Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 1985 al 2004 
AsuntoAutor
486/06 - IX ENCONT Encuentr
485/06 - NOVENO EN Encuentr
484/06 - VIAJE A C Encuentr
483/06 - Pesar: Te Encuentr
487/06 - AMPELIO L Encuentr
488/06 - Crisis y Encuentr
Fw: 481/06 - AMPEL Encuentr
Fw: Fw: sobre el S Encuentr
Fw: Encuentr
Mis condolencias p maria el
Fw: Fw: Encuentr
490/06 - Articulac Encuentr
489/06 - Gonzalo Encuentr
491/06 - Conflicto Encuentr
492/06 - La situac Encuentr
493/06 - El paisaj Encuentr
Enviar condolencia Elina So
494/06 - ¿Cuánto t Encuentr
MIS CONDOLENCIAS andres p
495/06 - ARBOLADO Encuentr
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 2040     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 488/06 - Crisis y movilidad espacial de la población: El Delta en la década de los noventa ¿un caso “de migraciones urbano-rurales”?
Fecha:Miercoles, 13 de Diciembre, 2006  18:37:26 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

 
 Crisis y movilidad espacial de la población: El Delta en la década de los noventa ¿un caso “de migraciones urbano-rurales”?

 

 

Iván Miguel Thisted

 

 

Indice

 

Indice

 

Introducción: de la observación de un docente a la indagación

 

Algunas definiciones del recorte espacial y temporal

 

El contexto socioeconómico antes de la década 90’

 

La movilidad espacial de la población en el Delta hasta la década del 90’

 

El contexto socioeconómico en la década del 90’

 

La movilidad espacial de la población en el Delta desde mediados de la década del 90’

 

Conclusiones: el final de un proceso…¿y ahora?

 

Bibliografía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Resumen

El Delta vivió un proceso de despoblamiento desde mediados de la década del cuarenta hasta mediados de la década del 90. El mismo se debió a factores de expulsión vinculados a la dinámica local, como la crisis de la fruta, el mimbre, las dificultades para la renovación de cultivos, la crisis de los pequeños productores y las inundaciones de implantación lenta del 49, 69 y 83 ante todo. La posibilidad de hallar un empleo industrial en el “continente” actuó como impulsor de esta migración, más allá de que realmente se lograse o no. Pero la fuerte desindustrialización que se agudiza a mediados de la década del 90’ se proyecta sobre estos “ex isleños” en forma de desempleo de larga duración. Ante esta situación de encrucijada aparece en algunos casos la decisión de retornar al Delta, aprovechando las posibilidades múltiples que en él se encuentran. Esto genera un proceso de migraciones urbano rurales que alcanza una dimensión observable tanto en estudios cualitativos como cuantitativos.

 

 

 

 

 

Introducción: de la observación de un docente a la indagación

 

            En el siguiente trabajo me propongo avanzar sobre el análisis y la explicación de un proceso de movilidad espacial de la población planteado en una zona del Delta bonaerense en la década del noventa. Diversos emergentes que se planteaban por aquellos años en mi tarea cotidiana como docente de una escuela de la zona llevaron a plantear este análisis sobre la movilidad espacial de la población.

            Por un lado en innumerables conversaciones con pobladores de la zona surge la mención directa a los ejes que estructuran este trabajo: empleo, migraciones recientes y crisis. La persistencia de estos temas genera el deseo de sistematizar las conversaciones, que devienen en entrevistas.  Así H.T. (H.T. es padre de varias alumnas de Polimodal y EGB,   éste diálogo lo mantenemos durante la realización de la fiesta del Día del Isleño, en noviembre del año 1999. H.T., que tendrá alrededor de cincuenta años, es un interlocutor conocido, ya que sus cuatro hijas estudian en el Polimodal y nos conocemos desde hace tres años, hablamos siempre en las fiestas y reuniones de la escuela sobre la vida en la “isla” y “el continente”:                     “La quinta era de mis padres, ellos la compraron hace muchos años, la tenían ya en los años de oro del Delta, cuando el formio y la fruta daban sus buenos mangos. Yo llegue a ver más movimiento, pero después de la inundación del 69’ cambió todo.”

            “...pero cuando subió la marea en el 83’, primero nos quedamos, pero como no bajaba nos fuimos al continente, a lo de unos parientes”.....

“...para cuando bajó el agua me habían dado trabajo en una fábrica de clavos en Carupá, porque estuvimos mucho tiempo, además cuando bajó, la fruta estaba muerta y el barro no dejaba trabajar la tierra.”

“Entonces nos quedamos, en el continente...”

“…ahora estamos acá, en la casa de siempre, viendo que pasa…”

Este relato planteaba una inquietud, así como una aparente contradicción, si bien H.T. había migrado hacia “el continente”[1][1] en 1999 vive en el Delta nuevamente. La reiteración de relatos de otros habitantes del Delta en éste sentido me lleva al planteo de una indagación: ¿Existe un proceso de migración urbano-rural? Si existiese ¿Cuáles son las razones que lo motorizan?

