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Asunto:[encuentrohumboldt] 218/08 - Morfología social y patrones territoriales: e l perfil sociodemográfico y las relaciones sociales de los residentes del Club de Campo “La Cuesta del Sur”
Fecha:Miercoles, 12 de Noviembre, 2008  09:34:16 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>


Morfología social y patrones territoriales: el perfil sociodemográfico

y las relaciones sociales de los residentes del Club de Campo “La Cuesta del Sur”. Santa Rosa. La Pampa.

 

Beatriz DILLON 

Claudia  LAUSIRICA

 Lucrecia FILOMIA

 Instituto de Geografía – Universidad Nacional de La Pampa

 

 

Resumen

 

La actual transformación de los patrones de ocupación territorial tiene estrecha relación con una serie de prácticas y valores emergentes producto de su interrelación con los procesos mundiales y la cultura mundializada.

Los cambios en los sistemas de costumbres, valores, consumos culturales y las formas de sociabilidad se vislumbran en el territorio.

La aparición de formas residenciales en sectores alejados de la ciudad y su particular estilo de vida se conciben como parte de un proceso general de desarrollo de modelos socioculturales, fragmentación social y representaciones por parte de determinados grupos pertenecientes a las clases medias o en ascenso.

La redefinición de nuevos espacios de socialización se basa en valores compartidos como el contacto con la naturaleza o la preservación de condiciones ambientales y paisajísticas presentes en  el sitio a ocupar por estos grupos sociales.

El análisis de la morfología social expresada a través del perfil sociodemográfico de los residentes de un Club de Campo en una ciudad intermedia, nos permite percibir que la conformación de los grupos, así como las motivaciones y el desarrollo de vínculos sociales entre los mismos presentan algunas diferencias respecto de los procesos manifestados en las grandes ciudades.

 

Summary

 

The present transformation of the patterns of territorial occupation bears a close relationship with a series of practices and emerging values which are the product of the interrelationships with ongoing world processes and culture.

The emergence of residential suburbs in areas of countryside far away from the city centre , showing a characteristic lifestyle, is conceived as part of a general process of development of sociocultural models,  social fragmentation and representations pertaining  to certain groups , usually  ascending middle class or  upper middle class.

A redefinition of these new spaces of socialization is based on shared values such as contact with nature, preservation of the environment and typical landscape of the site to be occupied by these new social groups.

The analysis of the social morphology expressed through a socio-demographic profile of the residents of a country club, in a medium-sized city, enables us to perceive the conformation of such groups, as well as the motivation and development of social relationships among members  which present some differences if compared  to similar processes taking place in larger cities.

 

 

Introducción.

 

Los procesos mundiales de la globalización y su articulación con la sociedad han dado lugar a la valorización y desvalorización de determinados espacios urbanos en función de la apropiación socio-espacial que los distintos grupos obtienen a partir de una movilidad social ascendente o descendente.

El crecimiento vertiginoso de nuevas actividades ligadas a las finanzas, el mercado inmobiliario y el protagonismo central de los sectores privados en la gestión de la ciudad, conlleva un cambio en las valoraciones, en la relación con lo urbano, las relaciones sociales, los usos del tiempo libre y los consumos culturales.

La visibilidad de estos fenómenos en las ciudades, particularmente en América Latina y en Argentina en los años noventa, se opone al crecimiento que se había manifestado a partir del desarrollo del proceso sustitutivo de importaciones, el asalariamiento y la movilidad de las clases medias.

En estos años comenzaron a transformarse las prácticas sociales y culturales de las clases medias y de las clases populares en cuanto a estilos de vida esencialmente.

Un conjunto de indicadores sociales, culturales y económicos nos revela nuevas dimensiones de la vida social  especialmente en sus relaciones con el espacio urbano, el aprovechamiento del tiempo de ocio y nuevas modalidades de consumo, entre otros.

 Ello se contrapone con la profundización de las desigualdades, la pauperización de algunos sectores de las   clases medias y el aumento de la pobreza, situaciones que se repiten a distintas escalas en las ciudades metropolitanas, en las ciudades intermedias y en las pequeñas.

Uno de los efectos más destacados ha sido el aumento de las disparidades en el sector de las clases medias. En ese abanico se hallan “los que ganaron”, término usado por Svampa (2001) y los “nuevos pobres”, devenidos a partir de la caída del empleo y el aumento de las diferencias salariales dentro de las categorías ocupacionales.

