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Asunto:[encuentrohumboldt] 16/09 - Chacarero: ¿un viejo concepto para un nuevo su jeto agrario?
Fecha:Martes, 17 de Febrero, 2009  10:24:20 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>

Chacarero: ¿un viejo concepto para un nuevo sujeto agrario?

 

Stella Maris Shmite

Departamento de Geografía

FCH  – Universidad Nacional de La Pampa

Resumen

Chacarero es un término que en nuestra región remite a un productor agropecuario que dispone de una pequeña o mediana propiedad, que emplea su fuerza de trabajo y además ocupa trabajadores transitorios y/o permanentes, realiza las labores con maquinaria propia o recurre, en la mayoría de los casos, a contratistas, dedicándose prioritariamente a la producción mixta, es decir agricultura y ganadería.

Los chacareros conforman un sujeto histórico central en la articulación del territorio pampeano, sin embargo, las transformaciones económicas de las últimas décadas han modificado el modo de vida de estos productores y se está desdibujando en la comunidad rural la figura del chacarero. Se han desencadenado procesos de diferenciación social y diversidad de estrategias de permanencia en un contexto donde la tendencia dominante es la desaparición de los chacareros.

El propósito de este artículo es presentar algunas consideraciones relacionadas con la conceptualización de los chacareros, dejando abierta la posibilidad de discusión y profundización del análisis.

 

Palabras clave: chacareros – territorio – transformaciones

 

 

Abstract

 

Chacarero” is a word used in our region to name an agricultural producer who owns a small or medium-sized property, who works on his farm himself, and who hires temporary and/or permanent workers. In our region “chacareros” give priority to mied farming. A “chacarero” uses his own agricultural machinery or hires, un most cases, contractors.

Chacareros” are considered historical character central to the territory of La Pampa. However, the economic transformations that have taken place over the last decades have changed the lifestyles of these producers, and the image in the rural community is being erased. Processes of social differentiation and diverse strategies to remain on the land have been unleashing in a context where “chacareros” extinction has become a grouting tendency.

The purpose of this article is to provide some considerations related to the concept of “chacarero”, leaving open the possibility of debate and deeper analysis.

 

 

Key words: chacareros – territory - transformations

 

Introducción

 

Los cambios sociales actuales en el espacio rural en estudio pueden identificarse a través de dos indicadores básicos: a) la reducción de la cantidad de pequeñas y medianas explotaciones rurales (los datos comparativos de los Censos Agropecuarios de 1988 y 2002 muestran la existencia de 877 explotaciones agropecuarias menos) y, b) la disminución de la población rural acompañada por la migración de la mayoría de los productores a los centros urbanos (se registra una disminución de 8.748 habitantes rurales entre 1991 y 2001). Sólo el 5,9 % de la población vive en el campo en los departamentos que constituyen el espacio agropecuario de mercado (este y centro este de La Pampa)

Estas transformaciones van desdibujando el “modo de vida” de los chacareros. Ellos fueron sujetos sociales característicos del campo pampeano y desempeñaron un rol importante en la configuración del territorio rural. El objetivo de esta ponencia es abordar algunas características de los chacareros desde distintas perspectivas y dejar planteados interrogantes respecto a la definición de “chacareros” en el contexto actual del proceso de transformaciones territoriales que se expresa en diferentes escalas.

 

 

Los chacareros

 

1. ¿Cómo definirlos?

 

La primera cuestión que surge es la pregunta ¿Qué es un chacarero? ¿Cómo definir este sujeto social que constituye un productor rural característico de la llanura oriental de La Pampa y de la región pampeana en general?  La búsqueda de respuestas a estos interrogantes implicó incursionar en numerosos autores lo que permitió advertir la disparidad de criterios para conceptualizar a los chacareros.

El chacarero suele ser considerado campesino, campesino de tipo capitalista, campesino emergente, productor familiar capitalizado, farmer, productor directo dependiente de la clase terrateniente, pequeño productor capitalista,  etc., etc. Esta variedad de denominaciones merecería una profunda discusión debido a que no designan a un mismo sujeto social e incluso hasta son categorías contradictorias en algunos casos.

