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Asunto:[encuentrohumboldt] 473/06 - CAPITAL SOCIAL Y GESTION DE AREAS NATURALES PROTEGIDAS
Fecha:Domingo, 26 de Noviembre, 2006  12:26:54 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

 

CAPITAL SOCIAL Y GESTION DE AREAS NATURALES PROTEGIDAS.

EL CASO DEL PARQUE NACIONAL VOLCAN LANIN. [i][1]

 

                                               

Lic. Matías A. Alamo

                                                                              Depto. de Geografía y Turismo- UNS-

                                                                                                   Bahía Blanca- Argentina

 

 

RESUMEN

 

Palabras clave: Políticas participativas, co-manejo, capital social, agentes de desarrollo, Parque  y Reserva Nacional Volcán Lanín.

 

Dentro de la espacialidad que conforma el corredor bioceánico norpatagonico, compuesto por ciudades de las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Neuquén en la Republica Argentina y las regiones del Bio Bio, Los Lagos y Araucania, al Sur de Chile, se torna importante, el desarrollo de las áreas naturales protegidas y sus comunidades en la actualidad, en particular el Parque Nacional Volcán Lanín.

El objetivo de este trabajo es analizar como las políticas participativas, implementadas en los últimos años, por la Administración de Parques Nacionales (APN), junto con las comunidades pertenecientes al área natural protegida seleccionada, en particular las comunidades mapuches, las cuales intentan concebir una nueva forma de gestión para el desarrollo de las mismas, utilizando como instrumento el capital social que poseen. 

Metodológicamente se han aplicado diversos procedimientos, entre los cuales se encuentran, la recopilación de información bibliográfica y la elección de distintos  actores institucionales y sociales involucrados en la gestión, destacándose los equipos técnicos del Parque Nacional Volcán Lanín, dependientes de la Administración de Parques Nacionales (APN); las comunidades mapuches de la región; las agencias de extensión regional del Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria (INTA) de Bariloche y San Martín de los Andes, las Organizaciones No Gubernamentales; las instituciones educativas de distintos niveles; los municipios de Aluminé, Junín de los Andes y San Martín de los Andes. La selección y el análisis de las políticas implementadas por los distintos actores, nos permite resaltar la importancia de la  participación comunitaria en el Parque y Reserva Nacional.

Finalmente el presente trabajo destaca la importancia que adquieren los equipos técnicos de la unidad de conservación elegida, como agentes de desarrollo local.


 

INTRODUCCIÓN

 

Dentro de la espacialidad que conforma el Corredor Bioceánico Norpatagónico, compuesto por ciudades de las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Neuquén de la Republica Argentina y por las regiones de Bio Bio, Los Lagos y Araucania, al Sur de Chile, se torna importante el desarrollo que adquieren en la actualidad, las Áreas Naturales Protegidas y sus comunidades, en particular el Parque y Reserva Nacional Volcán Lanín.

 

El presente trabajo tiene como objetivo analizar las políticas participativas implementadas en los últimos años por la Administración de Parques Nacionales (APN), junto con las comunidades pertenecientes al área natural protegida seleccionada, en especial las comunidades mapuches, las cuales intentan concebir una nueva forma de gestión y desarrollo, utilizando como instrumento el capital social que poseen.

 

Para ello, procuraremos definir algunas cuestiones teóricas que van a ser de suma importancia para el desarrollo del mismo.

 

Como punto de partida es necesario preguntarnos qué posición adoptamos frente a la conservación y la preservación del medio ambiente.

 

En este sentido nos referimos al medio ambiente no como una categoría biológica, que circunda a las especies y a las poblaciones biológicas, sino como una categoría social, relativa a un modo de ver y pensar la realidad, configurado por un sistema de valores, saberes  y comportamientos; lo debemos ver como resultado de un proceso de construcción social, que refleje un estado de situación que potencia calidades a aspirar y debe incluir el desarrollo de conductas sociales que comprometan la necesidad de participación desde posiciones relativas en el contexto social.

 

Cuando pensamos en categoría social, ésta debe contemplar las acciones y el compromiso de todos los sectores de la población en relación con la preservación y conservación de la naturaleza. Estas acciones y compromisos deben adaptar sus formas a la del desarrollo sostenible.

