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Asunto:[encuentrohumboldt] 11/07 - Patrones de distribución geográfica de las n uevas formas de turismo en México, a principios del siglo XXI
Fecha:Lunes, 8 de Enero, 2007  08:34:40 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

Patrones de distribución geográfica de las nuevas formas de turismo en México,

a principios del siglo XXI

 

 

Álvaro Sánchez Crispín

 

 

Álvaro López López

 

 

Instituto de Geografía, UNAM

Ciudad de México, Distrito Federal

México

 

 

Resumen

Este trabajo tiene por finalidad proporcionar una visión general de cómo las nuevas formas de promocionar y ejecutar el turismo en México (ecoturismo, turismo de aventura, turismo rural y turismo en zonas indígenas), se encuentran distribuidas en el territorio nacional al inicio del nuevo siglo.  La base utilizada para esta investigación es el Nuevo Atlas Nacional de México, aún en proceso de producción en este momento, del que se eligieron algunos de los mapas de la sección de turismo, cuya autoría es de quienes escriben este trabajo.  Toda vez que se examinan los mapas que constituyen este estudio, es claro que los patrones de ocupación del territorio por estas nuevas formas de turismo no coinciden con aquellas regiones del país donde existen maneras más antiguas, y masivas, de promover la actividad turística porque la competencia entre el turismo nuevo y el turismo maduro se decide, en términos económicos (inversión, promoción, gestión, infraestructura) a favor de este último.  

 

 

Introducción

 

La aparición de nuevas formas de promover y llevar a cabo el turismo, en muchos lugares de la Tierra, responde a una demanda por contar con nuevos productos, diferentes a los promocionados por el patrón sol-playa (de preferencia en condiciones tropicales). Aunque el abanico de posibilidades para atraer flujos de turistas a sitios donde haya maneras distintas de hacer turismo es amplio, para los propósitos de este trabajo se eligieron las modalidades de ecoturismo, turismo rural y turismo indígena, como representativos, al menos en el caso mexicano, de esta variante del mercado turístico.

 

Durante varios decenios, el gobierno mexicano ha apostado por un modelo de turismo basado en el binomio sol-playa, en especial sobre las orlas pacífica y caribeña, que ha dejado de lado otras formas de hacer turismo, aun cuando el potencial del país, en este sentido, es grande.  Algunos esfuerzos se han realizado en los últimos años por tratar de asimilar a la dinámica turística a diversas zonas de México, con recursos naturales y culturales de importancia para esta actividad, a través del concurso de secretarías de Estado y del Instituto Nacional Indigenista, sin embargo, los resultados han sido poco alentadores.

 

En 2003, menos del uno por ciento de los ingresos generados por el sector turístico, equivalentes a casi 70 millones de dólares (López, 2005), provino del ecoturismo y sectores asociados con éste, lo que deja ver el tamaño de esta economía, todavía en ciernes.  Las nuevas formas de ejecutar el turismo incluyen actividades disímbolas como el ecoturismo, el turismo rural y el turismo en zonas indígenas.  Como en el país existen regiones amplias donde la actividad económica está asociada con la práctica de la agricultura, donde la mayor parte de la población es indígena o en lugares que poseen un paisaje todavía no alterado por la presencia humana, la potencialidad de México en estos nuevos campos turísticos es de consideración. 

 

Aun cuando el número de empresas dedicadas a atender el mercado ecoturístico rebasa el número de 300, todavía no existe un nicho en el que se puedan colocar de forma tal que atraigan a un número importante de visitantes o turistas a los lugares que ofrecen este tipo de actividades.  Es pertinente indicar que, en la etapa en la que se encuentra México, todavía se pueden advertir y evitar riesgos que podrían generarse a partir de una inadecuada promoción, ejecución, gestión y administración de la actividad turística en lugares cuya capacidad de carga es reducida. Así, en este momento, la transculturalización, la contaminación (sonora, visual, por desechos sólidos, por residuos masivos), la destrucción del paisaje natural y cultural pueden ser todavía advertidos y evitados. Entre las acciones preventivas de los males generados por una práctica turística inapropiada se encuentran los estudios de impacto ambiental, previos a la inclusión de nuevos lugares en circuitos turísticos; evaluación de la capacidad de carga; el uso de fuentes alternativas de energía y acondicionamiento del paisaje ofertado a las condiciones tradicionales de construcción, así como la prevención en la descarga y manejo de residuos sólidos y líquidos.

