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Asunto:[encuentrohumboldt] 255/08 - Cancún del auge turístico a la crisis ambie ntal
Fecha:Viernes, 26 de Diciembre, 2008  01:26:56 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>

 

Cancún del auge turístico a la crisis ambiental

                                                                                             

Stella Maris Arnaiz Burne

                                                                                              Alfredo César Dachary

 

 

Introducción

Cancún, isla anclada por dos puentes a la Costa Oriental de la península de Yucatán, la frontera Caribe de México, fue creado en la década de los setenta en momentos en que el turismo se transformó en un modelo eficiente para la lucha de la guerra fría en esta convulsionada región.

Cancún ha sido tomado como el “modelo” del éxito en materia de desarrollo turístico y, más específicamente, de centros turísticos integralmente planeados, un logro visible pero que muestra una cara de la moneda, la que ven los desarrolladores. La otra es la que vive la sociedad de acogida, una realidad muy diferente.

A lo largo de estas últimas décadas, lo ambiental se ha ido transformando de una cuestión vinculada al manejo y sus costos en los ecosistemas a la sociedad que éstos alojan, porque los problemas ambientales son integrales y, como tal, deberían analizarse, para no caer en la demagogia que hacen algunas ONG, en defensa de sus territorios o lugares de vida.

            Los problemas ambientales en la zona turística y, específicamente de Cancún y el corredor, han dado lugar a un gran crecimiento económico distribuido asimétricamente por lo que no podríamos hablar de desarrollo.

Estos resultados son el fruto de la combinación de diferentes factores, que se articularon desde un Estado que planifica pero los funcionarios no aplican,  ya que ven que la alteración de los planes y sus usos son un gran negocio para ellos, a un sector empresarial que busca beneficios rápidos sin tomar en consideración los costos.

Los inversionistas y los desarrolladores, estos últimos empresarios que construyen venden y se van,  aplican un modelo que se ha definido como “modelo inmobiliario”, siendo el eje del mismo la inversión - recuperación a corto tiempo ya que dejan las externalidades, expresadas en infraestructura y prestación de servicios básicos, para el municipio o los operadores de hoteles, que deben enfrentar estas costosas operaciones que deberían haber sido solucionadas desde el comienzo de las obras.

El Estado admite esta distorsión que es natural en el modelo capitalista de mercado que hoy domina y acepta las reglas que rompen las normas preestablecidas con tal de “anclar la inversión” que se traduce en puestos de trabajo, o sea, hay un rédito político además de un beneficio económico que para los que “apoyan” o cabildean los proyectos.

El Estado, al aceptar este modelo intensivo y sin control efectivo, permite la entrada masiva de mano de obra, verdadero motor de este modelo que está basado en la industria de la construcción, y recibe a los inmigrantes sin tener donde, asume la ley suprema del mercado, que las cosas se equilibran por la oferta y la demanda, lo cual no se da en “el mercado de los pobres”, que deben sobrevivir a base de ingenio y grandes restricciones.  

Los inmigrantes se organizan como pueden, invaden o les conceden tierras, y ellos pueblan una ciudad paralela sin servicios, la cual recién empieza a existir para los políticos y la sociedad cuando aumenta en número y así obtiene la capacidad de presión.

Desde el comienzo estamos hablando de dos mundos paralelos, miles o millones de visitantes que llegan y miles de campesinos que arriban, los primeros para vivir un tiempo irreal en el mundo del ocio y los otros para sobrevivir, en el mundo del trabajo.

Los inmigrantes también hacen un uso intensivo del territorio pero no para explotarlo sino para sobrevivir y, en la necesidad, generan una grave afectación en el mismo, como es el caso de las aguas subterráneas, que derivado de la falta de servicios de drenaje, la gente se ve en la necesidad de transformar los cenotes, que son aberturas que generan ríos subterráneos, en receptores de aguas negras, las cuales se expanden en todo el sistema.

            De las costas al continente avanzan los desarrolladores masivamente cambiando los usos de suelo y de la periferia urbana hacia el centro avanzan los desposeídos buscando hacer una ciudad que no estaba pensada, la de los pobres, la Colonia Puerto Juárez.

            Esto significa que la cuestión ambiental tiene dos extremos, uno visible que es el de las costas a la zona hotelera y otro invisible de la selva hacia el centro de la ciudad y justamente esta duplicidad de frentes que implica la existencia de dos grandes problemas es la falta de perspectiva que tienen los ecologistas y conservacionistas hoy.

            Ven sólo el problema costero, la zona donde el dinero llevó a la destrucción, donde la especulación se llevó por delante a la normatividad, pero desconocen por una visión clasista, el otro extremo, donde los pobres contaminan y destrozan la selva por necesidad y alteran el ambiente social por falta de oportunidades.

