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Asunto:[encuentrohumboldt] 6/04 - Desestructuración de la Economía Campesina y Problemáticas Ambientales en un Área de la Quebrada de Humahuaca
Fecha:Viernes, 16 de Enero, 2004  00:38:55 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

 

DESESTRUCTURACION DE LA ECONOMIA CAMPESINA Y PROBLEMATICAS AMBIENTALES EN UN AREA DE LA QUEBRADA DE HUMAHUACA.

ALGUNAS HIPOTESIS.

 

Mariana Beatriz Arzeno

Instituto de Geografía- Facultad de Filosofía y Letras-UBA.


Introducción

En el presente trabajo nos centraremos en el análisis de la situación socioproductiva actual de un área rural que ha sufrido un proceso de desestructuración económica y social de las unidades domésticas campesinas que la habitan. Esa desestructuración se da especialmente a partir de la incorporación de la población local de manera masiva al mercado de trabajo, desde la década de 1930.

Pretendemos indagar entonces en ese proceso de manera tal de poder interpretar la situación actual y a su vez plantear algunas hipótesis sobre el futuro de estas unidades domésticas, en un contexto de emigración de la población joven y cada vez mayores dificultades para el desarrollo de la actividad agropecuaria.

Tomaremos como período de análisis, las últimas décadas del siglo pasado hasta la actualidad, caracterizando brevemente la situación antes de 1930 y profundizando en las transformaciones que comienzan a darse a partir de ese año, por el motivo antes mencionado.

A su vez nos planteamos hasta qué punto las características ambientales del área constituyen una de las principales "limitantes" para el desarrollo de la producción agropecuaria (tal es la percepción de los productores) en un lugar que fue, en la etapa prehispánica, un complejo agrícola muy importante y en donde la actividad agropecuaria continuó siendo la base de la economía de la población hasta las primeras décadas de este siglo.

El área de estudio, Rodero, se encuentra ubicada a 25 km al noreste de la localidad de Humahuaca, en el departamento del mismo nombre, a una altura promedio de 3400 m.s.n.m. Abarca una superficie de aproximadamente 16000 has entre los siguientes límites: quebrada de Chuispiojo al norte; quebrada de Chorrillos, cerro de Agua Colorada y cerro Negro al oeste; arroyo de Queragua y Abra de Queragua al sur y la serranía de Aparzo al este. El clima es semiárido, con precipitaciones de aproximadamente 300 mm anuales, las cuales se registran en verano.

Características socioeconómicas a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX

El área formaba parte de la hacienda Rodero y Negra Muerta, la cual era, como otras haciendas de la Puna, una "hacienda de arrenderos" (tal como las denomina Madrazo, 1982).

La actividad agrícola y ganadera constituía la base de la subsistencia de las unidades domésticas. Sin embargo es probable que, al igual que en otras áreas de la Puna, la necesidad de obtener dinero para el pago del arriendo haya implicado un aumento de la presión en la organización de la producción, ya que a las actividades que tradicionalmente se realizaban para garantizar la subsistencia, se suman aquellas vinculadas a la obtención de un ingreso monetario (Bratosevich, 1992; Teruel, 1995).

La vinculación al comercio puede ser que se acentúe en ese momento. Según Madrazo (1994) la arriería fue una de las actividades ligadas al comercio en la que intervinieron los indígenas y campesinos del noroeste durante la colonia y que tuvo su auge en la época nacional desde 1830 aproximadamente durante medio siglo: "En este rubro, no sólo las mulas sino también los burros eran muy importantes como medio de transporte y como mercancía, estos últimos en operaciones realizadas muchas veces por los campesinos [...] El ganado en pie, sobre todo ovejas y burros, lo vendían por sí mismos, o a sus propios hacendados o a comerciantes tarijeños que concurrían a la puna para la reventa en Bolivia" (p. 137).

En las visitas realizadas a la zona en julio de 1998 y marzo de 1999, los productores entrevistados que eran jóvenes en las décadas del '30 y '40, afirman que la superficie cultivada era mucho más extensa y el tamaño de los rebaños más grandes en aquel momento.

Por otro lado, la producción no sólo aseguraba la subsistencia de estas unidades, sino que además se generaba un excedente que era intercambiado vía trueque con pobladores de la Puna. Una de las entrevistadas manifestó haber conocido este tipo de intercambio, por el que obtenían productos tales como sal y tejidos, a cambio de excedentes de la producción local (maíz y papa por ejemplo).

El desarrollo de esta actividad agrícola y ganadera en el área implicaba que el extenso sistema de acequias (indispensable para el riego de los predios) fuera continuamente mantenido (cosa que no sucede ahora, como veremos más adelante).