 

Una proporción importante de las nuevas formas de hacer turismo se efectúa en áreas naturales protegidas que, en su mayor parte, se concentran en los extremos oriental y occidental de México, sobre las dos penínsulas, la de Yucatán y la de Baja California, con condiciones geográfico-físicas totalmente distintas ya que la primera es básicamente tropical y la segunda constituye uno de los desiertos mas áridos del mundo.  Hay otros estados con importante número de reservas y con una superficie protegida de consideración (Sánchez y Propin, 2006).  Algunas de estas porciones del territorio nacional son muy promovidas y, por lo tanto, conocidas en los mercados interno y del exterior: el corredor de la mariposa Monarca, las barrancas del Cobre en Chihuahua, la barrera arrecifal quintanarroense y la selva de Chiapas son ejemplos en este sentido.

 

Para poder aprovechar, en forma mas adecuada, el potencial de recursos naturales y culturales con los que dispone México para promover e impulsar las nuevas formas de realizar actividades turísticas, se debe respaldar la creación y funcionamiento de las empresas que ofrecen productos turísticos alternativos, desde el parapente hasta la observación de flora y fauna endémicas1. Esto demanda, necesariamente, un enlace con las comunidades de acogida y, en consecuencia, se relaciona con los principios del desarrollo local ya que las comunidades que habitan en esos nuevos lugares son parte del bagaje turístico de esos sitios.  Si se promueven actividades turísticas en las que se involucre a la población local, se puede contar con una plataforma más sólida para asegurar que una parte sustanciosa de los ingresos generados por el turismo se queden en el sitio y coadyuven al crecimiento y desarrollo de esas localidades, al tiempo que se permitiría la conservación de los recursos sobre los cuales descansa y se gestiona la actividad turística. 

 

 

Ecoturismo

 

Esta forma de realizar actividades turísticas se encuentra distribuida en todo el territorio nacional, aunque es notable la concentración de sitios en el estado de Chiapas y algunos del centro y occidente de México (figura 1).  Se trata de lugares en los que se puede observar distintos elementos del medio geográfico-físico como la flora, la fauna (si ambas son endémicas, tienen un impacto mayor sobre el potencial mercado emisor de turistas); se puede realizar senderismo interpretativo o disfrutar de un safari fotográfico, esta variante del ecoturismo es la dominante en el país y se encuentra en la casi totalidad de los estados, con un predominio de lugares en Chiapas, Oaxaca, pequeñas entidades como Querétaro (por los sitios de la Sierra Gorda, declarados además como parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad) y Nayarit, y en la península de Baja California.  Se trata de porciones de México cuya morfología está constituida por macizos montañosos como los de la Sierra Madre de Chiapas, la del Sur y la Occidental, así como por los contrafuertes de la Sierra Madre Oriental y las sierras Juárez y la Giganta en Baja California.

 

 

 

 

 

En otros lugares lo que se promueve es la observación de estructuras geológicas o de fósiles. Este tipo de sitios es reducido si se compara con otros que también ofertan productos ecoturísticos.  Su emplazamiento tiene una marcada distribución sobre estados del norte de México, aunque existen algunos más en Chiapas. Se trata de distinguir los rasgos distintivos del relieve, en particular los procesos de formación y erosión en rocas calizas, frecuentes en la Sierra Madre Oriental y en porciones de la Occidental.  Aunque los fósiles son comunes en muchas partes del centro de México, en varios sitios de Chiapas se ofrecen viajes ecoturísticos con esta finalidad (Figura 2).