Hay diferencias casi exacerbadas entre los grupos sociales “en ascenso” y las clases empobrecidas, éstos últimos afectados especialmente por las políticas de ajuste, el descenso de los salarios y el desempleo.

A los problemas más urgentes, de desempleo y caída de los salarios, se suma el de la inseguridad,  acentuado a partir del crecimiento de las grandes diferencias sociales.

En este contexto se impone la valorización de algunos sectores urbanos, demarcando claramente contrastes entre zonas desfavorecidas y áreas valorizadas o diferenciadas, con lo cual se garantiza la inclusión de algunos y la exclusión de muchos.                   

Las formas residenciales emergentes agrupadas bajo la forma de “urbanización cerrada” surgen como una opción de inclusión de determinados grupos sociales que perciben a la ciudad abierta como una amenaza.

Estas nuevas formas de ocupación del territorio se caracterizan en general, por el acceso restringido únicamente a los residentes de la misma. Situadas en la periferia de las ciudades, en espacios con condiciones paisajísticas y ambientales favorables, rodeadas de muros, con vigilancia privada, servicios y equipamientos propios, además de grandes superficies con áreas verdes y campos de deportes.

La presencia de enclaves residenciales en el espacio suburbano nos señala la correspondencia entre la nueva morfología social y los patrones de ocupación territorial, conformados básicamente por comunidades autónomas y autosuficientes.

Focalizaremos nuestro análisis en la transformación de un espacio rural, reconvertido en un Club de Campo “La Cuesta del Sur, el cual presenta algunas particularidades interesantes de revelar.      Explicar este fenómeno nos obliga también a analizar el perfil sociodemográfico de los residentes, las formas de habitar, la  sociabilidad, el uso del tiempo de ocio,  y detenernos en un conjunto de causas y motivaciones vinculadas quizás con el ciclo vital de los mismos o con una nueva significación de ciudad y otras representaciones sociales.

             

 

 

Aproximaciones conceptuales

 

Las clases  medias  y  los” grupos sociales  en  ascenso”.

 

En Argentina, las clases medias constituyeron históricamente el rasgo más significativo de su morfología social, a diferencia de otros países de América  Latina. Pero, las diversas políticas implementadas a partir de 1975 han generado profundas transformaciones en la estructura de clases de la sociedad y fragmentaciones hacia el interior de las mismas.

La representación de grupos sociales de clases medias estaba vinculada a nociones de progreso y movilidad social ascendente.

Definir la categoría de clase media ha planteado grandes dificultades a los cientistas sociales, principalmente debido a la heterogeneidad de sus componentes y sobre todo a la relación entre éstos con los medios de producción.

 Weber (1980) argumenta que, fuera de las clases propietarias de los medios de producción, hay clases que poseen ciertas habilidades, como educación y conocimientos, que ofrecen en el mercado de servicios, las cuales se convierten en factores objetivos que determinan su posición en la estructura social. Introduce además la idea de grupos de status que se basan en apreciaciones objetivas de una identidad común. Así, Weber considera que la posición de clases no se determina, solamente, en el mercado laboral, sino que hay también grupos definidos por un patrón de consumo y un “estilo de vida”.

Coincidiendo con la mayoría de los estudios clásicos, en América Latina, el desarrollo de la clase media esta vinculado al proceso de industrialización y urbanización. Debido a su heterogeneidad y a la diversidad de los distintos segmentos que la componen (empleados, empresarios rurales y urbanos, agricultores, comerciantes, industriales, servicios, etc).

 Johnson (1958:29) proponía el término “sectores medios” para hacer referencia a este grupo. Para el mismo autor el proceso de modernización de América Latina se logró gracias a los sectores medios que sentaron las bases de las sociedades y economías modernas del capitalismo.

Otros autores (Graciarena, 1976) describe diferentes tipos de clase media de acuerdo a dos tipologías: clases medias dependientes y autónomas dependiendo si actúan como asalariados o si poseen propiedades y disponen del control de sus ingresos.

Scott Lash (1987) y John Urry (1998) reconocen a la clase media como una “clase en si”, una tercera clase entre la burguesía y el proletariado, con cierta autonomía en relación con las clases dirigentes.

