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Asunto:[encuentrohumboldt] 217/08 - Aproximación teórica sobre la construcció n de la identidad social en el Barrio Sur - Santa Rosa
Fecha:Domingo, 9 de Noviembre, 2008  18:13:20 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentro @..................ar>

Aproximación teórica sobre la construcción de la identidad social en el Barrio Sur - Santa Rosa.[1]

 

Stella Maris Leduc

Departamento de Geografía

Facultad de Ciencias Humanas

UNLPam

 

 

Resumen

 

 

Los espacios tienen un significado social por su posición en el conjunto de la ciudad, su valor en el mercado, la infraestructura que poseen y su valor estético. Estas características explican también muchos comportamientos de los actores urbanos que se desplazan en este territorio de su vida cotidiana. Ellos tienen representaciones o imágenes de la ciudad donde se entrecruzan lo real con el mundo mental de cada uno. Ambos influyen en las conductas individuales y la ciudad deviene entonces un mundo vivido, al que cada uno atribuye profundos significados simbólicos y culturales.

El hombre como ser social tiene múltiples necesidades: sociales, económicas, ambientales y políticas. En este trabajo se aborda  la construcción de la identidad social  por parte de los habitantes de un barrio planificado. Esta problemática requiere de un análisis de gran complejidad, donde aparecen involucrados diversos actores o sujetos sociales: los habitantes en general, de forma individual o colectiva, y especialmente los del barrio, el Estado, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, la iglesia, las instituciones educativas. . . .

La construcción social nunca surge a partir de una mera diferenciación entre las características propias y singulares, pues requiere siempre de un carácter reflexivo. Identificarse implica identificarse con, en el sentido relacional, su carácter simbólico es múltiple y está abierto a permanentes reconstrucciones.

Cada uno de los actores mencionados interviene de una manera particular en la elaboración de la identidad. Aquí se realizan solo algunos aportes teóricos en torno a la indagación de la incidencia de los espacios personales en la construcción de nuevas territorialidades y en la gestación de la identidad social del grupo que habita cada barrio.

 

 

 

Theoretical approach about the construction of social identity in South Suburb, Santa Rosa.

 

                                                                                                                     

Stella Maris Leduc

Geography Department

Human Sciences College

UNLPam

 

Abstract/Summary:

 

Space has got social meaning according to its position within the whole of a city, its housing market value, the infrastructure present in the area and its aesthetic value. These characteristics explain a great deal about   the behaviour of the urban actors who move within this territory during their daily lives. They have mental representations or images of the city where the real world is inextricably interwoven with their individual mental world. Both exert an influence over individual behaviour and the city becomes a living world, to which each individual attributes deep symbolic and cultural meanings.

 

Man as a social being has multiple social, economic, environmental and political needs. This paper deals with the construction of social identity by the inhabitants of a planned suburb. This problem requires a complex analysis, involving different actors or social subjects: the inhabitants in general, from an individual or collective perspective, especially those living in this suburb  the state, the private sector, non-governmental organizations, the church, and educational institutions.

 

Social construction is never developed from a mere differentiation between singular and individual characteristics, but requires a reflective stance. Identity means identifying ourselves with, and in its relational sense, its symbolic character is multiple and it is always open to continuous reconstructions.

 

Each of the mentioned actors intervenes in a peculiar way in the construction of identity. This paper presents some theoretical contributions regarding the incidence of personal space in the construction of new territories and the gestation of a social identity by the group who inhabits each suburb.

 

 

 

Introducción

 

 

El hombre como ser social tiene múltiples necesidades: sociales, económicas, ambientales y políticas. En este trabajo se aborda  la construcción de la identidad social  por parte de los habitantes de un barrio planificado. Esta problemática requiere de un análisis de gran complejidad, donde aparecen involucrados diversos actores o sujetos sociales: los habitantes en general, de forma individual o colectiva, y especialmente los del barrio, el Estado, el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, la iglesia, las instituciones educativas. . . .

Cada uno de los actores mencionados interviene de una manera particular en la elaboración de la identidad. Aquí se realizan solo algunos aportes teóricos en torno a la indagación de la incidencia de los espacios personales en la construcción de nuevas territorialidades y en la gestación de la identidad social del grupo que habita cada barrio.