Autores como Pucciarelli (1986) o Barsky (1988) entre otros, abordan la heterogeneidad de la estructura agraria de la región pampeana, situación a considerar al momento de analizar los sujetos sociales que interactúan en el espacio agropecuario de La Pampa, pues en el contexto de dicha heterogeneidad no todos los sujetos sociales agrarios son chacareros ni todos los chacareros presentan iguales características. Al respecto es interesante la afirmación de M. Posada quien, en un análisis crítico de las diferentes denominaciones y tipologías relacionadas con los campesinos argentinos, dice

 

“Nos parece mucho más fructífero – y metodológicamente adecuado – emplear en los análisis la categoría “pequeños productores”. Como indicamos, tampoco es un concepto teórico, pero su uso nos evita cargar con lo que acarrea “lo campesino”. Su delimitación incluye a todos aquellos sujetos que manejan unidades productivas cuya significación es sumamente limitada, o nula, por ser muy pequeñas o semiproletarias y un techo indicado algo más ambiguamente, que para Murmis es un nivel que evita basar a la unidad en la renta de la tierra y para Piñedo y Llovet es la capacidad de comprar trabajo asalariado y comenzar a acumular. Dentro de este espectro, los pequeños productores realizarán una amplia gama combinatoria de trabajo familiar y tierra; siendo éstos dos factores productivos los ejes que se toman para delinear las numerosas definiciones de campesinos, tanto en forma genérica como en el caso particular de nuestro país” (Posada, 1996: 6).

 

La primera certeza, y de acuerdo con M. Posada, es que los chacareros son pequeños productores. Para desarrollar la conceptualización de los chacareros considero que se debe partir de un enfoque que integre los aspectos económicos, históricos, sociales y culturales. El desarrollo del capitalismo en el agro argentino a dado lugar a numerosas investigaciones desde la perspectiva de múltiples disciplinas, sin embargo, y por eso mismo, no se especifica una categoría estricta y pura para cada sujeto agrario identificado, sino más bien se plantean situaciones homogéneas, generalizables, pero imprecisas y hasta contradictorias. Un factor que explica esta complejidad y las dificultades de categorización están dadas por la particularidad que presenta cada territorio, entendido no como límites jurídicos interprovinciales o estatales, sino como lugares con identidad propia, identidad definida a partir de la particular interacción del medio social y natural en un lugar determinado del espacio geográfico. Teniendo en cuenta esto, los chacareros de Santa Cecilia estudiados por Archetti y Stolen no tienen iguales características que los chacareros de La Pampa. Sin embargo, se pueden extrapolar algunos criterios de análisis utilizados por dichos autores.

Analizadas las explicaciones de Kristi A. Stolen (2004), comparto la idea de considerar a los chacareros como sociedades pos-campesinas. Esta autora señala que:

 

“La economía  campesina no crece ni se expande; mientras que la economía de los chacareros, debido a su particular articulación con el capitalismo se caracteriza precisamente por la expansión y el crecimiento... Nuestra hipótesis fue que la acumulación de capital como tal puede no ser necesariamente una característica de la economía chacarera y en este sentido, planteamos el siguiente interrogante: ¿Es quizás que los chacareros, como productores familiares, intentan lograr un excedente que les permita la reproducción de sus chacras y hogares, y un “estilo de vida” en un ambiente crecientemente capitalista? (Stolen, 2004:21).

 

Para Eduardo Archetti (Archetti y Stolen, 1975) la diferencia fundamental entre una economía campesina y una economía pos-campesina radica en la acumulación de capital. El autor incorporara un concepto nuevo y propone utilizar la palabra inglesa “farmer” porque considera que tiene la ventaja de que en antropología social se sabe que un campesino es algo diferente a un “farmer”. De esta manera, un “farmer”

 

            “(...) es un productor que combina trabajo doméstico y trabajo asalariado y que acumula capital, lo que permite, en un lapso significativo, ampliar el proceso productivo aumentando la productividad del trabajo” (Archetti y Stolen, 1975:149).

 

Siguiendo con Archetti,

 

            “En la economía pos-campesina el productor doméstico puede acumular capital sistemáticamente, lo que se manifiesta en una adecuada tasa de reposición de tecnología, mayores inversiones  productivas y, por lo tanto, una expansión de sus actividades económicas, inversiones no productivas (por ejemplo en educación de sus hijos), aparición de organizaciones económicas cooperativas y un acelerado proceso de diferenciación social intraclase” (Archetti y Stolen, 1975: 123).

 

La economía de los colonos del norte de Santa Fe debe ser pensada a partir de esta tipología, de acuerdo a la propuesta de E. Archetti. Considero que las características asignadas a este tipo de productor santafesino, pueden aplicarse a los “chacareros” de La Pampa.

