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Asunto:[encuentrohumboldt] 9/07 - El espacio y el territorio en el turismo
Fecha:Domingo, 7 de Enero, 2007  01:44:56 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

El espacio y el territorio en el turismo

 

 

Stella Maris Arnaiz Burne

 

1. Introducción

            Cuando se habla de turismo siempre se lo referencia, ya sea en las ciudades, en el mundo rural, en la selva o en las playas, y pensamos que estos valores que se dan a los diferentes espacios han sido inalterables en el tiempo, lo cual no es así.

Por ello es necesario analizar las diferentes visiones que ha tenido la sociedad occidental del espacio donde se da el turismo alternativo y, más específicamente, el rural.

Pero para poder realizar este viaje por la historia, es necesario primero definir las categorías que vamos a usar, lo cual nos llevará a la categoría  inicial, el concepto de espacio, referente donde se dan todos los procesos sociales.

Una de las primeras categorías que se usan indistintamente, aunque no son ni siquiera similares, son la de espacio y paisaje, ya que este último es la “materialización de un instante de la sociedad” (Santos 1996) y el espacio es el resultado de la integración de la sociedad con el paisaje.

Así el espacio es un conjunto de objetos y relaciones que se ejercen sobre esos objetos, por ello el espacio es el resultado de la acción de los hombres sobre el propio espacio por medio de objetos naturales y artificiales (Santos 1996).

Mientras que el paisaje es todo lo que vemos, lo que alcanza nuestra vista, por lo que la dimensión del paisaje es la percepción de la dimensión, de allí que cada sujeto tenga una visión o una idea diferente de los distintos paisajes, y este tema es importante porque la idea del mismo corresponde a un tiempo social.

Así un bosque en el siglo XVI no era para un ciudadano lo mismo que lo es hoy en el siglo XXI, algo fundamental para poder entender la construcción social de la realidad,  como las sociedades van en su desarrollado dejando huellas y cosas que forman el espacio de las relaciones sociales y producción y como la visión de éstas se transforma en el paisaje.

De allí que el hombre transforma espacios para hacerlos paisajes agradables y coincidentes con los imaginarios que éste tiene, como son los destinos turísticos, o recupera viejos espacios productivos como los antiguos molinos y sus tierras de labranza y los transforma en un paisaje atractivo a todas aquellas personas que tratan de revivir un pasado que ya no volverá, pero a la manera de ocio enlatado, o sea, sin los costos elevados de esa época, se quedan con las formas y no con el fondo.

 Santos nos habla de cuatro espacios diferentes en las sociedades capitalistas, que a su vez, representan cuatro tiempos: el espacio doméstico, el espacio de la producción, el espacio de la ciudadanía y el espacio mundial (Delgado 2003).

En nuestro caso, o sea, el tema relacionado con uno de los modelos de desarrollo – expansión del sistema capitalista mundial, el turismo, hablamos de varios espacios que en su mayoría coinciden con la visión de Milton Santos.

En el desarrollo del turismo, el espacio productivo sirve tanto para la producción como para esta actividad, pero a su vez, dividimos el espacio productivo en activo e inactivo, el primero ya lo vimos y el segundo el inactivo, el campo de arqueología industrial o de la historia rural es hoy uno de los espacios que más se aprecian como lugares para desarrollar el turismo.

El turismo recicla los viejos espacios adecuándolos a la nueva realidad, revive el pasado a partir de la técnicas del presente, hace vivir un imaginario que uno considera heroico y admirable cuando en su momento fue trágico y despreciable, todo a partir de la magia que generan los imaginarios sociales.

El espacio de la ciudadanía es el gran interrogante, la gran duda, cuando se privatiza, cuando deja de ser de todos para ser del beneficio de unos pocos, como ocurre con el turismo, donde los espacios sociales, desde plazas, paisajes y cotidianidad, que son patrimonio de la gente, se los vende como propios sin consultar a ésta.

Tenemos un caso concreto en Puerto Vallarta. Una empresa de turismo de aventuras, “Vallarta Aventures”, quizás la más exitosa y la única de esa magnitud en la región de Bahía de Banderas.

