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Asunto:[encuentrohumboldt] 19/07 - La frontera de arena en Mar del Plata
Fecha:Lunes, 5 de Febrero, 2007  00:57:48 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

La frontera de arena en Mar del Plata. De balnearios a paradores. 2001- 2006

 

Javier Ordoqui

 Profesor en Geografía

 

La frontera de arena hacia el sur de las “playas del sur”, donde los balnearios y paradores ya no pueden crecer.

Foto: Javier Ordoqui, enero 2006.

 

Introducción

A lo largo de este trabajo de investigación se procurará trabajar sobre algunas líneas de pensamiento referidas al crecimiento de la frontera de arena de Mar del Plata desde su surgimiento como “estación de baños” hacia 1880  y los cambios ocurridos en la pasada década del ´90 y la reconfiguración de los espacios de playa luego de la crisis de 2001/ 02 y la profundización de la idea de “paradores” en detrimento de los antiguos “balnearios”.

Esta nueva reorganización geográfica del turismo de playa se dio sobre un sector de playas ubicadas en el sur de la ciudad y fuera del ejido urbano delimitado por la Municipalidad del Partido de General Pueyrredón. Las playas se encuentran comprendidas entre los barrios Alfar y La Serena sobre la ruta 11 en una extensión de 2,5 kilómetros y la problemática se agudiza por el hecho de que esas playas no se encuentran bajo el dominio del Estado (las playas en su mayoría pertenecen a la Provincia de Buenos Aires y su usufructo queda en las arcas de la Municipalidad): su posesión es privada, encarnada en los descendientes de Patricio Peralta Ramos. 

Además, en Mar del Plata a lo largo del Siglo XX fue sufriendo cambios en su configuración económica desarrollada por la actividad turística, que tuvieron un nivel de profundización muy fuerte entre 1991 y la actualidad. La ciudad se consolidó como sitio paradigmático del turismo de playas en la Argentina cuando se montó toda una planificación y estructuras preparadas para la llegada masiva de personas y se insertó así la idea de turismo masivo, término definido como “un modelo macro de desarrollo social inclusivo que permitió a las clases emergentes del capitalismo industrial integrarse al trabajo y a la recreación” (Cicalese, 2000).

La implementación del modelo de Estado de Bienestar en la Argentina luego de la crisis de 1930 convirtió a la ciudad: de un sitio de veraneo exclusivo para las clases privilegiadas a ampliar su espectro de turistas, conformándose Mar del Plata en “un núcleo donde poco a poco, la atracción del turista ha ido moviéndose desde su atractivo natural original (las playas) a otra forma de atracción más difusa donde a la anterior, se agregan diversiones urbanas”(Reboratti, 1994).

De la mano de este crecimiento, surgió una de las problemáticas de mayor fuerza referida a la actividad turística: la ausencia de un criterio de explotación que respete el equilibrio ecológico. “El turismo masivo aceleró el desarrollo regional y jerarquizó ciudades con la creación de estructuras sobre el espacio, en estas intervenciones territoriales generalmente la variable ambiental no fue tomada en cuenta” (Cicalese, op. Cit).

La cuestión se agudiza en el último eslabón de arena que se agrega a la frontera de arena de la ciudad puesta en producción como espacio de playa para la actividad turística por su posesión privada, sumado a que son las playas en mayor grado de resguardo “natural”, debido a la ya comprobada urbanización de las playas ubicadas al norte del Faro de Punta Mogotes hacia el centro de la ciudad.

Fuente: COT (Código de Ordenamiento Territorial) del Partido de General Pueyrredón. 1988. Modificado por Ordoqui.

Allí se observa el mapa del Partido de General Pueyrredón

 

Mar del Plata y su función espacial hacia 1860

            Una comprensión total de los procesos históricos, territoriales, espaciales, económicos, por ende la construcción de la Geografía de Mar del Plata nos debe llevar al análisis de su inserción dentro de la División Interna del Trabajo dentro del Sistema Regional de Argentina.

Mar del Plata evolucionó desde su aparición como espacio económico desde un incipiente y marginal saladero y zona comercial de las comarcas rurales de la zona hacia 1860 que sufrió una reconversión espacio- funcional a causa de los procesos económicos y políticos que se aventuraban en la Argentina.

Toda la región del Sudeste Bonaerense se configuró tardíamente en la estructuración del espacio regional pampeano. La infinidad de loteos sufridos por esta zona se da hasta 1856 cuando se produjo la primera instalación luego del avance de la frontera bonaerense en los sectores situados hacia el sur del Río Salado. En ese año, un grupo de empresarios portugueses liderados por Coelho de Meyrelles (quien había sido cónsul portugués en Buenos Aires durante el gobierno de Rosas) y compraron las tierras y montaron un saladero en la actual zona de San Martín y Boulevard Marítimo.

En 1860 Patricio Peralta Ramos compró estas tierras conocidas por entonces como “El Puerto de Laguna de los Padres”) y siguió llevando adelante las tareas del saladero. Aún el sitio no era más que una pequeña aldea, no había una concreción material de un poblado. Esa problemática del proceso de formación territorial tardío del sudeste de la provincia de Buenos Aires se debe en parte a que “la existencia de este paraje fue mejor conocida desde el mar que desde el campo, vale decir que entre los viajeros terrestres y navegantes que recorrían la costa... estos últimos habrían divulgado la singularidad del paisaje de campos feraces cubiertos de colinas, ajenos completamente a la monotonía de la pampa” (Mantobani, 2001).

