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Asunto:[encuentrohumboldt] 254/08 - Turismo de playa en el litoral marítimo bonae rense: Grandes esperanzas, demasiadas realidades
Fecha:Miercoles, 24 de Diciembre, 2008  00:59:46 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>

Turismo de playa en el litoral marítimo bonaerense:

Grandes esperanzas, demasiadas realidades.

Aportes para su estudio desde una mirada geográfica.

 

Javier Martín Ordoqui

            Profesor en Geografía.

Becario CONICET.

            Universidad Nacional de Mar del Plata.

 

RESUMEN

En esta investigación se dará la realización de ciertas pautas que se dan en la problemática del turismo de playa en el litoral marítimo de la Provincia de Buenos Aires y como muchas de sus cuestiones que parecen tan locales y regionales, están entrecruzadas con variables del desarrollo histórico del turismo de playa, tanto masivo como exclusivo y con la organización que sobre el territorio genera la actividad turística.

 

También se intentará visualizar teóricamente a los espacios turísticos dentro de enfoque geográfico, tratando de entender al turismo de playa como actividad que genera problemáticas determinantemente geográficas. Aparece así una necesidad de trabajar hacia nuevos aportes teóricos y conceptuales, esencial para la explicación de la complejidad que presenta en la actualidad la actividad turística de playa, sea su desarrollo en arenas del Mar de las Antillas, la costa sudeste de Brasil o el litoral marítimo bonaerense en Argentina, zona de estudio bajo la presente investigación, trabajando puntualmente sobre Mar del Plata, Monte Hermoso, Mar de las Pampas, Pinamar y Mar de Ajó.

            A su vez se trabajará sobre las interrelaciones dadas entre los distintos actores sociales, el juego de intereses, las diferencias en las racionalidades de los mismos, el rol de las instituciones y el Estado en un sentido geo- histórico sobre el desarrollo y el despliegue de la actividad turística y el recurso playa. Estas manifestaciones deben ser analizadas dentro de los cambios que se han producido en el Turismo en los últimos treinta años, procesos que se han desarrollado a nivel mundial que lograron establecer nuevas especificidades y continuidades entre aquel turismo masivo que tuvo su explosivo desarrollo luego de la segunda posguerra mundial y aquel turismo ligado a la sociedad posindustrial de los últimos años.

            Parte de los emergentes más claros acerca de la cuestión turística son las nuevas tendencias que aparecen tanto en los espacios turísticos insertos dentro de la red internacional de turismo de playa como aquellos centros balnearios dispuestos dentro de un esquema nacional o regional, como ocurre con las ciudades y pueblos balnearios del litoral marítimo de la provincia de Buenos Aires. Desde fines del Siglo XX y los primeros años de este Siglo XXI, han surgido nuevas modalidades y formas turísticas de playa con manifestaciones espaciales directas en las arenas. El evento masivo mas importante de lo que ha transcurrido del siglo se ha desarrollado en una playa, como ha sido el recital de Rolling Stones en las playas de Río de Janeiro ante más de un millón de personas y en Argentina durante las temporadas, sobre todo en Mar del Plata se dan masividades en espacios de playa.

            Estos cambios han sido estudiados y caracterizados teóricamente por Daniel Hiernaux a nivel mundial, quien ha expresado que “estas orientaciones o “megatendencias”, son el resultado de la interacción de turismo con el resto de los procesos económicos, sociales, culturales, políticos, tecnológicos, ambientales o territoriales, que definen el futuro de nuestro mundo en las próximas décadas. Son, pues, esenciales para comprender el turismo de hoy y de mañana.” (Hiernaux, D. 2000).

 

 

Beach Tourism in the maritime littoral of Province of Buenos Aires:

big hopes, too many realities.

Contributions for his study from a geographical look.

 

 

ABSTRACT

 

            In this research, many guidelines referring to the question of tourism in the littoral of Buenos Aires will be offered. Also, many questions that seem to be local or regional and that are related to the historical development of tourism, both massive and exclusive and also to the organization that is generated on the territory by the tourism will be discussed.

 

            Moreover, the tourist spaces will be approached from a geographical point of view, considering tourism in seashores an activity that causes geographical problems. Here, a necessity to contemplate new theoretical and conceptual contributions emerges. These conditions are essential to explain the complexity presented nowadays in the tourist activity. This research will mainly focus on the tourist development in the sands of Mar de las Antiilas, the southeast coast of Brasil or the maritime littoral of Buenos Aires and especially this investigation will be aimed at Mar del Plata, Monte Hermoso, Mar de las Pampas, Pinamar and Mar de Ajó.

 

            Besides, this research will explain consider the relationships between the social actors, their interests, the difference in rationalities, the role of the institutions and the State in a geo historical sense taking into account the tourist development and the beaches resources. These relationships should be analyzed considering the changes that had been produced during the last thirty years. Also, it should be pointed at the worldwide processes that established new specifications and continuities between the massive tourism that developed after the Second World War and the tourism of the post industrial society.

 

            Many ideas that emerge of the study about tourism are the new tendencies that reveal both in the tourist spaces within the international net and those spa centers arranged inside a regional or local scheme, as it  happens with the cities and spa villages of the littoral of the province of Buenos Aires. From the later 20th Century and the beginning of the 21st Century new forms of tourism development are manifested directly in sands have arisen. The most massive event in this Century has been the Rolling Stones´ show that took place on a beach in Rio de Janeiro. In summertime in Argentina, especially in Mar del Plata, many massive events and shows take place on the beaches.

 

            These changes had been worldwidely studied and characterized by Daniel Hiernaux, who has expressed that “these orientations or megatrends are the result of the interaction between the tourism and the economical, social, cultural, political, technological, environmental or territorial processes. These processes define the future of our world for the next decades. So, they are essential to understand the tourism of Today and Tomorrow”.

 

 

 

 


Playas de Pinamar. Octubre de 2007. Foto: Javier Ordoqui

 

Consideraciones previas

 

El turismo de playa como actividad genera problemáticas determinantemente geográficas y juega un rol decisivo en los intentos por transitar hacia una “gobernabilidad” ambiental de los espacios donde se manifiesta. Aparece así una necesidad de trabajar hacia nuevos aportes teóricos y conceptuales, esencial para la explicación de la complejidad que presenta en la actualidad la actividad turística de playa, sea su desarrollo en arenas del Mar de las Antillas, la costa sudeste de Brasil o el litoral marítimo bonaerense en Argentina, zona de estudio bajo la presente investigación, trabajando puntualmente sobre Mar del Plata, Monte Hermoso, Mar de las Pampas, Pinamar y Mar de Ajó.