Ella vende aventuras en lugares productivos, improductivos y en los grandes espacios sociales, que incluyen a la gente como atractivo, pasan por los pueblos que son el testimonio de la vida rural y  van describiendo el mismo como una gran postal, dejando atrás polvo y enojo de la gente.

¿Por qué usan el espacio social como propio? ¿Quién los autoriza? Nadie, porque no está regulado este espacio, ni la privacidad de las comunidades aisladas, esta libertad sin límites es una forma de ocupación sin papeles, de hacer trabajar a la gente sin pagarles.

¿Qué se puede hacer? ¿Pedir permiso? No es posible, aunque sería lo adecuado, pero hay un camino más corto, generar derrama en el lugar, pedirles que vendan frutas, comidas, artesanías, incluso que cuenten leyendas, etc., siempre con una remuneración, no podemos hacer del espacio social un mecanismo de enriquecimiento unilateral.

Aquí se unen el espacio doméstico con el social, mucho más en las zonas rurales donde la barrera de lo privado y lo público es tan transparente como la falta de rejas en las casas, donde se da una relación más directa derivada del reducido número de miembros y los lazos de parentesco consanguíneo y social que los unen.

La privacidad es alterada, tenemos muchos ejemplos, quizás el más ilustrativo sea el del viejo Vallarta, el pueblito ícono de este gran destino que es Puerto Vallarta. Allí las viajas casa, construidas hacia fuera y no hacia dentro, las gentes viven con las puertas y ventanas abiertas, siendo tradicional el uso de una pequeña reja de madera, para evitar la salida a la calle de los niños o, en otros casos, de las mascotas.

Los turistas que caminan por estas angostas veredas, llenas de subidas y bajadas, van viendo hacia dentro, se van sorprendiendo sobre cual es el “lujo” o el equipamiento de estas casas, que tienen mirando a la calle, a veces la sala, otras un dormitorio – sala, etc, la cotidianidad asaltada, la privacidad manoseada, ¿se han acostumbrado o ya se cansaron de luchar? Algunos la aprovechan, venden en la puerta tamales o tacos de canasta, los más integrados alguna artesanía, en fin, la supervivencia de la tradición y la modernidad es un camino sinuoso, porque los visitantes no tienen el nivel cultural medio para discernir entre lo público y lo privado.

El espacio mundial es el lugar donde circulan los turistas, es el mundo posible de conocer, son los sueños posibles de realizar, primero visitados a través de la Web, luego en aviones o cruceros, en automóvil o autobús.

Espacio y paisaje son la primera dupla de categorías que interactúan en el turismo, pero en realidad el espacio, el territorio y la región y los procesos que de ella derivan forman la base de la espacialidad de la vida social general, que a su vez, absorben a la actividad turística.

En el turismo es muy importante poder diferenciar al espacio del territorio, entendido éste como un espacio de poder, de gestión y de dominio del estado, de individuos, de grupo, de organizaciones y de empresas.

Geiger lo define como una extensión terrestre delimitada que incluye una relación de poder o posesión por parte de un individuo o grupo social (Montañés  y Delgado 2004).

Para llegar al concepto de región, debemos desprendernos de las viejas categorías de la geografía clásica, superadas a partir de la segunda mitad del siglo XX por la denominada Nueva Geografía.

El nuevo discurso emergente replantea el contexto espacial relativista, ya que la convergencia espacio – tiempo desarrollada por Donad G. Janelle, habla de un encogimiento  o comprensión del mundo, lo cual sirvió para monitorear los cambios locacionales en el espacio relativo. Este concepto con efectos sobre el comportamiento humano fue desarrollado por Harvey que sostiene que en este tiempo postmoderno, la experiencia sensorial y cultural de un mundo que se contrae permanentemente a consecuencia de nuevas tecnologías del transporte y la comunicación (Delgado 2003).

En el caso de las regiones, se abandona la concepción de éstas como sistemas cerrados por nuevos sistemas abiertos, regiones modales, que en nuestro caso tendrán como centralidad a un destino turístico y de allí se van ampliando hasta hacer una región turística.

