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Asunto:[encuentrohumboldt] 12/04 - Cambios provocados por la globalización en una economía regional: el Alto Valle del Río Negro
Fecha:Sabado, 24 de Enero, 2004  01:13:48 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 CAMBIOS PROVOCADOS POR LA GLOBALIZACIÓN EN UNA ECONOMÍA REGIONAL: EL ALTO VALLE DEL RÍO NEGRO.

 

IMPACTOS ESTUDIADOS A TRAVÉS DE DOS CASOS :

EL CULTIVO DE LÚPULO Y EL CULTIVO DE MANZANA ORGÁNICA.

 

 MARÍA ESTHER GÓMEZ

 UNIVERSIDAD NACIONAL DE LUJÁN

 


RESUMEN:

El nuevo orden económico mundial genera numerosos cambios en las estructuras productivas en todos los países. La Argentina, inmersa en una economía global en el rol de productora de alimentos, ha visto modificadas algunas de sus características de producción agrícola en pos de los lineamientos dados por la industria y la distribución, las cuales definen los cambios en los gustos y necesidades de los consumidores.

Dos producciones agrícolas del Alto Valle del Río Negro son muestra cabal de estas nuevas orientaciones: el lúpulo (fuertemente influido por un proceso de integración vertical de una empresa cervecera) y la manzana orgánica (producción íntegramente destinada a la exportación).

En el caso de la producción de lúpulo es notable el proceso de concentración en la fase agraria. El efecto de la asociación de dos empresas multinacionales (una productora de cerveza y un acopiadora de lúpulo) cambió la estructura productiva y comercial dentro del Alto Valle y afectó a los productores tradicionales, concentrados en El Bolsón. El polo concentrador de la actividad se encuentra ahora en Fernández Oro, sede de la chacra lupulera de la cervecera.

La producción de la manzana orgánica es una actividad mucho más nueva en la región y su desarrollo responde a las exigencias de consumidores no argentinos. La producción se exporta, casi en su totalidad, a los países de la Unión Europea. El valor de este producto novedoso radica en su calidad certificada que lo avala como de origen natural.

Ambas producciones se han visto modificadas en los últimos años como consecuencia de nuevos lineamientos en el mercado. Como ambas se asocian a la producción agraria, sus cambios responden a las pautas que les llegan desde las etapas de la industria, distribución y consumo. Las ventajas e inconvenientes de estos cambios productivos pueden analizarse desde una óptica de reconversión productiva con miras a la inserción internacional de una economía regional o bien desde sus consecuencias socioeconómicas en los sectores que deben intentar la reconversión.

 

1. INTRODUCCIÓN

El presente ensayo integra un trabajo mayor cuyo eje es el impacto de las nuevas leyes del mercado en algunas economías regionales argentinas. Especialmente se trata el tema de los cambios tecnológicos y productivos en la agroindustria del lúpulo y en el cultivo de manzana orgánica en el Alto Valle del Río Negro. Por razones de espacio he optado por presentar solamente los lineamientos teóricos que enmarcan estos cambios, ejemplificando con las dos producciones citadas. Por este motivo algunos puntos no podrán ser exhaustivamente tratados, pero intentaré ser explícita dentro de la apretada síntesis que se presenta.

La corriente económica mercantilista del S XVIII dejó a los países más desarrollados en un lugar de supremacía respecto a sus colonias, las cuales fueron convertidas en simples productoras de materias primas. Esas materias primas eran procesadas y comercializadas por las metrópolis , quienes tenían el poder de decidir qué, cuánto y cómo era necesario producir.

En los albores del tercer milenio la situación no dista demasiado de la anteriormente descripta. Si se hace un parangón con ella se ve que hoy no hay ‘colonias’ en el sentido político, pero sí en el económico. Hoy no son los países quienes detentan el poder de decisión pero hay empresas transnacionales que cumplen esa función ( y cuyos capitales son generalmente originarios de los países que en siglos atrás eran los detentaban el poder).

Los términos local y global son interdependientes. El espacio local se rige por conductas sugeridas o impuestas por el espacio global. Pero el espacio global depende de que el espacio local acepte sus determinaciones para incluirlo . Si no lo hace queda aislado y sin posibilidades de crecimiento.

Pero cada espacio local tiene ventajas comparativas que debe conocer y explotar, para poder ofrecer a las nuevas exigencias mundiales aquello de lo cual mejor ganancia obtenga.. Sin embargo, esas diferencias locales, que pueden hacerle ganar a una región un lugar especial dentro del comercio planetario, no son siempre libres de conducirse por decisiones propias del lugar. A veces deben perder algunas de esas ventajas para negociar espacios más amplios dentro del comercio o la industria.

En este trabajo se analizarán las influencias de los comportamientos globales ( dados a través de las demandas de consumidores y de la industria) en un espacio local claramente delimitado: el Alto Valle del Río Negro, provincia de Río Negro.

Los cambios que se observan en los últimos años en las estrategias de producción del Alto Valle muestran la flexibilidad de sus agricultores o empresarios ante las nuevas condiciones del mercado. La flexibilidad ( tanto en cuanto al nivel de organización y distribución como de aceptación de nuevas variedades o técnicas ) es una de las actitudes claves que permiten adaptarse mejor a los dictados de la globalización.