 

            Desde fines del Siglo XX y los primeros años de este Siglo XXI, han surgido nuevas modalidades y formas turísticas de playa con manifestaciones espaciales directas en las arenas. Las interrelaciones entre los distintos actores sociales, el juego de intereses, las diferencias en las racionalidades de los mismos, el rol de las instituciones y el Estado en un sentido geo- histórico sobre el desarrollo y el despliegue de la actividad turística y el recurso playa. Estas manifestaciones deben ser analizadas dentro de los cambios que se han producido en el Turismo en los últimos treinta años, procesos que se han desarrollado a nivel mundial que lograron establecer nuevas especificidades y continuidades entre aquel turismo masivo que tuvo su explosivo desarrollo luego de la segunda posguerra mundial y aquel turismo ligado a la sociedad posindustrial de los últimos años. Parte de los emergentes más claros acerca de la cuestión turística son las nuevas tendencias que aparecen tanto en los espacios turísticos insertos dentro de la red internacional de turismo de playa como aquellos centros balnearios dispuestos dentro de un esquema nacional o regional, como ocurre con las ciudades y pueblos balnearios del litoral marítimo de la provincia de Buenos Aires. Estos cambios han sido estudiados y caracterizados teóricamente por Daniel Hiernaux a nivel mundial, quien ha expresado que “estas orientaciones o “megatendencias”, son el resultado de la interacción de turismo con el resto de los procesos económicos, sociales, culturales, políticos, tecnológicos, ambientales o territoriales, que definen el futuro de nuestro mundo en las próximas décadas. Son, pues, esenciales para comprender el turismo de hoy y de mañana.” (Hiernaux, D. 2000).

 

            El turismo es parte de las problemáticas integrales que vive un país como Argentina, que se repite en todos los países periféricos, guardando diferencias según sea el nivel de desarrollo de su economía y el peso que tenga el turismo tanto desde lo económico como en los procesos sociales y territoriales conjugados hacia el interior de ese país, yendo más allá de esa idea que admite al turismo como una vía de desarrollo para los lugares poco desarrollados, vinculando entonces como lo ha hecho el geógrafo neocelandés Stephen Britton a la relación entre desarrollo y turismo: “Es importante estudiar por qué el turismo, mientras produce indudables beneficios para muchos países del Tercer Mundo, también suele perpetuar las desigualdades regionales y de clases, los problemas económicos y las tensiones sociales. Este planteamiento implica la comprensión de los mecanismos subyacentes, inherentes tanto a la industria turística como a las economías del tercer mundo, que convierten la promoción del turismo en una estrategia para el desarrollo peligrosamente ambigua” (Britton, S. 1982).

 

            En temas como el turismo de playa, los enfoques en estos tiempos necesitan de una integridad de escalas. Lo local, lo regional, lo nacional y lo mundial deben ser analizados para entender los procesos propios de cada espacio y los que se originan por la permeabilidad de lo local a los cambios en escalas mayores. Cabe aclarar la importancia de la cuestión escalar a la hora de la investigación en Geografía: “La escala geográfica no es un concepto que queda limitado a su uso cartográfico. La escala puede ser utilizada para analizar las diferentes complejidades y extensión de las relaciones socioespaciales que se dan en un territorio. No hay duda que con las nuevas herramientas con que cuenta la geografía y sus posibilidades de interpretación, le permite mejor que otra disciplina, abordar fenómenos de la superficie de la tierra a través de diferentes escalas de espacio y tiempo… En el nuevo contexto mundial es importante analizar las diferentes teorías geográficas desde la escala, ya que hoy todo está intensamente conectado. Hay que destacar siempre de qué manera un hecho en el espacio puede afectar a otro distante…” (Hernández, 2008). 

 

Desde lo local, la evolución del uso y de la ocupación del suelo tiene impactos urbanos muy denotados y en los centros balnearios dedicados al turismo de playa se transfieren estos procesos directamente a sus arenas. Lo urbano dice presente en las playas. El estudio de las nuevas formas y modalidades en el turismo de playa nos obliga a relacionar lo que ocurre en determinada franja de playas con lo que ocurre en dinámicas mayores, que se producen a escala internacional, relacionados fuertemente con procesos sociales de impacto mundial. La forma en que ciertas porciones de territorio se transforman, en este caso, playas en espacios marítimos responde a cómo se ha desenvuelto la propia actividad turística como otra vía más de reproducción de las actividades económicas capitalistas.  Las implicancias del paso de algunas playas de espacios exclusivos a espacios masivos, así como surgen nuevos centros balnearios de exclusividad, ocurren por fenómenos que van más allá de la zona donde se desarrollen sus balnearios o paradores. Asumir una perspectiva territorial será valioso para intentar la visualización espacial de las megatendecias turísticas y los impactos de los dispares procesos de desarrollo regionales. Para ello, se asume como lo ha dicho Bertoncello que “el territorio no es meramente el ámbito donde el turismo acontece, sino que, como parte de la dinámica social general, participa activamente, a partir de sus especificidades, en el hecho turístico. Esto significa que la dimensión territorial debe ser analizada como parte de los procesos que llevan al desarrollo del turismo y a su transformación a lo largo del tiempo, y no meramente como el lugar donde el turismo ha ocurrido y, eventualemente, en el cual se describen las transformaciones exclusivamente como resultados de esta ocurrencia”. (Bertoncello, R. 2008).