Esto permite entender la región en su dinámica interna y en relación con las macro-regiones o territorios estatales o nacionales, lugares donde el sistema dominante define las reglas económicas, que en este caso estamos hablando del capitalismo mundial.

Así la región, que es un territorio sin fronteras, está definido a partir de un criterio inicialmente cultural – histórico y en la actualidad económico – geográfica. Esto nos lleva al planteamiento de Boudeville que señala tres tipos de regiones, según sea el criterio que las unifique.

El primer tipo son las regiones polarizadas, con un gran polo al centro, como lo es hoy Cancún o Acapulco; las regiones homogéneas a partir de lazos históricos, legua y cultura, como lo es en el caso del turismo de la región “Mundo Maya”.

La Región Plan deriva de estudios específicos, como el corredor Costa Maya, Riviera Maya o el corredor Costa Alegre, son regiones predefinidas a partir de un estudio técnico (César y Arnaiz 2004).

Con estas categorías, que vienen de la nueva geografía, estaremos en mejores condiciones de analizar el espacio turístico, pero antes debemos ver lo referente a la naturaleza, ya que la misma está en la base de estas realidades.

 

2. La naturaleza  y el hombre, una larga historia de desencuentros

            En la actualidad la palabra naturaleza tiene un significado que se lo asocia a lo opuesto a lo artificial, como si realmente entre ambos conceptos hubiera una diferencia insalvable.

            Lo natural está referenciado en la naturaleza, algo que se define en oposición a lo construido por el hombre y, por ende, representa algo ajeno a la perversidad que el hombre elabora y desarrolla, como son las guerras, masacres, contaminación y otros impactos que alteran eso que algunos denominaban el mundo natural.

            Debido a que en el turismo lo natural o la naturaleza juega un papel fundamental como referente asociado a la salud, a la paz y, como paisaje, es sinónimo de belleza es importante definir que es lo natural y lo artificial no sólo hoy sino en el transcurso de la historia.

            La naturaleza, entendida en su visión más amplia como el orden y la disposición de todos los elementos del universo, el cual no es estable sino en movimiento y cambio, se ha utilizado en forma irracional desde los comienzos del pensamiento humano.

            Así tenemos a Aristóteles que habló de la esclavitud como algo dado por la naturaleza de las cosas y en otro extremo está Descartes que llegó a considerar a los animales como si fueran maquinas (Ferry 1994).

            La historia del hombre ha sido un largo proceso donde se ha ido desarrollando una compleja relación del hombre con la naturaleza, expresada en sus diferentes ecosistemas, una relación que hoy muchos consideran que ha llevado al extremo de la supervivencia de lo que denominamos el mundo natural, dando lugar a una concepción moderna denominada el ambientalismo, que estudia la relación de los ecosistemas con el hombre y sus procesos de desarrollo.

Esta visión moderna va más allá de la ecología que estudia los ecosistemas en relación a la naturaleza, lo cual hoy es algo imposible de ver dada la gran incidencia de la actividad humana.

Durante unos dos millones de años, los primeros seres humanos vivieron de la recolección y la caza  hasta que llegó la agricultura y el sedentarismo, la ganadería y los animales bajo control humano.

Pero la agricultura no solucionó el problema de alimentación mundial, por lo que hay que ubicar que hasta hace no más de doscientos años, una gran parte de la población mundial vivía en el límite de la inanición (Ponting 1991).

Este hecho no es uno más, sino un punto de partida para ver la difícil relación del hombre con la naturaleza para poder sobrevivir como especie, una lucha que aún no ha concluido.

Aunque esto no es homogéneo en todo el planeta, ya que las grandes “civilizaciones” lograron su expansión entre la esclavitud, la guerra y el descubrimiento de nuevas tecnologías, pero en el otro extremo había muchas de lo que hoy se denominan sociedades frías que sobrevivían en equilibrio, al límite con la naturaleza.