 

En las distintas unidades de conservación, a cargo de la Administración de Parques Nacionales, se han desarrollado programas con el objetivo principal de comprometer a sus pobladores en la conservación de la biodiversidad, promoviendo el cambio en la utilización de los recursos naturales hacia modelos productivos ecológicamente sostenibles, que aseguren mejores beneficios económicos. Estos programas que se encuentran en distintos estados de avance, tienden a ordenar -por ejemplo- el uso ganadero en áreas de reservas nacionales; a diversificar las actividades productivas tradicionales hacia modelos productivos intensivos y a promover la incorporación de los pobladores al sector de servicios a los visitantes, mediante la capacitación y desarrollo de emprendimientos a escala familiar.

 

Los mismos se inscriben en una política general de conservación de áreas protegidas y en particular de los Parques y Reservas Nacionales, que incluye la formulación de acciones e instrumentos para la planificación y manejo de las áreas protegidas; la formación de recursos humanos; la educación como camino hacia la concientización y el conocimiento para la conservación de la naturaleza y la disposición de instrumentos legales e institucionales para la acción.

 

Como señala Bozzano, “La gestión puede referirse a la ejecución, la implementación, la puesta en marcha, la administración de un proyecto concreto, así como a la resignificación, la valorización y la apropiación en términos de conciencia de acciones o de objetos”[ii][2].

 

Debemos insistir en la gestión y el diseñar planes de manejo más participativos, que tengan la capacidad de armonizar el desarrollo de los recursos naturales combinándolo con el desarrollo socioeconómico de todos los actores institucionales y sociales involucrados.

 

Es imprescindible que estos instrumentos y técnicas utilizados sean determinados mediante el debate, la negociación y el consenso de los interesados, es decir, todos los actores institucionales y sociales implicados en el desarrollo de la unidad de conservación.

 

Otro de los interrogantes que debemos plantearnos, es el relativo a qué relación existe entre la conservación y preservación del medio ambiente y las políticas que implementan los distintos actores sociales involucrados en el desarrollo de la unidad de conservación. 

 

Nos permitimos aclarar qué entendemos por políticas implementadas por los distintos actores, considerando como tales las acciones que responden a intereses  sectoriales y no integrales, caracterizadas por estar aisladas entre sí y fomentar el desarrollo de los intereses representados. Es necesario romper con esta concepción de políticas dentro de los espacios naturales protegidos. Proponemos que las mismas tengan  un carácter participativo e integral -que incorporen a todos los actores sociales involucrados en el desarrollo-, debiendo tener como piedra fundamental los principios de preservación, conservación del medioambiente y la valoración de la cultura autóctona de las regiones donde se encuentran establecidas las unidades de conservación. 

 

Coincidimos con Ruiz cuando considera a “La planificación participativa como un proceso técnico-político en el que la comunidad va adquiriendo autonomía en la toma de decisiones, en cada una de las etapas del proyecto en el que se involucra”.[iii][3]

 

Entonces, hacer la planificación de forma participativa es una manera de integrar y fortalecer los lazos sociedad / ciudadano. En este momento, se da la oportunidad de reintegrar a la sociedad a los individuos que se encuentran al margen de las decisiones políticas y aún no ejercen su papel de ciudadano, promoviendo una redefinición de papel y función. Cuando una comunidad es invitada a participar del proyecto de desarrollo, implementación, estructuración de un plan de gestión de un área natural protegida vecina a su localidad, debe sentirse parte integrante del todo. Existe la posibilidad concreta de que se haga protagonista del proyecto y le dé continuidad al mismo. La comunidad debe tener otra relación con la unidad de conservación, una mirada distinta y ser capaz de iniciar un proceso de conservación, preservación y valoración de los recursos naturales y culturales alojados en la misma.