Balneario Playa Grande, Mar del Plata. Diciembre de 2007. Foto: Javier Ordoqui

 

La fragmentación y segmentación de la oferta y demanda de espacios turísticos ha provocado el surgimiento de nuevas masividades, apareciendo masividades selectivas que suelen congregarse en los ahora valorizados espacios de playa y las masividades segregadas reunidas en los antiguos espacios ligados a cierto tiempo de construcción de un pasado más integrador, más inclusivo hacia esos sectores sociales, en tiempos de masividad de la Modernidad, entendiendo al turismo masivo como “un modelo macro de desarrollo social inclusivo que permitió a las clases emergentes del capitalismo industrial integrarse al trabajo y a la recreación” (Cicalese, G. 2000). A ese turismo masivo que se expandió no solo en la costa atlántica bonaerense, sino que estuvo en plena expansión en la segunda mitad del Siglo XX a nivel mundial, le sobrevinieron momentos de crisis, vinculados a los momentos vividos tanto desde lo político como en lo económico, social y cultural en el mundo. Ese turismo también se consolidó como una tipología turística en clara acepción hacia la mirada del mundo con su entorno paisajístico, con su ambiente y la naturaleza. “El turismo masivo aceleró el desarrollo regional y jerarquizó ciudades con la creación de estructuras sobre el espacio; en estas intervenciones territoriales generalmente la variable ambiental no fue tomada en cuenta. La naturaleza, de acuerdo a los cánones culturales vigentes, debía ser doblegada y conquistada, de forma que la urbanización era vista como un avance civilizador de las posibilidades del hombre sobre la naturaleza. Lo urbano se constituía en el símbolo material más fuerte de la modernidad y en un pilar indispensable para la difusión de una sociedad de consumo” (Cicalese, op. cit).

           

Ese turismo masivo que había entrado en crisis comenzó a tomar nueva fisonomía, comenzó a mostrar una nueva cara ante los cambios que se habían originado en el turismo y el mundo desde mediados de los ´70. La masividad se vio hackeada en los tradicionales centros balnearios de playa, que tuvieron que reacomodarse a la situación y ello se imprimió en nuevas fisonomías que aparecieron directamente en sus arenas. El caso de Mar del Plata y lo ocurrido en sus playas en los noventa es paradigmático para explicar estas cuestiones. “Al abrigo del consenso neoconservador en la ciudad de Mar del Plata, en un contexto de las restricciones y habilitaciones que imponía un modelo social y económico que en nada ayudaba al turismo interno, se generaron una serie de proyectos de “jerarquización” de la oferta de recreación vía un paquete de normas y dispositivos de interpretación que estimulaban las “iniciativas privadas”. En el devenir iluso de recuperar el “Biarritz perdido” y su “turismo de calidad” y de dejar atrás “las consecuencias” sociales y ambientales de un turismo masivo que rememoraba la misa colectiva, se buscaban e inventaban productos más afines a las nuevas modas que dictaba el mercado de ocio”. (Cicalese, G. 2005). Y los proyectos fueron los que se desplegaron sobre las playas del sur y que significaron una base fundamental durante esos años de decaimiento de la actividad turística marplatense para que en la actualidad pueda darse ese despliegue de los balnearios y paradores sureños. Las playas del sur ya en los noventa se mostraban como las únicas playas de Mar del Plata fuera de contacto con el área costera central, la gran “damnificada” por la masividad.


Sector de arenas en cercanías al parador Arena Beach. Febrero 2008. Foto: Javier Ordoqui

 

La mirada del investigador desde la Geografía, debe intentar ver que hay detrás de la bruma en estos espacios costeros, caminar por los hechos, palpar que ocurre en esos lugares, que transitan la globalidad y la sufren. La bruma se hace mucho más intensa durante los veranos, aunque sus problemas de peso de conviven todos los meses del año y se profundizan más durante los fríos inviernos, donde todo se hace más denso para los habitantes locales. Las primaveras suelen despertar la visión más optimista de los planes y proyectos de la temporada, que llega y se va con todo el vértigo impuesto por el acelerado ritmo de vida actual. Suelen parecer finitas las temporadas por la vorágine de actividades que se dan en esos días (playas, noches, recitales, lugares, gente, etc.), los veranos consumen muchas energías tanto para los veraneantes como para los locales. Lo efímero del verano no puede quedarse aferrado en las mentes, debe haber tiempo hasta en el mismo enero para detenerse a pensar en lo que ocurre, de lo importante de saber que está pasando, para andar mejor abrigado del frío, de las tristezas, de las alegrías pasajeras y de la envoltura que nos provee el calor  veraniego.

 

Mar del Plata y los centros balnearios de la Provincia de Buenos Aires:

 

Mar del Plata ha crecido y cambiado en los últimas décadas, se expandió su desarrollo urbano, se han diversificado sus actividades, pero la base económica sigue siendo turística, entendiendo que desde la explotación de la ciudad como balneario masivo, han crecido una suma de servicios y actividades comerciales que han tomado mucha fuerza pero que mantienen una dependencia fuerte con el veraneo, este hecho ha generado una complejización de las problemáticas de la ciudad. Desde la Geografía se han realizado en los últimos años muchos trabajos de investigación sobre las problemáticas más significativas de la ciudad, abordando esas cuestiones desde lo que se ha denominado en nuestra Ciencia como “Geografía Local”. Este paradigma que surge como un desprendimiento de las ideas de “Desarrollo Local”, ha servido para estudiar los fenómenos propios de Mar del Plata en un nivel de particularidad fuerte y que ha sido positivo para abordar cuestiones propias de este espacio.

 

Esa profundidad que integra trabajos sobre el turismo, la pesca, problemáticas de ordenamiento territorial, urbanas, económicas, sociales, políticas, puede caer en una falta de visión integral y general de los procesos que se evidencian localmente y que si se comienza a estudiar de ese modo en las distintas escalas y niveles, estas problemáticas tan locales empiezan a estar fuertemente vinculadas a los procesos regionales, nacionales y mundiales, confrontando de este modo con las ideas de Desarrollo Local y su correlato geográfico, que han hablado de que los espacios locales debían “salvarse” ajustando su oferta al mundo dentro de los esquemas del sistema capitalista global y ocupar nichos que otros espacios no estén utilizando para sí insertarse dentro de las oportunidades que deja abierta la “Globalización” de la economía mundial. Los cambios que se han dado en el mundo tienen una territorialidad tan grande que implican cada vez más respuestas que bien pueden darse desde la Geografía, pero desde una ciencia geográfica que siga abierta a su cosmovisión. “Los nuevos contextos territoriales de la Globalización son la mejor expresión para plantear la necesidad de contar con una ciencia social que pueda estudiar estos cambios, analizando los efectos sobre las necesidades y sus territorios, desde la escala global (como una estructura de dominación) hasta lo local (como un componente de transformación alternativo).” (Hernández, op cit).