Este último concepto queda claramente expresado por Bendini ( 1997, p. 36) al indicar que

" Las nuevas condiciones de la globalización asociadas al modelo postfordista se caracterizan por cambios tecnológicos que demandan más flexibilidad en las empresas, mayor descentralización de la producción y crecientes controles en la regulaciones internacionales en el marco de mercados más competitivos e inestables".

La producción de lúpulo está ampliamente controlada por una reglamentación internacional muy estricta, que pauta cuales son las variedades más aptas para su industrialización y cuáles aquellas que, por obsoletas en cuanto a sabor o rendimiento , ya no presentan valor en el comercio mundial. Lo mismo se observa para la manzana : la Unión Europea fija condiciones de calidad muy específicas para comercializar dentro de su territorio. Adaptarse a estas exigencias o quedar fuera del mercado son las taxativas opciones.

La producción agrícola de esta región siempre tuvo un fuerte sesgo hacia el mercado externo. Las manzanas y peras tienen una larga tradición exportadora. También es importante la creciente importancia que ,para la industria , adquiere la producción de lúpulo del Alto Valle. En esta investigación se hará referencia especialmente a la industrialización del lúpulo en la cervecería Quilmes.

En ambos casos ( tanto la manzana como el lúpulo) se demuestra que la producción regional de esos productos está fuertemente influida por decisiones ajenas a la etapa primaria propiamente dicha. Los cambios en los modos de producción, elección de variedades y destinos finales, así como la comercialización integran una red en la cual las presiones recibidas desde otras fases del circuito productivo son decisivas. La fase agraria es la que, actualmente, menos poder detenta dentro de esta cadena de producción de alimentos y bebidas. Es la que recibe las demandas de las otras fases superiores y la que debe aceptar los lineamientos exigidos si no quiere quedar al margen de la economía nacional o internacional.

 

2 - LA GLOBALIZACIÓN Y SUS EFECTOS

La globalización está dejando huellas claras en todas las actividades productivas que puedan tener alguna ventaja económica en quienes las llevan a cabo. Muchos son los factores y cambios que están operando para que esta modalidad planetaria se instale decididamente en las economías de América Latina. Las economías regionales de la Argentina no son una excepción.

Los espacios regionales se convierten en nuevos actores de un mercado global , fuertemente trasnacionalizado, que los obliga a reconvertir sus circuitos productivos en pos de una inserción planetaria a veces forzada por alianzas empresarias.

La perspectiva conceptual que guía este análisis incluye el abordaje del impacto de la globalización ( y sus políticas de ajuste ) en el marco de una economía regional en transformación decidida fuera de su ámbito local y sin posibilidad de excluirse a ella.

Son múltiples los casos que demuestran las afirmaciones anteriores. De ellos he seleccionado dos: el cultivo del lúpulo y la producción de manzana orgánica. Puede criticárseme que ninguno de ellos es de gran importancia por el volumen producido, pero los he elegido porque en ambos se destacan cambios en la modalidad de producción , industrialización o comercialización sustentados en las exigencias de una economía global. Y este es el objetivo que me propuesto: demostrar la creciente globalización de las actividades agrícolas de la economía regional..

En ambos casos es muy claro que los cambios que se han producido últimamente son producto de la interrelación, cada vez más estrecha, que se genera entre los distintos eslabones de la cadena productiva. En el caso de la manzana es la demanda del consumo europeo (fase IV) quien ha provocado cambios en la producción primaria de la fruta. En cambio, en el caso del lúpulo es la exigencia industrial (fase II) la que produjo las modificaciones de las variedades cultivadas . Además, como se verá más adelante, este último es un cultivo agroindustrial en el cual se produjo una fuerte integración vertical desde la principal cervecería argentina.

2.1 - COMMODITIES O SPECIALITIES ?

En una economía de escala, globalizada, los commodities son una alternativa productiva que permite la inserción en la aldea global. Sin embargo, el valor , entendido tanto en el sentido monetario como en cuanto a la capacidad de sustitución, está en un permanente descenso.

Así, son las specialities las que ocupan un lugar de mayor importancia dentro las opciones productivas de una región. Su cotización en el mercado dependerá de valores inmateriales ( como origen o calidad) que pueden presentar una batalla más dura que los grandes volúmenes de commodities, fácilmente canjeables al primer atisbo de inestabilidad de cualquier orden.

La Argentina entró en las globalización con los commodities. La fuerte presencia en nuestras exportaciones de los cultivos pampeanos han relegado al país a un lugar poco envidiable en el conjunto mundial. Sin embargo, las economías extrapampeanas pueden presentar una mejor oportunidad, ya que pueden explotar y exportar determinados productos, dentro de los llamados specialities. Es en este punto dónde se puede hacer mención al espacio regional que me ocupa, el Alto Valle del Río Negro.

Siguiendo a Gatto y Gutman (1990, p. 24) las commodities presentan procesos de transformación simples, con baja diferenciación del producto, perecederos, baja inversión unitaria, baja intensidad de capital por personal ocupado y rápida rotación del capital de giro. Como se desprende de lo anterior, ni la producción de manzana orgánica ni la de lúpulo poseen las características descriptas. Muy por el contrario, se trata de producciones con elevada dotación de capital y tecnología y con un producto claramente diferenciado, consideraciones que me permiten clasificarlos como specialities. Más aún, el caso de la manzana orgánica podría ser incluida en las denominadas NOP (Nuevas Opciones Productivas) (Posada, 1996-a) que son llevadas a cabo como estrategia de las empresas más grandes para no perder el mercado europeo.

