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Asunto:[encuentrohumboldt] 45/04 - HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MARCO INTERPRETATIVO DE LOS NUEVOS PROCESOS TERRITORIALES EN AMÉRICA LATINA: UNA REVISIÓN DE LA TEORÍA DEL LUGAR
Fecha:Jueves, 26 de Febrero, 2004  12:14:04 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

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HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE UN MARCO INTERPRETATIVO DE LOS NUEVOS PROCESOS TERRITORIALES EN AMÉRICA LATINA:

UNA REVISIÓN DE LA TEORÍA DEL LUGAR

 

Lic. Elda Viviana TANCREDI

Universidad Nacional de Luján

e-mail: TANCREDI@mail.unlu.edu.ar

 

 

1-    Introducción: el lugar en la construcción de un marco interpretativo de procesos territoriales

2-     

Durante el I Encuentro Humboldt desarrollado en 1999, se había presentado una apretada síntesis de diferentes perspectivas teóricas, planteando la necesidad de revisar la “cuestión regional” que permitiera avanzar en la construcción de un marco interpretativo de los nuevos procesos territoriales en América Latina, mostrando cómo diferentes visiones alternativas tratan hoy de posicionar una economía política regional emergente, cada cual buscando una comprensión apropiada de la transformación regional contemporánea. Ellas surgen principalmente como consecuencia de la evidencia empírica acerca del comportamiento secular de desigualdad inter e intraregional, que muestra que el problema no ha encontrado todavía respuestas satisfactorias al existir una dinámica que perpetúa las desigualdades entre territorios ricos y territorios pobres. Frente a esta constatación, el reducir las desigualdades vuelve a ubicarse como uno de los objetivos centrales de la gestión territorial de fines del siglo XX. El principal desafío, entonces, en términos de desarrollo regional, es pensar en la posibilidad de alternativas de acción viables en un modelo de gestión plenamente participativo que active el potencial endógeno.

En los últimos años, se ha profundizado esta propuesta metodológica para el gobierno de lo local, que se objetiva como un estadio de conexión y de entendimiento más adecuado a los fines de la acción colectiva y el desarrollo social y económico. Una de las imágenes más comunes de la relación asociada entre la sociedad y el gobierno a esta escala reside en la siguiente proposición: la ciudadanía deriva de la identidad y pertenencia a una comunidad. En este sentido, se afirma que si las unidades del gobierno no se basan en las comunidades reconocidas, no existe consenso ni lealtad, ni base para legitimizar las decisiones públicas. Si ello es así, las dos tareas simultáneas e interactuantes necesarias en la gestión del desarrollo son por un lado, la especificación del proyecto político, y por el otro, la construcción social de lo regional como lugar de referencia de identificación y acción colectiva.

Las dos preguntas que guían esta tarea son: esta construcción social de la región ¿es una utopía de ingeniería social? ; si no es así, ¿cuál es el itinerario de la construcción social de una región? En otras palabras, ¿cómo se define y se construye un lugar como referencia de identificación colectiva?

Para poder avanzar teórica y metodológicamente en el diseño de estrategias para la gestión, estas cuestiones obligan a reflexionar sobre la teoría, realidad y estrategias de desarrollo regional y sobre el polisémico concepto de “lugar”, que no es objeto exclusivo del análisis geográfico sino de una amplia utilización en las ciencias sociales, constituyendo a la vez un signo de vitalidad de la temática como de exceso de fluidez y falta de precisión conceptual.

Este trabajo presenta entonces una propuesta de sistematización de algunos de los ejes conceptuales del debate teórico en torno de la teoría del lugar, con énfasis en el pensamiento anglosajón, en relación con el proceso de construcción histórico de referencias de identificación colectiva.

 

 

3-    La teoría del Lugar: perspectivas

4-     

En su trabajo sobre la geografía de la diferencia, David HARVEY presenta una completa descripción de la heterogeneidad de voces, perspectivas políticas e interpretaciones alrededor de tres elementos inseparables para entender la complejidad de los procesos de transformación social y ambiental. Ellos son los conceptos de “espacio”, “ambiente” y “lugar”. Enfatiza que bajo ciertas condiciones materiales, la esencia del cambio histórico-geográfico residiría en las formas en que se toman decisiones personales y particulares, bajo valores que dependen de cierto tipo de relaciones interpersonales que ocurren en lugares particulares. Desde este nivel de experiencia de solidaridad en el lugar se debe generalizar y universalizar los ideales para la construcción de una nueva forma de sociedad, en una articulación transformadora local-global.