 

 

2. Articulación de los factores de  producción (tierra-capital-trabajo)

 

En relación con el concepto de capital, E. Archetti haciendo referencia a lo formulado por Firth sostiene que

 

            “el capital constituye un stock de bienes y servicios que se retiran del consumo inmediato con el objeto de incrementar el consumo en el futuro a través de la producción. El capital puede visto a través de 1) recursos productivos, 2) dinero que permite el aumento del control de compra y 3) fondo de inversión. En la economía campesina es posible distinguir y medir esos tres tipos de capital; capital constante en equipos y herramientas además de la tierra, capital – dinero para satisfacer las necesidades de consumo y para reiniciar el ciclo productivo. Estas tres manifestaciones del capital en la economía campesina son, por así decirlo, precapitalistas, es decir son previas a la aparición del capitalismo (...) El capital como tal aparece cuando el dinero permite comprar una mercancía de otro tipo: la fuerza de trabajo de terceros. Para ello se necesita que el ciclo M-D-M, típico de la economía campesina, sea reemplazado por el ciclo D-M-D” (Archetti y Stolen, 1975: 136-137).

 

La articulación del modo campesino de producción con el sistema capitalista es analizada detalladamente en el texto “Antropología y Marxismo” de A. Palerm. Este autor realiza un análisis crítico de la aplicación de la fórmula de Marx  sobre el modo de producción campesino articulado a un sistema dominado por el capitalismo; es decir, la formula M-D-M (Mercancías que se venden para obtener Dinero y comprar otras Mercancías). Sostiene Palerm que esta fórmula responde a una etapa precapitalista donde el dinero y el mercado son importantes, pero el capital no domina el sistema ni tampoco la producción. Esta fórmula es aplicable a campesinos o artesanos.

Cuando existe cierta articulación con el sistema capitalista, la fórmula se transforma (D-M-D) porque la acumulación capitalista se desarrolla fuera del proceso y nunca dentro de él. La función D tiene un doble aspecto. Para el productor campesino el dinero es sólo un medio para realizar intercambios. Sin embargo, para quienes están inmersos en el sistema de producción capitalista, el dinero, además de ser un medio para realizar intercambios, es el medio necesario para realizar los valores y transformarlos en capital.

Según Palerm, existen dos momentos en que la articulación del modo campesino de producción con el capitalismo permite la realización de valores y la acumulación de capital: 1) cuando la mercancía vendida entra en la circulación capitalista y es consumida o usada para la producción; y 2) cuando la mercancía adquirida sale de la circulación capitalista para entrar en el ciclo de reproducción campesina. Los dos momentos están mediados por el dinero, pero este es distinto en cada circunstancia: en el momento 1) es medio de cambio; en el momento 2) es medio de acumulación. Para Palerm, esto demuestra que existe un intercambio desigual de valores en beneficio del sistema capitalista y que la acumulación de capital se realiza a expensas de los modos de producción no capitalista.

Siguiendo con el texto de Palerm, hay un aspecto más a considerar. El campesino no solo es productor de mercancías (que ingresan al sistema capitalista) y comprador o consumidor de mercancías producidas por el sistema capitalista; también es productor de su propia subsistencia, es productor de mano de obra efectiva y potencial (reserva) para el modo de producción capitalista y es reproductor ampliado de la fuerza de trabajo en general. Es evidente que el trabajo asalariado (proveniente de la fuerza de trabajo del modo de producción campesina) esta creando valores dentro del sistema capitalista. En este punto hay que tener en cuenta que cuanto más productos circulan del modo de producción campesino al capitalista, menos trabajo asalariado podrá extraerse, y viceversa. Sostiene Palerm que este proceso constituye la forma principal que asume la extracción de excedente del campesinado (mercancías y trabajo asalariado) y agrega determinadas características:

 

“(…) a medida que la empresa capitalista penetra y domina el campo concentrando la propiedad y la producción, no sólo reduce las posibilidades de producción del modo campesino (su producción de M`), sino que requiere cantidades crecientes de mercancías -  trabajo, trabajo que de todas maneras ya no puede emplearse en producir M` por escasez de tierra o falta de mercado.

Sin embargo, las características técnicas de la mayoría de las empresas agrícolas capitalistas exigen, no una gran fuerza de trabajo permanente, sino una reserva de fuerza de trabajo para ocuparla estacionalmente. De ahí surge una nueva contradicción, esta vez en el plano de la reproducción ampliada del capitalismo en el campo.

Es decir, el modo capitalista sólo puede seguir creciendo si elimina al modo campesino de la esfera de la producción y se apodera del control de los recursos (sobre todo tierra y agua), y a la vez mantiene el modo campesino para obtener de él la fuerza de trabajo no permanente. Esta  paradoja establece un límite tanto al proceso de proletarización del campesinado (MT creciendo contra M`), como a la expansión del capitalismo en el campo (modo capitalista creciendo contra modo campesino)” (Palerm, 1980:208).

