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Asunto:[encuentrohumboldt] 60/04 - RELACIONES ARGENTINA - BRASIL: DEL CONFLICTO A LA COOPERACION NUCLEAR
Fecha:Viernes, 12 de Marzo, 2004  00:20:05 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 
 

RELACIONES ARGENTINA - BRASIL: DEL CONFLICTO A LA COOPERACION NUCLEAR

 

 

Mónica G. Romegialli

Universidad Nacional del Centro

 

 

ABSTRACT

 

La Argentina y Brasil, después de largos años de autonomía, de rivalidad y de desconfianza en el desarrollo de sus programas nucleares, pasaron a construir un comprensivo, amplio y efectivo mecanismo de control y de fiscalización de los mismos, a tal punto de constituirse en modelo regional para el régimen de no-proliferación.

Este es un proceso que se inicia durante las presidencias Alfonsín-Sarney y que se prolonga y profundiza hasta la actualidad. Los sucesivos acuerdos evidencian la intención de los principales líderes de la región de avanzar en la consolidación de mecanismos de confianza mutua.

De esta forma la cooperación es elevada a un nivel de mayor y más clara transparencia, creando condiciones más eficaces y democráticas en el plano de la seguridad global.

Argentina y Brasil, crean un modelo regional de cooperación, de verificación y de seguridad nuclear que puede servir para otras regiones e innovan el propio régimen global de no-proliferación.

 

 

 

Introducción

 

Las naciones en el Sistema Internacional asumen obligaciones y compromisos con el fin de crear confianza pero no siempre aceptan la idea de una supervisión internacional. El cumplimiento de las obligaciones de la No Proliferación está particularmente subordinado a esta complejidad, un Sistema Internacional basado en la igualdad soberana, sin un sistema judicial universalmente aceptado y sin una maquinaria ejecutora contribuyen a dificultar el cumplimiento de tales obligaciones. Ellas incluyen un proceso de múltiples pasos, con medidas preventivas, verificación, evaluaciones técnicas y políticas.

“La universalidad del régimen de No Proliferación Nuclear es la clave para mejorar el cumplimiento y fortalecer los cimientos políticos y legales; un compromiso de los Estados umbral de suscribir el régimen, y un compromiso de los Estados Nucleares con un programa de desarme nuclear son dos pasos indispensables hacia un mejor cumplimiento. Tales pasos también apuntalarían el ya amplio respaldo a la idea de que la No Proliferación Nuclear que cada vez más es parte del derecho internacional habitual”. Elbaradei, M. (1997).

En el ambiente de la post Guerra Fría, se suscitan cambios en la situación internacional, el fin del viejo orden parece haber posibilitado superar el fantasma de la destrucción nuclear generando un clima de mayor cooperación. Los Estados Unidos y la ex Unión Soviética han considerado un número de medidas bilaterales como aquellas que tienen que ver con la limitación de sus armas estratégicas y la eliminación de sus misiles nucleares de alcance medio e intermedio.

Para Estados Unidos la No Proliferación es uno de los pilares de su política exterior y todos sus aliados fueron reclutados para unirse a la campaña; la creación de Zonas Libres de Armas Nucleares es un tema que es en la actualidad un objetivo fundamental de su política exterior.

La zona libre de armas nucleares (ZLAN) es una herramienta de no-proliferación que merece atención internacional. ZLANs formales establecidas por tratados internacionales que incluyen medidas de verificación adecuadas, pueden ayudar a prevenir la diseminación de armas nucleares y ayudar a "retirar" la proliferación cuando ya ha ocurrido. Esos acuerdos pueden reforzar, suplementar y hasta ir significativamente más allá de las obligaciones contenidas en el Tratado de No Proliferación (TNP) [1]. El establecimiento de tales zonas podría ayudar a disipar las tensiones regionales y la inestabilidad.

El motivo detrás de los llamamientos para ZLANs varía de región a región. La motivación común a todas las zonas es la creencia entre los estados adherentes de que estarían más seguros si su región estuviera libre de armas nucleares. La carrera de armas nucleares entre los EEUU y la Unión Soviética sugirió a muchos países el temor de que podían caer víctimas de las consecuencias de la guerra nuclear a pesar de su status de no nucleares. La "crisis de los misiles" en Cuba en octubre de 1962 fue un evento precipitador del desarrollo de ZLANs porque los estados no nucleares en la América Latina se dieron cuenta de lo cerca que había estado el mundo de una guerra nuclear y como la presencia de armas nucleares en su región los había puesto directamente en riesgo. A raíz de esa crisis, estos estados dieron pasos para negociar que se prohibiese las armas nucleares en toda el área.

