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Asunto:[encuentrohumboldt] 68/04 - POLÍTICA EXTERIOR, CRECIMIENTO ECONÓMICO Y CAMBIO TECNOLÓGICO
Fecha:Miercoles, 17 de Marzo, 2004  00:58:05 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 

POLÍTICA EXTERIOR, CRECIMIENTO ECONÓMICO Y CAMBIO TECNOLÓGICO

El caso de la Argentina durante los ’90

 

Erica Eva LANZINI

Universidad Nacional del Centro

 

 

En el presente trabajo se aborda el análisis de la política exterior desarrollada en la Argentina durante los gobiernos del Dr. Carlos Menem (1989-1999).

Teniendo en cuenta los elementos constitutivos de la política exterior se presenta un análisis particular de aquellas variables internas que modelaron la conducta externa del país, enfatizándose la dimensión económica de las mismas.

Partiendo de considerar que, durante los gobiernos del Dr. Menem, se definió el interés nacional argentino en términos esencialmente económicos –orientación que han hecho explícita los formuladores de políticas durante el período- aquí se plantea que el tipo de inserción internacional buscado no fue sino el complemento del programa de reestructuración económica neoliberal puesto en marcha a principios de los noventa. De acuerdo con lo expresado por el Ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Guido Di Tella, “la política exterior (era) una condición necesaria para los objetivos de las políticas económicas”.

En este contexto se analiza cuál ha sido la importancia otorgada al cambio tecnológico, como elemento fundamental del crecimiento económico, en la articulación de la política exterior argentina que encuentra en sus fundamentos el énfasis acordado a la diplomacia económica, la búsqueda permanente de formas de ampliar el tamaño del mercado nacional y de atraer al país capitales, tecnologías de avanzada y recursos humanos calificados.

 

 

 

Una política exterior

 

Para iniciar este análisis es conveniente diferenciar la política exterior de un país de sus relaciones internacionales. Mientras que «relaciones internacionales» se refiere al patrón o regularidades en el conjunto de las relaciones existentes en las distintas dimensiones que conectan las partes que componen el sistema internacional, por «política exterior» se puede entender el conjunto de decisiones y acciones tomadas por demandas y determinantes internas y externas con el objetivo de cambiar o preservar las condiciones del contexto internacional[1].

Por otra parte conviene tratar de dar una definición, más o menos precisa, de lo que se entiende por política exterior.

Se plantea aquí el primer problema analítico dada la dificultad que los estudiosos han encontrado al tratar de precisar dicho concepto. Empero, existe cierta homogeneidad en conceptualizar la política exterior como el resultante de la interacción de: un conjunto de variables internas, un conjunto de variables externas, y un conjunto de variables de política exterior p.p.d., que surge de la combinación de las dos primeras; y que en su totalidad moldean la conducta externa de un país determinado en un momento dado.

Según lo expuesto por Alberto van Klaveren[2], los comportamientos de política exterior se ven afectados por factores externos e internos. Estos factores, lejos de estar en competencia, se complementan. En términos generales, el medio externo de cada Estado comprende el sistema global compuesto por todo el resto de los Estados, tanto de manera individual como en una variedad de combinaciones, y por actores no estatales. El medio interno de la política exterior, en tanto, se compone de tres elementos básicos: el sistema político, las políticas económicas de los países y las estrategias de desarrollo, a los que se suman los factores históricos, culturales y sociales.

Juan Carlos Puig[3], en la misma línea interpretativa, afirma que la política exterior no se desenvuelve en el vacío. Por una parte tiene un ámbito de referencia obligado, el régimen internacional; y por la otra, enfoca el contexto interno, el potencial nacional –en sentido amplio- y las demandas y expectativas de sus elites y poblaciones.

El énfasis otorgado a un conjunto de variables en particular ha determinado diferentes modos de explicación de la política exterior. Básicamente, han prevalecido tres enfoques: el clásico, el político-social y el interactivo[4]. En el modelo clásico la política exterior resulta de las preferencias de los estados y los incentivos y restricciones presentes en el ámbito exterior, esto es, se considera al Estado como unidad indivisible de decisión, que busca maximizar sus intereses en un contexto restringido por la acción de otros estados, o por la interacción de los mismos[5]. En el político-social, como antítesis al enfoque clásico, la política exterior está endógenamente determinada, y resulta de la dinámica de alianzas y conflictos entre los diversos actores gubernamentales y sociales, considerándose al contexto externo como fijo[6]. Por último, el enfoque interactivo enfatiza las interconexiones de la política internacional con la política interna.