 

El análisis de Palerm y especialmente la cita anterior, merecen una mayor discusión porque deja abiertos interrogantes. Si pensamos en el comportamiento de la relación chacareros – capitalismo es valido preguntarse si, originalmente ¿la fuerza de trabajo de las unidades de producción chacareras formó parte de la circulación hacia el modo capitalista de producción, como asalariados directos? No olvidemos que entre los sujetos agrarios, también había trabajadores o peones rurales que no eran chacareros.

El proceso productivo que se pone en marcha en La Pampa a partir de la finalización de la Campaña al Desierto (1880) interrelaciona los factores productivos (tierra - trabajo - capital) de modo particular. La “chacra” se constituye en la unidad de producción donde el chacarero y su familia desarrollan las actividades productivas, orientadas predominantemente a la agricultura en las primeras décadas del siglo XX (monocultivo de trigo). Puede decirse que en la chacra  la organización social de la unidad doméstica coincide con la organización económica, ambas son una misma cosa.

La chacra coexiste con la estancia, una unidad de producción de mayor escala y orientada a la producción ganadera. La escala y la producción son dos criterios básicos de diferenciación entre la chacra y la estancia. Se podrían agregar otros.

Al hablar de producción hay que tener en cuenta que es un concepto puramente cuantitativo. Está determinada por las demandas del mercado, sujeta a otros factores (naturales y económicos) y constituye una fase decisiva del capitalismo agrario. Difiere del concepto de modo de producción, el cual refiere a la forma en que se organizan los factores del proceso productivo (tierra – capital – trabajo).  

En La Pampa (este y centro-este) se organizó un modo de producción donde los factores que lo estructuraron (formas de propiedad, organización de la producción, incorporación tecnológica, relaciones con la mano de obra requerida, canales de comercialización tanto para la compra de insumos como para la venta de productos, etc.) dependían directamente de una organización capitalista de mayor escala. La lógica de funcionamiento de las unidades de producción “chacareras” estuvo desde sus inicios condicionada por la lógica de funcionamiento del modo de producción capitalista (modelo agroexportador).

Con respecto a la relación de los chacareros con el capital surgen varias consideraciones, todas de vital importancia para comprender la compleja trama de la producción y reproducción social (las que quedaran pendientes de análisis en este trabajo).  Los distintos autores analizados hacen referencia a las consideraciones de Chayanov en torno a la hipótesis del equilibrio entre trabajo y consumo, que condicionaría el esfuerzo productivo de la familia a lo largo de su ciclo de vida. En referencia a esta hipótesis, Mario Torres Adrián (1985) afirma que

 

            “La hipótesis señala el funcionamiento de un mecanismo de reproducción social por el cual se interrelacionan la actividad de reproducción material, la dinámica demográfica a nivel micro y los niveles de necesidad de la familia. Tanto la especificidad de su modus operandi, como parte de la diferenciación social que se observa en la población campesina, tendrían su base en dicho mecanismo” (Torres Adrián, 1985:27).

 

Esto nos indica que los estudios de Chayanov tempranamente advirtieron la importancia que tenía para el funcionamiento de la economía campesina la relación de la tierra cultivada con el tamaño y composición de la familia. Siguiendo con Torres Adrián,

 

            “Dentro del proceso de reproducción social se hace necesario distinguir analíticamente entre las formas de producción de los bienes materiales para la subsistencia y las formas de reproducción de las fuerzas de trabajo. El proceso de reproducción social los abarca a ambos, por cuanto comprende el conjunto de actividades sociales que al darse de manera recurrente en el tiempo permiten a nivel individual la existencia social (un modo de vida) y a nivel social la supervivencia y desarrollo de la sociedad (una historia). Este proceso abarca así las dos dimensiones básicas (aunque no suficientes) para la vida social: una dimensión económica (reproducción social de lo material) que abarca los bienes de subsistencia; y una dimensión demográfica (reproducción social de lo biológico) que otorga los recursos humanos permanentes.

            Se trata básicamente de un fenómeno societal, históricamente asentado en la división social del trabajo, pero que se refleja a nivel individual y, sobre todo, familiar, por ser el individuo y la familia unidades componentes esenciales de la sociedad. Por su carácter intrínsicamente histórico, su análisis sólo es posible a partir de la caracterización básica de la forma en que una sociedad está organizada” (Torres Adrián, 1985: 44).

 

Teniendo en cuenta estas afirmaciones de T. Adrián, el análisis de la reproducción social de los chacareros de La Pampa está necesariamente ligado a la interpretación del proceso histórico de construcción social del territorio.