La iniciativa de América Latina ante la problemática de la proliferación es anterior a la actitud sostenida por las potencias nucleares. Tal es así que el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina -comúnmente llamado Tratado de Tlatelolco- fue celebrado antes que el Tratado de No Proliferación (TNP), impulsado a su vez por las potencias nucleares con el objetivo de establecer un conjunto de disposiciones generales tendientes a contener la proliferación horizontal, mediante el control de la transferencia de tecnologías sensibles.

El Tratado de Tlatelolco fue elaborado en 1967 a iniciativa de un grupo de naciones latinoamericanas, entre ellas Argentina, Brasil y México. El objetivo perseguido por los iniciadores de este tratado era el de establecer una zona desnuclearizada en América Latina, planteando un conjunto de garantías para los países no poseedores de armas nucleares, según las cuales estos no serían amenazados o atacados por los países que sí las poseían. Para efectivizar tal situación, se consideró indispensable elaborar dos protocolos adicionales que firmarían y ratificarían los estados extra-continentales y continentales con alguna responsabilidad sobre territorios situados en la zona de aplicación del mismo.

Actualmente existen ZLANs en la América Latina y en el Pacífico Sur y se han hecho proposiciones para crear similares en otras regiones, incluyendo Africa, el Medio Oriente y el Sur de Asia.

Los dos tratados de ZLANs existentes, Tlatelolco en América Latina y el Tratado de Rarotonga en el Pacífico Sur, expresan el deseo de remover la amenaza de la guerra nuclear de sus respectivas regiones, contribuir a la eliminación global de las armas nucleares a través de medidas regionales y prevenir la proliferación de armas nucleares, ambos acuerdos también se refieren al valor de ZLANs en cimentar confianza y seguridad regional.

 

 

Relaciones conflictivas y competitivas hasta finalizar la década del 70

 

Las relaciones entre Argentina y Brasil fueron competitivas y en ocasiones conflictivas, ello no debía extrañar, se trataba de dos estados regionalmente poderosos, con ambiciones de proyección mundial, que compartían una extensa frontera y con intereses geopolíticos divergentes.

Tras un siglo de conflictos, con motivos diferentes, el siglo XX los encontró como dos competidores equilibrados y capaces de una lucha pareja por lograr el liderazgo en el terreno nuclear.

La desconfianza entre ambos se intensificó a medida que la industria nuclear se iba desenvolviendo con mayor sofisticación, al punto que, la posibilidad de producir un explosivo nuclear, pareció algo real. La rivalidad se concentró en el avance relativo de uno y otro en este campo. Lograr una bomba atómica fue percibido como una posible acción del vecino. La eventualidad de que Brasil o Argentina produjeran el explosivo, sin que el otro hiciera lo mismo en el menor plazo posible, era algo inimaginable.

Las distintas líneas tecnológicas elegidas por Argentina y Brasil para sus programas nucleares explican las diferencias existentes en aquellos años para lograr la concreción de cada uno de sus programas. Argentina con una posición más cómoda que sus contraparte brasilera, tanto desde el punto de vista de su política energética general como de su estado de desarrollo en el campo nuclear en particular. Brasil, en contrapartida enfrentaba un verdadero drenaje de divisas por sus importaciones petroleras y aún no había logrado iniciar su ambicioso plan nuclear

La preponderancia de Argentina estaba justificada por el hecho de que era el único país de la región que operaba una planta de energía nuclear, Atucha I, puesta en funcionamiento en el año 1974, además de contar con una importante infraestructura de apoyo que permitía desarrollar todo su programa de autonomía, sobre la base de la tecnología del uranio natural.

Hacia 1975, el programa nuclear del vecino país presentaba un estado de desarrollo inferior al argentino, limitándose a la experimentación con generadores de prueba y a las primeras etapas de construcción de Angra I (reactor comprado a la Westinghouse de Estados Unidos). Hasta ese año, el programa brasilero dependía totalmente de la cooperación norteamericana, especialmente a partir de su elección tecnológica por el uranio enriquecido-agua liviana.

“Tal decisión, coherente con la intención de alcanzar las tecnologías más desarrolladas, subsanando así las diferencias con el programa argentino, encontró sus primeras dificultades con la reticencia norteamericana para la transferencia de tecnología sensible. También en este caso, se sufrieron las consecuencias de la explosión hindú de 1974 junto al endurecimiento de la política de no proliferación norteamericana a partir de la Administración Carter”. Bocco, H. (1989).