Como primera hipótesis explicativa planteo que a mediados de la década del noventa las situaciones de desempleo prolongado han generado movimientos de población en sentido urbano-rural, que tienen como destino un área del Delta bonaerense y como  protagonistas principales, pero no excluyentes,  a familias o personas individuales “nacidos y criados” en el Delta.

Para dar cuenta de esta hipótesis el trabajo está dividido en diferentes partes. En primer lugar se hacen algunas breves observaciones metodológicas, en segundo lugar se realiza una breve presentación sobre el contexto socio histórico en escala nacional hasta la década del 90. A este le sigue el mismo análisis del contexto socio económico local del Delta  y los procesos de movilidad espacial de población hasta la década del 90. El contexto socio económico de la década del 90 y sus particularidades en la escala local estructuran una cuarta parte que antecede la última, que presenta las particularidades de las migraciones urbano-rurales en década del 90. Por último se presentarán conclusiones y preguntas que surgen a la luz de nuevas dinámicas sociales locales vinculadas a nuevas realidades nacionales.

Con ésta estructura pretendo contextualizar y analizar las mediaciones que resignifican en una escala local las constricciones surgidas en una escala nacional y como influyen en la movilidad espacial de la  población.

 

 

Algunas definiciones del recorte espacial y temporal

 

            La principal fuente de información de este trabajo se encuentra en las entrevistas realizadas desde el año 1999 hasta el año 2002. Las que brindan los testimonios se han realizado en una yuxtaposición de encuentros casuales y encuentros planificados, siempre en el Delta. El contacto con los futuros informantes se origina en las escuelas donde me desempeño como docente al momento de la indagación. Un momento privilegiado de las mismas son los festejos escolares, no solo por el encuentro sino por la posibilidad de establecer la existencia de cambios y permanencias que abren la charla y facilitan la indagación. Otras fuentes que se utilizaron son los censos agropecuarios y de población. Estas fuentes por el periodo que se estudia presentan algunas limitaciones, por lo que se recurrió a otras fuentes cuantitativas alternativas, como los registros de matrícula escolar[2][2].

La realización de esta tarea de indagación requirió la elaboración de recortes temporales y espaciales. El recorte temporal se elaboró considerando el emergente de fechas que se presentaba en las entrevistas: casi todos los entrevistados hablaban de mediados de la década del noventa como un periodo común para la llegada o retorno a la “isla”. Tomando como base esto consideré pertinente establecer un recorte a mediados de la década del noventa para la escala local, como inicio del proceso de movilidad espacial de población en sentido urbano rural. Pero como en la hipótesis se sostiene que éste proceso se vincula a una situación de crisis de empleo  relacionada con los condicionamientos generales de la política económica nacional y sus consecuencias socioeconómicas, considero necesario que en una escala nacional el motor del proceso es consecutivo de la implementación y profundización de las políticas neoliberales y sus consecuencias (este planteo se profundiza posteriormente). Entonces en los planteos referidos a escala nacional toma un recorte temporal que abarca  desde los comienzos de la década de los noventa.

 

            Ahora bien, el Delta no es un todo homogéneo, sino por el contrario, en el proceso de su estructuración espacial se han ido diferenciando estructuras de producción bien diferenciadas. Por un lado se articula un Delta vinculado al turismo recreativo, de fin de semana, donde se suceden viviendas de uso recreativo y locales vinculados  a la prestación de servicios relacionados con el mismo. En esté Delta los desplazamientos cotidianos de la población que incluyen “el continente” son habituales. Esta organización se destaca en el Delta que según la división política se encuentra en el partido de Tigre, más próximo a los núcleos urbanos. También se lo conoce como primera sección.

El otro Delta que se puede identificar es aquel donde la producción agropecuaria es la actividad económica que articula el espacio y los usos del suelo en torno a su dinámica. “Este” Delta se puede imaginar como una sucesión de tierras en desuso, gran cantidad de pequeñas producciones y algunas pocas producciones capitalizadas. Para delimitar nuestra zona de interés estas características “más rurales” parecían ser importantes.

Pero surgían otros criterios para delimitar la zona de trabajo, el más destacado quizás es el que surgía en las entrevistas a los pobladores y donde se podía analizar una percepción habitual de la división en dos Deltas. Así M.C. mujer de unos cuarenta años, que siempre vivió en el Delta nos contaba en su casa, a más de dos horas de lancha de la estación fluvial de Tigre[3][3]:

            “Del Paraná para allá (en sentido a los más cercanos a los núcleos urbanos) hace años que no hay nada de producción, son todas casas de turistas. Pero yo era chiquita y eso era así, ahora más pero siempre…acá es otra cosa…es el Delta”

Por último existen dos criterios más que guían el recorte, el primero vinculado a la disponibilidad de información cuantitativa desagregada como “partido de San Fernando Zona Delta”. Esto tiene mucho peso en el recorte porque limitaba la disponibilidad de información cuantitativa, en especial la proveniente de los censos económicos y de población.

