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Asunto:[encuentrohumboldt] 53/04 - LAS EXPRESIONES ESPACIALES DE LOS DESEQUILIBRIOS E N LOS PAÍSES AFRICANOS
Fecha:Lunes, 8 de Marzo, 2004  13:24:00 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

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NCeHu 53/04
 

LAS EXPRESIONES ESPACIALES

DE LOS DESEQUILIBRIOS EN LOS PAÍSES AFRICANOS.

 

 

                                                                                  Profesora Stella Maris Shmite

Facultad de Ciencias Humanas

Universidad Nacional de La Pampa – UNLPam


RESUMEN

           El problema a desarrollar en este artículo es la existencia de desequilibrios en los países africanos. Asimismo, se intentará mostrar de que modo se plasman en el espacio y cuáles son las variables intervinientes en la actual configuración.

         El análisis de esta unidad espacial es abordado teniendo en cuenta variables externas (dependencia/independencia económica y política, vinculación con el mercado mundial, impacto del imperialismo colonial, etc.) y variables internas (proceso histórico de evolución socio-económica, ocupación del espacio, medio natural con sus restricciones y oportunidades, redes y flujos, etc.) que en conjunto definen la configuración actual del espacio en estudio.

         La ocupación del espacio africano a lo largo de la historia por los distintos grupos sociales, es una variable de significación al momento de iniciar el análisis. La realidad actual es resultado de una construcción espacial desarrollada por agentes sociales con diferente grado de información y experiencia, que actúan respondiendo a distintas racionalidades y significaciones. Tomando como punto de partida la distribución actual de la población, corresponde analizar las particularidades históricas, las variables políticas, económicas y étnico-culturales, las características del medio natural, etc., todo lo cual da origen a una particular organización del espacio, donde no están ausentes los contrastes y desequilibrios.

Es necesario tener en cuenta que la ocupación del espacio en este caso, estuvo muy ligada a las transformaciones derivadas de los procesos de colonización y descolonización del continente. Por ello, subyace como hipótesis de trabajo, la idea de que la actual configuración espacial de Africa responde a variables dominantes de orden externo.


  

INTRODUCCIÓN

 En Africa, la ocupación del espacio a lo largo de la historia por los distintos grupos sociales, es una variable de significación al momento de realizar un análisis de la estructuración actual del espacio. También hay que tener en cuenta que una variable interviniente en la ocupación del espacio ha sido el proceso de transformaciones derivas de la colonización y descolonización del continente africano.

         El análisis de la realidad actual del espacio africano es abordado en este artículo  tomando como punto de partida la distribución de la población. Teniendo en cuenta que el espacio es una construcción social producto de la acción de agentes sociales, con distinto grado de información y experiencia, que actúan según diferentes racionalidades y significaciones, corresponde analizar las particularidades históricas, las variables políticas y  económicas, lo étnico-cultural y los rasgos derivados de la herencia colonial, como así mismo, las características del medio natural, todo lo cual da origen a una particular configuración espacial, donde están presentes una serie de contrastes y desequilibrios.

         El problema a analizar es la existencia de desequilibrios en los países africanos y el modo en que se plasman en el espacio. Se parte del supuesto que la actual configuración espacial de Africa responde a variables dominantes de orden externo, siendo la herencia colonial el proceso de mayor relevancia en la explicación de los contrastes y desequilibrios contemporáneos.

 

  

DESARROLLO

 

         Africa ha sido y es un continente escasamente poblado, con una densidad de unos 20 hab/Km2, pese al fuerte crecimiento demográfico que ha experimentado en las últimas décadas. Ha pasado de 160 millones de habitantes en la década del ´30 a casi 800 millones de habitantes en el momento actual.

         En un mapa de distribución de población, observamos en primer lugar que la mayor parte de los habitantes de Africa viven al sur de los 15º de Latitud Norte y que una gran parte del territorio está despoblado.