Este rasgo matizó, según Svampa (2001)(2005) aquel otro enfoque que designa a las clases medias como un vasto conglomerado con una debilidad estructural congénita, lo que explicaría tanto sus comportamientos políticos como sus rasgos culturales. A ello se sumaría el desarrollo de conductas imitativas respecto de patrones culturales propios de las clases superiores, generando una disociación entre grupo de pertenencia y grupo de referencia.

Tironi (1985) lejos de negar la existencia de esta clase, reconoce su heterogeneidad social y ocupacional, para ello utiliza algunas reflexiones de Bourdieu con el objeto de definir cual sería el conjunto de propiedades que caracterizan a una clase media diferenciada y diferenciable. En tal sentido,  introduce la noción de “identificación simbólica” que supone la autoidentificación de ciertos grupos “periféricos” con un “grupo central”, autodefinido como de “clase media”. De esta manera se produce, según el autor, una identidad nominal, mediante la cual los propios actores se clasifican, categorizan y tipologizan para diferenciarse simbólicamente de otros grupos. Esta identificación simbólica construye las fronteras y la identificación del grupo y se expresa en manifestaciones objetivas, como por ejemplo, el lugar donde se vive, como se vive, cómo se educa, cómo se viste, etc. Entonces, ante la ausencia de una identidad común objetiva, la clase media se configura, para el autor, a partir de la “lógica del simbolismo”, la que produce identidad social mediante la diferencia. Esta clase media, y siguiendo a Bourdieu, esta clase media se caracteriza por la particularidad del capital económico, del capital social y del capital cultural.

La heterogeneidad social y ocupacional de la clase media dificulta la posibilidad de unificar los intereses de clase, subrayando rasgos típicamente individualistas, enfatizando intereses particulares, tendiendo a la “búsqueda de un ascenso en la estructura social. Además la definición a través del consumo y de los estilos de vida desembocaría en la formación de grupos de status” (Svampa, M. 2001:22).

Desde el punto de vista sociológico, distintos autores han retomado la cuestión particular de las clases medias en América Latina y particularmente en Argentina. A diferencia de Europa y Estados Unidos, las clases medias “no se sitúan en el ‘centro’ de la sociedad. Su presencia crece, sobre todo a partir de los años ’50 y ’60 y dentro del pensamiento social latinoamericano progresista y modernizador (Svampa, M 2001:23).

Según Alain Touraine, las clases medias se convierten en un agente central del procesos de desarrollo debido a dos elementos centrales: 1) se definen por su cultura, con niveles medios-altos de instrucción, instrumento básico de movilidad social ascendente y 2) la expansión de las clases medias urbanas en estrecha relación con el desarrollo del estado, en tanto productor de bienes y servicios que consolidó a vastas franjas de funcionarios y profesionales ligados a la administración pública y a los servicios.

Según Svampa, “este fue el modelo que entró en colapso a partir de los años ’80 y particularmente durante los ’90, con la aplicación de políticas de ajuste fiscal y de reducción del Estados en distintos países latinoamericanos” (Svampa, M op.cit.:27). Esta situación se hace más evidente en Argentina, donde a diferencia de otros países latinoamericanos, las clases medias estuvieron en el ‘centro’ de la sociedad.

Haciendo un raconto de la estructura social urbana en la Argentina, Susana Torrado (1992) manifiesta que hacia 1945, ésta contenía el 40% de los puestos de trabajo en manos de la clase media y el 60% de puestos en manos de la clase obrera, con predominio del empleo asalariado en ambos. Esta situación representaba el 72% del empleo global, cifra asimilable a la de los países capitalistas centrales. La dinámica del mercado de trabajo, el rápido crecimiento del empleo urbano se logró en un contexto de plena ocupación o con tasas de desempleo mínimas. Si bien es cierto que durante la década del cuarenta, la clase media crece a un ritmo algo más rápido que la clase obrera –y sobre todo el estrato autónomo de clase media, coincidente con grupos de pequeños empleadores, trabajadores cuentapropistas del comercio minorista y de la industria manufacturera. Durante la década de 1950 el comercio minorista se multiplica, sobre todo los pequeños propietarios de establecimientos de venta de bienes básicos de consumo, en su mayoría cuentapropistas, de trabajo familiar, de muy baja productividad pero con importantes ingresos. Lo mismo ocurre con sectores de la industria manufacturera de carácter artesanal y de pequeños y medianos establecimientos que junto a las plantas industriales de mayor tamaño absorbieron mano de obra asalariada. La clase media asalariada representaba en esta época un importante porcentaje de la población (Torrado, S. 1992).