 

            Quizás valga la pena aclarar cualés son las implicancias reales que ha tenido lo global en un territorio como la costa bonaerense, en relación a los cambios que se han desarrollado en la actividad turística, mediante el análisis que puede realizarse en base a los embates que ha sufrido el mundo en los últimos años de convivencia bajo la “aldea global”. El caso de Mar del Plata vuelve a ser ejemplificador, ya que la ciudad se vio durante la década de los noventa trastocada seriamente por los procesos que vivía Argentina en lo que muchos consideraron el salto y la integración de nuestro país con el mundo, cuando la situación socioterritorial de la mayoría de nuestros espacios implicaría todo lo contrario, entrando ante el cuadro social y económico más dramático de la historia argentina. El proceso de concentración del capital implicó una disminución del consumo de los sectores mayoritarios de la población, teniendo en cuenta el gran porcentaje de población que cayó en su nivel de ingresos. Estas consecuencias tuvieron un impacto negativo en la actividad turística marplatense, además de tener un impacto negativo en la población en general, dado que la oferta de servicios turísticos bajo la impronta del turismo masivo había estado orientada a este sector poblacional perjudicado ampliamente por estas políticas. El gasto en servicios como el turismo se vio lógicamente perjudicado, convirtiéndose en uso exclusivo del sector con mayor poder adquisitivo, que a su vez se había redirigido: durante gran parte de la década del ´90 esos sectores dirigieron su consumo de espacios turísticos hacia los sitios más selectos de Mar del Plata y la costa atlántica bonaerense (aparición del nuevo estilo en Cariló y Pinamar). Pero hubo una gran apertura hacia otros destinos como Punta del Este, sectores de Brasil, el Caribe o Miami, donde el turismo emisivo tomó impulso nuevamente, prohijado por la política cambiaria establecida por la Convertibilidad.La actividad turística de playa está hasta fuertemente determinada por los procesos socio- económicos ocurridos en el país, la crisis de la Argentina de diciembre de 2001 y del verano 2002 marca un quiebre en relación a los suscitado en los últimos veinte años. (ver cuadro donde se detalla la evolución del arribo de turistas a Mar del Plata entre 1997 y 2008).

Arribo de turistas a Mar del Plata entre 1997 y 2008.  Elaboración: Della Maggiora- Saulo. Sobre datos del Emtur. 2008.

 

Pero también el estudio de las prácticas que se dan sobre los espacios de arena permite un estudio sumamente geográfico. La convivencia en las arenas de los balnearios y paradores vale como ejemplificación por cambiar la estructura tradicional balnearia de las playas. Luego de la salida cambiaria y de los diez años del plan de Convertibilidad, el turismo de playa se vio reconfigurado en muchas de sus estrategias. La concepción tradicional del balneario con su espacio de carpas y de arena para sus veraneantes y sus  restaurantes, comercios, fue cambiando durante los últimos años de la década de los noventa y los primeros años del Siglo XXI. Los concesionarios de los balnearios y los ahora denominados Paradores conviven en los mismos espacios de playa, dado que  algunos balnearios en la zona de estudio que mantienen la estructura de balneario tradicional.

 

En los paradores participan conjuntamente radios FM de fuerte resonancia mediática, franquicias de importantes grupos económicos dedicados desde aguas a gaseosas, cervezas, vinos, energizantes, marcas de ropa, telefonía celular, servidores de Internet, etc. Estos espacios de ocio se encuentran concentrados sobre la zona del Paseo Costanero Sud Arturo Illia, que se encuentra más densamente forestado y donde la erosión y el creciente paso de zona de playas a acantilados es mucho menor o prácticamente imperceptible por el común denominador de la población. Hacia el sudeste en las playas del sur la frontera de arena de Mar del Plata no puede seguir avanzando, por lo cual la actividad balnearia y de los paradores se seguirá consolidando sobre el sector más cercano al Faro de Punta Mogotes. Cicalese se ha referido a esta cuestión desarrollada en las playas privadas: “Las condiciones erosivas del sector se han incrementado recientemente por las tormentas y –sostienen algunos autores- por las defensas duras que se hicieron hacia el sur interrumpiendo la deriva litoral ascendente… A los conflictos que provoca la “exclusividad social” se desencadenaron otros por el deterioro del recurso playa, llevando a reorientar la demanda en el noroeste donde se ejercitan los gestos de exclusividad más agudos.” (Cicalese, op cit). Esta idea tan bien elaborada no hace más que corroborar la línea de trabajo planteada: las playas atrapadas en el turismo masivo, en la urbanidad de Mar del Plata no han logrado reconvertirse durante estos nuevos procesos emergentes luego de 2002- 2003 y ya sufren también procesos erosivos de importancia, como lo vive la zona Norte de playas, espacio siempre postergado por su menor valorización paisajística. Entonces se produce un marco de situación de embudo hacia el sector de playas del sur y más precisamente sobre esos 2,5 kilómetros existentes entre el Faro de Punta Mogotes y el barrio La Serena.

 

En estas playas se introducen ideas ligadas a los nuevos culturalismos ligados a la Post- Modernidad; también grandes empresas de escala mundial a través de sus franquicias nacionales y locales traspasan e insertan modelos desde los grandes centros de consumo y ocio de los países centrales hacia los espacios de ocio y veraneo de la costa atlántica de la Provincia de Buenos Aires y con centro en Mar del Plata. Una ciudad y una región que durante la temporada de verano se transforman en el único lugar de la Argentina donde confluyen grupos de todas las regiones y provincias argentinas y un número creciente de turistas extranjeros y esto le imprime un sello propio que debe ser analizado con en toda su profundidad, integridad y mediante un enfoque que inserta todas las particularidades de esa geografía local y sus interconexiones con lo regional, nacional y mundial.

 

El concepto de espacio para su análisis desde el turismo de playa

 

La centralidad del saber geográfico siempre ha estado sobre como se ha dado la famosa relación Sociedad- Naturaleza y como se manifiesta la misma en el espacio, quien tiene características concretas, relaciones entre sus elementos constitutivos, variables, formas, donde los grupos sociales actúan concretamente en relación con el medio geográfico, entendida esta relación como una interacción, donde ocurren apropiaciones sobre el medio, productos sociales, materializaciones de una sociedad sobre ese soporte, surgiendo a su vez diferenciaciones espaciales y jerarquizaciones, produciendo espacio social. Al respecto Joan Sánchez se refiere explicando que “la división del espacio necesariamente debe irse modificando a lo largo de la historia, en la medida en que el propio espacio histórico- social se modifica. Desde el principio histórico en que el hombre se relaciona exclusivamente con su entorno inmediato, hasta llegar al estadio actual en que las relaciones se producen a escala del planeta, se ha tenido que pasar por todo un proceso de ampliación progresiva en ésta relación”. (Sánchez, J; 1981). Para lograr entender la dinámica espacial y territorial que tiene el despliegue del turismo de playa en diversas regiones y zonas es preciso vertebrar el fenómeno turístico dentro de otras particularidades que se dan allí, es necesario conceptualmente desde la Geografía trabajar no solamente con los conceptos trabajados históricamente en la relación de nuestra ciencia con lo turístico, sino trabajar desde el propio sentido del concepto de espacio. Entender plenamente ello, nos permitirá luego entender al espacio turístico como un espacio social y geográfico.