Evidentemente este tipo de organización económica (la práctica agrícola que generaba un excedente, la actividad ganadera que era un complemento importante y el mantenimiento de un sistema de acequias necesario para el desarrollo de esas actividades) involucraba mucha mano de obra.

Integración al mercado laboral; desestructuración de la economía campesina. Década de 1930 en adelante

Con la compra de la hacienda Rodero y Negra Muerta por parte del propietario del ingenio San Martín del Tabacal (Robustiano Patrón Costas), la población campesina de Rodero quedará vinculada al mercado de trabajo y de manera masiva comenzará a combinar la producción en el predio con la migración estacional a la zafra de caña de azúcar. La compra de la hacienda se realizó entre 1929/30 e implicó que los campesinos dejaran de pagar el arriendo en dinero y pasaran a pagarlo en trabajo, durante seis meses en la cosecha de caña de azúcar (Rutledge, op. cit.).

La concurrencia de estos campesinos al ingenio (así como los de la Puna y otras áreas de la Quebrada) significaba, en palabras de Campi y Lagos (1994) el primer paso de un largo proceso de proletarización: "... paulatinamente irían dependiendo cada vez más del ingreso monetario que obtenían bajo la forma de salario y debilitándose las diversas alternativas de acceso a los medios de producción que brindaban las tradicionales economías de subsistencia" (p. 186).

De acuerdo con Rutledge (op. cit.), los métodos a través de los cuales se aseguraban que los indígenas cumplieran con sus "obligaciones" en la zafra, eran brutales. Según el relato de CM (una de las entrevistadas en Rodero), en esa época les pegaban y obligaban a ir a "pelar" caña. Pero aún con la interrupción de la coacción violenta, con las leyes laborales del gobierno peronista a mediados de la década del '40 y las expropiaciones de las haciendas a fines de esa misma década, la migración a los ingenios continuó e incluso se incorporaron nuevas fuentes de trabajo de carácter estacional como la cosecha de otros cultivos, o de carácter definitivo, como el trabajo en la mina, en ferrocarriles o en la construcción, etc. Efectivamente se había creado una dependencia en relación al ingreso salarial. Muchos de los entrevistados manifiestan haber estado luego de la zafra de caña en otros empleos.

El tipo de economía de subsistencia caracterizado en el apartado anterior, comienza a desestructurarse desde el momento en que la mano de obra migra de manera estacional. El director de la escuela de Rodero se refiere a este tipo de migración en 1948: "La asistencia [de chicos a la escuela] disminuye desde junio, mes en que muchas familias emigran a los ingenios azucareros en busca de trabajo, llevando algunos de ellos los hijos que asisten a la escuela, para compañía o para ser ayudados en tiempo de zafra. La asistencia vuelve a normalizarse en setiembre que empiezan a regresar dichas familias" (acta n° 69, noviembre de 1948).

En primer lugar, el hecho de que migre parte del grupo familiar implica que haya menos mano de obra en edad productiva trabajando en el predio; además, en los casos en los que todo el grupo familiar migre, el campo queda prácticamente abandonado por esos meses o probablemente en manos de alguna persona mayor, la cual no puede hacerse cargo de todas las tareas. Es posible entonces que la actividad agrícola haya sido descuidada. En segundo lugar, no sólo se abandonan o descuidan los predios, sino también aquella infraestructura cuyo mantenimiento era responsabilidad de todos los pobladores: las acequias. Estas permiten el traslado del agua desde las fuentes de abastecimiento, ojos de agua y represas. El no mantenimiento de acequias y represas tiene como consecuencias la pérdida de agua por infiltración y dificulta cada vez más la práctica de la agricultura.

En tercer lugar, la obtención de un ingreso monetario, le permite al campesino acceder al mercado y a nuevos productos que él no produce, lo que comienza a crear nuevas necesidades y patrones de consumo. Estos han ido cambiando no sólo en lo que respecta a la vestimenta sino también en cuanto a la alimentación.

El tipo de intercambio que mencionamos anteriormente y que era importante como complemento de la subsistencia, se interrumpe. Puede ser que en eso haya influido la construcción del ferrocarril y la ruta nacional n° 9, que facilita el acceso a otros centros de consumo, tanto para la gente de la Puna como para la de Rodero. Sin embargo podríamos pensar también que la interrupción del intercambio se debe a que ya no se producen los excedentes que se producían antes, precisamente por las migraciones.

Probablemente por todos estos motivos es que, luego del cese de la coacción directa que obligaba a los campesinos a trabajar en la zafra, estos sigan haciéndolo; incluso comienzan a incorporar otros destinos como vimos anteriormente. El director de la escuela de Ronque hace referencia a esta situación en 1975 y dice: "...como consecuencia de la insuficiencia de los medios económicos que les producen sus actividades [agrícolas y ganaderas], se ven los hombres precisados a emigrar en busca de trabajo en las minas, zafra azucarera, obras públicas, etc., llevándose algunas veces a sus esposas e hijos" (Libro Histórico de la escuela n° 161 de Ronque).

