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Asunto:[encuentrohumboldt] 118/04 - LA MINERÍA PESQUERA ¿ARGENTINA?
Fecha:Jueves, 22 de Abril, 2004  00:22:33 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 

LA MINERÍA PESQUERA ¿ARGENTINA?

 

José María Cóccaro*-

Joël Le Bail**-

Oscar Gómez-

Analía Boetto***

*Universidad Nacional de La Plata, Río Cuarto y Mar del Plata

**Universidad de Bretaña Occidental(Francia)

***Universidad Nacional de Río Cuarto


 

¿La tenemos significada?

 

Si a un ciudadano desprevenido de un lugar de la Argentina se le propone que confeccione una lista de las principales exportaciones de la Argentina, hoy, estamos casi seguro que, muy excepcionalmente, aparecerán enumeradas el  turismo y la pesca. Es más, si formulamos la misma pregunta en otros ámbitos: familiar, escolar, administración pública, ¿universidad?, ¿en qué grado de jerarquía ubicarían estas actividades?. Es que no son percibidas como actividades que forman parte del “curriculum” argentino como “espacios curriculares” esenciales y típicos de la Argentina. Estas actividades tienen un punto central en común: ritmos de estacionalidad. En un caso impuesto por la temporada turística, en el otro por el comportamiento de las especies con todo lo que ello implica como condicionamiento de los ritmos socio- económicos subordinados: disponibilidades variadas de ofertas, ritmos de empleo de mano de obra, inversiones de reacondicionamiento de infraestructura, concentración de ingresos, funcionamiento de servicios conexos. Quizás en el imaginario colectivo esté presente una dimensión que vincula ambas actividades: la costa y el mar; aunque esta vía de acercamiento es más producto del interés turístico que de la concientización del mar como espacio productivo y producido. Así, en los hechos, un puerto de pesca artesanal puede integrar un eslabón de algún circuito turístico, especialmente en el contexto construido de la tendencia de valorizar lo típico, tradicional y lo autóctono; hecho que tiene mucho más de espectáculo que de conocer realmente la historia y la situación social de sus actores.

 

Cuesta realmente internalizar en el pensamiento colectivo el sentido de pertenencia al territorio. Es más, muchas de nuestras pautas de conducta, inducidas por el modelo construido, parecen manifestarse como producto de vivir en un país alquilado, donde el relacionamiento de pertenencia parece  darse en ese plano, con todo lo que ello implica, especialmente en los espacios urbanos que concentran la historia de la organización del espacio argentino.  Ni que hablar cuando se trata de internalizar en ese pensamiento colectivo la pertenencia del espacio marítimo como productor y producido. Es cierto que la realidad es y parece y nosotros somos y parecemos en función a cómo hemos aprendido a verla o a vernos. De allí la histórica no integración a la economía nacional, ni a la sociedad argentina del espacio marítimo en cuanto a su valorización significativa. Pero no debemos  dejar de señalar que ha existido una valorización del espacio marítimo como zona de circulación desde el poder multidimensional y multiescalar, que ha sido decisiva en el proceso de organización del espacio argentino, entendido éste, como expresión de los diferentes momentos de la inserción argentina en el mundo en diversos contextos y con diferentes relaciones de fuerzas. Hoy el poder, con una nueva estructura o una estructura resignificada, hace en el mar sus buenos negocios, sin estar internalizada  esta realidad en la sociedad, salvo en los sectores afectados.

 

 

¿Qué nos dicen los números de la pesca?

 

Los números parecen decir que hemos pasado de ser un país con pesca  a ser un país pesquero.

Con fluctuaciones, que obedecen a varias razones, las capturas declaradas por la flota nacional crecieron  significativamente en los últimos 30 años, especialmente en esta última década(Ciocco, 1998). Las 200.000 toneladas/año de la segunda mitad de los años sesenta se sextuplicaron en 1997 alcanzando 1.340.000 toneladas desembarcadas de las cuales se exportaron 671.672,2 toneladas que representaron 1.014 millones de dólares. A nivel de capturas mundiales la Argentina pasó en 6 años del puesto 33 (1989: 475.529 toneladas) al 22 (1995: 1.148.761 tn) (Gráficos: 1 y 2). El año 1997 fue el pico máximo alcanzado en la última década. Los años 1998-99 muestran los síntomas, en el total de las capturas, del esfuerzo y presión sobre la merluza común.

En los últimos años se han “producido” mundialmente algo más de 100 millones de toneladas de productos acuáticos- marinos y de agua dulce- provenientes tanto de la pesca como de los cultivos. Pero hablar de este resultado como “producción” enmascara  una realidad que se reproduce y multiplica en diferentes escenarios del océano mundial:  la pesca ha pasado, en el proceso de producción del espacio marítimo, de ser una actividad de recolección a ser una actividad de extracción “minera” potenciando, a través del perfeccionamiento y selectividad de las técnicas de extracción, la vocación paleolítica que le quiere desarrollar el poder con las consecuencias  que sufren unos y  se benefician otros.

Así sólo el 14% de lo “producido” es realmente producido mediante el cultivo de organismos marinos y de agua dulce que representa un volumen de 25 millones de toneladas. ( Scelzo, 1997)

 

 

¿Pero qué implica ser un país pesquero?