 

            Un buen acercamiento que se puede dar al concepto de espacio, definido desde una visión totalizadora de la Geografía, conteniendo las particularidades y generalidades del medio natural y del medio socialmente construido y con las diferenciaciones materiales que se darán hacia el interior de ese campo, fue la definición realizada por Milton Santos, cuando define al espacio “como una instancia de la sociedad, al mismo nivel que la instancia económica y la instancia cultural- ideológica. Esto significa que, en tanto que instancia, el espacio contiene está contenido por las demás instancias, del mismo modo que cada una de ellas lo contiene y es por ellas contenida… La esencia del espacio es social. El espacio no puede estar formado únicamente por las cosas, los objetos geográficos, naturales o artificiales, cuyo conjunto nos ofrece la naturaleza. El espacio es todo eso más la sociedad.” (Santos, Milton, 1985).

           

            El Espacio debe ser entendido no solamente como la escenografía de los sucesos llevados a cabo por los hombres o por el sitio en donde los grupos sociales obtendrán beneficios y oportunidades, sino como un escenario interactivo y dialéctico, donde las bases y los factores naturales entran en juego en relación con las decisiones llevadas a cabo por los hombres. Entonces: “el espacio y el modo en que se organiza, denota el carácter histórico que asume la naturaleza mediatizada por la actividad práctica del hombre y como tal, constituye el fundamento obvio de esa actividad, pero también su producto, producto material elaborado, modelado y organizado en función de esa actividad estructurada a partir conjunto de relaciones sociales dentro de las cuales se inserta”. (Sormani, 1974). El espacio toma una entidad concreta, donde las formas y relaciones sociales interactúan con su medio geográfico. Como dice Milton Santos: “cada fracción de la naturaleza abriga una fracción de la sociedad actual. Tenemos así un conjunto de objetos geográficos distribuidos sobre un territorio, su configuración geográfica o su configuración espacial, y el modo en que esos objetos se muestran ante nuestros ojos, en su continuidad visible, esto es, el paisaje; por otra parte lo que da vida a esos objetos, su principio activo, es decir, todos los procesos sociales representativos de una sociedad en un momento dado”. (Santos, M. op cit). Es en el espacio donde se suscitan también las luchas y las pujas en las contradicciones que se desarrollan geográficamente. El espacio es un campo de lucha entre los diferentes sectores que componen esa sociedad en aquel soporte que no deja de interactuar con quienes lo han ocupado, apropiado y mediado, existente dentro de un marco de poder ejercido por los sectores hegemónicos y dominantes.

 

            El espacio es un espacio de poder, en movimiento, contradictorio, sus procesos se desarrollan dentro de una dialéctica espacial, donde los actores sociales dirimen sus intereses. La relación entre el Hombre y la Naturaleza se ha explicado dentro de su marco espacial y la relación entre hombres también debe ser explicada dentro de este marco geográfico a través de las relaciones de poder constituidas y las que se encuentran en puja, con probabilidades de dinamizar y cambiar las estructuras de poder dadas en un espacio. “El equilibrio dinámico dentro de la estructura de poder se alcanza por la dialéctica entre las alianzas internas, que conforman bloques de poder y la pugna entre ellas por alcanzar la hegemonía” (Sánchez, 1991). Estas luchas entre los sectores se explica a través de las diferenciaciones sociales dadas no sólo por el desequilibrio en las relaciones de poder, sino también por la dicotomía existente en la materialidad de los distintos grupos sociales. “Dentro del bloque dominante, la lucha por la hegemonía no es sólo una lucha intrasocial, sino que implica a su vez una esencial e inevitable, lucha por el dominio y la hegemonía espacial sobre el resto de las fracciones y bloques localizados tanto en la misma área como en el resto del territorio sobre el que ejerce su poder… Dominar y manipular el espacio geográfico es importante tanto para quienes quieren asegurar el mantenimiento de su capacidad de dominio y actuación social, como para quienes de una u otra forma lo cuestionan” (Sánchez, op cit) El espacio entonces desde la Geografía es un concepto de valor político, económico y social por lo tanto también lo será para un enfoque geográfico de la cuestión turística.

 

            El espacio entonces es un concepto de valor político, económico y social, las palabras citadas de Joan Eugeni Sánchez así lo marcan y con justificativos bien claros. Su bajada a la cuestión turística también es importante. En los espacios litorales y en sus mismas arenas han entrado en disputas netamente de poder, su construcción territorial y su despliegue espacial están vinculados a los procesos sociales y de poder que se han tejido en esas zonas, ejemplos para nombrarse podrían ser desde el mismo proceso de fundación de Mar del Plata, los conflictos políticos desarrollados en su franja de playas privadas, el proceso de construcción del territorio en la zona norte del litoral marítimo de la Provincia de Buenos Aires que terminaron dirimiendo el surgimiento de nuevas unidades político territoriales como el Partido de la Costa, Villa Gesell y Pinamar. Las playas también constituyen un espacio de poder, donde los diversos actores sociales intervinientes como los agentes privados, el Estado y la propia comunidad han expresado sus distintas racionalidades.


Sector de playa entre los paradores Arena Beach y La Morocha. Febrero de 2008. Foto: Javier Ordoqui

 

El espacio turístico como espacio social

           

            Para llegar a una definición clara de la noción de espacio turístico como espacio social se hace inevitable situar a la Geografía en un marco de gran importancia para las investigaciones en turismo, pero a su vez debe darse dentro de un tejido conceptual y teórico más amplio que el común denominador que puede encontrarse en los tradicionales y descriptivos trabajos realizados desde lo geográfico sobre lo turístico, privilegiándose una versión mas naif y light de una actividad y dinámicas territoriales muy profundas. Stephen Britton enmarca claramente lo que ocurre: “Invariablemente, los libros de geografía del turismo contienen siempre capítulos sobre la composición de los turistas y esbozos de lo que constituye el sistema institucional e industrial que enmarcan los viajes y el turismo. Son elementos importantes en el estudio del turismo. Pero esas secciones son abordadas de forma descriptiva y con una débil teorización. Este es mayor problema en el avance del estudio geográfico sobre el turismo. Los geógrafos que trabajan ese campo han sido reacios en reconocer explícitamente la naturaleza capitalista del fenómeno que están investigando… Este problema es de fundamental importancia porque implica una ausencia de un adecuado fundamento teórico para nuestra comprensión de las dinámicas de la industria y las actividades sociales que involucra.” (Britton, S. 1991).