Este espacio hoy comprendido por Mar del Plata no fue apropiado para la conformación de un poblado por cuestiones del azar: fueron múltiples los factores que incidieron y algunos de ellos netamente geográficos: esta zona rompía con la monotonía del paisaje pampeano y su predominancia de las llanuras, la ciudad “se encuentra emplazada en un área de la provincia donde el extremo oriental  de un sistema orográfico paleozoico se interfecta con la costa atlántica. Esto se traduce en un paisaje de lomas chatas y bajas... El área urbana ocupó desde su nacimiento un valle fluvial, formado por el arroyo Las Chacras, que se encuentra rodeado por tres lomas: la de Santa Cecilia (antiguamente Loma de la Chacra)... la de Stella Maris (antiguamente Loma de la Hidra) y la Loma del Golf o del Cementerio... Estas características físicas son las que fueron valoradas desde la instalación del Saladero en 1856 para el emplazamiento de un puerto y más tarde para el aprovechamiento balneario del paraje. (Mantobani, op. Cit).

La conformación del poblado no fue simple. Las pujas entre los propietarios rurales de la zona eran fuertes en su lucha con la Provincia para lograr el permiso. El  propietario rural Juan A. Peña obtuvo el permiso para fundarlo en 1864  y fue el encargado de presentar el proyecto ante el gobierno provincial.  La creación del pueblo iba a seguir la modalidad de fundación predominante; la que se efectuaba sobre tierras fiscales y por iniciativa pública. Hasta que apareció en escena el gran especulador inmobiliario de la historia marplatense: Patricio Peralta Ramos, personaje que la colocado históricamente como un cuasi héroe local, cuando en realidad su interés estaba focalizado por las ansias de fundar el pueblo en sus supuestas tierras, ya que reclamó ante  las autoridades provinciales que las tierras del denominado Lote XIII, tierras donde se iba a realizar la fundación estatal del poblado no eran fiscales sino que eran de su propiedad.. Ese lote destinado a la fundación era una franja de terreno pegado a la zona de costa que había quedado deslindado en las primeras mensuras realizadas en la zona, pero luego incorporado a las tierras que en 1860 había comprado.

La incorporación del Lote XIII a las tierras de Peralta Ramos fue una clara apropiación sobre esas tierras fiscales. Ese lote era justo el que se encontraba entre sus campos y el mar y sin ninguna autorización del gobierno las hizo suyas. En ese lote se venían desarrollando las actividades más importantes del poblado como el saladero, corrales, depósitos, muelle y principales edificaciones. “En tierras fiscales se encontraba en núcleo de las actividades más importantes de la comarca, el puerto, junto al cual ya comenzaba a consolidarse el poblado iniciado con el primer saladero y que más tarde sería reconocido oficialmente a través de las gestiones de Peralta Ramos”(Mantobani, op. Cit)

Peralta Ramos nunca devolvió las tierras hasta el punto que logra que se le sean expropiadas, con el rédito económico que eso significaba. Durante el lapso 1872- 73 él se encargó de la construcción en la aldea del cementerio, la capilla y realiza la donación del terreno para la primera escuela pública del sitio.

La expropiación hubiese significado el comienzo de medidas concernientes a la creación oficial y sobre tierras fiscales del pueblo. La expropiación no fue realizada, sino que se gestionó la cesión de Peralta Ramos de las tierras para la fundación del pueblo. Y un año después él consigue el permiso para fundar sobre tierras privadas el poblado.

Lo que se realizó en 1874 fue la oficialización del centro de población preexistente. No fue una fundación desarrollada desde una instalación no existente que promoviese el acceso de población a este sitio; sino que este proceso oficial de territorialización era el envión que necesitaba el poblado para consolidarse como un incipiente espacio urbano.

Precisamente ese permiso para que la fundación fuese realizada bajo tierras privadas estableció que quedase bajo su mandato el precio de las tierras y si se vendían o no los terrenos emplazados en la ciudad. La dificultad de acceso a la tierra significó una gran limitante para nuevos pobladores. Hasta la llegada de Pedro Luro en 1877 gran parte de la población se había ido hacia Balcarce que había sido fundado tiempo después que Mar del Plata, pero sobre tierras fiscales.

 

La oligarquía rioplatense y la construcción de su espacio de ocio

Mar del Plata fue convirtiéndose en el principal centro turístico de la Argentina desde 1880 cuando se montó su conexión con la aristocracia, los sectores oligarcas y la burguesía concentrada en el Río de la Plata con su transformación en balneario para esas clases, quienes eran los directores de los procesos y rumbos políticos y económicos del país, insertándolo netamente como un espacio proveedor de materias primas dentro de la División Internacional del Trabajo.

            Argentina por esos años estableció su propia división interna del trabajo, estableciendo áreas centrales en la llanura pampeana y sus principales ciudades y el resto de los subespacios regionales como periféricos de ese funcionamiento centralizado.