            Así entendido el problema ambiental no es un tema que tome sólo los ecosistemas, sino que está profundamente anclado en la problemática social, hay un deterioro de los ecosistemas donde están los hoteles y marinas que fue planificado y otro deterioro ecológico social muy profundo donde están los pobres que construyeron este “paraíso”.

            Esta perspectiva permite ubicar a los actores que se han llamado a sí mismos a ejercer el rol de defensores del medio ambiente en la perspectiva ya obsoleta de limitarlo a los ecosistemas, sin tomar en consideración al hombre y la sociedad.

            Esta visión lleva al origen de las ideas ecologistas occidentales modernas, la era del nazismo, período en el que se promulgaron las primeras leyes orientadas a compaginar un proyecto ecológico, que protegía a la naturaleza pero era crítico con el hombre (Ferry 1994).

            Es coincidente ver que durante el nazismo se protegió el bosque, se crearon las primeras leyes de ordenamiento ambiental e impacto ambiental, se dictó la más completa ley de protección a los animales y también se exterminó a más de 6 millones de personas. La Alemania Nazi era un país perfecto, con grandes bosques, plazas, no se veían negros, árabes ni otras razas, ni mendigos, todos habían sido exterminados; era el paisaje “puro, sin alteraciones”.

            El caso de Cancún es muy revelador porque permite entender cuáles son las ideas que sirven de guía a  los movimientos ecologistas y conservacionistas en México y muy especialmente en el Estado de Quintana Roo, donde la construcción de este polo se hizo a costa de descampesinizar a más de 500,000 mayas que sobrevivían en la selva luego de la crisis forestal y del henequén (César y Arnaiz 1998).

            Lo primero que se puede observar es que estos grupos, sin representación efectiva en la sociedad local, son verdaderos grupos de presión, que pretenden hacer negociar a las autoridades y a los inversionistas, lo cual siempre termina en una situación generalmente poco clara, más cuando los proyectos siguen adelante.

            Desconocen o ignoran los grandes problemas que genera ese desarrollo inmobiliario, cuyo impacto visual más impactante está en la zona hotelera, pero el mayor impacto, el más grave está oculto tras la miseria, que ya se considera como algo “natural” y que de él derivan: el suicidio, violencia contra las mujeres, drogadicción y una serie de enfermedades sociales, que ponen en “peligro de extinción” a miles de personas.

            De allí que en Cancún, como en todo el corredor, la cuestión ambiental ha sido un tema tangencial que se ha concentrado a reducir ciertos impactos muy evidentes, pero que toman más fuerza una vez que la isla de Cancún  y la laguna Nichupté ya están irremediablemente e irreversiblemente afectadas.

            El enfrentamiento por la cuestión ambiental afecta a determinados grupos empresariales pero no a otros que son tan o más voraces que éstos, por ejemplo Xcaret y los parques temáticos no son sujetos de crítica, y como éste y otros emprendimientos hay duda sobre la parcialidad de los cuestionamientos no por ser reales sino porque se limitan a ciertos casos y no a todos.

            La defensa o la búsqueda de un desarrollo racional o sustentable debe ser integral, pero ello implica un cambio de modelo, que no cuadra con el que hoy domina en México y que se reproduce rápidamente por toda la geografía del país, un neoliberalismo donde rige el mercado por encima de los intereses nacionales y mucho más, de las grandes mayorías.

            Hasta los noventa, los enfrentamientos por la cuestión ambiental no eran frecuentes, en Cancún el eje de la polémica fue la laguna Nichupté, la cual fue rellenada en una parte importante y la polémica no pasó de la denuncia, algo que no afectó a estos proyectos, como fue el caso de Isla Dorada.

            La denominada batalla muellera de la isla de Cozumel, de la mitad de la década de los noventa fue un parteaguas en materia de estos enfrentamientos, ya que se llegó a un tribunal internacional que ve las cuestiones ambientales que se dan en los países firmantes del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

En este conflicto ambiental se empieza a vislumbrar un sesgo sobre cuáles son los proyectos que se cuestionan y cuáles no, el final fue muy claro, se construyeron grandes muelles, se hizo una parodia de replantar arrecifes blandos ,y en pocos años Cozumel llegó a recibir cerca de 1,500 cruceros, la capital caribeña, luego de Miami.

            El tema ambiental a comienzos de los noventa era aún incipiente y Enrique Leff, un referente obligado en el tema en México, sostenía que “…la respuesta del Estado a los procesos de deterioro ambiental ha sido tardía, sobretodo ante su acelerado ritmo y su carácter acumulativo” (Leff 1990).