         La población está muy desigualmente repartida, hasta el punto de que en Africa coexisten espacios densamente poblados como el Delta del Nilo con más de 660 hab/Km2, con vacíos demográficos en las zonas desérticas o en la selva ecuatorial. Hay países escasamente poblados (con menos de 10 hab/km2) como Libia(3.3), Mauritania(2.3), Niger(7.7), Chad(5.2), Namibia(2.0) o Botswuana(2.5) y otros con altas densidades que se pueden agrupar en dos grandes conjuntos espaciales: el más importante es Africa Occidental, que forma una especie de cuadrilátero al norte del Golfo de Guinea. El segundo forma un área alargada en las tierras altas de Africa Oriental con núcleos densamente poblados (centro de Etiopía, los grandes lagos, áreas costeras del sudeste). Otra unidad espacial  con poblamiento concentrado es la costa mediterránea del Magreb, como también el valle  inferior del Nilo. Sudáfrica, en comparación con el norte,  tiene un poblamiento más homogéneo en cuanto a su dispersión espacial, con varios polos de concentración de población. Entre estas áreas más pobladas se extienden vacíos poblacionales.

Múltiples variables contribuyen a explicar estas enormes diferencias en la ocupación del espacio. En principio hay que destacar el “divorcio” que existe entre las variables físicas y la distribución de población, aunque tradicionalmente se habló de un determinismo del medio natural. Las formas de adaptación o inadaptación al medio se yuxtaponen. Medios considerados favorables para las actividades agrarias, como el delta del Níger o del Zambeze, siguen estando poco pobladas; mientras que medios considerados poco favorables, como Africa occidental, están muy pobladas. Lo mismo ocurre con los valles fluviales (Niger, Senegal, Congo, Nilo) densamente poblados en algunos tramos mientras que otros están casi vacíos. La baja densidad de la cuenca central de Africa (5 a 8 hab/km2) se suele relacionar con la hostilidad del medio selvático, inhóspito e impenetrable; sin embargo, esta misma selva presenta históricamente densidades elevadas en la costa del Golfo de Guinea (Nigeria y Ghana).

Las civilizaciones africanas han encontrado numerosas formas de adaptación a las situaciones naturales, pero es válido preguntarse ¿porqué determinados grupos sociales se esforzaron tanto para transformar algunos medios hostiles?, mientras que dejaron de lado medios propicios para las actividades pastoriles y agrícolas. Los mismos tipos de organizaciones campesinas agrícolas o ganaderas están asociadas a densidades elevadas en algunas áreas y bajas densidades en otras áreas.

Africa con unos 30 millones de km2 dispone de más de 28.000 km de costas y presenta un relieve bastante uniforme. Geológicamente es un gran zócalo precámbrico que aflora directamente o está recubierto por una fina película sedimentaria sometido a rigurosos procesos erosivos. Morfológicamente es una amplia plataforma amesetada rodeada de cordilleras al norte (Atlas) y al sur (Drakensberg), y altas mesetas y macizos al este (Mzo. de Etiopía, montes Kenya, Kilimanjaro). Las alturas orientales se encuentran atravesadas por una línea de fractura, la gran falla del Rift Valley que une el norte del continente con los grandes lagos interiores.

Lo más relevante del zócalo precámbrico son las mineralizaciones. Esto ha permitido la valoración y puesta en producción de gran cantidad de recursos mineros (hierro, diamantes, cobre, oro, bauxita, estaño, uranio, etc.) mientras que los recursos energéticos del subsuelo no son tan abundantes a excepción del Magreb y el golfo de Guinea.

Dentro de las variables físicas, lo más característico de Africa son los rasgos bioclimáticos pues el continente presenta una distribución zonal de bandas biogeográficas. Por su posición en relación con el Ecuador presenta:

-       un gran desarrollo de tierras emplazadas bajos los trópicos que lo convierte en el continente más cálido,

-       reproducción simétrica a ambos lados del Ecuador de idénticos paisajes,

-       aridez, que lo transforma en el continente más seco.

Una cuarta parte de Africa esta ocupada por desiertos, el Sahara al norte, que tiene una extensión equivalente a Europa y el desierto de Kalahari al sur. En contraposición, la existencia de  las zonas ecuatoriales y subecuatoriales se caracterizan por exceso de agua.