Hasta 1972, la creación de empleo urbano es aún más rápido que en años anteriores. Si bien se produce la destrucción de un número importante de pequeños y medianos emprendimientos industriales, se produce un crecimiento del empleo asalariado de clase media en el área administrativa y de la construcción. En definitiva, según Torrado se produce un descenso de la clase media autónoma y un incremento de la clase media asalariada a la vez que se produce un importante descenso de la clase obrera asalariada.

Entre 1976 y 1983 la estructura social urbana experimenta, según la misma autora, mutaciones inéditas con respecto a los períodos precedentes. El ritmo de crecimiento del empleo urbano se hizo mucho más lento con tasas de desempleo y subempleo visibles, a causa, principalmente de la retracción de la demanda de mano de obra debido a la recesión imperante. En esta época el estrato de clase media autónoma lidera el crecimiento con una tendencia declinante del salario real, principalmente en el estrato obrero. Importantes transformaciones en el empleo generaron a su vez, una importante precarización e informalización de la economía, situación que perjudicó a un grupo importante de trabajadores no calificados, productores, empleados, entre otros. Sin embargo, en la distribución del ingreso por niveles, a partir de mediados de la década del ’70 se polariza, alcanzo niveles de desigualdad notorios, situación que se agudiza a principios de la década del ‘80. En el balance general de esta época,  puede considerarse la preeminencia de una movilidad social descendente con algunos grupos de clase media autónoma (comerciantes y profesionales) con una movilidad ascendente.

Estas mutaciones económicas generan “nuevas necesidades y objetos de consumo, el deseo de realización personal y profesional sigue atado al éxito económico y al desarrollo de actividades consideradas socialmente útiles, a la vez que se precariza e involuciona el empleo, único medio idóneo de satisfacer aspiraciones” (Wortman, 2003).

Según Maristella Svampa (2003) las clases medias en Argentina se caracterizan por presentar: a) debilidad estructural, b) heterogeneidad social y cultural, c) movilidad social ascendente y d) capacidad de consumo. En las sociedades modernas contemporáneas del Siglo XX las clases medias se caracterizan por su creciente expansión así como su peso social y político.

Las transformaciones culturales e ideológicas producidas en Argentina, a partir de la década del ’60, se hacen visibles en las clases medias a través de un proceso de modernización cultural de la vida cotidiana que incluía desde nuevos hábitos de consumo, principalmente en los estratos más jóvenes de la población, cambios en la moral sexual, en el rol de la mujer y es cuestionamiento de modelos de familias tradicionales, entre otros (Torti, M. 1999).

Desde los últimos diez años, las clases medias aparecen asociadas, Según Svampa (op.cit:33) “...a un conjunto de tendencias socioculturales que coloca en el centro de su representación la figura del ‘consumidor’...”. Se trata, siguiendo a Bourdieu (1979), de la asociación de ocupaciones emergentes y nuevas pautas de consumo que provocó el ascenso de nuevos grupos de nuevas profesiones e intermediarios culturales (vendedores de bienes y/o servicios, agentes y ejecutivos de turismo, cine, moda, publicidad, decoración, promoción inmobiliaria) cuyo rasgo distintivo apareció resumido en nuevo estilo de vida, más relajado, más hedonista, que invade la vida cotidiana (Svampa, M op. cit:33).

El pasaje de lo colectivo a lo individual, de la autorrealización pública a la privada y la “centralidad del ciudadano-consumidor en detrimento del ciudadano-productor son, según Svampa (37), elementos claves de este nuevo proceso iniciado a principios de la década de 1970 y agravado durante los años posteriores. “En términos simbólicos, para amplios sectores de la sociedad argentina, la hiperinflación de 1989 confrontó a los individuos con la experiencia de disolución del vínculo social...”.  A partir de 1989 y  durante casi diez años el “proceso de movilidad social descendente tomó una dimensión colectiva que arrojó del lado de los ‘perdedores’ a grupos sociales que formaban parte de las clases medias asalariadas y autónoma: franja de empleados, técnicos y profesionales del ámbito público, ligados a la administración, la educación y la salud; empresarios y comerciantes colocados en una irresistible posición de desigualdad ante la apertura a las importaciones y la entrada de nuevas formas de comercialización; propietarios rurales cuyo destino aparecía ligado a economías regionales, consideradas poco dinámicas o ‘inviables’”.De esta manera, la clase media vio aparecer con claridad, durante la década de los ’90, la polarización entre grupos de ‘perdedores’ y ‘ganadores del nuevo modelo (Svampa, op.cit.:39). Los ganadores, según la misma autora (40), conformaron un grupo ascendente participes de la conformación de una nueva clase de servicios y representados por una elite de planificadores, de sectores gerenciales y profesionales, y de intermediarios estratégicos.