La llegada de Pedro Luro y sus hijos a la zona con la compra de los terrenos a Peralta Ramos en 1877 posicionó a Mar del Plata como el sitio de descanso estival al estilo de lo que era visitado por las clases altas en los balnearios europeos. El balneario comenzó a tomar forma, consolidándose con la llegada del tren en 1886 y la inauguración del Bristol Hotel (en la actual zona del Bristol Center) en 1888.

Desde la aparición de los Luro la venta de tierras se hizo mucho más rápida, y la ciudad va tomando el impulso de crecimiento urbano hacia sudoeste: “Ya a comienzos del Siglo XX se construye un hipódromo, emprendimiento al que se suma el barrio Las Avenidas y el proyecto de barrio aristocrático en Playa Grande, ambos gestión de Pedro Luro, propietario de estas tierras” (Cacopardo y Nuñez, 2001).

Pedro Luro fue extendiendo el trazado de la ciudad hacia el sur, no solamente con la creación de Playa Grande en 1910, sino también al impulsar la Ley 6499 que marcaba el traslado del puerto hacia el sur. Así se realizó una gran concentración de las características que debe tener un poblado: “un espacio de producción (el puerto), uno de consumos (Las Avenidas) y uno de intercambio (Hipódromo). (Cacopardo, op. Cit)

Un avance en lo referido a la política local ocurrió en 1912 con la reforma electoral de Sáenz Peña que determinó el fin del gobierno de los comisionados y llegó el turno de los gobiernos del Partido Socialista (opositores de los grupos tradicionales) que gobernó la comuna sin interrupciones desde 1916 hasta 1929 (golpe de estado de Uriburu). Pero la gestión local se vio golpeada por las trabas y los sectores de contrapoder formados en la ciudad (Club Mar del Plata y Comisión Pro Mar del Plata) con mucha vinculación con los grupos dominantes radicales y conservadores que se encontraban al mando de la gestión en la provincia de Buenos Aires hasta 1929;  ya que con el golpe se instauraron los conservadores y reinstalaron el gobierno de los comisionados en las comunas, ocurriendo un grave retroceso en los incipientes gestos de democratización que había dado Argentina en los primeros años del Siglo XX.

 

1930: Crisis en el mundo y la ciudad sigue hacia el Sur

La crisis económica mundial de 1930 y los procesos de cierre de mercados para los productos exportados por Argentina suscitado por las dos guerras mundiales (1914- 1919; 1939- 1945) originó que en la economías periféricas del mundo se tendiese a crear mercados internos y procesos industrializadores, conocido como la etapa económica de “sustitución de importaciones”.

            Bajo ese modelo se instaló el incipiente Estado de Bienestar en la Argentina y desde el Estado se procuró a Mar del Plata como el eje principal de los espacios dedicados al ocio recreativo con toda la estructura montada alrededor de la idea de turismo masivo. Allí se dio la aparición de nuevos actores sociales provenientes de capas sociales “populares” que se fueron insertando en el trabajo y por ende también en la recreación. Este hecho provocó que el espacios de playa de epicentro del turismo de playa conocido como “La Rambla  dejase de ser ese reducto de descanso para la elite, que fue jerarquizando nuevos espacios de playa como el complejo Playa Grande y el barrio Los Troncos en la década del ´30 en el pasado siglo.

La ciudad vivió en los ´30 un gran crecimiento de la magnitud de los proyectos urbanísticos desde la política. En el transcurso de gobierno de los conservadores, Playa Grande se convirtió en el “sur cercano” y la zona del Faro de Punta Mogotes como el “sur lejano”, mediante la concreción del Parque San Martín en Playa Grande y con la construcción de la Ruta 11 entre 1937 y 1939 y la parquización de una parte de ese recorrido, valorizando sectores sureños todavía alejados de la urbe.

Este espacio costero sureño en la década del ’30 ya se encontraba aferrado a intereses de una futura valorización de la zona. En los primeros años de los treinta, el Ministerio de Asuntos Agrarios de la Nación llevo a cabo una extensa fijación de los médanos logrando un bosque marítimo de arbustos, pinos y eucaliptos. La obra pública siguió actuando con la construcción de la ruta, escenificando sobre este sitio el hoy denominado Paseo Costanero Sud.  Las características del paseo estaban supeditadas a la descripción que hiciese el por entonces gobernador bonaerense Manuel Fresco: “esta clase de caminos que los ingleses llaman parkways y para lo que en castellano no hay todavía una expresión bien definida son de un carácter completamente distinto a un camino común” (Cicalese, 1996).

El plan a desarrollar en esta obra consistió “en la construcción de vías verdes complementadas con paseos peatonales, parquización de banquinas, sendas para equitación, caminos para ciclistas, emplazamiento de balnearios, clubes de campo, restaurantes y confiterías de alta calidad. Marshall Berman define a los parkways: su belleza no emana del entorno natural que rodea la ruta: surge del ambiente creado artificialmente por la propia ruta” (Cicalese, op. Cit ). El Paseo Costanero Sud tomó el concepto de parkways, pero la artificalización espacial llevada a cabo con la fijación de médanos, el bosque y la construcción de la Ruta 11, potenció la belleza paisajística que poseían ya estos espacios de playa.

