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Asunto:[encuentrohumboldt] 78/04 - ACERCA DE LA CUESTIÓN POST-URBANA: MODALIDADES D E APROPIACIÓN RECIENTE DEL ESPACIO METROPOLITANO DE BUEN OS AIRES
Fecha:Miercoles, 24 de Marzo, 2004  00:13:18 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

ACERCA DE LA CUESTIÓN POST-URBANA:

MODALIDADES DE APROPIACIÓN RECIENTE

DEL ESPACIO METROPOLITANO DE BUENOS AIRES

 

 

Guillermo Tella

Fabián de la Fuente

Patricia Dietrich

Mónica Blanco

María González

Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo

Universidad Nacional de Buenos Aires

 

 

Resumen

El presente trabajo forma parte de los resultados preliminares de un proyecto de investigación subsidiado en curso (*), centrado en el estudio de la estructura territorial de la región metropolitana de Buenos Aires con el propósito de examinar los dramáticos cambios urbanos asociados a las transformaciones de la economía global y, en general, con la “post-modernización” de la vida urbana y la sociedad.

Buenos Aires exhibe un fuerte contraste entre centro y periferia, que puso de manifiesto la presencia de determinados patrones característicos de una inserción aguda a un sistema global de ciudades, tales como: la destrucción de tejidos fabriles e industriales, la construcción de ámbitos destinados a la expansión de la economía financiera, el desarrollo de nuevas tipologías edilicias residenciales, nuevas formas de distribución comercial sustentadas en el uso del automóvil particular, nuevos desarrollos del terciario avanzado, nuevas modalidades de comercialización del ocio en las periferias, la inversión en estructura viaria y, como contrapartida, el incremento de los asentamientos precarios y de los niveles de violencia urbana.

Los cambios mundiales en la economía y su instalación en el contexto local se encuentran en la base de la evolución reciente de la región metropolitana de Buenos Aires, evidenciando en la última década un crecimiento dicotómico como resultado de una “modernización” acelerada, tardía respecto de sus modelos centrales de referencia: por un lado, una acentuada concentración de la riqueza en determinados sectores sociales y, por otro, un empobrecimiento extremo, ante la incapacidad de absorción de fuerzas de trabajo por parte de la industria urbana. Esta situación se traduce en la formación de verdaderos enclaves urbanos, con aspectos más agudos y de naturaleza más crítica respecto de aquellos atribuidos a las metrópolis de países centrales.

De manera que Buenos Aires se encuentra inmersa en un proceso de reconfiguración territorial caracterizado por: (a) la difusión de un entorno urbano extenso y ajerárquico, fragmentado y discontinuo, que conduce a la deconstrucción de los clásicos conceptos de “centro” y de “suburbio” frente al surgimiento de centralidades de nuevo tipo; y (b) la tendencia hacia una economía de servicios que induce a una gran dispersión espacial de las actividades, impulsada por las innovaciones tecnológicas que desplazan las fuentes de trabajo de las áreas centrales hacia los bordes metropolitanos.

Estos procesos se llevaron a cabo de forma espontánea, por iniciativa privada, sin responder a ningún tipo de estrategia regional y en el marco de un laissez-faire territorial absoluto, o bien sobre la extrema periferia, en colisión con los bordes urbanos consolidados como suburbanización popular, o bien llenado los vacíos intersticiales dejados por el anterior avance de la ciudad entre los ejes de expansión de la urbanización. Su articulación dio por resultado una nueva fisonomía urbana caracterizada por: (a) la dispersión periférica, (b) la difusión de subcentralidades, (c) la fragmentación territorial y (d) la discontinuidad de tejidos, como principales factores de motorización de las transformaciones territoriales recientes.

            Debe subrayarse, finalmente, que se trata de situaciones inéditas que afectan hoy a esta metrópolis semiperiférica como resultado de un proceso brusco y acelerado de modernización, en el que se llevan a cabo en forma extrema y tardía actuaciones que en los países centrales se desarrollaron paulatina y morigeradamente a lo largo de varias décadas. En sólo diez años, esta situación dicotómica de periferización de áreas centrales y de centralización de áreas periféricas fue materializada como resultado de un proceso que encubrió el desvanecimiento industrial, la descentralización comercial junto con desconcentraciones residenciales espontáneas, bajo la lógica de enclaves de alto nivel, y que han comenzado a evidenciar los conflictos derivados de la dispersión de la urbanización.