Entonces se puede ver una diferencia interesante entre la economía pampeana (de commodities, la más plenamente globalizada) y la del Alto Valle, con un incipiente camino hacia la producción masiva de specialities. Paradójicamente , la generalmente mal conceptuada influencia de la invasión de capitales extranjeros y la predominancia del mercado externo en las decisiones de producción, pueden conducir , en este caso, a que la economía regional se encuentre mucho mejor preparada para cubrir nichos de mercado definidos por su alto valor. Este rol es impensado, generalmente, para las economías latinoamericanas.

Por todo esto no puede descartarse que el Alto Valle pueda convertirse en proveedor de alimentos de gran calidad destinados a un mercado de alto poder adquisitivo o bien, proveer un insumo agrícola muy específico para la industria ( como los derivados del lúpulo) que encuadre entre las exigencias de la marketa internacional, hasta hoy vedada para los productores argentinos. Este último objetivo es al que apunta decididamente la empresa Quilmes en su chacra lupulera rionegrina.

2.2 - EL CIRCUITO PRODUCTIVO: LAS MUTUAS INFLUENCIAS ENTRE LAS FASES COMO CLAVE PARA COMPRENDER LOS CAMBIOS

El núcleo de la presente investigación se centra la fase agrícola (fase I). Pero esta etapa agraria o primaria no puede ser analizada de manera aislada. Necesita del contexto de todos los eslabones de la cadena productiva para poder ser comprendida en su totalidad.

Los importantes cambios tecnológicos o logísticos que reorganizaron la producción agrícola son el resultado de las numerosas influencias recibidas desde las instancias superiores en el circuito de producción. La actividad industrial condujo las decisiones de la etapa agrícola durante algunos años posteriores a la Segunda Guerra. Sus demandas eran claras y respondían a una sociedad que estaba en proceso de reconstrucción . Sin embargo, esta preeminencia fue perdiéndose lentamente al mediar los setenta, cuando hacen su irrupción en las ciudades las grandes cadenas de distribución. Estas empresas empiezan a exigirle a la industria un cambio en su organización logística. Deben recibir pequeños volúmenes de productos pero con gran frecuencia de entrega.(Green, 1992, p. 45). Estas demandas fueron oídas gracias al fuerte poder de negociación que adquirieron las empresas de distribución. Pero para satisfacer estos pedidos también la industria reclamó a la fase I (agrícola) cambios en las variedades cultivadas, sistemas de conservación y empaque. No conformes con el espacio logrado hasta el momento, estas empresas de distribución (cadenas de super e hipermercados) comenzaron a acercar al consumidor nuevas opciones acordes a la agitada vida de las grandes ciudades. Cuando los consumidores descubrieron que podían comer mejor, o cocinar más rápido, se volvieron deseosos de obtener productos cada vez más sofisticados o naturales o mejor envasados u otras muchas opciones que surgieron.. Así es como se cierra el círculo, ya que nuevamente es la fase agraria la que recibe buena parte del peso de estas nuevas exigencias del mercado, las que le llegan luego de pasar el tamiz de la fase III (distribución) y de la industria.

Entonces, son las fases III y IV (consumo) relacionadas las que demandan cierto tipo de producto a la industria y esta baja esas pautas a la vapuleada fase I.

En este punto se puede acudir, para una mayor comprensión, a un enfoque sistémico: el todo no es igual a la suma de las partes. El comportamiento del mercado no es el equivalente al estudio de cada una de las fases que integran el circuito productivo. Las interrelaciones entre ellas agregan muchos elementos inmateriales que generan un resultado de mucho mayor alcance y de más alta complejidad que la mera descripción de cada eslabón.

El análisis sistémico ya fue propuesto por Palloix ( citado por Martínez Ibarreta , 1994, p.26) y contempla el estudio de la internacionalización del capital . Lo expresa diciendo que

" un enfoque subsistémico [permite] integrar diversos ‘circuitos particulares’ (...) en el marco de la unidad envolvente que es la ‘industria‘ o ‘rama’, que hará posible analizar el movimiento real del proceso de internacionalización del ciclo del capital social"

Este tipo de enfoque es claramente explicado por Colman (1994, p.117-118) cuando propone el uso del concepto ‘subsistema de producción y circulación’ en vez del más utilizado de circuito de producción. El autor describe este concepto como ‘un conjunto de actividades productivas y de circulación material y social ‘. Ese conjunto de actividades debe poseer una articulación físico-técnica (básicamente, ésta es la cadena productiva) pero también(y en este elemento es cuando se agrega algo más que el mercado) una organicidad social. En este último concepto se incluyen las prácticas técnico-económicas que funcionan de tal manera que si una de ellas no se encuentra adaptada o sincronizada al movimiento del conjunto puede paralizar al resto.

Con todos estos elementos previos se puede concluir que el enfoque sistémico propone el análisis del sistema alimentario desde el punto de vista global. Con esta óptica se distinguen dos líneas de análisis que se entrecruzan. Por un lado, la producción agropecuaria se integra a la cadena productiva del subsistema agroindustrial. Por otro, este último se integra a nivel mundial dentro del proceso de internacionalización del capital al mercado y la producción (Martínez Ibarreta et al, op cit, p. 15).

El valor de este tipo de análisis reside justamente en que no se pierde de vista la red de relaciones que se tejen alrededor de la producción alimentaria y ofrece una gran amplitud en la explicación de los diferentes casos , ya que toma en cuenta factores internos y externos al proceso productivo, sin olvidar la perspectiva histórica.