 

Los actores sociales, al comprender que tienen un objetivo común - desarrollar la localidad de manera sostenible y mejorar la calidad de su propia vida-, unen esfuerzos para tal fin. La planificación participativa en el desarrollo de las áreas protegidas debe contar con la permanente interacción de la comunidad, para la consolidación de un desarrollo sostenible. Por ende “se torna vital la forma que asume la participación de las organizaciones de base en proyectos y programas sociales, así como la posibilidad de generar asociaciones con otros actores”.[iv][4]

 

Hacer viable y efectivo este tipo de proyectos exige lograr la articulación y el compromiso de diversos actores; para ello será necesario generar y desarrollar un espacio de cogestión articulada entre todos los actores institucionales y sociales pertinentes en donde pueden interactuar las distintas percepciones, los distintos intereses, las diversas propuestas de solución y así negociar y elaborar consensos suficientes y compromisos mutuos que efectivicen la convergencia de sus aportes respectivos en la implementación de estos proyectos. En la gestión de los mismos se deben imbricar procesos sociales y naturales, acompañados por un proceso explícito de creciente democratización, que asegure a todos los actores, y sobre todo a los más débiles, una participación efectiva e igualitaria en la elaboración de consensos y decisiones que resuelvan los proyectos. Esto es esencial para los pobladores locales, los cuales pretenden constituirse en beneficiarios privilegiados de los proyectos de preservación y conservación ambiental y social. La direccionalidad apropiada de los proyectos depende de su participación efectiva como actores y coprotagonistas en su gestión.

 

Es oportuno aclarar, antes de intentar esbozar una definición preliminar del concepto de capital social, que no hay una definición totalmente aceptada del mismo. Comenzamos con Putman quien, al referirse al concepto de capital social, nos dice que es: “ La confianza, las normas que regulan la convivencia, las redes de asociacionismo cívico, elementos éstos que mejoran la eficiencia de la organización social promoviendo iniciativas tomadas de común acuerdo” (1993:196).[v][5]

 

Por otro parte Piselli señala, “que el capital social es un concepto situacional y dinámico. Implica una visión mas abierta de la acción social, menos rígidamente vinculada a los valores heredados y más idónea para acoger las innovaciones a través de la interacción social y el desarrollo de nuevas formas de cooperación. Esto es particularmente evidente en el hecho de que el capital social a menudo es un  subproducto de actividades iniciadas para otros fines, y puede tener como fin objetivos distintos respecto de aquellos por los que se ha formado. Una asociación o una organización que se ha constituido para un determinado fin pueden revelarse útil para otro y constituir así, un capital social disponible para los actores que tienen  acceso a los recursos organizativos”.[vi][6] Es un concepto general que se concreta en la acción creativa de los actores, en la realización de proyectos prácticos.

 

Los actores tienen intereses en acontecimientos que están completa o parcialmente bajo el control de otros actores, a través de varios tipos de intercambios y transferencias unilaterales de control, activan relaciones duraderas con más actores para conseguir sus metas. Se corporizan así relaciones de autoridad, relaciones de confianza, normas de reciprocidad, en breves estructuras de interacción que pueden volverse recursos –capital social- para la acción. El concepto de capital social se refiere entonces, a la estructura de las relaciones sociales, entre dos o más personas. Además la utilidad del mismo depende del contexto y del objetivo que se propone.

 

Citando nuevamente a Putman, “el capital social consiste en características de la organización social, como la confianza, las normas de reciprocidad y las redes de asociacionismo cívico, que promueven la cooperación y la acción colectiva y aumentan entonces la eficiencia de la sociedad” (1993:196).[vii][7]

 

A su vez Atria entiende al capital social como “la capacidad efectiva de movilizar productivamente y en beneficio del conjunto, los recursos asociativos (los que realmente importan son las relaciones de confianza, reciprocidad y cooperación) que radican en las distintas redes sociales a las que tienen acceso los miembros de cierto grupo”.[viii][8]

 

Kliksberg por su parte menciona que “las personas, las familias, los grupos constituyen capital social y cultura por esencia. Son portadores de actitudes de cooperación, valores, tradiciones, visiones de la realidad, que son su identidad misma. Si ello es ignorado, salteado, deteriorado, se inutilizarán importantes capacidades aplicables al desarrollo y se desatarán poderosas resistencias. Si por el contrario, se reconoce, explora, valora y potencia su aporte, puede ser muy relevante y propiciar círculos virtuosos con las otras dimensiones del desarrollo”.[ix][9]

 

Consideramos que el capital social se origina en las características que puedan tener las personas o grupos de personas. Estas características pueden ser tanto adquiridas como heredadas y son necesarias para el desarrollo de políticas participativas. Algunos ejemplos de características comunes heredadas son: el género, la edad, la nacionalidad, el idioma nativo. Estas características comunes compartidas por una comunidad, junto con el valor de pertenencia proveen a estas de capital social latente que solo requerirá de contactos personales para ser activado. Este capital social latente se hace posible debido a que las personas conocen sus valores de pertenencia que comparten con ciertas costumbres, conceptos y objetos. 

