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Asunto:[encuentrohumboldt] 253/08 - LOS PROBLEMAS DEL DESARROLLO TURÍSTICO EN EL LITORAL MARÍTIMO BONAERENSE
Fecha:Martes, 23 de Diciembre, 2008  10:01:04 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>

LOS PROBLEMAS DEL DESARROLLO TURÍSTICO

EN EL LITORAL MARÍTIMO BONAERENSE

 

 

Facundo Martín Hernández

UNMdP (Universidad Nacional de Mar del Plata)

CEHAU (Centro de Estudios Históricos, Arquitectónicos y Urbanos)

Becario CONICET

 

Resumen:

            El litoral marítimo bonaerense es el sector de mayor afluencia turística en el país. Las localidades existentes en este ambiente han sido, en su mayoría, fundadas para satisfacer la demanda de espacios de ocio. Desde fines del siglo XIX hasta los albores del siglo XXI, la lógica que impulsa el desarrollo turístico no se ha modificado en esencia, si en función de las modas, los contextos políticos, económicos y culturales.

            El modelo de desarrollo turístico incorporado en este territorio se basa en la explotación del paisaje natural y su urbanización, la comercialización de tierras y el trabajo temporario. Analizar cada una de estas características del modelo de desarrollo desde un enfoque geográfico es el principal objetivo del presente trabajo. Para ello se analizaron datos estadísticos, se incorporaron enfoques teóricos críticos a la temática turística y, como parte de la conclusión, se debatió acerca de si existe un desarrollo turístico sustentable -tal como lo afirman los gobiernos municipales costeros-. Además se plantearon las posibilidades de desarrollar un modelo alternativo donde aún es posible, en las costas marítimas bonaerenses.

 

Abstract:

The bonaerense littoral maritime is the sector of biggest tourist crowd in the country. The localities was found it for satisfy the demand of leisure’s spaces. From end of XIX century to begin of XXI century, the logic than impel the tourist development not to be change in essence, but to be change in the custom, in the political context, and the economic and the cultural context.

The model of tourist development built in that territory base it in the natural landscape exploitation, and in his urbanization, the lands commercialize it, and the temporal work. Analyse each one of that characteristics of the model of development from a geographical approach is the most important objective in that work. For that, it was analyse statistical details, built-in it critical theoretical looks to the tourist theme, and in the conclusion flail about if exist a sustenance tourist development –as it say the municipal governments of the coast. Besides, it was set up the possibilities of develop a alternative model where still it’s possible, in the bonaerenses coasts.

 

 

I Breve caracterización del litoral marítimo bonaerense

El litoral marítimo bonaerense se extiende desde el Cabo de San Antonio hasta  Bahía Blanca. Es un sector costero donde se alterna la costa de playa con médanos, desde el Cabo San Antonio hasta la desembocadura de la Laguna de Mar Chiquita, y  la costa de acantilados desde esta última hasta el límite sur en la desembocadura del Río Negro. La costa de playas con médanos está en constante construcción por el aporte de arena que hace el mar al continente, incrementando el ancho de la playa y la altura de los médanos. Dos factores producen este fenómeno: la baja altura de la costa que corresponde a la llanura deprimida de la provincia  y la situación de ésta en relación con la corriente marina de dirección norte-sur que se llama deriva litoral (Echevarria, 1987).

El segundo sector del litoral marítimo bonaerense corresponde a la costa de acantilados, esta fisonomía se extiende hasta el Cabo San Diego, extremidad oriental de Tierra del Fuego. Pero la particularidad en el sector bonaerense es la alternancia con amplias playas de médanos, muchas de ellas artificiales por la influencia del hombre mediante la realización de obras de defensa costera, de ampliación de playas e infraestructura portuaria. Este es un litoral en continua destrucción, atacado por las corrientes, las mareas y las olas socavando las barrancas entre el nivel de la alta y baja marea y que provocan derrumbamientos  de los terrenos que lo componen (Echevarria, 1987).

Los dos tipos de costa presente en el litoral marítimo son aptos para el desarrollo del turismo de mar y sol (turismo balneario), que se transformó desde fines del siglo XIX en la principal actividad de las economías locales litoraleñas. Este turismo balneario ha atravesado diferentes etapas que conforman distintos modelos urbanísticos, pero en todas ha primado un valor especulativo de la tierra cercana al mar que ha impactado en el paisaje natural, transformándolo radicalmente en algunos casos o impulsando modelos socioterritoriales exclusivos y excluyentes.

Las ciudades, villas y pueblos balnearios del litoral marítimo bonaerense han carecido sin un ordenamiento y planificación territorial que contemple la dinámica natural  y la conservación del recurso natural turístico. También es característica de este tipo de ocupación urbana del suelo la construcción de ciudades duales, es decir se configuran dos espacios contrastantes en ella: una la denominaremos ciudad efímera (Mantobani, 2004) que es la ciudad preparada para el turista; son las playas, la infraestructura turística, los barrios y centros comerciales céntricos que reciben a los visitantes temporarios. En esta ciudad efímera es donde se concentran las mayores inversiones públicas y privadas en desmedro de la ciudad cotidiana (Mantobani, 2004). Esta última es el contraste de la anterior, es la ciudad de la población permanente que está distanciada de los sectores turísticos de la ciudad. Como esta no es la fachada que debe ser comercializada permanece oculta a la percepción del turista que sólo circula por los espacios efímeros. La desinversión, degradación y marginalización de los beneficios de la economía turística forman parte de su dinámica socio-territorial.

 

II Territorio, turismo y capitalismo

            El turismo es una de las actividades económicas que genera mayor movilidad poblacional temporaria. A partir del proceso conocido como Globalización, las nuevas tecnologías en comunicación e información provocaron la eclosión de la actividad turística como base de economías nacionales y regionales. Esto benefició el movimiento de capitales multinacionales o nacionales -dedicados al turismo- en diferentes rincones del planeta, generando no solo dependencia de los mismos, sino también nuevas identidades y territorios. Esta actividad, dentro de la óptica liberal, está siempre presentada como un factor de desarrollo, ya que se nutre de un mercado en pleno auge: existe una gran cantidad de turistas, demandantes de espacios de ocio y recreación, y otro tanto de ofertas de lugares, sitios o destinos turísticos que crecen y se desarrollan al mismo ritmo que la cantidad de turistas.

            La visión desarrollista del turismo, a partir de los principios de mercado capitalista, supone que esta actividad produce beneficios económicos importantes a partir de la valorización de los recursos paisajísticos y bienes culturales. Estos se comercializan dentro de los mismos principios del mercado capitalista provocando un impacto positivo sobre todos los demás sectores de la economía (Sancho, 1998: 257). Se suele incorporar el término “industria” al turismo debido a su dinamismo y al “efecto derrame” que genera en sectores directamente o indirectamente asociados. La característica distintiva es que los empresarios turísticos, a diferencia de otros, llevan a los consumidores al producto y no el producto a los consumidores.

            La escasa presencia de los diferentes niveles político-administrativos en el manejo, gestión y planificación del turismo se debe a que es una actividad que puede alcanzar ciertos niveles de crecimiento, a partir de inversiones privadas, si existen pocos controles. En este sentido donde hay un mayor desarrollo turístico, hay mayor presencia de inversiones privadas y es donde hay mayor demanda que la oferta satisface (figura 1). Esto provoca un mayor uso de los recursos paisajísticos y culturales, presionando sobre sus condiciones, desgastándolos sino existe una política de conservación. Estos recursos no suelen ser renovables, ya que una vez transformadas radicalmente  sus características atractivas y recreativas, no son posibles de volver a generar las mismas condiciones.