            La cuestión ambiental es fundamental para lograr un desarrollo equilibrado, pero no puede ser vista de manera parcial porque se termina distorsionando el problema real, aunque una visión integral se enfrenta con el inmediatismo del Estado y el hambre de tierras que tiene el mercado: la fórmula del denominado “modelo turístico inmobiliario”.

            Hay una definición amplia de turismo que sintetiza los alcances reales del mismo y que sostiene que “el turismo es una compleja e importante actividad económica que depende, más que ninguna otra del medio ambiente pero considerado éste en una perspectiva amplia. Esto se debe a que el mismo abarca la biosfera, los ecosistemas que lo componen y los elementos introducidos en ella por la mano del hombre, contando entre éstos los aspectos socioeconómicos y los culturales” (OMT/ PNUMA 1983).

En estos últimos años se ha dado un enfrentamiento con nuevos desarrollos masivos, que son parte del modelo; los más graves siguen adelante, como son el caso de Puerto Cancún y el malecón costero originalmente denominado San Buenaventura, en ambos se arrasan con grandes áreas de manglar y lo que es más, se sigue sobredimensionando la carga inmobiliaria en esta frágil zona.

En una interesante y realista visión, el geólogo Wiese analiza los impactos del turismo en Cancún y de la impresión que obtiene, plantea una interpretación a partir de otras teorías sobre impactos, ciclos de vida del turismo de Buttler o el trabajo clásico de Plog y concluye con la teoría de la autodestrucción del turismo (Wiese 2000).

En este trabajo habla de cuatro etapas y Cancún estaría concluyendo la tercera etapa, que es cuando domina el turismo de masas de bajo nivel económico y comportamiento social, lo que lleva a la degradación social y deterioro medio ambiental del sitio turístico.

La última etapa, y ya no parece predicción, es cuando el destino se hunde bajo el peso de los conflictos sociales y la producción de basura y contaminantes, y empiezan a huir los turistas, dejando la infraestructura abandonada (Wiese 2000).

 

Las aguas bajan turbias

Los temas de la deuda social vinculada a la calidad de vida son cada vez más evidentes, un basurero sin control de ningún tipo, aguas costeras contaminadas por la falta de drenaje, lo cual fue reconocido por los análisis que realizó Greenpeace y que luego fueron comentados y admitidos por Alfredo Arellano, titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Noticaribe 28/06/2007).

Esto era conocido, ya que la ciudad genera y manda a sus aguas subterráneas la contaminación anual de 14,000 toneladas de heces fecales y 11 millones 250 mil metros cúbicos de aguas residuales, según un estudio realizado por el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV) (Cedillo 2006).

Desde el año 2000, el agua de subsuelo de Benito Juárez, no sirve ni para lavar la ropa dado el grado de contaminación que presenta. Sin embargo, miles de familias sin poder contar con el servicio de agua corriente se ven obligadas a usarla con  consecuencias graves para la salud.

Este gran problema es conocido por la Comisión Nacional del Agua y por la concesionara del agua en Cancún, Aguakan, debido a que desde hace unos años ya se sabe de muchos casos de  enfermedades gastrointestinales y de la piel.

Las protestas se dieron primero en la región 222, la zona de Rancho Viejo, y los asentamientos como Tres Reyes, El Pedregal, El Milagro, Valle Verde, Avante, Las Pencas, Santa Cecilia y todos los asentamientos irregulares que hay en la zona.

En Cancún hay más de 200,000 personas sin drenaje, cuyas heces fecales van directamente a la freática a través de los pozos o cenotes que utilizan y allí se hace la cadena, sale del hombre y regresa a él.

Según el investigador del CINVESTAV, en las 200,000 personas sin drenajes está el 29,92% de la PEA y sus ingresos son de uno a dos salarios mínimos, son los marginales, los que no tienen drenaje ni agua, o sea,  son doblemente castigados.

El Municipio de Benito Juárez es una especie de gran delta de los ríos subterráneos de la península, donde se ubican los mayores afluentes de la península y debido a la porosidad del subsuelo lo hace sumamente susceptible a contaminarse como se ha descrito.

Esta situación se agrava debido a que Aguakan está rebasado en sus tres plantas de tratamiento de las regiones 94 y 237 y la Caribe 2000, por lo que debe arrojar las aguas crudas, sin tratamiento a un pozo de absorción.

A ello hay que agregar que las aguas negras que corren por estos ríos más los lixiviados del basurero municipal sin control, no sólo contaminan las playas turísticas sino zonas aisladas como es el caso de la laguna Manatí y el sistema lagunar Chacmochuc, intercomunicados y pertenecientes al Municipio de Isla Mujeres, lugar donde estará una parte del proyecto Playa Mujeres (Caballero 2007).

