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Asunto:[encuentrohumboldt] 106/04 - DESEQUILIBRIOS Y EXPECTATIVAS
Fecha:Sabado, 10 de Abril, 2004  01:36:47 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

DESEQUILIBRIOS Y EXPECTATIVAS.

CONVIVENCIA DE DOS PROCESOS PRODUCTIVOS DE BASE AGRARIA

EN LA PROVINCIA DE SANTA CRUZ

 

 

María Eugenia Cepparo de Grosso

CONICET - U.N. de Cuyo

 

ABSTRACT

El 77% del territorio santacruceño está afectado por desertización grave o muy grave. Ha ocasionado serias consecuencias no sólo en el paisaje natural sino también en la economía provincial, donde la actividad ganadera extensiva es la más difundida. 

Entre las alternativas propuestas para recuperar los campos degradados, la reconversión divergente es la de mayor peso. Entre las actividades con posibilidades de diversificación, aparecen las relacionadas con los cultivos de frutas de carozo y hortalizas. En algunos espacios, la producción es reciente, y en otros los cultivos son conocidos desde hace décadas. Gracias a sistemas de riego relativamente organizados, han surgido y crecido pequeñas áreas cultivadas en el noroeste, centro y sureste de espacio provincial. Es así que la actividad tradicional de Santa Cruz ha comenzado a convivir con otros agentes económicos y sociales, y otro proceso productivo, en situación emergente pero con creciente  organización.

El objetivo de este trabajo es retomar (Cepparo de Grosso, M.E., 1985, 1990, 1994, 1997, 2000) la larga secuencia de factores estructurales que provocaron sucesivas crisis económicas sobre el circuito productivo de la ganadería ovina. El fin es comprender el surgimiento de reducidos “oasis” en un medio con grandes limitaciones. Limitaciones que obligaron buscar otras alternativas de base agraria en aquellos lugares con los recursos naturales más apropiados. Por lo tanto,  esta ponencia intenta una aproximación explicativa de las estructuras territoriales y sociales que integran estos nuevos y periféricos sistemas agrícolas en la Patagonia meridional.

 

 

 

Introducción

 

El 77% del territorio santacruceño está afectado por desertización grave o muy grave. Panorama que ha  coaccionado serias consecuencias no sólo en el paisaje natural sino también en la economía provincial, donde la actividad ganadera extensiva es la más difundida.

Entre las alternativas propuestas para recuperar los campos degradados, la diversificación divergente[1] es la de mayor peso. Entre las actividades con posibilidades de generar una necesaria diversificación, aparecen las relacionadas con la agricultura intensiva, el turismo y la minería. En algunos espacios, la producción agrícola es reciente, y en otros los cultivos son conocidos desde hace décadas como las frutas de carozo y las hortalizas. Gracias a sistemas de riego relativamente organizados y microclimas especiales, han surgido y crecido pequeñas áreas cultivadas en el noroeste, centro y sureste de espacio provincial. Es así que la actividad tradicional de Santa Cruz, la pastoril, ha comenzado a convivir con otro proceso productivo, en situación emergente pero con creciente organización; y con otros agentes económicos y sociales. El desafortunado panorama pastoril y la evidencia que existen espacios que desarrollan otras actividades basadas, también, en el uso agropecuario del suelo, fueron la motivación de este estudio.

El objetivo de este trabajo es retomar (Cepparo de Grosso, M.E., 1986, 1990, 1994, 1997, 2000) la larga secuencia de factores estructurales que provocaron sucesivas crisis económicas sobre el circuito productivo de la ganadería ovina. El fin es comprender el surgimiento de reducidos “oasis” en un medio con grandes limitaciones. Limitaciones que obligaron buscar otras alternativas de base agraria en aquellos lugares con los recursos naturales más apropiados. Por lo tanto,  esta ponencia intenta una aproximación explicativa de las estructuras[2] territoriales y sociales que integran estos nuevos y periféricos sistemas agrícolas en la Patagonia meridional.

Los resultados obtenidos se alcanzaron mediante el trabajo de campo que consistió en una primera etapa de observación directa y global, luego en un sistematizado reconocimiento de las áreas productivas, asociaciones para la  comercialización e industrialización, entrevistas en profundidad a técnicos y profesionales, historias de vida y encuestas por muestreo a productores. Metodología que cubre la ausencia de información no sólo estadística respecto de la agricultura en Santa Cruz, sino también referida a las tendencias al cambio de un modelo ganadero dominante a otro en vías de diversificación y consolidación. Por otro lado, este trabajo completa los realizados por diferentes organismos públicos que explican el tema de una manera general sobre la base, sólo, de informes técnicos.

 

 

Las fluctuaciones de la actividad más difundida, la pastoril.

 Actualmente existe 50% menos de animales que hace 40 años en Santa Cruz.   Sequías cíclicas, nevadas repetitivas y la erupción repentina del Volcán Hudson que cubrió de una gruesa capa de cenizas a las 2/3 partes de la provincia en 1991, se suman a las limitaciones naturales de la Patagonia Meridional provocando consecuencias desafortunadas.

La reducción de la cantidad de establecimientos en actividad y de las toneladas de lana producidas, también manifiestan la gravedad del problema. Desde 1969 fue decreciendo el número de establecimientos con producción permanente. En ese año existían 1400 estancias en actividad que pasaron a ser 900 en 1991 y 620 en 1997, de las cuales más del 70% tenían menos de 7500 ovejas, cifra considerada como mínima para una unidad económica rentable. La cantidad de lana producida también ha mermado notablemente. De 25.000 tn de lana producidas en 1990, descendió a 8.000 tn de lana anuales en 1997. [3]  

A su vez, las características de su circuito productivo, hacen que esta actividad sea muy vulnerable a las crisis de los precios de la lana y de la carne ovina, y a las competencias de otros productos. Las razones principales son la orientación unilateral hacia la lana y la falta de integración entre los eslabones de la cadena productiva.[4] La caída internacional del valor de la lana y la lucha desventajosa con la producción subsidiada de Australia y Nueva Zelandia, constituye la mayor preocupación de los productores. 