Resuelto desde esta opción metodológica el análisis cobra fuerza y sentido explicativo.

Pero esta metodología de análisis por sí sola no alcanza a cubrir todos los procesos que se dan en relación al sistema global. Por eso, Rastoin (1993, p.162)sugiera dos técnicas complementarias para abordar este análisis:

"...es preciso reforzarlo mediante el empleo de métodos como el ‘análisis de filiere’, que permite asumir perfectamente las secuencias técnico-económicas de producción-transformación-distribución de los productos, y el ‘análisis estratégico’, que permite identificar los factores determinantes del comportamiento de los agentes dentro del sistema."

En el presente trabajo se realizará un análisis con enfoque sistémico aunque, dados los limitados alcances de la investigación, sin entrar en la profundidad de las técnicas propuestas por el autor de la cita anterior.

 

2.2.1 - ESTRATEGIAS ADAPTATIVAS DE LOS PRODUCTORES PRIMARIOS

En el campo actual ya no se puede tomar como sinónimos a los conceptos ‘agrario’ y ‘rural’. El contexto rural se vio invadido por los capitales, la tecnología, las inversiones de infraestructura y ya dejó de ser aquello que supo definirlo: el modo de vida característico del campo.

Hoy se puede hablar de una producción agraria en un ambiente no rural.. La modernización y los cambios que ella trae aparejados (cambios en la modalidad de trabajo, en la productividad, en las técnicas) no pertenecen a un ámbito rural.

Ese campo tecnificado (tal vez podríamos llamarlo ‘globalizado’) ya debe ser tildado de agroindustrial. Es esta instancia productiva la que fija, delimita y controla la producción agraria. Y lo hace no solo a través de una intromisión directa como entidad jurídica (integración vertical) sino (y esto genera más dependencia que el caso anterior) a través de la provisión de todo tipo de insumos (desde semillas hasta pesticidas).

No es fácil para los productores adaptarse a esta nuevas condiciones. Las trabas financieras son las que conducen a agudizar los problemas del proceso de reconversión. Desde luego que son los agricultores independientes o las pequeñas empresas familiares las que más sufren estos cambios. Pero no solo ellos.

La modernización agraria modifica sustancialmente la red laboral. La tecnificación cada vez mayor de las tareas produce dos consecuencias interesantes de analizar: la disminución del empleo y la mayor capacitación de los empleados.

En el primer caso las estructuras sociales rurales reciben el impacto de una menor cantidad de sus miembros ocupados, que son , precisamente como consecuencia del segundo caso, los menos capacitados, y por esa misma razón los más fácilmente substituibles. Un claro ejemplo de este proceso se puede analizar en el cultivo de lúpulo. La operación de las actuales máquinas requiere un mayor grado de conocimientos técnicos, pero aumenta notablemente el rendimiento y la productividad, objetivos prioritarios para la empresa cervecera.

La situación planteada deja casi sin alternativas válidas a los productores independientes que apelan a algunas estrategias tales como cooperativas, asociasionismo o nuevas opciones productivas ( Posada, op.cit).

Las alternativas citadas no son salidas válidas en los estudios de caso elegidos. En el caso de la manzana orgánica ( nueva opción productiva) esta estrategia solo es llevada a cabo por las grandes empresas productoras que, en algunos casos , también son las que concentran el mercado exportador. Esto se debe a la seria dificultad que supone la reconversión de los cultivos de tradicionales a orgánicos.

En cambio, la situación del lúpulo difiere. Existen algunos pequeños productores en El Bolsón que han formado cooperativas o se han asociado para la utilización de las máquinas de procesamiento. Pero como el único comprador es la chacra lupulera de Quilmes, la que posee una capacidad de procesamiento mucho mayor que el volumen de su cosecha actual, opta por comprar el lúpulo sin procesar a los pequeños productores y así obtener doble beneficio: pagar a menor precio y evitar la ociosidad de su importante infraestructura. Esto conduce a un poder cada vez menor de los pequeños productores, quienes llegados a este estado de cosas eligen nuevas opciones productivas, tales como cultivo de frutas propias de la región andino-patagónica y/o elaboración de productos alimenticios artesanales. Claro está que ellos pueden contrarrestar los efectos de esa manera porque generalmente el lúpulo no es la única especie plantada en las escasas hectáreas de su propiedad. De ahí que sea más sencillo abandonar una de las producciones y apuntalar otras previamente instaladas en menor superficie.

En otros casos de productores de mayor envergadura está cambiando la idea de qué producir. Ajustándose a un modo de producción postfordista, el concepto cambia de producir mucho a producir mejor. Esto provoca una especialización productiva, dada a través de la calidad del producto, el mantenimiento, el envase. Se trata de factores ligados más al marketing que valor intrínseco del producto. Pero con esta estrategia se apunta a diferentes sectores del mercado, que poseen distintas exigencias o poder de compra. Se amplía la gama de presentaciones y variedades con el mismo alimento. Las producciones masivas y standarizadas ya no resultan redituables, Ahora se busca producir ganancias y no cantidad. (Green, op.cit, p.37).

 

2.2.2 LA INDUSTRIALIZACIÓN Y SUS EXIGENCIAS

En esta investigación el eje central pasa por la producción de alimentos y bebidas . Por esto para empezar a reflexionar sobre la influencia de la industria en la fase agraria es necesario, previamente, definir el concepto de industria agroalimentaria.

