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Asunto:[encuentrohumboldt] 92/04 - EL HÁBITAT Y EL HABITAR
Fecha:Viernes, 2 de Abril, 2004  14:26:19 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

EL HÁBITAT Y EL HABITAR.

PERCEPCIÓN Y REPRESENTACIÓN DE LOS BARRIOS PLANIFICADOS
EN UNA CIUDAD INTERMEDIA

 

 

Beatriz COSSIO

Beatriz DILLON

Gladys M.TOURN

Universidad Nacional de La Pampa

República Argentina.

 

 

ABSTRACTS
 

La apropiación del espacio urbano adquiere innumerables formas determinadas por las tradiciones culturales de los actores sociales, su origen, antigüedad de residencia en el lugar, ubicación en la escala social y posibilidades de acceso a una vivienda. Esto se enmarca en un entorno socioeconómico que conceptualiza el tema del hábitat de una cierta forma y en función de ello provee distintas alternativas de solución. Este trabajo trata de abordar el estudio del espacio urbano a partir del tema de la vivienda, pues más allá de una simple mercancía, al ser habitada se transforma en hogar, adquiriendo otra dimensión: el espacio del habitar, espacio personal, íntimo y privilegiado. En los barrios de viviendas sociales construidos por el Estado, la estructuración y formas de vida individual y colectiva dependen de la configuración territorial. La construcción del hábitat y el habitar resulta dificultosa cuando la tipología constructiva, el diseño arquitectónico, los materiales de construcción y la resolución de los espacios privados no permiten la obtención de las representaciones de cada familia con su vivienda lo que influye en su proyección para la construcción del espacio público. La acción del Estado no solo debería ser únicamente ejecutor de los complejos y prestador de los servicios básicos, sino también realizar acompañamiento de los grupos con el fin de crear espacios adecuados para el desarrollo de la vida individual y colectiva contribuyendo al logro de una relación simbiótica y simbólica, es decir un hábitat y un habitar confortable.

 

 

 

Introducción.

 

El acto primero y más elemental de apropiación de la naturaleza por el hombre es el establecimiento de su hábitat. Es un acto vinculado con la toma de posesión de un territorio, desde donde se construye la alteridad, la relación con el Otro, que no es solamente el semejante, sino todo lo que es exterior a sí mismo. Esta concepción amplía notablemente la idea de territorialidad atribuida tradicionalmente a las especies animales, que se restringe a la toma de posesión defensiva de un espacio.

El logro del hábitat equivale a la adquisición de una serie de elementos básicos desde el punto de vista biológico y psicológico, vinculados sobre todo con la reproducción de la vida.

La evolución de las sociedades ha generado una enorme diversidad de respuestas y soluciones a esta necesidad básica. Aquí trataremos sobre una de estas posibilidades, en relación con el grado de solución alcanzado al problema del hábitat.

La apropiación del espacio urbano adquiere innumerables formas determinadas por las tradiciones culturales de los actores sociales, su origen, antigüedad de residencia en el lugar, ubicación en la escala social y posibilidades de acceso a una vivienda. Esto se enmarca en un entorno socio - económico que conceptualiza el tema del hábitat de una cierta forma y en función de ello provee distintas alternativas de solución.

La vivienda en su representación social, es una necesidad relativa y cambiante. No todas las sociedades ni en todas las épocas, ni todos los estratos sociales, perciben de la misma manera qué es una vivienda adecuada. Así puede recorrerse todo un espectro de gran diversidad. En un extremo está la infravivienda que es solo un precario refugio, o aún la calle cuando se privilegia la cercanía al lugar de trabajo en la zona céntrica, lo que ocurre  en muchas ciudades latinoamericanas y del resto del mundo; en el otro extremo está la vivienda de exclusivos barrios residenciales que más allá de la función de habitar se constituye en elemento de fuerte diferenciación social.