 

               Figura 1. Desarrollo turístico según el pensamiento liberal

Rectángulo redondeado: Paisaje Natural

 


Estado (garante de las

condiciones óptimas

 para los inversores  

 y empresarios)

 

 

 

 

 

 

 


                                                                                                            Producción del espacio urbano

                                                                                                                                                                             

SOCIEDAD LOCAL                                                                                                        Infraestructura y equipamiento

   (mano de obra)                            Inversores y empresarios de la

                                                              Industria turística                   Promoción

                                                                         

                                                                  generan                                Comercialización

                                                                             

                                                                        Oferta turística

                                                           

                                                           satisface

                                                         

                                                    Demanda de sitios turísticos

                                                          

 

 

 

 


                             ESTADO (planificador del                                      SOCIEDAD LOCAL (participación

                                       desarrollo turístico y de la distribución                     en las decisiones sobre la

                                        de las ganancias)                                                     planificación del turismo)

                                                                                                                  

Los análisis neoclásicos se esfuerzan para valuar monetariamente costos y beneficios de la preservación del ambiente natural, en su función de oferente de potencial recreacional, paisajístico, de dador de calidad de vida, banco genético, etc. Una de las respuestas que se da en torno al problema de la degradación de los recursos paisajísticos es que mientras exista un modelo capitalista desarrollado no habrá problemas, pues allí existe un mercado y un sistema de precios que se encarga de regularlo efectivamente (Gutman, 1985: 51-52).

La regla de Hotelling (1931) es una de las más utilizadas para explicar la presencia del mercado y la ausencia del Estado en la planificación de los recursos naturales. Esta aplicada a los recursos turísticos establece que el precio neto de costos de utilización, de la unidad marginal del recurso debe crecer a un ritmo igual a la tasa de interés del mercado. Si esto sucede así, la utilización se realiza en condiciones de eficiencia y de equilibrio en un mercado competitivo, y la industria opera en óptimo social (Gutman, 1985: 53). No se justificarían los llamados para un control público, basados en el supuesto de que la explotación privada de los recursos paisajísticos tiende a sobreexplotarlos en función de sus intereses.         

En la realidad los sitios turísticos donde el mercado es el “pensamiento único” que planifica y gestiona el territorio, se suele traspasar las fronteras de lo tolerable: se intervienen ambientes naturales frágiles para crear infraestructura turística en lugares denominados “exóticos”, como selvas, playas tropicales, oasis en los desiertos, bosques, manglares e inclusive en ambientes marinos. También se impacta en las culturas locales, ya que se incorpora en ellas la noción de mercado, transformando sus medios de existencia (las comidas típicas, las artesanías, sus símbolos religiosos, sus costumbres y rituales) en mercancías.

            La “conquista” y “descubrimiento” de nuevos territorios y culturas para el modelo capitalista, aplicado al turismo, es un factor de desarrollo, ya que este logra imponer su lógica en el paisaje natural o cultural a ser explotado, volviéndola útil (Reboratti, 2006: 25). Esto suscita una serie de procesos de intervención sobre el medio natural y social, que tienen como finalidad generar ganancias para los sectores económicos que ponen en explotación los recursos turísticos y humanos. Las diferentes actividades económicas de las que depende el turismo, y la dependencia que este reproduce en otras, las conocemos como “industria turística”.

             La incorporación del término “industria” al turismo se debe entender, según nuestro punto de vista, a partir de tres características:

a) El turismo es una de las actividades económicas que, a partir de la Globalización y su revolución tecnológica, creció más en los últimos 20 años generando, inclusive, economías nacionales dependientes del turismo –principalmente en países de menor extensión con cualidades escénicas excepcionales- (Tabla 1), y una importante cantidad de empleos (en la mayoría de los casos precarios e informales).

 

País

PBI (en millones de dólares)

Ingresos por el turismo (en millones de dólares)

Porcentaje de participación del turismo en el PBI

Argentina (2007)

          253000

              3200

             1,26%

Uruguay (2007)

            23000

                280

             1,95%

España (2007)

        1220000

            45000

             3,71%

Rep. Dominicana (2007)

            18150

              3500

           19,28%

Jamaica (2007)

              9130

              2000

           21,90%

Tabla 1. Participación en el PBI de países iberoamericanos dependientes del turismo.

 

 b) La actividad se complejizó, ya que está conformada por diferentes eslabones de servicios-productivos: los sectores primarios (por ejemplo para el consumo alimenticio en las grandes cadenas hoteleras), los sectores secundarios para la construcción y equipamiento de las localidades turísticas y los sectores terciarios de servicios, que son en definitiva el “espíritu” de la actividad.

c) Las similitudes con la industria capitalista son más evidentes desde la perspectiva socioeconómica: el consumo de los recursos naturales es directo, a diferencia de otros servicios, y depredatorio si no se tiene un modelo sustentable basado en el uso y no en el abuso. Existe una concentración oligopólica en cada uno de los sectores productivos como en la construcción, los medios de transporte, la rama hotelera que evidencian en ciudades turísticas un capitalismo “imperfecto”. La explotación de la mano de obra local es otro factor de similitud con la industria descentralizada de las últimas décadas producto de la Globalización Neoliberal. Los salarios de los trabajadores del turismo en países subdesarrollados representan una ventaja comparativa, sobre todo para las grandes firmas multinacionales que tienen ganancias en monedas fuertes internacionales y pagan en monedas nacionales devaluadas.

            El turismo suele ser una actividad que desarticula las relaciones socioterritoriales preexistentes y construye una nueva identidad, un nuevo territorio. Se apropia de las características del territorio: exclusividad, límites, identidad (Santos, 1993: 18). Así una ciudad industrial puede transformarse en una región turística cultural –Bilbao, por ejemplo- o un ambiente natural en una ciudad turística. En este sentido, donde llega la actividad turística con intensidad, el territorio es exclusivo de la industria turística, siendo los límites hasta donde llega su influencia y su capacidad transformadora. La existencia de regiones turísticas e inclusive países “turísticos” son evidencias de los avances de esta actividad como un eje en la construcción del territorio, sobre todo en la formación de nuevas identidades.

            El espacio turístico no sólo se construye a partir de las cualidades naturales, culturales, o ambas, conformando el paisaje que será valorado para la explotación turística. Este está signado por la tendencia de que el espacio urbano, donde se desarrolla la industria turística, se fragmenta en dos: la ciudad turística y el resto. En el primer caso Mantobani lo define como la ciudad efímera (Mantobani, 2004), preparada para el turismo -que es una actividad estacional en la mayoría de los casos- donde los diferentes niveles político-administrativos y empresariales de la industria turística concentran las inversiones. El segundo espacio lo define como la ciudad cotidiana (Mantobani, 2004), la que es utilizada y habitada diariamente por la comunidad local. En ella las inversiones dependen de los diferentes niveles estatales, ya que las empresas vinculadas con la industria turística no tienen intereses en este sector, solamente les importa la existencia de mano de obra. La desinversión pública es una tendencia que se prolonga en toda América Latina (Dabene, 1999: 394) donde existen fuertes contrastes entre la ciudad “ofrecida” a los turistas y la que vive la población permanente y marginalizada del proceso desarrollista turístico (bastaría con analizar estos contrastes en Cartagena de Indias, Río de Janeiro, Santo Domingo, Viña del Mar, entre otras). En las ciudades cotidianas se viven los problemas socioambientales que impactan en las condiciones de vida de la mayoría de la población, mientras que en la ciudad efímera se busca optimizar los servicios urbanos y ecológicos para el turista.