(*) Proyecto de Investigación UBACyT (Nro. JA13, programación científica 1998-2000), Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires. Tema: “La modernización tardía de una metrópolis semiperiférica. El caso de Buenos Aires y sus transformaciones socioterritoriales recientes”. Director: Arq. Guillermo Tella. Equipo de Investigación: Arq. Fabián de la Fuente, Arq. Patricia Dietrich, Mónica Blanco y María González. Lugar de trabajo: Instituto Superior de Urbanismo (Dir. Arq. Juan Manuel Borthagaray); Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA.

 

 

 

 

El advenimiento de la Postmetrópolis

El presente trabajo forma parte de los resultados preliminares de un proyecto de investigación en curso1, centrado en el estudio de la estructura territorial de la región metropolitana de Buenos Aires con el propósito de examinar los dramáticos cambios urbanos asociados a las transformaciones de la economía global y, en general, con la “post-modernización” de la vida urbana y la sociedad. Desde una perspectiva teórica, su objetivo final es contribuir al análisis de las interrelaciones existentes entre estructuras espaciales y procesos sociales a partir de un estudio de caso que involucra a una metrópolis perteneciente a espacios mundiales de tipo semiperiférico.

La geografía industrial de la metrópolis fordista ha entrado en un fuerte proceso de retracción ante el avance de una economía de servicios, con una densificación de los flujos de información y en el marco de una tendencia hacia modos de producción más flexibles. Esta circunstancia dio inicio a la denominada era de la “Postmetrópolis”, que articula nuevas y complejas formas de urbanización, a modo de “archipiélagos urbanos”, y puso en evidencia las limitaciones de las estructuras epistemológicas actuales para interpretar los procesos recientes de transformación territorial. Desde esta perspectiva, el trabajo pretende contribuir en la construcción de mediaciones entre las discusiones teóricas generales relativas al modelo de globalización a escala planetaria y el particular modo de producción del espacio urbano reciente de la región metropolitana de Buenos Aires.

Ha quedado convencionalmente aceptado que la Crisis del Petróleo de 1973 constituye el jalón con el que culminó una particular época urbana, la de la “metrópolis moderna”, y a partir de la cual se inició la denominada era de la “Postmetrópolis”. Fue, precisamente, cuando comenzaron a evidenciarse los efectos territoriales sobre las grandes ciudades el momento en que la discusión sobre el tema se tornó más aguda debido a la complejidad y celeridad de los procesos de urbanización así como a la ineficacia de las tradicionales herramientas de actuación.

Desde esta perspectiva, la acepción Postmetrópolis permite resaltar las diferencias entre regiones urbanas contemporáneas y aquellas que se consolidaron a mediados de siglo, por lo tanto, el prefijo post marca la transición hacia nuevas formas postmodernas. (E.Soja 1996). No se trata del desvanecimiento de la antigua estructura sino de su convivencia y articulación con nuevas y complejas formas de urbanización. La geografía industrial de la metrópolis fordista entró en un fuerte proceso de retracción ante el avance de una economía de servicios, con una densificación de los flujos de información y en el marco de una tendencia hacia modos de producción más flexibles.

En un trabajo reciente, M.Castells (1997) sostiene que en esta “orilla de la eternidad... el espacio organiza al tiempo en la sociedad red”, donde no sólo las nuevas tecnologías de la información se dispersaron planetariamente a una gran velocidad sino que “la velocidad de esa difusión tecnológica ha sido selectiva tanto social como funcionalmente”. Argumentos que, desde este punto de vista, ponen en evidencia las limitaciones de las estructuras epistemológicas actuales para interpretar los procesos recientes de transformación territorial.

 

 

Características del proceso de metropolización

 

En la literatura reciente aparece con insistencia un tema de renovada importancia: el papel asignado a las metrópolis y sus funciones cambiantes en los nuevos espacios económicos de carácter regional y mundial. (Friedmann 1986, 1995; Sassen 1991, 1996). El estudio de las transformaciones socioterritoriales recientes de la región metropolitana de Buenos Aires —que según ciertas clasificaciones constituiría una “metrópolis secundaria de un espacio económico semiperiférico”—2, presenta el interés de mostrar como una aglomeración urbana que supera los trece millones de habitantes, perteneciente a espacios económicos no centrales, ha adoptado a ritmo acelerado patrones observados en las ciudades globales de los países centrales pero condicionados por una localización semiperiférica y por procesos particulares desarrollados a lo largo de varias décadas.

Buenos Aires presenta un fuerte contraste entre centro y periferia, que puso de manifiesto la presencia de determinados patrones característicos de una inserción aguda a un sistema global de ciudades, tales como: la destrucción de los tejidos fabriles e industriales, la construcción de ámbitos destinados a la expansión de la economía financiera, el desarrollo de nuevas tipologías edilicias residenciales, nuevas formas de distribución comercial sustentadas en el uso del automóvil particular, la aparición de nuevas modalidades de “comercialización del ocio” en las periferias, la inversión en estructura viaria para dinamizar los desplazamientos y, como contrapartida, el incremento de los asentamientos precarios y de los niveles de violencia urbana.

