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Asunto:[encuentrohumboldt] 490/06 - Articulación o superposición entre territor io y producción hortícola en el periurbano de Bahí a-Blanca (Argentina)
Fecha:Martes, 19 de Diciembre, 2006  00:16:42 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

 
 

Articulación o superposición entre territorio y producción hortícola en el periurbano de Bahía-Blanca (Argentina).

El caso de General Daniel Cerri

 

 

Dra. María Amalia Lorda

Profesora Adjunta del Departamento de Geografía y Turismo de la Universidad Nacional del Sur.

Dra. Isabelle Duvernoy

. INRA-SAD (Francia), Profesora Visitante en el Departamento de Geografía y Turismo de la Universidad Nacional del Sur.

 

1. Introducción

 

En un espacio mundial predominante urbano se imparten distintas lógicas socio-espaciales desde las ciudades, que inciden de manera directa en su espacio rural inmediato. Sin embargo, en este proceso existen desigualdades de condiciones y situaciones en el mundo urbano-rural -“fuertes procesos de tecnificación agrícola, de agroindustrialización, de desplazamiento de población rural, de crecimiento de centros urbanos, de pobreza y miseria en sus márgenes, de concentración de unidades agrarias productivas” (Giarraca, 2003: 15).

 

En Argentina, a fines desde los años 1.990, emergen nuevas modalidades de residencia para las clases media-altas que intentan “guiar” la valoración social del espacio a habitar. Frente al “caos del mundo urbano”, se hace resaltar el “orden” en términos civilizatorios, la posibilidad de un retorno a la naturaleza, o “al campo” como el camino ideal para adquirir una mejor “calidad de vida”. Nuevas formas de asentamiento permanente (countries, barrios cerrados) se multiplican en los entornos urbanos, que combinan estos rasgos  (Pintos, 1993; Svampa, 2001). La provincia de Buenos Aires, con una población urbana que asciende a 95 %, corresponde a uno de los espacios con mayor grado de artificialización en un ámbito rural caracterizado por el potencial de sus suelos fértiles (Morello y Matteucci, 2000).

 

En el espacio pampeano principalmente, los cambios tecnológicos y productivos producidos el marco de la globalización, se traducen en ciertos aspectos fundamentales (Gorenstein, 2001): mayor concentración de la tierra; aumento del despoblamiento rural por causas tecnológicas, que afecta directamente a los pequeños y medianos productores; y agravan las condiciones de reproducción de los grupos que viven en el medio rural. La situación emergente se traduce en un proceso constante de exclusión, principalmente de los pequeños y medianos productores.

 

Esta “industrialización de la producción agrícola” (Reboratti, 2001) produce distintas dinámicas que movilizan las relaciones entre los ámbitos rural-urbano, y precisamente desde el sector comercial e industrial -emplazados en las ciudades- se originan las directrices que provocan los cambios en las estructuras agrarias en el medio rural. El manejo del capital también se transforma: “difuso en sus orígenes y más difuso aún en sus inversiones, solamente apuntaba al campo cuando este significa una rentabilidad relativamente alta con respecto a otros sectores de la economía, lo que refuerza el lugar del medio rural como un mero eslabón productivo” (Reboratti, 2001: 72). Desde esta perspectiva, las anteriores articulaciones entre el medio rural y el urbano originadas en otros momentos de la evolución pampeana, tienden a desaparecer.

 

M. Sili (2003), analiza, además, el impacto de la globalización sobre el mundo rural. Al respecto expresa que si bien en la década del 1.990 el sector de mayor crecimiento fue el agroexportador, generó un desfasaje mayor en los sectores con baja capacidad de competitividad, por lo tanto se acentúa el quebrantamiento del espacio rural, el cual se compone de ”fragmentos socioterritoriales que se integran diferencialmente a la sociedad global, con lógicas de funcionamiento económicas y sociales específicas que definen en consecuencia diferentes modelos productivos, valores, y representaciones sociales, así como diferentes modos de relación al espacio y la cultura local construida históricamente” (Sili, 2003: 13).