 

Esta problemática excede los conflictos que podrían verse en un simple encuadre entre geografía turística tradicional y geografía turística crítica, emerge un problema de la ciencia geográfica en sí. Desde una óptica tradicionalista de la Geografía, esa que se remitía a cuestiones “territoriales” como los límites, las fronteras, aquella que dejaba a las regiones como en una especie de encapsulamiento histórico, recortando su capacidad de interconexión espacial. Esa Geografía “de las tradiciones” se fue acuñando fuerte en lo académico, produjo una mirada cercenada de lo geográfico, impactando también en la mirada que desde el afuera se tiene sobre la ciencia geográfica, o sea, ocuparse de cuestiones tibias, superficiales, sin conocimiento totalizador. En estas falsas geografías también ha impactado la Globalización, la adhesión a ese suerte de paradigma frágil, de poco sustento, pero bien cargado de ideología que hizo pie mediante la idea de Desarrollo Local y la vinculación que ha encontrado con lo turístico, al observarse fuertemente la idea de que el turismo es una vía que los espacios podían optar para insertarse localmente en la economía global. Ningún geógrafo debería estar en contra de este concepto, el tema es como se lo ha abordado, como se lo ha caracterizado, como ya pasado con otros conceptos que la geografía ha trabajado y elaborado. Lo sucedido con estos conceptos no es muy distinto a lo que también ha ocurrido con los conceptos de espacio y región, por ejemplo. Ellos también han sentido los cimbronazos de la geografía tradicional, ahora globalizada.

           

            Ahora llega el análisis de lo que podríamos denominar una geografía de las playas, explotadas claramente como espacios balnearios. Se analiza esta idea desde la óptica ya trabajada por Joan Sánchez cuando delineó un trabajo llamado “Por una Geografía del Turismo del Litoral. Una aproximación metodológica”. Allí el geógrafo español define muy bien que es lo que debe suceder territorialmente para que se de la  transformación de un determinado lugar en un centro turístico balneario, en este caso además, sobre un litoral marítimo: “el turismo de litoral aparece cuando se da la valoración social de unos ciertos recursos naturales... este hecho de que la base del turismo de litoral actual se fundamenta en el consumo de unos recursos naturales contenidos en un territorio concreto, el cuál pasa así a convertirse en un espacio de ocio” (Sánchez, J. 1984). Y también se refiere a lo que ha pasado con los centros balnearios relacionados al turismo masivo y los cambios que se han observado en ellos, lo que se ha podido definir como una crisis de obsolencia de los centros turísticos balnearios tradicionales, cuando toman fuerza los espacios litorales de los climas calidos insertos dentro de las nuevas definiciones del turismo internacional y de  acuerdo con los tiempos del turismo posmoderno.

 

            Dentro del esquema regional y nacional que tiene el turismo de playa del litoral marítimo de la Provincia de Buenos Aires encontramos centros balnearios de carácter definitivamente masivos, pero que contiene como es el caso de Mar del Plata, por la evolución histórica que ha tenido allí la actividad turística en su mismo despliegue, espacios de playa de carácter exclusivos, a su vez también, como ya fue analizado con anterioridad, sujetos a las nuevas formas y modalidades vertebradas en las megatendencias cuturales trasladas a las arenas. El turismo masivo modeló el espacio que había sido valorizado socialmente por ciertas características paisajísticas. “Cuando el consumo pasa a ser masivo, será el momento en el cual las transformaciones del espacio también serán masivas a través de una actuación intensiva sobre el territorio” (Sánchez, J, op cit). Lo intensivo de las intervenciones territoriales en los espacios litorales dedicados al turismo de playa es históricamente comprobable en el litoral marítimo bonaerense, los cambios que vivió la zona costera y las dinámicas de urbanización vividas por Mar del Plata luego de vertebrarse definidamente como un balneario de masas así lo indica. Pero no hay que dejar de tomar en cuenta que en los otros centros balnearios de la costa bonaerense que también poseen un turismo masivo o popular la intervención sobre el territorio también ha sido intensiva pero con una fuerza quizás menor, pero las modificaciones realizadas sobre las características paisajísticas originales también han sido fuertes. Así lo explicó Bertoncello en su investigación referida al proceso de fundación de los balnearios del Partido de la Costa: “el denominador común fue el considerar el medio natural como un obstáculo que debia ser vencido, para que se “amoldara” a un plano urbano dibujado en un tablero, ignorando sus peculiares características y dinámica, y sin considerar que ello pudiese tener efectos negativos sobre la actividad misma: ante una superficie irregular y movediza, correspondía entonces nivelarla y fijarla de algún modo” (Bertoncello, R. 1993). Así en algunos de esos sitios se dejo a los primeros pobladores casi a la deriva, luego de realizados los loteos por los especuladores y en otros sitios se niveló el terreno y se trazaron calles, por lo menos.

Playas de Mar de Ajó, Partido de la Costa. Octubre de 2007. Foto: Javier Ordoqui

 

            Las ocupaciones del territorio desarrolladas en los espacios litorales ligados al turismo de playa han necesitado como ya se ha dicho de una intervención con distintos grados de intensidad territorial, que ha dotado de características distintivas a los distintas ciudades y pueblos balnearios según el contexto histórico en el cuál han tomado fisonomía al insertarse dentro de la red nacional turística, en este caso de veraneo y descanso sobre el mar. Además los efectos de los procesos turísticos ligados a la masividad o a espacios que han surgido como alternativos a éste, también han ido modificando sus estructuras originales, las condiciones primarias para que ese  determinado espacio se haya funcionalizado a través del turismo de playa, “la funcionalización del espacio representará convertirlo en un medio de producción específico del que se pueden aprovechar ciertos recursos geofísicos contenidos en él. Interesa darse cuenta de que el espacio como soporte, tal como se nos ofrece en sus características geofísicas, debe sera actuado para que sea posible utilizarlo e una función concreta cuando ésta ha de integrarse en el sistema productivo. Aquí es donde pueden aparecer problemas de competencia social entre agentes interesados en atribuir funciones distintas a un mismo territorio” (Sánchez, op cit). Esa problemática aflora y con mucha energía en los espacios de playa bonaerenses, la racionalidad heterogénea de los actores sociales es uno de los puntos centrales de la cuestión. El peso distinto de los grupos de actores a la hora de la toma de decisiones es un punto central a la hora de imprimir un sello contradictorio a las características de las problemáticas serias de estas zonas. El proceso vivido por el turismo de playa en el litoral marítimo bonaerense es sumamente geográfico y por ende de carácter histórico.