Nuevos modos de configuración de lo social se entremezclan con las transformaciones planteadas en el plano económico. La implementación de planes de ajuste económico, visualizados más claramente en países como el nuestro a partir de los años setenta, generó una crisis en la clase media ya que ha sido la más afectada por el impacto de estos sucesivos ajustes. 

Los cambios sociales y culturales acaecidos en los últimos tiempos han impactado notoriamente sobre la constitución de la clase media fordista y sus formas organizativas, como así también sus dimensiones simbólico-culturales. Esta situación provocó el surgimiento de nuevas representaciones acerca de la sociedad, el ambiente y el individuo.

Lo novedoso de este proceso es que supone la conformación de nuevas identidades sociales y la desmitificación del concepto de movilidad social. Las identidades sociales son múltiples e inestables, con la consecuente desintegración de los lazos sociales. La conformación de nuevas subjetividades marcadas a fuego por la cultura del mercado y el consumo genera nuevos usos y prácticas ciudadanas, así como también la ponderación de nuevos valores.

 

 

 

La Cuesta del Sur”: características sociodemográficas de la población residente

 

El Club de Campo “La Cuesta del Sur” surge como producto de un emprendimiento inmobiliario particular, gestionado por el propietario de una explotación agropecuaria, quien subdividió parte de su inmueble rural, para destinarlo al uso residencial. Este proyecto se remonta a la década del ochenta y consiste básicamente en un predio de 150 has., el cual ha sido parcelado en lotes de menor tamaño. Actualmente el Club de Campo está conformado por 123 parcelas y 95 propietarios habiendo algunos de ellos adquirido más de una parcela, solo el 18% de ellos reside en forma permanente en el lugar.

Durante gran parte de las décadas del ochenta y noventa, el emprendimiento sufrió un período de estancamiento, a raíz de la situación socioeconómica imperante en la ciudad y el país. A fines de la década del noventa y comienzo de la actual, comenzó a despertarse un interés particular de algunos grupos familiares quienes decidieron adquirir una parcela y construir una vivienda para radicarse en forma transitoria – fines de semana- o permanente en dicho lugar, proyectándose unidades habitacionales unifamiliares con distintos lineamientos arquitectónicos. El funcionamiento se asimila al de un condominio y se rige bajo el régimen de propiedad horizontal, en el cual se obtiene la propiedad de una parcela y de una parte del equipamiento común.

El sitio referenciado presenta condiciones paisajísticas especiales, ya que está ubicado sobre una pendiente sobreelevada, en cuya parte más baja (denominado Bajo de Giuliani), se destaca la presencia de una gran laguna. A ello, debe añadirse las características típicas del área rural pampeana y la vegetación natural con presencia de gran cantidad de ejemplares de caldén, además de otras especies implantadas. La cuesta del Sur cuenta con un área intangible de 22 hectáreas en al que se preserva un bosque de caldenes añosos. La única actividad deportiva que se practica en el lugar es equitación.

 

 

 

La Cuesta del Sur

Imagen N° 1 – La Cuesta del Sur. Condiciones del Sitio.

FUENTE: Google Digital Globe 2007. Datos: Ubicación 36°42’ 54’’ S – 64°17’ 23’’ W – Altitud 136 msnm.

 

 

 

La estructura demográfica está conformada por distintos grupos etáreos que van desde parejas con hijos jóvenes hasta adultos mayores en edad de jubilarse o ya jubilados. Del total de 36 familias con vivienda habitable en el lugar, solamente 17 de ellas lo hacen de manera permanente, las cuales están conformadas por 39 residentes distribuidos en 6 menores de 18 años y 33 adultos, de los cuales 21 son de sexo masculino y 18 de sexo femenino. Los no residentes ascienden a 46 personas que sumadas a los habitantes permanentes alcanza un población total de 85 personas.