El desierto de Sahara parte a Africa en dos mitades prácticamente disociadas: al norte, un espacio influenciado por la historia mediterránea e incorporado en cierta forma a Europa; al sur, se extiende la africanidad propiamente dicha con espacios interiores que evolucionaron sin conexión exterior y áreas costeras fuertemente influenciadas por las relaciones de ultramar.

En síntesis, dominan los ambientes áridos, semiáridos y húmedos. Unos y otros presentan claras limitaciones para la ocupación humana. Como alternativas, en las áreas más secas el nomadismo pastoril ha sido la forma de aprovechamiento del espacio, pero es un sistema que ha llevado al sobrepastoreo, lo que unido a sequías y conflictos sociales ha hecho disminuir considerablemente la actividad ganadera, especialmente en la región del Sahel. Otra respuesta ha sido la agricultura de tipo tradicional con regadío, aunque el regadío facilita la propagación de insectos y saliniza los suelos.

En el ámbito húmedo, la actividad agrícola, ligada a la deforestación, facilita la obtención de tubérculos y cereales para subsistencia,  o de cultivos industriales para exportación  (café, cacao, aceite de palma, etc.). La fertilidad de los suelos es temporal, y la utilización del sistema de rozas es difícil de mantener sobre todo cuando la presión demográfica aumenta. La alternativa más rentable se ha encontrado en la agricultura de plantación, que ha tenido un éxito considerable en determinadas áreas como en la costa del Golfo de Guinea.

Hoy se desarrollan en Africa dos  mundos: el de la ciudad, más moderno y cada vez más vinculado a los flujos externos, y el del campo.  Es evidente que el proceso histórico ha desempeñado un papel decisivo en la evolución del poblamiento urbano y rural. Las rivalidades étnicas entre pastores y agricultores y los desplazamientos de tribus es una fundamentación  histórica de la movilidad espacial, las capturas de esclavos han contribuido a las bajas densidades de algunas áreas y al desplazamiento de pueblos antes de la colonización. La colonización favoreció la movilización, a menudo en forma involuntaria, por diferentes razones: a) reagrupamiento y fijación de núcleos poblacionales en torno a infraestructuras mineras, portuarias o agrícolas, b) “huida” o movilización para escapar a los trabajos forzados o al pago de impuestos. De esta forma la colonización  modificó la disposición de las áreas de concentración y de dispersión de la población.

         En esta desigual distribución poblacional juegan un papel de relevancia las ciudades, cuya localización va unida en algunos casos a la existencia de antiguas civilizaciones urbanas como es el caso de Egipto, y en otros casos a los intereses coloniales de los países europeos (Johannesburgo, Kinshasa, Lagos). En las últimas décadas las ciudades africanas han manifestado un fuerte crecimiento demográfico, pero aún así, sólo vive en núcleos urbanos el 30% de la población, siendo los países más urbanizados los del norte del continente y Sudáfrica. La ruralidad domina en el continente en contraste con pocos núcleos urbanos que superan el millón de habitantes, caracterizados por una fuerte hipertrofia, donde la Población  Económicamente Activa se ubica mayoritariamente en el sector terciario de la economía.

         No es significativo el nivel de urbanización, pero si es relevante el dinamismo que se manifiesta a partir de la década del ´90. En 1950 la tasa de urbanización de Africa no alcanzaba el 4% y sólo había cinco ciudades con más de 100.000 habitantes. En la década del ´90 la tasa de urbanización creció a un ritmo de 5 a 7 % anual, y existen actualmente unas diez ciudades con más de un millón de habitantes.

         Durante todo el período colonial la ciudad fue la herramienta esencial del comercio. La red de ciudades se calcó sobre las jerarquías administrativas existentes, a los que se sumaron los puertos y las ciudades mineras. La independencia trajo aparejado un modelo de desarrollo que privilegió la urbanización y la industrialización, favoreciendo a las ciudades. La explosión demográfica actual ofreció los medios para un crecimiento urbano sostenido. Así, las capitales, los puertos y los antiguos centros administrativos coloniales fueron sus principales beneficiarios, pero a medida que van creciendo en número y en tamaño las ciudades secundarias se diversifican y su trama se hace cada vez más densa.