El último criterio se enraíza en que las prácticas de enseñanza que dan inicio a los contactos para hacer las entrevistas  siempre suceden dentro de las escuelas del partido de San Fernando. Esto también limitaba la disponibilidad de información cualitativa.

Con la construcción de estos criterios, entonces, quedaba definida como área de trabajo el Delta de San Fernando, conocida también como la segunda y tercera sección del Delta Bonaerense.

 

 

El contexto socioeconómico antes de la década 90’

           

            En la década del setenta el Estado argentino comienza un período de transformaciones en el papel que desempeña en la economía nacional. El Estado se debilita en forma sistemática (sobre todo a partir de 1976), con la desmantelación progresiva de las empresas públicas. Desde mediados de la década del ‘70 apunta a generar una serie de políticas económicas cuyas directivas de largo plazo modificaron el modo de funcionamiento de la economía nacional, disrumpiendo con la industrialización creciente que caracteriza al período anterior (desde fines de la década del 30’ hasta aproximadamente fines de los años ’60). Esta industrialización se encuentra acompañada por un rápido proceso de urbanización del país que encuentra su  motor en las migraciones internas en sentido rural-urbano vinculadas a diferentes causas (existe amplia bibliografía sorbe este tema).

Las repercusiones de éstas políticas instaladas en los 70’ se hicieron sentir ostensiblemente en el sector industrial. Este sector que se había constituido en el motor del desarrollo económico y del empleo durante aproximadamente veinte años, comenzará una nueva trayectoria. A partir de mediados de la  década del ‘70 y durante el ’80, el quiebre de la industria sustitutiva de importaciones dará lugar a que el sector industrial argentino inicie un proceso de profundas transformaciones que se expresan en una reducción de la actividad industrial, que se agudizará con el tiempo. Es en este período que puede afirmarse que se inicia un proceso de desindustrialización, o como dicen Kosakoff y Aspiazu (1989) “El sector industrial sufrió una profunda crisis que significó una caída de más del 20% de su producto en el período 1975-82, y una significativa disminución de su participación en el Producto Bruto Interno”. A pesar de esta retracción del sector industrial, este seguirá siendo importante como demandante de empleo. Según el Censo Nacional Económico (1985) el promedio de personal remunerado en el conjunto de las ramas del sector industrial en el total del país era en 1973 de 1.133.788, y en 1984 de 1.175.601.

 

La movilidad espacial de la población en el Delta hasta la década del 90

            Si bien se inicia este proceso de desindustrialización, situaciones particulares del Delta Bonaerense generan una contradicción entre este proceso de desindustrialización y la migración rural-urbana producto de la existencia posible de un trabajo industrial.

            Para dar cuenta de esta contradicción es necesario destacar una serie de problemáticas que se acentúan en el Delta a partir de principios de la década del ‘70: la caída de los precios agrícolas (entre ellos los de la fruta), en relación a la aparición de otros centros productores (Tucumán), la situación de crisis de las pequeñas unidades agrarias, la pérdida de plantaciones por inundaciones excepcionales[4][4] y a partir de esto la disminución del empleo temporario (aquel que se realiza durante breves períodos como una o dos semanas, con el cultivo de las frutas o el varéo del mimbre “...siempre que se podía se sumaban unos pesos para la olla trabajando en alguna quinta, por unos días, o un par de semanas...”C.G. ).

            A pesar de la existencia de un proceso de desindustrialización el proceso de movilidad rural-urbana, que se expresa en las migraciones de origen rural (Delta) con destino urbano (mayoritariamente en el partido de San Fernando), se explica por la coexistencia de los cambios antes mencionados que tornan problemática la permanencia de la población de menores recursos en el Delta y hacen visible el empleo industrial como salida a las dificultades que se viven.

Pese a que los pobladores nombran a las inundaciones extraordinarias de 1969 y 1983 como el factor único que los lleva a migrar, es necesario plantear que por si mismo es limitado y por lo tanto existen otros procesos que subyacen a esta lógica, “ ...en el año 83’ con la inundación nos fuimos al continente, el agua estuvo alta mucho tiempo y como la marea no bajaba....y los chicos que eran recién nacidos, no nos podíamos quedar....”H.T. Consideramos que es explicativo de los procesos migratorios rurales-urbanos, pero no explica por si sólo el proceso de migraciones. Más aún considerando que la inundación del año 1949 con su carácter de extraordinaria no generó dichos procesos, aún en época de pleno proceso de Industrialización por Sustitución de Importaciones. Es centralmente la pérdida de posibilidades de la pequeña unidad de producción la que impulsa fuertemente en las migraciones, que ante cada inundación recibe un empujón hacia la ciudad, pero no son las inundaciones factores explicativos por si mismos [5][5]. Esta crisis se expresa en la desaparición de gran cantidad de pequeñas explotaciones. 