 

¿Cuál debe ser el papel económico, social y espacial de la pesca desde una perspectiva situada? El crecimiento de la producción pesquera puede generar divisas con la exportación; el consiguiente desarrollo de la flota requiere compras al sector industrial, a los astilleros y a las fábricas de artes de pesca, así como promueve la expansión del sector de la construcción portuaria; la transformación de la producción implica el desarrollo de la industria agro-alimentaria, del comercio, de las comunicaciones y de los servicios. El mejoramiento de la población marítima se traduce en consumo e inversión. Asimismo, el desarrollo de la pesca representa la creación de empleo y el mejoramiento de la alimentación.

La pesca produce un espacio que tiene una singularidad: su extraordinaria especificidad y originalidad que le confiere ser un espacio diferenciado producto de las peculiaridades que imprime el contacto de dominios diferentes,  involucrando las franjas contiguas de tierra y agua  Creemos que debe ser visto como continente y contenido  de una realidad relacional, definido por el espacio relacional como categoría de análisis, que nos permita la reproducción de la estructura que asegure su explicación.  Es resultado de un proceso histórico de producción y contribuye a producir, reproducir y transformar los modos de producción. No es un espacio neutro Se diferencian en él zonas de pesca (costera, de altura y oceánica) de acuerdo a la localización de las pesquerías, su distribución estacional, el alcance de la flota y la distancia a que se encuentran de los puertos de operaciones así como los tipos de embarcaciones y artes de pesca requeridas para las capturas. Se delimitan zonas jurídicas (mar territorial, zona económica exclusiva) que expresan el proceso de apropiación nacional de los bordes oceánicos y de sus recursos y diferentes delimitaciones. El tipo de pesca que se realiza en la zona más cercana es la pesca artesanal. La más distante es la pesca industrial. Este espacio de producción puede representar también un espacio de conflictos entre la pesca artesanal y la pesca industrial, la pesca nacional y la pesca extranjera.(Le Bail, 1996)

 

Además, los puertos son espacios de trabajo y de vida donde se pueden analizar los flujos de productos, bienes, servicios y  mano de obra. El puerto artesanal tiene un poder de organización más reducido que el puerto de pesca industrial, pero contribuye al desarrollo de la zona costera.

 

El espacio pesquero se presenta así como una combinación de subespacios en su producción:

 

-    un sub - espacio pesquero generado por un pequeño puerto que se integra a un espacio regional.

-    un sub - espacio pesquero generado por un puerto de pesca industrial que se integra a  un espacio regional, nacional e internacional.

La evolución de esta coexistencia puede plantear diferentes tipos de combinación: el crecimiento de un puerto de pesca industrial puede provocar la desaparición de la pesca artesanal o, al contrario, puede dinamizar, los pequeños puertos.

Este espacio  producido tiene una dinámica temporal que puede resultar de los cambios por la evolución y diferenciación de procesos que llamamos naturales (migraciones de peces, modificaciones climáticas- oceanográficas, por ejemplo) o por procesos de diferenciación y comportamiento socio- económicos(evolución de los precios nacionales e internacionales, del consumo,  impactos del esfuerzo de pesca o sobrepesca)

Esta aproximación o reflexión teórico- conceptual pretende mostrar las ventajas de esta actividad y sus limitantes y condicionantes supuestos que, enmarcados en el análisis del contexto de la realidad relacional argentina, revela que el impacto económico, social y espacial fluctúa según las estrategias desarrolladas. Desde esta perspectiva, el espacio pesquero “argentino” es parte del espacio producido, definido y construido desde el poder multidimensional y multiescalar: con agentes sociales decisivos que han actuado y actúan desde diferentes instancias: gubernamentales, privadas, transnacionales y  técnico - científicas.

 

 

En pesca: ¿el hoy es el futuro del ayer? Etapas en la historia reciente.

 

No se puede entender el manejo de los recursos y el uso del espacio en países como la Argentina separado del acontecer mundial, cuando muchos de sus rasgos específicos han obedecido a formas particulares en que la Argentina se ha integrado o insertado en el mundo a través del tiempo, con relaciones de fuerza diferentes y teniendo como resultado desarrollos regionales y beneficios diferentes. (Villar et al., 1996) “El análisis histórico de las variaciones que tuvieron que tuvieron lugar en el sistema internacional, en el comportamiento de los mecanismos internos de acondicionamiento y respuesta a las decisiones generadas desde afuera permitirá observar los cambios en las formas espaciales de los sistemas nacionales” y el comportamiento activo o marginal de sus diferentes unidades espaciales. (Rofman,Romero,1974:58).La actividad pesquera no ha sido la excepción.

 

En un intento de caracterización de la evolución del contexto y de sus variables, con la identificación  de sus respectivas causas, podemos reconocer etapas en el proceso de “producción” del espacio pesquero ¿argentino? en los últimos 30 años, secuencia en que las capturas declaradas crecieron significativamente La necesidad de empirizar efectivamente el espacio y el tiempo a través de una periodización permite definir  o redefinir las cosas que se nos presentan como representándose a sí mismas. Porque las cosas, las personas y las relaciones son resultado de un proceso histórico (Santos, 1996), perspectiva que no ha sido internalizada en las dimensiones de análisis y elaboración de estrategias de solución, no sólo en el tratamiento de la problemática planteada sino en otras que se multiplican porque forman parte de un modelo.