Brasil intensificó las negociaciones con la República Federal Alemana, firmó el “Acuerdo germano-brasilero” en junio de 1975, el cual significó un salto cualitativo en el desarrollo de la tecnología nuclear, además de representar un enfrentamiento de cada país con Estados Unidos y con el modelo de cooperación planteado por éste último. Los convenios germano-brasileros preveían la transferencia de un ciclo nuclear completo, la construcción de ocho centrales nucleares de 1300 Mw cada una y la constitución de la poderosa NUCLEBRAS, a cambio; Brasil proveía de uranio natural.

“Simultáneamente al programa oficial brasilero, siguió en marcha un vasto programa de investigaciones de carácter paralelo, que cobró impulso a medida que la implementación del programa de 1975 se desaceleraba. A partir del anuncio argentino de 1983 respecto al éxito alcanzado en la producción de uranio enriquecido, esta dinámica paralela, ganó particular actividad, abarcando los siguientes objetivos: enriquecimiento de uranio por el método de gas centrifugado, y por el método de rayos láser; reactor nuclear compacto apto para la propulsión de submarinos y reactores de generación rápida. De hecho, estos fines constituían posibilidades de desarrollo nuclear que igualan y complementan los logros del programa argentino y eran pasibles de transformarse en campos de trabajo comunes desde que se alcanzara el dominio de tecnologías sensibles que pudieran complementarse. Resulta de interés hacer notar la coincidencia entre el inicio del programa paralelo y la decisión de avanzar en la cooperación con Argentina.” Bocco, H. (1989).

Más allá de su rivalidad en el terreno nuclear, los dos países fueron, en la misma década, capaces de actuar en cooperación, en especial, cuando sus intereses se vieron amenazados desde el exterior: es conveniente revisar la postura que ellos tuvieron frente al Tratado de Tlatelolco y al TNP. El objetivo perseguido por el Tratado de Tlateloco era el de establecer una zona desnuclearizada en América Latina, planteando un conjunto de garantías para los países no poseedores de armas nucleares, según las cuales éstos no, serían amenazados o atacados por los países que sí las poseían. Para efectivizar tal situación, se consideró indispensable elaborar dos protocolos adicionales que firmarían y ratificarían los Estados extra-continentales y continentales con alguna responsabilidad sobre territorios situados en la zona de aplicación del Tratado”. Bocco, H. (1989). El Tratado fue suscripto por la mayoría de los países de la región, aunque no ratificado por Argentina, y ratificado por Brasil y Chile sin que se acogiesen a las reservas contempladas en el Art. 28, por las cuales no es necesario que todos los países lo ratifiquen para su entrada en vigor.[2]

Argentina y Brasil actuaron mancomunadas en defensa de sus intereses frente al “adversario” común. La posición de las grandes potencias constituyó una de las principales dificultades que encontró el Tratado para tornarse exitoso. Las declaraciones interpretativas respecto al mismo por parte de ellas, pueden considerarse verdaderas reservas prohibidas expresamente por el Tratado estableciendo por otra parte, distinciones a nivel de responsabilidades entre sus miembros, cuestionando el principio de igualdad de los estados-miembros y pretendiendo negociar un acuerdo de salvaguardias asimilable a los principios del TNP.

Estas razones –entre otras- explican el por qué de la actitud de Argentina y Brasil frente al Tratado, que de la posición de participación activa en su elaboración y de la adhesión inicial, ha pasado a la de no ratificación (Argentina) o no ser parte completa del mismo (Brasil y Chile). Tal actitud puede resumirse en la siguiente expresión: (la igualdad de los Estados) sostenidas en diversas declaraciones y fundamentaciones de las delegaciones argentinas ante foros regionales e internacionales que se ocupan de la cuestión de la proliferación nuclear. Bocco, H (1989)

Con respecto al TNP Argentina y Brasil lo cuestionaron por considerarlo como un instrumento por el cual las potencias nucleares establecían un sistema monopólico, posteriormente cartelizado a partir de 1975 con la constitución informal del Club de Londres. El mismo estaba constituido por las potencias nucleares con el objeto de ejercer un severo control sobre la tecnología nuclear en todo el planeta, regulando en forma estricta la producción y la comercialización de bienes y servicios nucleares no solo para posibles fines bélicos sino para concretas y pacíficas aplicaciones comerciales.