La actividad turística está predeterminada por una lógica basada en la competitividad para ganar mercados. En este punto está el crecimiento de la actividad, esto se traduce, en teoría, en  mayores ingresos, puestos de trabajo, reactivación de distintas actividades ligadas al turismo y, fundamentalmente, ser atractivo para futuras inversiones públicas y privadas. La competencia es un generador de fragmentaciones, los destinos turísticos que están en una misma región se esfuerzan para ser más exitosos que sus vecinos, la costa atlántica argentina en la provincia de Buenos Aires es un claro ejemplo de ello. En esta no hay una planificación del turismo que encuentre en la idea de complementación, una política más distributiva, solidaria y, por ende, menos competitiva entre las localidades.

Esta forma de pensar la actividad turística deviene de un fuerte sesgo capitalista, ya que se instala una competencia salvaje que conlleva a una sobreocupación y sobreutilización del paisaje natural y cultural. En su núcleo el capitalismo impone al mundo lo cuantitativo, el régimen de la cantidad y de manera equivalente es intolerante con la necesidad (Kovel, 2001: 169), no puede incorporar la idea de sustentabilidad debido a su propia lógica.

También debemos analizar, como producto del turismo en su manifestación capitalista, importantes impactos ambientales y culturales negativos. Son muchas las ciudades, pueblos, paisajes naturales, arquitecturas, obras de arte que han sufrido un fuerte desgaste de sus condiciones atractivas. Esto es  debido a una escasa planificación y la sobreexplotación o sobreexposición de las mismas para lograr una mayor tasa de ganancia en el corto plazo. En el medio social la explotación de los trabajadores temporarios es una constante: salarios bajos, trabajo en negro, jornadas extensas, nulos derechos, generando una plusvalía apropiada por las empresas y grandes comercios que trabajan con el turismo.

            En resumen, definimos capitalismo turístico al modelo de explotación de recursos paisajísticos y culturales basado en las leyes de mercado, con la competencia como motivación de desarrollo y la escasez de controles normativos ambientales y laborales como atracción de inversiones. La privatización del patrimonio cultural y natural,  la construcción de nuevas identidades y la desarticulación de las preexistentes es su sesgo territorial. Esto  conlleva, en conjunto, a la concentración de beneficios en unos pocos sectores que conforman la llamada “industria turística” (Hernández, 2007).   

La capacidad de adaptación del sistema capitalista a cada territorio y actividad, genera “capitalismos territoriales” con características específicas. Así como podemos definir un capitalismo turístico siguiendo el criterio de las distintas actividades, también podemos plantear un modelo de ocupación y explotación turística para diferentes territorios. En el litoral marítimo el paisaje natural explotado, la sobrevalorización de las tierras costeras y la mano de obra informal son los tres “procesos progresivos” para desarrollar los núcleos turísticos. Estas son la piedra angular de la fundación de los balnearios, que originó un modelo particular: el turístico-balneario. Esto no habría sido posible sin la promoción e inversión privada, y sin la financiación de los estados provinciales y nacionales.

 

III La dialéctica del paisaje costero

El primer elemento de los procesos progresivos para el desarrollo turístico costero, a analizar, es el paisaje. Este dentro del paradigma posibilista es planteado como un objeto de estudio de la ciencia geográfica que comienza a tener relevancia. Se traduce en las interacciones entre los distintos elementos físicos y las sociedades que lo habitan. La concepción paisajística del posibilismo se preocupa por el resultado material de las interacciones, por otra parte cada región conforma un paisaje, y este se transforma en un factor de diferenciación espacial (Capel, 1985). En este sentido el paisaje era considerado análogo a la región.

             Uno de los aportes más interesantes en la teoría del paisaje proviene de Carl Sauer (1925). Este planteaba que la diferenciación espacial no debía ser el objeto de estudio de la geografía sino comprender el cambio del paisaje natural al cultural determinando las diferentes fases de la transformación, hasta llegar a la paisaje actual. Es una reconstrucción histórica del paisaje. Diferencia el paisaje natural (factores físicos que generan formas) y el paisaje cultural que es el modelado del primero por un grupo humano (Capel, 1985: 63-64). La cultura es el agente, el paisaje cultural el resultado.

            El paisaje costero del litoral marítimo es un paisaje que ha atravesado por diferentes etapas, desde su etapa “natural” (la Primera Naturaleza) hasta su completa transformación a medida que se afianza lo que hemos denominado capitalismo turístico- balneario, que representa un paisaje cultural que se construye en función de los intereses de los empresarios del turismo. En este sentido, bastaría con analizar el paisaje resultante del modelo en las playas de las localidades turístico-balnearias, donde las carpas sobre la arena representan el modelo privatizador sobre las costas y de la imposición de lo privado sobre lo público (Foto 1). También podemos identificar la lógica de mercado en la configuración del paisaje a partir de las nuevas formas de urbanización en sectores costeros en donde no se debería edificar, por crear espacios exclusivos y estéticos se crean escenarios de riesgo (Foto 2 y 3).

            A partir del análisis de las nociones de Spinoza de natura naturans y natura naturata Milton Santos plantea la idea de la dialéctica del espacio. La natura naturans es la naturaleza tal y como es ahora y la natura naturata es la naturaleza tal y como se presenta en el tiempo inmediato. La primera no es inmóvil y su destino inexorable es transformarse en natura naturata (Santos, 1990: 187). Hay siempre una primera naturaleza presta a transformarse en la segunda; una depende de la otra, porque la naturaleza segunda no se realiza sin las condiciones de la primera, y la naturaleza primera está incompleta y no puede perfeccionarse sin que la naturaleza segunda se realice (Santos, 1990: 188). Este es, para Santos, el principio de la dialéctica del espacio.    

 

Imagen 107

Foto 1. Titulo: “¿El mar?”. Autora: Andrea Alejandra Hernández (2005).

 

  

Fotos 2 y 3. Escenarios de riesgo en Rocas Negras, partido de General Alvarado

 

               En el presente trabajo para responder a las cuestiones sobre los cambios introducidos en el paisaje costero, en función del modelo de desarrollo incorporado, vamos a desarrollar lo que denominamos la dialéctica del paisaje costero bonaerense, que nos ayuda a entender los cambios suscitados en el territorio a partir de la construcción histórica del mismo. En este sentido nuestro análisis parte a principios del siglo XIX, mientras comenzaban los procesos emancipatorios en el Virreinato del Río de la Plata, cuando el ambiente costero bonaerense no existía como tal. Este era un territorio habitado por pueblos originarios de la pradera pampeana, de influencia mapuche. Estos tenían una cosmovisión basada en el mantenimiento del orden del universo y todas las cosas, que sólo es posible en la medida que el actuar del hombre sea el correcto. Caso contrario, ese orden establecido se quebrará desatando el conflicto entre las fuerzas positivas y negativas en  relación con la Che o Ce (personas). La filosofía de los pueblos originarios se enmarca en respeto a las fuerzas naturales y a una convivencia armónica con el entorno.

A mediados del siglo XIX con las sucesivas guerras en contra de los pueblos originarios –la llamada “Conquista del desierto”-, a estos se los desplaza de su territorio y se implanta un régimen de tenencia de la tierra privada que conforma la oligarquía terrateniente. Los campos linderos a la playa eran considerados improductivos, por lo que no tienen uso hasta fines del siglo XIX. Es en esta etapa cuando se fundan los primeros centros turísticos-balnearios transformándose la playa en el principal recurso natural atractivo.