 

En los espacios periurbanos, donde las transformaciones territoriales y sus efectos aparecen en un área con un gran dinamismo, se desarrollan y reflejan una serie de desajustes posibles de visualizar a partir de la imbricación de actividades urbanas y rurales no siempre compatibles, que provoca la fragmentación del territorio, y el surgimiento de un territorio en “mosaico”. A su vez, los gobiernos locales asumen nuevas funciones, como resultado del proceso de retirada del Estado, en una situación contextual compleja en la cual “sobre la marcha” deben tomar decisiones, ajustar sus perfiles y adquirir nuevas destrezas en un territorio de límites difusos.

 

En el presente trabajo, nuestro objetivo es poner a consideración algunas de estas nuevas articulaciones entre espacio urbano y rural. De acuerdo con Giddens (1998), consideramos que la proximidad espacial tiene consecuencias en términos sociales. Es posible sostener que la proximidad entre zonas urbanas y rurales va a traducirse en nuevas articulaciones cotidianas y más institucionales. Para abordar esta cuestión nos centramos en la producción agropecuaria en proximidad de la ciudad, para analizar su dinámica territorial, cuestionando a la vez su relación con el desarrollo urbano y las evoluciones del desarrollo agrícola en este ámbito. Tratamos de entender cómo la cercanía entre actividades de producción agrícolas y la ciudad es reconocida, calificada e incluida en la planificación y en las políticas de desarrollo urbanas. De la misma manera, tratamos de indagar cómo la proximidad urbana está tomada en cuenta por las agencias encargadas del desarrollo agrícola.

 

Nos apoyamos sobre un estudio de caso, la localidad de General Daniel Cerri, ubicada en el periurbano de borde de la ciudad de Bahía Blanca, a 15 km de su centro, que constituye un claro ejemplo de la situación planteada.

 

2. Inserción de espacios hortícolas y agropecuarios en los entornos urbanos: ¿de la superposición a la articulación?

 

Las tradicionales formas de articulación entre la producción de bienes alimenticios y las concentraciones de poblaciones pasaban por la formación de cinturones de abastecimiento provenientes de distintos radios, según la posibilidad de transporte de los productos (cinturón hortícola, lechero etc.). A lo largo del siglo XX, principalmente desde la década de 1.960 en adelante, esta situación cambió con la transformación del sistema de transporte, y la consecutiva aparición de cuencas de producción alejadas de los principales centros de consumo.

 

En el caso de Argentina, mientras iban desapareciendo las cuencas de abastecimiento de lácteos alrededor de las principales ciudades (ver Barros, 2005 para el caso del norte de Buenos Aires) se desarrollaron nuevas cuencas de producción hortícola, que ahora compiten con los anteriores cinturones localizados cerca de los centros principales de asentamiento. Además, en las mismas áreas se desarrolla la ciudad en forma dispersa, primero con aparición de casas de fin de semana (casas-quintas), de clubes recreativos, luego de hábitat permanente con distintas formas de barrios cerrados o abiertos (Barros, 2005).

 

Nuestra cuestión es cómo la actividad hortícola transforma su relación a las ciudades cercanas, cuando compite con otros usos del suelo que requieren grandes extensiones (forma difusa de ciudad), y cuando su localizacion en cercanía de la ciudad para su abastecimiento está menos precisa.

 

Existe una literatura abundante tanto a nivel científico como a nivel de los programas de desarrollo sobre la articulación entre agricultura periurbana[1] y desarrollo urbano. Una lectura rápida permite identificar un cambio fundamental entre los primeros trabajos de los años 1.960, los cuales se interesan por medir la desaparición de la actividad agropecuaria cerca de las ciudades, y trabajos más recientes que se ocupan de entender cómo el desarrollo urbano y los espacios agropecuarios pueden convivir (Duvernoy, 2005). No obstante, una cuestión rara vez aclarada en toda esta literatura es lo que diferencia una producción agropecuaria urbana y periurbana de una producción agropecuaria rural, más allá de criterios de localización, que por sí no están tan fácil de definir. Algunos autores (Fleury et al., 2004) proponen de definir la agricultura urbana y periurbana como la actividad agropecuaria que responde a una demanda urbana y esta incluida en el proyecto urbano.