 

 

El comienzo de la convergencia entre Argentina y Brasil

 

A mediados de la década del 70 los programas nucleares de Argentina y Brasil mostraban distintos grados de desarrollo y diferencias significativas en materia de opciones tecnológicas así como en el pivote -desarrollo propio o provisión externa- sobre el que se sustentaban los respectivos programas.

El comienzo de la convergencia entre Argentina y Brasil, según FRAGA, R (1999) se inicia en la segunda mitad de la década del 70. Cumplimentado el Acuerdo sobre las represas[3], fue el tema nuclear el que pasó a ocupar un lugar prioritario en el pensamiento estratégico entre los dos países.

Durante la presidencia de Videla en la Argentina y de Figueiredo en Brasil, se inicia tras una serie de negociaciones una política de cooperación. El 17 de mayo de 1980 los Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países firman en Buenos Aires el "Acuerdo de Cooperación entre el gobierno de la República Argentina y el gobierno de la República Federativa del Brasil" para el desarrollo y la aplicación de los usos pacíficos de la Energía Nuclear.

Los considerandos del acuerdo destacaban el deseo permanente de los dos países de ampliar la cooperación entre ambos en términos generales y destacaba el "derecho de todos los países al desarrollo y la utilización de la Energía Nuclear con fines pacíficos y, asimismo, al dominio de la tecnología necesaria para ese fin" y sostenía que "el desarrollo de la Energía Nuclear con fines pacíficos constituye un elemento fundamental para promover el desarrollo económico y social de sus pueblos".[4] La firma de estos instrumentos produjo un notable incremento de las relaciones entre ambos países: se priorizó el efecto político buscado ante la comunidad internacional, sin poner énfasis en la concreción de una cooperación científico-tecnológica efectiva. Se concretaron -y cumplieron- compromisos comerciales balanceados que respondieron a intereses económicos mutuos, pero sin que los mismos constituyesen verdaderos emprendimientos conjuntos.

Sostiene Fraga, R (1999) que dicho Acuerdo quitó al desarrollo nuclear de ambos países el sentido de amenaza o incluso competencia que habían tenido hasta entonces y fue un paso realmente trascendente para generar un clima de confianza entre los mismos.

"Se puede pensar que la eclosión de la guerra de las Malvinas redefine, de forma considerable, el juego de tensiones que todavía existían en las relaciones entre Argentina y Brasil. Se percibe que la intervención de un miembro de la OTAN, en una región distante como el Cono Sur, sirvió como una advertencia a la naturaleza del conflicto norte-sur, posibilitando el apoyo del Brasil a la Argentina vis-a-vis la intervención de Inglaterra, considerada como una amenaza a la seguridad del propio continente sudamericano.

En el contexto de la agenda Interamericana de la década de los 80, los EUA ejecutaron una política unilateral, que tenía como centro los conflictos centro americanos y del Atlántico Sur y la deuda externa latinoamericana. Ese unilateralismo acabó profundizando la percepción de crisis en el sistema de seguridad interamericana, con una respuesta pactada por parte de los países latinoamericanos en relación a Washington. En este ambiente es que se puede vislumbrar todo el proceso de cooperación política, económica, diplomática y nuclear entre Argentina y Brasil. Los dos países perciben la crisis de las relaciones de seguridad interamericana y el aislamiento a que estaban sometidos por esa "unilateralidad norteamericana" en relación a la región.

Después de décadas seguidas de un juego pendular, por parte de las potencias hegemónicas sobre la región (principalmente de Inglaterra y de los EUA), creando un "clima externo" las tensiones y rivalidades entre Argentina y Brasil, la Guerra de las Malvinas hizo quebrar ese juego pendular. Puede decirse que Malvinas posibilitó una especie de "alianza no-escrita" entre Argentina y Brasil en la cuestión de la seguridad regional.

Además de lo que con el embargo económico declarado por la CEE a la Argentina, sus mercaderías pasaron a tener acceso al mercado internacional vía puertos brasileños y así, el comercio bilateral entre los dos países sufrió un impulso relevante. Después de la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Londres, el Brasil pasó a representar los intereses de la Argentina en Inglaterra.