 

Los conflictos espaciales sobre las arenas

 

Ya se ha explicado que la concepción tradicional de explotación de playas y arenas como balnearios fue cambiando durante los últimos años de la década de los noventa y los primeros años del Siglo XXI. Su boom y crecimiento sostenido se fue dando desde la temporada 2002- 2003 en adelante, llegando en los noventa a crecer fuertemente sobre espacios como Pinamar, pero lenta y tardíamente sobre Mar del Plata, donde durante más de veinte años, las playas del sur fueron promocionadas por estar en un espacio de playa en mayor contacto con la “naturaleza” por la presencia de los médanos y bosques, además de ofrecer “tranquilidad” para sus veraneantes al estar alejadas de la urbe y de sus masificadas playas. Se denota un cambio sustancial en el modo en que se pone a la producción el espacio de playa, impulsado por los factores similares a los de producción de espacio urbano. El traspaso de actividades, formas sociales y de sociabilidad desde la ciudad a la playa así lo define, entendiendo a la producción de espacio como “al proceso mediante el cual los actores sociales de la ciudad incorporan a esta nuevas fracciones de tierra y/ o crean o modifican las condiciones de habitabilidad en el suelo urbano preexistente” (Mantobani, 2004). En las playas al espacio no se lo habita, pero si y como ha dicho Mantobani compone la llamada “ciudad efímera”.

 

La mutación de la configuración de esta franja de playas fue tomando forma en los últimos años de los noventa y sigue una tendencia extensiva en los primeros años del Siglo XXI. Las mismas arenas que poseían pocos veraneantes que alcanzaban allí la exclusividad de tener su espacio de playa propio alejado de las masas, se fueron transformando. La inserción de la modalidad parador cambió la escena que se componía en los veranos ya que en los paradores se encuentran una densidad y estilo de servicios que se asemejan a los de los espacios urbanos de Mar del Plata ligados a la actividad comercial y a la nocturnidad y las diversiones propias de la ciudad. Esto se relaciona en cómo han evolucionado los espacios complementarios a la zona de playa, han tomado mucha fuerza y bajo el modelo de paradores, son estos espacios los que han logrado transformarse prácticamente en lo que impulsa a muchos veraneantes a dirigirse hacia esos sectores de playa. Bajo el modelo tradicional de explotación balnearia de las arenas, los espacios complementarios obviamente que ya tenían una función de suma importancia, sin ellos la masividad era díficil, estos sectores eran condición necesaria. A los espacios complementarios se los ha conceptualizado también en base a lo elaborado por Joan Sánchez: “el espacio turístico asume una función productiva por el hecho de tratarse del consumo de recursos geofísicos in situ que precisan de toda una serie de servicios para que dicho uso- consumo pueda hacerse efectivo... Lo que se convierte en espacio productivo es todo aquel territorio en el que se localizan los servicios necesarios para que el espacio de ocio pueda ser usado como tal.” (Sánchez, op cit).

           

            La postura que toma el visitante hacia el espacio de playa también es de suma importancia. En Mar del Plata desde que se montó la estructura balnearia a fines del Siglo XIX con el veraneo frente al mar de las clases altas y luego entre la década del ´30 y ´40 del  Siglo XX con la llegada de los contingentes masivos, el motivo central de la visita por los turistas era ya una ciudad turística. En estos tiempos, la costumbre parece ser otra: la mayoría de las personas se encuentran de espaldas al mar, porque el escenario ya no está frente al mar como lo estaban los balnearios; los paradores se tornaron el centro de la escena en la playa; los visitantes clavan sus miradas hacia el interior del espacio de playa, hacia la contemplación de la persona y de lo materializado y no de la playa en sí, como se dijo antes, la fuerza que han tomado los espacios complementarios y su nueva función, como eje de sociabilidad del veraneante. Los paradores cuentan con todas las herramientas para captar la atención a través de sus grandes emprendimientos, como los recitales de las figuras de la música y del espectáculo. Estos cambios no deben ser entendidos simplemente como nuevos comportamientos culturales y sociales de la población, sino que estos mismos se correlacionan con los cambios que principalmente se han dado en todo el mundo. “La sociedad está en crisis (la crisis por la que atraviesa el capitalismo y sus dispositivos de legitimación) y la ciudad experimenta las transformaciones o las distorsiones por las que atraviesa la sociedad urbana global y capitalista” (Mantobani, op. Cit).  Si los cambios se dan en la ciudad, las playas de las ciudades y pueblos balnearios no serán indistintas con los nuevos parámetros.

 

Los ámbitos de sociabilidad han tomado nuevas características y las playas no han sido ajenas al cambio, si han mutado espacios de sociabilidad ligados a la lógica del trabajo y de la educación, obviamente que los espacios ligados al ocio iban a sentir las alteraciones. Y los paradores son el escenario “postmo” donde se denotan con claridad los vectores de cambio. “El “descubrimiento” de la playa fue el primer ejemplo de valorización diferencial del espacio relacionado con el veraneo frente al mar… cada espacio que se valorizaba se convertía en un nuevo escenario de sociabilidad (como las playas) o era dotado de soportes materiales que lo complementaban y facilitaban su apropiación y consumo (como las ramblas y balnearios) dando lugar a las correspondientes prácticas de sociabilidad” (Mantobani, 2004). En las décadas pasadas comenzó a cambiar la importancia que se lo otorga a los soportes materiales que se presentan en una playa, vislumbrado en un consumo acelerado, factor característico del empobrecimiento cultural sobre todo de las clases medias del turismo masivo. Los soportes materiales se han transformado en el nuevo escenario central de la sociabilidad en los espacios de playa.