 

 

La significatividad del espacio

 

 

 “El espacio está formado por un conjunto indisoluble, solidario y también contradictorio de sistemas de objetos y sistemas de acciones, no considerados aisladamente sino con el contexto único en el que se realiza la historia....” “El espacio es hoy un sistema de objetos cada vez más artificiales poblado por sistemas de acciones igualmente imbuidos de artificialidad, y cada vez más tendentes a fines extraños al lugar y a sus habitantes. Los objetos no tienen realidad filosófica, es decir no nos permiten el conocimiento si los vemos separados de los sistemas de acciones y estos tampoco se dan sin los sistemas de objetos.”

“Sistemas de objetos y sistemas de acciones interactúan. Por un lado, los sistemas de objetos, condicionan la forma en que se dan las acciones y, por otro lado el sistema de acciones lleva a la creación de objetos nuevos o se realiza sobre objetos preexistentes. Así el espacio encuentra su dinámica y se transforma.” (Milton Santos, 2000: 54-55).

Los espacios tienen un significado social por su posición en el conjunto de la ciudad, su valor en el mercado, la infraestructura que poseen y su valor estético. Estas características explican también muchos comportamientos de los actores urbanos que se desplazan en este territorio de su vida cotidiana. Ellos tienen representaciones o imágenes de la ciudad donde se entrecruzan lo real con el mundo mental de cada uno. Ambos influyen en las conductas individuales y la ciudad deviene entonces un mundo vivido, al que cada uno atribuye profundos significados simbólicos y culturales.

Las características del hábitat se convierten en el criterio espacial más importante para entender el posicionamiento social: los habitantes tienden a distribuirse en el área urbana de acuerdo a las distancias que los definen socialmente, donde sobre todo las clases más favorecidas económicamente pugnan por diferenciarse del resto.

Esta interacción hace que los diferentes grupos usen el espacio como recurso de manera distinta también y la organización urbana hace más visibles las diferencias. Se establecen “fronteras” que no se perciben en el terreno pero sí en la distancia entre los niveles de vida de sus habitantes.

En el caso de los barrios planificados algunos de los objetos son las viviendas, las escuelas, comedores escolares, salones de usos múltiples, plazas, espacios verdes. Dichos objetos son creados desde el Estado, condicionan las acciones de los grupos, generando un sistema de acciones diferentes según los intereses y necesidades sociales y culturales de los habitantes.

Para la geógrafa Doreen Massey (1994) “…la sociedad está necesariamente construida espacialmente, y ese hecho- la organización espacial de la sociedad- hace una diferencia en la manera en que esta opera”. Esto significa que lo espacial debe ser tratado como producto de procesos sociales y a la vez, como explicación de los mismos.

Según Massey (1994) “Las distribuciones espaciales y la diferenciación geográfica pueden ser resultado de procesos sociales, pero también afectan la manera en que estos procesos operan. Lo espacial no es sólo un resultado; es también parte de la explicación”. Quienes hacen ciencias sociales incorporan el hecho de que los procesos que estudian son construidos, reproducidos y transformados en maneras que necesariamente involucran distancia, movimiento y diferenciación espacial.

En general, los barrios planificados se localizan en el área periférica de la ciudad no sólo como resultado de procesos sociales según lo plantea Massey, sino como explicación para establecer las distancias  que representan las diferenciaciones sociales. Lo espacial se construye a partir de lo social y es así que cada objeto dentro del sistema ocupa un lugar que es producto de la decisión de los actores sociales.

Estos atribuyen significados legitimados tanto por los habitantes en general como por los del barrio. Y si bien estos significados admiten reconstrucciones, resulta difícil modificar las diferenciaciones socio – espaciales.

El movimiento de fragmentación del espacio social conduce a los grupos que residen en viviendas sociales a la apropiación de representaciones que les son dadas por los demás actores .Este movimiento puede ser entendido como una dinámica de exclusión del espacio propiamente urbano en la que experimentan la negatividad transmitida por una variedad de signos.

La noción misma de espacio presupone ya la proyección de una cierta discontinuidad sobre una continuidad indeterminada y amorfa. Así, un espacio determinado es una construcción que implica una selección de ciertos rasgos, superpuesto a la continuidad indistinta de la extensión.

 

 

Identidad y espacio urbano

 

 

“En el marco de la postmodernidad, se observan diversas formas de reconstrucción geográfica que tienen por objetivo revisar la mirada contemporánea acerca de la cultura;  la combinación de un análisis materialista y cultural del espacio se demuestra como una forma eficiente de interpretar el cambio urbano, enfatizando en las representaciones, los símbolos y los significados, más que en la morfología urbana, la planificación o la estructura social de la ciudad.” (Albet, 2000 :108).