El pasaje de un ambiente costero prístino a un ambiente costero antropomorfizado, inicia lo que hemos definido como el proceso dialéctico del paisaje costero  La primera ley de la dialéctica es la del “cambio dialéctico”, que nos dice que nada queda donde está, nada permanece como es (Politzer, 1957). El cambio dialéctico de la playa se da en función de las modificaciones introducidas al medio natural en las diferentes etapas históricas: se parte de un paisaje natural que a fines del siglo XIX se transforma en un espacio de sociabilidad exclusiva sustentada por una urbanización dispersa, creando la primera transformación de la playa. A partir de la masificación del turismo en la década de 1940 se intensifica la intervención en el paisaje, siendo agresivo el modelo urbano que se desarrolla para albergar a los turistas y una mayor infraestructura turística en la playa misma, este sería un segundo cambio. Por último, el resurgimiento de espacios exclusivos en la década de 1990, a partir de los nuevos proyectos urbanos privados, que valoriza el paisaje costero forestado artificialmente, suplantando al cemento. 

La segunda ley de la dialéctica es la “acción recíproca” que plantea que todo influye sobre todo (Politzer, 1957). El paisaje costero es el resultado de una serie de hechos que desencadenan la  intervención y transformación del mismo. Una moda europea de mediados del siglo XIX, que consistía en bañarse en el mar, origina nuevas formas de ocupación urbana sobre el frente costero que no respondían exclusivamente a la creación de un puerto, sino que se basaba en la lógica del ocio. En la Argentina esta moda es incorporada por las altas esferas sociales de fines del siglo XIX y funda sobre el litoral marítimo bonaerense las localidades balnearias de Mar del Plata (1876), Necochea (1881), Miramar (1888) y Mar del Sud (1890).

Las villas balnearias decimonónicas transformaron el paisaje costero natural, pero se intensificó a partir de la apertura (llamada “democratización”) de las villas balnearias exclusivas. Esto se dio en el contexto sociopolítico de la década de 1940 que llevo a la creciente clase obrera y media a las playas, ya que dentro de las luchas reivindicativas estaba el derecho a vacacionar. La masividad del turismo transformó por completo el paisaje costero natural y urbano preexistente, la ciudad se verticalizó, las playas fueron ocupadas por el cemento, se crearon obras de defensa costera para evitar que el mar avance naturalmente sobre las playas –transformadas en un importante recurso económico.

La tendencia de las clases altas a autosegregarse y buscar nuevas formas estéticas urbanas que las distinga de la “otredad” en la década de 1990 con la incorporación plena del país en el modelo neoliberal, influyó en el paisaje costero. En efecto quienes “ganaron” con el modelo crearon su propio gueto: los barrios privados y los countries. A nivel turístico se están fundando nuevos emprendimientos balnearios con esta lógica de la trascendencia de lo privado. Para lograr este objetivo los “desarrolladores urbanos”, nuevo actor social en el proceso de producción de espacio urbano privado, han creado un nuevo paisaje caracterizado por una sobreforestación y parquización de la playa, para que sea el ambiente ideal para urbanizaciones exclusivas. Además la presencia de alambrados y tranqueras en zonas que antes no existían, garitas de seguridad, campos de golf, tenis, etc., son nuevos elementos que dan cuenta de los cambios dialécticos del paisaje costero.        

La moda europea de mediados de siglo XIX, el “populismo” de mediados del siglo XX y la incorporación del neoliberalismo en todas las fases de la economía y de la sociedad argentina son procesos que influyeron en la composición del paisaje costero y su transformación de Naturaleza Primera, prístina,  a Naturaleza Segunda (Marx, ed. 1984). También esto generó procesos contradictorios -la tercera ley de la dialéctica-,  debido a que en las diferentes etapas de construcción del paisaje natural los elementos que las componen no están de acuerdo con ellos mismos, porque hay lucha entre fuerzas, entre los antagonismos (Politzer, 1957). Así como se nombra el proceso fundacional de ocupación de la playa como de descubrimiento, también se inicia el proceso de destrucción de la misma. En determinadas zonas costeras, donde aún no se ha impuesto el modelo privatizador de la arena, se construyen complejos hoteleros en los médanos –el caso del balneario Reta en el partido de Tres Arroyos- apoyados por sectores político y empresariales locales, y en el mismo espacio se oponen turistas y pobladores locales que quieren que las playas y los médanos sigan siendo públicos.

 

                               Figura 2. La dialéctica del paisaje costero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


IV El avance de la frontera urbana 

            El segundo elemento que forma parte del desarrollo turístico en el litoral marítimo es la tierra y su transformación en mercancía debido a la actividad turística-balnearia. En este sentido ninguna actividad económica puede ser llevada a cabo si carece de un espacio adecuado situado en el lugar apropiado (Mantobani, 2004: 167). En el turismo, equipar de infraestructura urbana, el ambiente natural a explotar se transforma en la base para el desenvolviendo de la actividad. En la ciudad producto del capitalismo turístico, la tierra urbana, al igual que otros bienes se produce como una mercancía y en consecuencia tiene su propio mercado. Lo que se distingue es la cualidad de producir “espacios fracturados”: mientras las tierras en cercanías a la playa son utilizadas para emprendimientos urbanos, en zonas alejadas de la costa se utilizan tierras marginadas de los servicios del desarrollismo turístico, para el asentamiento de población con escasos recursos materiales. Ambas tienen una dependencia mutua dentro del modelo: el asentamiento del turista y el de los trabajadores del turismo, ya que directamente o indirectamente todas las familias dependen de esta actividad en las localidades turístico-balnearias.  

            Las ganancias que se obtienen con la renta de la tierra son estudiadas por las teorías marxistas, estas reconocen que la renta del suelo urbano depende de la situación (cercanía a la playa), ventajas comparativas (paisaje), accesibilidad (infraestructura) y  potencialidad para su uso e incorporación de capital. Estos cuatro elementos componen la renta diferencial (Clichevsky, 1990), y es la motivación para ampliar el espacio urbano turístico en el territorio. Se crea una lógica de especulación ya que los inversores, propietarios y los sectores inmobiliarios retienen las tierras hasta el momento en que la venta de la misma sea más redituable, la renta absoluta (Mantobani, 2004: 173-174). A medida que este proceso se intensifica se encarece la tierra, en el litoral marítimo las tierras incultas –por su arenosidad- linderas a campos cultivados –de los más fértiles del mundo- son más costosas.

            Es inevitable en base a esta lógica que se desarrollen núcleos urbanos constantemente en la costa, aún donde no es aconsejable realizarlo debido a su impacto ambiental. En este negocio de la industria turística los primeros sectores en beneficiarse son los que lucran con la tenencia de la tierra. Los actores sociales territoriales y extraterritoriales que se benefician con este modelo son los inversionistas de tierras, los inmobiliarios y los llamados “desarrolladores urbanos” (planificadores y promotores de los nuevos modelos urbanos privados). Los gobiernos locales de los municipios planifican y ordenan el territorio en función de los intereses de los sectores que se benefician con la renta del suelo y los empresarios de la industria turística, muchas veces en connivencia con estos.

            El modelo de desarrollo turístico tiene como resultado una urbanización del ambiente costero con nula planificación ambiental, aspecto contradictorio (tercera ley de la dialéctica) si se tiene en cuenta que el sustento de la economía es el paisaje natural. De esta forma la urbanización costera ha avanzado potencialmente sobre tierras agrícolas, sobre campos de médanos, que actúan como reservorios de arena y del paisaje prístino. Son también prácticas habituales de producción de espacio urbano el asfaltado de calles en zonas costeras arenosas; el trazado de caminos y la edificación (muchas veces en gran altura) cerca de la línea de retroceso de costa; la construcción de bajadas artificiales cortando médanos y acantilados; la inversión de las líneas de drenaje, llevando agua de lluvia mezclada con los desechos urbanos al mar. Estas acciones aumentan la erosión de las costas, impiden la recarga de los acuíferos y deterioran la calidad escénica (Dadon, 2002: 27). 