 Desde el punto de vista socio-profesional se trata de una estructura conformada básicamente por profesionales -médicos, contadores, arquitectos, ingenieros- y comerciantes, que desarrollan sus actividades en la ciudad de Santa Rosa. La mayor cantidad de los residentes se dedica a la rama profesional independiente y en segundo lugar a la actividad comercial. Los datos obtenidos para los jefes de familia revelan esta situación: 18 profesionales independientes, 10 comerciantes y el resto empleados, jubilados y otros.

 

Desde el punto de vista jurídico la organización social se rige por un reglamento de convivencia y un consorcio de propietarios. El reglamento organiza, entre otras cuestiones, las características más relevantes de la vida en comunidad, el respeto por el otro y la naturaleza, el uso de los espacios comunes y el equipamiento e infraestructura compartida. La organización comunitaria requiere de la realización de asambleas de propietarios, reuniones de consorcios y el asesoramiento de profesionales (contador, abogado). El condominio se divide en: el Consorcio de la Cuesta del Sur S.A y el Club de Equitación, de otro propietario.

 

Con respecto a la provisión de servicios “la Cuesta” cuenta con electricidad, canales de cable y aire, agua potable a través de  la conexión al acueducto del Río Colorado que pasa a la vera de la Ruta Nacional Nº 35. Al no poseer gas natural de red, el combustible se provee de distintas maneras: gas envasado, leña, etc.

 

 

Nuevas formas de sociabilidad?

 

 

La configuración de nuevos lugares de residencia por parte de determinados grupos pertenecientes a las clases medias o en ascenso ubicado en un sector alejado de la ciudad implica la redefinición de nuevos espacios de socialización.

Los residentes de estos espacios emergentes señalan dos formatos diferentes, por un lado aquellos que buscan el contacto con la naturaleza la cercanía al campo y la contemplación del paisaje y otros, que adhieren a un estilo de vida más selecto y exclusivo como rasgo de distinción e inclusión.

En el espacio estudiado la mayoría de ellos manifiestan claramente su alineamiento con el primer formato, es decir la elección del lugar obedece esencialmente a un contacto con lo natural.

El hecho de vivir en la cuesta se corresponde más con una manera de percibir la forma de vivir y las condiciones del ambiente representan a través del paisaje natural la representación simbólica más relevante.

El desarrollo de relaciones sociales y vínculos intraclub es muy limitado, la mayoría de los entrevistados manifestó la necesidad de recrear una forma de vida basada en el repliegue individual, en el descanso, la tranquilidad  y en la contemplación de las condiciones naturales. No se manifiestan actividades comunitarias que convoquen a los residentes del club, tanto permanentes como temporarios.

En las entrevistas aparecieron testimonios tales como:

 

                               “…mi relación con los otros residentes, no es muy fluida “...yo me instalo en mi casa y no tengo contacto con los vecinos, yo voy a mi casa y descanso. En el verano  uso la pileta del club y allí es cuando establezco relaciones  con otros residentes. (Silvia, empresaria, 45 años).

 

                          “…con los otros residentes nos saludamos...sí, pero no viviendo acá es difícil relacionarse, incluso viviendo acá porque trabajan en Santa Rosa. En el verano sí porque en la pileta tenés contacto con los vecinos, se charla mucho... la usan bastante, ahí es cuando se establecen las relaciones con los vecinos...”(Graciela, ama de casa, 48 años)

 

                     

La vida social de los residentes se circunscribe únicamente a relaciones de solidaridad ante una situación determinada, pero con independencia de movimientos personales. No resulta de interés realizar actividades compartidas por los integrantes del Club.