Asimismo, se ha evidenciado en la última década un crecimiento dicotómico como resultado de una “modernización” acelerada, tardía respecto de sus modelos centrales de referencia: por un lado, una acentuada concentración de la riqueza en de­terminados sectores sociales y, por otro, un empobrecimiento extremo ante la incapaci­dad de absorción de fuerzas de tra­bajo por parte de la industria urbana. (Schneier-Madanes 1998). De este proceso diferencial se advierte que: mientras una parte del territorio metropolitano es objeto de inversión en equipamiento e infraestructuras de todo tipo —exhibiendo fastuosamente los efectos de una economía urbana integrada al sistema global—, la otra parte no es convocada para ello. Espacialmente, se evidencia en el surgimiento de espacios estratégicos reestructurados, debido a una fuerte concentración de inversiones de capital, así como amplias áreas residuales del modelo, ámbitos en los que se evidencia un cierto abandono debido a que no resultan de interés. (Tella 1996).

En Buenos Aires, la generación de espacios estratégicos se produce de manera diferenciada y con características específicas, a través de un equipamiento selectivo del territorio y del incremento de las desigualdades socioterritoriales —características compartidas en muchos de sus rasgos por otras metrópolis iberoamericanas—. Sin embargo, esto se traduce en la formación de verdaderos enclaves urbanos, con aspectos más agudos y de naturaleza más crítica respecto de aquellos atribuidos a las metrópolis de países centrales. (Borja y Castells 1998).

Desde el punto de vista de la evolución histórica de la estructura socioterritorial de Buenos Aires, en el contexto del proceso de metropolización de la aglomeración, es posible reconocer escenarios diferenciados. El primero de ellos (1870-1930) es en el que se consolidan los centros fundacionales de poblados nacidos en torno a las estaciones ferroviarias, en el marco de una política agroexportadora con la cual se recibió un importante flujo migratorio europeo. Esta población se localizó en extremas condiciones de hacinamiento principalmente en torno al centro de la ciudad y, en menor medida, alrededor de las incipientes áreas subcentrales.

Un segundo escenario (1940-1960) surge como resultado del proceso de industrialización sustitutivo de importaciones, y se caracterizó por fuertes migraciones internas que acentuaban la expansión de la periferia, consolidando la primera corona de urbanización por un lado, y densificando el área central por otro. El pasaje a un modelo como este adquirió una morfología idiosincrática tal que, en algunos aspectos, podría asimilarse a lo que ciertos autores definen como “fordismo periférico”. (Lipietz 1986). Una tercera etapa (1960-1980) se consagra a partir del inicio de un desmantelamiento gradual de este tipo de desarrollo y que genera la disminución de la tasa de crecimiento metropolitano, el debilitamiento del peso relativo de las migraciones y la reducción de las políticas públicas (vivienda, transporte, alquileres, etc.) que habían incidido anteriormente sobre el desarrollo urbano.

Las décadas del ´80 y ´90, correspondientes con el último escenario, están caracterizadas por el impacto de fuertes procesos de globalización de la economía y de dualización de la sociedad. Luego de varios intentos de apertura económica, este proceso culmina con la instauración de un modelo caracterizado por la apertura de las fronteras, la desregulación económica y financiera, la privatización de las empresas públicas y la concesión de los servicios urbanos. Los cambios mundiales en la economía y su instalación en el contexto local se encuentran en la base de la evolución reciente de la región metropolitana de Buenos Aires y se traducen en la aparición de nuevas formas residenciales, nuevos patrones de consumo, así como nuevos desarrollos del terciario avanzado.

 

 

Los nuevos centros de compra y abastecimiento

 

Frente al repliegue, la desarticulación y el gradual desvanecimiento de la industria en la región metropolitana, a comienzos de la década de 1980 se inició una nueva fase de modernización en la distribución comercial, que ocupó los espacios que aquella dejaba vacantes. Por una parte, se incorporaron innovaciones tecnológicas y organizacionales en el comercio minorista y, por otra, se implantaron sociedades con capitales internacionales. Los nuevos centros de comercio tendieron a adoptar la forma de megarrecintos desvinculados del espacio público, que privilegiaron el uso del automóvil particular a través de una eficiente conexión con la red viaria y a los que es posible identificar en dos tipos, que a continuación se detallan:

            (a) El advenimiento de los “shopping centers”:

La acepción “shopping center” constituye un anglicismo adoptado para identificar a un particular tipo de establecimiento comercial que se caracteriza por ser propiedad de una única empresa, administradora de un conjunto importante de locales de venta de productos y servicios —con explotación independiente unos de otros, y cuyos responsables son locatarios de la empresa propietaria—.