 

 

La pesca en la etapa de la génesis de la deuda externa

 

Hasta principios de la década del 60 la pesca marítima se desarrollaba exclusivamente orientada al consumo interno y sostenida por especies  destinadas  a satisfacer las exigencias de la industria conservera, de la salazón y el consumo en fresco, con el puerto Mar del Plata como centro de operaciones. El producto era capturado por la flota costera compuesta por unidades cuyo alcance oscilaba entre 8 y 100 millas y con una autonomía alternativa, según las características de la embarcación, entre 16 y 36 horas. Al incorporarse la flota de altura integrada por barcos convencionales(trawlers o arrastreros) y congeladores, permitió una mayor inserción en el mercado de oferta interna proporcionando materia prima para el consumo en fresco  y para la industria del congelado. Con el correr de la década del 60 se advierte  cómo la pesca de altura supera a la costera,  situación relacionada con el cambio de destino de la  producción hacia el  mercado exterior, y que  se reafirma en la década del 70 al acordarse la constitución de empresas conjuntas- argentinas y extranjeras- orientadas a la producción de productos congelados.

El aumento de estas exportaciones no tradicionales y su colocación en el mercado, limitado hasta entonces para las posibilidades argentinas, obedeció a relaciones de fuerzas de un contexto global emergente en dos instancias: en el plano pesquero propiamente dicho y en el monetario- financiero.

En el plano de la actividad pesquera las capturas en el ámbito mundial habían aumentado desde el final de la segunda guerra mundial hasta los primeros años de la década del 70,  en los que se alcanzó casi 60 millones de toneladas, triplicando la extracción. En ese lapso se diferencian dos ritmos diferentes de aceleración: hasta 1958 con un crecimiento medio anual de  alrededor de 1,5 millones de toneladas y entre 1958 y 1970 de casi 3 millones de toneladas.

La rápida expansión en este período es producto de la convergencia de factores múltiples:               

* el desarrollo de las técnicas que permitió, por un lado,  la posibilidad de equipar a las unidades pesqueras con los elementos más eficaces para satisfacer las exigencias de su doble función de medio de transporte y de extracción y por el otro el mejoramiento de la infraestructura para la conservación del producto;

 

* la ampliación del mercado de subproductos que facilitó y estimuló el paso del pescado alimento al pescado industrial: la producción de harina, aceite y alimentos balanceados con  el boom espectacular de Perú entre 1956 y 1970,

* la conversión del océano mundial en escenario de pesca.

A partir de 1970 la expansión pesquera se desacelera, estabilizándose,con avances y retrocesos, que responden a límites y dificultades en la explotación:

*aparecen varias “pesquerías” con síntomas de notable disminución de rendimiento por “sobrepesca” y agotamiento no sólo las tradicionales, como las del Atlántico NO(arenque) y  Mar del Norte, sino también las más recientes para la época, como la peruana, en la que cíclicamente aparecen también alternancias del Ñiño con el “upwelling”

* se manifiesta la “apropiación” nacional de los bordes oceánicos como reivindicación de los países ribereños que se multiplicó unilateralmente ante el vacío jurídico imperante y que llevó a la reducción de las capturas por parte de las potencias pesqueras en las aguas más productivas.

A partir de 1976 casi todos los estados ribereños aplicaron las 200 millas cómo límite pesquero encargándose de explotar las disponibilidades  o concediendo licencias de pesca a terceros(Carré, 1988). Las Conferencias del Mar convocadas por Naciones Unidas en 1958 y 1960 constituyeron el marco para ir concensuando estas reivindicaciones que se expresarán en el Acta Final de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar de 1972/82.

Estas condiciones  fueron limitando las zonas de operabilidad de las grandes flotas pesqueras mundiales y reduciendo, consecuentemente, su oferta en el mercado exterior, ya disminuida, además, porque sus pesquerías tradicionales se hallaban en el límite de la sobrecaptura. Esto motivó el traslado del centro de gravedad de la actividad pesquera hacia las “pesquerías” subutilizadas y el consiguiente ingreso, en el mercado, de países como la Argentina.

Así, entre 1971 y 1979 el incremento de las capturas se vio estimulado por la demanda internacional de productos pesqueros argentinos, especialmente los congelados. El incremento anual acumulativo fue en ese período del 133 %, aunque, como se observa en el gráfico 1, sufrió una interrupción en el lapso 1974-1975 que refleja la retracción de la demanda internacional vinculada con la crisis del petróleo.

Las empresas realizaron elevadas e importantes inversiones para responder a la expansión del período que requería: incorporación de unidades pesqueras, reequipamiento de las plantas de elaboración y adecuación de la cadena de frío, tomando créditos a precio dólar y bajo costo. Y aquí converge el contexto de la actividad pesquera con el contexto monetario- financiero.

Desde fines del decenio de los sesenta se fueron produciendo transformaciones en el funcionamiento del régimen monetario y de la intermediación financiera internacionales. El régimen de Bretton Wood, que se mantuvo agónicamente hasta los primeros años de la década del 70, fue reemplazado por otro en que la liquidez pasó a ser generada y distribuida a través de la banca internacional, operando desde mercados financieros, muy poco controlados por autoridades monetarias oficiales. Este mecanismo, que generó la crisis de la deuda de los 80 de los distintos países, en especial de América Latina, adoptó una gran diversidad de formas en cuanto al modo de utilización de estos recursos externos:  ampliar la capacidad productiva, aumentar el consumo, acumular reservas oficiales, financiar políticas de apertura financiera.

 Así, de crédito escaso, público, “atado” a proyectos o programas de inversión, con tasas de interés fijas, más inversiones externas de riesgo, se pasó rápidamente a crédito abundante, privado, prácticamente incondicional, de corto plazo (renovable), con tasas de interés variable”(Hopenhayn, 1989:88).

