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Asunto:[encuentrohumboldt] 465/06 - Cartografía de las resistencias en norpatagon ia
Fecha:Lunes, 30 de Octubre, 2006  01:35:23 (-0300)
Autor:Encuentro Humboldt <encuentrohumboldt @..................ar>

Cartografía de las resistencias en norpatagonia.

El caso del Movimiento de Mujeres en Lucha del Alto Valle.

 

Lic. Zulema Semorile

Universidad Nacional del Comahue

Neuquén. Argentina

zsemorile@arnet.com.ar

 

Resumen

El objetivo de este trabajo es dar cuenta de algunas reflexiones surgidas en torno a la consideración de la lucha de las mujeres patagónicas como nuevos(as) sujetos(as) de derecho. En el mapa de las acciones colectivas llevadas a cabo por las mujeres en Norpatagonia, se observan voces y espacios de resistencia muy diferentes: esclarecimiento de femicidios, derechos sexuales y reproductivos, ligaduras de trompas, salud, educación, la lucha por la tierra, contaminación, etc.

De esta manera, y a través del análisis de distintos materiales teóricos y empíricos, se observa la constitución de identidades colectivas en el seno de estas acciones colectivas. Asimismo, se visualiza la adopción de nuevas metodologías para sus reclamos, el contenido de los mismos, su  inscripción en la agenda del espacio público y las formas de organización adoptada.

Desde la reconsideración crítica del saber que nos proporciona la perspectiva de los Nuevos Movimientos Sociales realizaremos un abordaje teórico-metodológico que implica el aspecto relacional de la identidad y la diferencia, el reconocimiento y la redistribución. Creemos que estas cuestiones constituyen una forma primaria de relaciones significantes de poder, que se manifiesta en un control diferencial sobre los recursos materiales y simbólicos del colectivo u organizaciones de mujeres.

La acción elegida para enfocar esta problemática es el papel desarrollado por el Movimiento de Mujeres en Lucha del Alto Valle, que puede ser considerada un caso paradigmático por la naturaleza de sus demandas y por la relevancia que estas acciones han tenido en la instauración de la problemática agropecuaria a nivel regional y nacional. 

 

 

A modo de introducción

Las transformaciones socio-económicas y políticas ocurridas/producidas en la región norpatagonica como en todo el país, son originadas en el modelo neoliberal, que redefinieron, entre otras cosas, las relaciones salariales y laborales, provocando un deterioro en la protección de los trabajadores y del poder sindical y la introducción de una fuerte flexibilización laboral. Esta situación se tradujo en un empobrecimiento del ámbito agropecuario y desmantelamiento del sector industrial, acompañado por niveles crecientes de desempleo, con la consecuente precarización de las condiciones de vida, una fuerte concentración del capital y un aumento de las situaciones de desigualdad y de exclusión social. En este  contexto, surgen diferentes acciones colectivas y protestas como el movimiento de las mujeres en lucha, de trabajadores de empresas recuperadas, organizaciones de desocupados, como asimismo de docentes, empleados y profesionales de la salud sin olvidar las reivindicaciones de los pueblos originarios.

Este estudio  consiste en analizar el papel de las mujeres en la región norpatagónica en la gestión de acciones colectivas llevadas adelante en su lucha por sus derechos humanos, sociales, civiles y políticos, por su liberación.

Este trabajo intenta explicar cómo es y puede ser “el protagonismo de las mujeres rurales”, prestando atención a la cuestión de género, en base a un análisis de diferentes hechos que fueron marcando la lucha de estas mujeres para igualar sus derechos a los de los hombres y específicamente qué está jugando en nuestra sociedad actualmente para mantener la superioridad masculina.  Estas mujeres se están convirtiendo en sujetas activas, luchando por el reconocimiento y redistribución (sensu Fraser, 1997). Con Bourdieu, creemos que el género constituye una forma primaria de relaciones significantes de poder, el que se manifiesta en un control diferencial sobre los recursos materiales y simbólicos de un pueblo.

Presentamos los resultados de un estudio acerca de un movimiento agrario surgido en la Argentina, a mitad de la década de 1990, iniciado y constituido por mujeres, como es el MML anclado, en este caso, en el grupo del Alto Valle.