 

Ahora bien, la contribución de esta actividad a la “ciudad” puede ser variable, y la demanda urbana muchas veces no está tampoco formulada de manera unívoca. Según las concepciones de lo que es “la ciudad”, se pueden identificar en la literatura varios tipos de contribución posible: seguridad alimenticia, protección del medio ambiente (reciclaje de los desechos, control de los flujos de agua, microclima urbano), producción de paisajes urbanos.

 

Tipo de demanda a la agricultura periurbana

Ciudad

Espacio libre para la construcción

Desarrollo urbano /inversión

Lucha contra desnutrición, pobreza, desempleo

Como concentración de población vulnerable

Estructuración urbana

Espacio planificado y ordenado

Espacios verdes, de recreación, patrimonio, paisaje

Lugar de vida de habitantes, a distintas escalas

Regulación de flujos

Sistema ecológico

 

                       

En todos los casos, la justificación social de una actividad agropecuaria urbana y periurbana no es la producción en sí, sino uno o varios bienes públicos o colectivos asociados, que pueden ser un paisaje, un patrimonio, una calidad ambiental, la seguridad alimenticia de una parte de la población, la inclusión social.

 

Ahora bien, esta demanda de bienes públicos es el resultado de construcciones sociales generalmente locales, aunque pueden apoyarse sobre políticas públicas y herramientas de mayor escala.

 

Desde esta perspectiva, la premisa que guía nuestra investigación es la complejización de las formas de articulación entre espacio rural y urbano, más marcada en espacios perirubanos. Inscribimos está cuestión en geografía social (Valentine, 2001; Di Meo, 1991, 1998; Duvernoy y Lorda, 2006). Por esto, indagamos en las formas en que las actividades agropecuarias están reconocidas, calificadas y apoyadas en el desarrollo urbano, focalizando en las articulaciones entre instituciones de las distintas áreas de desarrollo urbano y las instituciones de desarrollo agrícola. Siguiendo a Manzanal et al. (2005: 11-12) identificamos varios grados posibles de articulación:

-          su falta que resultaría en una mera superposición en el espacio del accionar del desarrollo urbano y del desarrollo agro-pecuario,

-          “interacciones” que no se concretan en cooperaciones ni en trabajo en común,

-           articulaciones que “implica[n] una decisión autónoma entre organizaciones para encarar una relación de cooperación entre ellas. […]  La decisión de compartir objetivos decididos a partir de acuerdos alcanzados con independencia y autonomía de criterio, para encarar un trabajo en común y solidario”. Dentro de las articulaciones, estos autores diferencian

o        las que procuran “acciones específicas, particulares y concretas” y

o        las que logran “un plan de acción conjunto” que supone “una similar visión del desarrollo”.

 

3. Objetivos y método

 

Esta comunicación se apoya sobre el estudio de caso de la localidad de General Daniel Cerri, que es una cuenca de producción hortícola de la ciudad de Bahía Blanca, localizada al suroeste de la Provincia de Buenos Aires. Desde 1.998, la autora principal viene desarrollando una investigación/acción en esta localidad sobre el apoyo al desarrollo de la horticultura (Lorda, 2005). En esta ponencia, queremos particularmente exponer y analizar el tipo de involucramiento de esta actividad en la constitución de la localidad, e interpretar sobre qué tipos de articulaciones institucionales se apoya.

 

Por esto nos apoyamos sobre un corpus de entrevistas semi-directivas a responsables de instituciones y de observaciones participantes en el desarrollo de dos talleres participativos con productores y con comerciantes y empresarios del sector; y en reuniones del Programa de Apoyo Mecanizado que se desarrolla desde finales del año 2001 y está vigente en la actualidad.

 

Entrevistamos a responsables de diferentes instituciones del desarrollo municipal, en particular a los sucesivos delegados municipales de la localidad de Cerri (entrevistas en 2000, 2003, y 2005), al presidente de la Sociedad de Fomento (2005), al responsable del área de producción de la Dirección de Producción y Desarrollo de la Municipalidad, y a seis agentes de desarrollo vinculados a la horticultura en Cerri trabajando desde distintas instituciones (Municipalidad, INTA) y para distintos programas de desarrollo productivo (Programa de Promoción y Desarrollo del Cinturón Hortícola, Cambio Rural, PSA, ProInder) (entrevistas conducidas de 2000 al 2006).