Otro aspecto de la representación social de las necesidades, es la existencia de un desajuste permanente entre las demandas y su satisfacción, que es un factor primordial para explicar los procesos de cambio social.

Por eso nos parece adecuado abordar la apropiación del espacio urbano a partir del tema de la vivienda, pues más allá de una simple mercancía que se incorpora al mercado, al ser habitada se transforma en hogar y adquiere otra dimensión: es el espacio del habitar, espacio personal, íntimo y privilegiado de la vida humana; allí el espacio se apropia y se personaliza mediante símbolos y objetos que representan el yo más profundo; es una apropiación individual y al mismo tiempo familiar.

Por otra parte es representativo de los distintos estatus que integran la sociedad y expresión y condicionante de los diferentes roles sociales.

 

 

El hábitat y el habitar. Aproximación Teórica.

 

Para el análisis a gran escala que constituye el núcleo de este trabajo es pertinente comenzar con algunas reflexiones sobre los conceptos de hábitat y habitar que han desarrollado distintos autores.

Lefebvre por ejemplo opone el hábitat, que se traduce para él en grandes conjuntos habitacionales de carácter funcional y abstracto, al habitar. Esta perspectiva es previa y se ocupa de la ciudad que se construye mediante la vida cotidiana de sus habitantes, sus ritmos, sus ocupaciones, su cultura. Parte de un enfoque integral, de actividades complejas y concretas desde donde se crean los espacios ciudadanos de la convivencia, de la solidaridad y la sociabilidad, elementos todos difícilmente cuantificables. (Villasante; 1995:105).

 Con matices diferentes, Turner establece la diferencia entre el inglés housing y el to house. En el primer caso se trata de un nombre que designa un artículo o producto, cuya medida son las especificaciones técnicas. En este caso se mide el número de viviendas, sus metros cuadrados, tipo y calidad de los materiales, valor de mercado, tiempo invertido en su construcción, y todo aquello que puede cuantificarse. En cambio el autor asimila el to house al proceso o actividad de habitar. Si bien la palabra housing como nombre colectivo también se asocia a la actividad de habitar, es difícil concebirla sin las viviendas utilizadas para ello. En cambio el to house se refiere  a los aspectos vitales tales como la frustración o satisfacción con la vivienda, experiencias que no pueden cuantificarse ya que es impropio conceder valores humanos a las cosas. En el caso de la vivienda es indispensable distinguir entre lo que ella es materialmente y lo que representa en la vida de la gente.

Una vivienda construida respetando todas las normas arquitectónicas y  urbanísticas puede ser considerada adecuada como un artículo, pero solo pueden evaluarlas realmente quienes "experimentan la actividad de habitar".

A partir de esta distinción entre el sustantivo vivienda y el verbo que expresa el arte de hacer vivienda y habitar en ella, se estudia el impacto que su creación provoca en la vida de los alojados; el enfoque sostenido por el autor jerarquiza la intervención de los futuros usuarios en la construcción. Por ser una actividad de gran significación en la vida de la persona, el ideal es que los propios usuarios tomen decisiones sobre su vivienda y sean los principales agentes en su construcción o adquisición.

Turner imagina una sociedad ideal donde la vivienda es un medio para fines humanos, una actividad y no un producto manufacturado y acabado. En esta organización cada familia tendría que ser libre de elegir su vivienda, o hacerla construir y arreglarla a su manera; debería tener la posibilidad de optar entre distintas localizaciones en la ciudad, diferentes materiales y técnicas constructivas, diversas formas de financiamiento. Por su parte, la sociedad funcionaría en forma tal que proveería servicios institucionalizados al alcance de todos de modo que cada uno opte entre una cantidad discreta de ofertas.

Es decir que la construcción de la vivienda en la que el usuario interviene directamente o donde se ocupa del control de las tareas, es un mejor vehículo de evolución personal, familiar y social, que la vivienda adquirida. (Turner, J.F.C.; 1976).