Es importante destacar que, en América Latina en general, y en Argentina en particular, ha prevalecido la tendencia a analizar la política exterior a partir de variables externas[7], considerándola como producto de reacciones ante el impacto de los procesos  políticos y económicos internacionales –particularmente, aquellos que derivan de la acción de los actores más relevantes en el escenario internacional, USA, UE, Japón.

Tal justificación no sólo ha sido utilizada por los estudiosos de la política exterior sino que además ha servido de argumento para quienes toman las decisiones en materia de política exterior, los “policy makers”, a la hora de determinar el rumbo de la acción externa de nuestros países.

En el presente análisis se partirá de considerar que las variables internas han sido determinantes en la articulación de la política exterior argentina de la “década menemista”. Esto no presupone, sin embargo, el modelo de explicación político-social dado que se tendrá en cuenta el impacto de la transformación del sistema global en la formulación e implementación de la política exterior argentina en el período considerado.

Para facilitar dicho análisis se considerará la división analítica propuesta por Roberto Russell[8], quien define la política exterior como el área de acción política gubernamental (esto es, como una política pública) que abarca tres dimensiones analíticamente separables: la diplomático-política, la militar-estratégica y la económica, y que se proyecta al ámbito externo frente a una amplia gama de actores e instituciones gubernamentales y no gubernamentales, tanto en el plano bilateral como en el multilateral.

Puntualmente, este trabajo estará centrado en la dimensión económica de la política exterior argentina entre 1989-1999.

¿A qué se debe esta elección? Esencialmente a que se considera que la política exterior desarrollada durante las administraciones del Dr. Menem es una política exterior de corte básicamente economicista, lo cual no sólo puede probarse a través de analizar las principales directrices de la misma y su evolución durante los diez años de gestión, sino que es determinado por los mismos ejecutores de tales líneas políticas, quienes han hecho explícita esta orientación.

Por dar dos ejemplos notorios al respecto, vale tener en cuenta el hecho de que el primer Ministro de Relaciones Exteriores durante la administración de Menem fue un economista, Domingo Cavallo, quien como una de sus primeras medidas reformó el ministerio estableciendo un área particular para el manejo de las cuestiones vinculadas al comercio exterior, y quien luego de dejar esta cartera sería el partícipe central de las reformas económicas implementadas en el país.  En segundo lugar, quien asumiera el ministerio de Relaciones Exteriores cuando Cavallo pasó a Economía, Guido Di Tella, explicitó que “la política exterior es una condición necesaria para los objetivos de las políticas económicas”[9].

En una primera etapa se detallaran los elementos más destacados del escenario internacional de los noventa, enfatizándose aquellos que mayor impacto tuvieron sobre los formuladores de la política exterior argentina[10].

Posteriormente se analizará la política exterior de la Argenina durante los años 1989-1999, haciéndose una referencia (obligada) a las principales medidas que en materia económica se adoptaron en este período.

 

La política exterior del menemismo

 

El escenario internacional.

A fines de los ochenta el sistema internacional se encontraba en un punto de inflexión, ante un momento de reestructuración, caracterizado por la declinación económica de los Estados Unidos; la creciente integración del espacio económico internacional y la paradójica “triadización” del mismo; la fragmentación de la Unión Soviética; el desmembramiento del Pacto de Varsovia; la unificación de Europa; la reunificación de Alemania y su consolidación como gran potencia económica integradora del espacio europeo; el rápido ascenso industrial, tecnológico y financiero del Japón; el afianzamiento de la paz en diversas latitudes y el estallido de conflictos que se creían superados; la vertiginosa carrera del progreso tecnológico; y el deterioro del Estado de bienestar.

Rápidamente comenzó a saludarse el advenimiento del “Nuevo Orden Mundial” que se delineaba sobre el trasfondo del acelerado proceso denominado de “globalización” inducido por las nuevas formas de organización de la producción, el notable avance en el desarrollo científico-técnico, la progresiva liberalización e interrelación de los mercados financieros y la reformulación de la división del trabajo.