Al presentar y analizar el MML, seguiremos muy de cerca sus propias palabras y no sólo las ideas, según se recogen en los documentos sobre los que hemos trabajado: entrevistas, observación participativa, análisis de documentos elaborados por el movimiento, diarios regionales, nacionales e internet. En virtud de lo expuesto, los reclamos del MML permiten, según creemos, encuadrarlos en el marco de los nuevos sujetos de derecho. Más allá de la diversidad de los mismos, el elemento común es el reclamo de justicia y la demanda por sus derechos fundamentales.

 

Las “pioneras”

El Mujeres Agropecuarias en Lucha de la Argentina (MML) es un movimiento agrario surgido en la mitad de la década de 1990, iniciado y constituido por mujeres. El grupo de las "pioneras" es­tuvo conformado por esposas de medianos agricultores, o bien, eran ellas mismas agricultoras viudas o solteras. Esta organización surgió por la acción espontánea de un sector de productores (farmers) de una región ve­cina a la rica Región Pampeana, productora de cereales y gana­do vacuno para la exportación. El detonante fue el endeudamien­to bancario por la que estos chacareros atravesaban que derivó en procesos judiciales iniciados por los bancos con remates de sus tierras y maquinarias agrícolas. “Lucy de Cornelis, esposa de un agricultor endeudado de la provin­cia de La Pampa (en el centro del país), no aceptó la idea de perder la finca porque consideraba que su endeudamiento era consecuencia de una situación injusta, y convocó por radio a otros chacareros/as que estaban en la misma situación. Las que acudieron y pararon ése, así como muchos otros remates, fueron las mujeres. Ellas lograron sus­pender el acto judicial con cánticos y rezos, persua­diendo a los posibles compradores acerca de la injusticia que comportaba tal transacción” (Giarraca, 2001:144).

La participación de estas mujeres no deriva de su experiencia previa en organizaciones gre­miales (pues no la habían tenido) ni de su educación formal. A nuestro entender, esa capacidad deriva de las habilidades e inversiones emocionales que estas mu­jeres pudieron instalar frente a una situación vivida como injus­ta y ofensiva. Ese momento de decisión, de resignificar recursos, convocar a otros chacareros, fue relevante para sostener la acción, asumiendo su rol de liderazgo.

El liderazgo de las “pioneras” está basado en sus propias destrezas para generar relaciones con los otros, capacidad para convocar y ser autorizadas por los otros en el propio acto. La "no aceptación" del discurso institucional (rechazo de las acciones ju­diciales) politizó su acción, la convirtió en una acción colectiva (Melucci, 1989).

Desde la primera acción (1995), estas mu­jeres lograron organizarse a nivel nacional y, especialmente, co­locaron en la agenda de la discusión política el problema del endeudamiento y el significado de la probable desaparición de los pequeños y medianos productores rurales del país.

Esta organización surge en el mundo rural de la región cen­tral del país, tradicionalmente masculino: irrumpe con modos de acción novedosos y transgresores como, por ejemplo, impedir una acción judicial. Lo hacen con un discurso que se radicaliza y que marca discontinuidades con las acciones de protesta social agrarias previas, estableciendo alianzas desde un inicio, al incluirse en el movimiento social de las mujeres y en los nuevos movimientos agrarios surgidos al calor de la "nueva protesta agra­ria" (Giarracca, 2001).

A principios del nuevo milenio, a diez años de sus pri­meras apariciones, el MML cuenta con la personería jurídica, lo cual lo habilita como organización gremial, con una amplia expansión en el nivel nacional y con una metodología de acción que lo identifica en todo el país. Además, sus integrantes son re­conocidas como un actor de peso en el gremialismo agrario na­cional, caracterizado por estar conformado siempre por hombres.

Desde el momento de su instauración, el MML utilizó los medios de comunicación (radio local y prensa escrita) como una herramienta de expansión.

“El 3 de junio de 1995 fue el remate en Winifreda, y el 21 de septiembre tuvo lugar la reunión donde se formó la "mesa nacio­nal" a la que asistieron representantes de distintas zonas de La Pampa, de las provincias de Santa Fe, Buenos Aires, Río Negro y Formosa” (Giarraca, 2001:159). La primera etapa de expansión fue espontánea aunque los medios de comunicación han sido de gran ayuda.

En una segunda etapa, "las pioneras" se trasladaban para parti­cipar en los nuevos remates. El mecanismo era simple: los agricultores las llamaban porque les llegaba la cédula judicial; entonces ellas decidían quiénes iban y cómo financiaban el viaje. Las más conocidas se comunicaban con los medios y las delega­das se trasladaban a la nueva región (Giarraca, 2001).