 

Desde la década del ´70 hasta la actualidad se incorporan nuevas prácticas, se produce un proceso de quiebre: surge un nuevo turismo dentro de una sociedad post- industrial. Las diversiones urbanas y el crecimiento de la nocturnidad en la ciudad impactarán sobre las prácticas sociales de los turistas y los locales. Pero esto no ocurrió nada más que en “La ciudad feliz” sino que son vectores que van introduciéndose en gran parte de las ciudades balnearias del mundo y con similitudes en su impacto en los sitios dedicados a un turismo de playa masivo: Acapulco en México, Río de Janeiro en Brasil y Mar del Plata en Argentina, con características muy distintas dadas por algunas determinantes geográficas y por cuestiones propias de su formación espacial y social. “En los años cuarenta, México entró en la era del turismo masivo, justo cuando éste se basaba en la existencia y disfrute del binomio sol- playa, ascendido, decenios después, a trinomio (sol, playa, sexo)” (Sánchez Crispín, 2005). El paso del binomio a trinomio se dio también aquí, aunque en Acapulco por la determinante geográfica dada la cercanía a los Estados Unidos que provoca una presencia muy fuerte de turismo extranjero. En los últimos años se podría hablar de la incorporación de nuevos factores al trinomio que serían las drogas y el alcohol.

 

            En Argentina en los últimos treinta años se ha observado el derrumbe de su clase media, gran protagonista del fenómeno del turismo de masas, y esto tuvo sus repercusiones en lo económico sobre una ciudad turística como Mar del Plata, pero los cambios también se observan en los cambios en comportamientos sociales y la adopción de nuevas costumbres y hábitos culturales, adoptados también por sectores poblaciones, que no son un fenómeno nacional sino que tiene su correlato con otros espacios turísticos de América Latina y del mundo. “El mundo cambia rápidamente, se diversifica pero a la vez se homogeniza, un doble juego de libertad y miedo maneja a los consumidores y los encamina hacia el consumo controlado por un sistema común de alojamientos, de alimentos, de servicios diversos, pero todos basados en franquicias, esas marcas para ciegos consumistas que no tienen el referente cultural que los incita a conocer nuevas experiencias… una nueva clase media de muy bajo nivel cultural se apropia del mundo de la masividad....” (Dachary, A; Arnaiz Burne, S; 2006).  Estos factores son fuertes en las grandes sociedades de consumo como la estadounidense y la europea, pero sin duda se encuentra presentes dentro de las distintas geografías que ofrecen las grandes ciudades y espacios turísticos de la periferia y ni Mar del Plata y el resto de los balnearios son ajenos a esto.

 

Consideraciones finales

 

            En estas líneas se reforzará parte de las idesa trabajadas en el cuerpo de este trabajo, en referencia a volver a remarcar la importancia de la revalorización y de la relectura de los conceptos abordados en el desarrollo, sobretodo en la vinculación que desde la Geografía debe hacer para el análisis de las cuestiones turísticas y en particular la necesidad también de visualizar a los espacios del turismo como espacios sociales, tomando por caso lo que ocurre en nuestras playas del litoral atlántico de la Provincia de Buenos Aires de la mano del turismo de playa y teniendo como casos de estudio desde el sitio en la Argentina que ha enmarcado el nacimiento y a su vez los distintos cambios, evoluciones y continuidades históricas de la actividad como es el caso de Mar del Plata, pero también teniendo en cuenta como se ha desplegado territorialmente el turismo en la costa bonaerense con el crecimiento que han tenido en las últimas décadas balnearios como Pinamar como un nuevo enclave turístico de exclusividad, así como Mar de Ajó en el Partido de la Costa motorizado desde un turismo masivo, Mar de las Pampas, el último gran desarrollo urbanístico que se ha dado en el corredor balneario de la mano del turismo slow y con un supuesto grado de desarrollo en mayor concordancia con una práctica turística “ambientalista”, y también el caso de Monte Hermoso, singular por su turismo regional en franco relacionamiento con su cercanía a Bahía Blanca y a los pueblos agropecuarios de la zona. En este trabajo se ha tratado de encontrar variables de análisis desde aspectos teóricos para luego poder trabajar en el campo con cada uno de los balnearios citados y poder realizar así un correlato teórico- práctico de la problemática turística y las generalidades y particularidades de cada uno de los lugares tomados para análisis.

           

            Todo esto será posible de hacer entiendo a la Geografía desde su verdadera centralidad, de la verdadera importancia de su inserción en las realidades, aquellas que muchas veces parecen estar muy lejos desde las miradas académicas. La realidad en el mundo, en nuestro país y en nuestras playas pide más respuestas desde la Geografía, aunque a veces los geógrafos no den cuenta de esto. Las distintas dinámicas que se pueden apreciar a diario lo marcan: los conflictos geoeconómicos de escala, la cuestión migratoria, los nuevos patrones demográficos de la aldea global, las problemáticas urbanas que afloran en las grandes ciudades de la Periferia y también en las grandes capitales de los países centrales, los genocidios globales realizados para llevar democracia y dominar recursos naturales valiosos como el petróleo, el agua y la tierra, , el avance de la frontera agropecuaria, la erosión costera, por nombrar un puñado de ejemplos que cualquier ciudadano “medio” podría llegar a vincular con estudios geográficos.

 

            La centralidad aquí se da en la problemática geográfica que genera el actual desarrollo de la actividad turística de playa en el litoral marítimo de la Provincia de Buenos Aires, que no ha incorporado pautas que permitan avanzar hacia una “gobernabilidad” ambiental para incrementar las posibilidades de un desarrollo turístico  sustentable en los territorios donde se ha desplegado el turismo de playa. Las nuevas formas y modalidades turísticas analizadas en los espacios de playa bajo estudio tienen un impacto negativo hacia el entorno natural donde se desarrolla la actividad, dada la continuidad histórica con las anteriores etapas de las ciudades y centros balnearios. Nada es nuevo bajo el sol de los eneros veraniegos. El futuro parece no fiar demasiado en las nuevas impresiones que se lleva del turismo de playa, en lugares que siguen siendo observados como una simple oportunidad de negocios en la playa, nunca con una mirada que realmente contemple otra visión, y este factor no es solamente llevado a cabo por el sector privado, el Estado ha sido otro propulsor de esta cuestion fenicia sobre las playas, donde hasta la erosión es tomada como negocio, el fin de nuestras playas es el comienzo de beneficios para otros...

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.






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