Políticamente, la tendencia globalizadora ha tenido como correlato una creciente pérdida de poder y autonomía de decisión de los Estados nacionales, condicionados, por un lado, por los alicientes o restricciones que le imponen la extrema concentración del poder económico en manos de las empresas y del capital financiero multinacionales, y el protagonismo cada vez mayor de los organismos multilaterales tanto regionales como mundiales y, por otro, por la fragmentación de las soberanías nacionales a impulso de acentuados particularismos étnicos o culturales.

En este contexto, diversos países de menor desarrollo se han transformado en participantes activos del “juego de dos niveles”, proceso en el cual los estados deben enfrentarse a un tiempo con los intereses de importantes actores internos (empresarios, legisladores, sindicatos, opinión pública) y las presiones externas (gobiernos de otros estados, empresas multinacionales, organizaciones y regímenes internacionales)[11].

Las tendencias de la economía mundial evidenciaron una serie de dilemas sobre la inserción internacional de los países en desarrollo, en general, y de América Latina, en particular. Obligadas a aceptar reglas de acceso selectivo a los mercados de los países industrializados, las economías latinoamericanas no obtienen reciprocidad por sus políticas de liberalización unilateral. El proceso de globalización, caracterizado por una mayor incidencia de los factores internacionales sobre los nacionales y por una aceleración del intercambio tecnológico entre los países industrializados, estimuló estrategias de crecimiento orientados hacia el exterior[12].

Estos diversos factores en el plano internacional, que alteraron la política y la economía mundial, explicarían la tendencia del gobierno argentino a profundizar las reformas neoliberales y a apoyarse estrechamente en las potencias occidentales[13].

 

El contexto interno.

En el comienzo del gobierno de Carlos Saúl Menem el centro de la escena política argentina estaba ocupado por las demandas económicas y sociales. Las situaciones de hiperinflación de 1989 no hicieron más que fortalecer estas demandas generalizadas. Las amenazas más serias a la democracia se centraron en los problemas económicos y sociales no resueltos[14].

La implementación de un programa de reestructuración económica radical al asumir el gobierno en el año 1989 –la llamada «Reforma del Estado»- tenía un objetivo central: marginar la hiperinflación. Siguiendo el modelo de otros países que habían atravesado crisis inflacionarias similares, la economía argentina se sumergió paulatinamente en la dolarización, buscándose al dólar estadounidense como el ancla antiinflacionaria y como el referente casi único de las operaciones económicas. La dolarización fue estructurada a partir de la convertibilidad total de la moneda y se sustentó sobre amplias aperturas comerciales y financieras y  en la refinanciación de la deuda externa[15].

El objetivo prioritario de estas reformas estructurales fue instaurar un “clima de inversión” que viabilizara un proceso de crecimiento sostenido, básicamente, a través de tres instrumentos. A saber, la liberalización y la desregulación de los mercados; la integración de la economía con el resto del mundo; y, la reforma del sector público, con énfasis en el programa de privatizaciones de empresas públicas[16].

Como el éxito de la reforma estaba íntimamente ligado a la reversión de la dirección de los flujos observada en la década anterior, las autoridades adoptaron medidas orientadas a atraer inversión extranjera directa, generar una mayor corriente de financiamiento externo, promover la repatriación de capitales y desarrollar el mercado de capitales doméstico, al tiempo que se buscó incrementar “las importaciones de bienes de capital que incorporan los últimos adelantos tecnológicos en la maquinaria y equipo respectivo”[17].

En este marco, el gobierno de Menem adoptó una conducta externa que ha aproximado a la Argentina al tipo ideal que Rosencrance denomina «Trading State o Estado-comerciante». Esto es, definió el interés nacional argentino en términos esencialmente económicos.

Aún cuando estas políticas permitieron que la Argentina atravesara una fase de expansión económica en términos cuantitativos, básicamente durante la primera mitad de los noventa, en el último quinquenio esta expansión ha sufrido una regresión en términos cualitativos que se tradujeron, por un lado, en un constante deterioro de los niveles de bienestar de la sociedad en general, y por el otro, en la emergencia de un número muy acotado de grandes conglomerados empresarios con un rol preeminente en la profundización del proceso de concentración y centralización del poder.

En relación a la conducta externa del país, esto ha tenido dos consecuencias claves. En primer lugar, ha mantenido a la mayor parte de la población demasiado preocupada por la situación interna del país. Esto es, en principio la grave crisis socioeconómica con que se inició el gobierno menemista perfiló a la sociedad hacia la búsqueda de la estabilidad interior –tanto económica como político-social-, y a partir de la segunda administración de este gobierno, la emergencia de las deficiencias propias del modelo de crecimiento puesto en práctica generaron, al tiempo que se mantenía la estabilidad económica, cada vez mayores tensiones sociales que aglutinaron las demandas de la población.