4. La horticultura en Bahía Blanca

 

4.1. La producción hortícola en la ciudad

 

En la ciudad de Bahía Blanca, la actividad hortícola se inicia con la llegada de los primeros inmigrantes italianos quienes utilizan dos recursos hídricos naturales: el arroyo Napostá Grande y el río Sauce Chico. En la localidad de General Daniel Cerri se encuentra emplazada en la cuenca hortícola de mayor superficie del Gran Bahía Blanca (núcleos hortícolas denominados Sauce Chico, Colonia La Merced, Alférez de San Martín; Villarino Viejo y el sector de quintas de General Daniel Cerri) (Fig. 1 y 2).

 

Figura 1: Ubicación de Bahía Blanca y Gral. Daniel Cerri en el suroeste

de la Provincia de Buenos Aires. Argentina

 

 

 

Fuente: Lorda, M. A. y Bróndolo, M.; 2000

 

 

Figura 2: Localización del espacio periurbano de Bahía Blanca y de los principales espacios hortícola (Cerri, Villa Floresta, Villa Belgrano y Aldea Romana)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: M.A. Lorda, 2005

 

 

La práctica hortícola atraviesa diferentes estadios (Lorda, 2005), en su evolución entre los que pueden distinguirse un primer momento (1.900 hasta 1.960), en el cual a ritmo lento comienza la incorporación de tierras para el desarrollo de la actividad donde se destaca la participación de inmigrantes italianos y españoles.

 

En un segundo momento (1.960-1989), coincide con el mejoramiento de las comunicaciones y el auge del cultivo de la cebolla, se produce otro aporte inmigratorio, en este caso de nacionalidad boliviana, y provenientes del noroeste argentino. Por lo tanto se producen cambios sociales: en primera instancia se ocuparon como trabajadores temporarios, con el paso del tiempo la trayectoria ocupacional para muchos de ellos fue pasando por diferentes estadios, como medieros y propietarios de quintas.

 

En una tercera etapa (desde 1.990 a la actualidad), los cambios originados a partir del modelo económico neoliberal producen una especie de quiebre del sistema de producción anterior, a partir del cual los productores hortícolas asisten a un desmoronamiento de ciertos pilares que les permitieran sostener la actividad hortícola a nivel local (por ejemplo los mercados tradicionales). La expansión de la ciudad se produjo sobre algunos de los núcleos hortícola tradicionales, algunos de los cuales vieron la casi desaparición de sus quintas, junta con la de otras actividades de cría (aves), limitadas por la ordenanza municipal.

 

Desde ese momento hasta la actualidad, la horticultura atraviesa una serie de problemas, los cuales se manifiestan a través de una recesión creciente; escaso nivel de inserción en el mercado local, regional y en el exterior; la debilidad de los diferentes actores de la cadena económica; el fuerte individualismo que genera dificultades en el acceso a la información y un aislamiento muy marcado; la falta de asociativismo; la ausencia de una planificación de sus producciones. Estos inconvenientes conllevan, en numerosos casos, a un abandono paulatino de la actividad, a la degradación de los recursos y a una disminución de la calidad de vida de los productores. En conjunto, estas circunstancias acentúan una condición de aislamiento, no favorecen la búsqueda de soluciones tentativas en procura de alcanzar la competitividad, optimizar los tiempos, así como también el uso de los recursos. Este contexto es determinante en el marco de la globalización de la economía porque la competitividad mundial marca un uso eficiente de los recursos disponibles, dentro de los cuales posee gran importancia la utilización de las escalas óptimas de producción, la aplicación de ciertos insumos, entre otros.

 

Desde 1995, el Programa de Promoción y Desarrollo del Cinturón Hortícola, que surge de un convenio entre la Municipalidad de Bahía Blanca y el Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur, trata de revertir esta situación, brindando asesoramiento gratuito a los productores.