En ese momento se hace la primera valoración espacial de las playas sureñas del Partido de General Pueyrredón, a la misma vez que se suscitó la realización de la Ruta Provincial N° 11 entre Mar del Plata y Miramar, con la parquización boscosa realizada en la zona del Faro de Punta Mogotes. El decreto de Fresco admitía que “cuando la distancia entre la ruta provincial 11 y la ribera supere los cien metros, permite un plan de urbanización adecuado a la naturaleza del paraje y que no perjudique la vista panorámica del lugar” (Cicalese, op. Cit). Todos estos proyectos que se remitían a la creación de nuevos espacios y valorizarlos positivamente conducían siempre al crecimiento de la frontera de arenas en dirección sur.

El paso definitivo del goce y uso de las playas y riberas al Partido de General Pueyrredón lamentablemente ocurrió cuando la historia argentina comenzó a recorrer sus años más trágicos y sangrientos. El 24 de marzo de 1976 se instauró en el poder una nueva dictadura militar que además de realizar una fuerte opresión política (costó 30.000 desaparecidos), también significó el comienzo de la desaparición del incipiente Estado de Bienestar que había sido instalado desde 1940 en el país. La dictadura comenzó a impulsar políticas ligadas al neoliberalismo económico, conllevando a una descentralización de las funciones del Estado. El traspaso fue garantizado por el decreto provincial 1362/ 76. “Por esa misma norma, la comuna quedaba encargada del cobro de cánones e imposición de multas y se comprometía a invertir en infraestructura y promoción turística...” (Cicalese, op. Cit).

 

Las arenas vuelven a ser privadas:

En la primera parte de este trabajo se caracterizó cómo se desarrolló el proceso de fundación de Mar del Plata y todos los conflictos existentes entre los mismos terratenientes de importancia en la zona  y como la especulación inmobiliaria fue el vector clave en el desenvolvimiento de la ciudad durante todas sus etapas (desde el saladero a estación de baño para la aristocracia y de éste al  balneario de masas).

El fundador Peralta Ramos era quien poseía la estancia Cabo Corrientes con un extenso frente marítimo que fue expropiado por la provincia de Buenos Aires en 1937 para poder construir la ruta 11 en su conexión Mar del Plata- Miramar, obra culminada hacia 1939. El Estado Provincial tomó posesión de las 214 hectáreas necesarias para la obra y que incluían a la zona costera bajo estudio. En 1938 se materializó la desposesión oficial y la Corte Suprema de la Provincia de Buenos Aires acepta satisfacer los daños y perjuicios a los primitivos dueños, pero recién en 1942 se dictó sentencia a la expropiación.

Pero en 1958 los descendientes del “fundador” Patricio Peralta Ramos hicieron una presentación judicial para recuperar la franja costera que había sido apropiada por la provincia. El mismo apellido volvía a la escena de las playas y otra vez con el único motivo de valorizar espacios con una visión mercantilizadora: argumentaron que la provincia en la expropiación dejó en desuso una franja adyacente de 102 hectáreas de playas boscosas que había sido expropiada junto a los terrenos utilizados para la construcción de la Ruta 11.

La Corte Suprema de la Nación en 1970 emitió un fallo en el cuál hace referencia al total de 214 hectáreas y como expropiadas solamente a 112 y que el excedente de 102 pertenecían a los demandantes.  La provincia pudo demostrar que se encontraba en posesión de la franja este, limitada por la ribera, ni haber realizado actos posesorios; empero la Corte habilitó el camino para que se reclame por las mejores útiles efectuadas (Cicalese, op. Cit).

Con la vuelta a la vida democrática suscitada  brevemente en 1973, hubo un proyecto que emergió del Concejo Deliberante desde las bancadas justicialistas haciendo un pedido de expropiación de estos espacios de playas. El reclamo contaba con el apoyo del gobierno provincial y también tomó buena acogida por la comuna bajo gestión socialista.

Pero el gobierno local a la vez que apoyaba la moción de una nueva expropiación, también negociaba con los nuevos propietarios de las playas (Compañía Playas del Faro Sociedad Anónima Inmobiliaria, compradores de los descendientes de Peralta Ramos) para el otorgamiento de las licencias necesarias para la explotación económica del lugar. “La inmediata puesta en valor del predio consistió en destinarlo a la extracción minera de arenas con destino a la construcción y a la producción de servicios turísticos recreativos, mediante la concesión de las unidades balnearias” (Cicalese, op. Cit).

Los conflictos no sólo se han dado en la lucha de intereses entre los gobiernos y el sector privado: La lucha por el mantenimiento de las características geofísicas diferenciales junto a las características artificiales como la forestación, que valorizaron positivamente el paisaje de estos espacios de playas fue llevada a cabo también por los vecinos del lugar. La extracción de arenas para la construcción fue realizada por Playas del Faro Sociedad Anónima, la misma empresa que explotaba los balnearios, ellos mismos estaban dañando los cimientos de su propia empresa. La visión cortoplacista del empresariado local vuelve a focalizarse, como durante toda la historia del crecimiento de la frontera de arenas de la ciudad. La degradación realizada por la minería puede ejemplficarse en “la intensa explotación que lleva a cabo la compañía en la década del ´70, mediante el otorgamiento de permisos precarios para la extracción de arena, genera procesos erosivos sobre médanos forestados y la desaparición de las terrazas marinas (Cicalese, 2001).