Los shopping centers hicieron su aparición en Buenos Aires recién a mediados de los ´80, tres décadas más tarde que en su país de origen pero mediante una expansión muy acelerada. Su evolución ha sido de tipo elíptico y puede caracterizársela de la siguiente manera: (a) shopping centrales reciclados: los primeros complejos tuvieron una localización sobre áreas centrales y estaban basados en el reciclaje de edificios industriales decimonónicos desafectados; (b) periféricos ex-novo: sin interrupción de anterior proceso, se inició una etapa de construcción de edificios a nuevo, con un lenguaje altamente atractivo, de gran tamaño y situados sobre áreas periféricas; (c) subcentrales reciclados: finalmente, a mediados de los ´90 se sumó una nueva instancia, la de los shoppings barriales o de vecindad, usualmente construidos por operaciones de reciclaje —pero en una escala reducida en relación con los anteriores—.3

Desde una mirada social, los shopping centers han inaugurado la era de la compra como actividad lúdica, como espectáculo, y desde un punto de vista territorial, constituye un objeto urbano complejo y un efectivo detonador de fuertes centralidades, consolidando las existentes o generándolas sobre aquellas áreas en donde no la había. Las localizaciones centrales han producido, por un lado, intervenciones que buscaban reacondicionar y valorizar los viejos edificios, evocando reminiscencias tradicionales, y por otro, el apuntalamiento de ciertas cualidades de centralidad que reforzaran la dinámica del sector.

            (b) Los grandes centros de abastecimiento masivo:

Cuando a principios de los ´80 se instalaron las dos primeras empresas extranjeras, Carrefour y Jumbo, que ofrecían una gran variedad de productos a muy bajo precio, se generó un punto de inflexión en la forma de aprovisionamiento masivo como resultado de la gradual modernización del sector comercial. Los espacios desde los que se impulsaron esas tendencias fueron los “autoservicios”, que en la actualidad expenden más de los dos tercios de alimentos que se consumen. Se trata de establecimientos comerciales de venta al por menor de todo tipo de artículos alimenticios, con la particularidad que el cliente se sirve por sí mismo y abona a la salida —el rasgo distintivo lo constituye, entonces, la modalidad de aprovisionamiento: el sistema de autoservicio—.

Bajo esta lógica y en función de su capacidad potencial para abastecer a un determinado área de influencia, es posible reconocer cuatro tipos de autoservicios cuya dimensión se estima en función de la extensión de su “línea de cajas” o check-out: (a) los minimercados, que cuentan con no más de 4 check-out; (b) los supermercados, que tienen entre 5 y 25 check-out; (c) los hipermercados, entre 26 y 70 check-out; y recientemente (d) los megamercados, con más de 70 check-out, un área de ventas superior a los diez mil metros cuadrados y un radio de influencia que excede los ocho kilómetros.

Ahora bien, ni los “minimercados” ni los “supermercados” han producido en Buenos Aires impactos socioterritoriales que puedan considerarse de relevancia, debido a su carácter barrial y su área de influencia mínima. En cambio, sí han sido los “hipermercados” el tipo de autoservicio que ha contribuido a una importante reconversión urbana, debido a dos aspectos principales: (a) por un lado, porque a través de ellos se impulsó una renovación de las técnicas del merchandising (efectivas estratégica de exhibición de productos, menor tiempo de stockeo de mercaderías, uso de máquinas lectoras de códigos de barras, etc.), y (b) por otro, la importante cantidad de establecimientos construidos (que superó las cuarenta unidades en toda la región metropolitana) tanto como el gran tamaño que adquirieron (más de 5 mil metros cuadrados de área de venta, más depósitos, estacionamientos y servicios auxiliares).

Entre los efectos urbanos evidenciados es posible señalar que, en muchos casos, (a) favorecieron el cambio en las lógicas de funcionamiento de numerosas áreas, (b) actuaron como detonadores de nuevas centralidades en zonas degradadas, (c) vulneraron la vitalidad de los subcentros comerciales, (d) modificaron los valores del suelo en su entorno inmediato, (e) propiciaron la especialización de determinados sectores de la ciudad y (f) generaron altos impactos ambientales negativos (no mitigados por la empresa propietaria ni fiscalizados por la administración municipal). La serie de disposiciones tendientes a proteger al pequeño comercio minorista y a la salud de los centros urbanos implementadas en importantes ciudades de Europa y Estados Unidos llegaron a Buenos Aires de manera demorada, lábil y fragmentada.