 

También se promueve la observación de fenómenos naturales o de origen sideral. Tal es el caso de la reserva de la biosfera de Mapimí que contiene la llamada Zona del Silencio, donde la capa de ozono está rota y, en consecuencia, ocurren procesos y fenómenos extraordinarios como el funcionamiento equivocado de la brújula o el crecimiento anormal de plantas y animales. La mayor parte de estos lugares ecoturísticos se emplaza en el norte de México, en estados como Chihuahua, Coahuila y Nuevo León, cercanos a la frontera con Estados Unidos, mercado al que dirigen buena parte de su promoción turística.  En estos sitios, por ejemplo, lo que se promueve es la observación de la bóveda celeste, explicada por expertos astrónomos o geofísicos, con lo que fácilmente (se asume) se distinguen las constelaciones y estrellas de fácil reconocimiento en la bóveda celeste nocturna.

 

Una cuarta variante del ecoturismo se refiere a la participación en proyectos de investigación biológica o en el rescate de flora y fauna en peligro de extinción, así como los talleres de educación ambiental.  El número de lugares en México que ofrecen este tipo de actividad turística es considerable y se asocia con ubicaciones en playa, tanto en el alto Golfo de California como sobre el Pacífico norte y medio (Sinaloa, Nayarit, Jalisco y Colima), el Golfo de México (en especial en el estado de Tabasco) y el Mar de las Antillas (en la costa de Quintana Roo.  Figura 2).  También es importante destacar su asociación con la existencia de bases científicas, financiadas por universidades públicas o por organismos no gubernamentales, que desarrollan trabajos investigativos en el campo de la Biología marina o la Oceanografía, dos ejemplos de esto son Ensenada, con la escuela de Oceanografía y Puerto Morelos, en Quintana Roo, que cuenta con bases de trabajo mantenidas por instituciones locales y del extranjero.

 

 

 

Turismo de aventura

 

Esta forma incluye variantes como caminatas, cabalgatas, cañonismo, rapelismo, ciclismo de montaña, espeleísmo, deportes acuático-superficiales y sub-acuáticos, descenso en ríos, kayaquismo, pesca recreativa, paracaidismo, parapente y vuelos en globos aerostáticos, entre otras actividades.  Una proporción significativa de estas actividades no puede ser ejecutada si no se cuenta con los equipos necesarios y adecuados, circunstancia que explica el mercado restringido al que está orientada esta forma nueva del turismo.  El costo de un casco para realizar kayakismo puede superar los 100 dólares de Estados Unidos, con lo que no todo el público puede tener acceso a este turismo de aventura.

 

De acuerdo con su distribución geográfica, este tipo de turismo, se aglomera en el centro y el occidente de México donde se ofrece una mayor cantidad de productos encauzados hacia este mercado (figura 3). Sobresalen los estados de Querétaro, Aguascalientes, Jalisco, Nayarit y Michoacán, como las entidades que tienen un abanico amplio de turismo de aventura; hay sitios en esta parte de México en las que se pueden ejecutar prácticamente todas las formas ya indicadas, tanto en regiones litorales como del interior (de montaña, cercanas a ríos o lagunas).  En este grupo de lugares sobresale la Sierra Gorda de Querétaro, en pleno centro del país, donde fundamentalmente el turismo de aventura está basado en la promoción del montañismo, espeleísmo y caminatas y cabalgatas.  Esta zona, además, dispone de pequeños asentamientos con un importante acervo cultural que se adhiere a los recursos turísticos naturales sobre los que se impulsa el turismo de aventura.

 

Los escenarios desérticos de la península de Baja California también se han insertado en estas formas nuevas de promover el turismo, en especial todo lo que se asocia con actividades en montaña tanto en la porción de la Sierra Juárez, en el norte peninsular, como en la de La Giganta, al sur.  Asimismo, son conocidas, desde hace mas de tres decenios, las promociones que se realizan en el mercado estadounidense con el fin de  practicar el velerismo y kayakismo en las aguas tranquilas del Golfo de California; quizá éste sea un ejemplo de las primeras manifestaciones del turismo de aventura en México que se tiene registrado desde inicios de los años setenta. 

 

 

 

 

Hacia el norte del país, el turismo de aventura se concentra en lugares con relieves abruptos, como la Sierra Madre Occidental en Chihuahua y la Sierra Madre Oriental en Nuevo León. En estos sitios, la abundancia de actividades de aventura es clara y algunos están especializados en ofrecer tours con caminatas prolongadas, para practicar el rafting o el cañonismo.  La proximidad de ciudades como Monterrey, con una infraestructura urbana de primera jerarquía y  facilidades de hospedaje de todos los niveles, hace que estos sitios puedan ser promovidos, tanto en el mercado nacional como internacional, en forma exitosa (véase Sánchez et al., 2005).