Los fomentistas del sur volvieron a realizar sus reclamos sociales después de 1983, luego de la dictadura militar y lograron que en 1985 el gobierno provincial emitiese un decreto en el cual se prohibió la extracción de arena en todo el Partido de General Pueyrredón, aclarando que además la extracción por parte de Playas del Faro Sociedad Anónima había sido realizado fuera de su propiedad, ya que al traspasar la línea de ribera y luego de haber sacado arena hasta del mar, invadieron la propiedad pública provincial. “El problema de la explotación minera ponía sobre el tapete otro conflicto... que era el avance de la línea de ribera adentro, línea que marca el deslinde entre la propiedad privada y el dominio público provincial. Este límite que separa la escasa playa pública de las playas privadas... cobra relevancia en el derecho esbozado por los vecinos al acceso y uso de la ribera” (Cicalese, op. Cit).

 

Zona de estudio en plena temporada veraniega. Verano 2006

Foto: Javier Ordoqui, enero 2006.

 

Nuevos proyectos para el sur en los “turbios” noventas

La lucha entre los vecinos fomentistas y Playas del Faro S. A. cambió de ribetes cuando desde finales de la década del ´80 la empresa arremetió con un proyecto de instalaciones sumamente jerarquizadas. La sociedad “propondría un complejo de residencias de jerarquías y servicios de calidad exclusivo para propietarios y accionistas, retomando de esta forma algunas de las ideas del “plan histórico” pensado para la región desde las elites conservadoras (Cicalese, op. Cit).

En 1989 el proyecto fue elevado a la Comuna para su aprobación y en 1991 el mismo año en que es instalado el Plan de Convertibilidad operado por el entonces ministro de economía Domingo Cavallo bajo el primer gobierno de Carlos Menem) logró conseguir su habilitación para iniciar las construcciones en el área de las 102 hectáreas apropiadas como consecuencia directa del desuso que efectuó el gobierno provincial al no realizar actividades de protección ni de recreación sobre estos espacios de playa.

La construcción se inició en 1994 y previó la edificación de 156.556 metros cuadrados. La nueva oferta turística dada sobre esta zona está claramente vinculada a esa expansión hacia el sur de la frontera de arenas, buscando alejarse del centro urbano de Mar del Plata con su playa Bristol como “casco fundacional” de la actividad balnearia en todo el sudeste de la provincia de Buenos Aires. El capitalismo generador de espacios turísticos siempre intentó desde la masificación del turismo ocurrido en la ciudad desde la década del ´30 y consolidado bajo el gobierno de Juan Domingo Perón en la década del ´40 lograr la concreción de espacios exclusivo alejados de esos espacios que fueron destinados a públicos de ingresos más dispares y pertenecientes a sectores sociales más bajos. Ese modelo de lograr aislar durante los tiempos de ocio en espacios netamente exclusivos corresponde a todo un pensamiento sumamente reaccionario, ya que pretende la construcción social de “ghettos” fabricados exclusivamente para aristócratas y burgueses.

La estructura que se montó definió claramente a que sectores sociales iban dirigidos los proyectos balnearios de la zona y más fuerte se hizo el conflicto con los vecinos por la garantía de circulación anteriormente descripta. “Los accesos determinan en gran medida las características de los espacios de ocio y recreación. Un espacio destinado a la masividad requiere de espacios complementarios adicionales, con entradas que se caractericen por su fluidez; en cambio, un espacio para recreación exclusiva de sectores sociales de altos ingresos carga... con impedimentos materiales y culturales que convoquen flujos de poca magnitud pero de calidad turística en términos de mercado” (Cicalese, op. Cit).

 

            La frontera de arena se extendió sobre el llamado sector de “playas del sur” ubicadas al sur del Faro de Punta Mogotes, pero ya no puede seguir creciendo más hacia ese sector debido a la erosión y a los acantilados de esas playas, quedando esa franja de 2, 5 km como un enclave de arena con un funcionamiento bien distinto: el paso de “balnearios a paradores”.

 

El legadod de los noventa en el turismo marplatense:

Sin ningún lugar a dudas, un punto de quiebre en la historia argentina fue establecido en 1991 a partir de la ejecución del decreto de desregulación económica 2284, junto a un paquete de medidas que incluyó la ley de emergencia económica, la ley de reforma del Estado y la ley de flexibilización laboral. Estas medidas estuvieron orientadas a la desregulación y liberalización de los mercados, lo que implicó un profundo cambio en el rol que había jugado el Estado en los procesos económicos: “el explosivo crecimiento del desempleo y el subempleo estructural aún en medio de una expansión productiva en el período 1991- 1994, las tendencias cada vez más desalentadoras en las condiciones de vida de la población y una distribución del ingreso con un perfil de creciente regresividad (Rofman, A. y Romero, L. , 1997).

El proceso de concentración de capital implicó una disminución del consumo de los sectores mayoritarios de la población, teniendo en cuenta el gran porcentaje de población que cayó en su nivel de ingresos, encontrándose esta antigua “clase media” hoy en día dentro de la línea de pobreza.

Estas consecuencias tienen un impacto negativo en la actividad turística marplatense, además de tener un impacto negativo en la población en general, dado que la oferta de servicios turísticos estuvo orientada a este sector perjudicado ampliamente por estas políticas.           El gasto en servicios como el turismo se vio lógicamente perjudicado, convirtiéndose en uso exclusivo del sector con mayor poder adquisitivo.