 

Por lo tanto, la función de los agentes de desarrollo es convertir este capital social latente, presente en estas características comunes, en capital social activo que requerirá de  interacciones o situaciones especiales para que éstas sean reconocidas. Entonces, la intervención externa de los distintos actores institucionales involucrados en la  incorporación de programas de desarrollo local dentro en un espacio determinado es un claro ejemplo de lo antes descrito.

 

Siguiendo los lineamientos teóricos de Kliksberg, podemos mencionar que “en la actualidad las sociedades con mayor y mejor desarrollo han basado gran parte de sus logros en la calidad de sus recursos humanos y en las redes y normas institucionales que garantizan la confianza necesaria para el intercambio y la concertación de actores en pos del logro del desarrollo económico. Para que el desarrollo económico de las sociedades sea mas equitativo y sustentable son necesarias la promoción y la aplicación de políticas que valoricen estas redes sociales, fortalezcan las instituciones de la sociedad civil y generen confianza entre los diferentes actores”.[x][10] Todos estos aspectos hacen a la esencia del capital social que, desde esta perspectiva, es de apropiación colectiva ya que beneficia a un conjunto de personas.

 

Intentamos construir una definición propia de capital social, entendiéndolo como el conjunto de relaciones de confianza, cooperación, asociativismo y compromiso entre los individuos y las organizaciones de distintos tipos, dentro de un marco normativo y de valores vigentes en una comunidad con un objetivo determinado. Avanzando en este concepto y relacionándolo con el presente trabajo, el objetivo común consistiría en promover el desarrollo dentro de un espacio natural protegido.   

 

Es oportuno remitirnos nuevamente a Bruno, quien considera al capital social en forma  dialéctica. Esto implicaría entenderlo como un proceso concomitante entre capital cultural y capital económico. A la vez, este proceso, abre el juego para la elaboración de nuevas dialécticas entre el capital social y la cultura institucional y entre agentes de desarrollo y sujetos de cambio.[xi][11]  Desde nuestro punto de vista, incorporaríamos una nueva dialéctica, formada por el capital social y los agentes de desarrollo.

 

Los agentes de desarrollo buscan llevar a cabo un proceso de cambio social en el territorio. Es necesario aclarar, que el concepto de agentes de desarrollo se relaciona íntimamente con la idea que pregonamos sobre un desarrollo territorial integrado, entendido a su vez como una sumatoria de procesos socio-culturales, económicos y naturales.

 

Aquellos cuestionan el orden social, ya que perciben que sólo a partir de modificar el sentido común (es decir, la categorías cognitivas y los símbolos a través de los cuales se concibe y construye el mundo y el propio territorio) podrán salir de la condición (en términos económicos, étnicos, de género, etc.) en que se encuentran.[xii][12]

 

 

 

 

 

ANÁLISIS DE LOS ACTORES EN EL PARQUE Y RESERVA NACIONAL VOLCÁN LANÍN. 

 

El Parque Nacional Volcán Lanín fue creado en el año 1937 por la Administración de Parques Nacionales con el objeto de resguardar un sector representativo de los bosques andino-patagónicos ; entre las especies características encontramos el pehuén, el raulí y el roble pellín, que en la Argentina sólo se encuentran en un área reducida de la cordillera de los Andes, enmarcados en una  hermosa geografía caracterizada por lagos y montañas.

Se encuentra ubicado en el sudoeste de la Provincia de Neuquén. Tiene una extensión de 379.000 hectáreas, de las cuales 184.000 hectáreas corresponden al área de reserva nacional.

                                         Figura nº 1

                                Fuente: Elaboración propia  

 

Dentro del área de análisis encontramos una cantidad significativa de pobladores de variadas características, entre ellos las comunidades mapuches, los propietarios privados, los pobladores criollos  y miembros del ejército argentino.