 

 

“aca, cada uno hace la suya…quizá para alguna fiesta de fin año, compartimos algo con algunos, pero la verdad que ni me entero si están o no están…//…cada cual hace lo suyo y nadie molesta al otro…//… de todas maneras hay muy buena relación entre los vecinos” (Graciela, ama de casa, 48 años)

 

“ en cuando a relación?... buena… yo no estoy mucho, a veces asisto a las reuniones de consorcio, donde las resultantes son de común acuerdo. La relación es buena, cada cual se ocupa de lo suyo, pero eso si, si sucede algo o pasa algo… son todos muy solidarios…”(Liliana, profesional independiente, 45 años)

 

“ acá, cada uno hace la suya y ni nos enteramos de la vida de los demás, todos estamos si alguien necesita algo, somos compañeros, en ese sentido, pero no nos metemos y nadie se mete…”…”(Ricardo, comerciante, 50 años)

 

 

 

 

En el sistema de relaciones que se establece entre los residentes de “La Cuesta” adquiere significación especial un valor compartido por la mayoría y que le otorga el casi único rasgo de homogeneidad frente a la heterogeneidad presente en la tipología arquitectónica, en las edades de los grupos residentes, en los vínculos sociales que se desarrollan:

 

                        “…si hay una homogeneidad, es en el sentido de los vínculos con la naturaleza, es   

                        una forma de recrear el campo. A todos los que estamos acá nos une el tema

                        ecológico o la naturaleza, el  relax…Acá hay mucho apego. (Pablo, profesional                   

                        independiente, 43, años)”.

 

                       “…el grupo de residentes es muy heterogéneo, tenés desde gente jubilada hasta

                        matrimonios jóvenes con chicos, creo que hay una pareja de homosexuales   

                        también, hay de todo...(Antonio, jubilado, 66 años).

 

 

Contrariamente, a los resultados de otras investigaciones realizadas en las grandes ciudades, a medida que se ha avanzado en la realización de entrevistas y demás observaciones de campo en “La Cuesta del Sur”, la conformación de los grupos residentes presenta una gran heterogeneidad tanto en los consumos, hábitos, prácticas sociales, a excepción de representaciones como la valoración del paisaje, el apego a lo natural y la vida al aire libre.

La mayoría de los residentes expresa la idea recrear una convivencia pacífica con la naturaleza en la cual se evoca quizás un pasado rural nostálgico, pero con la necesidad de mantener algunas pautas de vida urbanas y preservar las condiciones ambientales actuales para el futuro.

 

 

Consideraciones finales

 

 

La transformación de los patrones de ocupación territorial tiene que ver con una serie de prácticas y valores emergentes como producto de su interrelación con los procesos mundiales y la cultura mundializada.

Los cambios en los sistemas de costumbres, valores, consumos culturales, y las formas de sociabilidad tienen como escenario elegido su materialización en el territorio.

Las nuevas formas residenciales y su particular estilo de vida forman parte de un proceso general de desarrollo de nuevos modelos socioculturales, fragmentación social y nuevas representaciones de sus actores principales.

La elección de tipologías residenciales emergentes se basa en valores compartidos como el contacto con la naturaleza o la preservación de condiciones ambientales y paisajísticas presentes en  el sitio a ocupar por determinados grupos sociales.

La transformación de un espacio rural reconvertido en un Club de Campo “La Cuesta del Sur”, en el cual se reconocen nuevas percepciones sobre el entorno, el modo de habitar, la reproducción de patrones urbanos en el espacio rural  y los nuevos vínculos y sociabilidades que se establecen entre sus habitantes y los de la ciudad abierta tiene que ver con una serie de prácticas emergentes de un proceso de transformación económica y social que se enmarca en el territorio.

El perfil sociodemográfico de los residentes de “La Cuesta” presenta rasgos de heterogeneidad tanto en los grupos etáreos como en las actividades económicas que despliega el jefe de familia. La presencia de jóvenes, parejas sin hijos, adultos mayores, da cuenta de nuevas demandas tanto materiales como simbólicas de determinados grupos sociales que encuentra en este formato residencial una opción válida para desarrollar su vida cotidiana fuera de la ciudad.

Las relaciones sociales y los modelos de sociabilidad adoptados por los residentes del Club de Campo “La Cuesta del Sur”,  manifiestan claramente un modo vida circunscripto a la vida individual, el descanso, la tranquilidad y la contemplación del paisaje.

De los testimonios recogidos se desliza la persistencia de elementos significativos propios de una ruralidad añorada pero con la adopción de nuevos patrones de ocupación y pautas de vida urbanas.

En definitiva, el análisis de la morfología social expresada a través del perfil sociodemográfico de los residentes de un Club de Campo en una ciudad intermedia, nos permite percibir que la conformación de los grupos, así como las motivaciones y el desarrollo de vínculos sociales de los mismos difiere notablemente de los procesos manifestados en las grandes ciudades. 

 

 

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Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.