El destino que se le dió  a los recursos financieros así obtenidos, durante la segunda mitad de los años 70,  incidió en el comportamiento y evolución posterior  de las actividades económicas que acumularon deudas en esta época, entre ellas la pesca.

Las capturas muestran un drástico descenso a  inicios de la década del 80(Gráfico 1): Estados Unidos modifica su política monetaria interna produciendo una fuerte contracción de la liquidez y un aumento del costo del dinero internacional; los bancos dejan  de prestar; reaparece el crédito de fuentes oficiales con montos inferiores a los intereses “a pagar” por las deudas contraídas por los países con la banca privada internacional siempre que sean destinados al pago de intereses y para aplicar políticas de ajuste.

La actividad pesquera atraviesa por una situación crítica signada:

-         por una política cambiaría, que afectó negativamente a una industria que dependía en gran medida de las exportaciones (la paridad dólar-peso se incrementó en breve lapso en un 28 por ciento %);

-         por el alto costo del crédito bancario  que afectó negativamente a las empresas que habían realizado inversiones; por el elevado costo de los insumos y de la mano de obra- encarecida por la fuerte demanda operada entre 1976 y 1979 y

-         por la inextensibilidad del mercado de consumo interno para absorber los excedentes. (Cóccaro,1983).

A inicios de la década del 80 la situación estaba caracterizada:

-         por la presencia de una flota pesquera, con edad promedio de 16 años, superando apenas el límite de eficiencia del servicio, con la consiguiente elevación de los costos operativos;

-         con especies cercanas a los niveles de máxima captura posible como la merluza común, el calamar, langostino, pescadilla y corvina que anticipaban el rumbo  del hoy;

-         por la expansión de la pesquería de Uruguay desde la firma del tratado del Río de La Plata y su frente marítimo en 1974 como la consecuente competencia en los mismos mercados a precios subsidiados y la presión sobre la merluza que, en 1987, sumó 416.000 toneladas sobre una captura máxima sostenible estimada en 353.000 toneladas en la Zona Común. La situación ya planteaba la necesidad de reducir el esfuerzo pesquero para preservar fundamentalmente a los juveniles (Bertolotti, 1985 y Lerena,1989).

En este contexto las consecuencias de la guerra de Malvinas incorporan una   dimensión de análisis conflictiva al cuadro del espacio pesquero, con la presencia de grandes flotas en la zona de exclusión impuesta unilateralmente por el gobierno de las islas, ejerciendo presión sobre las disponibilidades y que, a su vez incursionaban sobre la ZEE Argentina, compitiendo en nuestros mercados con  compradores tradicionales.

 

 

Malvinas y la etapa de los acuerdos pesqueros

 

A la disputa por las islas se la interpreta como un simple hecho bélico, más que como una enajenación histórica de recursos(Olivier, 1990). Pero la presencia de buques extranjeros  pescando en la ZEE, a través de permisos de pesca, ya estaba enmarcada legalmente desde 1966 en artículos de las leyes 17.094/66; 17.5000/67; 20.136/73; en decretos y disposiciones de 1970/72/73; en el Tratado del Río de la Plata y en las leyes 20.489 y 21.514, el decreto 4.915/73 y la resolución 204/87 y las leyes 23.493/86 y 23.494/86.

 

Cuando se inicia la actividad de buques extranjeros en 1966/67, especialmente soviéticos, el esfuerzo de pesca se centro en especie demersales costeras con destino principalmente a la industria de reducción(harinas y aceites) sometiendo a la castañeta a una fuerte sobreexplotación. Esta fue una de las primeras especies que sufrió el efecto cascada de los ciclos de sobrecaptura en el mar argentino; luego le seguirían,  la merluza, el langostino, el calamar y la merluza negra en distintos momentos y contextos.

Pero la presencia de buques extranjeros en las pesquerías argentinas, ejerciendo presión sobre diferentes “recursos” se institucionaliza en 1986 a través de los Acuerdos Marco firmados con la Unión Soviética y Bulgaria. Los argumentos manejados por la Cancillería Argentina se sostenían en el contexto de la situación generada por la guerra de Malvinas y el establecimiento de la Zona de Exclusión por el gobierno inglés; en el reconocimiento por parte de terceros de la reafirmación de la soberanía en el área adyacente a las islas; en la promoción y reactivación de la actividad pesquera y en el incremento de las fuentes de trabajo (Lerena, 1989).

El esfuerzo de las capturas de las flotas rusa y búlgara se concentró en especie demersales, especialmente la polaca, con una fuerte presión sobre la misma, sin aportar un impacto significativo de ocupación de mano de obra argentina, en particular, debido a una reducida participación en el personal embarcado y a la inexistencia de generación de procesamiento en tierra de la materia prima capturada. Cabe mencionar  solamente algunos acuerdos puntuales que pudieron beneficiar a un reducido número de empresas argentinas asociadas, a las que estaban obligadas a comprar un 30 % de sus necesidades de materias primas. Por licencias otorgadas la Argentina obtenía un canon del 3% de la producción.

Los acuerdos marco con la ex Unión Soviética y Bulgaria señalan el ingreso, institucionalizado en materia pesquera, de la Argentina en el contexto construido de la globalización desde el poder multidimensional y multiescalar.