El turismo exclusivo para las clases altas también tenía otro punto de estudio: durante gran parte de la década del ´90 dirigieron su consumo de espacios turísticos hacia los sitios más selectos de Mar del Plata y la costa atlántica bonaerense (se denota la aparición como enclaves de “calidad” a Cariló y Pinamar). Pero hubo una gran apertura hacia otros destinos como Punta del Este, Brasil, el Caribe o Miami en Estados Unidos. Estos sectores (vieja aristocracia, antigua burguesía y el fenómeno de “nuevos ricos”) son los que se vieron beneficiados por la política cambiaria establecida por la Ley de Convertibilidad dictada en 1991 y que a largo plazo significaría la entrada de la Argentina en su peor crisis socio- económica, así como también político- institucional, con la caída del presidente Fernando De la Rúa y con una gran represión desatada en todo el país, pero con escenario central en la Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires, sitio donde las fuerzas represoras asesinaron en las calles a decenas de ciudadanos que simplemente intentaban demostrar su desagrado con el presente que vivía el país.

Con la devaluación de la moneda ocurrida en enero de 2002 realizada por el senador convertido en presidente de modo transitorio, Eduardo Duhalde, los destinos que fueron elegidos lejos de Mar del Plata tuvieron que ser prácticamente eliminados. Se había caído para siempre esa idea de “primer mundo de cartón” fabricado social y culturalmente bajo la creciente frivolización de la sociedad argentina, dentro de lo que podemos denominar el “menemismo cultural”.

Estos sectores que vieron como se les cerraban las puertas de los espacios de ocio del ¿primer mundo? tuvieron que elegir nuevamente a Mar del Plata como lugar vacacional. Muchos de los productores turísticos tuvieron que redirigir sus inversiones a sitios como nuestra ciudad (ver Ordoqui, 2003).

 

La aparición de los nuevos balnearios: los paradores

Una de las nuevas estrategias adoptadas por el sector empresario para afrontar las temporadas veraniegas luego de la devaluación monetaria, ha sido la unificación de capitales provenientes de diversos eslabones comerciales, siempre a cargo de grupos económicos privados, quienes vienen siendo el núcleo dinámico de la economía, motivado por la desarticulación del aparato estatal, aunque como ya se aclaró en los primeros tramos de esta investigación, en Mar del Plata, el sector privado ha sido el dinamizador de todos los espacios desde antes de su propia fundación realizada sobre tierras privadas apropiadas al fisco.

La nueva estrategia comercial se vino implementando a lo largo de la década del ´90, pero su boom se hizo presente en la temporada 2002- 2003. Las empresas que se unieron fueron muy variadas: los dueños de los balnearios, ahora denominados “Paradores” (aunque aún sobreviven algunos balnearios en la zona de estudio que mantienen la estructura de balneario tradicional), buscaron como socios desde radios FM pertenecientes a grandes grupos económicos nacionales e internacionales a marcas de bebidas (gaseosas, cervezas, champagne, vinos, energizantes, etc.), marcas de ropa informal y deportiva, telefonía celular, servidores de Internet, etc.

El sistema se basa en que los dueños de los espacios de playa (en manos de Playas del Faro Sociedad Anónima) alquilan los espacios de ocio a concesionarios, o sea que ven su ganancia reflejada en la renta del alquiler a quienes se asocian con las empresas para manejar durante la temporada. Esta producción de espacios de ocio por parte de la empresa  “Playas del Faro” parte de que “el beneficio de la apropiación del territorio para una función de tiempo libre, se asemeja al concepto marxista de  renta, considerada como una forma de ganancia que no se origina en la explotación del trabajador por extracción de plusvalía, sino por el hecho de poseer el suelo... la “renta turística” debe ser pagada al dueño tanto por el consumidor del espacio como por el inversor en el sitio” (Daniel Hiernaux, 1989).

Croquis de la ubicación de los balnearios y paradores de la zona de estudio en la temporada 2004.

Fuente: “El programón de la semana”. Modificado por Ordoqui, 2004.

 

Los casos encontrados en la zona de estudio son (numerados en su aparición Norte- Sur de sus accesos sobre la ruta 11) La Caseta, Abracadabra, El Taino, Piedra Marina, Playa Peralta Ramos, Aguamarina, El Chiringo, La Restinga y Tamarindo.

El nuevo modelo de explotación se manifiesta claramente en el “Parador Tamarindo” montado con la estructura de la FM Rock & Pop (en manos de un grupo empresarial mexicano) y de las marcas Sprite, Beldent, Quilmes, etc.

En “La Caseta” (ligado a capitales pertenecientes a complejos de diversión nocturna de Mar del Plata) se encuentran vinculados a Coca Cola, Movicom, Quilmes, Manolo, O2, etc.

En el Taino se desarrolló en la temporada 2003- 2004 el parador de Sprite y del canal musical Much Music (de capitales canadienses). Además en la zona también opera el Mega Parador, regenteado por la FM Mega y asociado con marcas como Quilmes y Levis, por ejemplo.

Estos diversos espacios de ocio mantienen una característica en común: todos se encuentran concentrados sobre la zona del Paseo Costanero Sud que se encuentra más densamente forestado y donde la erosión y el creciente paso de zona de playas a acantilados es mucho menor o prácticamente imperceptible por el común denominador de la población.