Por otro lado, la salida al exterior de la producción continúa realizándose sin procesar debido a la ausencia de la transformación de la materia prima en la zona. Los pequeños productores o minifundistas (con menos de 7.500 ovejas o 20.000 has) son los que se hallan en la peor situación ante los vaivenes económicos y las fluctuaciones de los precios. La suma de todos estos factores ha llevado a descapitalización local agravada por el endeudamiento financiero que tienen los ganaderos. La disminución de la producción y de los ingresos desalientan a los productores para recuperar los sectores más castigados o para intentar otra alternativa económica.

La explicación de este panorama se encuentra en la conjunción de varios factores. Santa Cruz constituye la provincia más austral del territorio continental argentino y la segunda en extensión, 240.000 km2. Su ubicación condiciona las características climáticas, templado-frías áridas, con  vientos fuertes del oeste y polares del sur. Su gran dimensión transcurre desde los cordones andinos, bajos pero inaccesibles en la mayor parte de su recorrido, hasta la costa, extensa y escarpada. Dilatadas y secas mesetas, atravesadas por valles encajados y alóctonos, se extienden entre ambos frentes, y desde el norte al sur del espacio provincial. Son rasgos que confirman sus características físico-bióticas extremas y la convierten en un territorio difícil de poblar y explotar económicamente.

Ante estas condiciones, y a lo largo de la corta y lenta ocupación del territorio santacruceño, se han logrado escasas transformaciones socioeconómicas.  Circunstancia  que  acentúa la uniformidad aparente del marco natural, y de los rasgos económicos, políticos y sociales que conforman la realidad actual. El manejo del ovino dominó el espacio rural desde que se organizó el poblamiento hace poco más de un siglo. La tradición cultural de las primeras ondas de poblamiento, se sumó a las limitaciones del medio para conducir la explotación económica hacia la actividad pastoril extensiva. [5]

Durante la primera mitad del siglo XX, la extracción de petróleo y gas dio lugar a enclaves que no generaron mayores modificaciones en el paisaje inmediato, aunque sí con influencia en la economía provincial. Mientras tanto el territorio se fue "organizando", desde el punto de vista urbano, sobre la base de una periférica red de ciudades articuladas por una elemental infraestructura. Predominaron las  actividades terciarias, con la administración pública en primer lugar. Es decir con la presencia de un Estado que proveía trabajo para una mano de obra acostumbrada  a la terciarización o dedicada a la extracción de sus recursos primarios. Sin embargo, la participación estatal fue arbitraria debido a la lentitud, irregularidad y segregamiento de sus emprendimientos.

Las influencias más expansivas sobre la economía provincial las produjo la ganadería. Se ocuparon tanto los pastizales con buena aptitud ganadera como también los terrenos donde faltaba o escaseaba la vegetación. El mal uso de los pastos acrecentó la tendencia a la desertificación que el medio por si solo generaba. “La mayor parte del paisaje actual santacruceño es fruto de transiciones de las comunidades vegetales provocadas por la acción del hombre, asociadas a la degradación del suelo. Las comunidades han perdido las hierbas y gramíneas, que han sido reemplazadas por subarbustos y plantas en cojín, con grandes extensiones de pavimentos de erosión. La productividad del sistema ha disminuido en un 35-40% debido a la degradación producida durante 60 años de sobrepastoreo”.[6] 

Durante casi un siglo de explotación, las acciones sistemáticas para mejorar los suelos, las razas o para producir forrajes han sido excepcionales, acentuando la desertificación, provocando el sobrepastoreo, el agotamiento de los pastos, el debilitamiento del ganado y el descenso alarmante en la cantidad de cabezas de ovinos.[7]  Una larga secuencia de factores coyunturales: los vaivenes de los precios de la lana; y estructurales: la sobrecarga de los campos, fueron generando sucesivas crisis económicas. Los actores sociales locales involucrados, peones y propietarios, dependen de las pobres y pequeñas unidades económicas. A pesar de que sus dimensiones tienen como promedio las 20.000 has, son cada vez menos rentables.

A las dificultades mencionadas anteriormente, se agregan las que experimentan las provincias extrapampeanas, agravadas aún más, en este caso, por el hecho de que Santa Cruz  presenta el problema del aislamiento y la aridez. La situación socioeconómica y política de la Argentina ha impactado sobre las economías regionales y provocado discontinuidades y/o permanencias  de procesos que explican momentos claves de sus desarrollos. La existencia de vacíos territoriales, especialmente en zonas de fragilidad fronteriza o de vulnerabilidad ambiental,  la escasa complementariedad de las regiones entre sí y aún de los subespacios interiores de las mismas, y la  ausencia de integración sectorial y espacial del aparato productivo nacional, se refleja en el desequilibrado desarrollo regional y en la falta de cohesión territorial. [8]

En fin, mientras el paisaje pastoril santacruceño continúa presentándose con sus características de homogeneidad, los procesos permanecen invariables. Existe un juego desequilibrante entre el espacio, el accionar de la sociedad y el paso del tiempo, que, sin grandes modificaciones, han configurado un panorama fuertemente condicionado y monótono.[9] El sistema socio-territorial pastoril resultante presenta características de marginalidad reflejadas en el funcionamiento de los elementos que integran sus estructuras.

 

 

Hacia la búsqueda de una nueva estructura productiva.

 Un análisis profundo de los atributos ambientales permitió identificar algunos sectores con suficientes recursos para fortalecer otro tipo de actividad agraria, sistemáticamente descartada en la provincia, pero con algunos años de práctica, la agricultura. Según el censo ganadero 1977/78 [10], solamente el 22% de las estancias cultivaban forraje. Eran las ubicadas en los departamentos del oeste provincial y Corpen Aike en el este. Los primeros porque cuentan con precipitaciones más abundantes que les permite cultivarlos en secano. El segundo, porque aprovecha el importante caudal del río Santa Cruz y su confluencia con el Chico, aunque en una escala muy insignificante con respecto a lo que podía regarse.