Este ingreso se expresa también en un cambio en la configuración del espacio pesquero argentino, que ya se había comenzado a delinear a fines de la década del 70, al acordarse la constitución de empresas conjuntas- argentinas y extranjeras- orientadas a la producción de productos congelados. Los establecimientos tienden a  instalarse en la zona patagónica al amparo de un marco de disposiciones y franquicias otorgadas por leyes y decretos (decreto 2529/77, ley 21.608 de promoción industrial; ley 21.382 de inversiones extranjeras,  que permitía la formación de sociedades mixtas y poner en operación su flotas de largo alcance; ley 21.514 de concurso internacional para adjudicar la explotación de recursos pesqueros al sur del paralelo 40 S, reembolsos créditos y avales del banco Nacional de desarrollo para inversión y refinanciación de pasivos y créditos del banco de la Nación Argentina para evolución). (Bertolotti,1985)

 

En este proceso de producción del espacio emergen los puertos patagónicos -en especial Deseado,  Pto. Madryn  y Ushuaia- como polos de estructuración en cuanto  a: zonas de  alcance de las capturas, centralización de las plantas de fileteado y congelado y puertos de expedición de rubros de exportación. Los mayores exportadores se radican en el sur y son empresas vinculadas con los grandes grupos económicos y asociadas (joint-ventures mediante) a firmas extranacionales. Hoy sobreviven de esta etapa Alpesca y Harengus, entre otras.  Mar del Plata, a su vez,  asume el papel de concentrar las áreas de captura tradicional y el sector industrial de conservas y salado y procesamiento y fileteado para el mercado interno.

 

 

La etapa de la historia reciente de la minería pesquera argentina.

 

Los acuerdos con la Comunidad Europea

 

La historia reciente tiene un disparador en los Acuerdos con la Comunidad Económica Europea.

 En marzo de 1993 estaban conformadas y en actividad trece empresas mixtas de capitales españoles y argentinos que habían exportado en 1992 por valor 162 millones de dólares  equivalentes a una participación del 28,9 % del total de las exportaciones pesqueras argentinas. Estas empresas eran propietarias de 55 buques factorías de los 160 que contaba la flota argentina y constituían un contexto favorable para la firma de un convenio que “beneficiaría” al estado argentino con un préstamo no retornable de 32 millones de dólares destinados a desarrollar el programa de investigación científica. El acuerdo con la Comunidad Europea firmado el 30 de noviembre de 1992 en Buenos Aires comprometió anualmente  250.000 toneladas por cinco años(1993-1997), más un 10% autorizado de sobrepesca, de las cuales correspondían 120.000Tn de merluza hubsi y 30.000 Tn de calamar Ilex, dos especies con signos de sobreexplotación en el momento de aprobarse el tratado De ese total una tercera parte podría capturarse con buques de bandera comunitaria, en el marco de las asociaciones temporales, estableciéndose cupos totales anuales de las distintas especies, pasibles de modificarse de un año para el otro. (Espoz Espoz, 1994).Podían reemplazar, así lo exigía el convenio,  buques argentinos por europeos tecnológicamente más modernos, pero con igual capacidad de captura. Desde 1991 seguía la prohibición de otorgamiento de nuevos permisos para pesca de la merluza, pero se podía transferir los vigentes siempre que los buques no estuvieran inactivos o pertenecieran a empresas en quiebra y el empresario que cediera el permiso no estaba habilitado  para pescar.

¿Qué vendría como “contrapartida” a los 32 millones de dólares? Buques  inactivos que pasarían  a las empresas conjuntas como inversión de capital buscando como respuesta acceder a los recursos pesqueros argentinos incrementando sus capturas.  En realidad, existía un  gran lucro cesante  de buques financiados por bancos alemanes y españoles. Y había que ponerlos a trabajar. Se habían agotado los caladeros africanos y se trasladaron a estas aguas. Eran unidades extractivas con parámetros no comparables para transferir esfuerzos. Precisamente, una de las causas determinantes en la producción de la situación de sobrepesca hoy, ha sido, desde el punto de vista biológico pesquero, la configuración de las flotas que se usaron. Se utilizaron buques de mucho poder de pesca para trabajar sobre recursos que no estaban en condiciones de soportar semejante esfuerzo. Si hasta se llegó a afirmar desde la Secretaría de Agricultura Ganadería y Pesca: ”no haber estudiado mejor la potencia de los buques que vieron y los permisos otorgados” (Clarín, 1997) al referirse en su momento a los efectos  de sobrepesca por la situación creada en el marco de los acuerdos con la Comunidad Económica Europea. ¡Inconcebible! El convenio aceleró la sobrepesca de casi todos los stocks; especialmente de la merluza hubbsi. En 1998 se denunció el Acuerdo y dejó de regir en 1999. Y pensar que el Convenio fue anunciado oficialmente como una de las victorias más resonantes de la Argentina en los últimos años.

 

 

Las razones de la crisis: articulación del contexto exterior con el interior

 

En este marco: ¿qué lectura podemos hacer de esta situación? Es la decisión de política económica de poner a un sector de la economía al servicio de la deuda externa  y del nuevo proceso de acumulación del  capital por ser una actividad de rápida respuesta. Fiel a los principios de una economía paleolítica de recolección: tirar y sacar, permitió superar los 1.000 millones de dólares en valor de exportaciones y llegar a convertir, a la actividad de recolección, en actividad minera con las consecuencias que “sufren” unos y se benefician otros. Y todo esto es legalizado e institucionalizado en el marco de acuerdo con  terceros.