Al proceso de comercialización de tierras y su posterior urbanización para el desarrollo turístico, en el litoral marítimo bonaerense, lo denominamos “avance de la frontera urbana”, entendiendo por este el crecimiento de las urbanizaciones, sobre el medio natural litoraleño marítimo, de tal forma que modifican radicalmente el ecosistema costero, ocupa sectores de riesgo y modifica la estética paisajística a partir de infraestructuras en la playa misma. También establece nuevas relaciones entre los habitantes permanentes cercanos a los nuevos proyectos urbanos por ser mano de obra potencial para el desarrollo urbano, la estacionalidad de los puestos de trabajo creados y la discontinuidad propia de los trabajos de servicios turísticos o de la construcción (Hernández,  2007).

Se van creando de esta manera lo que denominamos externalidades negativas turísticas, que surgen debido a esta lógica de ocupación del territorio. A las externalidades las entendemos como las problemáticas provocadas por las actividades sociales y aquellas que guardan relación con la naturaleza, producto de la actividad turística, que escapan al mecanismo de mercado y no tienen expresión monetaria (Bifani, 1997).  Estas por lo general son costeadas por la sociedad local y los mismos turistas, al degradarse por un lado el recurso paisajístico, para estos últimos, y las condiciones de trabajo, para los primeros.

 

V La explotación laboral “efímera”

Así como la playa representa el negocio para muchos, para otros es el lugar donde son explotados, esta constituye una contradicción dialéctica en el mismo espacio. En la costa atlántica el predominio de un capitalismo turístico (Hernández, 2007), se construye sobre la base de la explotación de los dos recursos básicos: los brindados por la naturaleza –el paisaje- y los humanos (Reboratti, 2006: 25). El tercer elemento que forma parte de la base del desarrollo turístico es la fuerza laboral durante la temporada estival, enmarcada dentro de una lógica de explotación.

Debido a que los empresarios de la industria turística tienen básicamente dos meses para generar ganancias extraordinarias, se intensifica la necesidad de obtener una plusvalía de los trabajadores contratados. La forma en que se realizan los trabajos de temporada, por lo general, no responden a las legislaciones sobre el trabajo vigentes: los contratos laborales no son legales, los pagos son en “negro”, las jornadas extensas, las condiciones insalubres, etc.

A medida que el turismo se constituyó como la principal actividad económica en muchas localidades costeras, también se afianzó el trabajo precario. En una primera etapa la creciente demanda de espacios turísticos y la cantidad de turistas superó ampliamente la capacidad de la población local de atenderlos. Esto generó un proceso migratorio temporario de trabajadores de otras provincias –principalmente del norte argentino-, que eran ocupados tanto en actividades de la construcción como en la atención al turista (hoteles, restaurantes). Como algunas villas balnearias se fueron transformando en ciudades, incrementando la población permanente, la mano de obra temporaria se fue convirtiendo en local.

En las villas balnearias en las que actualmente la población permanente no alcanza para absorber la oferta de trabajo son las ciudades vecinas, Buenos Aires y La Plata las que proveen mano de obra (principalmente joven). En este caso se establece una simbiosis territorial entre las localidades demandantes de mano de obra joven: Montehermoso, Claromecó, Miramar, Villa Gesell, Pinamar, San Bernardo, Mar de Ajó y San Clemente del Tuyú, entre otras, y las oferentes Bahía Blanca, Coronel Dorrego, Tres Arroyos, Necochea, Tandil, Mar del Plata, General Madariaga, Chascomús, Dolores, La Plata y Buenos Aires, entre las principales. Solo las localidades turísticas que han alcanzado el rango de ciudad se “autoabastecen” de empleo joven.

Los jóvenes tradicionalmente son la principal fuerza de trabajo temporario. Según un informe del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires las experiencias de los primeros trabajos temporarios suelen ser, en la mayoría de los casos, traumáticos. Esto se debe a la falta de garantías laborales expresadas en jornadas que exceden el tiempo previsto por ley, a cambio de ínfimas remuneraciones, y que suelen ser abonadas en "negro". Estas características del mercado laboral temporario no tienen ningún tipo de regulación y los controles no son lo suficientemente eficaces. Según expresó el delegado -en la ciudad de Mar del Plata- del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aries, José San Martín, al diario La Capital, "la experiencia del primer empleo en Mar del Plata no es buena. La gran mayoría de los empresarios se aprovechan: tienen a los pibes en negro, los hacen trabajar más horas de lo que corresponde, les hacen firmar recibos que no son reales y en el mejor de los casos les pagan por medio jornal, aunque también son muchísimos los que directamente no les pagan"

Según un relevamiento de diciembre realizado por el Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (Smata), actualmente la desocupación, en Mar del Plata, alcanza un 12.5% mientras que el índice de subocupación llega al 7.5%. Teniendo en cuenta esto, habría en la ciudad alrededor de un 20% de la población con inconvenientes laborales. No sólo son los jóvenes los que esperan la ampliación de la oferta laboral del verano, sumados a ellos está la masa de desocupados que posee la ciudad, conformando así el grupo de aspirantes a cubrir los nuevos empleos temporales -precarios en su mayoría-. A esta situación se le debe agregar las pasantías estivales, conocidas como “summer jobs”, este sistema es utilizado por todo tipo de empleadores, desde pymes hasta multinacionales. El beneficio para el empleador es que este "practicante" será un trabajador por el cual no tendrá que abonar cargas sociales y que según se estipula en el artículo 9º de la Ley 25.165/99 que regula el sistema de pasantías. En este sentido la situación de pasantía no generará ningún tipo de relación jurídica entre el pasante y el organismo o empresa en la que aquel preste servicios. Incluso no se prevé ningún tipo de remuneración mínima, quedando esta decisión en los empresarios.

Otro dato que forma parte de la situación laboral en las localidades costeras es Villa Gesell y Mar del Plata que son, después del Gran Buenos Aires, las ciudades con mayores niveles de explotación laboral infantil. Según un informe de la Comisión Provincial para la Prevención y Erradicación Progresiva del Trabajo Infantil (Copreti), en Villa Gesell existen menores subcontratados por los recolectores de residuos, durante la temporada, en una tarea conocida como “achique” que es juntar todas las bolsas para facilitar el trabajo del recolector. También es necesario destacar el crecimiento de trabajos ligados al negocio de la prostitución, que implica la existencia de trabajo infantil agravado por el abuso y esclavitud, de los empleos ofrecidos. En los diarios, revistas y buscadores de trabajo electrónicos, de las principales localidades turísticas costa atlántica, durante la temporada más del 30% de los empleos ofrecidos son para ejercer la prostitución[1]. Estas modalidades de trabajo –el empleo informal, subempleo, trabajo joven explotado, las pasantías, el trabajo infantil, la prostitución-, con sus respectivas diferencias y gravedades, constituyen uno de los pilares más importantes del desarrollo turístico y de la concentración de las riquezas generadas.

El modelo de desarrollo turístico en el litoral marítimo no permite que los trabajadores temporarios (locales o inmigrantes) puedan iniciar proyectos independientes de un empleador. Para esto cada vez se necesita un mayor capital, si bien en otros tiempos era posible iniciar un negocio propio, en la actualidad se constituye un “proletariado temporario”, una clase trabajadora –generalmente joven- poseedora únicamente de su fuerza de producción en el seno de las sociedades turísticas-balnearias. El marxismo, que acuñó el término en el siglo XIX, definía al proletariado como una clase alienada por la pobreza y por la imposibilidad de alcanzar los medios de producción, y necesaria para el mantenimiento del sistema económico capitalista, que obtiene sus beneficios a partir de la plusvalía generada sobre el valor de los productos por el trabajo del proletariado asalariado (Marx, “El manifiesto comunista”). El subempleo, la informalidad, la explotación, las pasantías “legales”, conforman la identidad laboral turística. La necesidad y la competencia que se establece por un trabajo, se manifiesta en largas filas para conseguir un empleo que solo beneficiará al empleador.