Pero, ¿cómo definir lo que es un LUGAR?; ¿los lugares son?; ¿los lugares se construyen?; ¿los lugares se redefinen?

No existe una única aproximación posible para responder a esas preguntas. En una primera sistematización de enfoques, pueden detallarse las siguientes diferentes perspectivas: la perspectiva experimental en geografía; la perspectiva antropológica; la perspectiva geográfica estructuracionista;  el análisis del lugar en el marco de la compresión tiempo-espacio; la perspectiva progresista.

Ellas surgen a partir del análisis crítico de las bases de algunos discursos de corte localista, que basados en las nociones de arraigo, vecindad, comunidad de intereses y relativa homogeneidad social y cultural, han involucrado muchas veces juicios de valor implícitos en relación a los atributos sociales de los ciudadanos, el alcance territorial de su participación política y una desvalorización de la representación democrática respecto a la representación corporativa. Es en la década del ´80 cuando se desarrolla un marco conceptual que entra en contradicción con las creencias comunitaristas-localistas de las dos décadas anteriores.

 

 

3-El Lugar desde una perspectiva experimental

 

En su trabajo sobre el Lugar, TUAN propone superar la dicotomía entre la concepción del lugar como localización (una unidad dentro de una jerarquía de unidades en el espacio) y del lugar como un artefacto único y particular. Utiliza para ello el concepto de experiencia, pensada como los modos a través de los cuales una persona conoce su mundo, diferenciados entre modos pasivos y activos. La sensación del modo pasivo se encuentra encerrada dentro de los individuos y no tiene existencia pública. Por el contrario, un cuadro o un mapa son públicos. cuando lo  que se piensa puede ser transformado en lenguaje.

Afirma por lo tanto que el lugar en sus diferentes escalas geográficas, es un centro de significado construido por la experiencia, conocido directamente a través de los sentidos e indirectamente a través de la mente. De esta manera, un lugar pequeño puede ser conocido a través de todos los modos de experiencia; un lugar grande, como una ciudad o la nación, depende más del conocimiento indirecto y abstracto para su construcción experimental: el uso común sanciona la aplicación de la palabra “lugar” a fenómenos que difieren mucho en tamaño y en caracteres físicos.  Como tales, el número de lugares en el mundo  es enorme. Más aún, muchos no tienen nombre, porque el nombre implica darle un reconocimiento explícito, reconocerlos como tal en un nivel conciente y verbalizado cuando mucho de la experiencia humana es subconciente.

Un lugar tiene entonces, siguiendo esta postura, las siguientes características:

·     El lugar es el pasado y el presente, estabilidad y realización.

·     El lugar es creado por los seres humanos para propósitos humanos. Toda fila de árboles o de casas existieron originariamente como idea, que luego fue hecha tangible en la realidad.

·     Un edificio, un parque o una esquina, sin embargo, no permanecen como lugar simplemente porque son tangibles y fueron designados como un lugar. Para permanecer como un lugar tienen que ser vividos.

·     Vivir en un lugar es experimentarlo.

·     El lugar, por lo tanto, en todas las escalas, desde el sillón a la nación, es una construcción de la experiencia que se sustancia por la cualidad del conocimiento humano.

Para que el lugar se construya a través de la experiencia se deben cumplir dos características: que se haga visible (y ésta es la función del arte, la educación como articuladora y la política) y que permanezca históricamente, expandiéndose dentro de las memorias personales como pasado común y propio.

 

 

 4- El Lugar desde una perspectiva antropológica

 

Desde una realidad, que le provee su materia prima y su objeto, el lugar aparece como una invención de aquellos que lo reivindican como propio y asociado a toda una tradición etnológica de cultura localizada en el tiempo y en el espacio. Según AUGÉ la organización del espacio y la constitución del lugar son, en el interior de un mismo grupo social, una de las apuestas y una de las modalidades de las prácticas colectivas e individuales que se reconocen en él y lo hacen digno de un discurso.

Los términos de este discurso que expresa la identidad del grupo son voluntariamente espaciales: es la identidad del lugar lo  que funda, reúne y une. Este dispositivo espacial es también lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido. En la geografía que es cotidianamente familiar, se trata de itinerarios, de ejes o caminos que conducen de un lugar a otro, y que han sido trazados por los hombres; de lugares donde los hombres se cruzan, se encuentran y se reúnen, que fueron diseñados para satisfacer las necesidades de intercambio económico; de centros, más o menos monumentales, religiosos o políticos, que definen a su vez un espacio y frontera más allá de los cuales otros hombres se definen como otros con respecto a otros centros y otros espacios. Los itinerarios, las encrucijadas y los centros se superponen parcialmente. A la combinación de los espacios corresponde una cierta complejidad institucional, creando así las condiciones de una memoria que se vincula con ciertos lugares.

