constituyen en unos medios simbólicos de legitimación del poder de las clases dominantes. Estas materialidades suelen motorizar representaciones míticas del espacio litoral forjadas en las mismas clases dominantes que luego se trasladan a la sociedad en su conjunto (representaciones del espacio) y, otras veces, inducen –en las clases dominadas- imágenes que contribuyen a perpetuar la espacialización del poder (espacios de las representaciones).

Encontramos aquí testimonios  documentales abundantes, de heterogéneas formas

(textos, archivos fiscales, folletería, fotografías, postales, videos, etc) que nos devuelven imágenes donde se hacen visibles ciertas cosas y se ocultan otras no deseables; estando contenidas en ellas -como en toda imagen- lo manifiesto pero también lo latente que hay que desentrañar detrás de las estrategias de visibilidad promovidas por los “gestores de la apariencia” [20]

En el contexto de estas tres categoría suele ocurrir que:

·      Los sujetos considerados en una categoría -durante un momento dado- puedan mudar de categoría -en otro momento-. El ritmo de mudanzas es contingente, dependiendo mayormente de las relaciones sociales y, con escasa frecuencia, del azar.

·      Se hallen tipos mixtos, en la medida en que el sujeto juegue diferentes roles al mismo tiempo, o –sin mudar de categoría- altere sus representaciones a través del tiempo.

 

 

B.   Delimitar porciones del litoral:

 

Aquí, la fragmentación del espacio litoral según los usos dominantes y en cada etapa histórica se torna imprescindible en la medida en que determina la cualidad (¿y cantidad?) de las acciones dominantes, las que, necesariamente tendrán un correlato espacial y temporal con dichos usos.

Y es importante realizar una fragmentación en base a los distintos tipos de empleos y aprovechamientos del espacio, puesto que, el uso portuario del litoral no convocará el mismo tipo de representaciones que el uso recreativo comercial de las ramblas o el uso de la playa como recurso terapéutico, ó deportista, ó pasatista. Así tampoco suscitará el mismo tipo de representaciones la costa "salvaje” más propicia – hoy- a la exploración y al tránsito hacia la “aventura” que aquella destinada al uso residencial ó industrial.

 

 

C. Periodización: Variaciones temporo-espaciales de miradas y usos:

 

En esta etapa se intentarán relacionar los diferentes tipos de miradas sobre el espacio litoral con los distintos tipos de usos del mismo, con una perspectiva diacrónica de análisis e intentando una periodización donde sea posible distinguir –en cada etapa histórica definida por sus rupturas- los tipos de representaciones dominantes sobre el espacio litoral que privilegian el “contemplar”, el “hacer ”, el “hacer contemplar” y/ó el “contemplarse”.

En esta fase y para la consideración  de las diversas miradas se tendrá presente - en el proceso analítico de cada una de ellas – aquella advertencia formulada por G. Myrdal ,según la cual “antes que haya una visión se fija un punto de vista y esto implica valoración”[21] ; valoración espacial diferencial que habrá que interpretar y que sólo alcanzará a encontrar significación en el contexto de una periodización situada.     

En lo que respecta a los usos del espacio, se considerará – ante todo – que,  siendo “el paisaje un conjunto de formas heterogéneas, de edades diferentes, pedazos de tiempos históricos representativos de las diversas maneras de producir las cosas, de construir el espacio”[22] el mismo es suceptible a cambios infrecuentes en el tiempo. Pero también se reparará  que, los cambios en el uso devienen de:

a)    Las  nuevas divisiones del trabajo requeridas por los modernos modos de producción que necesitan de nuevos objetos y otorgan valores diferentes a los ya existentes. Así, aunque no haya cambio aparente en las formas de las cosas, ello no quiere decir que el uso se mantenga, que no haya cambios en el uso, puesto que una misma cosa puede ser real –ayer y hoy- pero no tener la misma significación en los dos momentos por el hecho de tener otro papel,otra significación en la política, en la economía y en la sociedad. Y de

b) Los cambios en los hábitos de los hombres, hábitos que están en permanente transformación. Dichos cambios en el uso no requieren –necesariamente- de la sustitución abrupta de un uso por otro.ya que, la mayor parte de las veces, encontramos sobrelapamiento de los mismos porque ciertos hábitos adquiridos por los hombres en el pasado –por mediación con la experiencia- se trasladan entre generaciones a modo de “redes de memoria” ó ,como lo expresa Rupert Sheldrake, a modo de “resonancia mórfica”.[23]