Hoy los estudios sobre estas sociedades, que no conocen los términos medio ambiente o ecología son muy variados.  Uno de ellos es el de Lathrap, que es el de la ecología histórica, habla de la adaptación de los grupos que hoy viven en ese ecosistema al cual llegaron en sus migraciones y luego se fueron adecuando, al extremo que lograron mantenerse sin necesidad de apoyos hasta la llegada del hombre blanco y todos los problemas que les ha significad (Hames y Vickers 1987).

La naturaleza en toda su dimensión no fue del agrado de las sociedades antiguas, lo cual llega hasta fines del siglo XVIII, en que la ciencia fue levantando los oscuros mantos que se han tendido sobre la realidad a partir de la superstición.

Un ejemplo de ello era el mar, el cual recién a mitad del siglo XVIII comienza develarse a favor de su uso.

El océano formaba parte de esas cosas inconclusas que habían quedado de la creación, era un elemento de punición y para otros de catástrofe, era un verdadero vestigio de los grandes castigos de la antigüedad.

El mar era para los autores de la época, como Thomas Burneo, algo que emerge después de la caída del hombre del paraíso, un gran abismo que Dios creó con las aguas del diluvio universal (Corbin 1993).

Era tan absurdas las ideas como la que desarrolló Richard Sirvan, que según él, el aire que infestaba la tierra procedía también del diluvio: constituía el maloliente vestigio del nefitismo reinante en el momento de la retirada de las aguas, cuando la superficie de la tierra estaba cubierta con la carne muerta y putrefacta de los animales ahogados. Para librarse de esas emanaciones los hombres continuaron habitando por mucho tiempo en las montañas (Corbin 1993).

En la tierra firme también había restos de esos períodos trágicos, de esa época de castigo universal, así los pantanos y las lagunas de poca profundidad eran zonas donde emanaban las miasmas, formadas en la fermentación de estas aguas estancadas o los “vapores” del pantano, causa de enfermedades y epidemias (Arteaga 1980).

El hombre vivía lejos de los bosques, los que rodeaban las ciudades eran cortados a fin de evitar ataque de animales, se rellenaban los pantanos, se huía de las costas del mar y de los ríos, así gran parte de la naturaleza era la fuente del mal más que del bien, como hoy se la considera.

Así mientras el mundo entra a una nueva era, la era industrial, y con ello emerge la nueva ciencia, las disciplinas y se profundizan los estudios en todos los niveles y dimensiones, la sociedad comienza a construir una nueva visión de la naturaleza, menos agresiva, más utilitaria, con la llegada de los sanitaristas, los termalistas y todos los que comenzarían a ver en la naturaleza una fuente para mejorar la vida, más allá de los que antes la consideraban una fuente de alimentos y recursos.

Con la emergencia de la ciencia ecológica en el siglo XIX y los estudios médicos y de otras disciplinas se comienza a construir una visión que trata de racionalizar la relación hombre – naturaleza  y sus resultados son posiciones bastantes diferentes (Ferry 1994).

Una primera, muy banal pero no dogmática, se protege primero al hombre y luego se busca una relación más racional con la naturaleza, que le permite a éste tomar conciencia de los costos de la destrucción de la misma.

La segunda es más moral y trata de buscar no sólo el bienestar del hombre sino también de lo que lo rodea, principalmente los animales que le sirven, lo entretienen o lo salvan, y de esta posición que se da en los países anglosajones deriva un movimiento moderno de “liberación animal”.

La tercera es la más cerrada y ortodoxa, ya no se trata de cuidar al hombre y a los animales, sino a todos, los vegetales, los minerales, a toda la naturaleza, esta posición extrema hoy tiene vigencia en unos movimientos extremistas como la Ecología profunda.

Hoy la sociedad ve a la naturaleza como uno de los bienes más preciados y amenazados, y cuyo exterminio afectaría al hombre, por lo que ha comenzado a buscar formas de racionalizar su manejo.

Hoy la naturaleza es una riqueza y, en el turismo, es uno de los elementos fundamentales que se expresan no sólo en el paisaje sino en los imaginarios de los viajeros a lugares naturales, selváticos, a zonas donde pueden reproducir, aunque bajo control, una aventura.