 

Está integrado por la Cooperativa de Horticultores de Bahía Blanca, la Cooperativa Eléctrica y Sociedad de Fomento de Colonia La Merced,  Sociedad de Fomento de Aldea Romana, la Municipalidad de Bahía Blanca, la Universidad Nacional del Sur (Departamento de Agronomía), el INTA, CIC (Comisión de investigaciones científicas de Buenos Aires) y CERZOS, un instituto de investigación del Conicet.

 

Entre los objetivos del Programa ocupa especial atención el producir una horticultura sustentable a partir de nuevas técnicas y una serie de manejos distintos a la horticultura tradicional, así como lograr  entre los productores formas asociativas, a través de la participación de los mismos en propuestas concretas.

 

También existe un plan que desarrolla una cadena de supermercados local- Cooperativa Obrera- que cuenta en la actualidad con alrededor de 55 sucursales en toda la región. Esta empresa procura posicionarse, ante la llegada de otros hipermercados a Bahía Blanca, a través de la elaboración de productos con marca propia, e inicia un plan especial denominado BIA (Bajo Impacto Ambiental).

 

Este plan, que funciona desde el año 1.999, aproximadamente, consiste en que sus productores-proveedores deben producir verduras y frutas con el menor grado de toxicidad posible para el consumidor y el ambiente, agrupando los artículos e identificándos en góndolas especiales con un rótulo “BIA” que los distingue.

 

El objetivo del mismo es fortificar y estimular la producción hortícola simultáneamente protegiendo los recursos naturales (suelo, agua), y a los consumidores, mediante la calidad fitosanitaria de los productos. Cada productor comprendido en este plan está obligado a aplicar una lista de productos fitosanitarios determinados, e incluidos en una lista aceptada por el Ministerio de Agricultura de la Provincia de Buenos Aires. Además debe registrar de manera escrita las prácticas relacionadas con el tratamiento de los cultivos, las aplicaciones de los químicos y las dosis aplicadas. Reciben para ello, un asesoramiento técnico constante, y de manera sorpresiva, les realizan controles mediante extracción de muestras de suelo y agua, para verificar la metodología pactada.

 

Es importante destacar que entre los productores “BIA”, uno sólo sobre alrededor de 25 productores pertenecen al área objeto de estudio. Los otros se reparten entre el partido de Villarino, el de Bahía Blanca, Tres Arroyos y otros partidos vecinos.

4.2. Planificación territorial en el periurbano bahiense

 

La Planificación del territorio bahiense consideró un amplio territorio, especialmente comparado con el crecimiento real de la población en las dos últimas décadas, englobando áreas productivas -quintas, establecimientos avícolas, tambos-  sin que estén diferenciadas en distintos códigos de uso del suelo, algunas estando incluidas en las áreas clasificadas como urbanas, otras ingresando la parte rural del partido.

 

Los instrumentos de planificación que rigen en la actualidad datan de la década de 1.980: Reformulación del Plan de Desarrollo de Bahía Blanca en 1986 y Código de Planeamiento Urbano en 1.989. Con posterioridad, en el período 1999-2001, se inicia un proceso de planificación estratégica que retoma globalmente los límites de la ordenación del territorio precedente (Municipalidad de Bahía Blanca, 2000). Sin embargo consideró muy poco a las actividades de producción hortícola y agropecuaria, hasta tal punto que los agentes de desarrollo de los distintos grupos de apoyo a la horticultura municipal (con fines comerciales o de autoconsumo), no encontraron cabida en las discusiones participativas del mismo. Tampoco identificó en sí el periurbano bahiense, aunque incluyó en el límite de la ciudad, la localidad de General Cerri, sobre la cual porta más precisamente nuestra comunicación.

 

4.3. Horticultura y construcción territorial en la localidad de Cerri

 

General Daniel Cerri, pertenece al periurbano de borde de la ciudad de Bahía Blanca (Lorda, 2005) (Fig.1). En la actualidad posee un sector urbano, un sector de quintas, rodeada con distintas áreas productivas, dentro de las cuales está la principal área hortícola del partido de Bahía Blanca, ubicada sobre el río Sauce Chico, que constituye el límite con el Partido de Villarino al oeste-noroeste de Cerri.