  De acuerdo con lo establecido en la Ley 22.351/80 en el área de la reserva nacional se permiten actividades económicas y asentamientos humanos, lo que posibilita la presencia de siete comunidades mapuches que ocupan alrededor de 24.000 hectáreas del área protegida. La mayor parte de estas familias pertenecen a agrupaciones indígenas como la de los Aigo, con unas cincuenta familias nucleadas en la cuenca del Lago Rucachoroy; la de los Cayún, son siete familias que ocupan un sector al norte del lago Lácar; y las de los Lafquenche y Raquithué, que comprenden a veinticuatro poblaciones asentadas en la cuenca del Lago Huechulafquen. Estas comunidades son integrantes del pueblo nación mapuche que originariamente ocupaba, por estas latitudes, un territorio que se extendía de océano a océano. En la actualidad albergan alrededor de 500 familias que suman unas 2500 personas.

 

A partir del año 2001, se produce un punto de inflexión con la puesta en práctica del Plan de Gestión Institucional para los Parques Nacionales y la realización del Taller sobre Territorio Indígena Protegido, donde se acordó la entrega de tierras en propiedad comunitaria al Pueblo Mapuche, entendiendo al territorio indígena como el espacio en el que se desarrolla su cultura, el cual se pasa a administrar en forma conjunta y con  responsabilidades compartidas sobre los problemas ambientales y sociales del espacio natural protegido. Así, las viejas figuras de demandantes -Pueblo Mapuche- y demandados -Estado Nacional- han dejado lugar a una mesa de co-manejo que de manera local y general toma decisiones sobre las políticas que se aplican en los territorios mapuches.

 

Es fundamental que exista una fuerte relación entre el capital social y la cultura institucional. Tanto las instituciones como los agentes de desarrollo deberían colaborar para elaborar capital social; desde lo institucional se debe buscar el cambio, movilizar el capital social. [xiii][13]

 

El avance de este tipo de políticas de descentralización debe construir escenarios propicios para impulsar las iniciativas de desarrollo local. Es oportuno citar algunos ejemplos que se llevaron a cabo en los últimos años, con las comunidades mapuches Aigo, Curruhuinca y Cayun, los que se exponen desde su ubicación geográfica dentro del Parque Nacional.

La primera experiencia está relacionada con el manejo agroganadero de la comunidad Aigo, emplazada en la cuenca del Lago Rucachoroy, situada en el extremo septentrional del Parque Nacional Lanín, la cual contó con el apoyo de técnicos del grupo Pastizales y Pro- Huerta del INTA-Bariloche y San Martín de los Andes, teniendo como objetivos aumentar la producción forrajera y asegurar un uso pastoril sostenible acorde a las necesidades locales. Al mismo tiempo, con la implementación del proyecto de Conservación y Manejo del Piñon del Pehuen,
en conjunto con el Departamento de Conservación y Manejo del Parque Nacional Volcán Lanín con sede en Aluminé; el pehuen y su semilla, son tomados como eje de conservación para desarrollar un nuevo esquema de uso de la tierra ante la actual  situación de continua degradación ambiental y pérdida de la diversidad biológica. El
mismo tiene por objeto perfeccionar la calidad de los productos derivados del piñón  para su posterior comercialización.

 La segunda, tiene como protagonista a la comunidad Corruhuinca, localizada en la cuenca del Lago Lacar en la parte meridional del área natural protegida, la cual puso en marcha -junto a las autoridades del Parque Nacional y la Universidad Nacional del Comahue, Centro regional San Martín de los Andes-  un plan de manejo forestal participativo elaborándose estrategias de ordenación forestal teniendo en cuenta los usos turísticos y agrosilvopastoriles. De igual manera, la comunidad participa en el subproyecto Conservación y Manejo de Hongos y Helechos Silvestres, llevado a cabo por el Departamento de Conservación y Manejo de la Unidad de Conservación, teniendo como objetivo el aprovechamiento sostenible de los hongos y los helechos del bosque para su comercialización, tanto a nivel nacional como internacional.