Es central en estos procesos  la posibilidad de acceder a un empleo industrial “seguro” puesto que en los diferentes relatos surge la idea de una postergación del deseo de retornar a la “vida del Islero”, donde el retorno no representa la misma seguridad económica que el empleo industrial, ya que las plantaciones han de ser reconstruidas cada vez luego de las inundaciones.

 “...para cuando bajó el agua me habían dado trabajo en una fábrica de clavos en Carupá, porque estuvimos mucho tiempo, además cuando bajo la fruta estaba muerta y el barro no dejaba trabajar la tierra.”

“Entonces nos quedamos, en el continente...”H.T.

            “...cuando yo era chico teníamos fruta, pero después empezaron a traer fruta de todos lados y bueno...con la inundación del 69’se terminó la fruta y con 2,5 hectáreas de álamo no vivís, así que nos quedamos en el continente (en otra charla comenta que estaban en Virreyes, partido de San Fernando) donde había mucho trabajo, te echaban de uno y al día siguiente tenías otro. Mi padre me metió en la fábrica de aglomerado donde estaba el, allá por el 73’,74’ y ahí estuve por años. Antes tuve otros trabajos.” Relato reconstruido de C.G., que hoy vive en Manzano de la Barca, donde explota las 2,5 has que antes mencionaba.                                            

       En el contexto de crisis propia del Delta reforzada por la inundación de implantación lenta y permanencia prolongada de 1988, que se suma a la situación antes comentada sobreviene la hiperinflación de 1989. Esté es un momento de aceleración del “éxodo rural” (Melliasoux 1975). El ritmo de partida es muy elevado, se nota esto en una nota de campo de Neufeld, M.R. 

       En una escuela isleña, en la que la investigadora conversaba con docentes y personal auxiliar acerca de las mejorías visibles en el edificio, decía una de las interlocutoras:

"...ahora que tenemos escuela no tenemos chicos!" (nota de campo 12/9/89).

Los datos de los censos constatan este proceso: mientras el Censo Nacional de Población de 1960 registraba 14700 habitantes, ésta había disminuido a 12646 en 1970 y en 1991 había más de 9531 habitantes en el Delta. En San Fernando, (2da y 3ª sección) en 1991 había 3600 habitantes.

Las notas del trabajo de campo en el Delta permiten percibir la disparidad de "suertes" frente al embate de la hiperinflación y la crisis económica  y de producción local. Por un lado, dentro del conjunto de los pequeños productores isleños, estaban los considerados localmente como "ricos": los que habían podido concretar a tiempo el reemplazo o complementación de los frutales por plantaciones de madera. Y dentro de éstos, había un pequeño puñado de “exitosos”, que habían logrado desarrollar estrategias cuya combinación resultó eficiente. El caso paradigmático es el de los “vascos del Carabelas”.

“...tienen otro tipo de ganancias, tienen mucha extensión de tierra...producen mucha madera o tienen otras cosas, como por ejemplo, te puedo hablar [que hay entre ellos] gente que ha estudiado ingeniería...inventaron sus propias máquinas...además, pusieron un transporte en Escobar que cruza autos desde allí al camino isleño”...

Frente a estas excepciones la población conocida incluía una mayoría de familias isleñas (en su mayoría integrada por núcleos domésticos que no emigraron) que ocupa viviendas que no son propias, en las que se han instalado o recibido “en cuidado” de manos de pobladores propietarios que dejaron las islas, y que subsisten sobre la base de una combinación de recursos: principalmente tareas agrícolas a jornal, irregulares, que se complementan estacionalmente con el corte de junco, repicado y corte de mimbre y caza de nutrias, en las que se ocupa todo el grupo familiar, que en muchos casos se caracteriza por un número elevado de hijos. En algunos de estos casos, al cerrarse las fuentes locales de trabajo, los jefes de familia emprenden periplos por la zona, en busca de changas forestales u hortícolas, acompañados a veces por sus hijos varones entre 12 y 14 años.

 

El contexto socioeconómico en la década del 90’

El Estado argentino sufrió a partir de la década del 90’ una amplia reforma en clave neoliberal (desregulación de las actividades económicas y financieras, abdicación de facultades decisorias en beneficio de actores externos, privatización amplia, etc). Las reformas institucionales introducidas constituyeron un nuevo orden económico, caracterizado por la liberalización del comercio exterior y de circulación de capitales externos, la desregulación del mercado y el traspaso de monopolios de los servicios públicos a manos privadas. A partir de este período comienza una situación de “estabilidad” con desocupación ( dada una reversión de los mecanismos que condujeron a la hiperinflación).

Es indudable que cualquier análisis del mercado laboral argentino a partir de los años ‘90 concluye en que el desempleo es la manifestación extrema de un proceso de degradación de la situación ocupacional. En tanto se degrada el mercado laboral por vía del incremento del desempleo y el deterioro de las ocupaciones existentes, crece la presión de la oferta laboral en búsqueda de empleo.