 Aún dentro de la ambigüedad de su estatuto intelectual, el término “lugar antropológico” se refiere entonces a esta construcción concreta y simbólica del espacio que propone e impone una serie de puntos de referencia y de sentido para aquellos que lo habitan. Es la idea, parcialmente materializada o mitificada, que se hacen aquellos que lo habitan, de su relación con el territorio, con sus semejante y con los otros. Los lugares son así identificatorios de una identidad compartida por el conjunto de un grupo, de una identidad particular de tal grupo o individuo respecto a los otros y de una identidad singular del individuo o del grupo de individuos en tanto no son semejantes a ningún otro; son relacionales dando origen a una “configuración instantánea de posiciones”; y son históricos, desde el momento en que, conjugando identidad y relación, se definen por una estabilidad mínima que permite el reconocimiento de señales por los que viven en ellos.

Esta mirada antropológica es también atraída por el mundo contemporáneo, por el hecho de sus transformaciones aceleradas, de exceso o sobreabundancia en la sobremodernidad. La primera figura del exceso se refiere a la aceleración del tiempo, cuando los años recientes se vuelven historia tan pronto como hacen su aparición. Ello corresponde de hecho a una multiplicación de acontecimientos y de información, posibilitada por la tecnología y las interdependencias inéditas del “sistema planetario”,  planteando la necesidad cotidiana  de darle explícita e intensamente algun sentido.

La segunda figura del exceso corresponde al espacio. Paradójicamente la sobreabundancia espacial es correlativa al achicamiento del planeta, cuando es posible la visión instantánea y a veces simultánea de acontecimientos que están produciéndose en el otro extremo de la tierra. Así se mezclan cotidianamente imágenes de la información, de la publicidad y de la ficción, componiendo un universo de reconocimiento relativamente homogéneo en su diversidad. Esta concepción del espacio se expresa en los cambios en escala y en la multiplicación de las referencias imaginadas e imaginarias.

La tercer figura del exceso es la figura del ego en las culturas occidentales, donde el individuo cree interpretar para y por sí mismo las informaciones que se le entregan. Nunca las historias individuales han tenido que ver tan explícitamente con la historia colectiva pero nunca tampoco los puntos de referencia de la identidad colectiva han sido tan fluctuantes. Así la producción individual de sentido es más necesaria que nunca.

La hipótesis que AUGÉ defiende es que la sobremodernidad es productora de no-lugares y que no integra los lugares antiguos. Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no se defina por ello será un no-lugar, un mundo prometido a la individualidad solitaria, a lo provisional, a lo efímero, al pasaje. Por no lugar, entonces, designa dos realidades complementarias: los espacios construidos con relación a ciertos fines (transporte, comercio, ocio) y la relación que los individuos mantienen con esos espacios. Así como los lugares antropológicos crean lo social orgánico, los no lugares crean la contractualidad solitaria.

Resulta paradójico también el hecho de que en el momento mismo en que la unidad del espacio terrestre se vuelve pensable y en el que se refuerzan las grandes redes multinacionales, y se multiplican los no lugares, se amplifica el clamor de los particularismos, el lenguaje de la tierra y el de las raíces. El retorno al lugar es el recurso de aquel que frecuenta los no lugares y que sueña con una residencia secundaria arraigada en las profundidades del terruño, pues en el mundo de la sobremodernidad se está siempre y no se está nunca “en casa”.

 

 

5-El Lugar en  la perspectiva geográfica estructuracionista

 

La teoría de la estructuración, cuyos más conocidos representantes son GIDDENS, BOURDIEU y BHASKAR, afirma que se deben encontrar las mediaciones que dan nacimiento a lo concreto y singular más allá de las contradicciones generales de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, superando dialécticamente el dualismo entre el determinismo y el voluntarismo combinando estructura social con acción humana. Sostienen que ninguna estructura social es dualista sino que la vida social es fundamentalmente recursiva al expresar la dependencia mutua entre estructura y acción. Definen en este contexto conceptos mediadores: hábitus (Bourdieu); sistema/instituciones (Giddens); posición/sistema de práctica (Bhaskar).