Por último, la comunidad Cayun, también ubicada en la cuenca del Lago Lacar, nos muestra cómo junto con la asociación civil ProPatagonia, a través del proyecto de Reintroducción de Camélidos Domésticos Sudamericanos, fomenta el uso sostenible de los recursos naturales dentro del área de estudio. Además mediante el financiamiento del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) han logrado construir trece viviendas y un centro comunitario.

 

Experiencias de gestión como las citadas son modelos a seguir para que las comunidades que se encuentran dentro y próximas al área  natural protegida, puedan crecer y desarrollarse en forma integral y manteniendo un equilibrio con el entorno natural.

 

LAS POLÍTICAS IMPLEMENTADAS POR LA ADMINISTRACIÓN DE PARQUES NACIONALES EN LAS ÁREAS NATURALES PROTEGIDAS ARGENTINAS.

 

Como se mencionara anteriormente, a fines del año 2001 la Administración de Parques Nacionales puso en práctica el Plan de Gestión Institucional para los Parques Nacionales, elaborado en forma participativa. El mismo tuvo como propósito fijar las pautas, lineamientos y criterios para la gestión y planificación del sistema nacional de áreas protegidas. Con su implementación quedó establecida una nueva política institucional, que reconoce los derechos y las expectativas de los pueblos originarios, y define el comanejo como una política de gestión para las áreas comunitarias.[xiv][14]

 

El proceso de búsqueda de estos entendimientos o acuerdos forma parte de un proceso más amplio de construcción de un nuevo paradigma sobre las áreas protegidas, donde ellas se convierten, no en acciones unilaterales de agencias del Estado, sino en resultados e instrumentos de un acuerdo social que busca mejorar el manejo de las tierras para beneficio de todos.

 

El reconocimiento de los derechos a las tierras y territorios es la base para definir formas de co-gestión en la administración y el manejo de dichas áreas. Ésta debe aplicarse en todas las fases del proceso de manejo de esas áreas protegidas, y debe empezar aún antes de que los derechos sean formales y plenamente reconocidos.

 

Los reconocimientos, experiencias y prácticas de manejo propios de los pueblos involucrados en las áreas protegidas deben ser consideradas como una base para la planificación conjunta del manejo de tales áreas.

 

Por la importancia que posee el concepto de co-manejo resulta imprescindible precisarlo, como el reparto de responsabilidades y competencias donde hay una clara definición del ejercicio de la autoridad pública, y de las pautas de uso y manejo de los recursos que surgen del saber ancestral adquirido por los pueblos originarios. Estas experiencias deben ser herramienta para emprender nuevas relaciones socio-institucionales basadas en el mutuo reconocimiento de los legítimos derechos de las partes.

 

El co-manejo es una instancia política de decisión conjunta que se instaló a través del consenso entre el Parque Nacional Lanín, la Administración de Parques Nacionales (APN), las comunidades mapuches que alberga el Parque y la Confederación Mapuche Neuquina (CMN) sobre la gestión y el manejo del territorio y recursos de las comunidades en jurisdicción de este Parque Nacional. Es la primera experiencia de esta naturaleza en todo el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SiNAP).

 

La estructura organizativa del co-manejo está compuesta por tres niveles de funcionamiento que componen una instancia de carácter intercultural que traspasa transversalmente todas las dependencias del Parque Nacional Lanín. Las problemáticas territoriales están planteadas en sus aspectos sociales, legales y ambientales. Se consideran las características específicas de las comunidades en estos distintos aspectos y se acuerdan prioridades para su tratamiento. Es oportuno destacar que consideramos a las políticas de co-manejo como una forma de activar el capital social presente en las comunidades locales.

 

Debemos señalar la participación de otros actores institucionales internacionales en las políticas de comanejo; es el caso de la Agencia de Cooperación Internacional Española (AECI) en el programa Araucaria–Liwenmapu. La misma aporta financiamiento al proyecto integral Liwenmapu Parque Nacional Lanín. Esta iniciativa tiene como objetivos centrales impulsar el manejo sustentable de los recursos naturales existentes en las áreas pobladas por las comunidades mapuches, controlar y proteger la biodiversidad de esos sectores; mejorar la gestión del medio ambiente adecuando las condiciones de producción. En los últimos años con este tipo de programas, junto a la asistencia técnica de otros organismos -como son los casos de la agencia de extensión regional del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en San Martín de los Andes y la Universidad Nacional del Comahue, a través del su asentamiento universitario en la localidad antes mencionada- están produciendo una reconversión de las actividades productivas, orientándolas hacia proyectos de infraestructura y servicios turísticos.