Esa experiencia histórica y político-diplomática indica que la resolución de los problemas políticos y económicos bilaterales en la Cuenca del Plata ayudó a cimentar la actual convergencia en el campo de la cooperación nuclear argentino-brasileña".[5]

Con el advenimiento de la democracia se quitó al desarrollo nuclear el sentido de amenaza. En ambos países se inicia un nuevo ciclo de confianza mutua y cooperación nuclear, el 30 de noviembre de 1985 los presidentes José Sarney del Brasil y Raúl Alfonsín de la Argentina firman en Foz Iguazú la "Declaración conjunta sobre política nuclear". Este instrumento inicia una nueva etapa caracterizada por una serie de hechos políticos a través de visitas presidenciales y de equipos técnicos a las plantas de cada país, declaraciones conjuntas, firma de protocolos en el ámbito del Programa de Integración, creación de grupos de trabajo y reuniones periódicas.

En la firma de la Declaración Conjunta de Política Nuclear de Foz de Iguazú (1985), los dos países se comprometieron al uso pacífico de la energía nuclear y reafirmaron su voluntad de cooperación en el desarrollo nuclear. Esa voluntad de cooperación fue regionalizada invitando a los demás países a participar activamente de ese mismo proceso de cooperación en el campo nuclear. En ese marco, América Latina en general, y América del Sur en particular crearon escenarios donde fueron dadas iniciativas políticas de cooperación integración y conciliación, compatibilizando políticas y patrones técnicos que consolidaron la estabilidad regional sobre la base de medidas de confianza en el área nuclear.

La Declaración de Iguazú, de carácter político, se tornó el antecedente inmediato del Programa de Integración y Cooperación Bilateral (1986), con la firma del Acta para la Integración Brasilero-Argentina, con doce protocolos, seguida con una Declaración Conjunta sobre Política Nuclear y del acta de Amistad Brasilero-Argentina. Entre 1986 y 1989 fueron firmados entre los dos países, un total de 24 protocolos que abarcan los más diversos ámbitos.[6]

A partir de entonces, nuevos instrumentos aproximaron aún más los programas conjuntos de cooperación y consolidación de los mecanismos de confianza mutua, con pasos decisivos hacia la etapa de verificación. En tal sentido podemos citar, la Declaración de Brasilia (1986), que abre camino a la transparencia delante de los otros actores regionales e internacionales. Se intensifica la práctica de intercambio de visitas, se procede a “fortalecer la coordinación de posiciones políticas en el ámbito internacional para la defensa de intereses comunes y para preservar la región del riesgo de la introducción de armas nucleares". [7]

Las declaraciones de Viedma (17 de julio de 1987) se corresponde con uno de los hitos fundamentales en este proceso de aproximación como lo es la visita del Presidente Sarney a la planta de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu-Argentina. En ella se destaca el "inamovible compromiso de ambas naciones de utilizar la energía nuclear con fines exclusivamente pacíficos” así como los avances del Grupo de Trabajo conjunto y los “progresos alcanzados para perfeccionar los aspectos legales y técnicos de la cooperación nuclear”.[8]

Las Declaraciones de Iperó (8 de abril de 1988) representa la segunda etapa de este proceso de “transparentización” de los respectivos desarrollo nucleares con la visita del Presidente Alfonsín al Centro Experimental de Aramar-Iperó y la inauguración de la planta de enriquecimiento isotópico de uranio de Brasil. Se destaca en la misma los avances logrados en materia de técnicas de salvaguardias, seguridad nuclear, reactores rápidos e intercambios. También la “plena coincidencia de las posiciones argentino-brasileras en las principales cuestiones internacionales del área nuclear”.[9] Se transforma además, en permanente el Grupo de Trabajo creado por la Declaración de Iguazú.

Finalmente, en la Declaración de Ezeiza (1988) se reafirma la decisión de encarar un proyecto conjunto en materia de reactores reproductores  rápidos, constituyendo un caso único de colaboración técnico-científica entre países en desarrollo.

Los dos países expresaron su disposición a extender la cooperación nuclear a todos los países latinoamericanos que estuvieran interesados en participar de ella, y reafirmaron el derecho inalienable de desarrollar sin restricciones externas sus programas nucleares para fines pacíficos, como una respuesta a las presiones internacionales para que ambos países admitieran controles de la Agencia Internacional de Energía Atómica. Se mostraron dispuestos a trabajar en el sentido de llegar a un nuevo Tlatelolco, en el cuál ellos mismos ofrecieran las salvaguardias necesarias y establecieran la marcha hacia la utilización pacífica de la energía nuclear.[10]

El conjunto de los Acuerdos Nucleares Bilaterales hizo que la problemática nuclear en la subregión sur dejase de ser un obstáculo para la ampliación de las relaciones entre los estados que formarían parte del futuro Mercosur, finalmente, firmado en el Tratado de Asunción, de 1991. A partir de esas iniciativas, el distanciamiento de un posible escenario de conflicto (esencialmente estratégico) fue decisivo para atenuar rivalidades y ampliar esa cooperación de un proceso que se nutrió con la incorporación del Paraguay y el Uruguay.