Las formas de reproducción de la fuerza de trabajo familiar quedan involucradas directamente en el “mercado de trabajo” ya sea como trabajo productivo o no, es decir aunque genere plusvalía o no, tanto en actividades agrícolas como no agrícolas (Torres Adrián, 1985). Al respecto resulta oportuno incluir la siguiente cita de Marx,

 

            “Dentro del capitalismo, sólo es productivo el obrero que produce plusvalía para el capitalista o que trabaja por hacer rentable el capital...el concepto de trabajo productivo no entraña simplemente una relación entre la actividad y el efecto útil de ésta, entre el obrero y el producto de su trabajo, sino que lleva además implícita una relación específicamente social e históricamente dada de producción, que convierte al obrero en instrumento directo de valorización del capital”. Karl Marx, El Capital, México, FCE, Tomo I, cap. XIII, p.426 (en Torres Adrián, 1985:45).

 

Refiriéndose al “valor” del trabajo familiar de los chacareros de Santa Cecilia, K. Stolen plantea algunas consideraciones factibles de aplicar a los chacareros de La Pampa,

 

            “Debido a su alto nivel de integración dentro de un sistema económico capitalista, los chacareros deben ahorrar e invertir para que sus unidades de producción sean viables y así mantener su estilo de vida y consumo, principal objetivo de toda empresa familiar. Los chacareros de Santa Cecilia producen excedentes que no son consumidos sino utilizados como inversiones productivas. Este excedente, sin embargo, no es idéntico a una ganancia en el sentido capitalista en tanto es, en parte, un producto de la “auto-explotación” del trabajo familiar. Observamos, por ejemplo, que el chacarero no contaba el valor de su trabajo y el de otros miembros de la familia como costo de producción. En consecuencia, aquello que definía como excedente, en muchos casos no llegaba a cubrir los costos de trabajo familiar, si hubieran puesto precio al trabajo” (Stolen, 2004:24).

 

Esta cita de K. Stolen conlleva a poner en consideración la siguiente inquietud. El desplazamiento de la familia al pueblo e incluso, la migración del titular de la unidad de producción (el chacarero)  ¿puede considerarse una de las causas por las que las chacras dejaron de ser viables? Lo cierto es que la fuerza de trabajo familiar es un componente que esta ausente actualmente en la unidad de producción. Así como K. Stolen afirma que los chacareros de Santa Cecilia no incluían los “costos” del trabajo propio y de la familia como costos de producción, hoy los “costos” sí forman parte de los costos de producción porque se contrata mano de obra asalariada para todas, o casi todas, las tareas a realizar en el campo.

 

 

3. Formación, persistencia y crisis

 

El proceso histórico de construcción social del “espacio agropecuario de mercado” de La Pampa, no está desarticulado de la conformación de los chacareros como sujetos sociales que desempeñaron un rol destacado en la articulación de las relaciones productivas y reproductivas de la comunidad rural desde principios del Siglo XX. Los chacareros son producto de la particularidad del proceso histórico de construcción del territorio, territorio que es el resultado de la interacción  multiescalar (local, nacional e internacional).

Recordemos que junto con los chacareros, otros sujetos sociales estaban presentes en el espacio rural, como los trabajadores rurales, los terratenientes y las empresas colonizadoras, entre otros. Es importante conocer, explicar e interpretar el proceso de construcción social de los “chacareros de La Pampa” en tanto se conforman en relación con otros sujetos sociales, en un espacio geográfico específico y en un momento histórico también específico, algo más reciente que el proceso de ocupación y puesta en producción de las tierras en el resto de la llanura pampeana (Buenos Aires, sur de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos).

La definición y caracterización del “chacarero” debe realizarse desde una perspectiva dinámica e histórica, es decir, teniendo en cuenta el proceso permanente de construcción y reconstrucción social del territorio en el marco de las transformaciones socio-económicas del espacio agrario de la pampa argentina. El chacarero de principios de siglo indudablemente no tiene iguales características que el chacarero actual, considerando que aún es posible identificarlos. Al respecto, Javier Balsa (2006) hace referencia a la construcción social de un conjunto de rasgos propios de un modo de vida, donde

 

“(…) el mundo rural que se construyó durante la expansión agrícola fue un mundo eminentemente chacarero, pues la profesión de agricultor estaba asociada con un modo de vida chacarero. Aunque diferenciados en la dotación de recursos, la mayoría de los productores pequeños y medianos no se distinguían demasiado en sus modos de vida. Se constituyó, de esta forma, un modo de vida rural asociado fuertemente con la profesión de agricultor, e incluso con el concepto más vasto de productor agropecuario,, se dejamos afuera de esta categoría a los terratenientes, tanto locales como nacionales” (Balsa, 2006: 73).