         El acceso de los países a la independencia no trajo cambios decisivos en el mundo rural tendientes a la articulación intraespacial o formas adecuadas de integración al sistema mundial. Como herencia de las mutaciones introducidas  por los europeos deriva una dualidad de las estructuras agrarias:

a-     por un lado, estructuras tradicionales donde no tienen la propiedad privada de la tierra y las relaciones entre tribu y tierra son de alianza. El terreno está dividido en parcelas de las que cada familia es usufructuaria en el marco de la propiedad colectiva. Los sistemas de producción presentan distintas variantes: itinerante, sedentario, cultivos de inundación en los valles fluviales, nomadismo ganadero. Más allá del sistema de productivo, esta estructura es de abastecimiento local;

b-    por otro lado, las estructuras comerciales donde los imperios coloniales tendieron a la concentración de la producción y a una jerarquización social de la producción. Los colonizadores buscaron el apoyo de los estratos sociales dirigentes convirtiéndolos en intermediarios entre las masas de población campesina explotada y sus intereses. Esta estructura productiva  rompió formas antiguas de producción al tiempo que introdujo distorsiones en el sistema de comercialización de productos.

Es un sistema agrario que se asienta en los suelos más fértiles y no colabora en el abastecimiento alimentario nacional. La demostración de esto es que en muchos países africanos la exportación de productos alimenticios tiene un peso considerable en la balanza comercial, pero al mismo tiempo, la quinta parte de las importaciones de Africa son precisamente,  productos alimenticios.

        

         La articulación de la economía tradicional con la economía de mercado y la sobreexplotación de la fuerza de trabajo ha provocado un sistema migratorio particular caracterizado por el desplazamiento de población activa masculina hacia los polos de producción agrícola o minera. Esta migración masculina hace que la fuerza de trabajo familiar descanse cada vez más en el trabajo de las mujeres. Según D. Cohen, “la esclavitud de las mujeres africanas es el primer piso de la miseria del continente. En el segundo piso se desarrolla otra explotación: la de los campos enteros por las ciudades. Según un estudio del Banco Mundial, las ciudades se apropian de casi la mitad de las riquezas producidas por los campos africanos.”(1998:19).

         La inserción poscolonial de los países africanos en el sistema capitalista mundial era vista como una estrategia para salir del subdesarrollo. Pero no todos los países tuvieron crecimiento económico y por lo tanto, no se podía esperar una modernización del mundo rural. En ningún país se dio una verdadera revolución agrícola, sólo se dieron desarrollos parciales de Complejos Agrícolas basados en la sobreexplotación de la mano de obra, siempre potenciando oportunidades puntualmente localizadas.

Lo cierto es que la agricultura en cualquiera de sus diversas modalidades, es la actividad principal (da empleo al 80% de la población y aporta el 50% del PIB africano). Para muchos estados africanos es la única actividad en la que se apoya la estructura comercial.

En cuanto a las perspectivas del sector minero conviene recordar la abundancia de riquezas. La posesión de las minas fue uno de los móviles del avance europeo sobre el espacio y cada potencia se esforzó por asegurar dominios con riqueza minera y al mismo tiempo con salida directa al mar. Actualmente, para muchos países africanos, la minería es la actividad más importante.

La herencia colonial quedó plasmada en la infraestructura ferroviaria y en la red de canales navegables, cuya organización manifiesta la relación directa con la costa, tendiente a acercar la producción al puerto. Esto actualmente se traduce en la ausencia de integración espacial.

Las fuentes energéticas en explotación son muy reducidas. El carbón es escaso y el petróleo, que se encuentra en Magreb y Guinea, es relativamente importante. El enorme potencial hidroeléctrico no está aprovechado, representa el 40% del potencial mundial. El recurso hidroeléctrico es para Africa lo que el petróleo es para Medio Oriente.

El escaso desarrollo industrial contrasta con la abundancia de materias primas. Actualmente Africa sólo aporta el 2% a la producción industrial mundial, pero dispone de las tres cuartas partes de la producción de diamantes y la mitad del oro y del cobalto, entre otros ejemplos. Por ello, uno de los objetivos de los estados actuales es crear una moderna actividad agro- minera y su correspondiente integración industrial. Para lograr este objetivo y tantos otros, es necesario romper con viejas estructuras estatales sedimentadas durante más de un siglo.