En la amplitud del espacio provincial, con grandes vacíos de población y con elementales redes de comunicación, están emergiendo pequeñas y distantes áreas cultivadas que resaltan en la monotonía general del paisaje. Son intensas manchas de cultivo con variadas posibilidades productivas que pueden convertirse en focos generadores de nuevas estructuras económicas,  diferentes a la del modelo pastoril tradicional.

Las tres únicas localidades que desarrollan cultivos a nivel comercial y con destino provincial, regional o internacional son Los Antiguos, Gobernador Gregores y Río Gallegos. Presentan la ventaja que se ubican en ambientes completamente diferentes, es decir, con variadas posibilidades agrícolas: cerezas y otras frutas de carozo en la primera, ajo en la segunda y hortalizas en la última. 

De los tres tipos de cultivo, son las cerezas de Los Antiguos, las que presentan las mejores alternativas debido a los buenos resultados obtenidos en las últimas cosechas, y su creciente participación en el mercado externo. De ahí que este estudio sólo se detendrá en esa producción.

La falta de información rigurosa obligó a elegir en el mismo lugar, el tipo de muestreo más satisfactorio y riguroso.  Con los planos catastrales como base y según la observación realizada en la primera recorrida sobre el terreno, se verificó la existencia del reducido espacio cultivado con variaciones notables entre las parcelas en producción, y con grandes y dispersos áreas sin ningún tipo de actividad. En estos casos, aplicar un muestreo aleatorio simple, hubiera significado malgastar tiempo y esfuerzo.

Por ello se recurrió al muestreo estratégico u opinativo[11], más apropiado para realidades con escasos y variados elementos.  Las unidades de la muestra no se eligieron al azar sino razonadamente bajo la supervisión de asesores conocedores de la realidad local.[12] Sobre la base de la totalidad de las parcelas en producción se eligieron en forma proporcional una cantidad determinada de pequeñas, medianas y grandes parcelas según su última producción y según los fines de la investigación.

Se diseñaron tres tipos de encuestas según su finalidad:  a. a los productores agrícolas para conocer aspectos relacionados con la actividad y con su representatividad en el circuito económico de la producción frutícola; b. a los gerentes de asociaciones o cooperativas para medir su peso en el circuito económico y el grado de identidad e integración con el lugar;  c. al personal  que desempeña tareas de labranza en las parcelas para medir su peso en el circuito económico y el grado de integración con el lugar.

El cuestionario base para los dos primeros agentes se dividen en cuatro grandes apartados, los tres primeros con preguntas cerradas y el último con abiertas. En total fueron 98 preguntas que demandaban una hora promedio de realización. Las preguntas formuladas y su sistematización a partir de apartados diferentes, obedecieron a los objetivos propuestos, y a los elementos que integran el marco ordenador de los contenidos: las estructuras territoriales y sociales de un sistema productivo tipo. Es necesario mencionar que en este trabajo se explicará el accionar de los agentes enmarcados por la escala local solamente.

 

 

Una actividad frutícola en vías de consolidación

 

El paisaje agrario o la estructura territorial. Los recursos que le dan vida, la especialización de los cultivos y el parcelamiento.

 Una primera aproximación al hecho agrario, partió de los elementos formales del sistema productivo que se visualizan desde varios kilómetros antes de llegar a Los Antiguos. El color intenso y la frondosidad de la vegetación que actúa como reparo de los cultivos es lo distintivo en verano, y aún en invierno, si se lo compara con el marco desértico del relieve chato y monótono de las mesetas. La mancha intensamente cultivada está alimentada por una organizada red de riego que nace de dos ríos muy cercanos. Canales y acequias con agua permanente acompañan a las vías de acceso a la localidad o a los caminos internos. Ya en el interior del espacio cultivado se observa que el parcelamiento experimenta  modificaciones en cuanto a su disposición y tamaño. Parcelas sin ningún tipo de mejoras cortan con frecuencia los espacios intensamente ocupados por cultivos al aire libre, la mayoría de las veces ocultos por las densas cortinas de árboles que también resguardan las viviendas y construcciones anexas que varían de dimensiones, número  y calidad según el destino de la producción.  Las posibilidades u obstáculos del marco y medio natural completan el estudio de la estructura territorial.

Los Antiguos, en el departamento de Lago Buenos Aires, es el asentamiento que concentra la mayor cantidad de hectáreas cultivadas con frutales en la provincia.  Según los últimos datos [13], son 170 has que producen cereza, damasco, durazno, ciruela y frambuesa. Las distintas variedades de cerezas ocupan el 95% de esa superficie que  produjo 140.000 kg. en la temporada 98/99, de los cuales 20.000 kg fueron exportados a Europa. Las primeras plantaciones se realizaron en 1971 y la cosecha inicial fue en 1977. [14]

La localidad se ubica  sobre la margen sur del lago Buenos Aires, en el valle del mismo nombre, de 1300 has de extensión, recorrido por los ríos Los Antiguos y Jeinimeni que han formado un cono aluvial con suelos fluvioglaciales. Estos ríos de régimen exclusivamente nival, han servido para organizar el regadío. La posibilidad de riego y la presencia de suelos aluviales, concentrados en los cursos superiores, han favorecido que los cultivos intensivos se extiendan formando un cono invertido desde el lago hacia el curso medio de los ríos.  Sobresale de esa mancha compacta, una larga franja de chacras que se extiende como un apéndice a lo largo del río Los Antiguos hacia el SO.  (Fig.1)

La red de riego, sistematizada a lo largo de 700 has, de las cuales están cultivadas 400 has, tiene 17.000 m de extensión. Las 1170 has potenciales para riego refuerzan la intención de expandir los cultivos al aire libre [15], entre ellos los cerezos, alentados por el buen posicionamiento de esta producción de primicia y/o de contraestación en el mercado nacional y extranjero. La sistematización fue organizada por la subsecretaría de Recursos Hídricos de la Provincia, y mantenida por el Consejo Agrario de Santa Cruz. Beneficia a todos los productores debido a que su caudal además de ser  permanente, es gratuito. Posibilita la producción de frutales y forrajes; y la expansión de las cortinas cortavientos de álamos, sauces álamos y coníferas, sin las cuales es imposible mantener las plantaciones debido a que los vientos del oeste son de regular intensidad. Al tener una estación estival seca, las plantaciones tienen un alto requerimiento de agua para su desarrollo, que se lo da el riego. El único riesgo son las crecidas en épocas de deshielo anegando las chacras, sobre todo las que están próximas a los cauces; y las heladas que hasta el 30 de noviembre pueden perjudicar la floración de los frutales y disminuir los rendimientos.