Sin dudas, los sucesivos acuerdos evidencian la intención de ambos países de avanzar en el plano de la seguridad global. El proceso argentino-brasileño tuvo un cambio de rumbo hacia 1990. Los primeros años del acercamiento, a partir de 1985, tuvieron un objetivo de carácter esencialmente bilateral: establecer confianza mutua entre los dos países en materia nuclear, lograr que cada uno percibiera que las actividades nucleares del otro no tenían propósitos bélicos u hostiles y generar en consecuencia un clima de tranquilidad en el que la cooperación mutua fuera posible y deseable. Se pretendió lograr ello con repetidas visitas a todos los niveles, con operaciones concretas, de colaboración técnica, con diversas medidas de fomento de la confianza que buscaban otorgar transparencia a los programas nucleares de los dos países.

Sin embargo, existían fuertes presiones de la comunidad internacional para contar con medidas de verificación que fueran ajenas e independientes a sus acuerdos bilaterales[11]. Estas circunstancias se fueron cumpliendo mientras en el mundo se iba creando un nuevo orden internacional.

 

 

Fortalecimiento de la confianza mutua

 

Reafirmando compromisos anteriores firmados por Alfonsín y Sarney, los nuevos presidentes Menem y Collor, elevaron el nivel de fortalecimiento de la confianza mutua en el campo nuclear, en Foz de Iguazú, el 28 de noviembre de 1990 firmaron la Declaración Conjunta de política Nuclear Brasilero-Argentina con la presencia del Director General de la OIEA y del Secretario General de la OPANAL. Esta Declaración marcó una nueva etapa del acercamiento anunciando los pasos que debían ser dados para consolidar definitivamente la continuidad del proceso en que los dos países se hallaban embarcados. La Declaración incluye tres decisiones fundamentales:

1.     "Aprobar un Sistema Común de Contabilidad y Control (SCCC) que sería aplicado a todas las actividades nucleares de ambos países, de modo de que se supiera cabalmente qué instalaciones y qué materiales nucleares tenía cada Estado. Dentro de un plazo de 45 días, los dos debían intercambiar listas e inventarios iniciales, efectuar las primeras inspecciones recíprocas a los sistemas de registro y presentar la parte pertinente del SCCC al Organismo Internacional de Energía Atómica para armonizarla con los registros e informes que ambos países sometían al Organismo de conformidad con los acuerdos de salvaguardias vigentes.

2.     Los dos mandatarios resolvieron también emprender negociaciones con el O.I.E.A. con vistas a la celebración de un Acuerdo Conjunto de Salvaguardias basado en el SCCC.

3.     Una vez concluido el Acuerdo precedente, gestionar el ingreso pleno de los dos países al régimen del Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en América Latina o Tratado de Tlatelolco, previa "la actualización y perfeccionamiento de su texto".[12]

Con esta segunda etapa del proceso de acercamiento estaba decretado el fin de la concepción de desarrollo nuclear autónomo, para dar inicio a un nuevo ciclo de relaciones de cooperación, transparencia y confianza mutua bajo los parámetros del régimen internacional de no-proliferación.

Dando continuidad a la política de convergencia, los dos países firmaron el Acuerdo Bilateral para el Uso Exclusivamente Pacífico de la Energía Nuclear (julio de 1991) firmado en Guadalajara (México)[13] que determinó para los dos países y ante la comunidad internacional el compromiso de utilización pacífica del átomo.

El acuerdo consignaba que ambos países se comprometían a abstenerse de: realizar, fomentar o autorizar pruebas, al uso o la fabricación de toda arma nuclear; a recibir, depositar o crear instalaciones de armas nucleares, además, reconocían que no existe actualmente una distinción técnica entre dispositivos explosivos nucleares para fines pacíficos y o para fines bélicos, comprometiéndose a renunciar, en cuanto persistiese  la referida limitación técnica, a cualquier explosión nuclear.