 

3. El nuevo mundo del hombre: lo artificial

Hoy en día es muy difícil hablar de lo natural como algo que nunca ha sido alterado, ya que muy pocas partes del planeta han quedado fuera de la acción del hombre en sus diferentes etapas de desarrollo.

Lo que ha sido transformado, alterado o simplemente rehecho por el hombre es lo que se denomina artificial, una palabra que aún tiene connotaciones negativas por ser la contraparte de algo que consideramos en este tiempo como algo puro, sano, creador de paz, como es la naturaleza.

Así como el ambiente natural tiene su historia, el ambiente artificial también la tiene e incluso se habla de una estructura geológica, ya que cada fase histórica sedimenta sus productos, frutos de diferentes niveles de la técnica, de una organización social determinada, un sistema de consumo y una cultura.

Las grandes transformaciones de la humanidad son sismos que modifican la disposición de los estratos, que luego el arqueólogo recupera y ordena en el tiempo.

Este ambiente artificial tiene una larga vida, por lo que algunos ya hablan de una verdadera evolución muy similar a la evolución biológica y sus grandes saltos (Manzini 1996).

Todos estos elementos integrados en la cultura generan modelos espaciales que a su vez sirven de referente a diferentes grupos sociales, son un espacio que se movía sin ruptura en sus tres dimensiones pero que hoy está en crisis.

Las regiones históricas con sus antiguos pueblos son el ejemplo de un espacio construido artificialmente, estos paisajes aparentemente naturales como los olivares o los viñedos y que son fruto del hombre, hoy son de los paisajes o espacios históricos que el turismo más usó en la venta del ocio enlatado con sabor a historia.

Hay espacios nuevos con la Web totalmente artificiales, que no se construyen a partir de un espacio natural como la tierra, son los umbrales en los que se unen dos mundos diferentes así como el mundo del subterráneo, contrasta con el de la superficie y tiene en sus bocas la entrada o el umbral a otro mundo diferente.

Ayer la gente transformaba los espacios naturales, los adecuaba con objetos naturales y así los parques, las campiñas, las plazas eran los lugares comunes; hoy los nuevos lugares comunes son el centro comercial, el aeropuerto, el supermercado, todos ellos definidos como los “no lugares”, totalmente artificiales, sin objetos naturales (Auge 1996).

Esto ha crecido tanto que hoy en esta sociedad post-moderna, que no abarca todo el planeta, se ha instaurado un nuevo reparto entre lo real y la ficción que afecta la vida social hasta el punto de que nos hace dudar de la realidad.

Esto ha llevado a Auge a profundizar sobre la ficción, que sostiene que es un término ambivalente, ya que por un lado en el diccionario se lo asimila a una mentira opuesto al concepto de verdad, pero por el otro se le reconoce el significado de inverso, imaginación oponiéndolo al de realidad .(Auge 2001).

Lo artificial y la ficción son como hermanos en la construcción de la fantasía del turismo, que se sintetiza en los parques temáticos, en las rutas turísticas, donde la magia nos permite viajar montados en una ficción.

Los turistas comienzan a viajar con la imaginación antes de salir y los receptores comienzan a adecuar los lugares para hacerlos coincidir con los imaginarios que se venden, las fantasías para consumir ocio fabricado. Luego viajan y logran asumir esa realidad transformada como algo natural puesto para que ellos lo vean y después viene la inmortalización de esa fantasía, las fotos o el video, para continuar rumiando la fantasía entre amigos o solo al terminar el viaje.

La producción y reproducción del mundo artificial está sostenida por la temporalidad de los nuevos aparatos y así todo el ambiente artificial dotado de materialidad cambia de naturaleza, cada vez es más plano, cada vez nos impacta menos.

Al ver los aeropuertos modernos, verdaderas catedrales del viaje de la fantasía, vemos la superficialidad de las formas, no tienen historia, el tiempo no deja huellas, y si las deja es a partir de la degradación inmediata.