 

Es importante destacar que Cerri se desarrolló con las industrias agropecuarias, ligadas al campo con el desarrollo de su puerto, aunque la actividad hortícola se desarrolló en el mismo momento. El crecimiento de la población respondió, principalmente, a la necesidad de mano de obra de dos industrias particulares: la industria frigorífica la cual llegó a emplear alrededor de 1.600 trabajadores, y la industria lanera, con 400 trabajadores aproximadamente. De este modo “los incrementos de población fueron a la par del desarrollo industrial; así entre 1970 y 1980 el crecimiento fue casi explosivo: un 34%, cayendo en la década 1960-1970.” [2](Marenco, S. 1994: 23-24).

 

Los lazos entre el desarrollo de la localidad y estas industrias eran no obstante mucho más profundos y formaban parte de su identidad y de su organización territorial.

4.4. Los actores de la acción pública en G.Cerri

 

La acción pública local en G.Cerri recae en varias instituciones, algunas del ámbito publico como la delegación municipal, representante de la Municipalidad de Bahía Blanca, otras del ámbito de la sociedad civil (sindicatos, club deportivo, sociedad de fomento…). Nos dimos cuenta en las entrevistas realizadas que varias instituciones que participaron en la acción pública, en particular en lo que se trata del desarrollo social, fueron ligadas a la industria. La sala médica, aunque dirigida a todo el pueblo, fue al principio una realización del sindicato de la carne.

 

Fue de manera mucho más reciente, una vez cerrado el frigorífico, que se involucró la administración pública municipal y provincial para mejorar la atención médica, a partir del accionar de la Sociedad de Fomento. A un nivel más social, el club deportivo Sansinena (fundado en 1914), que lleva el nombre inicial del frigorífico (que luego se llamó CAP Cuatreros) se involucra en proponer actividades a todos los chicos de Cerri, y no solamente a los que son socios. Gran parte del desarrollo de las infraestructuras (agua, gas, pavimentación…) fueron conseguidas merced al accionar de la Sociedad de Fomento (creada en los años 30), que se involucra también en actividades culturales, de educación (en particular existe hoy un proyecto de .

 

La acción pública en Cerri, a lo largo del tiempo, no fue entonces solamente el producto de la acción del Estado, sino más bien el producto de la acción conjunta, y a veces sucesiva de instituciones de la sociedad civil y de distintas entidades de los distintos rangos del Estado. Esta participación de entidades de la sociedad civil, sin embargo, no significa en sí que se trate de una acción que se desarrolle fuera del sistema político. Al contrario, según nos lo aclaró uno de los entrevistados, lazos partidarios personales con distintos políticos de nivel provincial permitieron muchos de estos logros. No se pueden interpretar entonces como la construcción de una gobernanza estrictamente local, los acuerdos, y los sistemas de actores involucrados dependiendo del tipo de obra a realizar, e implicando o evitando a veces los niveles más locales de gobierno.

 

Respecto a la división administrativa, en Cerri se crea la Delegación Municipal en el año 1899, a pedido de los vecinos, con la finalidad de acceder a un contacto directo con la gobernación comunal, así como administrar el recurso hídrico para riego en la extensa área de quintas (Marenco, 1994). Junto con la Delegación Municipal de Ingeniero White, constituyen los primeros organismos que expresan la descentralización municipal en Bahía Blanca, cuyas funciones siguieron fuertemente ligadas a las actividades de servicio hasta los años 1.990.

 

En el caso específico de Cerri la Delegación incorpora un sector amplio, aproximadamente 500 km 2 de jurisdicción, la cual comprende tres espacios bien diferenciados: zona urbana, una zona periurbana y otra zona rural, esta última con actividades hortícola y agrícola-ganadera. Hasta los años 1990, la Delegación Municipal no tenía una partida presupuestaria particular  sino que ésta era asignada por la Secretaría de Gobierno. A partir de la ordenanza municipal de descentralización de los años noventa, se sucedieron diversas reestructuraciones en la gestión municipal, que contemplaron en algún momento implementar presupuestos participativos en las distintas delegaciones, proyecto que fue luego abandonado. Non obstante, hoy, las delegaciones municipales tienen un presupuesto específico[3].