El tiempo y el espacio son considerados centrales para la construcción de la interacción  social y consecuentemente, para la teoría social. La práctica necesariamente se sitúa en el tiempo y el espacio. Los lugares donde ocurren las actividades (el hogar, el trabajo, la escuela) son el producto de instituciones que a su vez son producidas por la estructura. Ellas forman nodos en el tiempo y el espacio alrededor de los cuales se concentra la actividad humana. El lugar, entonces provee el nodo de mediación en donde la acción se relaciona con la estructura social: es entonces central en la estructuración de la sociedad. Pero uno de los principales problemas, que no es necesariamente un mero asunto de seleccionar la técnica adecuada, es el cruzar desde lo composicional a lo contextual, es decir desde las categorías tales como conflicto de clases, hegemonía e ideología hasta las determinaciones que ocurren en individuos particulares y grupos particulares en una particularidad localidad.

En los últimos años, los geógrafos humanos se han involucrado cada vez más con la teoría social, desde el determinismo extremo de algunos enfoques estructurales marxistas hasta el extremo voluntarismo de los geógrafos humanistas. La perspectiva humanística representa la posición de que, en orden de explicar la conducta humana, se debe enfrentar los “microepisodios” de la vida diaria y su articulación con un medio concreto o contexto, asumiendo que la gente no experimenta la vida en el contexto abstracto de “sociedad de masa” sino en el contexto de “mundos sociales”, dominados por las perspectivas de distintos “grupos de referencia”. Si bien en la vida diaria, el mundo social provee de límites para el aprendizaje y la interpretación, la microsociología a veces olvida el impacto en la constitución de la acción, de la larga duración de las prácticas sociales estructuradas. Pero, por otra parte, resulta muy difícil relacionar lo que es usualmente una generalización muy abstracta sobre los fenómenos sociales con los asuntos de un lugar particular en un tiempo particular y con las acciones de los “individuos” (también un término problemático) en ese lugar. 

Los geógrafos humanos como PRED, THRIFT y AGNEW, combinando con la time-geography de HÄGERSTRAND, han tratado de desarrollar una perspectiva estructuracionista del lugar para capturar la “continuidad material del flujo tiempo-espacio del proceso de estructuración”. Para los geógrafos estructuracionistas el área local está directa o indirectamente conectada con la dialéctica de los macro-procesos de estructuración.

En este punto el lugar no sólo es lo local como escenario, institucional o informal, para la actividad e interacción social, sino también una localización, pues la reproducción y transformación de las relaciones sociales deben tener lugar en alguna parte. El lugar es así el área geográfica delimitada por el escenario para la interacción social definida por procesos sociales y económicos que operan a escala mayor.

Pero además el lugar es más que un objeto. Lo concreto y las políticas diarias dan origen a una estructura de sentimientos o de un sentido de calidad de vida en un lugar particular y tiempo. Surge así el sentido de lugar o de identificación geográfica y social del sujeto con el lugar pues la actividad humana circula alrededor de áreas “elásticas” en donde se constituyen las relaciones sociales que pueden localizarse y con las que la gente puede identificarse. Esta estructura de sentimientos local no debe confundirse con el concepto de comunidad en el sentido de modo de vida basado en un alto grado de relaciones personales y sociabilidad, aunque puede también estar presente. Este sentido no se restringe sólo a la escala de la localidad: puede proyectarse a una región o nación, dando lugar a los regionalismos o nacionalismos.

La cuestión de cómo definir un lugar ha sido practicada por geógrafos y en estos intentos, alguno de los tres elementos han sido predominantes: la geografía económica ha enfatizado la localización;  la  geografía cultural, el sentido de lugar; la geografía humanista, el local.

Desde esta perspectiva estructuracionista, la reproducción social y la socialización individual (componentes del proceso de estructuración) tienen lugar en la intersección de los caminos o trayectorias individuales con los proyectos institucionales que suceden en sitios específicos (lugar de trabajo, iglesia, escuela, vecindario, etc). Una región desde esta concepción, puede verse como el lugar de encuentro “activamente pasivo” entre la estructura y la acción humana, suficientemente sustantiva, generadora y conductora de la estructura pero también suficientemente íntima como para asegurar que los aspectos humanos de los seres humanos no se han perdido.