El sector industrial argentino a partir de principios de los ’90 expresa una gran reducción de la actividad industrial, que se mantiene y agudiza hasta fines del año 2002. Si bien la industria nacional se encuentra inmersa en un continuo proceso de transformaciones (en términos de retroceso) desde mediados de la década del ’70, será a partir de principios de la década del ‘90 que el proceso llamado “desindustrialización” adquirió una particular intensidad. De acuerdo con los resultados provisorios del Censo de 1994, entre julio de ese año (1994) y abril de 1985 se suprimieron en la industria 257.163 puestos de trabajo. A partir de 1994 el proceso de eliminación de puestos de trabajo en la industria continuó su marcha, tanto que en la década del ‘90 hay un 18% menos de establecimientos industriales que los de principios de la década del ’70. Así también un 23% menos de mano de obra industrial que los de principios de la década del ’70.

 

La movilidad espacial de la población en el Delta desde mediados de la década del 90’

En el periodo final de análisis, mediados de la década del noventa hasta el fin de la convertibilidad, es en el que hacen crisis las políticas instrumentadas durante la década de los 90, de hegemonía neoliberal.  Nos referiremos a las características que adquiere esta etapa en el Delta en particular. Al igual que en el resto del país, es un período de profunda recesión. El registro elaborado como docente, recupera esto de los diálogos y situaciones a las que hacen referencia  los estudiantes y sus padres: buena parte de estas conversaciones están  profundamente relacionadas con la falta trabajo en todos sus aspectos. Así se puede hacer un rápido repaso por diversas actividades tradicionales del Delta. En la lectura de las notas se interpreta  que una fuente laboral como el formio esta completamente cerrada, ya que no quedan plantas trabajando sobre este producto, con la consecuente perdida de empleos tanto industriales como agrarios[6][6]. A veces, se hace referencia a las causas (que a su vez remiten a políticas macroeconómicas propias del menemismo). Por ejemplo,  “el mimbre entra de Chile”. En este caso el mimbre ha sido una actividad llevada adelante en forma familiar. Es interesante observar que ante a pesar de esta problemática planteada existe una gran cantidad de productores de mimbre que pueden ser llamados “ricos”, que no encuentran en la llegada de mimbre chileno obstáculo alguno para su negocio. Es así que observamos que el mimbre se sigue plantando y hay familias de gente que retornó al delta o que vino recientemente (5 a 8 años) que plantan, procesan y tejen mimbre vendiendo el resultado en el mercado con excelentes ingresos.

A esto se agrega la importación de pasta de papel de Brasil, por lo cual  “la madera se paga poco”. Quien realiza esta importación es la misma empresa Papel Prensa, propietaria de importantes extensiones en el Delta.  Por esta razón, explican  los bajos jornales, al tiempo que  aparece la queja típica de ese momento de que los mejores trabajos “quedan en manos de los Paraguayos”. Sin embargo, a pesar de las afirmaciones anteriores los productores de  madera siguen trabajando, en especial los que poseen barco propio, que les permite mayor margen. Es decir que los pequeños, que no poseen barco propio, no están en condiciones de explotar en forma rentable la madera plantada[7][7].  Los productores mayores y medianos siguen plantando madera aunque insistan en que no es rentable. Respecto de oferta laboral ofrecida por la madera es notorio observar que algunos productores (en especial Papel Prensa) han invertido cantidades importantes en tecnología de explotación forestal y han tecnificado el corte y traslado de la madera, reduciendo en grandes cantidades el personal que requieren para las explotaciones.[8][8] En Carabelas algunas familias adoptan como política de mitigación de riesgos un sistema de silvicutura y ganadería de cría, para paliar la situación de bajo precio de la madera.

Por último la fruta casi ha desaparecido como explotación comercial en el Delta, luego de la inundación del  83’ ha perdido total importancia y son raras las quintas que se dedican a su explotación.

En este marco de crisis profunda de las explotaciones tradicionales aparecen algunas explotaciones novedosas, como ser la apicultura que lentamente va ganado espacio e importancia, la producción de jazmines para corte[9][9], pequeñas producciones hortícolas de zapallo o sandía. 

A la par de la crisis de la producción del Delta, profundamente vinculada a cuestiones macroeconómicas relacionadas con la predominancia de las políticas neoliberales a nivel nacional, coexisten situaciones derivadas de problemáticas internas que generan la crisis de producción.

Curiosamente un dato llama la atención en nuestras observaciones de campo, gran cantidad de los estudiantes de las escuelas son hijos de nacidos en el Delta pero ellos han nacido y han pasado su niñez en planta urbana. En algunas escuelas estas situaciones aparecen en gran parte de la matrícula. Al indagar sobre esta situación entre las familias que provienen de planta urbana notamos que son muchas las que han llegado desde 1995 en adelante, mayormente motivados por la falta de empleo o de expectativas. En general influidos por poseer propiedades familiares en la isla, aunque sea pequeñas parcelas o viviendas optan por “el retorno”. En muchos casos la existencia de familia funciona como una suerte de enlace en este proceso de “vuelta al Delta”. “...cuando lo echaron a mi papá hace unos años no le daban trabajo en ningún lado porque no terminó séptimo grado...además le decían que estaba grande.”“...cuando se puso muy jodido por la guita nos vinimos para la quinta que había sido de mis abuelos, porque acá comés seguro, lo que plantás, lo que caza mi viejo, además no hay que pagar gas, luz y todo eso que en el continente nos mataban...” S.T.