La nueva geografía cultural urbana remarca el peso de las relaciones sociales y los significados simbólicos tal y como se revelan en los lugares o localidades específicas. Las cuestiones espaciales son fundamentales en las definiciones identitarias desde el análisis y la experiencia en el espacio urbano. Esto significa abrirse a las nuevas perspectivas que incluye la geografía acerca de la cultura material, las prácticas sociales y los significados simbólicos.

“Desde el punto de vista de la relación entre identidad y espacio urbano, en el que confluyen y se mezclan rasgos culturales distintos para crear nuevas formas, puede reivindicarse un derecho  a la diferencia que no tiene por qué redundar en formas defensivas y reaccionarias, sino que puede ser transgresora de las identidades impuestas desde el poder.” (Rovira Benach, 2005:79).

Ese derecho a la diferencia supone distintas formas de manifestar el derecho a la ciudad. 

“La cuestión reside en saber cómo, porqué y para quién se construyen las identidades colectivas y las diferencias sociales.” (Rovira Benach, 2005: 74)

Por lo tanto, la diferencia al igual que la identidad es un producto social y de las relaciones espaciales

Analizar la importancia de los espacios urbanos en la construcción de la identidad en el escenario global actual, supone un contexto complejo teniendo en cuenta la dimensión cultural.

 

 

La construcción de la identidad social

 

 

La construcción de la identidad social, al contrario de la interpretación del sentido común que enfatiza su aparente estabilidad y longevidad,  es siempre dinámica, está siempre en curso. 

Nunca surge a partir de una mera diferenciación  entre las características propias y singulares, pues requiere siempre de un carácter reflexivo. Esto significa que identificarse implica identificarse con, en el sentido relacional. Por esencial que resulte su carácter simbólico,  es múltiple y está abierta a reconstrucciones.

La cuestión central de la reflexión recae en indagar si hay una incidencia de los espacios personales y reconocidos como representaciones sociales en la configuración mental del territorio. En este sentido pueden entenderse como territorialidades en la construcción de la identidad social de los grupos que viven en barrios planificados. Se sostiene desde el sentido común y el sentido común científico, que tienden a  atribuir identidades sociales  de los sujetos  a partir de su inserción individual en la territorialidad.

Las ideas, los valores, los símbolos compartidos se aferran al espacio y es la territorialidad la que se ha convertido en uno de los componentes más importantes para explicar las manifestaciones sociales.

La primer escala de análisis de la cultura es la local: en la intersección de los grupos es donde se producen los intercambios de manera tal que la comunicación sea posible.  No hay comprensión de los procesos culturales si se evita el juego de la intersubjetividad.

La escala de los análisis cambia para aprehender los procesos culturales verdaderamente significativos. A partir de la experiencia de los sujetos, de sus contactos y sus formas de expresión se descubre como las actitudes cambian y los objetos colectivos se construyen a partir de las interacciones.

Las herramientas que brinda la geografía cultural nos permiten acercarnos más a la realidad de las pequeñas comunidades, comunidades barriales que a las realidades globales. Lo que cambia no son los principios sino la manera de interpretarlos o de transgredirlos para adaptarse a las circunstancias.

Los sujetos presentan múltiples identidades (pertenencias), de acuerdo al proceso histórico que hayan atravesado sus vivencias, algunas acentuadas en detrimento de otras. Esto significa que la identidad se va transformando a lo largo de nuestra existencia.

En consecuencia, los grupos sociales presentan connotaciones diferenciales en sus aspectos identitarios según el contexto espacial y temporal.

La cultura como forjadora de identidades no se nos muestra como una totalidad que se pueda encontrar de forma idéntica en todos los miembros de una sociedad. Resulta de un proceso de construcción inacabado llevado a cabo por los individuos.

La relación entre la construcción material y la simbólica se manifiesta en las diferencias culturales entre los residentes de viviendas sociales y  está vinculada al par dialéctico unificación/ diversificación pues como fundamento de las identidades la cultura permite unir y dividir a las personas.