La disminución de la población en todo este período es notable. El director de la escuela de Rodero hace referencia a la población del área, en una de las actas de 1948. Con respecto a la escuela dice: "...esta se encuentra situada sobre una meseta plana en las veras de la población de 'Rodero', la que cuenta con 1100 habitantes según el último censo [el de 1947]" (Libro de actas de la escuela N° 26 de Rodero, 1948). Si bien no define exactamente el área a la que se está refiriendo y aún suponiendo que se refiere a todo el distrito Rodero (que involucra un área mucho más extensa que el poblado en el que se encuentra la escuela) esa población es mucho mayor que la actual, como veremos enseguida. Hay que tener en cuenta que en ese momento, ya hacía prácticamente dos décadas que la población había comenzado a migrar a la zafra de manera masiva, lo que permite suponer que la población antes de ese año haya sido aún mayor.

Quizás el dato más preciso sobre cantidad de población en la actualidad sea el que brinda el Puesto de Salud de Rodero, el cual releva información de gran parte del distrito (por lo menos de la mayoría de los poblados que se encuentran en el mismo). Según esa fuente, para el año 1995 vivían en Rodero 212 personas de las cuales 83 tenían menos de 15 años y 129 tenían más de 15 (no discriminan por grupo de edad en este último caso). La migración de población en edad activa es una constante; muy pocos jóvenes deciden quedarse en Rodero y por lo general migran hacia Humahuaca u otras ciudades (en donde tienen algún familiar) a seguir estudiando o a trabajar.

Otro dato interesante es el relativo a vivienda: se han contabilizado para ese mismo año un total de 188 viviendas de las cuales sólo 55 estaban ocupadas (no podemos afirmar si se trata solamente de viviendas ocupadas de manera permanente o si se están incluyendo aquellas ocupadas de manera estacional).

La información que puede obtenerse de los registros de inscripción de las escuelas, de alguna manera permiten dar cuenta del proceso de disminución de la población en el lugar. Los datos de la escuela de Rodero referidos al período 1948-1998 permiten observar que a partir de 1959 la matrícula disminuye continuamente; si se compara el año que más inscriptos tuvo (1952 con 113 inscriptos) con el número de inscriptos de 1998 (41 niños) vemos que la disminución en esos 46 años fue de un 64 %.

En el ámbito productivo, en los pequeños predios (cuya superficie cultivada en el 60 % de los casos no supera la hectárea) la producción es mínima, apenas alcanza para subsistir. En muchos casos se trata de unidades domésticas al frente de las cuales se encuentran personas mayores o mujeres (solas o con hijos chicos). En estos casos, la poca disponibilidad de mano de obra constituye una limitante para el desarrollo de la actividad agropecuaria. Incluso algunas personas mayores han abandonado la actividad, sobreviviendo con una jubilación o a través de la ayuda que reciben de los hijos migrados.

Todos los entrevistados trabajan el predio y poseen una pequeña hacienda (por lo general ovejas, en menor medida cabras y vacas). Debido a que la producción es escasa en muy pocas ocasiones pueden vender algo de lo que producen ("si llovió bien" y tuvieron una buena producción, a lo mejor venden una o dos bolsas de papa o haba). Por lo tanto el ingreso monetario es fundamental para la obtención de otros productos de primera necesidad (básicamente ropa y alimentos que hoy en día son básicos -arroz y fideos) y también para transporte, ya que la mayoría de las cosas las compran en Humahuaca.

Con respecto a los ingresos extraprediales, pudimos constatar lo siguiente: por lo general esos ingresos provienen de changas y/o ayuda de familiares que han migrado. Los ingresos fijos provienen de jubilaciones (en algunos casos se están tramitando jubilaciones o pensiones) y empleos (solo dos de los entrevistados manifestaron tener empleo fijo: el compartidor de agua de Rodero y un muchacho que trabaja en la escuela agrotécnica de Humahuaca durante la semana).

La cuestión ambiental.