En segundo lugar, la concentración del poder en un reducido grupo económico resultante de la implementación del programa de ajuste estructural, lo convirtió, desde el inicio del gobierno menemista, pero más fuertemente desde 1995, en un actor con una incidencia clave en la orientación externa del país.

Por otra parte, los lineamientos de política exterior vinculados a aspectos científicos –tecnológicos sufrieron profundas transformaciones, principalmente en lo que se refiere al proyecto de desarrollo nuclear y la desactivación de los planes de construcción de armas de destrucción masiva, como el misil Cóndor. Estos procesos  constituían parte de una estrategia de alcanzar una mayor credibilidad para las potencias occidentales.

 

La política exterior menemista.

Sustentado ideológicamente en el paradigma del «Realismo Periférico»[18] –que intentó justificar la política exterior del gobierno menemista como la única alternativa posible dada la situación de periferalidad del país- las administraciones menemistas pusieron en práctica un modelo de política exterior pragmático, acorde a los intereses económicos de su programa de gobierno.

Según este modelo teórico, la derrota del sistema soviético y la espectacular preeminencia norteamericana dejaban a Argentina con una sola opción: se debían abandonar las posturas principistas y los gestos retóricos, se debía deshechar la mezcla de aislacionismo e intervención estatal, e intentar profundizar el curso neoliberal estableciendo simultáneamente una relación preferencial con Estados Unidos, primordial para obtener el anhelado ingreso al “Primer Mundo”[19].

El gobierno de Menem consideró que el país necesitaba encontrar y desarrollar en forma pragmática nuevas relaciones preferentes para asegurarse una reinserción exitosa del país en el escenario internacional.

Este tipo de inserción internacional buscado no era sino el complemento del programa de reestructuración económica neoliberal –o neoconservador- que partía de un diagnóstico según el cual los problemas argentinos eran de naturaleza esencialmente económico. “En nuestra política exterior”, aclaró Di Tella, “no hablamos de grandes principios, de grandes glorias, sino de cosas prácticas: de cuánto nos prestan, a qué tasa de interés y estamos apoyando gestiones como las del Plan Brady”[20].

Se privilegiaron entonces, determinadas líneas de acción.

En primer lugar, se abandonaron las posturas doctrinarias que habían llevado al país al aislamiento y a la confrontación con los países occidentales industrializados. El objetivo buscado era lograr el reconocimiento como un aliado fiable como parte de una estrategia de profundización internacional del país en Occidente[21].

Para concretar el programa de reestructuración económica nacional, el gobierno necesitó concretar una meta de corto plazo: conquistar la credibilidad necesaria para profundizar las reformas y caminar rumbo a un nuevo perfil del país. Obtener esta credibilidad internacional implicaba afianzar relaciones armoniosas con los principales centros de poder de la escena internacional, particularmente con los Estados Unidos.

Desde la perspectiva de los formuladores y decisores de políticas de la administración Menem, las políticas debían orientarse en función de lograr la integración en las nuevas normas internacionales resultantes del nuevo orden de poder mundial[22].

Durante la gestión del Dr. Cavallo como canciller se asumió como prioridad casi excluyente la promoción del alineamiento con el país del Norte. Se decidió incrementar las demostraciones de apoyo y solidaridad sobrepasando sus propias expectativas, y eliminar todos aquellos temas que pudieran afectar las relaciones bilaterales. Entre las medidas más representativas de esta postura se observó un cambio de perfil de la Argentina en los foros internacionales, se ratificó  el Tratado de No Proliferación, se canceló la construcción del misil Cóndor, se finalizó la participación en No Alineados, se participó en la fuerza multinacional dirigida por EE.UU. en la Guerra del Golfo.