Un lugar provee de la oportunidad para la acción y los límites para la misma, esto es, la base para lo que se conoce sobre el mundo y lo material con qué hacer (o no) algo. En un lugar, las trayectorias de vida de los individuos particulares pueden interactuar porque están cerca unos con otros en el tiempo y el espacio. La interacción entre ellos y la manera de hacerlo, sin embargo, dependerán del modo particular de producción. Bajo el capitalismo, por ejemplo, el hogar (reproducción), trabajo (producción), escuela (reproducción) son determinantes. Estos locales dominantes proveen el nexo más directo entre la estructura de interacción de una región y la estructura social objetiva, porque ellos son los principales sitios de producción y reproducción.

Para comprender entonces cómo se construye un lugar se debe tener en cuenta:

1.la relación entre la personalidad (como la constelación total de las características psicológicas de los individuos que subsume los diferentes aspectos de la personalidad y del proceso constante de “internalización” o “interiorización” de las relaciones sociales que varía de acuerdo con el lugar) y la socialización (como un proceso de dominación y de resistencia, uno ligado al otro dialécticamente) que varía con el tiempo y el espacio en el tiempo y el espacio.

2.el grado de entendimiento o de penetración en el orden social existente que grupos sociales particulares (y por ende, los individuos dentro de ellos) pueden desarrollar. Este debe ser siempre contingente y ligado a las variadas limitaciones, en un proceso creativo de limitaciones y  un proceso limitante de creación.

3.el sentido de lugar. ¿Qué áreas actualmente tienen este carácter de autonomía?  La respuesta puede ser una ciudad, un vecindario, o una simple calle. Este sentido es un “asunto de cooperación a largo plazo”. La eficiencia del hábito y la cultura claramente depende de la familiaridad de las situaciones y de los hechos.

4.el grado de conflicto y la capacidad para superar las relaciones conflictivas entre grupos sociales particulares que viven a través de regiones particulares, a partir de la habilidad de los grupos, organizados de formas histórica y geográficamente específicas, para organizarse y formar individuos transformativos, formas particulares de conocimiento y formas particulares de sociabilidad, cada una de ellas inseparables de las otras.

Ninguna de estas funciones pueden tomarse fuera de un discurso sobre el lugar a través del cual ellas son vividas como prácticas sociales, que constituyen en conjunto una “estructura de elección” particular con una única forma de lógica social.

 

 

6- La compresión tiempo-espacio y el Lugar en la posmodernidad

 

En el prefacio a su trabajo, HARVEY afirma que el clamor de los argumentos postmodernos se han incrementado con el tiempo, relacionados con el posestructuralismo, el posindustrialismo y un enorme arsenal de nuevas ideas, determinando un campo minado de nociones conflictivas, pero definiendo los estándares de la crítica social y la práctica política, del debate, la forma del discurso y los parámetros sobre la crítica política, cultural e intelectual. No existe acuerdo sobre un único significado del término, salvo en el punto de que el posmodernismo representa una especie de reacción o escape del modernismo, que privilegia la heterogeneidad y las diferencias como fuerzas liberadoras en la redefinición del discurso cultural, y la fragmentación, la indeterminación y la desconfianza en todos los discursos totalizantes y universalistas.

El concepto compresión tiempo-espacio indica para HARVEY los procesos que revolucionan las cualidades objetivas del espacio y del tiempo, a punto de alterar, a veces radicalmente, el modo en que nos representamos el mundo. En un sentido similar al concepto de Sobremoderinidad de AUGÉ, utiliza la palabra compresión pues existen indicios fuertes de que la historia del capitalismo se ha caracterizado por la aceleración del ritmo de vida, al mismo tiempo que vence las barreras espaciales. A medida que el espacio parece una “aldea global” de telecomunicaciones y de interdependencia ecológica y económica, y que los horizontes temporales se reducen a un punto en que sólo existe el presente, surge la necesidad de enfrentarse con un sentido avasallador de compresión de nuestros mundos espacial y temporal. Esta experiencia no sólo es un desafío, un estímulo, sino también una tensión y una profunda perturbación que provoca una diversidad de reacciones sociales, culturales y políticas.

Sostiene que ello es compatible con la emergencia, a partir de 1970, en el contexto de las condiciones de la acumulación flexible pos-fordista, de una política fragmentada de grupos de intereses regionales divergentes como búsqueda de una identidad colectiva o personal en procura de comportamientos seguros en un mundo cambiante.