 

En 1991, el nuevo Delegado Municipal de Cerri, designado en forma directa por el intendente, comienza a llevar a la práctica un nuevo modelo de gestión. La Delegación Municipal incorporó a los espacios rurales y sus problemáticas ambientales (económicas, sociales, territoriales, etc.) que en un modelo de gestión anterior recaían en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires. Esto implicó un proceso de aprendizaje intensivo por parte de los funcionarios, los cuales “sobre la marcha” tuvieron que incorporar saberes y responder con acciones en ritmos muy acelerados porque coincidieron con cambios muy profundos en la localidad: con el cierre de las industrias locales, la población, de alrededor de 5.000 habitantes, quedó sin sus principales fuentes laborales. La localidad aparecía a la deriva, “estancada” a la luz de nuevas perspectivas laborales, en una situación nacional de recesión profunda. La Delegación Municipal de Cerri, entonces, planteó una serie de interrogantes frente a una nueva situación coyuntural: ¿cuál es el rol del municipio ante esta situación particularmente difícil?; ¿se dará continuidad a la “administración de servicios” (función tradicional) o se procura la inserción en la problemática real de la comunidad?

 

5. El apoyo a la horticultura en Cerri: ¿hacía una nueva perspectiva de desarrollo territorial?

 

El Programa de Promoción y Desarrollo del Cinturón Hortícola comenzó a funcionar en 1995 con la finalidad de sostener a los pequeños productores. En Cerri, contó con una oficina propia en la Delegación Municipal hasta el año 2.003. Dos Agrónomos ofrecían una capacitación continua de los productores por medio de diferentes temas de interés, e integraban el equipo alrededor de cinco Ingenieros Agrónomos recientemente recibidos a modo de iniciar un equipo de formación en estas experiencias nuevas en el terreno. Complementa esta situación la existencia de un tercer técnico quien se halló a cargo de una parcela experimental, desarrollando nuevos cultivos con  técnicas alternativas.

 

Al mismo tiempo, y de manera en general articulada, se desarrollaron varios otros proyectos de apoyo a la horticultura, a partir de instituciones de desarrollo agrícola como puede ser el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y los programas nacionales que maneja, como Cambio Rural (Figura 3).

 

Un ejemplo claro de tal articulación es el programa de apoyo mecanizado (PAM), que empezó en el ámbito de grupos de horticultores pertenecientes al programa "Proyecto de Desarrollo de Pequeños Productores Agropecuarios" (PROINDER SAGPyF-BIRF), que les permitió comprar maquinaria que no sea autopropulsada (arado, rastra etc.), mientras la Municipalidad se encargó de ceder en préstamo un tractor.

 

Esta complementariedad entre entidades territoriales y de apoyo técnico a los productores va más allá de la cuestión financiera: la presencia de la Municipalidad ofreciendo una garantía de continuidad a acciones de desarrollo en un momento donde los recursos de los programas y hasta la continuidad de los empleos de sus agentes (contratos de corta duración) no estaban garantizados. Como nos lo aclaró la otrora agente de desarrollo del Proinder (entrevista en 2000) “Se puede hacer porque está la municipalidad, el día que el Proinder no tenga más plata, esta maquinaria la va a seguir el municipio; si fuese el Proinder solo, que está haciendo las cosas, es más, más… digamos, tiene poca vida, poca duración. La Universidad también participa. […] Este proyecto de la maquinaria la Municipalidad ya lo tenía pensado, pero no tenía plata para todo”.