Desde este enfoque entonces, el valor del producto material no radica en sus cualidades físicas, sino en las relaciones que se establecen entre el objeto y el usuario. Estas relaciones cambian a medida que cambia la composición del núcleo familiar, que se modifica la vivienda por ampliación, renovación o envejecimiento, que el valor de uso y de mercado varía al cambiar el contexto urbano que la rodea.

Pero la situación que plantea Turner es, como dijimos, una sociedad ideal que está lejos de la realidad urbana, especialmente de las ciudades latinoamericanas.

En ellas se ha producido un crecimiento vertiginoso en los últimos años. Sus causas radican en la disminución de la mortalidad infantil, las mejoras sanitarias que aumentaron la esperanza de vida, la migración campo - ciudad, el desarrollo económico y la mejora tecnológica. Esto ha colocado a América Latina en primer lugar entre las regiones "en desarrollo" por su crecimiento urbano. Las mayores áreas metropolitanas" México, San Pablo, Buenos Aires y Río de Janeiro, superan todas los 10 millones de habitantes.” (Fernández Wagner; 1999:57).

Este proceso de crecimiento explosivo es protagonizado  en gran parte por población pauperizada expulsada del campo que, sin trabajo y sin bienes, se instala en las áreas periféricas de las ciudades. Allí se aloja en condiciones precarias, y da origen a las villas miseria de Argentina, que en otras ciudades se denominan rancherías, callampas, favelas, tugurios... Esta

variedad de denominaciones locales indica su presencia generalizada en toda Latinoamérica.

Pero la vivienda digna es un derecho fundamental, una necesidad básica reconocida en todas las constituciones y/o declaraciones. Sin embargo, en un momento se convierte en un bien de mercado demasiado costoso para ser adquirido por un asalariado. En la formación de su precio intervienen la renta del suelo sobre el que se edifica, el costo de los materiales, de la mano de obra más o menos especializada, el tiempo que insume su construcción y los costos financieros.  Todo ello configura un valor que no puede ser afrontado por un obrero o un empleado de clase media, y menos aún por los de menores ingresos. En este momento, el Estado, a partir de la concepción del acceso a la vivienda como un derecho básico de las personas, obra como intermediario entre el mercado y la población careciente de vivienda, intentando  resolver el problema ya sea a través de una política económica que facilite la actividad de los constructores de vivienda, el acceso al crédito de los potenciales compradores o mediante la construcción masiva y el subsidio a los sectores más desprotegidos.

Frecuentemente toma a su cargo la construcción de las llamadas viviendas sociales, generalmente agrupadas en grandes conjuntos habitacionales que se convierten en elementos destacados de la estructura urbana, especialmente en los asentamientos intermedios y pequeños y en las periferias de las grandes ciudades.

Se trata de un sistema jerárquico donde la cima está ocupada por el Estado a través de sus organismos de planificación, y en la base están los consumidores que tienen muy pocas opciones entre un número limitado de alternativas prediseñadas.

Aquí la experiencia del to house o del habitar, tiene un punto de partida totalmente diferente al caso de la autoconstrucción. Se construyen viviendas homogéneas para una población heterogénea. Las personas se transforman de consumidores en beneficiarios pasivos de un producto planeado por organismos supralocales. Desde un punto de partida común, cada familia elabora una relación diferente con su vivienda, que evoluciona según los cambios del grupo, los introducidos en la construcción y los del entorno urbano.

Volviendo a Lefebvre, este tipo de solución está lejos de su concepción del habitar que consiste en "la elaboración de un programa cuyo primer artículo sea la autogestión generalizada... En cuanto a lo urbano solo puede constituirse y servir "el habitar"…” (Lefebvre, 1970 en Villasante;1995:109).