La identidad del lugar se convierte en una cuestión importante, como superposición de imágenes espaciales. Dos elementos aparecen en consideración:

1- la mayoría de los movimientos sociales dominan mejor el lugar que el espacio, dando importancia al vínculo potencial entre lugar e identidad social. Por medio de la representación de un pasado parcialmente ilusorio, se torna posible dar algún significado a la identidad local.

2- una segunda reacción frente al modernismo internacionalizado reside en el esfuerzo por la construcción cualitativa del lugar y de sus significados. La construcción de estos lugares, la promoción de alguna imagen estética localizada, permite la construcción de sentido limitado y limitador de identidad.

Existen, sostiene, graves peligros geopolíticos asociados en los últimos años a la rapidez de la compresión tiempo-espacio. La transición del fordismo a la acumulación flexible debería implicar también una transición de nuestros mapas mentales, actitudes e instituciones políticas. Sin embargo, el pensamiento político no está pasando necesariamente por estas transformaciones, aunque sí está sujeto a presiones contradictorias que provienen de la integración y de las diferenciaciones espaciales. Existe el riesgo de que los mapas mentales no se correspondan con las realidades corrientes. Por ejemplo, la importante reducción del poder de los estado-nación individuales sobre las políticas fiscales y monetarias  no se acompañó por una transformación paralela de internacionalización de la política.

Como efecto de ello, existen señales de que el localismo y el regionalismo serán más fuertes justamente como consecuencia de la búsqueda de seguridad que el lugar siempre ofrece en medio de las transformaciones que implica la acumulación flexible pos-fordista. La resurrección de la geopolítica y de la política carismática se encuadra en un mundo nutrido cada vez más, en términos intelectuales y políticos, por un vasto flujo de imágenes efímeras.

La intensidad de la compresión del tiempo-espacio en el capitalismo occidental a partir de los años ´70, con todos sus elementos congruentes de efemeridad y fragmentación excesivas en el dominio político y privado y social, parece de hecho indicar un contexto experiencial que confiere a la condición de posmodernidad de un carácter especial.

Esta condición, analizada e interpretada desde el  materialismo histórico, es situada en su contexto histórico, como parte de una historia de ondas sucesivas de compresión tiempo-espacio generadas por las presiones de la acumulación del capital (con sus esfuerzos permanentes de aniquilación del espacio por medio del tiempo y de reducción del tiempo de cambio). El capital continúa dominando en parte, gracias al dominio del espacio y del tiempo, aún cuando los movimientos de oposición obtengan por algún tiempo el control de algún lugar particular. Las “alteridades” y las “resistencias regionales” que la política posmoderna enfatiza pueden florecer en algún lugar pero con mucha frecuencia, están sujetas al poder que el capital tiene sobre las coordenadas del espacio fragmentado universal y sobre la marcha del tiempo histórico global del capitalismo.

 

 

7- Un sentido de lugar progresista

 

Doreen MASSEY parte de la crítica a una noción problemática de lugar, derivada de HEIDEGGER, que considera el lugar como de identidad esencial simple construida desde una historia introvertida basada en ahondar en el pasado por orígenes internalizados y que parece requerir el dibujo de límites. Los geógrafos, sostiene la autora, por largo tiempo se han ejercitado en el problema de definir regiones y esta pregunta de “definición” casi siempre se ha reducido al dibujo de líneas alrededor de un lugar. Y ello es una manera de construcción de una contraposición entre “nosotros y ellos”.

Pero, si se considera cualquier lugar real, y ciertamente uno que no está definido primariamente por límites administrativos o políticos, estas supuestas características tienen pocos logros reales. Las rutas de la gente a través del lugar, las conexiones que ellos hacen (física, o por teléfono, correo, o en su memoria, en su imaginación) entre el aquí y el resto del mundo, varían enormemente. Si hoy se reconoce que la gente tiene múltiples identidades, lo mismo puede hacerse en relación con los lugares. Más aún, estas identidades múltiples pueden ser una fuente de riqueza o de conflicto (acerca de cómo ha sido su pasado, sobre lo que debe ser su presente desarrollo, sobre lo que debe ser su futuro) o ambas.