 

Es por ello que creemos necesario hacer participar en estas políticas de comanejo, además de los actores ya descritos, a todos los sectores de las comunidades involucradas con la gestión de la unidad de conservación analizada -San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Aluminé –; de esa manera tendrían un papel fundamental representantes de Instituciones Educativas de distintos niveles, la Universidad Nacional del Comahue, la delegación del INTA, las ONGs y los entes municipales de turismo.

 

Esta idea coincide con los lineamientos expresados por el Plan de Gestión para los Parques Nacionales, en lo referente a Áreas Protegidas y Desarrollo Regional; se establece que "La gestión de los Espacios Naturales Protegidos (ENP) será abierta y participativa al entorno social. En este sentido los funcionarios responsables apoyarán y participarán activamente de los proyectos de desarrollo sustentable en las zonas de influencia de los ENP”.[xv][15]

 

Trigilia sostiene que “el rol del capital social para el desarrollo local significa una reformulación del rol del Estado, las instituciones públicas deberían ayudar desde arriba a los sujetos locales a movilizarse desde abajo para producir y emplear eficazmente el capital social”.[xvi][16] Para el desarrollo local es fundamental la participación conjunta, la interacción y la articulación, tanto de las Instituciones, los agentes de desarrollo y todos los miembros de la comunidad.

 

Es por ello que es imprescindible que estas estrategias de conservación y preservación utilizadas se formulen en el espacio geográfico local y regional, con la participación y el protagonismo de todos los actores institucionales y sociales representativos del lugar, lo cual garantizará la direccionalidad del proceso para alcanzar los objetivos del desarrollo social y ambiental.   

 

Creemos que todos los actores sociales involucrados son potenciales agentes de desarrollo, pero solamente van a cumplir un rol significativo, aquellos que hallan sido formados u orientados a desarrollar acciones articuladoras, promotoras o animadoras en un campo amplio o específico en el marco de políticas de desarrollo local. Estos deberán tener la capacidad de articular conductas colectivas.

 

La noción de desarrollo local se instala, como un novedoso modelo de intervención sobre los aspectos sociales, permitiendo lograr resultados efectivos en aquellos ámbitos donde las políticas sociales fracasan, mejorando las condiciones de vida de la población,  ampliando los márgenes de integración social y, por lo tanto, reduciendo la exclusión, la marginalidad y la pobreza. Por ello debemos entender al desarrollo local como un proceso integrador y autogenerador, que abarque las dimensiones económica, política-institucional, sociocultural y ambiental de los territorios.

 

CONCLUSIONES

 

Con el presente trabajo intentamos mostrar la importancia que adquiere el concepto de capital social en la gestión del Parque y Reserva Nacional Volcán Lanín. El ejemplo más claro lo observamos entre las comunidades que habitan la región, en especial las comunidades mapuches y las autoridades del Parque Nacional. Experiencias de este tipo son formas alternativas de gestión integral del territorio, donde la participación comunitaria, los vínculos sociales, las relaciones de reciprocidad, las formas de asociativismo, la solidaridad, la confianza y la pertenencia al  lugar, nos muestran el camino a seguir, en estos tiempos donde el capitalismo y la globalización han querido dejar su impronta a través de sus postulados económicos.

 

Percibimos, además, cómo la Administración de Parques Nacionales (APN) y sus equipos técnicos se convierten en agentes de desarrollo, articulando, facilitando y promoviendo el desarrollo de las unidades de conservación y sus pobladores.

 

Esta nueva mirada al territorio, en especial a partir del manejo social participativo de las  áreas naturales protegidas, nos debe dejar como enseñanza que todavía es posible  transformar la realidad, utilizando el capital social presente en los pobladores locales de  la región. Debemos considerar a éste, como una herramienta indispensable para gestionar y desarrollar los espacios naturales protegidos en forma sostenida en el futuro.

 

Finalmente, este trabajo de investigación pretende ser una propuesta para que experiencias de este tipo se difundan y así se multipliquen en nuestra sociedad.