Las flotas pesqueras de la Unión Europea “subvencionadas” trasladaron el problema de la “sobrepesca” de Europa al “mar ¿argentino?” Inconscientemente lo contribuyentes de la Comunidad aportaron 150 millones  de dólares en los últimos cinco años de la década del 90 que fueron vehiculizados “conscientemente” para trasladar hacia el sur la flota., convirtiéndose en co-responsables del colapso de la merluza en aguas argentinas. El objetivo de la Unión Europea se enmarcaba en la  “doble presión” de caladeros regionales comprometidos y la presencia y acción de las ONGs. A todo esto dejamos “flotando” si los intereses de las ONG son planetarios o regionales.

 

 

El contexto interior: el descontrol y la permisividad.

 

El decreto 2265 autorizó la transferencia de permisos, decisión que acentuó  la “desprotección” de la pesquería argentina permitiendo  la venta de “licencias de trabajo”. Gran parte del subsidio de la UE circuló en las operaciones para asociarse a los argentinos. Estas condiciones crearon un “mercado de permisos” con un “plafond legalista” que profundizaron la sobrepesca: barcos activos que vendían sus permisos y conseguían otros  de remates  de empresas en quiebra; la habilitación de permisos de empresas en quiebra; duplicación ilegal de permisos; venta de permisos caducos, o de barcos inactivos, etc.

A la “sobreabundancia” de transferencia de permisos  de pesca se le sumó  la existencia de controles ineficientes, aún en un contexto de reducción crónica de recursos, por parte del estado nacional:  durante 1999 se produjo el desmantelamiento del equipo de inspectores a bordo y quedó desactivado el Programa de Control Satelital Monpesat, por falta de financiamiento, al no haber liberado la Subsecretaría de Pesca los fondos correspondientes. De este modo, continuaba sin aplicarse la Ley Federal de Pesca 24922/97 que dispone, fundamentalmente, la cuotificación y e inspecciones a bordo. Es decir los instrumentos aplicables e instrumentales, existían y existen.

El INIDEP (Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero) con sede en Mar del Plata , advirtió en 1988 de que la merluza comenzaba a dar señales de presión y esfuerzo y dio la voz de alerta en 1996: no más de 340.000 toneladas de merluza común por año. Las capturas reconocidas oficialmente (sin los descartes) alcanzaron en promedio, en ese año, las 600.000 toneladas. El gráfico 3, muestra la evolución del comportamiento de la “pesca minera” sin control de la merluza entre 1992 y 1999, donde el volumen de la “sobrepesca” muestra una tendencia decreciente,desde 1998, en función de la disminución del “capital natural”. Hoy el INIDEP calcula que aun cerrando la pesca de la merluza todo el año no se garantiza un normal desarrollo de la especie en los dos años siguientes.

Estas son las principales aristas del contexto de un modelo que se reproduce en diferentes escenarios construidos porque es necesario unificar el mundo para satisfacer las necesidades de una nueva manera de “producir”(¡vaya término paradojal si se trata de hablar de la actividad pesquera en estas condiciones!) y del perfil  de una “administración” puesta al servicio `para ejecutar las decisiones  de las estructuras de poder y decisión, que han “materealizado” este emergente pesquero: disponibilidades con signos vitales casi imperceptibles y la supervivencia de los trabajadores relacionados socioeconómicamente con  esta actividad.

 

 

Los “tiempos de la pesca”: los “unos” contra los “otros”

 

La historia reciente transita en cómo lograr el equilibrio en el balanceo entre el SOS merluza y el SOS pescadores, donde los requerimientos y necesidades corren por ritmos de tiempo diferentes.

Los “tiempos del SOS Merluza” han llevado al INIDEP a recomendar y al Consejo Federal Pesquero y a las autoridades nacionales a determinar “paradas biológicas” y cuantificaciones por flotas y sectores.

La necesidad de articular, en lo posible, los “tiempos del recurso y los del impacto económico-social” condujo a dictar decretos de necesidad y urgencia como marco para resoluciones de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación para establecer un sistema normativo mientras dure la emergencia.

La urgencia del “tiempo social de la pesca artesanal marplatense” llevó a presionar para garantizar el trabajo de los fresqueros, en el período de emergencia, a través de la elaboración de un plan de manejo de las pesquerías,comenzando a diseñarse el escenario de conflicto entre “fresqueros” y “congeladores” para disputarse la asignación de lo que “resta”.

Las necesidades del “tiempo social de la pesca industrial patagónica” empujan y obtienen la elaboración de un plan de manejo de los caladeros intentando asegurar el mantenimiento de una actividad de captura continua, sin tener la merluza como objetivo.

El impacto socioeconómico de los diferentes tiempos de la pesca tiene su correlato emergente en simples datos.

Sólo en Mar del Plata unas 20.000 personas (12.000 en relación directa y 8.000 que indirectamente se benefician  con lo producido por este rubro) viven  de esta actividad. En Rawson, una  sola empresa trabajando en el 90% de su capacidad, absorbe 300 empleados, que expresa una vinculación indirecta de 1.200 personas, sobre un  total de 22.000 habitantes de la capital de Chubut. La flota congeladora que opera en puertos patagónicos relaciona directa e indirectamente a 10.000 personas.