El proyecto idealizado por los gobernantes conservadores en la década del ´30 encontró luego su concreción a lo largo de la década del ´90 pero recién en el verano de 2002 se consagró como el nuevo enclave de playa de Mar del Plata.

 

Descripción de los paradores y sus usos del suelo:

            En base a los datos detallados en el COT y por la Ley Provincial de Ordenamiento Territorial 8912/ 77, se pasará a describir como están establecidos los balnearios y paradores ubicados en la zona en dirección norte- sur. (para mayor precisión sobre datos del COT para la zona ver Ordoqui 2004)

            Parador La Caseta: En su entrada desde la ruta 11 se denota claramente el carácter exclusivo que tiene este sitio en relación con el acceso hacia su interior desde dicho camino. Las publicidades de grandes marcas se hacen presente desde la entrada.

            Cuenta hacia sus dos extremos dos playones sobre piedras para ser utilizados como estacionamiento. Los caminos hacia la zona balnearia desde allí van en simultaneidad con el valor estético que se le quiere dar en su conjunto al complejo.

            En el centro del parador funciona durante las noches (desde diciembre hasta marzo) El Divino Beach, sitio de entretenimiento nocturno, con lo cual se desplaza hacia una zona dominada por playas naturales actividades propiamente de la vida urbana. Esto se termina de denotar en los paradores y bares instalados cerca o sobre la zona de arena, denotándose claramente la falta de contacto del turista con el entorno paisajístico que lo rodea: su instalación en dicho espacio de playa se da claramente por un fenómeno social que es el uso del turismo de playa como actividad para ejercer presión social. Pero debe ser aclarado que la actividad de balneario también es realizada y el sector de carpas se encuentra algo alejado de todo estos eventos.

            Otra aclaración que vale la pena realizar es que el acceso público ubicado a unos metros hacia la izquierda de la entrada de La Caseta no se encuentra bajo la mismas condiciones, ya que para llegar hasta la zona de playa pública se debe realizar un recorrido mucho mayor que el realizado por el veraneante que visita alguno de los balnearios.

            Abracadabra: Funciona en realidad casi como un anexo del anterior parador. Sus instalaciones son mucho menores que La Caseta, pero por este motivo no deja de presentar las mismas características funcionales y efectos sociales.

            El Taino: Su entrada desde la ruta 11 se encuentra justo al kilómetro 531 de la misma. La condiciones de accesibilidad mantienen las mismas condiciones que los anteriores. A diferencia de los ya nombrados, este parador guarda algunos elementos más vinculados con la actividad de un “balneario” que con la de un “parador”. Puede considerarse que mantiene usos de ambos modelos. Mantiene su zona de carpas, pero en su zona de arenas está montado el parador “Sprite”.

            Balneario Piedra Marina: Tanto desde su acceso desde la ruta 11 como desde la zona de playa pública, puede observarse que este complejo guarda características más referenciadas en el antiguo modelo de explotación del turismo de playas realizada por los concesionarios. Aquí no se denota “penetración” del modelo de paradores. Pero sigue manteniendo el mismo ideal de exclusividad.

            Balneario Peralta Ramos: Ofrece las mismas características del anterior caso.

            En el kilómetro 532 de la Ruta 11 se encuentra la zona de establecimiento y de balneario público y reserva forestal. Lo que surge de su observación es la considerable falta de mantenimiento de las estructuras de servicios montadas en la zona. La variable “mercantilizadora” de los espacios de playa de esta zona de estudio. Aquí, donde el nivel socio- económico de los veraneantes y turistas es mucho menor que los casos citados con anterioridad, las condiciones de uso de este espacio de playa se encuentran sumamente degradadas.

            Aquamarina: Mantiene el mismo modelo de explotación que los balnearios Piedra Marina y Peralta Ramos. No se denotan usos relacionados con la actividad de los paradores y el traslado de costumbres urbanas al espacio de playa.

            El Chiringo: También posee características más vinculadas al modelo de “balnearios” que al de “paradores”; pero durante la temporada estival suelen desarrollarse pequeños eventos musicales de menor rango y de menor cantidad de espectadores de los suscitados en La Caseta, El Taino o Tamarindo.

            La característica diferencial de este balneario es que no se encuentra dispuesto sobre una franja de arena, sino que está montado sobre una barranca, lo que le brinda una diferenciación geofísica singular en relación con el resto de los espacios de playa de la zona de estudio.

            La Restinga: Aquí vuelve a evidenciarse la inserción del nuevo modelo de explotación. Sus condiciones de acceso quizás sean de menor rigurosidad. Suele detectarse la entrada de turistas desde el acceso de la Ruta 11 hacia la zona de playa. Esto quizás se deba al funcionamiento en este lugar del parador de la FM Metro de Buenos Aires (además tiene una estación repetidora en Mar del Plata) y los eventos y recitales vinculados a la música electrónica y el dance (de creciente masificación  y aceptación entre las capas medias jóvenes) suelen ser desarrollados a diario durante la temporada veraniega, con lo cual, el éxito de estas realizaciones depende en sí de la cantidad de público que asista.