“...nosotros hace poco que vinimos del continente, porque nosotros somos de acá....nos fuimos porque con la fruta no alcanzaba para comer...allá en el continente vivíamos con mis abuelos y mi papá trabajaba en una fábrica, pero esta cerró...y mis viejos decidieron venir para acá...”G.G.

A partir de estos relatos y otros de este trabajo es posible suponer que el creciente retroceso de la actividad industrial y del empleo, dieron lugar a que la permanencia en “el continente” se tornase dificultosa, y aunque la situación en el Delta no era del todo óptima,  igualmente se viese como necesario el retorno al lugar de origen, generando un proceso de migraciones urbano-rurales hacia el Delta.

Los movimiento espaciales de población pueden describirse de la siguiente manera, durante los años 1994 hasta el 2000-2001 lejos de existir inmovilidad poblacional es un periodo sumamente dinámico, Los hijos raramente se van a planta urbana, ya que la falta de trabajo parece haber retrasado el casamiento y la maternidad además de haber cancelado el deseo de migrar “al continente”. M.C de dieciocho años nos cuenta “…nosotros (por el y su novia, también de dieciocho) no os vamos, va no se va nadie, a que te vas…nos quedamos, no porque querramos, pero no hay nada de trabajo. Además queremos casarnos, pero no por ahora, no podemos irnos, hace falta plata, igual que para los chicos.”

Asimismo se nota una sensible tendencia de retorno de población de la ciudad al campo. En las escuelas casi un tercio de los chicos, aunque a veces menos, pertenecen a familias que  han venido a vivir, o vuelto, al Delta en los últimos diez años. Los casos que mencionan la seguridad como causa son mínimos. En general se menciona una conjunción de causas diversas. Por un lado la existencia de vivienda familiar sin costos prácticamente, esto acompañado a que una combinación de trabajo doméstico y alguna otra opción como pueden ser artesanías para vender en ferias o comercios, algún cultivo o salario derivado de empleo estacional o un plan social permiten solventar las necesidades de una familia, apretadamente pero lo permiten. Otras familias vinieron a invertir indemnizaciones o en situaciones similares, casi siempre aprovechando los lazos familiares en la isla y “escapando” periodos de desempleo sostenido. El relato sigue ahora de lo charlado en una clase, sobre problemas laborales y transformaciones en la industria, el comentario surge de S.T. (hija de H.T.) de dieciocho años, está en primer año de polimodal: “cuando lo echaron a mi papá hace unos años no le daban trabajo en ningún lado porque no terminó séptimo grado...además le decían que estaba grande.”“...cuando se puso muy jodido por la guita nos vinimos(1993) para la quinta que había sido de mis abuelos, porque acá comés seguro, lo que plantás, lo que caza mi viejo, algo que vendés (cueros,etc.) además no hay que pagar gas, luz y todo eso que en el continente nos mataban...”. Para sorpresa del profesor hablan sin problema sobre las dificultades, e incluso del hambre, que enfrentaron en continente, y no sólo lo hace S.T. sino también varios compañeros. Parece no serles extraña la idea de volver al Delta ante la desocupación, pero sigamos con S.T.  “nos volvimos por eso, acá por más que no te den trabajo algo podés hacer siempre...”

En los últimos  años (2003-2004-2005) no parece haber nuevas familias.

De alguna manera se pueden describir dos situaciones muy distintas, por un lado hay quienes vienen a producir, aprovechando la propiedad de la tierra o la disponibilidad de capital. Estos en general se vuelcan al turismo recreativo o al mimbre, dependiendo en general si han sido o no previamente habitantes del Delta. Por otro lado se puede encontrar un grupo mayoritario de “retornados” en situación más precaria, que recurren a estrategias mixtas entre empleo estacional y la subsitencia obtenida por medio de diversas alternativas.