La asunción del canciller Guido Di Tella profundizó la acción de la política exterior como complemento al programa de reestructuración económica neoliberal. Di Tella fue mucho más contundente que su antecesor al definir los objetivos de la política exterior. Al asumir el cargo sostuvo que “la Argentina no está por amor con Occidente sino por pragmatismo”, a lo que más tarde agregaría: “Hemos continuado la política emprendida en 1989. Le hemos dado un pragmatismo crudo, diría que crudísimo. No queremos la gloria internacional; queremos los beneficios para la nación derivados de las relaciones exteriores. Las relaciones exteriores están orientadas en función de nuestra percepción de lo que son los intereses nacionales, y decidimos los intereses nacionales básicamente en términos de intereses económicos”[23]. Durante su gestión se tomaron medidas tendientes a eliminar los puntos aún conflictivos con los Estados Unidos relacionados con el misil Cóndor, la proliferación nuclear, la eliminación de las trabas a las empresas extranjeras, el reconocimiento de las patentes medicinales norteamericanas, la participación argentina en  la lucha contra el narcotráfico, y participación en misiones de paz bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

Con respecto a Occidente, el primer aspecto que fue tratado por la administración Menem fue el de las relaciones con Gran Bretaña, por las cuestión de Malvinas[24]. Según esta administración, debía superarse el antagonismo con este país si se pretendían eliminar los obstáculos para la vinculación con Europa y para conseguir una mayor confianza de los Estados Unidos. De acuerdo con estos postulados, entre agosto y octubre de 1989, una serie de reuniones dieron como resultado el restablecimiento de relaciones consulares, el levantamiento de sanciones económicas mutuas y el establecimiento de comunicaciones aéreas y marítimas. Sin embargo, el tema de la soberanía sobre las islas fue relegado.

En relación a la Unión Europea en su conjunto, el gobierno argentino recibió el respaldo de los distintos órganos de la integración europea. Durante 1990 se firmó un acuerdo Marco de Cooperación Comercial y Económica con la CEE, y posteriormente se llegó a acuerdos unilaterales con algunos países miembros de la misma. Argentina concentró sus esfuerzos en la atracción de capitales, y la diplomacia argentina trabajó activamente en relación a los vínculos bilaterales con los Estados miembros de la CEE. Entre los acuerdos comunitarios con la Argentina más notorios se hallan los vinculados a la cooperación científica y tecnológica[25].

Con respecto a la región del Asia Pacífico se avanzó en materia de relaciones diplomáticas y empresariales.

En segundo término, se buscó profundizar el proceso de integración con Brasil como plataforma de construcción del Mercosur, y se realizaron permanentes intentos de ampliación del mismo.

Con respecto a la conformación del Mercosur, durante los primeros años de gestión de Menem, se evidenció un redireccionamiento del proceso de integración delineado durante los años de acercamiento al Brasil -a través del Programa de Integración y Cooperación Económica entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil (PICAB)- hacia formas más comercialistas[26].

Los resultados fueron, económicamente, sorprendentes. De hecho, el comercio intrarregional creció a un ritmo imprevisto. Sin embargo, la pretendida integración en sentido amplio dista mucho de alcanzarse, básicamente como consecuencia de las divergentes estrategias de desarrollo en los países eje del bloque –Argentina y Brasil.

Marcelo Garriga[27], afirma que la liberalización regional de la Argentina debe ser entendida como un eficaz complemento de la apertura unilateral puesto en marcha desde fines de la década del ’80. Por otro lado, los compromisos asumidos a nivel regional hacen más creíbles las reformas realizadas por la economía nacional.

Por último, se fomentó una estrategia que hizo del comercio, de los negocios, de las inversiones, de los préstamos, uno de los centros fundamentales de la política exterior argentina.

 

 

Conclusiones

 

La política exterior respondió durante las administraciones del Dr. Menem a la necesidad de concretar el modelo económico puesto en marcha desde su misma asunción en 1989. Se constituyó así en un instrumento de la política económica, que quedó subsumida al logro de los fines establecidos en materia de reestructuración productiva, guiada por la lógica neoliberal.

Los comportamientos de las economías industrializadas y de los mercados financieros mundiales fueron determinantes en la formación de las estabilidades de los años noventa –puntualmente, puede afirmarse que las dolarizaciones fueron operativas en las economías altamente endeudadas porque recibieron continuos flujos de monedas externas.

Sin embargo, la definición de los objetivos de la política exterior se vinculan claramente a las demandas socioeconómicas internas que, en una primera etapa, derivaron de las manifestaciones que tuvieron lugar durante los tiempos previos a la asunción del Dr. Menem –y que llevaron a que el Dr. Alfonsín debiera abandonar su cargo antes de cumplir su período de gobierno- y que se centraron, básicamente, en el fenómeno hiperinflacionario y sus consecuencias; y, en una segunda etapa, estuvieron determinadas por las preferencias e intereses de los sectores que habían logrado concentrar un fuerte poder gracias al programa radical de ajuste estructural implementado por el gobierno menemista.