Desde esta perspectiva, el posible divisar una interpretación alternativa del lugar. En esta interpretación, se le brinda al lugar su especificidad, no por su historia larga e internalizada sino por el hecho de que es construido por una constelación particular de relaciones, articuladas a un locus particular. La unicidad del lugar, o de una localidad, es construida entonces por interacciones particulares y articulaciones mutuas de relaciones sociales, procesos sociales, experiencias y entendimientos, en una situación de co-presencia, pero donde una gran proporción de estas relaciones, experiencias y entendimientos están actualmente construidos en una escala mayor de lo que se define como el lugar en sí mismo, sea una calle, una región o aún un continente. Por ello, en vez de pensar los lugares como áreas con límites a su alrededor, pueden ser pensados como “momentos articulados en las redes de relaciones sociales y entendimientos”. Y ello permite un sentido de lugar que es extravertido, que incluye una conciencia de sus enlaces con el mundo, integrando de una manera positiva lo global y lo local sin límites en el sentido de divisiones que simplemente encierren, pues puede devenir de una relación particular con ese “afuera” que es en parte constitutivo del lugar. Ello descarta la asociación entre penetrabilidad y vulnerabilidad.

Ciertamente existe en este momento una recrudescencia de algunos sentidos de lugar problemáticos, desde nacionalismos reaccionarios a localismos competitivos, a obsesiones introvertidas por la “herencia”. Es necesario, para la autora, reconocerlos y tratar de entender qué representan, sosteniendo la noción de diferencia espacial, de unicidad, de arraigo, que se corresponda con los actuales tiempos local-global  y los sentimientos y relaciones que ellos dan origen, sin ser reaccionarios. La especificidad del lugar deriva del hecho de que cada lugar es el foco de una mezcla distintiva de las relaciones sociales globales y locales, de que la juxtaposición de estas relaciones puede producir efectos que no sucederían de otra manera.

Es éste un sentido de lugar, un entendimiento de “su carácter”, que puede sólo ser construido ligando ese lugar con los lugares más allá. Un progresivo sentido de lugar debe reconocerlo: puede ser precisamente la relación entre lugar y espacio. Lo que se necesita, concluye, es un sentido global de lo local, un sentido de lugar global.

 

 

8. A modo de síntesis

 

Como se ha intentado mostrar a lo largo del trabajo, existen diferentes perspectivas desde las cuales acercarse al concepto de lugar y todas ellas intentan conceptualizarlo en su relación con la construcción de referencias de identidad individual y colectiva. Los diferentes autores estudiados avanzan sobre los mecanismos que permiten esa construcción, y algunos de ellos redefinen el concepto en el marco de las transformaciones de  finales del siglo XX.

Para sintetizar lo expuesto veamos las diferentes definiciones que plantean los distintos autores considerados:

 1- Desde una perspectiva experimental, tal como lo expresa TUAN, un lugar es un centro de significado construido por la experiencia, centro de sentido para individuos y grupos”. Un lugar así se construye “desde su visibilidad (creada por el arte, la educación y la política) y su permanencia temporal”.

2- Desde una perspectiva antropológica, siguiendo a AUGÉ, un lugar es “el principio de sentido y lugar de referencia para aquellos que lo habitan, identificatorio, relacional e histórico”. Se construye a partir de la “superposición de itinerarios, encrucijadas y centros, que crea las condiciones de una memoria vinculada a lugares”. Frente a los tres excesos de la denominada sobremodernidad,   los lugares y no lugares son como palimpsestos donde se reinscribe sin cesar el juego intrincado de la identidad y de la relación”. En la sobremodernidad se está siempre y no se está nunca “en casa”

3- De acuerdo con la perspectiva sociológica de la estructuración, el lugar es un escenario de mediación donde la acción individual se relaciona dialécticamente con la estructura social”. El lugar se construye a partir de la “reproducción social y socialización individual en locales determinantes”.

4- La perspectiva geográfica de la estructuración plantea que un lugar es “aquel que combina Local + localizacion + sentido de lugar: los mundos sociales locales del lugar se estructuran (tienen lugar) por las presiones del macro-orden objetivo de localización, lo que da lugar a la identidad subjetiva del sentido de lugar”. Se construyen en el “discurso continuo de convergencia témporo-espacial de “trayectos” individuales y de intersección de caminos individuales con los “proyectos” institucionales que suceden en sitios específicos”.

5- El Lugar pos-moderno  de HARVEY es fuente de estabilidad y de identidady surge del “localismo como consecuencia de la búsqueda de seguridad que el lugar ofrece en medio de las transformaciones del posmodernismo y la acumulación flexible”.

6- Para MASSEY, para que se entienda al lugar en un sentido progresista, debe ser definido como “los momentos articulados en las redes de relaciones sociales e institucionales”, que se construyen a partir de “las interacciones particulares y articulaciones mutuas de relaciones sociales, procesos sociales, experiencias y entendimientos en una situación de co-presencia global-local.” La globalización de las relaciones sociales es una fuente de especificidad del lugar: “sentido global de lo local, sentido de lugar global”.