El rol del estado en la etapa colonial fue asegurar las condiciones para la extracción de los productos y la acumulación de capital por los intereses metropolitanos, dirigiendo su articulación con las formas tradicionales de producción. Por otra parte debía proveer, como una condición esencial para los intereses del colonialismo, un marco de orden estable político y de control efectivo sobre el territorio y sobre la población local.

La colonización creó economías especializadas en exportación agro-mineras, muy vulnerables, desarticuladas interiormente, con baja productividad y escaso desarrollo industrial. Se puede afirmar que el espacio africano heredó un modelo de crecimiento depredador, cuya característica más destacada es la dificultad de formar un Estado con voluntad y capacidad para organizar una estructuración nacional integrada. Las economías se transnacionalizaron y esto generó un conjunto de procesos que actúan negativamente en la organización nacional autónoma.

 
REFLEXIONES  FINALES

 La interacción social es dinámica, toma distintas formas, distintas particularidades en cada espacio. Procesos como la colonización y descolonización del Africa provocaron un impacto en la estructuración de la sociedad que se traduce en la distribución de la población.  Dichos procesos acentuaron la fijación y desarrollo de núcleos poblacionales (agrícolas, mineros y portuarios) y provocaron una movilización poblacional de “huida” (migraciones internas y externas, enfrentamientos).

Para los africanos, sus propias divisiones por etnia importaban mucho. El reparto del continente entre las potencias colonizadoras estableció límites que nada tuvieron en consideración a los grupos étnicos existentes. Así, las fronteras dividieron etnias al mismo tiempo que encerraron enemigos. Esta situación contribuyó a generar enfrentamientos y desplazamientos que aún hoy perduran.

Hay siempre una permanente resistencia de los factores internos en la confrontación con los factores externos. Entre las variables internas figuran los valores culturales que no se les ha asignado su verdadera significación. Los programas de desarrollo implementados en los países más atrasados deberían tener en cuenta no sólo las ventajas comparativas del espacio, sino también los valores culturales. Es decir, aquellos factores comunes compartidos por una comunidad que los identifica y que facilita la convivencia: tradiciones, costumbres, creencias, expectativas, normas de relaciones sociales. A pesar de su importancia, estos valores están por completo ajenos en las acciones de los Organismos Internacionales que aplican planes de apoyo en los países subdesarrollados. Ante el fracaso de estos proyectos, que excluyen los factores culturales, se le asigna la culpa a la sociedad y en especial, a los gobernantes dictatoriales y/o corruptos, que de hecho también existen.

La configuración actual del espacio africano muestra un conjunto de sociedades dependientes que han visto quebrar sus sistemas tradicionales frente a nuevas realidades socio-económicas locales y globales. La articulación del espacio africano con el espacio global no hace más que acrecentar los desequilibrios y contrastes.

 

BIBLIOGRAFÍA

-Amin, Samir (1999): El capitalismo en la era de la globalización. Editorial Paidós, Barcelona, España.

-Amir, Samir (1997): Los desafíos de la mundialización. Siglo XXI editores, México.

-Aracil, R.; Oliver, J. y Segura, A. (1995): El mundo actual. De la Segunda Guerra Mundial a nuestros días. Editado por la Universidad de Barcelona, España.

-Beck, Ulrich (1998): ¿Qué es la globalización?. Editorial Paidós, España.

-Bessis, Sophie (1991): El hambre en el mundo. La Decouverte, Paris.

-Cohen, Daniel (1998): Riqueza del mundo, pobreza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, Argentina.

-Ferrer, Aldo (1997): Hechos y ficciones de la globalización. Fondo de Cultura Económica, Argentina. 

-Huntington, Samuel (1996): El orden político en las sociedades en cambio. Editorial Paidós, Barcelona, España.

-Huntington, Samuel (1997): El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Editorial Paidós, Barcelona, España.

-Thumerelle, Pierre-Jen (1996): Las poblaciones del mundo. Editorial Cátedra, Madrid, España.


 Ponencia enviada al Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.





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