Los diferentes autores consultados presentan el concepto de manera similar, con leves cambios de interpretación. Rastoin (1993, p. 167) considera que la industria agroalimentaria es la ‘transformación de las materias primas agrícolas en productos alimentarios’. Esta primera limitación del concepto ya contiene la relación fase I - fase II que termina siendo tan estrecha que en algunos casos se dará en una misma entidad.

La Harvard Bussiness School (citada por Martínez Ibarreta. op.cit. p.10)) propone una definición en términos del lenguaje coloquial, pero muy clara: ‘la agroindustria es un sistema de la semilla al consumidor’. En esta explicación sencilla ,sin embargo, no está ausente el enfoque como sistema (al cual hice referencia en el punto 2), el cual conduce a la manera más completa de análisis de esta temática.

La cada vez mayor relación entre industria y agro ha llevado a algunos autores hacia un nuevo concepto integrador: los complejos agroindustriales (CAI). Dichas relaciones pueden encararse desde distintas ópticas, resultando de cada una de ellas una vinculación particular entre productor agrario e industria. Martínez Ibarreta y otros ( op. cit., p.9) definen complejo agroindustrial como

"...un concepto multidisciplinario que articula referencias a formas organizativas del conjunto de relaciones productivas, sociales y tecnológicas, que se desarrollan tanto en un espacio macro como microeconómico. De ahí que pueda ser entendido desde un punto de vista jurídico, como conjunto de contratos; desde el ámbito económico, como un sistema de producción y circulación de mercancías; y desde la perspectiva tecnológica, como un ‘paquete’ integrado de técnicas."

El mismo autor amplía su propio concepto citando a Vigorito quien resume los CAI como

"... un conjunto económico compuesto por la división de etapas productivas vinculadas a la transformación de una o más materias primas , cuya producción se basa en el control del potencial biológico del espacio físico. El CAI es un mecanismo de reproducción que se estructura en torno a la cadena de transformaciones directamente vinculadas con la producción agraria hasta llegar: a) su destino final como medio de consumo o inversión, b) formar parte de la órbita de otro complejo no industrial."

Esta cita puede ejemplificarse claramente en el caso de la chacra lupulera de Maltería y Cervecería Quilmes en el Alto Valle. El control del potencial biológico queda evidenciado con la introducción de nuevas variedades y con la actividad presente en el laboratorio de mejoramiento genético de la chacra. Cabe destacar que este manejo de Quilmes no es exclusivo para el lúpulo. También (y más notoriamente) se da para la cebada cervecera.

Las relaciones entre agro e industria no son otra cosa que una clara manifestación de la globalización, ya que se intensifican a través de la fuerte injerencia de los capitales en la actividad agraria. Esa injerencia trae como consecuencia cambios en apariencia muy positivos, como ser un intenso proceso de modernización y transformaciones tecnológicas y sociales de la industria procesadora de productos agroindustriales y de insumos (Teubal, 1993, p. 108). Estas manifestaciones son las que conducen , en términos del citado autor, a la ‘caificación de la economía’.

Sin embargo, detrás de esos avances surge el fantasma del empobrecimiento y la dependencia, con sus consecuencias sociales que afectan a la masa asalariada que debe trabajar no ya para sus propias producciones sino para empresas transnacionales para quienes el valor más importante es el rendimiento por unidad de superficie o por hombre. Con estas características se puede concluir, al igual que Feder (Citado por Martínez Ibarreta et al,op cit, p 13) que ‘cuanto más modernizadas, más pobres son las sociedades rurales’.

Surge así una nueva dicotomía, ‘moderno-atrasada’, que reemplaza a la tradicional minifundio-latifundio como consecuencia del impacto concentrador y diferenciador que produce la intromisión de la industria en el campo (Martínez Ibarreta et al , op. cit p.29)

El concepto de modernización fue variando en los últimos treinta años desde ser considerado como la incorporación de tecnología hasta el actual que lo acerca a la idea de la competitividad de las unidades empresarias de producción, pasando lentamente desde una concepción de protección estatal hacia otra de fuerte preponderancia de lo privado (Posada, 1996-a, p. 164-166). En el agro modernizado de los noventa predominan las integraciones verticales de las empresas y se privilegia el autoabastecimiento de ellas. A medida que en la modernización (fundamentalmente la concerniente al ámbito rural) se incorporaba la privatización de la economía es cuando comienza a empobrecerse la población más ligada a las tareas de producción agraria con fines de supervivencia o mercado interno. Mientras el Estado ejerció su poder proteccionista muchos productores quedaron a salvo de la competencia. Pero la obligada desregulación económica, fruto de la globalización, mostró cruelmente el desamparo en el quedaron los pequeños productores. Mientras ellos gozaban de la seguridad de un estado paternalista, el agro se volvía cada día más competitivo. Cuando, bruscamente, el Estado dejó de regular la economía cayó el muro que contenía el avance de la modernización, entendida ésta en la última de las acepciones explicadas. Por esto, los productores quedan fuera de los circuitos globales, a menos que acepten la intromisión de los capitales internacionales, únicos que pueden garantizar esa modernización. Como corolario, el empobrecimiento de la población de las economías desreguladas es cada vez más notorio.