 

 

 

 

 

 

NOTAS

 



[i][1] La presente comunicación forma parte de la investigación llevada a cabo en el Proyecto SECYT 24/G044  Estudio geográfico integral del corredor bioceánico norpatagonico: Tercera  parte.” Directora: Lic. Ilda  María Ferrera- iferrera@criba.edu.ar-

 

[ii][2] BOZZANO Horacio 2005: “Territorio y gestión Conocimiento, realidad y transformación: un circulo virtuoso” en el Simposio Problemáticas urbanas en el VII Encuentro Internacional Humboldt, Villa de  Merlo, San Luis.

 

[iii][3] RUIZ, Violeta. 2004: “Organizaciones comunitarias y gestión asociada: Una estrategia para el desarrollo de ciudadanía emancipada, Buenos Aires, Paidós.  p. 91.

 

[iv][4] Id. p. 96.

 

[v][5] TRIGILIA, Carlo, “El capital social. Instrucciones de uso, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003. p. 12.

 

[vi][6] PISELLI, Fortunata, “Capital social: un concepto situacional y dinámico” en El capital social. Instrucciones de uso, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003. p. 55.

 

[vii][7] BRUNO Sofía 2001: “Capital social: aportes para la construcción de una dialéctica” Equipo Territorio y  gestión UNLP (inédito).

 

[viii][8] Id.

 

[ix][9] KLIKSBERG, Bernardo. 2004: “Más ética, más desarrollo, Buenos Aires, Temas. Segunda Edición.  p. 33.

 

[x][10] Id.  p. 56.

 

[xi][11] BRUNO Sofía 2001: “Capital social: aportes para la construcción de una dialéctica” Equipo Territorio y  gestión UNLP (inédito).

 

[xii][12] Id.

 

[xiii][13] Id.

 

[xiv][14] El Plan de Gestión Institucional para los Parques Nacionales fue elaborado por la Administración de Parques Nacionales (APN) considerando las CONCLUSIONES DEL PRIMER TALLER SOBRE TERRITORIO INDÍGENA PROTEGIDO. Administración de Parques Nacionales-Confederación Mapuche Argentina. 2001. 

 

[xv][15] RESOLUCIÓN 142/02. Plan de Gestión para los Parques Nacionales. Administración de Parques Nacionales.  p. 10.

 

[xvi][16] Trigilia C.: Capital Social y Desarrollo Local, en El Capital Social. Instrucciones de uso. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2003. p.151

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

-ALAMO Matías 2005: “Hacia un manejo social participativo de las áreas naturales protegidas en el Corredor Bioceánico Bahía Blanca-Puerto Montt: El caso del Parque Nacional Volcán Lanin” en VII Jornadas nacionales y I Simposio Internacional de investigación-acción en turismo, Bahía Blanca.

 

-ATRIA R y SILES M  2003 (Compiladores): “Capital social y reducción de la pobreza en América Latina y el caribe: en busca de un nuevo paradigma” CEPAL-Michigan State University.

 

-BOZZANO Horacio 2005: “Territorio y gestión Conocimiento, realidad y transformación: un circulo virtuoso” en el Simposio Problemáticas urbanas en el VII Encuentro Internacional Humboldt, Villa de  Merlo, San Luis.

 

-BRUNO Sofía 2001: “Capital social: aportes para la construcción de una dialéctica” Equipo Territorio y  gestión UNLP (inédito).

 

-BOSCHI Ana y ENCABO  Matilde. 2001: “La Administración de las áreas protegidas y el manejo del turismo” en Octavo Encuentro de Geógrafos de América Latina, Buenos  Aires.

 

-BOURDIEU, Pierre. 2003: “Capital cultural, escuela y espacio social, Buenos Aires, Siglo Veintiuno.  Primera edición argentina. 

 

-HECKER, Eduardo y KULFAS,  Matías. 2005: “Los desafíos del desarrollo. Diagnósticos y propuestas, Buenos Aires, Capital intelectual.  

 

-KLIKSBERG, Bernardo. 2004: “Más ética mas desarrollo, Buenos Aires, Temas. Segunda Edición.  

 

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Ponencia presentada en el Simposio Ambiente y Política. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Miércoles 27 de setiembre de 2006.