Para administrar el SCCC (Sistema Común de Contabilidad y Control de Materiales Nucleares), el Acuerdo crea la Agencia Brasilero-Argentina para la contabilidad y control de Materiales Nucleares (ABACC), con persona jurídica internacional e integrada por técnicos de los dos países (1992), cuyo objetivo es verificar que la totalidad de los materiales nucleares existentes en los dos países no sean desviados hacia usos explosivos. La creación de ABACC es considerada como una innovación en materia de control de las actividades nucleares “…ya no se trató de un mecanismo multilateral, con un órgano central de verificación, sino de una institución binacional en la que los dos socios se inspeccionan a sí mismos, significando en la práctica que cada uno controla al otro. Este es uno de los aspectos en que la experiencia argentino-brasileña es mirada con mayor interés en los círculos internacionales"[14] . La entidad tiene sede en Río de Janeiro, es dirigida por una Comisión compuesta por delegados oficiales de los dos países y trabaja en la Secretaría un conjunto de funcionarios y varias decenas de inspectores binacionales, dirigidos por un secretario que rota anualmente entre un ciudadano argentino y otro brasileño. ABACC viene cumpliendo su misión con eficiencia, reúne la información más completa posible sobre todas las instalaciones y materiales no sometidos a salvaguardias del OIEA que existen en uno y otro país, y realiza inspecciones sobre el terreno, además de establecer contactos con instituciones afines del mundo entero, como OPANAL, EURATOM, y el OIEA

Una de las novedades de este tipo de acuerdo, dando cobertura al SCCC y organizando la ABACC es  que la misma  asume un carácter de organismo internacional, que algunos autores denominan de LATINATOM.

En el marco de la iniciativa del Acuerdo bilateral podemos decir que dos etapas restaban vencer:

ü    la firma del Acuerdo cuatripartito, constituido por la Argentina, Brasil, ABACC y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de la ONU firmado el 13 de diciembre de 1991, en Viena, sede del OIEA, en el cual se configura la formulación de un Acuerdo de Salvaguardias; y

ü    el ingreso pleno a Tlatelolco, considerado como un factor de legitimidad, transparencia y confianza mutua, dentro del propio régimen internacional de no-proliferación.

Esto significa que Argentina y Brasil, firmantes originales del Tratado de Tlatelolco desde 1967, lo ratifican en 1994.[15] El movimiento de adhesión completa realizada por los dos países más desarrollados y con mayor potencial nuclear de América Latina, da un nuevo sentido a la idea de una Zona Libre de Armas Nucleares en la región.

 

 

Consideraciones Finales

 

Lo expuesto relata la experiencia argentina-brasilera sobre los orígenes y la evolución de un proceso de creciente confianza mutua y estrategia nuclear compartida de dos países en principio rivales y competidores.

Es importante señalar, que en este tema cuentan tanto la relación específicamente bilateral como la incidencia sobre las respectivas políticas nacionales de las grandes potencias que componen el Club Nuclear. Durante los años 70 dominaron las rivalidades geopolíticas entre Brasil y Argentina; sus planes nucleares no descartaban la decisión de fabricar el explosivo nuclear. El cuadro de la situación dejaba ver: líneas tecnológicas diferentes, conflictos de Brasil con sus abastecedores, el no-acceso al régimen de no-proliferación internacional contemplado en el TNP por parte de ambos países, la no-adscripción al régimen del Tratado de Tlatelolco, los problemas financieros para continuar impulsando los respectivos programas y el consenso de la opinión pública. Esta etapa de rivalidad y mutua amenaza concluye con los acuerdos de compatibilización de construcción de las represas de Itaipú y Corpus en 1979. El acercamiento iniciado durante la Guerra de Malvinas y las medidas de confianza mutua alcanzaron expresión importante durante las presidencias de Alfonsín-Sarney proponiéndose también formas concretas de cooperación.

En la década de 1990 con la segunda transición democrática de: Carlos Menem, en Argentina, Fernando Collor de Melho, Itamar Franco y Fernando H. Cardoso, en Brasil es el factor externo el que presiona, ambos Estados ratifican el Tratado de Tlatelolco y aceptan las instancias de la supervisión internacional, concretándose lo pactado en la Declaración Conjunta de Política Nuclear Brasilero-Argentina de 1990. Los planes nucleares de ambos países profundizaron sus medidas de confianza mutua, no obstante la no-incentivación internacional en la materia vieron debilitadas la continuidad de sus posibles proyectos conjuntos.