No se puede dejar de mencionar, de todos modos, que, para algunas regiones, la dependencia de la industrialización de sus productos es la única perspectiva futura de crecimiento y la seguridad del aumento del rendimiento. Queda en la voluntad política de los que pueden tomar decisiones de que a esos beneficios que obtengan las empresas se les agregue alguna ventaja social (empleo, legislación laboral protectora, compromisos de capacitación del personal u otro tipo de inversiones de fuerte impacto social positivo).

Estos CAI presentan a su vez una organización particular, que favorece la incidencia de la industria sobre la agricultura. Como resultado de la interdependencia que se da ente las distintas actividades del complejo surgen, naturalmente, polos que concentran algunos procesos y los integran. En estos polos se realizan tareas de coordinación o control entre las distintas unidades que conforman el complejo. Dentro de esos polos algunos tienen más poder que otros según la mayor o menor capacidad de decisión que posean dentro del conjunto. Aquellos que poseen mayor poder de determinación son los que pasan a constituirse como núcleos del complejo (Martínez Ibarreta et al, op.cit, p 18,22).

Un ejemplo de estos núcleos del complejo se da con el caso del lúpulo, en el cual la chacra de Quilmes actúa como compradora de los conos de lúpulo del resto de los productores de la provincia. Esa tarea de concentración de actividad la posiciona como referencia obligada del complejo agroindustrial cervecero.

A partir la definición de CAI dada por Martínez Ibarreta se pueden distinguir cuatro tipos de organización de dichos complejos según cual fuere el nexo vinculante entre las actividades que los conforman. Teubal ( op.cit) las reseña con las siguientes denominaciones: integración vertical por propiedad (o propiamente dicha); integración vertical contractual o agricultura de contrato; integración vertical asociativa y cooperativizada e integración vertical vía poder de mercado.

El primer caso se ejemplifica claramente con el lúpulo. La empresa Quilmes, principal cervecería en Argentina, es dueña (parcial) de la chacra productora de lúpulo en el Alto Valle.

El segundo caso también se puede ejemplificar con el lúpulo, pero esta vez en relación con los pequeños productores de El Bolsón, con quienes la empresa cervecera acuerda la compra de la totalidad de la producción.

También se ejemplifica con lúpulo el tercer tipo de CAI, pero en este caso intervienen solo los pequeños productores, que lograron integrarse para la compra y utilización de la maquinaria requerida par el secado de los conos de lúpulo, primer eslabón en la etapa de industrialización del producto. Como ya se ha dicho, esta situación se ve seriamente comprometida por las estrategias comerciales de Quilmes.

En el caso de la manzana orgánica se da fundamentalmente el primer tipo de integración, ya que se trata de las mismas empresas que ya poseen toda la cadena productiva las que reconvierten sus cultivos y sistemas de procesamiento y empaque para asimilarlos a las exigencias del mercado orgánico. El caso más destacado es la empresa EXPOFRUT.

Esta fuerte influencia de la industria sobre la actividad agrícola ha cambiado también la visión de qué es lo que se produce. Hace algunas décadas el productor pampeano producía trigo; hoy, la industria ve en ese productor a una fábrica de gluten. Más recientemente, se podría dar el ejemplo con la soja y la producción aceitera o la leche y la grasa butirosa. Esto quiere decir que para la industria hay un subproducto de una especie vegetal que es el que necesita por su valor alimentario. Desgraciadamente para algunas regiones, ese subproducto puede hoy estar producido por una especie y en el futuro por otra, quedando fuera del circuito comercial las zonas del planeta con tendencia la monocultivo de la especie abandonada. Este tipo de situaciones son mucho más frecuentes en los países menos desarrollados que, por sus limitaciones financieras y tecnológicas, no pueden rápidamente reconvertir sus producciones. Más aún, con la ayuda de la biotecnología se podrían ‘crear’ especies más rendidoras o resistentes que se cultivarían en aquellas áreas en dónde los capitales transnacionales estuvieran dispuestos a invertir, decisiones en las que priman más las conductas políticas que los factores naturales. Esa compleja madeja de relaciones, valores, influencias y necesidades lleva a que la producción agrícola tenga cada vez menos valor en sí misma.

El caso del lúpulo, cultivo típicamente industrial, demuestra como hoy se buscan especies con altos rendimientos en aceites y resinas, ya que esa es la materia prima que la industria cervecera está interesada en comprar. Por esto se dejan de lado las tradicionales variedades, con larga data en el terreno pero que responden a valores productivos que hoy ya no tienen cabida en el mercado.

 

2.2.3 LA DISTRIBUCIÓN: CENTRO DE PODER

Ya se ha visto como dentro de la cadena productiva la etapa de la distribución ha ido ganando poder de decisión en desmedro de las etapas agraria e industrial.

El transporte y la venta son dos puntos neurálgicos en la organización actual de la empresa. El nuevo sistema de producción, denominado postfordista, exige una entrega frecuente, de volúmenes no muy grandes, con gran sincronización con las tareas de producción y con una optmización permanente del tiempo y el espacio, que se traduce en la reducción de los stocks ociosos a su menor expresión.

Estas nuevas formas de producir, sumadas al poder de negociación cada vez mayor de las grandes cadenas de distribución de alimentos y bebidas, han afectado al sector primario así como a la industria. Sin duda, es la segunda etapa del circuito productivo la que más ha debido reorganizarse para cumplir las nuevas pautas. Sin embargo, el sector primario debe reacomodar su forma de producir para poder satisfacer las demandas industriales.