Por último, y recordando que la intención de aplicar esta metodología responde a dos escalas de análisis diferentes: la del espacio litoral marítimo bonaerense en general y la del litoral marplatense en particular, se advierte como necesario un desdoblamiento de las periodizaciones, en la medida en que los procesos de valorización y organización espacial del litoral bonaerense han sido diferenciales a lo largo del tiempo, dando por resultado desarrollos locales desiguales y permitiendo –actualmente- la convivencia litoral de espacios tradicionales con fuerte vocación rural, de espacios con tardía vocación turística y de espacios polifuncionales, que convocan –todos ellos- a variadas y múltiples  representaciones sociales.

 



[1] * M.d.C.Villar, 2000. “ Fronteras terrestres de los espacios costeros.Reflexiones sobre su variabilidad espacio-temporal en ciertos tramos del litoral bonaerense” . Jornadas Platenses de Geografía.Inédito.

  * J.Marcadon; J. Chaussade; R-P Desse ; F.Péron. 1999. “L’ espace littoral.Approche de géographie humaine” Presses Universitaires de Rennes, Rennes,France.

  * J-J Bavoux; D. Bavoux;1998. “Géographie humaine des littoraux maritimes”.Ed. Armand Colin, París.

[2]  P.,Baud ; S..Bourgeat; C.Bras.1997.  “Dictionnaire de géographie” .Ed. Hatier, París.

[3] D. Guillemet;1998. “Les représentations de l’espace a Belle-Île-en-Mer”, Presses Universitaires de Rennes, France.

[4] D.Jodelet;1989. En: Guy Di Méo;1991 : “L’ Homme, la Société, l’ Espace” Ed. Anthropos,París.

[5] P. Baud; et. al.. Idem

[6] Guy Di  Méo;1991. Idem.

[7] V. Berdoulay;1988 .En :Guy Di Méo. Idem.

[8] E. Lamo de Espinosa; J.M.González García;C. Torres Albero;1994. “La sociología del conocimiento y de la ciencia” ; Alianza Editorial, Madrid.

[9] E.Lamo de Espinosa, et.al. Idem.

[10] Lamo de Espinosa; et.al;Idem.

[11] Las letras en negritas son nuestras.

[12] Milton Santos;1988. “Metamorfoses do espaco habitado” .Ed. Hucitec ; Sao Paulo.

[13] M.Berdoulay; M. Phipps;1985. En : Guy Di Méo ;Idem.

[14] J.C.Wieber.En: Guy Di Méo.Idem.

[15] D. Guillemet;1998. Idem

[16] Cabe destacar aquí que muchos  de los autores citados precedentemente  hablan de la existencia de “mapas cognitivos” ( Lamo de Espinosa et.al.) , de “cartas mentales” ( P.Baud,et.al) y/ó de   una “geografía mental ”

( D. Guillemet )  para nombrar a las representaciones de los actores sociales argumentando que el sujeto que tiene una relación productiva con el espacio (espacios  labor) casi nunca lo ven a éste como paisaje.

[17] D.Guillemet;1998. . Idem.

[18] P. Folguera;1994. “Cómo se hace historia oral”; Editorial Eudema, Madrid.

[19] P.Bourdieu;1990. “Sociología y cultura”,Ed. Grijalbo; México.

[20] A. Mons; 1994.  “La metáfora social. Imagen, territorio, comunicación”, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires.

[21] G. Myrdal;1969. “Objectivity in Social Research” Pantheon Books,New York. En: Lamo de Espinosa et.al.Idem.

[22] Milton Santos;1988.Idem.

[23] Diálogo con Rupert Sheldrake. Programa “Holograma”. Canal “á” . Emisión: Mayo 2000.


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.