Mar del Plata como base de operaciones de la flota pesquera, Rawson como una de las sedes de pesca artesanal en patagonia, Madryn, Deseado y Ushuaia como las principales bases de la flota congeladora son lugares de la Argentina y en todo lugar se expresa lo global. De la lista de posibilidades de lo global el lugar, por su contenido, selecciona algunas de esas posibilidades y las expresa. El modelo construido- como estrategia política y amparada en una concepción  neoliberal- apunta, para legitimarse, en fracturar el tejido social –dado que la solidaridad es un mecanismo para fisurar un sistema injusto- y crear  un “clima” de conflicto interno, típico en esta etapa de globalización,  que se expresa entre diferentes sectores. Así en la actividad pesquera aparecen los antagonismos cualquiera sea el lugar de referencia: entre bonaerenses y patagónicos en la dimensión regional o en un mismo lugar como Rawson, por ejemplo, entre “artesanales” e “industriales”. Un sector congelador que defiende una modalidad de extracción, un sistema de concesión de permisos y que tiene bases en puertos de Patagonia y otro sector que ha crecido dando otro tratamiento al recurso,  convivían  cuando la abundancia de la merluza era una realidad. . La actual situación del “stock”hace emerger las diferencias que siempre han existido en la actividad y que son producto de la reproducción del modelo que las ha potenciado. “Unos” contra “otros”: las divisiones y los lobys políticos; la proliferación de Cámaras y Federaciones que responden a uno u otro sector. Antagonismo entre los artesanales y los congeladores y factorías argentinos. Es el árbol  intencionalmente “plantado” para que no deje ver el bosque.

La justicia debe develar algunas de las causas que llevaron a la actividad a esta situación crítica. Al instaurar las vedas y las cuotas, las autoridades nacionales responsabilizaron a sus predecesores del deterioro experimentado por el recurso. Las denuncias presentadas intentan establecer por qué se autorizaron permisos entre 1991 y 1998 para la pesca por encima de las recomendaciones del INIDEP. Existen denuncias penales que señalan a empresarios y funcionarios vinculados a esta “sobrepesca ilegal” realizada durante 1994-1999. Algunas demandas hacen referencia a:

·        los volúmenes exportados; dado que éstos superan a los declarados en la captura,

·        las licencias; por la duplicación de las mismas con anuencia de funcionarios,

·        el número de buques: por cada buque subsidiado que ingresara se retiraría otro, según el acuerdo con la UE, pero no fue así, y siguió pescando.

*    la desinformación entre la aduana y la oficina recaudadora de impuestos.

*    empresas que siguieron operando durante vedas establecidas.

La justicia determinará en qué circunstancias las resoluciones u omisiones oficiales  motivaron la emergencia de esta situación. Muchos interrongantes exigen respuesta:

Por qué se abandonó el principio de la Reserva del Pabellón Nacional para el calamar mediante el decreto 1493/92 y en el Acuerdo con la UE,

Por qué se autorizó la transferencia de permisos por el decreto 2265 creando un verdadero “mercado flotante” de licencias,

Por qué el cuerpo de inspectores y observadores de pesca a bordo fue desmantelado en los últimos tres años,

Por qué se tomaron decisiones que llevaron a no destinar fondos para el financiamiento del Programa de Control, incluyendo el Sistema de Monitoreo  Satelital Pesquero (Monpesat) y cómo ha sido el trámite de licitación, adjudicación, instalación y/o pago del Sistema.

Por qué los buques no fueron reemplazados por otros de igual capacidad como fijaban los acuerdos, sino por unidades considerablemente mayores,

Por qué aprobada la Ley Federal de Pesca 24.922/1997, la “politica pesquera”, se instrumentó con decretos y hasta con simples resoluciones, apartándose del cumplimiento de la Ley en aspectos importantes.

Estos interrongantes y  muchos más encuentrarán el camino de respuesta al comenzar a desandar el itinerario de la historia reciente de la “minería pesquera argentina”.

 

 

¿Qué hacer?

 

En esta problemática coexisten dos variables fundamentales: una parte significativa del “capital natural” con graves síntomas de agotamiento y la situación socioeconómica de los trabajadores relacionados directa e indirectamente con la actividad. Administrar la crisis para salir de ella no será tarea sencilla, es más: si existe, en este caso, una certeza es que nadie quedará conforme y será un proceso doloroso.

En esta “coyuntura” estructural, en el marco del modelo construido, deberán tenerse en cuenta medidas colectivas en el manejo de las disponibilidades pesqueras y la puesta en marcha de una política de apoyo para la producción que permita diseñar un modelo capaz de proveer un ordenamiento global por medio de la plena aplicación de la Ley Federal Pesquera de 1997.(Fortunato,1999, Curatola, 1999, Solari Yrigoyen, 1999)

En este contexto aparecen, a modo de una simple enumeración y alimentadas por los “síntomas” de la historia reciente de la minería pesquera argentina, algunas consideraciones para administrar la crisis y comenzar a “construir” las bases de una política social pesquera situada. Consideraciones que involucran tres dimensiones: la del recurso; la de su utilización, control y fiscalización y la de creación de condiciones para la “producción”

Entre las primeras:

-respetar las recomendaciones del INIDEP, considerando a corto, mediano y largo plazo el impacto socioeconómico,

-no descartar la ampliación de zonas y frecuencias de “paradas biológicas”, incluyendo quizás algunos golfos,

-realizar el ordenamiento del caladero en el contexto de las leyes existentes,

-fijar obligatoriedad de artes de pesca selectivas tanto para langostineros, merluceros y de otras especies,

- asignación de cuotas de captura para ordenación de los caladeros de acuerdo a la Ley Federal de Pesca.

Entre las segundas:

-ordenación y fiscalización de los permisos de pesca y la aplicación del Programa de Control, incluyendo el Sistema de Monitoreo Satelital Pesquero (Monpesat),

-extremar el control y fiscalización, tanto a bordo como en tierra, y confrontar las extracciones con los certificados de exportación de las empresas,

-verificar en las empresas el cumplimiento de las obligaciones fiscales y previsionales,

-propiciar reformas necesarias para volver al sistema del pabellón nacional y acotar las excepciones que se permiten a la misma.