A partir del arribo en 1996 de las cadenas Wal-Mart y Auchan algunos autores construyeron la categoría teórica de “megamercado para definir a una nueva generación de autoservicios. Debido a la alta densidad de captación de público, se han convertido en importantes motorizadores de la renovación urbana de la ciudad. Si bien los efectos territoriales de ellos derivados aún no se han manifestado en toda su magnitud, sí se ha observado que su localización suele producir: (a) importantes alteraciones en el funcionamiento del área afectada, (b) el mejoramiento de las redes de transporte primarias, (c) el surgimiento de infraestructura de apoyo (la provisión de iluminación pública, servicios generales y equipamiento y mobiliario urbanos), (d) la aparición de equipamiento comercial complementario y (e) el advenimiento de una nueva lógica económica para la zona.

Como contrapartida, la fuerza centrípeta que logran ejercer atenta contra la vitalidad del pequeño comercio y produce un notorio incremento de la contaminación ambiental y de la congestión vehicular (automóviles particulares, transporte público y de cargas). De manera que su emplazamiento sobre las áreas periféricas ha comenzado de modo gradual a utilizarse para preparar el avance de la ciudad, contribuyendo a su saneamiento general, con viarias e infraestructuras, y direccionando el crecimiento urbano sin afectar los sectores ya consolidados.4

 

 

Las manifestaciones del terciario avanzado

 

Una de las transformaciones recientes más notorias ha sido la construcción de edificios de oficinas en el centro de la ciudad. A comienzos de la década del ´90 se inició en Buenos Aires la etapa de los denominados “edificios inteligentes”, destinados a crear ámbitos propicios para sede de las más importantes empresas transnacionales. Su arquitectura —de grandes dimensiones, de volúmenes puros y esbeltos, y de refinadas terminaciones—, diseñada por profesionales de renombre local y mundial, introdujo sistemas expertos de automatización  para responder a altos requerimientos de confort, seguridad, optimización de recursos y telecomunicaciones de avanzada.

Estos nuevos edificios aportan elementos formales innovadores al tejido urbano tradicional de Buenos Aires, cuya lógica de localización se caracteriza no producir el desplazamiento de actividades que le otorgaban el carácter de centralidad al centro sino que han reforzado su fuerte carácter, en el marco de un proceso de expansión para alojar a oficinas administrativas, hoteles de lujo, sedes de empresas, entidades bancarias y financieras, etc. Desde esta perspectiva, el centro de la ciudad creció de diferentes maneras:

            (a) Antiguo Puerto Madero: El primer paso fue dado, sin lugar a dudas, por la operación de reconversión del Antiguo Puerto Madero, iniciada en 1991 y en la que se desarrollaron prácticas de planificación paradigmáticas —similares, aunque en escala reducida, a algunas de las acciones llevadas a cabo en los Docklands londinenses o en el Moll de la Fusta catalán—, que implicaron un avance de la ciudad sobre terrenos portuarios y el reciclaje de sus viejas dársenas y depósitos desafectados, pero en los que se mantuvo el carácter tradicional de las antiguas construcciones inglesas. Una vez recuperado como fragmento urbano, rápidamente se constituyó en un lugar de moda y de paseo, con oficinas, con una sede universitaria, con un complejo cinematográfico y una amplia oferta de restaurantes de lujo.

            (b) Desarrollo de un corredor norte: Indudablemente, el desarrollo longitudinal del reconvertido Puerto Madero, recostado sobre todo el área central, le devolvió carácter al centro y actuó como detonador de nuevas intervenciones de ampliación sobre éste, principalmente hacia el lado norte —sitio donde mayor impacto tuvo aquella operación—. Si bien no se debió a estrategias de planificación, sí comenzaron a surgir, al norte del área central, una serie de torres acristaladas y de gran altura, para albergar a holdings multinacionales que a través de su arquitectura buscaban transmitir cierta imagen y poderío empresarial. Ejemplo de ello lo constituye una nueva generación de edificios de oficinas, de importante innovación tecnológica y tipológica, situados en las proximidades de la zona de Catalinas Norte y de Plaza Roma, y que en conjunto constituyen el más claro ejemplo de la expansión bancaria, financiera y administrativa del centro de la ciudad.

            (c) Recualificación del cordón macrocentral: Una tercera instancia es posible reconocerla en torno al área central como resultado de los procesos anteriores, y es la correspondiente a la lenta pero gradual recualificación del cordón que envuelve al centro de la ciudad, área conocida como “Macrocentro”. Esta zona fue objeto de diferentes tipos de intervención: (a) por un lado, el reciclaje de edificios con valor patrimonial, situados sobre un tejido urbano muy denso y consolidado, con el propósito de reemplazar usos residenciales deprimidos por otros de tipo administrativo, financiero, comercial y cultural; (b) y por otro, la construcción de edificios nuevos, destinados a oficinas y hoteles de lujo, con una morfología fastuosa.