 

VI Capitalismo turístico-balneario

            A medida que hemos analizado los tres elementos básicos del desarrollo turístico estamos en condiciones de definir el modelo de desarrollo turístico. En apartados anteriores hicimos una definición del capitalismo turístico, también destacamos la capacidad del sistema capitalista de adaptarse a los territorios y generar “capitalismos territoriales”.

Como el distintivo del litoral marítimo bonaerense es el truismo balneario, definimos el modelo  como capitalismo turístico-balneario. Este es el capitalismo turístico que se desarrolla en el litoral marítimo, compuesto por diferentes etapas históricas, centrado en la explotación del turismo de “sol y playa” durante la denominada temporada alta (verano). Las localidades son  dependientes del modelo debido a su escasa diversificación económica, susceptibles a las sucesivas crisis sociales de los  países que influyen en forma terminante en el comportamiento del mercado y con un continuo avance de la frontera urbana sobre el frente costero, sin planificación ambiental, a causa de la especulación inmobiliaria (Hernández, 2006).

Este modelo lo hemos clasificado en tres estadíos o fases, que no representan cambios radicales entre uno y otro sino todo lo contrario conviven en el mismo contexto temporal:

Va) El primer estadio lo denominaremos Capitalismo turístico-balneario exclusivista que se extiende desde fines del siglo XIX (con el “descubrimiento de la playa”) hasta la década de 1940. El predominio ideológico estaba marcado por el positivismo: las elites latinoamericanas, compuestas por la oligarquía terrateniente y la naciente burguesía nacional, consideraban que el orden y progreso sólo podía conseguirse mediante una conducta científica en los asuntos políticos (Dabene, 1999: 394). El poder económico se centraba en las actividades primarias –el modelo agroexportador de fines de siglo XIX.

            Las clases de poder en el contexto poscolonial tendían a incorporar en sus costumbres las modas que provenían de la cuna del mundo occidental. El turismo de playa, como una actividad de ocio a la que sólo ellos podían acceder, marcó una tendencia sociocultural en esos años.  Las localidades, que se fundaron en la costa para tal fin, estaban caracterizadas por una ocupación urbana extensiva y dispersa (no concentrada) del litoral marítimo, con edificaciones de estilo arquitectónico (normando, neoclásico, ecléctico) con amplios parques, reproduciendo el modelo europeo de villas balnearias. En esta etapa se realiza la fundación de los primeros balnearios de Argentina como espacios de sociabilidad exclusivista. Se urbanizan las playas a partir de la construcción de paseos y avenidas costeras, y del equipamiento de servicios para los turistas.

Vb) El segundo estadio lo denominaremos Capitalismo turístico–popular. Este nace con los movimientos populares y progresistas y su paulatina participación en la estructura de un turismo que sea accesible para la creciente masa obrera principalmente concentrada en el Gran Buenos Aires. La ocupación urbana sobre el medio natural es intensiva y concentrada -debido al turismo masivo- generando fuertes impactos ambientales, degradando el paisaje natural. Para reducir riesgos se diseñan y construyen obras de defensa costera con escaso conocimiento de la dinámica natural litoraleña, que modifican radicalmente -por acción antrópica- el espacio ocupado por la playa. Los sectores que representan los intermediarios del capitalismo (inmobiliarias e inversionistas) monopolizan los beneficios de las nuevas urbanizaciones turístico-balnearias “democráticas”.

            Mar del Plata, Miramar, Necochea, y posteriormente, Villa Gesell, Pinamar, Mar de Ajó y San Bernardo son las ciudades balnearias que incorporan distintos sectores de la sociedad argentina al turismo de sol y playa. Esto es debido a la mayor participación de gremios en los gobiernos populares y progresistas de la década de 1940, 1950 y 1960 –constantemente asediados y derrocados por gobiernos de facto- que lograron que se instaure el derecho a vacacionar, fundándose una importante cantidad de hoteles gremiales en la costa atlántica.

Vc) El tercer estadio lo definimos como Capitalismo turístico-balneario neoexclusivista. Este se inicia en la década de 1990 con la entrada definitiva de los países del Cono Sur al neoliberalismo global y la incorporación de las medidas del Consenso de Washington (1985). Dicho estadio se caracteriza por una nueva forma de exclusivismo en cuanto a la producción de espacio urbano, tanto a nivel temporario (nuevas villas turísticas, clubes de campo, balnearios exclusivos) y permanente (countries, barrios privados, barrios chacras, megaemprendimientos). El nuevo tipo societal, que trajo como consecuencia la instalación de un modelo de exclusión social, está definido por el aumento de las desigualdades y la polarización social (Svampa, 2005). Esto se manifestó en el litoral marítimo a partir de un intenso dualismo entre la creación de nuevos espacios exclusivos para los turistas beneficiarios del modelo y el empobrecimiento de los residentes permanentes debido al desempleo, el paro productivo y la recesión.

            Cariló, Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul son las villas balnearias representativas del modelo neoexclusivista, que a partir de la década de 1990 tuvieron un impulso inmobiliario a partir de la venta de lotes para la edificación de complejos  de spa-resort, cabañas y casas de veraneo de estilo. A esto hay que agregarle los nuevos proyectos de countries y barrios privados turísticos en diferentes puntos de la costa atlántica impulsados por los desarrolladores urbanos.

            La destrucción del paisaje, el reemplazo del paisaje original por urbanizaciones de estilo, las problemáticas ambientales que se generan, el problema de la accesibilidad a partir de la privatización de la playa, la contaminación de las arenas y el mar, las horas de sol reducidas por la edificación de altura, el riesgo por la erosión en espacios urbanizados, son resultados del modelo capitalista turístico-balneario, a esto se le  suma  la explotación laboral y la usura. Estas características que presenta el avance de la frontera urbana, tanto su lógica ambiental como socioeconómica, se encuadran dentro de la “segunda contradicción del capitalismo” planteada por James O`Connor (1992)  La causa de ésta es la apropiación y el uso autodestructivo por el capitalismo de la fuerza del trabajo, del espacio y la infraestructura urbana, y de la naturaleza o el medio ambiente externo (O`Connor, 1992: 111-112), lo que generaría, por degradación, agotamiento y destrucción del recurso paisajístico costero y sobreexplotación de los recursos humanos, una crisis en el modelo a mediano y largo plazo. Esto llevaría a pensar este modelo como factor crítico para el desarrollo, y optar por alternativas al mismo que se encuadren dentro de lógicas menos destructivas y más integradoras. Los pueblos balnearios del sudeste bonaerense (localizados en partidos predominantemente agropecuarios), que no se han incorporado a este modelo de desarrollo, son los que pueden incorporar un modelo turístico distinto -más adelante explicaremos las potencialidades de estos sitios-.

 

MODELO

Etapa en la que surge

Contexto sociopolítico

Urbanización

Tipo de establecimiento en la playa

Localidades turísticas más representativas

Exclusivo

Fines del siglo XIX

Conservadurismo

 Modelo Agroexportador

Dispersa. Villas de estilo arquitectónico.

Balneario exclusivo

Mar del Plata, Miramar, Necochea

Populista

Década de 1940

Populismo, progresismo

Industrialización

Concentrada de fuerte impacto paisajístico

Balneario, playas públicas urbanizadas

Mar del Plata, Miramar, Necochea, Villa Gesell, Pinamar, Mar de Ajó, San Bernardo.