Este trabajo trata de captar las relaciones familia - vivienda en distintos barrios construidos con el sistema cerrado,  planificados por el Estado y en una ciudad intermedia, que si bien ha sustentado gran parte de su crecimiento demográfico en la inmigración rural, carece de grandes masas pauperizadas alojadas en condiciones de infravivienda.[1]

Se trata de vincular la teoría presentada con las conclusiones de las investigaciones realizadas en estos barrios tomando distintos casos a fin de analizar las formas de apropiación, tanto de la vivienda como de su entorno.

Partimos de la premisa de que la representación social de las necesidades es relativa, y por ello encontramos una gran variabilidad en la relación habitantes - vivienda en los distintos casos analizados.

 

 

El hábitat y el habitar en los barrios de viviendas sociales

 

El déficit habitacional y la consecuente demanda de viviendas y de equipamiento urbano a causa del crecimiento de las ciudades se ha reflejado en pequeñas y medianas ciudades del interior del país, tal el caso de la ciudad de Santa Rosa, La Pampa –Argentina-.

El deterioro progresivo de los niveles de ingreso ha provocado en los habitantes de la ciudad la incapacidad de acceder, en forma individual, a la construcción de una vivienda digna. La recurrencia al Estado en procura de una solución habitacional pone de manifiesto la necesidad de los individuos de una vivienda provista de servicios elementales básicos tendiente al logro de una movilidad social ascendente.

A casi tres décadas de políticas habitacionales controladas por el Estado[2], éstas han variado de acuerdo a la coyuntura política y el alcance de su intervención ha tenido relación directa con la fuerza de los reclamos de la población. En el marco de la dinámica de transformaciones del sistema, el Estado se ha convertido en receptor de las demandas, en ejecutor del diseño  y construcción de las viviendas –a través de su vinculación con las empresas constructoras-, y en el responsable de la  selección de los posibles adjudicatarios. El vínculo entre el Estado y los usuarios culmina en el momento de la adjudicación de la vivienda, estableciéndose posteriormente la relación entre ellos y la entidad financiera encargada del cobro del crédito público. La modificación de la política de vivienda supone la descentralización y coloca a los estados provinciales como entes promotores para el financiamiento de las mismas.

El rol del Estado como agente proveedor de viviendas supone la intervención en uno de los bienes más privados e individuales de las personas. El diseño de la vivienda social, uniforme y estandarizado, se ha contrapuesto con el deseo de los adjudicatarios de construir un “lugar” personal e individual. Según Borja,  la vivienda social significa dependencia, control, regulación y anonimato (Borja, J. et.al 1990:203).

El efecto de las políticas nacionales de vivienda sobre el espacio urbano ha definido la conformación de áreas, muchas veces,  funcionalmente inadecuadas, generando dificultades en las relaciones  sociales de sus habitantes.

En los barrios de viviendas sociales, la estructuración y formas de vida dependen,  en gran medida, de la configuración territorial. La tipología constructiva, el diseño arquitectónico, los materiales de construcción y el equipamiento e infraestructura dan marco a un entorno que influirá sobre la dinámica social, contribuyendo a definir la calidad del habitar y del hábitat.

Sin embargo, la satisfacción que genera el disponer de “una casa propia” con una infraestructura mínima, con la cual la mayoría no contaba hasta ese momento, tiende a minimizar otras cuestiones relacionadas con el habitar y con el hábitat en general.

Siguiendo a Borja, el barrio debe ser entendido en sus dimensiones simbióticas y simbólicas. Simbiótica en cuanto relaciona Sociedad y Estado -adjudicación de viviendas, provisión de servicios y equipamiento- y simbólica porque integra culturalmente y da identidad colectiva a sus habitantes a través de la apropiación de los espacios públicos y privados. La recurrencia de ambas dimensiones permite obtener el bienestar colectivo, que se manifiesta a través de una convivencia agradable, la voluntad de participación, el cuidado de los espacios públicos y privados (Borja, J.; 1997).

El hábitat es el espacio construido por los grupos sociales para la producción y reproducción humana en cuanto a lo material y lo afectivo e involucra la socialización de las distintas generaciones. La estabilidad, la seguridad y la pertenencia son elementos centrales para la satisfacción de las necesidades.