Los ritmos de la producción agrícola no son, en manera alguna, asimilables a los de la producción industrial. De ahí que no puede pensarse que el sistema postfordista esté manejando la producción agraria de lúpulo y manzana orgánica. Más difícil aún se torna aplicar esta nueva modalidad cuando la producción de lúpulo no autoabastece ni siquiera a la empresa a la cual pertenece la principal chacra productora. Por esto, las entregas en tiempo y volumen asociadas al sistema de flujo tenso (como también se denomina al sistema postfordista) se relacionan más con la importación del producto que con la producción nacional.

 

2.2.4 - LOS CONSUMIDORES Y SUS NUEVOS COMPORTAMIENTOS

Los consumidores son, en última instancia, quienes determinan el éxito de un producto. Por ello, el atento seguimiento a los cambios de hábitos o gustos es la clave para posicionarse en el mercado.

Nadie duda de los importantes cambios que se han concretado a partir de la modificación en la estructura familiar y los roles de sus miembros. El trabajo de la mujer, los hombres solos, las distancias que separan el trabajo del hogar y el tiempo que toma recorrerlas son algunos de los factores que han provocado cambios en el momento de elegir qué alimento comprar.

Pero, además de los mencionados, han surgido otros cambios que pesan en el momento de la compra y que se relacionan con la gran diferenciación de tipos sociales. El consumo de los adolescentes no se asemeja a las elecciones de los más ancianos ni tampoco se parecen los consumos de la clase media argentina a los que puede adquirir la clase media francesa.

Los nichos de mercado son cada vez más variados. Desde el componente de la salud (que lleva a la proliferación de productos sin grasas , ni cremas o de bajo poder calórico) hasta la moda de la vuelta a lo natural (que produce una avalancha de productos orgánicos o de elaboración artesanal).

Desde ya que todos esos nichos de mercado se destinan a población de diferente poder adquisitivo y esto es más notorio en el caso de los productos destinados exclusivamente a la exportación a la Unión Europea. Sin embargo, es interesante resaltar que para todos los niveles sociales puede encontrarse variedad y diferenciación entre los productos a elegir.

El caso de la manzana orgánica es el que más se acerca en la explicación de estos cambios en los gustos de los consumidores. Pero el lúpulo no se queda atrás. El mercado cervecero actual es de una gran variedad de estilos: desde cervezas sin alcohol, ligth o negra, además de la tradicional pilsen. Esta gran oferta de sabores ha surgido de la necesidad de cubrir la demanda de diferentes grupos sociales.

Ambos productos, manzana orgánica y lúpulo, son fieles exponentes de los cambios que se suceden a medida que el marketing exige nuevas estrategias para captar clientes.

2.3 - GLOBALIZACIÓN Y SEGURIDAD ALIMENTARIA

La integración de una región de un país periférico al sistema agroindustrial conduce a cambios notables que modifican su manera de consumir y producir de tal modo que se va perdiendo el carácter particular de esa producción para comenzar a hacerlo con las pautas del sistema global.

De la misma forma , pero con consecuencias más graves, los patrones alimentarios también se globalizan. El delicado equilibrio logrado por muchas comunidades latinoamericanas entre sus producciones agrícolas y sus alimentos básicos se ha roto. Ahora producen cereales para alimentar ganados extranjeros y productos exóticos que sacian las demandas de consumidores con paladares exquisitos y bolsillos bien provistos de los países centrales. Mientras tanto, estas economías globalizadas deben gastar sus magros recursos financieros para solventar absurdas importaciones de alimentos producidos en otras latitudes.

Citando a Vigorito, Martínez Ibarreta (op cit, p 16) expresa la grave situación y sus consecuencias de las siguiente manera:

los países centrales transfieren un nuevo patrón alimentario basado en su agricultura ‘moderna’, el patrón transnacional, provocando cambios en la manera de producir y de consumir. Este proceso no ocurre equilibradamente, sino que genera un conflicto, dado que estos cambios no se condicen con las características históricas que ha tenido el desarrollo económico de América Latina.

Sin embargo, a mi entender, Argentina escapa a este poco beneficioso panorama que caracteriza a sus vecinos de América del Sur y Central. La evolución histórica de nuestro país , con larga experiencia en producciones destinadas a la exportación, cambia la relación entre el productor agrario y el capital transnacional, porque no se trata de población campesina que produce para consumo propio sino de dueños de la tierra que producen para un mercado en el cual quieren ganar clientes.

Martínez Ibarreta et al explican las causas de esta situación diferenciada:

‘...el caso de Argentina muestra que históricamente la inversión transnacional en el agro no fue un rasgo dominante, como tampoco lo fue la crisis alimentaria que sí vivieron otros países, al tiempo que los nexos con los mercados mundiales son de muy antigua data, y no un producto de la expansión más o menos reciente del capital transnacional (sin contar que la desintegración de una economía de subsistencia por efectos de esa inserción externa , es un proceso inexistente en este país).’

Estas razones justifican que la seguridad alimentaria argentina no se encuentre en situación de riesgo ni medianamente comprometida, al menos para gran parte de la población.

Sin embargo, el país aun no aprovecha totalmente sus importantes ventajas comparativas. Para ello es necesario analizar seriamente las estrategias usadas por los países centrales (tales como protección de la agricultura ,o tecnología o privilegiar la autosuficiencia) y adaptarlas al sistema socioeconómico argentino para tratar de lograr la mejor posición en el mercado.