Neoexclusivista

Década de 1990

Neoliberalismo

Aperturismo

Dispersa, tendencia hacia urbanización privada

Paradores

Cariló, Mar de las Pampas, Las Gaviotas, Mar Azul

Pueblos que no se han incorporado al capitalismo turístico-balneario

Década de 1950

Populismo, progresismo

Industrialización

Dispersa.

Pueblos

Playas públicas

Marisol, Reta, Orense, San Cayetano, Arenas Verdes

Tabla 2. Las fases del capitalismo turístico balneario y los pueblos balnearios.

 

VI Debate en torno al desarrollo turístico sustentable

                En las últimas décadas ha surgido el término sustentable o sostenible como sinónimo de un desarrollo conciente, de manejo a largo plazo. La comisión de Brundtland fue la primera en  definir desarrollo sustentable, que consiste en: “Satisfacer las necesidades del presente sin comprometer la posibilidad de satisfacción de las generaciones futuras” (WCED, 1987: 43). Aplicada esta teoría del desarrollo al turismo podríamos plantear la existencia del desarrollo turístico sustentable que la OMT lo define como aquel que reconoce las necesidades actuales de los turistas y de las regiones locales, protegiendo y mejorando las oportunidades para el futuro. Se prevé que conduzcan a la gestión de todos los recursos de manera tal que, los derechos económicos y sociales puedan ser cumplidos, al tiempo que se mantiene la integridad cultural, los procesos ecológicos esenciales, la diversidad biológica y las condiciones de vida”

            Todos los gobiernos municipales de la costa atlántica mencionan en su planificación turística el término “sustentable”. En primer lugar, debemos cuestionar la idea de que existe desarrollo dentro de lo que hemos denominado capitalismo turístico-balneario. Como ya lo analizamos este se basa en la explotación del recurso natural paisajístico, la especulación inmobiliaria y la explotación laboral. Según nuestra visión el desarrollo y el crecimiento no siempre es lo mismo. El desarrollo, incorpora la capacidad distributiva de las riquezas y beneficios generados en el territorio, esto tiene su mayor manifestación en la creación de fuentes de trabajo genuinas y permanentes. Para que esto ocurra debe existir un proyecto social y político que dé prioridad a las condiciones de vida de la población, en este caso el crecimiento económico sufre lo que Celso Furtado llama una “metamorfosis” y se convierte en desarrollo (Furtado, 2008)

            En segundo lugar debemos cuestionar la utilización del término sustentabilidad: en su núcleo el capitalismo impone al mundo lo cuantitativo, el régimen de la cantidad y de manera equivalente es intolerante con la necesidad (Kovel, 2005), no puede incorporar la idea de sustentabilidad debido a su propia lógica. Si lo que abunda en el litoral marítimo son las problemáticas ambientales, sociales y económicas, vinculadas a una mala gestión territorial y a un deficiente ordenamiento del territorio, el resultado es  la erosión costera, la contaminación visual del paisaje, la reducción de playas públicas, la urbanización de campos de arena y barrancas, la reducción de la biodiversidad, etc. ¿Es dable mencionar el desarrollo turístico sustentable en Mar del Plata cuando en un estudio, realizado por la Licenciada Guzzi, indica que en las principales playas de la ciudad el mar está contaminado porque sobrepasa la cantidad de coliformes aceptados por la OMS?. La respuesta lógica sería negativa, si el principal recurso sostén de la actividad del turismo de “sol y playa” es perjudicado por el modelo de “desarrollo”, este no puede ser sustentable.    

En tercer lugar las localidades que desarrollan una fuerte actividad-dependiente del turismo, por lo general, presentan una fuerte dicotonomía entre la ciudad destinada al uso de los turistas y la utilizada (y vivida cotidianamente) por los pobladores locales. En una se asegurarán los mejores servicios urbanos, ambientales, sanitarios, financieros, etc. La otra será la excluida del proceso de “inversión turística desarrollista”, ya que sólo se valora que exista allí una fuerza de trabajo capaz de llevar adelante el motor de la industria turística. Si los trabajadores temporarios del turismo son explotados y las ganancias de los empresarios del turismo son elevadas, quiere decir que no existe una política distributiva, y por ende no hay “desarrollo real”.  Si no hay inversiones públicas para mejorar la calidad de vida de los barrios empobrecidos, alejados de la costa, tampoco podemos aceptar el término desarrollo para las localidades turístico-balnearias.

Una última mención sobre el desarrollo turístico sustentable en el litoral marítimo bonaerense es la idealización del ecoturismo como una actividad turística que critica el deterioro ambiental y el alto grado de artificialización que el turismo tradicional provoca. El ecoturismo plantea desarrollar el interés por conocer mejor la “naturaleza” y poder disfrutar de un contacto directo con ella (Bertoncello, 1997). Esta es una definición aceptada por diferentes organismos internacionales, de gobierno, ONGs y empresarios del turismo. En el litoral marítimo donde se plantea el ecoturismo –también el turismo “slow”- suelen ser sitios de carácter exclusivo que, en la práctica,  ocultan la supremacía de los intereses económicos y culturales de una clase social y de los que dominan la llamada industria turística, por sobre el ambiente natural.

A nivel cultural el capitalismo, en su actual estadío, apunta a transformar a la sociedad en adicta al consumo de mercancías (Kovel, 2005: 81). Esto  construye las culturas populares capitalistas (García Canclini, 1995) que brindan al turismo una situación “ideal” para los negocios y “mala” para las ecologías y la culturas locales (Kovel, 2005). El turismo de “sol y playa” ha trasladado históricamente las prácticas urbanas a la playa. En la última década los llamados “paradores” incorporaron ciertas prácticas culturales, como recitales, discoteques, que no habían ocupado espacialmente las playas. En Villa Gesell, Pinamar y la zona sur de Mar del Plata, son los lugares de la costa donde se ha incorporado el modelo “parador”, donde los dueños de los espacios de playa alquilan los espacios de ocio a concesionarios que representan radios FM pertenecientes a grandes grupos económicos nacionales e internacionales, a marcas de bebidas (desde aguas a gaseosas, cervezas, champagne, vinos, energizantes, etc.), marcas de ropa informal y deportiva, telefonía celular, servidores de Internet, etc. (Ordoqui, 2008: 4).

El capitalismo turístico-balneario no puede ser visto como un factor de desarrollo, ya que en su lógica está la concentración de las riquezas generadas, el agotamiento de los recursos paisajísticos, la especulación -a partir de la renta de las tierras costeras- y el impacto cultural. No se respetan los principios del desarrollo sustentable, ya que no existe un manejo adecuado de los recursos naturales, siendo insostenible su conservación a mediano y largo plazo. Tampoco está el respeto por la diversidad cultural ya que impone formas específicas de consumo y prácticas culturales que transforman la playa en un verdadero basural.

           

VII Pensar otra filosofía de gestión y desarrollo turístico en los pueblos balnearios del sudeste. Hacia el desarrollo endógeno y sustentable.

            ¿Es posible transformar el capitalismo turístico-balneario en un de desarrollo turístico sustentable? Existen formas de amortiguar las externalidades negativas del modelo, pero hay una dependencia sistemática de algunas características del mismo que hace dificultoso pensar en cambios radicales. En un trabajo anterior se mencionaron algunas propuestas básicas que serían una transición hacia un modelo más distributivo y sustentable. Las que resaltamos en este trabajo son una mayor calidad paisajística haciendo cumplir (sin excepciones) las nuevas leyes y normas sobre el ordenamiento territorial en el frente costero, reglamentar el loteo de nuevas tierras costeras que estén sobre médanos o barrancas para conservar los relictos naturales que sobreviven, que exista una mayor inversión de las ganancias de los gobiernos en los barrios relegados y un estricto control laboral de los empleos temporarios, con una política rígida en cuanto al cumplimiento de las leyes y los derechos del trabajador.