La influencia de las masas de aire del Océano Pacífico, que aporta de 200 a 300 mm de precipitaciones,  y la acción termoreguladora del lago se asocian para que el clima tenga muy buenas condiciones agronómicas. Debido a la latitud moderadamente alta, 46º 30’, el lugar tiene días de verano largos, excelentes temperaturas, alta radiación solar y baja humedad relativa[16]. Además no son frecuentes las enfermedades ni las plagas, lo que favorece la proyección de las cosechas en los mercados más exigentes, que con más frecuencia buscan productos orgánicos.

El aporte del agua de los ríos mencionados [17], el tipo de suelo y el microclima ideal,  han permitido a los pobladores de Los Antiguos, aproximadamente 3000, desarrollar cultivos de clima templado. Además de cerezos,  se producen otros frutales de carozo y de pepita; frutas finas como frutilla, frambuesa y demás berries; ajo, forrajeras y hortalizas de hoja.

Las extensas formas mesetarias y esteparias constituyen la dilatada unidad morfoestructural que rodea al oasis en formación y detienen su expansión. Son estratos sedimentarios cubiertos en su superficie por los tradicionales rodados patagónicos, o formaciones basálticas que acentúan la homogénea aridez del paisaje circundante, distinguiendo aún más el espacio cultivado  de Los Antiguos del resto del panorama del NO de la provincia.  Pastizales naturales y vegetación xerófila hacen que la actividad pastoril extensiva sea excluyente en ese entorno.

Según el Censo Nacional Agropecuario de 1988, la superficie implantada en la provincia con frutales era de 114,9 has sin discriminar sus tipos.[18] Recién en el Censo Provincial Ganadero de 1992 se identifica la superficie por tipo de uso de la tierra por departamento. El departamento de Lago Buenos Aires contaba con 107,80 has de frutales, el 50% del total provincial.  37,50 has correspondían a las cerezas de Los Antiguos.[19] Informaciones recogidas de publicaciones del Consejo Federal de Inversiones señalan un aumento del 25% en la superficie con frutales a escala provincial en 1995 y una producción de cerezas de 70.000 kg.  Según los datos recogidos en el terreno, en  enero de 2000,  la superficie plantada con cerezos se mantuvo estable hasta 1993, a partir del cual se incrementó de 7 a 8 has/año promedio. En la última temporada 1988/99 existían en el valle 160 has de cerezas; 140 has de forrajes, especialmente alfalfa; 36 has de otros cultivos; y el resto con forestación. Es decir que la notable expansión del cultivo de cerezos y de su producción se ha experimentado en los últimos 7 años.[20]

Son 102 lotes  que se extienden entre 1 y 70 has. De los 86 productores del valle, se entrevistó al 12%, los cuales contaban con superficies totales entre 5 y 70 has.  De las 120 has cultivadas relevadas por este estudio, el 64% está ocupado por cerezos con rendimientos que varían notablemente, de 2.000 a 10.000 kg / ha.  Valores a partir de los cuales los productores se clasifican a sí mismos como grandes productores, los que cosechan más de 20.000 kg / año;  los medianos, los que producen entre 10.000 y 20.000 kg / año; y los pequeños, menos de 10.000 kg / año.  La mitad de los chacareros encuestados son pequeños productores, cuatro son grandes; y sólo uno forma parte de los medianos.

El análisis cartográfico de las mensuras catastrales de la zona de chacras de la localidad, demostró que se mantiene en líneas generales el cuadriculado original de las parcelas, no así el tamaño y la disposición. En los contornos de la planta urbana, la subdivisión ha sido más frecuente desde hace 3 o 4 años. Son antiguas chacras fragmentadas en lotes de 1 o 2 has con el fin de facilitar el trabajo y la inversión de los que vienen, en su mayoría, de otros pueblos para intentar la agricultura. La venta de las tierras la realizan los pobladores que nunca trabajaron la tierra.

El área de las mayores explotaciones que superan las 20 has,  se extiende a orillas del lago Buenos Aires entre los brazos del río Jeinimeni y el río Los Antiguos, mientras que la angosta faja que acompaña al río Los Antiguos hacia SO, está ocupada por chacras más pequeñas, de 5 a 10 has, alargadas en el sentido del camino vecinal de tierra que las separa y conecta con el centro urbano. 

El tamaño promedio de las parcelas, de 5 a 10 has,  condiciona el hábitat. Las viviendas están separadas entre sí entre 100 a 500 metros, y a su vez distanciadas de la municipalidad de Los Antiguos, centro neurálgico del pueblo,  desde 300 m a 5 km. Es decir que a muy pocas cuadras de la calle principal, 11 de Julio, se produce el paso inmediato entre un espacio adaptado a otro. Del uso residencial y administrativo de un pequeño asentamiento patagónico, al agrario circundante sin ningún tipo de transición.  