En este sentido, la lógica de la «globalización» y la ortodoxia neoconservadora determinaron el rumbo, no sólo de las políticas económicas argentinas de fines de siglo, sino que orientaron la conducta externa del país.    

Los intereses perseguidos por la política exterior giraron en torno al fomento del comercio y la atracción de capitales e inversiones extranjeras, como condición imprescindible para apoyar, preservar y asegurar el marco externo del programa de reestructuración económica nacional.

Respecto del cambio tecnológico, es evidente que hubo un reconocimiento de las profundas transformaciones en esta área en el ámbito internacional y de las demandas domésticas de adecuarse a estos cambios que condujeron a la puesta en marcha de serias reformas en las instituciones científicas y tecnológicas y a una reformulación de las respectivas políticas. Sin embargo estos cambios significaron, de hecho, el abandono de un modelo propio de desarrollo.

Haciendo una mirada retrospectiva, puede decirse que la política exterior decidida por el gobierno menemista tuvo éxito en función de los objetivos definidos. De hecho, se logró aumentar la credibilidad internacional a partir del seguimiento de los lineamientos occidentales. Hubo un aumento de la inversión extranjera y una notable afluencia de capitales internacionales. Se logró el reconocimiento de las potencias occidentales como país confiable en términos políticos y estratégicos.

Sin embargo, este éxito aparente no logró sino reforzar la dependencia externa del país aumentando su vulnerabilidad a las fluctuaciones del contexto mundial, al tiempo que, por haber formado parte del programa económico, profundizó la fragmentación social interna, fracturando a la población entre un pequeño grupo poderoso y una masa importante de población desposeída.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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·       Lasagna, Marcelo: “Las determinantes internas de la política exterior: un tema descuidado en la teoría de la política exterior”, en Estudios Internacionales, Año XXVIII, Julio-Septiembre 1995, Nº 11.

·       Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Subsecretaría de Cooperación Internacional: Cooperación al Desarrollo Técnica y Científico – Tecnológica. Diez años de gestión, Junio de 1999

·       Perina, R. y Russell, R., eds.: Argentina en el mundo (1973-1987), Grupo Editor Latinoamericano/GEL, 1988, Bs.As.

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·       Soares de Lima, María Regina: “Ejes analíticos y conflicto de paradigmas en la política exterior brasileña”, en América Latina / Internacional, Vol. 1, Nº 2, Otoño-Invierno 1994, FLACSO, Argentina. 

·       van Klaveren, Alberto: “Elementos para el análisis de la política exterior”, en Estudios Internacionales, Santiago, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Año XX, Abril-Junio 1987, Nº78, pp.125-157.

·       van Klaveren, Alberto: “Entendiendo las políticas exteriores latinoamericanas: modelo para armar”, en Estudios Internacionales, Año XXV, Abril-Junio 1992, Nº98, pp. 169-216.

·       Vitelli, G.: Los dos siglos de la Argentina. Historia Económica Comparada, Edit. Prendergast, 1999, Bs.As.pp.673-691.

 


[1] Perina, R. y Russell, R., eds.: Argentina en el mundo (1973-1987), Grupo Editor Latinoamericano/GEL, 1988, Bs.As.

[2] Van Klaveren, Alberto: “Elementos para el análisis de la política exterior”, en Estudios Internacionales, Santiago, Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Año XX, Abril-Junio 1987, Nº78, pp.125-157.

[3] Puig, Juan Carlos: América Latina: Políticas exteriores comparadas, Grupo Editor Latinoamericano/GEL, 1984, Bs.As., Tomo I, Introducción.

[4] Soares de Lima, María Regina: “Ejes analíticos y conflicto de paradigmas en la política exterior brasileña”, en América Latina / Internacional, Vol. 1, Nº 2, Otoño-Invierno 1994, FLACSO, Argentina. 

[5] Este modelo explicativo es tributario de un enfoque realista, e incluye a autores como Morgenthau, Waltz y Krasner, a pesar de las diferencias entre sus respectivos enfoques.