            (d) Aparición de nuevas subcentralidades: Por último, y también de manera incipiente, se observa la presencia de edificios de corporaciones importantes que optaron por erigirse sobre nodos potencialmente estratégicos. El ejemplo más representativo lo constituye sin lugar a dudas el caso de la Torre Panamericana Plaza, que abandonó una localización absolutamente central para situarse en el borde noroeste de la Capital Federal, precisamente en la intersección de dos importantes carreteras.

Finalmente, cabe concluir que este avance del terciario sobre zonas degradadas (principalmente residenciales), se ha desarrollado de manera espontánea, sin previa planificación oficial (el municipio sólo otorgaba permisos especiales que autorizaban su instalación) y, por ende, este proceso incluyó la expulsión de los habitantes (generalmente de bajos recursos y, en muchos casos, en situación de ocupación clandestina) y no previó su realojamiento. Asimismo, las áreas dotadas de nuevas centralidades no han considerado la introducción de viviendas, y en los casos aislados en que sí se efectuó se obtuvieron magros resultados o fueron colonizadas por sectores sociales medios y altos, evidenciando procesos de gentrificación.

 

 

Las nuevas tendencias residenciales periféricas

 

El proceso de suburbanización de las élites, un fenómeno que desde la difusión del automóvil fue característico de las metrópolis de Estados Unidos y del que pueden encontrarse importantes ejemplos en las grandes ciudades latinoamericanas, no se ha manifestado en Buenos Aires hasta mediados de la década de 1980, momento a partir del cuál se inició un desarrollo inmobiliario sin precedentes. (Soja 1996; Harvey 1990). Actualmente no existe en la extrema periferia de la aglomeración (a más de 40 km. del centro) subdivisión alguna de tierras con fines residenciales que no esté dirigida a los sectores de poder adquisitivo alto y medio-alto. Esta acentuada tendencia marca el agudo contraste con los desarrollos residenciales periféricos de las décadas anteriores, protagonizados por grupos de bajos recursos en los bordes metropolitanos.

Esta “conquista” de la periferia por parte de los fragmentos socioeconómicos más favorecidos, principalmente en torno a la segunda y tercera corona, se manifestó mediante emprendimientos denominados “urbanización cerrada” y tuvo diferentes expresiones: el “barrio privado”, el “country club” y el “club de chacra”. (Tella 1998). Asimismo, bajo la misma lógica, existió un correlato a nivel urbano, sobre las áreas subcentrales, a través de la tipología de la “torre jardín” como residencia para ciertos sectores medios.

Las “urbanizaciones cerradas” son desarrollos parquizados de viviendas amplias y diseño cuidado, separados físicamente del tejido circundante por medio de dispositivos de seguridad que han alterado el paisaje urbano: muros cerrados de gran altura a la manera de “murallas”, con puestos de vigilancia y sistemas permanentes de custodia a cargo de agencias privadas que ejercen un control permanente sobre las entradas y salidas de residentes, visitantes y trabajadores.

En este marco, el country club representa la primera versión de esta tendencia, que reprodujo ciertas formas de esparcimiento americanas. Se trata de un conjunto de residencias individuales agrupadas tras un perímetro amurallado y custodiado. Se localizan sobre áreas suburbanas y están servidos por rápidas carreteras de acceso al centro de la ciudad. Las reducidas dimensiones de los lotes (de hasta media hectárea) son compensadas con espacios comunes destinados a actividades sociales y prácticas de tipo deportivas y recreativas, maximizando las áreas públicas y de esparcimiento.

Los barrios privados, en cambio, son un conjunto de residencias individuales agrupadas tras un perímetro igualmente cercado y custodiado, pero construidos para una ocupación permanente. Se encuentran también ubicados en las afueras de la ciudad y enlazados con el centro mediante autopistas. Su diferencia con los countries es la reducción de los espacios sociales, comunitarios y deportivos, en favor de una mayor dimensión de los lotes (de media a una hectárea). La conformación de conjuntos de barrios privados dio origen al surgimiento de equipamiento complementario a la oferta de cada zona. (Morano, Tella y Torres 1997).

La variable de máxima de este proceso la constituyen los clubes de chacra, un conjunto de residencias individuales, cercadas, custodiadas y enlazadas por rápidas autopistas. Están destinados a una ocupación tanto permanente como transitoria y localizados sobre las últimas coronas de la aglomeración. Las grandes dimensiones de los lotes (de 1 a 5 hectáreas) permiten recrear la vida de campo, los valores ecológicos, el contacto activo con la naturaleza así como prácticas de tipo rural.