Para 1997, ya el problema de un crecimiento rebasado era evidente, Cancún generaba 1.1 kilo de basura por habitantes cuando la media nacional era de 800 gramos, o sea, para esa época se generaban diariamente 480 T de basura, 80% eran recolectada y el resto entre tiraderos “habilitados” y otros lugares (Martín L. 1997).

Para ese año, sólo el 40% de la ciudad tenía drenaje, sin contar la franja ejidal y asentamientos irregulares, por lo que aguas negras y pluviales, además de basura, van al mar o la laguna Nichupté ayudando así a la contaminación.

El tema sigue en boga, ya que en julio del 2007, Greenpeace nuevamente abrió el caso de la contaminación de las aguas de la zona de playas, debido a que según sus datos el 31.55% de las aguas negras se vierten sin tratarse, lo cual la Directora de Ecología del Ayuntamiento admitió en parte.

 

Laguna Nichupté: la contaminación pionera

Desde los ochenta, la laguna es un problema permanente en el corazón de la zona turística, primero se comenzaron a eliminar canales de comunicación con el mar y con los grandes rellenos se redujo la superficie de la laguna, como fue el caso de Isla Dorada y disminuyó el intercambio de agua de mar y de la laguna.

Luego vino una agresión mayor, ya que se ubicó sobre su ribera un relleno sanitario a cielo abierto y luego vinieron las marinas y las aguas negras que éstas generaban por la falta de drenaje, aunque estaban ubicadas en plena zona hotelera y para completar el cuadro las aguas negras de la ciudad, por carencia de drenaje también llegan a contaminar esta laguna.

La primera afectación directa a la laguna  Nichupté  fue el club y campo de golf Pok Ta Pok, que llevó a que se drague una parte de la laguna y se rellene para hacer el campo, y así se siguió rellenando la laguna para hacer el estacionamiento de plaza Caracol y los comercios cercanos.

A partir de estas obras comenzaron a instalarse marinas, restaurantes, centros comerciales y todos iban rellenando y afectando a la laguna, que ya resentía la pérdida de intercambio con las aguas del mar y el impacto de aguas negras, aceites y otros desperdicios que debería digerir esta afectada laguna.

A mediados de los ochenta comenzó a percibirse un fuerte olor en la laguna y empezaron los problemas de culpas y responsabilidades entre los diferentes niveles de gobierno, y allí comenzaron las quejas del grupo ecologista Gema, pero nada frenó el proceso de ocupación y afectación de la laguna.

En los noventa se preparó un plan de ordenamiento y en paralelo se dan autorizaciones para que se construyan y operen un total de 23 marinas, con lo cual se da una doble contaminación: la de la edificación y la de las lanchas, motores de dos tiempos.

En 1993, se crea el programa de protección ambiental de Cancún, en el cual se plantea respetar uso del suelo, ampliar los drenajes hasta un 70%, construir nueva planta de tratamiento de aguas negras, reubicar el basurero municipal, alcantarillado en Bonfil y recuperar las 783 has de sascaberas y reforestar el boulevard Luis D. Colosio (Próspero 2001).

En 1996, el presidente Zedillo, aprueba un plan muy amplio denominado Aguas Cristalinas 2000, para hacer un saneamiento integral de la laguna, un plan cuyo costo estaba calculado en 832 millones de pesos, pero los conflictos entre el gobierno estatal y Aguakan, frenaron el proceso y éste quedo reducido a un plan estratégico.

En medio de ello está el doble discurso del sector empresarial entre el problema y la búsqueda de soluciones, pero que no ha podido llegar a un acuerdo para sacar todas las descargas irregulares que hay hacia la laguna, 132 para el año 2000 hoy posiblemente sean más del doble; los negocios son incompatibles con la protección del medio ambiente.

El caso de laguna Bojorquez parte del sistema lagunar de Nichupté, se puede solucionar con un sistema de bombeo por energía de oleaje ideado por un grupo de investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (Morales 2007).

Esta bomba puede introducir a la laguna 500 litros por segundo, o sea, 40,000 metros cúbicos en 24 horas y de ese modo en dos a tres meses se renueva toda el agua de la laguna y con ese aporte masivo de agua limpia y oxigenada se eliminaría el material orgánico acumulado, causante de los malos olores y la turbiedad. Así el sistema seguiría funcionado indefinidamente para mantener un adecuado flujo de agua y lograr que la laguna se conserve (Morales 2007).

Reforestar el manglar afectado por la tala, contaminación y los ciclones como fue el caso del Wilma es otra acción que se viene planteando para mejorar el entorno de la laguna, y darle más protección.

Así mismo, se adjudicó el Plan de Manejo del Sistema Lagunario a una empresa consultora de Cancún, el cual costará un millón y medio de pesos y estaría terminado en el 2008.

Los investigadores del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología han hecho otro llamado de atención respecto del deterioro en aumento del sistema lagunario de Nichupté que ha permitido constatar, además de las ya existentes, una nueva de contaminación por plomo.