 

 

La percepción de la vivienda y del habitar.

 

La relocalización masiva de personas supone la conformación de un nuevo grupo social, ya que las condiciones del entorno físico exigen cambios en los comportamientos individuales y grupales, es decir, en el modo de vida de las personas, lo que afecta su identidad sociocultural.

Al acceder a la vivienda el adjudicatario inicia una interacción con el espacio urbano distinta a la previamente internalizada, debido a que debe asimilar o modificar conductas que en parte le son impuestas. Es un proceso de apropiación social del espacio y de situaciones de vida cotidiana, en búsqueda de vínculos que le permitan identificarse con el lugar y con el nuevo grupo social, a fin de lograr identidad y pertenencia.

La construcción del habitar resulta dificultoso cuando las viviendas poseen en general un espacio reducido, fundamentalmente el de las áreas destinadas al encuentro social (cocina-estar-comedor) lo que no favorece el desarrollo de relaciones de convivencia o exige una adaptación  a sus condiciones y dimensiones, más allá de las modificaciones que puedan realizarse para adecuarlas a los usos y funciones de la vida cotidiana de sus habitantes.

La uniformidad de la tipología edilicia adoptada sufre, en corto tiempo, modificaciones considerables. La construcción del espacio en los barrios planificados parte de la necesidad de diferenciación, íntimamente unida al deseo de progreso, a la manifestación de las diferencias sociales existentes y a la necesidad personal de mostrar la condición social. La vivienda se convierte en signo de status social y en la medida que se produce su individualización logra una proyección, positiva o negativa, hacia el hábitat.

Según Wilheim, la disponibilidad de espacio “depende de patrones culturales y es función del número de usuarios y de sus edades, que garantiza el confort en oposición a la promiscuidad resultante de la falta de espacio” (Wilheim, 1990:357). El espacio privado está constreñido dentro de la vivienda y es colectivo cuando es externo a la misma. Se convierte en lugar cuando se colma de significados y valores, en virtud del afecto con que se lo reconoce o por su presencia en la vida cotidiana.

 Según León, el espacio público y el privado son  el “resultado del cruce de dos lógicas distintas, la oficial que remite a criterios de técnica y de bajo costo y la del cotidiano de sus habitantes que impone un ciclo espacial distinto y transforma en la práctica usos y funciones. El consumo que de él se hace es clave en estas transformaciones”(León, M. 1991:165)

Otro factor a considerar es la privacidad, este indicador define el confort individual, se asocia al espacio disponible y al silencio. Permite al individuo recogerse en un espacio; mediante la privacidad familiar se establece un límite al compromiso colectivo, se huye un poco de la coerción social de la comunidad (Wilheim, 1990:358).

La privacidad y la independencia se hallan relacionadas con la posibilidad de desarrollar libremente las actividades cotidianas en el interior de la vivienda.  En este sentido la relación entre privacidad y tipología constructiva es directa, e influye en la intensidad de las relaciones sociales generando en algunos casos situaciones de conflicto. Las mayores causales de conflicto devienen de la proximidad inmediata de las viviendas y del alto grado de densidad barrial. Las viviendas individuales garantizan mayor independencia y privacidad, ya que las mismas cuentan con espacios libres privados.

 Por otro lado, en los conjuntos habitacionales  multifamiliares, la imposibilidad de ampliar o mejorar las condiciones externas de la vivienda producen sentimientos de desapego e indiferencia hacia la misma y la vivienda social representa una solución transitoria al problema habitacional, ya que se aspira a acceder a otra vivienda, situación estrechamente ligada a la necesidad de mejorar la "habitabilidad" de la misma. Esto es motivo de una alta movilidad espacial de las personas lo que dificulta el sentimiento de arraigo y perjudica el desarrollo de vínculos sociales.