El MML obtiene a lo largo de estos años varios premios y distinciones: Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (por ser el hecho más destacado del país), de la Unión de Mujeres Argentina, del partido político FREPASO y de la CTA -Central de Trabajadores Argentina- (premio por el derecho a la tierra).

 

Genealogía del MML del Alto Valle

El MML del Alto Valle, como todo el movimiento a nivel nacional, está constituido por mujeres: esposas, viudas de "chacareros" o  responsables de la producción agropecuaria (por delegación familiar). La característica principal de este movimiento consiste en organizar y gestionar grupos de mujeres cuyo objetivo es la resistencia, y que actúan enfrentando las consecuencias de una política rural que permite, en esta región, que las deudas contraídas con los bancos de crédito, especialmente el Banco Nación, pongan en peligro los inmuebles rurales, fundamentalmente la tierra.

Conviene subrayar, como dijimos antes, que esta organización emerge desde un medio rural eminentemente masculino, de medianos y pequeños chacareros (farmers), que a causa de la política económica vigente perdió su poder adquisitivo, la capacidad de innovación y desarrollo laboral y su entorno cultural tradicional.

Esta organización surgió por la acción es­pontánea y como extensión del movimiento nacional en la región del Alto Valle de Río Negro y Neuquén, dedicada a la agricultura intensiva bajo riego, principalmente frutícola. Se autodefine como un movimiento horizontal, pluralista y democrático, en defensa de los pequeños y medianos productores de la región, lo cual implica defender los intereses de un altísimo porcentaje de propietarios del espacio rural valletano.

Una de las dirigentes del MML Alto Valle, cuenta de este modo la creación del grupo:
"En eso acordamos las mujeres. El único camino que nos queda como chacareras es luchar para resistir a este sistema que nos sigue avasallando y quitando los derechos"… "la conclusión principal se resumiría en dos palabras: denuncia y lucha".

Otra de las integrantes comenta: “… fue muy lindo, primero porque nosotras sabíamos del remate y fuimos a organizar el movimiento. Se organizó el movimiento, a los 15 días se hizo el remate. El rema­te, en realidad, se transformó en un acto público y polí­tico. Fue un montón de organizaciones, estaban todos, estaban las Madres de Plaza de Mayo, HIJOS, APDH, la Universidad -docentes y alumnos-. Era la pri­mera vez en Río Negro, entonces todos de pie cuando empieza el rematador ha hablar, empezamos a cantar el Himno Nacional, la situación era totalmente nueva, pero el remate se hace. Lo anulamos y a los 14 días se vuelve a hacer, lo anulamos otra vez” (entrevista, 1998).

El discurso del MML, distintivo de estas mujeres, ha sido formulado en términos negativos: "Ni un  sólo remate más", "No dejemos que la usura nos quite nuestros campos, nuestras herramientas, que nos saque nuestras tierras, nuestras casas", "¡Basta ya!", "no les demos más tregua", etc. La utilización de esta lógica de la negatividad apela a la naturaleza no negociable propia del movimiento, expresada en el discurso con la utilización de las an­tinomias: nosotros/ellos, riqueza/miseria, individualismo/solidaridad (Giarraca, 2001).

El MML cuenta con un conjunto de asesores legales que apo­yan estos actos y proponen las acciones judiciales a seguir en ca­da caso. Sus acciones se mueven en estos dos niveles: la protes­ta, impidiendo la acción del rematador, pero también en las acciones legales necesarias y pertinentes. Las diri­gentes comentan que son muchísimos los remates que no se pu­dieron llevar a cabo en estos años y estiman que han sido a razón de 40 por año. Si la "acción directa" del MML no puede llevarse a cabo los abogados interponen recursos para declarar la nulidad del acto y del acta judicial por cuestiones de "vicios de acción". Han ganado la mayoría de estos casos pero el banco vuelve a in­tentar el remate.

Sin embargo en cada acto donde participan y con cada nuevo grupo de mujeres endeudadas que hace su aparición en la región, logran fortalecerse. Una activa dirigente comenta: “¿Cómo explicas que un grupo de mujeres, solamen­te entonando las estrofas del Himno Nacional, y tomadas de las manos, o rezando el rosario, resista de esa forma?  Un acto tan sencillo y con tanta fuerza…” (En­trevista, 1999).

"O me matan o mato, pero jamás voy a entregar la chacra, en 1994 saqué un crédito de 25.000 pesos y a los dos años ya no pude seguir cumpliendo con las cuotas” (Elsa, 1999).