El aumento de las construcciones que terminan de cerrar todas la venas de intercambio con el agua de mar, los rellenos y la saturación de embarcaciones, entre otros, además de las descargas de aguas contaminadas provocan una contaminación por plomo  y un exceso de nutrientes, lo que podría llevar a que ésta sea una laguna muerta.

Pero pese a esta situación el Fondo Nacional de Turismo (FONATUR) y la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) plantean la construcción de puentes sobre la laguna a fin de reducir el tráfico en el boulevard Kukulkan, habrá  así un puente sobre la laguna Bojorquez y se plantea un segundo puente más largo que atravesará la laguna Nichupté con 9 Km. de largo (Varillas 2006).

El proyecto ya generó diferentes reacciones en la sociedad por lo cual se logró parar en el 2007, pero no anular el proyecto, ya que hay un gran interés de grupos empresariales en que se haga realidad.

El problema es que no hay una sociedad activa frente a estos problemas, están los actores con intereses directos en el turismo y los grupos ecologistas que tratan de limitar estos proyectos, pero la verdadera sociedad no demanda una participación ni siquiera por los partidos políticos.

Son acciones de gobernadores o presidentes los que mueven este problema central en la zona turística, así se espera que por decreto presidencial se cree una área de protección de flora y fauna de manglares de Nichupté (Novedades 2007).

El área para protección tendría una superficie de  4,259 hectáreas de manglar y humedales, propuesta que ha sido ampliada de una original que pretendía proteger 3,400 hectáreas.

 

Basura y contaminación

Cancún ha tenido durante su construcción una serie de errores que van más allá de lo que es la planeación, está en duda si hubo soberbia o ignorancia, sólo dos ejemplos nos dan la razón. Uno, no prevenir la existencia de miles de trabajadores inmigrantes que necesitarían una gran colonia, y ello llevó a la construcción de la colonia Puerto Juárez, una obra realizada a la luz de los enfrentamientos con los colonos.

La otra es el basurero, que debería ser para una ciudad moderna un verdadero relleno sanitario y cuya primera ubicación fue frente a la laguna Nichupté, el eje del ecosistema donde se aloja el centro turístico y de allí se pasó a un gran tiradero cercano a la zona costera y a lagunas interiores donde hoy su existencia genera una gran contaminación.

En medio de ambos, otro “olvido”, los drenajes y ello junto a otro “error”, cenotes, ríos subterráneos, un sistema que integra toda la contaminación desde aguas negras a lixiviados y los lleva al mar, ¿errores de principiantes u omisiones de burócratas?

El problema ha ido creciendo mientras el municipio ha planteado muchas estrategias y ninguna solución; hay dinero para lo que se ve como la promoción y no para lo “invisible” a primera vista como la contaminación.

A mediados del 2005, la situación ya estaba fuera de control y se hablaba de una potencial contingencia ambiental, estado en que viven todas las colonias cercanas a este “tiradero”, el cual está sobresaturado por las 750 T de basura que diariamente se tiran allí.

Cambiar el lugar lleva a una de las primeras lecciones de la planeación urbana, la definición temprana de las áreas de servicio, porque moverlas una vez desarrollado el destino, ningún grupo asume perder sus tierras cercanas a un nuevo relleno, ni hay autoridad municipal capaz de pagar el daño que este cambio le inflinge a toda esta nueva periferia.

Como Cancún estaba proyectado por etapas, se sabía como se iba a ir ampliando la mancha urbana  y como se incrementaría la población, por lo que los cuatro servicios públicos básicos: agua, luz, basura y drenaje debían estar dimensionados para cuando la ciudad esté en su madurez.

La posibilidad de construir un nuevo relleno en las cercanías de Puerto Morelos, zona de expansión turística o en la parcela 215, cercana al aeropuerto, enfrentó a la población de esa localidad y a la burocracia estatal y municipal por la segunda opción.

En el 2006, se habilitó un tercer relleno sanitario muy cercano al anterior, el cual se saturó en siete meses y el problema se agudizó porque la gran masa de basura cada vez afecta más al sistema lagunario de laguna Manatí y Chacmochuc.

Se aprueba una celda más a este relleno ubicado en el Km. 3 de la carretera a Rancho Viejo en la parcela 1113, la cual va a alojar las casi 900 toneladas diarias de basura de Cancún e Isla Mujeres.

En forma paralela, la batalla por el saneamiento del antiguo relleno ha llevado todo el 2006 y parte del 2007, un tema que aparentemente, dada la batalla que se libra, generaría grandes beneficios a los que lo operen y mucho más a las poblaciones cercanas.