 

3- A MODO DE CONCLUSIÓN El proceso de globalización de la economía mundial está afectando notablemente a dos antiguas producciones agrícolas del Alto Valle: el lúpulo y la manzana.

Los cambios tecnológicos y de modalidad de producción demuestran que casi ningún segmento de la economía regional ha escapado a los ajustes que exige una economía planetaria.

El lúpulo, cultivo agroindustrial por excelencia, tiene una larga tradición en la Argentina . Sin embargo, en el último lustro ha pasado por más modificaciones que en sesenta años. Por empezar, la alianza de Cervecería y Maltería Quilmes con Haas, principal acopiadora mundial de lúpulo, de capitales norteamericanos, provocó una revolución en un mercado tan pequeño, y por ello tan sensible, como lo es el del lúpulo en la Argentina. Desde el cambio de variedades sembradas (según conveniencia de la transnacional) hasta una disminución importante en el precio de venta, la incursión de capitales internacionales ha generado reconversiones forzadas entre los pequeños productores. Indefensos ante los lineamientos marcados por una ‘marketa’ internacional que nunca los preocupó, sus producciones se vieron repentinamente devaluadas. La condición oligopsónica del mercado lupulero terminó de complicar la situación. Ni siquiera las cooperativas lupuleras (tanto de El Bolsón como del Alto Valle) pudieron competir con el poder de negociación que controla Quilmes. Con este panorama, los pequeños productores, con variedades obsoletas, bajo nivel de tecnificación y dependientes de un casi único comprador, acordaron en vender sus producciones a menor precio con la consecuente pérdida de rentabilidad. Esta situación obligó a muchos de esos productores a disminuir la superficie destinada a lúpulo, dentro de sus superficies de heterogéneos cultivos, actitud que concentró aún más el poder de Quilmes.

El proceso que acaba de resumirse muestra claramente el impacto provocado por la llegada de una empresa transnacional al Alto Valle (considerando a la alianza Quilmes - Haas como una nueva empresa). Su influencia llegó hasta los productores de El Bolsón quienes se encuentran en la encrucijada de decidir si tecnificarse y cambiar sus viejas plantaciones por las nuevas variedades exigidas en el mercado (con lo que deberían endeudarse sin conocer los resultados de sus nuevas actividades) o a mantenerse en su situación actual y perder lentamente su posición en el mercado.

Con la aparición de Quilmes - Haas se sacudió el sector lupulero, se impulsó una modernización y se planea una proyección internacional del lúpulo argentino; pero los pequeños productores quedan al margen de estas iniciativas.

La globalización provoca cambios beneficiosos en un aspecto: una economía regional se prepara para competir en un mercado global conducida por la alianza de dos empresas transnacionales. Pero también la globalización muestra en este caso la cara del ajuste: los pequeños productores quedan fuera del futuro si no se reconvierten. Sus magros capitales conspiran en contra. Y la ayuda que les proveen las empresas interesadas en sus producciones no es gratuita.

Las mismas bases económicas capitalistas que guiaron el proceso del lúpulo están influyendo en el proceso creciente de producción de manzana orgánica en la misma zona, el Alto Valle. Dos producciones, una misma región, un futuro globalizado para ambas que las conduce a una reconversión mirando el mercado exterior, buscando ajustarse a las leyes del mercado y a las exigencias de los consumidores, dirigidas por las grandes transnacionales, ya sean de agroindustrias o de la distribución.

La influencia de la globalización en el sector productivo de la manzana, tan tradicional y caro a la identidad del Alto Valle, se plasma a través de las nuevas producciones orientadas al mercado europeo. Esta parte del mundo exige productos orgánicos. El cuidado del medio ambiente y la salud de los consumidores es una tendencia cada vez más marcada en los sectores de mayor poder adquisitivo. Este tipo de demanda modifica la modalidad de producción de algunos productos. Este claro mensaje ha sido captado por las empresas en condiciones de reconvertirse y transformar sus cultivos tradicionales en producciones orgánicas. Así se origina la producción de manzana orgánica en el Alto Valle y su superficie aumenta año a año, entusiasmada por los buenos logros obtenidos en la captación de nuevos clientes y la aceptación de los productos argentinos en la exigente Unión Europea.

También, y al igual que en el caso del lúpulo, muchos productores se quedan al margen de estas prácticas por imposibilidad económica: no podrían subsistir mientras reconvierten sus producciones a orgánicas (proceso que toma al menos dos años).

No quiero cerrar este ensayo sin antes explicitar algunos interrogantes que surgen de esta investigación y que pueden ser puntos de reflexión futura:

- Se puede hablar de un modelo postfordista en las modalidades de trabajo que se plantean para el lúpulo y la manzana los productores del Alto Valle ?

- La actual tendencia a aumentar la producción agrícola orgánica se manifiesta a través de un manejo verdaderamente sustentable del medio ?

- La producción ecológica es solo una estrategia adaptativa o se plantea como una auténtica respuesta a una verdadera toma de conciencia ?

- La industria interviene en el procesos productivo agrícola por sí o forzada por el conservadurismo de los productores ?

El dinamismo del proceso seguramente planteará nuevos interrogantes al intentar responder estos.

Mientras tanto, el Alto Valle se globaliza. Es su estrategia para sobrevivir en un mundo cada vez más conectado y competitivo.

 

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Ponencia presentada en el Primer Encuentro Internacional Humboldt. Buenos Aires, Argentina. Noviembre de 1999.