La percepción de las diferenciaciones socioeconómicas entre los grupos de habitantes de viviendas FONAVI, se vincula con las mejoras realizadas en las viviendas, como una forma de exteriorización de la condición social. La concreción de ampliaciones y las modificaciones internas y externas, están vinculadas fundamentalmente con las necesidades del grupo familiar y las posibilidades económicas del adjudicatario, contrastándose con los casos donde las viviendas se mantienen en estado original ante la imposibilidad de sus propietarios de realizar dichas mejoras. Por lo tanto la construcción del habitar es diferente en cuanto a las representaciones que cada familia tiene con su vivienda.

 

 

La percepción de las relaciones sociales y del hábitat

La socialización del entorno urbano crea las condiciones para el descubrimiento de intereses y problemáticas comunes (Castells, 1986:123). En los barrios de viviendas colectivas la configuración territorial y la construcción del habitar son esenciales en la construcción del hábitat.

Privacidad, independencia individual y familiar, individualización,  equipamiento e infraestructura en estrecha relación con la estructura demográfica interna, son elementos indispensables de la dinámica social que se traducen en la intensidad de las relaciones sociales, el grado de pertenencia y la participación y gestión de actividades comunitarias.

En los barrios de viviendas unifamiliares las relaciones sociales son más intensas que en los conjuntos de  viviendas multifamiliares, presentándose indicios de conflictividad en éstas últimas, donde el cuidado de los espacios comunes y el desarrollo de la actividad cotidiana de niños y adolescentes son los que generan mayores conflictos. Las molestias sociales no se originan en los propios individuos, sino que están relacionadas con la exteriorización de sus prácticas cotidianas debido a los defectos de diseño y construcción de las viviendas y edificios: falta de insonorización, disposición de las viviendas, calidad de los materiales de construcción utilizados y del ancho de las paredes medianeras,  el acceso a los departamentos,  lo que no asegura independencia a los moradores.

En general, resulta un espacio construido por y para adultos, esto agravado para el caso de barrios de viviendas multifamiliares, donde niños y adolescentes no "encuentran" un espacio propio para el desarrollo de sus actividades específicas y las formas de adaptación a la vida cotidiana resultan más complicadas. Los niños se ven sometidos a una estricta vigilancia con una movilidad territorial claramente definida, siendo los espacios comunitarios áreas vedadas y hasta peligrosas, en determinadas horas del día.          El adolescente y su familia se ven sometidos a una fuerte presión social.

Comparándola con la de cualquier habitante de la ciudad, la presión social en los barrios de viviendas colectivas es alta. La presencia del vecino se impone, pero las relaciones sociales no logran intensificarse.

Los obstáculos al desarrollo de la vida cotidiana y de las organizaciones que la estructuran, se vinculan con la indiferencia hacia la participación en actividades comunitarias. Esto trae como consecuencia la disminución en la extensión y riqueza de las redes sociales y la interacción humana. Se establecen reales dificultades para construir una "comunidad", debido al escaso control sobre el hábitat. De esta forma, estos barrios se convierten en ambientes de vida "privatizada", carentes de dimensiones sociales flexibles y positivas.

La densidad de ocupación de las viviendas, el deterioro físico de las construcciones, la falta de funcionalidad y la carencia de identidad con el lugar, generan situaciones conflictivas atendibles, teniendo en cuenta que involucran a un grupo social que no desarrolla una adecuada interacción con el medio en que vive.

Los problemas de apropiación del espacio público y privado imposibilitan el arraigo y la pertenencia con el consecuente deseo de abandonar el barrio, sobre todo en los conjuntos de viviendas multifamiliares. Esto provoca alta movilidad espacial, indiferencia hacia las actividades colectivas y descuido de los espacios comunes. El recambio permanente de habitantes afecta directamente las relaciones de vecindad  que no logran afianzarse por la presencia continua de nuevos ocupantes.