Por último, en el otro extremo de las nuevas tendencias residenciales, surgen las torres jardín como la expresión más urbana, y simbolizan la “llegada” del country club al barrio. Se trata de edificios de departamentos, destinados a residencia permanente, localizados sobre áreas residenciales densamente consolidadas y servidas. Son torres de gran de altura, de perímetro libre, con volúmenes muy elaborados, cuyo predio ocupa generalmente la totalidad de la manzana (una hectárea) e incluyen un departamento por planta, de grandes dimensiones (más de 200 metros cuadrados), capaz de competir con la residencia individual. Tienen un cerco de protección con custodia permanente y plantas bajas provistas de servicios e infraestructura de uso exclusivo.5

Como contrapartida, tanto en las cuencas inundables de los ríos y arroyos, así como en zonas centrales, surgen a modo de enclaves, desarrollos fuera del mercado, las “villas miseria”. Por otra parte, los estratos socioeconómicos que quedan fuera de este proceso, que representan a la mayor parte de la población (que carece de recursos para progresar en sus condiciones económicas), se ven forzados a mantener sus habituales niveles de hacinamiento, de polución y de congestión. Aparecen zonas en la ciudad que se estancan o que manifiestan signos de deterioro creciente, hecho que es presentado como síntoma de un “desarrollo desigual del espacio urbano”.

 

 

Modalidades de apropiación reciente

 

Los cambios de tendencia que se presentan en Buenos Aires a partir de la década de 1980 tienen aspectos comunes con los observados en otras ciudades de su talla. Sin embargo, las características propias de su evolución socioespacial hacen que su impacto sea diferente. Al igual que otras metrópolis, experimenta un importante proceso de suburbanización a partir del ´40 y a lo largo de dos décadas, pero protagonizado por trabajadores urbanos que consolidaron los “barrios de loteo económico” de la segunda corona de la aglomeración, gracias a cambios en la gestión del transporte público, con tarifas fuertemente subsidiadas.

Los procesos de globalización que afectan hoy a esta metrópolis han agudizado los cortes existentes en el interior del amplio abanico de sus clases medias. Pero a diferencia de otras metrópolis iberoamericanas, sólo muy recientemente tienen lugar, por una parte, los procesos residenciales que establecen enclaves de alto nivel en la extrema periferia, acompañados por la expansión también periférica del terciario y, por otra, procesos de deterioro central conducentes a la formación de guetos. Como respuesta, surge el concepto de “urbanización cerrada” para conciliar: tierra barata (que aprovecha terrenos de grandes dimensiones), accesibilidad (debido a su proximidad a las autopistas), valores paisajísticos (mediante una evocación a la naturaleza) y seguridad (a través del recurso de la muralla y de la vigilancia privada).

Buenos Aires se ha caracterizado históricamente por su fuerte estructura monocéntrica, de manera que su “downtown” tuvo una supremacía irrefutable respecto del segundo nivel de centros de la aglomeración. Asimismo, los asentamientos residenciales surgieron y se consolidaron a través del tiempo en estrecha articulación con el trazado ferroviario. Si bien a la variable económica debe asignársele la responsabilidad principal en cuanto a las lógicas urbanas en el desarrollo de la ciudad, han existido procesos y resistencias propias que le otorgaron una característica diferencial a la espacialización local de las agudas políticas globalizadoras planetarias. Puede concluirse que en la última década Buenos Aires en términos urbanos fue objeto de fuertes procesos de reconversión económica e hiperurbanización acelerada, que produjeron de manera simultánea una expansión y recualificación socioterritorial. Del conjunto de efectos visibles, es preciso subrayar a dos como los de mayor predominancia:

(a) generación de nuevas centralidades periféricas que impactaron contra los bordes de la ciudad construida y que se materializaron a partir de: 1) una descentralización comercial, principalmente sobre los vacios intersticiales de la segunda corona y posibilitado por el gran repliegue industrial, y 2) una desconcentración residencial, situada sobre la extrema periferia e impulsada por el el desarrollo de los “highways” (que encubre impensables proyecciones a futuro); y

(b) necesidad de recentralizar centralidades existentes, para permitir la expansión de actividades administrativas y financieras a partir de una creciente aportación de capitales transnacionales que “modernizaron” la imagen del antiguo centro con arquitecturas emblemáticas de fuerte impacto visual y económico (cuyo puntapié inicial fue dado por la reconversión de Puerto Madero).