Con su sola y ruidosa presencia este grupo de mujeres ha logrado frenar muchos remates.”… se proponen evitar que el sistema financiero y el impositivo, con los que mantienen deudas, les rematen los campos productivos que poseen y que son sus únicos medios de sustento. Lúpori y Cerda pretenden que el gobierno nacional vuelva a postergar las ejecuciones de las deudas, como lo vino haciendo hasta ahora. Además le reclaman un papel más activo al gobierno rionegrino….

En esta coyuntura reclaman la extensión de las suspensiones de los remates pero el pedido de fondo es un recálculo integral de las deudas que lleve a una condonación que puede ser parcial o total. En lo inmediato, piden que se pospongan las ejecuciones de las deudas hasta que la cosecha de fruta de este verano se encuentre en un grado considerable de avance porque saben que la devaluación favorecerá la fijación de un buen precio y que ello podría ayudar a pagar lo que deben (diario Río Negro, 12/11/02)

El fortalecimiento de la organización constituye un proceso abonado por determinadas prácticas sociales de las dirigentes. Éstas tienen que ver con la consolida­ción de la expansión territorial (en forma constante son reclamadas de dis­tintas zonas del país) y con la capacidad de reconocer­se dentro de redes nacionales e internacionales de agricultores que luchan por causas parecidas.

La acción colectiva del MML Alto Valle se destaca por su capacidad de mo­vilizar y demandar y asimismo observar los procesos que conciernen a ellas mismas como mujeres chacareras que logran conocimientos, capacidades, autoconciencia y autoafirmación.

El “poder” y “fortalecimiento" están fuertemente relacionados con el "conocimiento", en sentido amplio, in­cluyendo tanto los conocimientos prácticos como los técnicos, así como también los “autoconocimientos”; los cuales las habilitan para tomar decisiones.

De las entrevistas a las principales dirigentes actua­les del MML registramos algunos aspectos que permiten un primer acercamiento a ellas:

“las integrantes rondan entre los 40 y 65 años. Todas ellas descienden de familias de inmigrantes: italianos, españoles y franceses. La mayoría tiene 3 ó 4 hijos. Só­lo dos han tenido experiencias de participación política: en derechos humanos y una en el centro de estudiantes, y la otra había intentado par­ticipar en el gremio frutícola- y algunas habían .sido socias o participado en cooperativas”.

Estos rasgos permiten localizarlas en un mundo social formado por las localidades y chacras del Alto Valle, descendientes de inmigrantes que lo­graron con muchas dificultades cierta movilidad social durante el siglo pasado, confiando en el trabajo y en el esfuerzo familiar y va­lorizando la educación formal.  A excepción de la dirigente Andrea Lupori que es ingeniera agrónoma y algunas colaboradoras también profesionales, el resto no tienen los estudios completos y sí  tienen hijos universitarios o, por lo menos, en el nivel de en­señanza media. En varias de las entrevistas obdervamos situaciones familiares difíciles, ubicadas en algún mo­mento de sus pasados, relacionados con pérdidas de patrimonios, quiebras de empresas o de campos, o, por lo menos, historias de sacrificios para lograr mantener las chacras. El peligro de perder nuevamente aquellos derechos por los que sus padres/abuelos/esposos tanto lucharon, aparece en los relatos en forma reiterada. Nuevamente, como en las histo­rias familiares, todo está en riesgo.

“En la actualidad si revisamos las últimas luchas en el sector agropecuario coincidentemente encontramos una pieza fundamental: la mujer. Así en 1998 en el Alto Valle de Río Negro el movimiento “Mujeres en Lucha” decidió poner sus cuerpos para impedir los remates que amenazaban a centenares de pequeños productores. Este movimiento empezó en la provincia de Río Negro con mujeres solas que trabajaban la tierra, pero a ella fueron sumándose otras que veían a sus maridos aturdidos por la crisis” (entrevista a Andrea L, .2000). 

La propiedad de la tierra es compartida en la sociedad con­yugal, como todo el resto del patrimonio. Para estas mujeres el peligro de perder sus patrimonios está representado por el Estado, los bancos y sus acree­dores en general (Giarraca, 2001).