Los lugares son así pensados como acontecimientos sociales que expresan la continuidad de ciertas redes de sociabilidad, donde puede verificarse la persistencia de una/s imputacion/es de sentido por sujetos emplazados.

“Todo lugar geográfico, por lo tanto, es un acontecimiento social, algo mucho más complejo que una simple área geográfica, que una comunidad, o que una imagen local”

 

 

Bibliografía

 

- AGNEW,J. (1987) “A Theory of Place and Politics” en: Place and Politics. Boston, Allen Unwin.

- AUGÉ, M. (1992) Los “no lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad.  Gedisa, Madrid

- BOISIER,S. (1989) "Palimpsesto de las regiones como espacios socialmente construidos", En: LAURELLI,E. Descentralización del Estado. CEUR, Buenos Aires.

- BOURDIEU, P. (1980) “A identidade e a representaçao. Elementos para uma eflexao crítica sobre a ideia de regiao”, en O poder simbólico. Memória e Sociedade, Bertrand Brasil.

- DE MATTOS, C. (1996) Modelos de crecimiento endógeno y divergencia interregional: ¿nuevos caminos para la gestión regional? Serie Azul nº11, Instituto de Estudios Urbanos , Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago.

- ENTRIKIN, N.(1989) “Place, Region and Modernity” in AGNEW, DUNCAN, eds. The Power of Place. Unwin Hyman, London.

- ESCOLAR, M. (1992) La Harmonia Ideal de un territorio ficticio. Boletin de Geografía Teorética. 22(43-44) pp.339-348.

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- HARVEY, D. (1989) A condiçao pós-moderna.Una pesquisa sobre as Origens da Mudança Cultural. Ediçoes Loyola,Sao Pablo.

- HARVEY, D. (1996) Justice, Nature and the Geography of Difference. Blackwell Publishers, Oxford, U.K.

- LE BERRE, M. “Territories” en BAILLY,A. et al (1995) Encyclopedie de Geographie. Paris, Economica, p.601-622

- MASSEY,  D.(1993) “Power-geometry and a progressive sense of place” en: BIRD, J. et.al Mapping the Futures. Routledge London.  (Pp.59-69)

- TRIFTH, N. (1983) “On the Determination of social action in Space and Time” en: Spatial Formations. Londres, Sage, 1996. Cap. 2

-        TUAN, Yi-Fu (1975) Place, an experimental Perspective. The Geographical Review, vol.LXV, nº 2)

 

 


 

 

RESUMEN

 

Continuando la revisión de la “cuestión regional” que permita avanzar en la elaboración de un marco interpretativo de los nuevos procesos territoriales en América Latina, y luego de mostrar cómo diferentes visiones alternativas tratan hoy de posicionar una economía política regional emergente buscando una comprensión apropiada de la transformación regional contemporánea, en este trabajo  se parte del supuesto de que las dos tareas simultáneas e interactuantes necesarias en la gestión del desarrollo son por un lado, la especificación del proyecto político y económico, y por el otro, la construcción social de lo regional. Las dos preguntas que guían esta tarea son: esta construcción social de la región ¿es una utopía de ingeniería social? ; si no es así, ¿cuál es el itinerario para su construcción? En otras palabras, ¿cómo se define y se construye un lugar como referencia de identificación  y acción colectiva?

Para poder avanzar teórica y metodológicamente en el diseño de estrategias para la gestión, estas cuestiones obligan a reflexionar sobre la teoría, realidad y estrategias de desarrollo regional y sobre el polisémico concepto de “lugar”, que no es objeto exclusivo del análisis geográfico sino de una amplia utilización en las ciencias sociales, constituyendo a la vez un signo de vitalidad de la temática como de exceso de fluidez y falta de precisión conceptual.

Se presenta entonces una propuesta de sistematización de algunos de los ejes conceptuales del debate teórico en torno de la teoría del lugar, con énfasis en el pensamiento anglosajón: la perspectiva experimental en geografía; la perspectiva antropológica; la perspectiva geográfica estructuracionista; el análisis del lugar en el marco de la compresión tiempo-espacio; y la perspectiva progresista sobre lugares.

 


Ponencia presentada en el Segundo Encuentro Internacional Humboldt. Mar del Plata, Argentina. Octubre de 2000.