Apretadas cortinas de árboles constituyen la delimitación preferida de las chacras. En el interior, los cerezos son plantados en cuadrículas de 6 por 7 o 5 por 4 metros, separados por calles que también varían de ancho.  En general, las nuevas plantaciones o las que se renuevan permanentemante, se hacen con densidades de 2000  a 2500 plantas por ha. Es el sistema “vaso español” donde las plantas están distanciadas cada 2 y 2,5 metros. Las chacras que han conservado el sistema tradicional, cuentan con 400 a 500 plantas por ha.  Estas diferencias anticipan los procesos actuales que están influyendo en los nuevos o más dinámicos productores ante los desafíos tecnológicos y de mercado.  

Junto a la casa del dueño que en su mayoría vive en la explotación, aparecen otras construcciones:  la vivienda de la mano de obra permanente,  generalmente un peón; y otras instalaciones que varían en número y dimensiones según el proceso que se le aplica a la cereza antes de salir de la explotación. La complejidad de la infraestructura que poseen las explotaciones es mayor cuando el productor no forma parte de la cooperativa, es decir cuando actúa independientemente. En esa caso, cerca de la vivienda, aparecen varios galpones con cámaras de enfriado, fajas clasificadoras, tambores para la preparación de la fruta en conserva, herramientas y maquinarias de labranza.

Otro elemento característico del paisaje son las colmenas, de 4 a 7 por hectárea, fundamentales para polinizar  los cerezos. La falta de polinización por problemas climáticos o por abandono perjudica la producción, al igual que el desconocimiento en el manejo de los calentadores para impedir los efectos de las heladas tardías.  Para este último riesgo climático, la mayoría de los encuestados están reemplazando el sistema anterior por el riego por aspersión que disminuye sus  impactos.

En fin, la actual estructura territorial manifiesta el dinamismo de la superficie cultivada con cerezos y cambios en el parcelamiento gracias a las posibilidades ecológicas del lugar. El avance en la utilización del suelo con este cultivo perenne y los cambios en la morfología interna de las parcelas (aumento en la densidad de plantas por ha, cambio en la técnica de protección contra las heladas, modificación en la forma de conducción de los cerezos) significa un mejoramiento del paisaje. Mientras que otros aspectos formales del sistema agrario ( la red de riego paralela a las comunicaciones internas ), se suman para estructurarlo mejor desde el punto de vista territorial, los componentes funcionales generan mecanismos íntimamente relacionados con el marco socioeconómico y político,  que influye en los  diferentes agentes que intervienen en la actividad.

 

 

Los elementos funcionales o la estructura social. Los actores sociales y los flujos que los relacionan

 El paisaje agrario adquiere una significación más clara cuando se explican los elementos funcionales.[21] Por éso para comprender los espacios adaptados analizados anteriormente (superficie cultivada, parcelamiento, hábitat), se recurre  a los procesos [22] que le dieron vida. Es así que entre los tantos intentos por incorporar población a los territorios más alejados y despoblados de la Patagonia, el  decreto del 11 de junio de 1921, creó colonias pastoriles, mixtas y pueblos costeros. En el NO de la provincia de Santa Cruz, se crearon las colonias pastoriles de Leandro N. Alem y Francisco P. Moreno. Fueron entregados lotes de 100 has que atrajeron a ondas de poblamiento desde el norte del país. Los primeros habitantes dieron origen a las localidades de Los Antiguos (en un lugar con antecedentes de asentamiento indígena) y Nacimiento, hoy Perito Moreno, ubicadas en la primera de las colonias. Los beneficios del sitio, y las experiencias sucesivas favorables en los cultivos de alfalfa, legumbres, hortalizas y cereales, contribuyeron a extender y diversificar las plantaciones. Con el tiempo y la constancia se fue conformando la morfología agrícola actual de la zona. [23] 

Sumados a estos procesos históricos,  ayudan a definir la estructura social, los flujos visibles e invisibles que involucran a los factores de la producción como el trabajo, el capital, la información; e influyen sobre la organización de las actividades productivas. Actividades llevadas a cabo por diferentes tipos de agentes, desde individuos aislados, familias, asociaciones públicas y privadas, y el Estado. “Cada uno de estos integrantes insertos en diferentes categorías de funciones, establecen vínculos técnicos y sociales con otros agentes económicos en eslabones posteriores del circuito productivo según canales propios, adaptados a las posibilidades y capacidades de cada uno de los que intervienen en los mismos.” [24]

En el marco de la actividad agraria local, esos actores sociales se ven representados por el peón rural, el propietario y su familia, y la cooperativa. Fuera de ese ámbito, los centros de acopio, distribución y comercialización, terminan de configurar su estructura social.  No es una estructura compleja ya que no existe una gran cantidad y variedad de grupos de agentes.  Se relacionan entre sí por medio de transacciones que apuntan al mercado de la fruta en fresco o industrializada, y/o al mercado nacional o internacional.

Con el fin de medir su peso en la estructura social y el grado de integración con el lugar, se entrevistó a los agentes mencionados. Con respecto al personal empleado o mano de obra rural permanente, su número es reducido. En el 95% de las explotaciones encuestadas es una persona.  Generalmente es un hombre solo que vive en la propiedad dedicado a todas las tareas anuales relacionadas con los cultivos y con el mantenimiento de las construcciones. Sus remuneraciones son mensuales, o mensuales y a porcentaje.  No son de la localidad sino de poblaciones vecinas tanto santacruceñas como chilenas y con antecedentes en la actividad ganadera.

En relación a la permanencia en la  explotación,  varía entre 5 años y algunos meses.  Al ser interrogados sobre si cambiarían de lugar de trabajo y cuáles son los mayores problemas de la actividad, todos contestaron que se irían si ganaran mejor; y en cuanto a la segunda pregunta el 100% se refirió a los inconvenientes ecológicos como son las heladas y la falta de agua en los meses de septiembre y octubre.   

Con respecto a la mano de obra temporaria, éstos varían de acuerdo a la productividad de la explotación. Cuanto mayor es la cantidad de kg de cerezas cosechadas, más numeroso es el personal empleado. Es decir que las que superan los 20.000 kg. de producción, consideradas como  grandes explotaciones y que significan el 40% del total, contratan entre 25 y 100 personas cada una. Realizan la cosecha en un lapso aproximado de 20 días durante los meses de diciembre y enero. En los predios de mayores superficies cultivadas, más 20 has., también participan en la plantación, fertilización, poda y limpieza de canales.