Entre las terceras:

-no descartar la instrumentación de una red de contención social para atender las necesidades de desocupados y subocupados con financiamiento, en la primera etapa, a través de un esfuerzo en común entre la Nación y las Provincias y pensar en la posibilidad, a mediano plazo, que el apoyo surja del propio sector pesquero (cánones sobre permisos de pesca),

-la posibilidad de crear condiciones para la reconversión que, en algunos casos, implica una gran inversión(por ejemplo reemplazar la merluza hubsi por hoki o merluza de cola),

- contemplar las necesidades e intereses de todos los sectores administrando el recurso con cuidado.

- discutir la política impositiva para el sector,

-elaborar e instrumentar un planes de modernización  tecnológica y de desarrollo de mercado, de capacitación, etc.

No cabe duda que la impronta de muchas de estas consideraciónes están contenidas en Ley Federal de Pesca y su viabilidad de implementación se tornaría factible con su aplicación plena. Pero para “articular” la situación de crisis con una política social pesquera que contemple nuestra “situacionalidad” ¿no será necesario replantear la estructura administrativa y política encargada de asumir esta “coyuntura” estructural? La Ley 24.922/97 estableció que la actividad debería organizarse a través de una Secretaría específica, norma que fue vetada por el Poder Ejecutivo, quedando su administración dentro de la cartera de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, y coordinada por una Dirección. Esta estructura administrativa es indicadora de la “desmerituación”  histórica del peso de la actividad y su sujeción a los intereses que, desde el poder, ha hecho del mar su “gran negocio” en los peores términos para el recurso y los sectores de la pesca afectados.

 

 

Si el hoy es el futuro del ayer ¿no volverá a repetirse?

 

Por un lado el S.O.S merluza, sustentado por las evaluaciones del INIDEP y enarbolado por algunas organizaciones ecologistas. Por el otro el S.O.S. pescadores sostenido por los sectores afectados y algunos “relictos” de la comunidad social. Y que intenta ser contemplado en la administración de la crisis. Ambos gritos de socorro  quedan contenidos en el todavía confuso, pero concensuado, en términos genéricos, concepto de desarrollo sostenible, sobre el que mucho habrá que caminar para resignificarlo frente a su construcción conceptual desde el poder para legitimar esta nueva manera de “producir”. En este concepto, de fuerte matiz “naturalista” por su origen, se acentúa el énfasis de la visión intergeneracional: supeditar el modo de uso de los recursos hoy, pensando en las generaciones futuras. Preocupa el mañana (y esa preocupación es legítima). Pero: el aquí y el ahora? Es urgente contemplar no sólo la calidad de vida de las generaciones futuras sino los intereses sociales, los asuntos económicos  y la equidad intrageneracional (aquí y hoy), incluso como camino ineludible para asegurar aquellas. ¿Qué ocurriría, sin perder la visión intergeneracional, si ponemos el acento en el pasado, en lugar de proyectarnos hacia un futuro indeterminado, integrado por agentes y posibilidades indefinidos e imprecisos?: nos encontraríamos con hechos concretos y actores sociales responsables. Les proponemos pensar que el hoy es el mañana del ayer, en la actual crisis pesquera. Y es lo que hemos hecho.

Ubicados en esta visión retrospectiva y teniendo en cuenta esta situación coyuntural donde las personas, las cosas y las relaciones son productos históricos: ¿no se debería aplicar una justicia  distributiva en cuanto a la responsabilidad de asumir los costos de la crisis?; ¿qué garantías existen y quienes asumen esas garantías para asegurar que el costo social a pagar hoy, por ejemplo,  por el sector de pesca artesanal- como consecuencia de las paradas biológicas- asegure, a ese “precio”, trabajo en el futuro y que no “otros”, los de siempre, sean los beneficiados? El hoy, que fue el futuro inmediato del ayer, nos hace desconfiar.(Cóccaro,1999)

La coyuntura pesquera argentina no es más que una expresión de la realidad relacional cuya lectura y comprensión debe emerger del desafío de no renunciar a construir los marcos de análisis que nos permitan organizar la información, conocer esa realidad relacional y producir un discurso político  positivo que articule lo geográfico, en sentido estratégico, a los fines de su aplicabilidad.

 

 

 

 

 

 

 


 Gráfico1. Evolución de las capturas en volumen entre 1972  y 1999

                  (Fuente: SAGyP)

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Gráfico 2. Evolución de las exportaciones en valor entre 1987 y 1997

(Fuente:SAGyP)

 



 


              Grafico 3. Sobrepesca de la merluza hubsi entre 1992 y 1999

                                           (Fuente:SAGyP)  

 

 

 

 


 

 

 


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

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·        ESPOZ ESPOZ, M. 1994. El acuerdo pesquero con la comunidad europea y mentada

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Agradecemos profundamente toda la información y colaboración aportada por Lic. Raúl González, Lic. Eduardo Zampatti, y  Dr. Marcela Pascual del Instituto de Biología Marina y Pesquera “Almirante Storni”; Lic. Nestor Ciocco del Centro Nacional Patagónico; Lic. Fernando David, gerente de planta de Mellino Sa. Rawson, Chubut. Prof. María Inés Robiani Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de la Plata; Dr. Nicolas Bernard de la Universidad de Bretagna Occidental; Lic. Marilú Re del Centro Nacional Patagónico y Prof. Mirta Vallejos.


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.