La rigurosidad del clima es un elemento que se suma a las no pocas dificultades que estos productores tienen para llevar adelante la producción. La helada y la sequía se convierten en los principales problemas desde el punto de vista de los productores y según sus palabras, son fenómenos que han ido acentuándose: "las heladas son más fuertes", "antes llovía más, había más agua". En realidad, por las características climáticas del área, de manera cíclica se alternan períodos húmedos y períodos secos y no existen evidencias que indiquen un cambio climático que justifiquen esas afirmaciones. Algunos estudios sobre la historia climática del noroeste, basados en el análisis de documentación histórica, "...detectan una serie de anomalías climáticas complejas, en las que se alternan episodios secos y húmedos; se considera que esos episodios habrían consistido en una agudización -en uno u otro sentido- de las condiciones climáticas extremas, más que cambios notables en esas condiciones [Así se han podido detectar] períodos fundamentalmente secos (1580-1610) y húmedos (1663-1710), así como un período (1780-1802 aproximadamente) con fuertes oscilaciones extremas en ambos sentidos (Arzeno y Castro, 1998, p. 10, en base a Prieto, 1997). Por otro lado, los datos de precipitaciones disponibles para este siglo (Bianchi, 1992) no parecen señalar anomalías en relación al patrón de precipitaciones del área que indica la alternancia de períodos húmedos y secos. La escasez relativa de agua es una limitante ambiental a la que las poblaciones del área han debido hacer frente siempre. Sin embargo eso no impidió que se desarrollara una actividad agrícola y ganadera que permitiera el abastecimiento de un volumen de población mucho mayor que el que abastece actualmente (sobre todo en la etapa prehispánica). Es probable entonces que la referencia a la mayor escasez de agua en la actualidad, sea con respecto a un período anterior más húmedo (aspecto que como vimos está dentro de los parámetros normales de distribución de las precipitaciones en el área). Por otro lado debe tenerse en cuenta el mal estado en el que se encuentran las represas y acequias, lo que produce pérdida de agua por infiltración (según lo que informan los propios productores). Por lo tanto, podríamos pensar que esa percepción por parte de éstos (acerca del aumento en la intensidad de las heladas y la disminución en el volumen de las precipitaciones y por lo tanto la escasez relativa de agua) estaría demostrando la mayor vulnerabilidad que tienen ahora con respecto a esas limitantes ambientales. Es decir, la organización económica que existía antes de la integración masiva de la población local al mercado de trabajo (que condujo precisamente a la desestructuración de esa organización) les permitía tener una capacidad mucho mayor para hacer frente a esas anomalías climáticas de manera tal que las pérdidas que pudieran tener en un tipo de cultivo, pudieran compensarla con otro o con la actividad ganadera.

Para ilustrar la situación actual al respecto, podemos mencionar la información que brinda un censo realizado por el Departamento de Desarrollo Rural de la Municipalidad de Humahuaca en 1998 en el área. De acuerdo con el mismo se estima que la pérdida de producción como consecuencia de las heladas y la sequía fundamentalmente y en menor medida el granizo y la inundación fue del orden del 80 %.

 

 

Consideraciones finales

¿Se puede hablar de un proceso de descomposición campesina? Si entendemos por tal a la pérdida de la preeminencia de elementos campesinos en la unidad de producción (Murmis, 1992), ¿no es eso lo que puede advertirse en Rodero?. Rescatemos aquellos elementos que le darían el carácter campesino a estas unidades: la combinación de tierra y trabajo familiar y la ausencia de un proceso sostenido de acumulación de capital. Podemos incorporar otros elementos que refuerzan ese carácter: se trata de predios muy pequeños, cuya explotación se lleva a cabo con técnicas tradicionales (no está generalizado el uso de abonos químicos y se utiliza arado tirado por bueyes) y la producción se destina casi en su totalidad al autoconsumo. Ahora bien, en la mayoría de los casos, los hijos jóvenes han migrado definitivamente y los que se encuentran en la explotación participando de las tareas del campo, piensan migrar cuando terminen la escuela. Es decir, aquellos que serían los herederos de la explotación y deberían ser los que continúen con la actividad, se han ido o están por irse. Muchos de los campos abandonados pertenecían a personas mayores que fallecieron y sus hijos no se hacen cargo de la explotación. En ese contexto: ¿Cuál es el futuro de estas unidades? Si tuviéramos que establecer una tipología de situaciones (Murmis, op. cit.), en el sentido del predominio de uno u otro tipo de unidad o de los procesos dominantes, podríamos decir que se trata de un área en la que predomina un proceso de descomposición hacia abajo, es decir, el ingreso proveniente de la realización de actividades extraprediales, aunque sea mínimo, es fundamental para la reproducción de la unidad; y con casos cada vez más comunes de descampesinización (abandono de la producción) por proletarización total de los miembros de la unidad.

Por último, las dificultades para llevar adelante la actividad agropecuaria, dadas las condiciones actuales de organización de la producción, se ven acentuadas por las características ambientales del área, frente a cuyas limitantes, la capacidad de respuesta por parte de los pobladores es cada vez menor. Así, los jóvenes ven en el desarrollo de esta actividad un esfuerzo inútil, debido al trabajo que implica y al casi nulo rédito que pueden obtener de él, viendo a la emigración como la única salida para mejorar su situación.

Notas


Ponencia presentada en el Primer Encuentro Internacional Humboldt. Buenos Aires, Argentina. Noviembre de 1999.