Cabe considerar que, el nivel de los sujetos es importante para enten­der aquellos aspectos que posibilitan el fortalecimiento: las tra­yectorias familiares, sus propios procesos de formación como mujeres de campo, hijas y nietas de inmigrantes, con sus tradicio­nes culturales, sus imaginarios en relación con la llegada de esos abuelos "gringos". Se trata de comprender las singularidades que distinguen un relato de otro, los modos en que cada una vivió las condiciones de conformación de la vida social rural argentina. Esas experiencias personales de "logros y pérdidas" también se vinculan con esta decisión imprevista en los años noventa de "ti­rar el delantal" (se refieren al delantal que usan las mujeres en la cocina) y salir a la escena pública. Tengamos presente que mu­chas otras miles de mujeres permanecen en sus hogares sin par­ticipar (y a veces criticando al MML) y el análisis de este nivel, el de los sujetos sociales, colabora en la comprensión de estas dife­rencias (Giarraca, 2001).

Además de la demanda de refinanciación, desde 1998 a la ac­tualidad algunas de las dirigentes del MML han incorporado otro tipo de temáticas, en parte porque aparecieron nuevos problemas y en parte por el aprendizaje que implica la interacción con otras organizaciones. Las  nuevas demandas más significa­tivas son las de género, las relacionadas con el medio ambien­te y los recursos naturales. En efecto, las acciones en el espacio público, las negociacio­nes difíciles con dirigentes gremiales hombres, habilitaron en ellas una reflexión sobre el papel de la mujer en los espacios pú­blicos. La problemática ecologista, que ya presente en al­gunas dirigentes (a diferencia del problema de género), empie­za a debatirse al cuestionar el modelo tecnológico ofreci­do por el discurso neoliberal.

Esta organización de mujeres ha participado de varias marchas y en "los cortes de rutas" de la región, reclamando garantías para la posesión de las tierras y la obtención de un financiamiento justo para el desarrollo productivo de los emprendimientos rurales. Ya en 1995 llevaron a cabo la Primera Asamblea Nacional de Mujeres Agropecuarias en Lucha, a la que convocaron organizaciones de mujeres representantes de educación, derechos humanos,  del comercio y de la industria. En esa oportunidad se presentó un petitorio que fue elevado al Presidente de la Nación, a los Gobernadores, a los Senadores y Diputados Nacionales y Provinciales, y a los miembros del Poder Judicial, exigiendo atención para sus reclamos. Este accionar colectivo, fuertemente agrupado, lleva a sus integrantes a elegir todos lo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, para hacerse presente en las marchas en Neuquén y en la Plaza de Mayo junto a movimientos feministas y colectivos de mujeres. “Si vemos algo muy cercano a nuestra fecha: 08 de marzo de 2000, en el día internacional de la mujer, el mismo movimiento, extendido ahora a varias provincias se manifestaron frente al Banco Nación peticionando la refinanciación de sus deudas” (entrevista a Andrea L, .2000)

“El 8 de marzo, Día internacional de la mujer un tractor, manejado por una joven de la agrupación Mujeres en Lucha, abrió el camino de la marcha en medio de cánticos en defensa de la producción y en contra de los remates, que se mezclaron con las condenas a la violencia familiar y al aborto clandestino” (diario R.Negro, 09/03/99)

En el caso de MML, hay un intento de generar un nuevo sujeto social, de pro­ducir nuevos sentidos que dan cuenta de un conflicto que va más allá del reclamo puntual de parar los remates de los campos, mostrando un problema cultural del país de hoy: la posibilidad o imposibilidad de seguir viviendo en el campo o en las zonas ru­rales como lo hicieron los padres o los abuelos de las protago­nistas. Dicho en otras palabras, el conflicto enuncia la tensión en­tre la posibilidad de persistencia o la desaparición de la "explo­tación agropecuaria familiar capitalizada" con todas las consecuencias culturales que esta cuestión implica.

Esta experiencia de lucha permite dar cuenta de la expansión y el fortalecimiento del MML, posibilitado por las acciones orien­tadas hacia la formación de redes sociales. Enmarcamos las ac­ciones del movimiento en la situación socioeconómica crítica que sufre el sector y que, además, pone límites concretos a la organización (pierden tierras, no tienen recursos para trasladar­se, etc.).

A nuestro entender, esta mayor visibilidad del MML desde fi­nes de 1998, se relaciona con dos situaciones: por un lado, un aumento de la protesta social general del país; por otro, un aspecto intrínseco al MML que tiene que ver con su expansión, tanto territorial como en el nivel del fortalecimiento de la organización.