También en la construcción de la identidad influye la mirada de los otros, que en muchos casos se asocia a espacios de inseguridad, delincuencia, miedo, drogadicción. Estas percepciones generan el desarraigo y la idea de la búsqueda de otro lugar en aquellos que pretenden diferenciarse, pero que ante la imposibilidad  de acceder a él construyen sus vínculos próximos  hacia el interior de su vivienda.

Generalmente se abandona un barrio donde era importante la vida comunitaria, destruyéndose un tejido social que difícilmente se reconstituya en el nuevo, al menos hasta que transcurra mucho tiempo. Es frecuente que se transformen en áreas dormitorio donde el desplazamiento hacia los lugares de trabajo y estudio obliga a permanecer mucho tiempo fuera del lugar de residencia y de esta manera se generan otros vínculos. Estos barrios se convierten así en uno de los extremos de un movimiento pendular continuo que jerarquiza algunas vías de comunicación y donde el acceso a los medios de transporte, privados o públicos, devienen en factor crucial para la vida cotidiana.

 

 

El Estado y su representación social

 

 

El Estado se representa a sí mismo como el sujeto benefactor, capaz de contribuir a solucionar la problemática de vivienda de aquellos que categoriza como sujetos  necesitados socialmente. Estos constituyen, según el Estado, los que han sido excluidos del proceso general de participación en la vida social como en los circuitos económicos, sociales y espaciales.

El Estado, al momento de definir la  política habitacional, se autorepresenta como el único capacitado para la tarea.

El Estado asume la asistencia habitacional como una obligación propia y un derecho de los beneficiarios. De allí que aquellos que no puedan cotizar mensualmente para ser parte activa del sistema, podrán ser beneficiarios.

Los sujetos se conceptualizan a partir del criterio económico: el acceso a la adjudicación de la vivienda está relacionado con el poder adquisitivo. Es a partir del nivel de ingresos que se define quien podrá ser beneficiario de una vivienda construida mediante los programas estatales.

Analizado desde el tema que nos ocupa, puede afirmarse, como limitante,  que el sistema de adjudicación desde el Estado no ha generado ningún mecanismo previo que permita la cohesión social y el comienzo de elaboración de la identidad.

Serían medidas adecuadas para este fin:

-Generar estrategias para socializar problemáticas y mejorar vínculos.

-Estimular actitudes positivas hacia los espacios públicos y posibilitar la coconstrucción de lugares significativos para los actores sociales

-Resignificar espacios que fueron creados verticalmente desde el Estado, sin la participación de los futuros habitantes, quienes son los encargados de aportar la trama de redes horizontales que cohesiona el conjunto

-Articular verticalidad y horizontalidad.-

-Trabajar sobre lugares simbólicos que tienen sentido para los propios sujetos Utilizando entre otras herramientas  entrevistas abiertas o mapas mentales.

- Realizar talleres con participación de diferentes actores sociales del barrio.

El objetivo de  las entrevistas y de los talleres es generar una participación activa de los sujetos con la finalidad de poner en marcha acciones y prácticas concretas para lograr que resignifiquen los espacios y autogestionen su construcción incorporando una mirada alternativa.

 

 

Barrio Sur 

 

 

El  área de estudio seleccionada corresponde al Barrio Sur, localizado en el sector suroeste de la ciudad de Santa Rosa.

Allí se realizó en primer lugar un estudio cuantitativo, cuyos resultados principales son los siguientes:

 

Las 1760 viviendas de dicho barrio forman parte de un plan de 5000 viviendas sociales distribuidas en toda la provincia, construidas por el Instituto Provincial Autárquico de Vivienda (IPAV). Según el Censo del año 2001, habitaban el barrio 7.194 habitantes.

La Dirección General de Estadística y Censos –Departamento Sociodemográfico- trabajó en los hogares del Barrio Sur a partir de ese relevamiento, analizándolo a través de la Subsecretaría de Planificación y Evaluación de Proyectos del Ministerio de la Producción.

Sobre un total de 1.713 hogares, 1.661 no tiene Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), lo que representa el 97 por ciento de la población.

La población con NBI cumple con al menos una de las cinco condiciones que se encuadran dentro de los indicadores de privación.

1-    Hacinamiento: hogares que tuvieran más de tres personas por cuarto.

2-    Vivienda: hogares en una vivienda de tipo inconveniente.

3-    Condiciones sanitarias: hogares que no tuvieran ningún tipo de retrete.

4-    Asistencia escolar: hogares que tuvieran algún niño en edad escolar (6 a 12 años) que no asistiera a la escuela.