            Además del modelo descripto existen otros balnearios que no han incorporado, al menos en forma intensiva, el capitalismo turístico balneario, ni en su fase neoexclusivista, ni popular. Estos son los pueblos balnearios del litoral marítimo del sudeste y sur bonaerense que pertenecen a municipios centrados en la actividad agropecuaria. Estos son localidades que no superan los 300 habitantes, donde el paisaje natural está bien conservado y el tipo de sociabilidad responde a la típica “vida de pueblo”. Estos pueblos están localizados en los partidos de Lobería (Arenas Verdes), San Cayetano (Balneario San Cayetano), Tres Arroyos (Orense y Reta) y Coronel Dorrego (Marisol) que forman parte de una costa medanosa. También hay que agregar Villarino (La Chiquita y San Antonio) y Patagones (San Blas y La Baliza), al sur de la provincia de Buenos Aires, con una fisonomía patagónica.

Si bien es cierto que avanza la frontera urbana capitalista en el litoral marítimo bonaerense, también desde diferentes sectores se debate y se plantean nuevos modelos alternativos de desarrollo turístico, sobre todo en lugares donde –aún- este modelo no se ha manifestado con agresividad. En estos no existe promoción turística, no hay inversiones en infraestructura urbana necesaria para el poblador local y los turistas, tampoco programas de desarrollo, ni políticas referidas al ordenamiento territorial por parte del Estado Nacional, Provincial e, inclusive, Municipal.

            La relación centro-periferia es aplicable a la actividad turística de la costa atlántica: mientras los balnearios que plantean un turismo destructivo a nivel ambiental -que excluye de los beneficios a la mayoría de la población local a partir de la explotación laboral- se benefician con la promoción de las secretarías de turismo nacionales y provinciales, las inversiones a nivel estatal y  privadas, los pueblos costeros del sudeste se ven discriminados dentro de la política turística nacional. A los  municipios que pertenecen, al ser agropecuarios,  no les interesa el desarrollo costero, el patrimonio natural y cultural. De esta forma la relación centro-periferia no solo se reduce a localidades con promoción turística e inversiones desarrollistas y otros excluidos de las mismas, sino que también dentro del mismo municipio el modelo se repite entre el sector agropecuario, al que se les brinda todas las facilidades para su desarrollo, y el turismo, ignorado por las autoridades municipales.

            Esta situación de los pueblos balnearios del sudeste representa una ventaja: al no existir una política de desarrollo se puede diseñar una nueva que no sea ni el modelo neoexclusivista o el popular. En la actualidad ya es diferente: la existencia de médanos vivos sin forestar, arroyos y ríos que desembocan naturalmente en el mar, barrancas sin urbanizar, playas públicas, la inexistencia del asfalto, emprendimientos turísticos realizados por familias, entre otras características, representan la distancia con los demás modelos de desarrollo turístico.

            La idea sería gestionar un área protegida a partir de la decisión y participación de los actores sociales locales, no como un modelo conservacionista, sino como un modelo de desarrollo territorial, donde el cuidado de los recursos naturales paisajísticos sea incorporado como una política económica. La Administración de Parques Nacionales (APN) en su línea de gestión, denominado “Plan de Gestión Institucional para los Parques Nacionales”, menciona que todos los ambientes naturales de la República Argentina deben ser protegidos. El único ambiente que no ha sido protegido por la APN es el ambiente costero bonaerense. Un parque nacional puede ser un catalizador y factor del desarrollo regional (Gutman, 1987) en los pueblos balnearios donde es posible aplicarlo y los pobladores locales lo consideran plausible debido a que no quieren perder la identidad que los convierte en un destino turístico diferente en la costa.

            La venta de tierras estaría restringida con un parque nacional u otra área protegida de importancia, ya que existen en la actualidad más de 150 kilómetros de frente costero sin lotear en zonas medanosas, que comprenden sectores de los partidos de Lobería, San Cayetano, Tres Arroyos y Coronel Dorrego. El avance de la frontera urbana en estos sectores se manifiesta con los valores del neoexclusivismo –urbanizaciones privadas-. En Claromecó (partido de Tres Arroyos) ya existen dos proyectos aprobados de barrios privados turísticos y en Reta (Tres Arroyos) está construyéndose un complejo spa-resort cinco estrellas sobre un médano, que ha sido “amputado”. Tanto los turistas como los pobladores locales rechazan este modelo de urbanización en sus costas: los primeros, en una encuesta realizada en enero del 2008, manifestaron que de proseguir esta tendencia dejarían de veranear en las costas de Reta. Los segundos, más divididos que los primeros, no quieren que se modifique el estilo de vida que llevan y que, además, es compartido con los turistas. 

            Una política integrada al manejo del paisaje, y al freno de la urbanización sobre playas naturales, es incentivar las inversiones de los pobladores locales. Esto se puede lograr a través de una política crediticia blanda para emprendedores locales. En el capitalismo turístico-balneario las ventajas fiscales e impositivas son otorgadas a las grandes cadenas hoteleras, comercios multinacionales o grandes formas de la construcción, incrementando el poder oligopólico de estos en la industria turística. Un modelo de desarrollo endógeno se centra en las potencialidades de los recursos naturales y humanos, y en la capacidad distributiva del mismo. Este aspecto el capitalismo-turístico balneario no lo puede alcanzar.

La sustentabilidad del recurso natural paisajístico estaría garantizada con un área protegida que ordenara el espacio físico turístico con una lógica distinta a las demás presentes en el litoral marítimo bonaerense (capitalismo turístico-balneario). El desarrollo debe generarse endógenamente, a partir de la calidad de los recursos humanos (la población local, científicos comprometidos, sectores políticos concientes, empresarios responsables), la disposición organizativa de los agentes (la formación de una comisión pro-parque nacional), la calidad institucional territorial (que podría estar brindada por la APN), donde los impulsos exógenos se complementarían  insertándose en un sistema territorial organizado (Madoery, 2001), que tendrían como núcleo  un área protegida

 

Breve conclusión

            El desarrollo turístico en el litoral marítimo está vinculado a la degradación del paisaje costero, la urbanización, la privatización de la playa, la especulación inmobiliaria, la explotación laboral.  No es acertado que todos estos efectos del proceso de desarrollo sean definidos como externalidades negativas, estos son producto de un sistema que no contempla lo más básico del desarrollo: la capacidad de distribución. Los discursos de los sectores político-administrativos sobre sustentabilidad carecen de hechos concretos, se transforman en quiméricos y solo aportan promesas en épocas proselitistas. El modelo que hemos denominado capitalismo turístico-balneario  no puede sustituirse, pero si es posible reducir sus impactos negativos a través de políticas y acciones concretas.

            La posibilidad de aplicar un modelo de desarrollo turístico que tenga en cuenta lo endógeno del mismo, la sustentabilidad y la distribución de las riquezas solo es posible donde no se ha aplicado en forma intensiva el capitalismo turístico-balneario. La experiencia en parques nacionales, y otras áreas protegidas, como “motores” del desarrollo pueden ser ejemplos a tener en cuenta en la planificación territorial de este sector del litoral marítimo. Todos los actores sociales, que intervienen en la construcción del espacio turístico y forman parte de la sociedad local, tienen que decidir y proponer alternativas para alcanzar las premisas básicas del desarrollo. De esta manera también se estaría consiguiendo construir una sociedad democrática, no desde la representatividad sino desde la participación.   

 

 

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[1] Se realizó un relevamiento de la oferta de trabajo en la costa atlántica a partir de diarios locales, páginas web y revistas. El “rubro” con mayor oferta es la prostitución con un 32, 4% sobre el total.


Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.






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