            Tamarindo: Posee características muy parecidas al anterior caso descripto, con la singularidad de que su instalación data desde la temporada de verano 1998/ 1999. Este parador tiene la característica de poseer un escenario natural para el desarrollo de sus tan convocantes recitales, ya que tiene dentro de sus instalaciones un acantilado propio.

 

Así quedan las playas de los “paradores” a la hora en que los turistas emprenden la retirada

Foto: Javier Ordoqui, enero 2006

 

            En Tamarindo (ubicado casi sobre el kilómetro 532, 5 de la Ruta 11) tiene funcionamiento durante el verano la FM Rock & Pop Beach (subsede marplatense de la radio porteña Rock & Pop). Todas sus actividades van dirigidas hacia un público en particular: el público ligado a la música rockera La estructura de servicios montada hacia los visitantes del parador está dirigidos precisamente por las características de este público. Este espacio suele albergar a los recitales más convocantes de los últimos años, llegando a la cifra de más de 12.000 personas en el ya clásico evento “Sol de Noche” en el cual se ilumina por completo toda la zona de playa y se realizan exhibiciones de surf, la presencia de figuras televisivas y de la música, más el cierre efectuado sobre el escenario por alguna banda de gran convocatoria. El acceso a este parador suele ser mucho más abierto que en el resto de los sitios mencionados en la investigación.

 

Vista desde Playa La Serena hacia el sur.

Foto: Javier Ordoqui, enero 2006.

 

Consideraciones finales

           

                        Las cuestiones actuales que ocurren en la actividad turística marplatense no son procesos que se hayan generado particularmente por los sucesos económicos que ha experimentado la Argentina desde el 2002, hay cuestiones de peso que son históricas, que están netamente entrelazadas con las características que ha tomado Mar del Plata como espacio desde antes de su fundación, que provienen de cómo se generó una conexión funcional con la zona del Río de la Plata en el Siglo XIX y que esa formación que tuvo la región del Sudeste Bonaerense ha vertebrado no solamente a la ciudad sino que la propia evolución del turismo de playa dentro de la dinámica interna del turismo en la Argentina y a todo el corredor turístico de la subregión de la provincia de Buenos Aires.

            Mar del Plata necesita de múltiples cambios para dejar de depender económicamente de lo que ocurra en las temporadas de verano o con la reactivación de la industria pesquera. El motor de crecimiento de la ciudad desde antes de su fundación oficial ha sido el mismo: la especulación financiera con la posesión y el uso de las tierras, en este caso de las arenas.

                        La explotación balnearia en la ciudad se instaló así, diversificando y montando nuevos espacios de ocio para el turismo de playa, a medida que se iban degradando los sectores céntricos, abandonados para la utilización de los veraneantes menos pudientes, sumado a que la zona costera norte siempre fue observada por la óptica empresarial negativamente por su menor valoración visual y estética a causa de sus características geofísicas. Así se fueron creando nuevos espacios de playa destinados a los sectores más acomodados, como Playa Grande en la década del ´30 y como lo son desde la década del ´90 los balnearios de las playas del sur, reconvertidos a “paradores” ya en los comienzos del Siglo XXI.

            La ciudad siguió su extensión urbanizadora de playas hacia el sur, pero el problema es que la frontera de arenas no puede seguir creciendo más hacia el sur. La geografía de la costa lo evita, sumado a la preocupante erosión de las playas ubicadas entre Playa Serena  y la zona de Acantilados.

Se observa en la foto las playas ubicadas más hacia el sur de Playa Serena, hoy sumamente erosionadas.

Fuente: Elaboración propia. Enero 2004.

           

            Bajo la implentación y el proceso de reconversión de los balnearios a paradores , se ha profundizado a la vez relaciones sociales de la vida urbana dentro de sectores de playas no urbanizados, produciéndose un grave contraste: las playas que antes eran promocionadas por su mayor contacto con variables “naturales”, ahora son demandadas por el tipo de actividades “urbanas” que se realizan allí.

                      Pero a la vez, surge la dicotomía de las ideas de cómo debe “solucionar” la ciudad sus inconvenientes en relación a esta problemática que vive el turismo de playa y el crecimiento de la frontera de arena en Mar del Plata; y en sí a sus problemas integrales y como sigue dirimida por la problemática integral que vive el país.

La segmentación y fragmentación de los espacios de playa en Mar del Plata se fueron dando como un proceso desde mediados de la década del ´70 en íntima relación con los nuevos momentos que estaba viviendo el país con su degradación de las capas medias producto de las políticas económicas,y la profundización de la caída económica y social del país registrada durante el período del “retorno democrático”. La urbanización de la ribera marplatense sostuvo desde esos tiempos su crecimiento y exclusividad hacia el sur de la ciudad, degradando el uso del sector céntrico y norte.

El destino de la Argentina y el destino de las playas marplatenses mantienen aspectos claves que promulgan un estudio combinado de los procesos que ocurren dentro de la ciudad, en la región, en el país. Desde la apertura a la supuesta “Globalización” de la economías rezagadas y periféricas, se ha dado el crecimiento y la aparición de nuevos espacios de playa que mantienen el mismo lazo histórico con esas formaciones construidas en cada una de las etapas vividas `por el país y Mar del Plata.

 

 

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Ponencia presentada en el Simposio Geografía y Turismo. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Viernes 29 de setiembre de 2006.