Ambos procesos se llevaron a cabo de forma espontánea, por iniciativa privada, sin responder a ningún tipo de estrategia regional y en el marco de un laissez-faire territorial absoluto. El primero, sobre la extrema periferia en colisión con los bordes urbanos consolidados como suburbanización popular, el segundo, llenado los vacíos intersticiales dejados por el anterior avance de la ciudad entre los ejes de expansión de la urbanización. Su dosificación dio por resultado una nueva fisonomía urbana caracterizada por: (a) la dispersión periférica, (b) la difusión de subcentralidades, (c) la fragmentación territorial y (d) la discontinuidad de tejidos. De manera que, como síntesis, finanzas en el centro, comercio en los intersticios y residencia en la periferia fueron los principales factores de motorización de sus transformaciones socioterritoriales recientes.

Debe subrayarse, también, que se trata de situaciones inéditas que afectan hoy a esta metrópolis semiperiférica como resultado de un proceso brusco y acelerado de modernización, en el que se llevan a cabo en forma extrema y tardía actuaciones que en los países centrales se desarrollaron paulatina y morigeradamente a lo largo de varias décadas. En sólo una década, el desvanecimiento industrial, la descentralización comercial junto con desconcentraciones residenciales espontáneas —bajo de la lógica de enclaves de alto nivel—, permitieron “liberar” a las áreas centrales para la llegada del terciario avanzado y, como contrapartida, han comenzado a evidenciar conflictos derivados de la gran dispersión de la urbanización.

Dado que este proceso de transformación socioterritorial no ha superado aún una etapa de gestación, la situación planteada si bien por un lado abre numerosos e importantes interrogantes en relación con la evolución futura de Buenos Aires, por otro manifiesta con claridad la presencia de un fenómeno urbano en expansión con consecuencias trascendentes e irreversibles sobre la estructura metropolitana. En este marco y de manera ineludible, la administración pública deberá comenzar a asumir el papel conductivo que históricamente relegó.

 

 

Referencias

 

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Notas

 

1 Proyecto de Investigación UBACyT (Nro. JA13, programación científica 1998-2000), Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad de Buenos Aires. Tema: “La modernización tardía de una metrópolis semiperiférica. El caso de Buenos Aires y sus transformaciones socioterritoriales recientes”. Director: Arq. Guillermo Tella. Equipo de Investigación: Arq. Fabián de la Fuente, Arq. Patricia Dietrich, Mónica Blanco y María González. Lugar de trabajo: Instituto Superior de Urbanismo (Dir. Arq. Juan Manuel Borthagaray); Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, UBA.

2 La “hipótesis de la ciudad global”, que tan profundo impacto causó en el mundo académico, lleva ya diez años de fructífera discusión. La literatura acumulada durante ese período permite hoy insertar a Buenos Aires dentro del esquema clasificatorio más difundido. Si en los países centrales las ciudades primarias están encabezadas por Nueva York, Londres, París y Tokio, y las secundarias por ciudades como Milán, Madrid, Toronto o Sydney; en los países semiperiféricos las ciudades primarias serían centros como San Pablo o Singapur y las secundarias ciudades como Buenos Aires, Caracas y Seúl. Siguiendo este esquema, entonces, Buenos Aires debería ser considerada como “metrópolis secundaria de un espacio económico semiperiférico”, mientras que una importante cantidad de aglomeraciones urbanas del Tercer Mundo, conformadas por millones de habitantes, quedarían fuera.

3 Los Shopping Centers tienen asignada como unidad de medida, que permite comparar entre sí su tamaño, al Área Bruta Locativa (ABL), y está representada por la superficie propia de los locales y del patio de comidas, quedando excluido: circulaciones, estacionamiento, depósitos y administración. Actualmente, el ABL de toda la región metropolitana de Buenos Aires supera el medio millón de metros cuadrados, distribuidos en más de una veintena de recintos.

4 Los grandes espacios sobre los que se localizan estos complejos son, generalmente, de carácter intersticial; de manera que la empresa propietaria suele hacerse cargo de la apertura de viario en el entorno, su pavimentación, iluminación e infraestructuras, como modo de favorecer su accesibilidad.

5 La llegada de esta nueva tipología residencial a muchos barrios tradicionales consolidados de la ciudad, generalmente de baja densidad habitacional y ocupados por viviendas de clase media, que contaban con equipamiento comunitario básico, ha provocado un importante impacto de tipo urbano, ambiental y social, que se ha manifestado principalmente en cambios en la vida cotidiana, en las relaciones entre el vecindario, en los modos de aprovisionamiento, en la utilización del espacio público y el tiempo libre, en la morfología urbana. Esto se vio agravado porque no se previó ningún tipo de compensación o mitigación de los perjuicios generados por estos emprendimientos.


Ponencia presentada al Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.