Al intentar de verificar estas notas de campo con los datos de los Censos de población surgían dificultades. Si para 1991 en la zona del estudio había 3600 personas, en 2001 solo alcanzaban las 2900 aproximadamente. Existen dos explicaciones: o el proceso de migraciones urbano rural no es tan importante como se lo plantea o se enfrenta una dificultad que surge justamente de los plazos de realización de los censos. Luego de revisar notas de campo opté por considerar la segunda opción: se trataría de una dificultad surgida con la utilización de datos Censales de los años 91 y 01 que surgía es justamente el periodo en el que se supone comienza y finaliza el proceso. El análisis se corresponde con un proceso intercensal, es decir que no quedaba claramente registrado en los datos censales. Esto se debe a que luego del Censo 91’ la movilidad de población en sentido urbano era muy rápida a consecuencia de los efectos post-hiperinflacionarios en las pequeñas producciones locales. A esto se sumaban la persistencia de efectos negativos de las inundaciones, así como las restricciones de políticas estatales generadoras de empleo[10][10]. Pero luego y aceleradamente,  cambia está dinámica  revirtiéndose el sentido de la migración, por dinámicas ya explicadas, pero la magnitud del proceso no es suficiente para que se contabilicen un crecimiento en la cantidad de efectivos entre los censos. Para superar las limitaciones que genera esta  situación recurrí a datos cuantitativos alternativos, como las matrículas escolares del Delta que reflejan la cantidad de estudiantes de cada escuela en cada año.

El análisis de estos datos refleja que tomando cinco escuelas representativas se puede constatar el violento descenso que se produce desde el 89’ al 91’, cuando se estabiliza. Luego crece lentamente la matrícula escolar, hasta que la implementación de la ley Federal supone la extensión de la primaria. Aquí los datos sufren un aumento significativo, dado que la incorporación de los 8º y 9º años suponen un aumento de un diez a un quince porciento de la matrícula en promedio, pero el crecimiento ronda entre el veinte y el cincuenta porciento. Esta diferencia en la matrícula supone un incremento de la población que se da a mediados de la década de los noventa, ya que no solo no se da un aumento de la fecundidad sino lo contrario.

Matrícula escolar según por años, según escuelas.

AÑO

Escuela A

Escuela B

Escuela C

Escuela D

Escuela E

TOTALES

1989

79

80

102

88

158

507

1990

85

73

107

80

150

574

1991

84

77

121

74

176

532

1996

92

80

117

72

113

474

2001

103

106

210

96

195

710

 FUENTE: DGCyE, Pcia. de Buenos Aires

Considero que, a partir del proceso de movilidad de población hacia las el Delta iniciado a mediados de la década del ’90, las formas de producción realizadas por los “isleños” del Delta (mayoritariamente agrícola-artesanales), articuladas con las formas de reproducción de la fuerza de trabajo (combinación de tales formas de producción con la venta de fuerza de trabajo para empresas agropecuarias), formarían parte del proceso de reproducción social de la población campesina del Delta.

 “...yo trabajaba como tornero en una fábrica de bombas de agua, que había en San Fernando al fondo...viajaba todos los días hasta allá...estuve siempre ahí porque entré de aprendíz a los 18 (alrededor de 1980 n/e), después fui aprendiendo y cambié de puesto...en 1991 cerró porque ya no vendíamos nada...una pena porque nos trataban bien...yo busqué trabajo por unos meses, pero después agarré todo me vine a la quinta de mis viejos en el Canal N°4, con mi familia... porque acá de alguna forma, con  la quinta, con los frutales, el mimbre y algo de álamo, más un amigo, un pariente que tire una changa, siempre vivís...”M.A.

“...nosotros cuando nos vinimos de vuelta a la quinta, para 1994,  ya no teníamos los frutales, ni plata para plantar, porque estuve sin trabajo mucho tiempo...entonces plantamos mimbre que no necesita mucho...con eso mi mujer hace cosas  artesanales como cestos....yo varéo el mimbre en el invierno (esto es para su producción), además mi hijo mayor cría conejos (para carnear) que vende en un par de carnicerías del continente y en primavera planto madera para Papel Prensa...en otoño corto madera para la papelera.”I.M. A partir de estos relatos es posible afirmar que algunos de los “nuevamente” habitantes del Delta  inician un proceso de combinación de actividades dentro de las formas de producción (agrícola-artesanales como “producción simple de mercancias”) como también fuera de ellas, a través de la venta temporaria de fuerza de trabajo. Esta combinación de actividades, da cuenta de las formas de reproducción de la fuerza de trabajo de la población.

Sosteniendo esto es que se puede afirmar que este proceso de movilidad espacial de población se realiza siguiendo la lógica de las necesidades de subsistencia de la población, pero al mismo tiempo es funcional a la reproducción del capital, ya que abastece de mano de obra barata a la industria y luego a las empresas agrarias. Estas actividades mixtas antes mencionadas son las que permiten a los habitantes del Delta que han vuelto vender su fuerza de trabajo por debajo de las necesidades de reproducción[11][11].

 

 

 

Conclusiones: el final de un proceso…¿y ahora?

 

El Delta vivió un proceso de despoblamiento desde mediados de la década del cuarenta hasta mediados de la década del 90. El mismo se debió a factores de expulsión vinculados a la dinámica local, como la crisis de la fruta, el mimbre, las dificultades para la renovación de cultivos, la crisis de los pequeños productores y las inundaciones de implantación lenta del 49, 69 y 83 ante todo. La posibilidad de hallar un empleo industrial en el “continente” actuó como impulsor de esta migración, más allá de que realmente se lograse o no. Pero la fuerte desindustrialización que se agudiza a mediados de la década del 90’ se proyecta sobre estos “ex isleños” en forma de desempleo de larga duración. Ante esta situación de encrucijada aparece en algunos casos la decisión de retornar al Delta, aprovechando las posibilidades múltiples que en él se encuentran. Esto genera un proceso de migraciones urbano rurales que alcanza una dimensión observable tanto en estudios cualitativos como cuantitativos.