 

En el sur de México, destacan por el turismo de aventura los estados de Chiapas, Veracruz y Oaxaca, donde se ofertan básicamente caminatas y cabalgatas, así como variantes de actividades en montaña como el cañonismo, la escalada, el espeleísmo y el rapelismo.  En este caso, los sitios de aventura se sobreponen con lugares poblados por grupos indígenas, en particular en Chiapas y Oaxaca.  Los deportes acuáticos y sub-acuáticos alcanzan su mayor representación en Quintana Roo, tanto en áreas naturales protegidas como en islas y cercanías de lugares francamente turísticos como Cancún. Esta oferta lo que ha hecho, en los últimos años, es complementar y diversificar el mercado masivo de Cancún-Riviera Maya, ya saturado, y ser un sostén del turismo en esta parte del país que comienza a mostrar signos de agotamiento en cuanto al tipo de productos turísticos ofertados.

 

Turismo rural

 

Es el tipo de turismo alternativo menos presente en el territorio nacional.  Sobresale la oferta hecha en el estado de Oaxaca, que se relaciona con la diversidad de culturas que pueblan esta entidad (figura 4).  Son varias las maneras de practicar el turismo rural en México, desde las que incluyen el aprendizaje de lenguas autóctonas, algunas de las cuales son habladas por una reducida cantidad de personas, hasta las que se basan en la promoción de talleres gastronómicos y artesanales.  La variante estereotipada es el agroturismo, que en otras partes del mundo (España e Italia, fundamentalmente) se asocia con visitas a lugares con cultivos endémicos o de importancia mundial (olivares, viñedos) y cuyo motivo es dar a conocer el proceso de transformación de esas plantas en productos industrializados de gran demanda: vinos, aceites.  En México, esto se relaciona con la promoción de visitas a plantaciones donde se muestran procesos de elaboración de bebidas como el mezcal, en Oaxaca.

 

El aprendizaje de dialectos se oferta en aquellas porciones del territorio nacional donde existe una importante población cuya lengua de uso diario es distinta al español; así, en la zona maya que incluye tanto a los estados peninsulares de Yucatán como a Tabasco y Chiapas, esta manera de promover el turismo alternativo está presente en diversos sitios, aun en las cercanías de los tradicionales lugares de playa, como Cancún.  Lo mismo se puede indicar del estado de Chihuahua, donde la variante que aquí se examina se hace presente a lo largo de la Sierra Madre Occidental, donde se asientan los grupos de habla rarámuri.

 

Otras posibilidades de practicar estas nuevas formas del turismo se encuentran en la frontera norte, en Baja California, donde se promueven experiencias de medicina tradicional o vivencias místicas y la fotografía rural, en lugares no alejados de la línea que separa a México de Estados Unidos, aunque se presume que la mayoría de quienes consumen este tipo de productos turísticos sean los propios mexicanos que residen en aquel país. Este tipo de turismo rural también se encuentra en lugares que, tradicionalmente, se conocen por las prácticas de brujería y hechizos, como el sur de Veracruz, en los alrededores de la laguna de Catemaco.

 

El potencial arqueológico de México se encuentra en la base de la explicación de la promoción de la ecoarqueología, como variante del turismo en zonas rurales.  En este caso, destaca la oferta que se hace desde la zona maya, en especial en Quintana Roo y Tabasco, en sitios con vestigios arqueológicos de importancia, muchos de los cuales se encuentran dentro de un área natural protegida.  No obstante lo dicho anteriormente, el turismo rural en México enfrenta serios problemas para su expansión y consolidación.  Simplemente, el aspecto de la seguridad tiene una influencia decisiva en cuanto a qué sitios se pueden promocionar y cómo se puede hacerlo.  Al incursionar en áreas rurales, las personas interesadas en esta nueva variante del turismo se exponen a transitar por lugares considerados como poco seguros: las zonas más abruptas de la Sierra Madre Occidental y del Sur son un ejemplo claro, y por ello entidades como Guerrero, no obstante estar ubicadas cerca de la Ciudad de México, no tienen ninguna participación en el turismo rural.  Mientras este problema siga latente, el futuro de este segmento del mercado en el país es incierto.