De la totalidad de personal transitorio, el 75% proviene de Chile Chico, la localidad chilena más cercana y sin problemas de accesibilidad. Un puente cruza desde hace pocos años el río Jeinimeni y transportes especiales los trasladan todos los días a su lugar de origen a menos de 20 km de distancia. El resto pertenece a Los Antiguos en primer lugar y luego a Perito Moreno, Pico Truncado y Las Heras, las localidades santacruceñas más próximas y ubicadas sobre la ruta provincial Nro. 520. Las pequeñas y medianas explotaciones  (de 10.000 a 20.000 kg. y menos de 10.000 kg) contratan mano de obra de la localidad con un promedio de 11 personas por temporada. 

Con respecto a los productores, el 80% participan en forma activa de las labores culturales; y de ellos el 40% junto a algún miembro de su familia. En las explotaciones de superficies reducidas, menos de 5 has cultivadas, el propietario tiene a su cargo todas las actividades con mano de obra familiar y transitoriamente algún trabajador asalariado. 

El 100% de los encuestados es argentino y propietario de la explotación a la que han llegado por compra en el 50 % y por herencia en el 40 %. Estas últimas son las parcelas que tienen como promedio 36 años de antigüedad.  La totalidad  lleva entre 10 y 45 años intentando la agricultura, aunque sólo el 30% vive exclusivamente de su producción. El resto complementa estas labores con otras actividades no relacionadas con los cultivos, excepto en dos casos donde las esposas de los dueños elaboran conservas caseras en sus viviendas, dentro de los predios. La permanencia del propietario en la explotación es un referente social destacado, sin embargo no significa que tengan mayor peso en el sistema productivo.

Al ser interrogados sobre las mejoras realizadas en los últimos 5 años con el fin de conocer la capacidad de inversión del productor, el 60% ha invertido en la ampliación de la superficie plantada con frutales, construcciones, refacciones de viviendas, compra de maquinarias. Sólo el 30% ha mantenido estable la superficie bajo explotación, los demás han incorporado cerezos, duraznos, damascos y ciruelos, aumentando de esa forma la superficie bajo cultivo. Inquietud que también se reflejó en las contestaciones a la pregunta sobre las intenciones de cambio. El 90% prefiere continuar con los cultivos e incluso comprar  más tierra o ampliar la superficie plantada ya que consideran que los riesgos son escasos o aislados. Desde el punto de vista ecológico, el 100% mencionó que la época de mayor crisis sufrida fueron los 3 años siguientes a la erupción del volcán Hudson en 1991. Durante ese lapso se perdió toda la producción y ocasionó graves problemas económicos y sociales a la población en general.

Actualmente se han recuperado las condiciones naturales favorables para la explotación agrícola. Es así que el 80% de los interrogados percibe que los problemas económicos son los que más afectan la actividad, especialmente los relacionados con la falta de créditos accesibles y acordes con la modalidad y tiempos de la agricultura patagónica; con el sistema de venta de la producción donde los mercados están tan alejados; y con la falta de capacitación de la mano de obra rural debido a su tradición en las labores pecuarias .

Entre los productores, se distingue una asociación de chacareros, alentados y supervisados por un organismo del Estado, el INTA, desde 1989. Esta íntima y  dependiente relación con la Cooperativa Agrofrutícola “El Oasis” (el 80% de los chacareros deja la totalidad o gran parte de sus cosechas en sus manos), diferencia la estructura social de este sistema productivo de la de otros espacios agrícolas, donde el cooperativismo no es tan representativo. Actualmente son 45 socios plenos, de los cuales el 66% está en actividad. De los productores encuestados, el 80 % está integrado en las etapas de producción, comercialización, industrialización y transporte a la Cooperativa, la que tiene una especial significación en la proyección de las cerezas en el mercado. La  pertenencia o no a la asociación es lo que diferencia a los productores, ya que a partir de este hecho se conectan con diferentes agentes.

Estos socios están integrados en las etapas de comercialización de la fruta en fresco y procesada; de industrialización (cerezas al Marraschino y mermeladas); de transporte de la producción a los mercados a través de camiones térmicos contratados; y en algunas tareas agrícolas de la fase productiva. El apoyo en estas últimas actividades consiste no sólo en el asesoramiento sino también en el alquiler de maquinarias (desmalezadora, arados), y la compra de todo tipo de insumos (semillas, plantas, alambre, envases, agroquímicos, herramientas), en Buenos Aires, Mendoza y Río Negro. El costo de todos los servicios es el 5% del precio promedio de la fruta llevada a la cooperativa por cada productor.

La Cooperativa, ubicada en el centro mismo de la ciudad, cuenta con una oficina, galpón de empaque, cámara de frío y sala para fabricación de conservas; y con todo el equipamiento para la limpieza, clasificación, esterilización, elaboración, empaque y envase de las cerezas. La comercialización de las cerezas, damascos, frutillas y duraznos fue la causa de la agrupación en 1988 de un grupo de productores con intenciones de promover los cultivos intensivos y hacer conocer las cerezas, especialmente, en el mercado nacional e internacional. La asociación, por intermedio de su gerente, realiza la venta de la producción de cada temporada en forma directa relacionándose con los mercados a través de viajes y contactos comerciales, work shop, etc.

Según el destino de las cajas de 5kg, en la temporada 1998/99, el 75% fue al Mercado Central de Buenos Aires y Mar del Plata; más del 20% a Europa (Inglaterra, Alemania, Francia, España y Suiza) y el resto al Mercado Concentrador de Comodoro Rivadavia, desde donde se vende a las provincias del extremo sur patagónico. La reciente industrialización de las “cerezas al almíbar sabor Marraschino”, constituye otra salida comercial y la posibilidad de utilizar la capacidad ociosa de las instalaciones de la cooperativa desde febrero a principios de diciembre, que es cuando comienza la producción en fresco.  Además aprovechan las cerezas que no cumplen con los requisitos de color y calibre que exigen los mercados.   