 

De este modo, en la pampa argentina, se fue construyendo un sujeto social (el chacarero) que combinaba los rasgos campesinos (que los inmigrantes europeos trasladaron a estas tierras) con sus expectativas de ascenso social, en el contexto de las limitaciones y oportunidades que brindaba la región pampeana. En este territorio rural se fue consolidando un modo de vida que permitía sostener las expectativas de ascenso social, que si bien no aseguraba el acceso a la propiedad de la tierra en todos los casos, permitía al menos, salir de la subordinación campesina tradicional. En este sentido, afirma J. Balsa

 

“La austeridad, el ahorro y la reinversión en maquinarias o tierras (en arriendo, o eventualmente en propiedad) guiaban la economía familiar en la búsqueda de un lugar en la sociedad pampeana” (Balsa, 2006: 74).

 

Sostiene W. Ansaldi (1993) que el punto de partida para interpretar a los chacareros es comprender la especificidad del capitalismo agrario argentino, que está conformado por una serie de aspectos distintivos entre los que se destacan: a) la fertilidad de las tierras de la llanura pampeana; b) de lo anterior se desprende la elevada renta diferencial de las mismas; c) las características específicas del proceso de apropiación y distribución de las tierras; d) la formación y las cualidades de los terratenientes; e) las relaciones productivas y la combinación agricultura-ganadería; f) la ausencia de “campesinos” en la región pampeana; g) la existencia y las características de los chacareros como sujetos sociales agrarios y h) la debilidad estructural del proletariado rural. Considero necesario afirmar que para el este y centro-este de La Pampa, estos aspectos tienen algunas particularidades distintivas respecto a los rasgos enunciados por W. Ansaldi para la región pampeana, por tratarse de un espacio marginal.

El chacarero originalmente fue un colono que en sus comienzos fue arrendatario o mediero, dedicado de modo dominante a la agricultura en sus comienzos, pero que evolucionó hacia la conformación de un tipo de productor dedicado a la agricultura y la ganadería, conformando una organización productiva característica del espacio geográfico analizado, pues se trata de un espacio marginal a la fértil llanura pampeana argentina, donde la producción mixta (agricultura-ganadería) resultó ser la más adecuada desde el punto de vista agroecológico. Para W. Ansaldi:

 

“Los chacareros son y se hacen. Que los chacareros son quiere decir que son chacareros; por tanto, no son campesinos ni colonos ni farmers ni ningún otro sujeto social agrario. Los chacareros son productores rurales – básicamente agricultores, aunque también hay ganaderos y quienes combinan ambas condiciones – arrendatarios y/o medieros, que emplean su propia fuerza de trabajo (personal y familiar) y tienden a comprar - sobre todo,  pero no sólo, esporádicamente o estacionalmente – fuerza de trabajo asalariada, emplean tecnología propia o alquilada a empresas contratistas y se apropian de una masa de plustrabajo que a) transfieren como renta al propietario de la tierra y/o b) acumulan cierto nivel de excedente bajo la forma de ganancia, es decir, se capitalizan o, si se prefiere, acumulan capital” (Ansaldi, 1993 :76).

 

Desde una perspectiva dinámica de análisis no deben dejarse de lado los procesos actuales de diferenciación social. Refiriéndose a la situación en España, D. Comas d´Argemir sostiene que la evolución reciente de la agricultura

 

“(…) se caracteriza por la desaparición de numerosas explotaciones agrarias, que viene acompañada de un incremento en la dimensión media de las existentes. Constatamos también que la mayor parte de ellas son de tipo familiar” (Comas d´Argemir, 1998:96).

 

La misma autora señala que se desarrollan dos procesos que en apariencia son contradictorios: persistencia y crisis. Es posible afirmar que en el contexto de la unidad de análisis, el espacio agropecuario de mercado de La Pampa, se identifican procesos similares.

La persistencia de la producción familiar es un proceso que se relaciona con el hecho de que las grandes empresas capitalistas vinculadas a la agricultura transfieren la producción directa y los riesgos inherentes a la actividad a los productores individuales. De este modo las unidades de producción familiares cubren aquellos nichos de producción que no le interesa a las grandes empresas. Esto constituye una ventaja competitiva para la explotación familiar pero también marca sus límites: aplicar innovaciones técnicas, incrementar la superficie cultivada, realizar constantes inversiones, etc. En este caso, sostiene C. D´Argemir,

 

“(...) los medios de producción se capitalizan aunque la fuerza de trabajo siga siendo familiar. Esta dinámica modifica el sistema de clases sociales, pues genera procesos de diferenciación social entre los agricultores” (Comas d´Argemir, 1998: 97).