 

 

Turismo en zonas indígenas

 

Uno de los fundamentos del turismo alternativo es que esta actividad económica tenga un componente local sine qua non.  En el caso mexicano, los proyectos apoyados por el gobierno federal, en zonas indígenas, se establecen con base en una participación activa de los grupos autóctonos, que ya viven en las áreas donde se quiere desarrollar un proyecto de turismo.  Hacia el año 2005, era notable la diferencia entre el sur y el norte de México en este sentido; la explicación de tal circunstancia es la proporción importante de población indígena que se asienta en estados como Chiapas y la casi nula presencia de grupos de personas que hablen un idioma distinto del español en entidades del noreste como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas (figura 5).

 

 

Los lugares que han recibido financiamiento para proyectos turísticos en zonas indígenas, muestran una clara distribución sobre las áreas donde se hablan los idiomas autóctonos siguientes: nahuatl, en las sierras del norte de Puebla y de Veracruz, así como en la huasteca de San Luis Potosí y la montaña de Guerrero; maya e idiomas asociados, en el oriente de Chiapas, justo en la zona de conflicto, así como en todos los estados peninsulares de Yucatán; rarámuri, en el occidente de Chihuahua y purhépecha, tanto en el norte como en la costa de Michoacán.  Estos últimos proyectos son los de mayor cuantía en razón de los montos aprobados y ejecutados en los primeros años del siglo; se trata de proyectos cuyo total autorizado, individual, rebasa los dos millones de dólares de Estados Unidos.

 

Los beneficiarios pueden ser hasta casi tres mil personas, por cada proyecto financiado, como en el caso de Zacapoaxtla, en Puebla y de Chilapa, en Guerrero, ambos con población de habla nahua; aunque la mayor parte de ellos no son propietarios de negocios de turismo alternativo, estos indígenas encuentran una fuente de ingreso adicional a sus labores tradicionales en el campo. También, en la región otomí del centro de México, se han financiado proyectos de actividad turística alternativa en sitios como Ixmiquilpan, Hidalgo, en una de las zonas con mayor atraso social y económico en el país y en Acambay, al norte del estado de México.  En el caso de Michoacán, los proyectos no benefician a un gran número de personas, en forma individual, pero como hay una plétora de proyectos financiados por el gobierno, la cantidad de beneficiarios es muy alta; todos ellos son de habla purhépecha. En Chiapas, la situación está muy atomizada porque los proyectos están separados físicamente unos de otros y se distribuyen sobre una gran zona del oriente estatal, con un número de beneficiarios bajo en cada caso pero alto tomados en su conjunto.

 

Conclusiones

 

Es evidente que las nuevas formas de promover la actividad turística ocupan, poco a poco, distintas regiones del país.  Las variantes más representativas de esta alternancia se refieren a la práctica de deportes de acción (rappel, cañonismo, escalada, bicicleta de montaña) y acuáticos (kayakismo, snorkelismo, buceo); a caminatas y observación de la naturaleza (flora y fauna), el etnoturismo y la eco-arqueología. La diversidad natural y cultural de México es una plataforma segura sobre la que se puede impulsar este tipo de turismo, en especial en escenarios no estereotipados como el desierto y las costas áridas y semi-áridas o en ambientes rurales alejados y poco accesibles, como los que se ubican sobre las grandes cadenas montañosas del occidente, sur y oriente del país, pobladas por una multiplicidad de grupos étnicos y lingüísticos que deberán ser incluidos en los proyectos de apoyo a la actividad turística, como ya ocurre en regiones de Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Puebla, Veracruz y la península de Yucatán. 