El nuevo cambio de modelo económico, el crecimiento industrial y a la par la revalorización de algunos productos que se elaboran en el Delta, como la madera y el mimbre  así como la incorporación de otros nuevos como la miel y los jazmines abren un nuevo horizonte para los habitantes y productores del Delta. Aparentemente el proceso en sentido urbano-rural se ha paralizado, pero esta nueva etapa invita a plantear nuevos interrogantes y desafíos, ya que tanto a escala local como nacional no parece haber demasiadas continuidades con las condiciones que generaron el proceso antes analizado.

           

Bibliografía

 

ALMIRON, Analía Y THISTED, Iván Miguel, “Procesos de descampesinización y recampesinización en el Delta Bonaerense 1970-2000” Mimeo

BENENCIA, R. Y FORNI, H. F. “El proceso de descampesinización en el área de riego de Santiago del Estero.” Justicia Social N°3, CEDEL, Bs. As. 1986.

INDEC Encuesta Permanente de Hogares

INDEC Censo Económico 1974/1985/1994

INDEC Censo Agropecuario 1969/1988

LATINOCONSULT. Estudio Integral Para el Desarrollo del Delta del Paraná Bonaerense (Tomos II y III) Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, Rep. Arg.,1972.

MEILLASSOUX,C .Mujeres, graneros y capitales. (2da Parte). Ed. Siglo XXI, México 1975.

NEUFELD, M.R. “Estrategias familiares y escuela” Cuadernos de Antropología Social N°2 .Publicación de la Sección Antropología Social, Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 1988.

TORRES ADRIAN, M. Familia Trabajo y Reproducción Social. Cap.I PIPSAL/El Colegio de México, México, 1985.

TRINCHERO, H. Producción doméstica y capital. Estudios desde la antropología económica. Ed. Biblos, Bs. As. 1995.

WITHEFORF, S. Workers from the North. Austin: University of Texas Press. 1981.





[1][1] Continente es utilizado frecuentemente como denominación popular opuesta a la isla. Suele hacer referencia a la ciudad de Tigre, San Fernando o Escobar. Otro nombre usado es “el pueblo”.

[2][2] Sobre estas dificultades metodológicas se avanza más adelante, en el apartado referido a las migraciones en la segunda mitad de la década del noventa.

[3][3] La estación fluvial de Tigre es el punto de partida de las lanchas colectivas que transportan turistas y pobladores, realizando diferentes recorridos por los arroyos del Delta.

[4][4] En el año 1969 se da una gran inundación, con 3,60 metros sobre el cero durante prolongado tiempo, visible en que en 1973 restan solamente 2.000 has de fruta de las 17.500 has existentes en 1937, Fte. Latinconsult

[5][5] La fuerte disminución de la cantidad y superficie en hectáreas de las explotaciones que se registra entre los Censos Agropecuarios de 1969 y 1988, de 1945 explotaciones con un total de 65.243 has. en el primer año a 161 explotaciones, con un total de 20.814 hectáreas en el segundo año.    

[6][6] El formio es una planta de gran contenido de fibra, que luego de ser procesada en las desfibradoras de formio puede ser utilizada para elaborar cuerdas o hilos. En el Delta existían tres de estas plantas. Para el año 1991 todas habían cerrado sus puertas.

[7][7] Es interesante observar que este proceso se ha revertido luego de la devaluación y actualmente se puede notar el corte de álamos de gran edad, que por cuestiones de rentabilidad no se cortaron en el momento indicado y han  logrado un tamaño mayor a la media.

[8][8] En el caso de Papel Prensa uno de sus ingenieros agrónomos afirmaba que con la tecnología obtenida en brazos mecánicos para corte y carga y carros mecánicos de traslado han eliminado 120 puestos de trabajo. Asimismo afirma que proporcionalmente es más cara la tecnología que la mano de obra, pero que ha permitido una enorme flexibilización laboral del personal.

[9][9] Esta producción se enlaza con el final de la temporada de jazmines del noroeste del país, por lo que encuentra un mercado bastante favorable.

[10][10] El IFONA sostenía una fuerte política subsidiaria para los pequeños productores madereros, su retracción en el contexto neoliberal instalado en los noventa supuso una verdadera dificultad para éstos.

[11][11] Un trabajador rural, según las notas de campo. En el Delta en la década del 90’ promedia un ingreso de 250 a 300 pesos.

 


Ponencia presentada en el Simposio "El Espacio Rur-Urbano". Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos - Argentina. Jueves 28 de setiembre de 2006.