Esa corta vida, cambiante y superficial ya fue definida por Debord (1995) en la sociedad del espectáculo, donde hay una gran interactividad entre sujetos – objetos, ya que todo el sistema adquiere una mayor capacidad de realizar y transformar los productos adecuándolos al consumidor. (Manzini 1996)

Esta transformación de lo artificial, que se aleja mucho de lo que antes se consideraba tal, lo hecho por la mano del hombre, hoy queda en el recuerdo de las artesanías, ha permitido readecuar los restos del mundo natural con los más abundantes del artificial y así redefinir la naturaleza de las cosas, donde a la explicación la reemplaza el cuento mágico, que hace de la cotidianidad un camino entre diferentes formas de fantasías entre las que destaca el turismo.

La historia de la humanidad y la de lo artificial son coincidentes, por ello lo artificial es profundamente humano ya que para el hombre producir lo artificial es profundamente natural.

Esto ha redefinido a la sociedad moderna, ya que antes la técnica creaba cosas inanimadas pero hoy en día se crea materia viviente con la ingeniería genética, formas inteligentes y sistemas expertos; el mundo ya no es el mismo y lo artificial no es lo artesanal es algo que ya ha tomado identidad propia más allá del hombre.

 

4. Conclusiones

Es en esta sociedad donde lo artificial domina y transforma, donde la fantasía reemplaza a la cultura como era antes de la revolución informática, donde aparecen nuevas formas de consumir el ocio y donde lo artificial expresado en la creación de fantasías juega un papel fundamental.

La disneylandización de la sociedad va más allá de la Mcdonalización, ya que hace de las ciudades verdaderos parques temáticos con un cúmulo de tecnología que representan los avances y los egoísmos de los hombres, frente a la miseria que domina el planeta; por ello son la síntesis de esta gran contradicción que hay en el nuevo siglo.

El turismo moderno va más allá de las propias masas que mueve, es una forma de entretención más compleja que va adecuando al nuevo actor a los grandes retos y cambios que se dan en este siglo; por esto es un fenómeno social que es imposible de analizar desde fuera de la sociedad que lo aloja.

 

 

Referencias

 

- Arteaga, Luís  (1980) Miserias, miasmas y microbios. La topografía médica y el estudio del medio ambiente en el siglo XIX. Geocrítica: Cuadernos Críticos de Geografía Humana No. 29. España.

- Auge, Marc (1996) Los “no lugares”, espacios del anonimato. Antropología de la modernidad. Gedisa. Barcelona .

- Auge, Marc (2001) Ficciones de fin de siglo. Gedisa. Barcelona.

- César Dachary, Alfredo y Stella Maris Arnaiz Burne (2004) Desarrollo y turismo en la costa de Jalisco. Universidad de Guadalajara. México.

- Corbin, Alain  (1993) El territorio del vacío. Occidente y la invención de la playa (1750- 1840) Mondadori. Madrid.

- Debord, Guy  (1995) La sociedad del espectáculo. Editorial La Marca. .Argentina. 

- Delgado Mahecha, Ovidio (2003) Debates sobre el espacio en la geografía contemporánea. Universidad Nacional de Colombia. Bogota.

- Ferry, Luc  (1994) El nuevo orden ecológico. Tus Quets Editores. España.

- Hames B., Raymond y William T. Vickers (1987) Teorías sobre las respuestas adaptativas de los nativos de la Amazonia. En Hombre y Ambiente. El punto de vista indígena. No.3. Ediciones ABYA- YALA. Ecuador.

- Manzini, Ezio (1996) Artefactos. Hacia una nueva ecología del ambiente artificial. Ediciones Celeste. Madrid.   

- Montañés Gómez, Gustavo y Ovidio Delgado Mahecha (2004) Espacio Territorio y Región: Conceptos básicos para un Proyecto Nacional.

- Ponting, Clive  (1991) Historia verde del mundo. Ediciones Paidos Ibérica. España.

- Santos, Milton (1996) Metamorfosis de espacio habitado. Oikos – Tau. Barcelona.

- Santos, Milton (1996) De la totalidad al lugar. Oikos – Tau. Barcelona. 


Ponencia presentada en el Simposio Geografía y Turismo. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Viernes 29 de setiembre de 2006.