 

En relación con el otro aspecto, la crisis de las explotaciones familiares, Comas d´Argemir, a partir de una cita de Godelier hace referencia a algunos elementos de la crisis de las explotaciones familiares. Al respecto, sostiene que

 

 “(...) derivan del proceso de diferenciación social y de la situación marginal en que van quedando algunas explotaciones, Pero es que, además, los agricultores no producen ellos mismos los elementos materiales de su existencia, por lo que las condiciones de su reproducción se subordinan a la lógica capitalista. Efectivamente, no sólo dependen del mercado para vender sus productos, sino también para producir. El acceso a nuevas técnicas agrícolas y ganaderas, la necesidad de créditos y la falta de control sobre los precios origina relaciones de dependencia respecto al capital industrial, financiero o comercial. Así pues, el capitalismo suministra a las explotaciones agrícolas las bases materiales necesarias para su existencia y domina sus condiciones de reproducción (Godelier, 1987)” (Comas d´Argemir, 1998: 98).

 

Factores estructurales y coyunturales se combinan en la explicación de la persistencia y la crisis de las explotaciones agrarias familiares. Acuerdo con D. Comas d´Argemir cuando afirma que en el análisis de las formas de producción hay que tener en cuenta la dinámica de formación de clases y los mecanismos que inciden en los procesos de diferenciación social de los sujetos sociales agrarios.

 

 

4. Cultura e identidad

 

El análisis del proceso histórico muestra que el “chacarero” construyó su espacio de pertenencia territorial teniendo como objetivo la posesión de la tierra. Sostienen M. Bonaudo y E. Sonzogni (1998) que la chacra como unidad de producción puede adoptar diferentes apariencias de acuerdo a la relación entre propiedad y tenencia, pero es innegable la relevancia que adquiere el análisis de esa unidad de producción en cuanto a su cualidad de propiedad, dentro de la compleja trama de la estructura agraria. A tal punto que la conversión de arrendatarios a propietarios es, incluso, un proceso de ascenso social, característico de las décadas de 1940 a 1960, que fortaleció la construcción social de estos sujetos sociales agrarios en relación con los “otros” sujetos y permitió afianzar su propia identidad. Sostiene W. Ansaldi que

 

“(...) en tanto sujeto social constituido bajo la forma de clase, el chacarero tiene una identidad colectiva - aun cuando ella sea parcial -, la cual no es ajena a la historicidad ni puede concebirse como algo dado, “natural” o definitivo. Es decir, hay un proceso constitutivo de tal identidad, que se desenvuelve a partir de la última década del siglo XIX o de la primera del XX...” (Ansaldi, 1995:4).

 

            Pensando en las claves para definir la identidad, M. Bonaudo y E. Sonzogni, afirman que la unidad de producción, es decir la chacra y los sujetos que en ella viven, es relevante pero

 

“es necesario articularlo con otras esferas por cuanto éstas también van definiendo sus vínculos de interacción con una multiplicidad de actores. A partir de tales interacciones emergen aquellos elementos que permiten indagar la construcción de una identidad en la trama de una configuración a la que convergen percepciones del otro, hábitos, creencias, valores, diferenciaciones, antagonismos, resistencias y conflictos. En consecuencia, hablar de la identidad del chacarero pampeano no sólo implica discutir un modo de acercamiento a la tierra y consecuentemente determinar las relaciones sociales que se gestan en torno a la misma, sino también apelar a un universo cultural que opera como su espacio de pertenencia y de referencia, en el que se autodefine y se diferencia de los otros actores que comparten esta compleja trama social (Bonaudo y Sonzogni, 1998:2).

 

            El espacio agropecuario de mercado es un territorio que representa una comunidad de intereses donde los sujetos sociales le han dado un determinado uso y significación. Esto se relaciona con la constitución simbólica de la sociedad a la que refiere Ariño cuando afirma que

 

“(...) no es posible expresar la estructura al margen de la cultura, lo material al margen de lo ideal; que no es posible explicar el comportamiento humano sin tener en cuenta que los actores sociales, además de posiciones en redes y estructuras, además de individuos racionales y maximizadores, son agentes productores de significado, usuarios de símbolos, narradores de historias con las que producen sentido e identidad. Símbolos, significados e historias con recursos con los que unas veces se orientan y otras se pierden, con los que se comunican y confunden; con los que sueñan, juegan, aman, organizan su existencia y anhelan la utopía, subliman sus frustraciones, trabajan y se alienan o construyen barreras para cortar el ascenso social. Símbolos e historias que pueden convertirse, pervertirse, subvertirse y que constituyen una dimensión o un ingrediente sustantivo de la realidad social” (Ariño, 1997: 9-10).