Con respecto a los productores independientes (20% de los encuestados), se conectan con los agentes comerciales e industriales de otra forma. En principio, sólo comercializan la propia producción. La venden en forma directa, ya que actúan como operadores mayoristas, al mercado local, provincial, nacional e internacional. El fraccionamiento de la venta les asegura colocar todas sus cosechas, y diversificar los envíos entre las cerezas, duraznos y damascos. Un camión propio lleva el mayor volumen cosechado al aeropuerto de Comodoro Rivadavia y de allí por avión al aeropuerto de Buenos Aires. Otra vez con transportes propios se ingresa la producción a granel en cajas de 5kg al Mercado Central de Buenos Aires donde se elabora la guía fitosanitaria. La sincronización de todas estas tareas y la complejidad de sus trámites hace necesario, que éstos productores tengan personal empleado permanente y transitorio en cada una de las escalas por donde pasan los productos.

Al relacionar los recursos del lugar con la ubicación austral del valle, se valoriza más su potencialidad ya que la producción puede ingresar al mercado interno tardíamente;  y en el externo, en contraestación. El hecho de que provienen de una zona prácticamente libre de plagas,  también aumenta su valor por unidad de peso como producto orgánico. Las características y los tiempos de la oferta local y los de la demanda nacional e internacional han alentado el cultivo de la “cereza dulce más austral del mundo” y “la última cereza fresca que se puede conseguir en la Argentina”, como dicen en la zona. La entrada tardía a los mercados, especialmente en las fiestas de fin de año, los convierte en productos de primicia.

 

 

Conclusión

La crisis de un modelo y los inicios de otro. Paisajes y estructuras diferentes. 

 En relación a la estructura territorial o paisaje pastoril santacruceño, predominan grandes explotaciones, si se comparan con el resto del país, pero no necesariamente productivas debido a sus limitaciones ecológicas y técnicas. Un diseño abierto y sin jerarquía en cuanto a las redes de comunicación; y un hábitat muy disperso contribuyen con su aislamiento e impiden una beneficiosa proyección de la producción. Las características de esta morfología se comprenden mejor cuando se recurre a la explicación de los aspectos funcionales que integran la estructura social. Como se anticipó, las crisis cíclicas de la actividad pastoril provocaron serias consecuencias. Entre ellas, la escasa inversión en tecnología y el destino extraregional de la producción, la nula integración con el medio y las escasas influencias sobre la capacidad de trabajo de la población rural. Excepto escasas explotaciones, los agentes y sus actividades han experimentado pocas transformaciones. Paisajes y estructuras uniformes acentúan la percepción del interminable relieve mesetario y estepario.

Las intenciones para cambiar este panorama han surgido desde el contexto  interno como externo; y de una manera espontánea y dirigida. Internamente, pioneros agrícolas de alguna de las zonas con condiciones únicas para la producción agrícola,  descubrieron las importantes perspectivas para los cultivos frutícolas. Alternativa que fue alentada por un organismo público, dando como resultado la consolidación de una Cooperativa donde están asociados la mayoría de los productores. Externamente, actúan como incentivos, las ventajas competitivas que presentan las cerezas santacruceñas en los mercados externos.

Mientras que el único testimonio local del circuito económico pecuario, es su fase productiva, tradicional y alejada de los requisitos que los mercados esperan, la naciente agricultura se mueve a otro ritmo. No es solamente porque los recursos son más favorables y el sistema de comercialización es mejor, sino porque la actitud de los productores es distinta.

La limitación de la oferta local frente a la dimensionada demanda nacional y extranjera de la fruta primicia, ha generado una situación positiva que se ha incrementado con los años. Es la expansión de la superficie cultivada y el fortalecimiento del espíritu cooperativista de los productores que los ha llevado a iniciar la industrialización la cereza. Sin embargo, junto a estos factores favorables aparecen otros de diferente condición:  escasa mano de obra permanente, predominio de personal foráneo para las tareas temporarias y pocos propietarios que viven exclusivamente de sus producciones. Son hechos que reflejan que la integración que los actores sociales tienen con el sistema productivo no está totalmente consolidada. Hace falta más tiempo y más confianza en la actividad para que ésta continúe afiansándose y se convierta en una  alternativa segura ante la crisis de la ganadería.

Decisiones particulares y políticas generaron una compacta mancha de intensos colores en medio del escenario pastoril. Los elementos del paisaje agrícola (otro parcelamiento, otra superficie productiva, otras técnicas y otros recursos naturales), refieren otra estructura social. La inquietud asociativa y abierta a las exigencias del mercado, y a las renovadas tecnologías, apoyada en el clima ideal para las cerezas, son los factores que tienen más peso en la distinción entre las dos actividades que, muy paulatinamente, están comenzando a convivir en el NO de Santa Cruz.

En fin, se ha analizado y relacionado las estructuras territorial y social de una actividad frutícola en vías de consolidación en el marco de una escala local. No obstante, es necesario destacar que en el proceso productivo intervienen otros agentes que actúan y se relacionan a niveles extralocales, extraregionales y aún internacionales. Vinculaciones que son el motivo de otros estudios.

 


[1] Proceso vinculado con decisiones políticas tendientes a reajustar las estructuras hacia distintas direcciones, ya sea cambiando la actividad tradicional por otra (divergente) o modificando e incorporando innovaciones a la actividad original (convergente). Mendez, R., Geografía Económica. Barcelona, Ariel, 1997, p. 146; y Tacchini, J., Evolución del mercado vitivinícola argentino. Seminario Internacional de Vitivinicultura. San Rafael, Mendoza, 1991. Mimeo.