 

 

A modo de cierre

 

De este análisis se desprende cómo un grupo social autodefine su anhelo de un mejor habitar y hábitat. Esto supone la necesidad de construir un modelo que resulte de  una síntesis entre las políticas oficiales y las necesidades y deseos de la comunidad.

Una mayor participación del adjudicatario en el proceso de construcción de "su vivienda" supondría un mayor apego a la misma y al barrio.

Las futuras viviendas sociales deberían prestar especial atención al diseño arquitectónico y a la calidad de los materiales de construcción utilizados con el fin de evitar situaciones de conflicto y, por el contrario, facilitar la construcción de vínculos comunitarios que permitan mejorar la calidad del habitar.

Se hace necesario un diseño que proponga buen tratamiento de los espacios abiertos, de  manera de suministrar luz y aire a los edificios, prever vistas y perspectivas del entorno urbano, de las  áreas de recreo y de desarrollo de actividades comunitarias, además de  concientizar sobre la importancia del cuidado de los espacios comunes.

Equipar a los barrios con centros recreativos de usos múltiples que concentren actividades para distintas edades según la estructura demográfica, permitirá la organización de actividades comunitarias que aumentarán la participación barrial y contribuirán a la integración de los distintos sectores.

Más allá de la transformación de las relaciones entre la sociedad y el Estado, la acción de éste es indispensable no solamente en el aporte económico para la ejecución de los complejos habitacionales y la prestación de los servicios públicos, sino también para acompañar a los grupos sociales a crear espacios adecuados para el desarrollo de la vida individual y colectiva. Se propone incentivar  a los habitantes del barrio a desarrollar sus propias organizaciones sociales para el intercambio de experiencias cotidianas, y la búsqueda de acciones y opciones que refuercen lazos de cooperación y participación social.

Un habitar armónico y confortable supone una mayor permanencia del grupo familiar en el hogar y un hábitat armónico y confortable supone una mayor permanencia en el barrio,  favoreciendo el desarrollo de relaciones sociales estrechas y formas de participación y gestión de actividades de integración barrial.

 

 


 

Bibliografía

 

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[1] .-  En la ciudad de Santa Rosa -Provincia de La Pampa- Argentina-, los conjuntos habitacionales construidos a partir de operatoria FONAVI  albergan aproximadamente el 30% de su población. Su conformación, inserción en la trama urbana, estructura demográfica interna, sociabilidad del hábitat, relaciones de convivencia diaria, desarrollo de vínculos entre la vida colectiva y el espacio urbano, definen una organización del espacio particular, donde las relaciones entre espacio, sociedad y Estado resultan sumamente intrincadas. (Dillon, B. Cossio, B, 1998).

La tipología constructiva adoptada difiere según las distintas operatorias y categorías: barrios de viviendas unifamiliares o multifamiliares (monobloques), completas o de terminación mínima. El diseño arquitectónico de las viviendas es estandarizado y uniforme y la morfología que adoptan algunos de ellos son particularizadas en lo que se refiere al diseño de las manzanas, calles y pasajes peatonales.

En cuanto a las características sociodemográficas, están habitados por hogares unifamiliares de tipo nuclear con dos, tres o más hijos. La edad de las personas que viven en estos barrios tiene estrecha relación con el año de entrega de las viviendas. La categoría ocupacional es heterogénea. Coexisten empleados del sector público principalmente, cuentapropistas, ocupados en el sector informal, profesionales y trabajadores familiares sin remuneración fija, fundamentalmente en el caso femenino. El índice de ocupación de la vivienda, en los barrios planificados, es de aproximadamente 4 habitantes por cada una de ellas, cifra ligeramente superior a la de la media provincial que asciende a 3,2 habitantes por vivienda. (Díllon,B; Cossio,B 1996/7).

 

[2].- En Argentina, el Estado ha implementado una serie de políticas cristalizadas en la creación en el año 1972 del Fondo Nacional de la Vivienda cuya aplicación a escala local se realiza  a través de los Institutos Provinciales de la Vivienda.


Ponencia enviada al Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.