5-    Capacidad de subsistencia: hogares que tuvieran cuatro o más personas por miembro ocupado y además cuyo jefe haya completado tercer grado de escolaridad primaria.

Más específicamente la población con NBI clasificada por sexo según el Censo 2001 muestra un predominio de mujeres. Del total de habitantes que no tiene NBI que suman 6.920, el grupo de mujeres supera al de varones con la cifra de 3.607. La situación se repite para NBI en hacinamiento y vivienda, con valores y proporciones similares según sexo.

Según los datos sobre la condición de asistencia escolar clasificados en las categorías Nunca asistió, Asiste a establecimiento público, asiste a establecimiento privado y no asiste pero asistió. El grupo más representativo es el de no asiste pero asistió que corresponde a los grupos etáreos jóvenes y adultos y el segundo lugar lo ocupan los niños y jóvenes en edad escolar obligatorio y un grupo reducido que asiste a establecimientos privados.

Con respecto a las condiciones laborales, son dos o tres miembros por familia los que trabajan, en menos oportunidades lo hace sólo el jefe de hogar. Entre los años 1996-1997 alrededor de la mitad de los ocupados tuvo empleo permanente, en segundo lugar se encuentra el empleo temporario y luego el servicio doméstico. Es importante agregar que los planes de trabajo sólo alcanzaban el 8 por ciento de quienes trabajan.

Si comparamos con la situación actual, se incrementó el número de miembros que acceden al trabajo. El empleo permanente sigue ocupando el primer lugar como  condición laboral  con el 43 por ciento mientras se produjo la incorporación de la categoría patrón o socio con un 15 por ciento. El resto: empleo temporario, changas y servicio doméstico  representan el 11 por ciento cada caso y se redujeron al 4 por ciento los planes de empleo. Es interesante analizar estos datos por los cambios en la situación económica que se relacionan con el aumento de ingresos y la disminución en las categorías  ocupacionales que no aseguran la estabilidad laboral.

Respecto a la construcción de la identidad social, se presentan algunas reflexiones finales, a modo de conclusión, construidas a partir de la aproximación teórica expuesta.

 

 

Conclusión

 

 

El barrio Sur adquiere características particulares con respecto a otros barrios planificados, por concentrar un número elevado de viviendas cuyos habitantes de procedencias diferentes manifiestan una gran heterogeneidad.

Su nivel socio-cultural facilita por un lado, y por otro interfiere, porque son opuestos en la búsqueda de  espacios relacionales.

El sentido de pertenencia se construye  entre los habitantes del barrio, pero también influyen las relaciones que se establecen fuera del ámbito de la cotidianeidad.

La pertenencia es así producto de las múltiples experiencias individuales y cotidianas que aportan en este sentido, la que depende de la historia del barrio, de las instituciones, de la participación de los vecinos en distintas asociaciones.

A la dimensión individual se suma la colectiva, y este cambio permanente humaniza los espacios cotidianos hasta convertirlos en lugares.

El trato diario en el barrio y las vivencias, ya sean sociales o familiares pueden llegar a contribuir a establecer los vínculos para la construcción de la identidad social.

Las viviendas sociales presentan la particular condición de ser fruto de políticas que se diseñan desde los organismos de poder, y “descienden” hacia los habitantes, que no tienen muchas posibilidades de intervenir en su desarrollo. Por tal motivo, hay que afirmar que el barrio y sus habitantes, al igual que el Estado, tienen una identidad que le es propia, la cual ha sido producida a lo largo de su historia y de su proceso de construcción. Llegan a construir su propio universo de relaciones y significados pero condicionada por la mirada de los demás actores sociales y la fragmentación urbana.

En general existe en la sociedad una representación acerca de quienes residen en viviendas sociales, cabría preguntarse acerca de los mecanismos de formación de dicha representación.

En síntesis, son las condiciones económicas, sociales, históricas que caracterizan a cada sujeto junto con sus creencias y valores. Como así también las prácticas vinculadas a la comunicación social las que definen la experiencia personal en la construcción de su identidad social.

 

 

 

 

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[1] Es un capítulo del Proyecto de investigación “La vivienda y la pobreza. Soluciones parciales para una problemática compleja”.


 

Ponencia presentada en el Décimo Encuentro Internacional Humboldt. Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina. 13 al 17 de octubre de 2008.