 

Sin embargo, para que las nuevas formas del turismo tengan un alcance importante en el mercado nacional e internacional, se tienen que concretar varias situaciones: primero, México deberá ofrecer mejores condiciones de seguridad a los viajeros que quieran consumir estos productos turísticos innovadores; los escenarios con mayor inseguridad pública coinciden con los que se quieren utilizar para promocionar el ecoturismo o el turismo rural, como en las laderas marítimas de la Sierra Madre Occidental o el interior de la Sierra Madre del Sur, donde los intereses de narcotraficantes, del gobierno federal por defender su presencia en el territorio y los de las incipientes empresas eco-turísticas convergen.  Por supuesto que, comparado con otros países de América Latina,  México aún ofrece escenarios relativamente calmos y seguros, en particular hacia las regiones del norte y de la península de Yucatán. 

 

Una segunda situación tiene que ver con la postura oficial respecto al fomento al turismo, que sigue apoyado en el uso de los recursos de sol y playa para competir en el ámbito internacional.  En tanto no se privilegien nuevas formas de hacer turismo en el país, éstas estarán subyugadas a lo que dictamine el segmento del mercado, hasta ahora.  Varias de las regiones que tienen actividades eco-turísticas las tienen en realidad porque se ofrecen como complemento de la playa tropical en las costas de Nayarit a Chiapas y en las de la península de Yucatán.  Esto se manifiesta en visitar sitios arqueológicos poco conocidos (no los grandes sitios de fama internacional), comunidades indígenas cercanas al centro de playa o paseos “ecológicos” en marismas y lagunas próximas al gran nodo turístico como en el caso de Acapulco, Huatulco y Cancún.

 

Estas dos situaciones tendrán que modificarse si se quiere promover y hacer crecer el sector mas novedoso de la economía turística mexicana.  El cambio de poderes en México, a finales de 2006, tendrá que ser tomado en cuenta para resolver, favorable o desfavorablemente, estas dos situaciones y explicará el que se continúe con una política turística sostenida en la explotación de los centros tradiciones de playa, que están casi colmados, o se adopte una postura en la que se hagan ingresar a la dinámica turística a decenas de poblaciones cuya población local podría verse beneficiada con nuevos proyectos financiados con recursos federales y privados.

 

Notas

1.  En el mundo se estima que el mercado potencial de turistas que desean practicar estas nuevas formas de la actividad es de alrededor de 100 millones de personas, la mayor parte de ellas habita en países ricos.  Según López (Op. cit.), de esa cifra, casi el 65% está interesado en, y de hecho realiza viajes específicos para, observar fauna, en particular aves; después el nuevo mercado turístico (40%) se asocia con la apreciación de la naturaleza; sólo un porcentaje mínimo de las personas que desean consumir nuevos productos turísticos se interesan por caminatas, buceo, campismo, safaris fotográficos, ciclismo de montaña, etc. 

 

 

 

Bibliografía

 

López G. (2005) “Ecoturismo, actividad marginal en México” Gaceta. 20 de enero de 2005. Universidad Nacional Autónoma de México, México. p. 11.

López A., Sánchez-Crispín A. (2006)  “Sección Economía.  Grupo temático turismo”.  Nuevo Atlas Nacional de México.  31 mapas a distintas escalas.  Instituto de Geografía, UNAM.  México (aceptado).

Melo C. (2002) Las áreas naturales protegidas de México en el siglo XX.  Temas Selectos de Geografía de México.  Instituto de Geografía, UNAM.  México

Panadero M., Navarrete G., Jover F. (2002) “Turismo en espacios naturales: oportunidades en el Corredor Biológico Mesoamericano”  Cuadernos de Turismo, 10.  Universidad de Murcia.  Murcia, España.  pp. 69-83

Sánchez-Crispín A., López A., Propin E. (2005)  “Estructura territorial del turismo en la Zona Metropolitana de Monterrey, México” Investigaciones Geográficas, 58.  Boletín del Instituto de Geografía.  Instituto de Geografía, UNAM.  México. pp.

Sánchez-Crispín A., Propin E. (2006)  “Las áreas naturales protegidas de jurisdicción federal como escenario de promoción del turismo en México”  Turismo y territorio en América Latina.  Universidad de Guadalajara-La Costa.  Puerto Vallarta, México (en prensa).

 


 

 Ponencia presentada en el Simposio Geografía y Turismo. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Viernes 29 de setiembre de 2006.