Hacer un relleno sanitario con 900 toneladas diarias de basura será una acción titánica, buscar nuevos mecanismos para procesar la basura sería lo más lógico en una región donde la fragilidad del suelo basada en la permeabilidad y las aguas subterráneas no garantizarían un relleno seguro.

Pero ni esta opción ni la propia de procesar los anteriores rellenos llegan a buen término, porque el verdadero conflicto es de carácter político y ya va camino a cerrar una década de graves enfrentamientos a nivel del Ayuntamiento de Benito Juárez.

 

Las playas: el recurso ausente

Cancún como destino de sol y playa, tiene sus recursos principales doblemente afectados; por un lado, por la contaminación de las aguas de baño derivadas de la contaminación de las napas y freática que llegan al mar y, por el otro, por la pérdida de arena.

En el mes de septiembre 1988, entra a Cancún el destructor ciclón Gilberto cuyos destrozos paralizaron por varios meses este centro turístico, siendo uno de los daños más importante la pérdida de las playas del lado oeste de la isla de Cancún.

Esta situación alarmó a los hoteleros al afectar el recurso bandera y en el mes de octubre, se crea un Comité para enfrentar el problema y determinar cual sería la estrategia más adecuada y los costos que implicarían.

Pero como todas las comisiones en la que conviven las autoridades y los empresarios no terminan sus acciones previstas y ésta apenas duró dos meses hasta que en diciembre del mismo año dejó de operar, pero el problema seguía existiendo, pero se entraba en la temporada alta y se pretendía recuperar parte de la grandes pérdidas que habían tenido que asumir.

Entre los años 1995 y 1997 una vez más la ciudad y la zona hotelera de Cancún sufrieron los efectos de  dos importantes ciclones el Opal y el Roxanna, los cuales profundizaron la falta de medidas para recuperar las playas desde el Gilberto, incrementando el problema.

Según el investigador Manuel Castro, el sentido de las corrientes es de sur a norte y al existir dos puntos sólidos como Punta Cancún y Nizuc, se dan playas amplias, pero el problema se comienza a presentar cuando arrancan las construcciones masivas y  monumentales sin un plan efectivo.

La construcción de grandes hoteles muy cercanos entre sí frena la velocidad del aire, lo que da origen al fenómeno de la “socavación”, con cual se corre el riesgo de perder las playas (Martín 1997a).

En 1997, los primeros hoteles en tomar medidas fueron el Sheraton Beach Palace, Meliá Turquesa y Pirámide de Cancún, todos en la playa brava, la con más impactación directa de vientos, y contrataron a la empresa Control de Erosión, la cual está autorizada por Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) para realizar acciones en las playas.

Se trataba de muros rompe olas de 30 a 40 metros de la playa, con los cuales se podría confinar arena dentro de grandes contenedores y, con ello, se iniciaría el proceso, cuyo costo final se estimaba en 50 millones de pesos.

Para el geógrafo José Luís Juanes Martí, del Instituto de Oceanógrafa de Cuba, el tema del deterioro de las playas en el Caribe es un tema al que se debe prestar especial urgencia.

El científico  es coautor del informe Diagnóstico de los procesos de erosión de las playas arenosas del Caribe, que se publicó en el 2003 y en él se analizan los casos de Cuba, pequeñas islas del Caribe, Riviera Maya en México, Guatemala y Colombia.

Estos estudios arrojan como resultado que la erosión es un problema  generalizado en las playas de la región Caribe con intensidades que van de 1 metro por año a 9 metros  y no se excluye que haya aún ritmos mayores.

Entre las principales causas naturales de este fenómeno están las mayores frecuencias e intensidades de los ciclones, la elevación del nivel del mar, el déficit de ingresos de arena y fenómenos tectónicos.

Las causas de origen antrópico son las actividades mineras y extractivas en dunas, ríos y playas, la destrucción de la duna costera por las construcciones turísticas, puertos deportivos, torres, incorrecta ubicación de obras de protección costera, daño a los arrecifes y pastos marinos (Juanes y Trista 2004).

Para mitigar esta erosión los autores plantean la aplicación de un Programa de Manejo Integrado de las Zona Costera, que asegure un verdadero desarrollo sustentable.

El fenómeno de la pérdida de playas sigue siendo una realidad y con la llegada del ciclón Wilma se transformó en una tragedia, ya que no sólo se llevó la arena y destrozó grandes hoteles sino que dejó verdaderos campos de rocas donde antes eran arenas, algo que no podría digerir el turismo; se llevó programas de regeneración de playas, volviendo éstas a un estado precario.

Los programas de recuperación de las playas en la zona más afectada, el frente de mar abierto entre Punta Cancún y Punta Nizuc, quedó listo, pero a los pocos meses un fuerte oleaje comenzó a llevarse la arena, a lo cual las autoridades sostuvieron que se tenía previsto este tipo de problemas.