 

 

Figura 3: Proyectos implementados en el área del Sauce Chico con apoyo del

Programa de Promoción y Desarrollo del Cinturón Hortícola

 

Experiencias

Objetivo

Actores

Cambio Rural

(1996)

Exportar melones tipo Amarello

10 Productores y 1 Asesor

 

Consorcio de Regantes (1999-2002, según escasez de agua)

 

Racionalizar el uso del agua a través de turnos de riego

Productores cuenca baja del Sauce Chico

 

 

Programa de Apoyo Mecanizado (2001 y continua)

Agrupar pequeños productores,

Uso compartido de maquinarias

Compra conjunta de insumos

19 productores, seleccionados por el PSA/ PROINDER

Cambio Rural

(2004 y continua)

Agrupar a pequeños productores. Procurar una inserción mayor en la cadenaproductiva

8 productores cuenca baja del Sauce Chico

 

 

Fuente: M.A. Lorda, 2005

 

 

Vemos a través de estos distintos programas una clara articulación entre instituciones alrededor de una acción llevada en común. Si cada una de estas acciones puede parecer más bien puntual, de objetivo limitado, se dibuja también una visión compartida de un desarrollo posible de la localidad alrededor de la producción hortícola, lo que supone un cambio en termino de identidad por una localidad que fue hasta poco profundamente ligada a las industrias ligadas a la ganadería (lanera, frigorífico). Si se pueden identificar a partir del cambio de gobierno municipal del 2003[4] indicios de un retroceso en esta articulación (a modo de ejemplo, un sólo ingeniero agrónomo se quedó a cargo del Programa de Promoción y Desarrollo del Cinturón Hortícola para toda la ciudad, la oficina del programa en la Delegación Municipal no se conservó), los proyectos de desarrollo para la localidad persisten en el mismo rumbo. A manera de ejemplo, es importante destacar que desde el año 2.001 hasta la actualidad se gestiona la creación de un “Parque Agroalimentario Industrial”, que implicaría la producción hortícola local en el sitio que antiguamente ocupara la lanera, y la creación de un Centro de Educación Agraria.

 

 

Bibliografia

BARROS, Claudia. (2005); Las caras de la neorruralidad Administración Agraria. (SIAV) 09 de septiembre de 2005 |

DUVERNOY, Isabelle y LORDA, María Amalia (2006); “Las articulaciones entre el espacio urbano y espacio rural en la ciudad dispersa: emergencia de nuevos actores y desafíos para la acción pública. Estudios de casos en Bahía Blanca (Argentina) y Toulouse (Francia). En IX Seminario Internacional de la Red Iberoamericana de Investigadores sobre Globalización y Territorio (Rii), Departamento de Economía y Departamento de Geografía y Turismo de la Universidad Nacional del Sur. Pp. 101. ISBN: 987-1171-41-2.

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DI MEO, Guy (1991); L’Homme, la Société, l’Espace, Paris, Anthropos.

DI MEO, Guy (1998); Géographie sociale et territoires, Paris, Nathan.

DUVERNOY I., JARRIGE F., MOUSTIER P., SERRANO J., 2005 –“Une agriculture multifonctionnelle dans le projet urbain: quelle reconnaissance, quelle gouvernance?”. Les Cahiers de la multifonctionnalité, n° 8,  Multifonctionnalité de l'agriculture périurbaine - Vers une agriculture du projet urbain, André Fleury coord., 87-104. 

GIARRACCA Norma (Coord.) (2003); Territorios y lugares. Entre las fincas y la ciudad. Lules en Tucumán, Buenos Aires, La Colmena, col. Estudios.

GIDDENS, Anthony (1998); La constitución de la sociedad. Bases para la teoría de la estructuración, Avellaneda, Amorrortu editores.

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[1] . Retomamos la expresión “agricultura periurbana” consagrada en la literatura, pero aclaramos que engloba el conjunto de actividades productivas que sean agrícolas, hortícola, de cría de animales.

[2] En la cita textual, resaltamos en negrita un aspecto llamativo.

[3] Cabe destacar que, si bien en el partido de Bahía Blanca no se cobran impuestos a la tierra ni tampoco el correspondiente a la tasa vial como en otros municipios, el gobierno municipal llega a todo el espacio igualmente con servicios, porque entienden que de este modo es una forma de potenciar el área de producción.

[4] Después de 12 años de gestión radical, en 2003 el partido justicialista (peronismo) ganó las elecciones municipales, y los delegados municipales fueron cambiados, porque son cargos políticos, por lo tanto son designados directamente por el Intendente.


 Ponencia presentada en el Simposio El Espacio Rur-Urbano. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Jueves 28 de setiembre de 2006.