 

 

En la provincia de La Pampa se desarrollaron desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, cambios socio-productivos que abarcan una compleja y amplia gama de variables que articulan los procesos de construcción social del espacio. El comportamiento evolutivo del espacio agropecuario de mercado permite identificar los diversos procesos sociales desarrollados sobre el territorio los cuales han favorecido la sedimentación y creación de significados que están presentes en la configuración actual del espacio. Para comprender esta configuración no deben dejarse de lado acciones previas cuyos signos prevalecen y aún intervienen en la interacción entre  comunidad y territorio.

La comunidad rural del espacio agropecuario de mercado, fue construyendo un territorio con características particulares dado que

 

 “Las personas, los grupos y las sociedades que interactúan perciben, significan, construyen y usan el tiempo, el espacio, el medio ambiente, las relaciones humanas, las tecnologías, de los modos más diversos” (Grimson, 2000 : 57).

 

El mismo autor sostiene que las “unidades socio-culturales” son complejas, diversas y cambiantes. Las diferencias se procesan en situaciones de interacción porque los actores sociales cambian sus concepciones culturales a lo largo de su vida como resultado de la interacción con otros grupos u otras personas con concepciones diferentes. En cada momento histórico, estas situaciones de interacción dejan su impronta pues la identidad es internalizada e incorporada con un sentido común muy fuerte.

La actividad del campo se define por la relación con la tierra, por lo que el vínculo del productor con la tierra tiene raíces profundas. Esa relación define un modo de ser individual, familiar y comunitario con una especificidad y una particular trayectoria de construcción social que se relaciona con el entorno, con el “lugar”. Los chacareros recibían como herencia más que pertenencias o bienes materiales. Heredaban prácticas y saberes acumulados a través del tiempo en el espacio cotidiano de convivencia. Esos saberes y prácticas que evolucionaron adaptándose a las necesidades de los individuos y su entorno, conforman su identidad. La actividad agraria con su tradición y sus costumbres se refleja en las formas de vida no sólo en relación con la unidad doméstica de producción sino con el “vivir” en un núcleo de relación en torno al “pueblo” o núcleo urbano inmediato. Este sitio se representa como un lugar de convivencia  comunitaria, con una historia propia y compartida, con fuertes lazos de continuidad generacional. Por otra parte, hay una relación de vecindad que involucra relaciones comunitarias con actividades compartidas (yerras, carneadas, doma, etc.). Este espacio compartido tiene una riqueza identitaria bien definida, pues la interacción no es sólo material sino que es relacional (M. Santos, 1996).

 

 

Reflexiones finales

 

La  definición del término chacarero es difícil de cerrar, el concepto puede abordarse desde múltiples perspectivas (económica, cultural, social, etc). Queda pendiente la profundización de algunos aspectos que se plantearon en las páginas anteriores, así como la incorporación de otros elementos de análisis. Es complejo encontrar un conjunto de rasgos que permitan construir una tipología. Sí es posible puntualizar, a través de la experiencia de trabajos de campo y de las entrevistas realizadas hasta la fecha, la situación actual y las características comunes que presentan los pequeños y medianos productores agropecuarios, productores que comúnmente se los identifica como “chacareros”.

Los cambios en el modo de producción afectan la manera en que los chacareros desarrollan la organización económica al interior de la unidad productiva, es decir, en  “su campo”. Las estrategias de articulación con el mercado son variables y el logro de una articulación efectiva y favorable esta relacionada con múltiples variables: las características del productor y de su núcleo familiar, su capacidad de integración y/o intervención en los procesos productivos, su poder como sujetos sociales involucrados en la toma de decisiones del territorio y en la disponibilidad de los factores de producción para organizar la gestión de las explotaciones agropecuarias, etc.

Al mismo tiempo y paralelamente, se produce la emergencia de nuevos sujetos sociales agrarios que dan cuenta de un cambio sustancial en la interacción entre los diversos sujetos y, entre éstos y el territorio. En este contexto, las estrategias de articulación productiva de los chacareros, al interior de la unidad de producción y en relación con el mercado, pueden ser exitosas o no, y esto dependerá de la manera en que los distintos sujetos manejen sus capacidades productivas en función de las demandas de la economía capitalista.

Las transformaciones socio-económicas ocurridas en décadas recientes, con los cruces de escalas (global, regional y local) impuestos por la reestructuración del sistema agroalimentario, tienen un fuerte impacto sobre la articulación del territorio, impulsando los cambios en la vida cotidiana y en la identidad rural.  

 

 

Bibliografía

 

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 Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.  






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