El proyecto de recuperación de las playas iniciado en enero del 2006 y concluido en abril del mismo año tuvo un costo de 217 millones de pesos los cuales fueron aportados por la Federación, sentado el precedente que a los empresarios el apoyo y a los afectados de Chiapas y Veracruz, la espera.

Según el gobernador de visita en Cancún en el mes de marzo del 2006, se tenía previsto que se entreguen playas de 60 metros de ancho para que con los ajustes queden de 30 metros de ancho (Martoccia et al. 2006).

Wilma le costó a la Federación en materia de recuperación de playas, 19 millones de dólares, para 12 Km. de costas  y mover 2.7 millones de metros cúbicos de arena, pero al año de estar terminados los trabajos, el problema volvía a darse, porque el fuerte oleaje se seguía llevando la arena.

En la desesperación, los empresarios y las autoridades plantean todo tipo de salidas, siempre y cuando no les cueste al sector privado, que está acostumbrado a la postura paternalista del Estado, un verdadero populismo inverso porque en vez de darles a los pobres se apoyó con todas las medidas a los más poderosos.

Entre las diferentes opciones que se dan, están las que plantean la formación de un arrecife artificial frente a la segunda barrera arrecifal del mundo, el Arrecife Mesoamericano, pero por el otro lado, se siguen promoviendo grandes torres junto al mar con lo cual cambian los vientos y las playas quedan más expuestas.

Sobre la hora de la llegada de los huracanes, la empresa Control de Erosión S.A. de C.V. está colocando las estructuras para detener la pérdida de la arena.

El 20 de agosto de 2007, el huracán Dean nuevamente impactó y afectó las playas de diferentes maneras; las más afectadas fueron las playas Delfines, Gaviota Azul, Ballenas, Martín y Chac Mool, dejando al descubierto la placa de piedra en lugar de la arena que había antes.

La Secretaría Estatal de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente realizó un estudio sobre el impacto del huracán Dean en las playas, en el cual se especificó los diferentes grados de afectación por playas y como corolario de estos impactos, el municipio está planteando una contribución adicional para poder mantener las playas, a los vecinos de las zonas de playa o costeras.

La Asociación de Hoteles asumió una posición éticamente incorrecta al plantear que sea toda la sociedad la que pague la recuperación de las playas, en una ciudad donde más de la mitad de la población vive en la pobreza.

Esta postura quebró la unidad empresarial ya que el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) la rechazó porque ellos no viven del turismo y obligó al municipio a buscar una salida negociada, la cual combinaría apoyos privados con los que el Estado percibe por la zona federal marítimo terrestre.

Así se prevée una inversión a futuro de más de 200 millones de pesos para mantener y recuperar playas, lo cual ha llevado a que se organice una estructura que se haría responsable de este problema, en el cual está en juego el turismo en la ciudad de Cancún.

El tema toma otra dimensión cuando algunos grupos hoteleros como la empresa Servicios de Operadora Hotelera S.A. de C.V. que opera el hotel Blue Bay Getaway, presentó su proyecto propio y espera la autorización de las autoridades ambientales para comenzar sus acciones.

Esto significa un riesgo mayor, ya que no se lleva adelante la recomendación que se hace a nivel mundial de un programa de manejo integrado de la zona costera, en este caso cada hotel intentará su estrategia que generalmente termina afectando al inmueble vecino.

Pero la Federación termina dando los apoyos al sector hotelero, pero esto no hace nada para controlar el uso y abuso del suelo de la zona hotelera una de las causas fundamentales de este grave problema.

La extracción de arena de un banco junto a Isla Mujeres agrega un nuevo elemento de conflicto al considerar los isleños que no tienen arena para recuperar sus playas y los efectos de la extracción de la misma para Cancún lo podrían afectar.

De igual manera, los habitantes de Isla Blanca y Punta Sam  denunciaron la drástica pérdida de playas que están sufriendo a partir del dragado que se realizó para llevarle arena a Cancún.

El buzo Pedro Amieba que realiza tours muestra videos tomados en el 2006 luego del paso del Wilma y los arrecifes y la vida marina se ven en muy buenas condiciones, luego mostró otros videos realizados después del dragado y no veía vida marina y las áreas están cubiertas de arena. (El Quintanarroense 2007).

El problema se complica porque así como la contaminación se comunica por la red de ríos subterráneos, estos grandes ecosistemas marinos guardan un equilibrio que cuando es alterado afecta al otro, y comienza así un complejo enfrenamiento entre diferentes grupos de inversionistas en esta región del Caribe mexicano.

 

Conclusiones: el modelo inmobiliario y el conflicto ambiental

Cancún ya hace mucho tiempo llegó a su límite de crecimiento, luego de dejar impactada brutalmente las principales zonas de influencia desde el espacio costero al sistema de lagunas y la zona de selva o el área continental.