Como otras consideraciones que resultaron de este acercamiento, podemos indicar: la credibilidad internacional, la posibilidad de acceder a tecnologías sensibles en el mercado internacional, la creación de toda una arquitectura diplomática y la redacción de instrumentos jurídicos, a través de la construcción de mecanismos muy bien articulados, que sirvieron de instrumento para que en otras regiones donde se configuran conflictos, estos dispositivos y mecanismos de verificación, transparencia y confianza mutua se puedan aplicar.

 

 

Bibliografía:

 

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[1] "Si bien puede rastrearse en la iniciativa de Irlanda de 1958, la búsqueda de un acuerdo internacional en materia de la proliferación nuclear, será la Resolución 1965 (XVI) de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la que dará inicio al proceso de negociaciones que desembocará en el Tratado de No Proliferación.

El TNP de Armas Nucleares fue abierto a la firma el 1ro de Julio de 1968 en Londres, Moscú y Washington, entrando en vigor el 5 de Marzo de 1970, cuando de conformidad con su Artículo IX, lo ratificaron los tres Estados depositarios y cuarenta países más. El TNP fue tratado por el Comité de Desarme de Dieciocho Naciones (creado en 1961 por la Asamblea General de la ONU, y compuesto originalmente por: el Comité de Desarme de Diez Naciones -Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Unión Soviética, Bulgaria, Canadá, Checoslovaquia, Italia, Polonia y Rumania- al que se agregaron 8 naciones no poseedoras de armas nucleares ni aliados a los que las poseían, que recayó finalmente en: Birmania, Brasil, Egipto, Etiopía, India, México, Nigeria y Suecia). La República Argentina a pesar de sus esfuerzos por ser designada no consiguió participar en esta Comisión aunque fue incorporada luego en 1969 cuando ya había finalizado la discusión sobre el TNP." Bocco, H; (1989), pág.10.

[2] Cuba tampoco se había incorporado al Tratado, argumentando la presencia norteamericana en la Base de Guantánamo y la política de agresión de Estados Unidos hacia la isla.

[3] Bocco, H; (1989). "…resolución favorable del Conflicto Itaipú-Corpus (1979) por el aprovechamiento hidroeléctrico de los ríos de la Cuenca del Plata".

[4] Fraga, R; (1999), pág. 376.

[5] Brigagao, Clovis; Valle Fonrouge, M; (1999), pág. 9.

[6] Con respecto al protocolo número 17 sobre cooperación nuclear, existía como antecedente acuerdos de cooperación de 1980, la Declaración Conjunta sobre Política Nuclear de noviembre de 1985, las deliberaciones del Grupo de Trabajo sobre Política Nuclear creado por la declaración, y con los objetivos del Acta para la Integración Argentino-Brasileña. Remarcando los compromisos internacionales asumidos por los dos países para la aplicación pacífica de sus programas, y la autonomía de los mismos, ambos países establecieron la cooperación para el desarrollo de elementos combustibles de alta densidad para reactores de investigación, de enriquecimiento de isótopos estables y, para la adquisición sobre bases preferenciales, de equipos de detectores, electrónica e instrumentación nuclear (artículos 1, 2 y 3).

[7] Bocco, H; (1989), pág. 28.

[8] Bocco, H; (1989), pág. 28.

[9] Bocco, H; (1989), pág. 28.

[10] El Tratado de Tlatelolco es un acuerdo impulsado para la no-proliferación de armas atómicas en América Latina que no fue firmado ni por Brasil, ni por Argentina por considerarlo como una intromisión de las potencias centrales en la política de desarrollo nuclear de los países del área. El Tratado de Tlatelolco (1967) de proscripción de armas nucleares en América Latina, fue suscripto por Brasil, pero no lo ratificó hasta tanto todos los firmantes lo hicieran, en una posición similar a la argentina.

[11] Bocco, H; (1989). Como los miembros del Club Nuclear: Estados Unidos, Unión Soviética, Francia, Gran Bretaña, China, no sujetos a control alguno, llevan adelante un proceso de verificación vertical a pesar de condenar la proliferación horizontal.

[12] Foz de Iguazú, 28 de noviembre de 1990.

[13] Guadalajara, México 18 de julio de 1991, donde tenía lugar una Conferencia Cumbre Iberoamericana.

[14] Carasales; (1997).

[15] Argentina se constituye en miembro pleno del Tratado a partir del 19 de enero de 1994. Brasil se adhiere formalmente al mismo el 30 de mayo de 1994.


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.