[2] Conjunto de elementos solidarios entre sí, o cuyas partes son funciones unas de otras. Cada componente está  relacionado con los demás y con la totalidad. Estas relaciones permiten valorar los aspectos funcionales del conjunto al que llamamos sistema. (Diccionario de Geografía. Madrid, Anaya, 1986, p. 135).  Las estructuras son un modo de ser de los sistemas, de manera que funcionan  en virtud de la estructura que poseen. En el marco del sistema socio-espacial o socio-territorial, la estructura territorial es la particular disposición de las proyecciones de los elementos de un conjunto y la de los flujos sobre la superficie o el plano. Son los aspectos formales visibles en el paisaje. La estructura social es una organización más o menos diferenciada de instituciones especializadas  y mutuamente dependientes implicadas en el curso de los sucesos como grupos de seres humanos con necesidades y capacidades dadas. Interactuan unas con otras y enfrentan al medio socio-económico y político, tanto presente como pasado. En la actualidad se da una marcada tendencia, en las ciencias sociales, a señalar las interconexiones entre ambas estructuras. (Gutiérrez de Manchón, M.J.;  Furlani de Civit, M.E., Un modelo teórico de investigación en Geografía. Tercer Simposio de Epistemología y Metodología en Ciencias Humanas y Sociales, UNCuyo, Mendoza, 1996, p. 146)     

[3] Censos y empadronamientos ganaderos nacionales y provinciales.

[4] Cepparo de Grosso, M.E., La actividad pastoril en Santa Cruz: paisaje homogéneo - estructura invariable. Boletín de Estudios Geográficos. Boletín XXII, Nro. 82-83, Mendoza, Instituto de Geografía, 1986, p.109. 

[5] Cepparo de Grosso, M.E., Las modalidades de ocupación de la Patagonia según la difusión de las ondas de poblamiento. 1885-1925. Revista de Historia Americana y Argentina. Nro. 37, Mendoza, Fac. de Filosofía y Letras, UNCuyo, 1997, p.346.

[6]  Oliva, G., Rial, P., Borrelli, P., Desertificación y posibilidades de uso sustentable en la Provincia de Santa Cruz. E.E.A. Santa Cruz, INTA Río Gallegos, 1996, p.48. 

[7] Cepparo de Grosso, M.E., La valoración del pastizal en el extremo sur americano. Revista Geográfica. Nro. 111, México, Instituto Panamericano de Historia y Geografía, 1990, p. 173.

[8] Roccatagliata, J., Algunas consideraciones sobre la planificación y el ordenamioento territorial. En: Revista Geopolítica. Hacia una doctrina nacional. Instituto de Estudios Geopolíticos. Nro. 32, año II, 1985, p. 7-17. Ver trabajos de Rofman, A., Manzanal, M., Liberali, A., y Gejo, O., que se ocupan de ese mismo tema: las economías perífericas, la integración de las regiones, el despoblamiento, la cuestión regional, etc.  

[9] Cepparo de Grosso, M.E., Rodríguez de González, M., La actividad pastoril en la Patagonia Meridional. Un ejemplo de decisiones que reflejan desequilibrios económico-ambientales. Boletín de Estudios Geográficos. Vol. XXV, T. II, Nro. 89, Mendoza, Ed. Ex Libris, 1994, p.370.

[10] Santa Cruz. Dirección de Estadísticas y Censos. Censo Ganadero Provincial 1977/78.

[11] Sierra Bravo, R. (1988), Técnicas de Investigación Social. Madrid, Paraninfo, p. 199.

[12] Técnicos y profesionales del INTA de Los Antigüos,  y  el gerente de la Cooperativa Frutícola “El Oasis”.

[13] Recogidos durante el trabajo de campo en Los Antigüos,  encuestas y entrevistas a productores y al gerente de la Cooperativa Agrofrutícola“El Oasis”, marzo de 2000.

[14] La falta de datos rigurosos sobre la expansión de la superficie cultivada impide conocer la evolución de la producción, ya que como se anticipó la agricultura no interesaba como actividad en el momento de los sucesivos  relevamientos de los datos agropecuarios.

[15] Quargnolo, E. (coord). Desarrollo actual y perspectivas del cultivo protegido de flores, frutos, hortalizas y ornamentales en la República Argentina. Región Patagonia Sur. EEA Santa Cruz. INTA Río Gallegos. Inédito,1995.   

[16] Irisarri, J., et al. Relevamiento de suelos del río Los Antigüos. Universidad Nacional de Comahue, Consejo Agrario Provincial de Santa Cruz y EEA INTA Santa Cruz. Inédito, 1980. 

[17] 14 m3/seg el río Jeinimeni y 2 m3/seg el río Los Antigüos. Dirección Provincial de Recursos Hídricos. Situación actual y perspectivas de las áreas de regadío de la Pcia. de Santa Cruz. Inédito, 1994. 

[18] Argentina. Instituto Nacional de Estadísticas y Censos. Censo Nacional Agropecuario 1988.

[19] Santa Cruz. Dirección de Estadísticas y Censos. Censo Provincial Ganadero. 1992.

[20]  Datos obtenidos durante el trabajo de campo en la provincia de Santa Cruz, marzo de 2000.

[21] Relaciones más o menos fuertes y estables, actuales o pasadas, generadoras de las estructuras que terminan de articular el conjunto o el sistema. Gutierrez de Manchón, J., Furlani de Civit; M.E., Geografía Agraria. Buenos Aires, Ceyne, 1993, p.14.

[22] Es el dinamismo de un sistema actual o la huella de cambio a través de la secuencia de desarrollo de los sucesos. Para identificar un sistema es fundamental establecer su objetivo unificador, vinculado con el proceso. Gutierrez de Manchón, J., Furlani de Civit; M.E., op. cit, 1993, p.14.

[23] Cepparo de Grosso, M.E., La difusión de las ondas de poblamiento en la Patagonia. 1884-1980. Inédito, 1983, p. 18.

[24] Rofman, A., Las economías regionales a fines del siglo XX. Buenos Aires, Ariel, 1999, p. 53.


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.