Durante tres décadas, se han atropellado sin límite alguno y, en contubernio con las autoridades, todos los planes y programas existentes y el resultado es una verdadera ciudad caótica, con una sociedad en crisis y ambientalmente muy afectada, pero entendido lo ambiental desde una perspectiva holística, hoy la ciudad tiene los records lamentables de tener el mayor índice de suicidio, jóvenes de menos de 30 años, de niños explotados laboralmente y el de mujeres abusadas y golpeadas.

Hoy en el 2008, los conflictos ambientales vienen a ser una contra conciencia de lo que no se hizo, en un extremo, de lo que se permitió a costa de grandes impactos y de ambos, una sociedad totalmente asimétrica y contradictoria.

Puerto Cancún, el Malecón Cancún  y la tercera etapa de Cancún sintetizan la última etapa de un proyecto fallido cuyos arreglos no pasan ya por cuidar lo que queda del manglar sino por detener la violencia social que se da sobre los inmigrantes y los grandes grupos marginales que viven en la miseria absoluta.

Pero el tema ambiental tiene cartel y además es hoy un modus vivendi de ciertos grupos que no quieren entrar al tema social y pretenden un protagonismo desde la cuestión ambiental; es una forma novedosa de hacer política que se considera “progresista”, desde una perspectiva eminentemente clasista y racista, ya que hoy izquierda y derecha son definiciones obsoletas.

En el 2007, se dan una serie de enfrentamientos derivados de la cuestión ambiental entre los que destacan, la Ley General de Vida Salvaje, una puja entre empresarios y los dos grupos que han tomado la función de fiscales ambientales.

 El tema central son los humedales y más específicamente los manglares, lo que queda de ello, una zona de alta plusvalía en las regiones costeras turísticas, cuya lógica sería no utilizar esos espacios, pero la especulación inmobiliaria no tiene límites.

Ello se debe ubicar dentro del auge inmobiliario basado en el modelo del segundo hogar, y dominado por los inversionistas españoles, que ya tienen una larga experiencia de sobredimensionar y destruir el ecosistema y paisajes costeros de los grandes corredores españoles.

A esto se le puede sumar la crisis interna en los organismos que administran la cuestión ambiental, la SEMARNAT, Procuraduría del Medio Ambiente y los organismos estatales de igual función junto a los municipales que también tienen participación y para el caso de Cancún, FONATUR, el arbitro y principal responsable de la implementación de los mega proyectos comenzando por la tercera etapa de Cancún.

El Plan Maestro ya está totalmente superado y el Plan de Desarrollo Urbano ya ha presentado grandes cambios como sería el de la clave THE (Turístico hotelero especial), que sirve de marco para sobredimensionar los nuevos proyectos.

Esto ha llevado a que se esté preparando un proyecto de “Nuevo Cancún” , para regular el uso del suelo en la zona hotelera, tarea que realiza el Ayuntamiento y FONATUR a fin de reemplazar el Plan Maestro de la década de los setenta, un último intento por salvar lo que fue el mayor éxito turístico en los ochenta y noventa.

La dupla agua potable – aguas negras enfrenta al destino con su mayor problema, y ante la imposibilidad de dotar toda el agua que se necesita en 5 años ya que se va a duplicar en el  2012 y, con ello, se duplicará el potencial de aguas negras, ambos sistemas están en crisis, es un reto que difícilmente se pueda superar.

Y si a todo ello le sumamos los incendios forestales, que en el 2006 hicieron que se perdieran 80,000 hectáreas, la situación es de emergencia y como tal hoy se plantea a nivel del Estado.

El modelo tiene sus límites dentro del crecimiento, y es por ello que la generación de empleos es el único aliciente social visible operado a partir de la industria de la construcción, de la cual viven todos los proyectos de la zona turística.

Quintana Roo depende totalmente del turismo que genera el 80% del PIB estatal, lo que ha llevado al gobernador estatal a salir a buscar inversionistas para el sector turístico a partir de hacer todo tipo de concesiones que para cumplirlas hay que violar la ley.

Pero esto es sólo la parte visible del problema, las otras son la pobreza, las drogas, los suicidios, la otra cara del mismo, al cual no llegan ni el Estado ni los ambientalistas, porque ésta es la parte invisible de esta gran ciudad, y porque en el capitalismo global la solidaridad ha sido remplazada por el individualismo.

Pero éste no es caso extraño ni de excepción, es la regla media de muchos destinos masivos, construidos a partir de grandes excedentes de mano de obra barata y paisajes bellos en países donde la necesidad regula el modelo dominante del turismo inmobiliario.

 

 

 

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Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.


 





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