[6] Una explicación profunda al respecto es posible encontrarse en el modelo de política burocrática de Allison, Graham T.: La esencia de la desición, Grupo Editor Latinoamericano/GEL, 1990, Buenos Aires.

[7] Al respecto ver,  van Klaveren, Alberto: “Entendiendo las políticas exteriores latinoamericanas: modelo para armar”, en Estudios Internacionales, Año XXV, Abril-Junio 1992, Nº98, pp. 169-216.

[8] Russell, R., ed.: Política Exterior y Toma de Decisiones en América Latina, Programa RIAL/GEL, 1990, Bs.As.

[9] Di Tella, Guido: “Política exterior argentina: actualidad y perspectivas”, en Jalabe, S. (comp.): La política exterior argentina y sus protagonistas. 1880-1995., CARI, GEL, 1996, Bs.As.

[10] Resulta importante señalar que la política exterior, como toda política pública, es un proceso continuo de decisiones. En este sentido, quienes formulan e implementan dicha política encuentran sus decisiones condicionadas por las demandas internas y  los  problemas o inputs que reciben del exterior. Al respecto ver Lasagna, Marcelo: “Las determinantes internas de la política exterior: un tema descuidado en la teoría de la política exterior”, en Estudios Internacionales, Año XXVIII, Julio-Septiembre 1995, Nº 11.

[11] Ver R. Puntman: “Two Lwvwl Games: The Impact of Domestic Politics on Trasatlantic Bargaining”, citado por Hirst, Mónica” “Las relaciones internacionales de América Latina a mediados de los ’90: nuevos desafíos y viejos dilemas”, en América Latina / Internacional, Vol. 1, Nº 2, Otoño-Invierno 1994.

[12] Hirst, Mónica: op. cit.

[13] Colombo, Sandra: La política exterior del primer gobierno de Menem (1989-1995). Condicionantes externos e internos, Tesis de Maestría, U.N.C.P.B.A., 1998, Tandil, Argentina.

[14] Es importante señalar que, el principal sector que históricamente había jaqueado a la democracia, las Fuerzas Armadas, durante los noventa han sido transformadas –sino desarticuladas- de manera que no constituyen una amenaza seria a la misma y, contrariamente, se han mostrado a favor de mantener la estabilidad democrática.

[15]Una clara explicación de los factores económicos internos y externos que se conjugaron para lograr la «estabilidad» de los años noventa se encuentra en Vitelli, G.: Los dos siglos de la Argentina. Historia Económica Comparada, Edit. Prendergast, 1999, Bs.As.pp.673-691.

[16] Fanelli, José M. y Damill, Mario: Los capitales extranjeros en las economías latinoamericanas: Argentina, Documento CEDES/84,1993, BID.

[17] Gabinete Científico Tecnológico: Proyecto de Plan Nacional Plurianual de Ciencia y Tecnología. 1998-2000, 1997, Poder Ejecutivo Nacional, Argentina.

[18] Escudé, Carlos: Realismo Periférico. Fundamentos para la nueva política exterior argentina, Editorial Planeta, 1992, Bueno Aires.

[19] Colombo, Sandra: op. cit.

[20] Di Tella, G.: op. cit.

[21] Colombo, Sandra: op. cit.

[22] Bernal Meza, Raúl: “Las percepciones de la actual política exterior argentina sobre la política exterior del Brasil y sobre las relaciones Estados Unidos-Brasil (síntesis)”, en Revista Brasileira de Política Internacional, Instituto Brasileiro de Relaçôes Internacionais, Año 42, Nº 2, 1999, Brasilia.

[23] Di Tella, G.: op. cit.

[24] Cavallo, Domingo F.: “La inserción de la Argentina en el Primer Mundo. 1989-1991”, en Jalabe, S. (comp)., op.cit.

[25] Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, Subsecretaría de Cooperación Internacional: Cooperación al Desarrollo Técnica y Científico – Tecnológica. Diez años de gestión, Junio de 1999

[26] Araya, José M.: Perspectivas y tendencias de la Revolución Científico-Tecnológica Mundial. Implicancias para Argentina y el Mercosur, Tesis de Maestría, U.N.C.P.B.A., 1999, Tandil, Argentina.

[27] Director del Centro de Economía Internacional de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, en Rapoport, M.: Argentina y Brasil en el MERCOSUR. Políticas comunes y alianzas regionales, GEL, 1995, Bs. As.


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.