En efecto, después del período de emergencia, que fue de alta visibilidad pública, siguieron otros tiempos de latencia, donde se reforza­ron las solidaridades y se crearon nuevos códigos que permitie­ron desarrollar prácticas comunes. En ese otro momento, como otro polo de la misma acción (Melucci, 1984) buscaron armar redes que sostendrían ese primer "mensaje" lan­zado en el momento fundacional.

Las principales demandas del MML aunque están dirigidas básicamente a: la suspensión de embargos y/o ejecuciones de las chacras endeudadas; el congelamiento de los juicios en trámite; el análisis de la legitimidad de las deudas, y el pedido de refinanciamiento a no menos de veinte años, también enfocan otros problemas. En un primer momento, apuntaron a una crítica de la política agropecuaria para luego extenderse a la crítica de la economía en el ámbito nacional denunciando el fuerte proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la aparición de nuevos latifundios, además las denuncias incluyen la deuda financiera, la extranjerización de la  tierra y la deuda externa.

Además, el MML apoya las demandas judiciales de los productores afectados por la crecida de los ríos (Limay, Neuquén y Negro) Una de las fervientes dirigentes señaló “peligran la cosecha y la supervivencia de las plantaciones debido al incremento de nivel en la napa freática, producto de los altos caudales erogados por las represas asentadas en la cuenca hídrica neuquina” (diario R. Negro, 11/08/01).

Lupori garantizó el asesoramiento legal de MML a los damnificados por las crecidas y reiteró los reclamos "estructurales" referidos a un precio sostén y condonación de deudas para los productores frutícolas y denunció que los subsidios prometidos por el gobierno nacional "nunca llegaron y sirvieron solamente para sacar a los chacareros de la ruta".

En el corto plazo, enviarán cartas documento para exigir a los gobiernos nacional y provincial y a la Autoridad Interjurisdiccional de Cuencas su intervención para regular los caudales de las represas, que afectan profundamente la zona productiva de la provincia. Lupori dijo que "alguien tiene que tomar cartas en el asunto", y graficó la vulnerabilidad del sector, reclamando nuevamente el precio sostén y una solución integral que permita salvar la cosecha y las plantaciones.


El MML y el espacio público

Los primeros intentos de remate, es decir, de despojo de tierras y bienes, se llevaron a cabo en Plottier, (provincia de Neuquén) y en Cinco Saltos (provincia de Río Negro) en 1998. En esos momentos, el martillero a cargo del remate, se vio obligado a suspender el acto judicial debido a la presión ejercida por un grupo considerable de mujeres, coordinadas por la dirigente Andrea Lupori. A pesar del escaso impacto que estos hechos causaron, la noticia circuló, y se agotó en escasos 15 días pero la actitud de las mujeres valletanas reactivó en ese momento, la imagen de la participación de la mujer rural en la toma de decisiones.

El formato de protesta del MML es el rezo y el canto del Himno Nacional Argentino como así también otras tácticas intimidatorias tales como fotografiar al futuro comprador o interrogarlo frente a los presentes y a las cámaras de TV. Otras estrategias han sido tapar con la bandera argentina el texto que debía leer el/la martillero/a o rodear al oferente y al martillero.

La actitud del MML pone de manifiesto hoy, de forma semejante al “Grito de Alcorta”,  el éxito de las acciones emprendidas por un grupo de mujeres que han optado por la defensa de un modelo de producción y de calidad de vida del medio rural. Estas mujeres manifiestan el por qué de la decisión con claridad:"...Yo creo que en el fondo las mujeres estamos un poco resguardadas,  los hombres son más tímidos..., yo vengo acá a hablar y la policía no me va a pegar. A lo mejor el hombre tiene miedo, tiene miedo de tener problemas,… tiene miedo al ridículo...". "...Los hombres siempre han estado en la lucha, pero les cuesta reconocer lo que sucede, en cierta forma sienten que han fracasado. "...Los hombres están resignados, como quien dice, no saben que hacer...". … se sienten culpables porque siempre el hombre mantuvo la familia y ahora ven que no pueden seguir...".

Estas declaraciones, que emergieron en un contexto machista y en una sociedad paternalista,  fueron fruto del éxito de las estrategias del MML para la defensa de los bienes de la familia rural; sin embargo, causaron conflicto y dividieron a la opinión pública.

Los diarios regionales y nacionales informan de los hechos. No obstante, la acción llevada a cabo por el MML no ha tenido en los medios de comunicación, ni la repercusión merecida ni ha sido valorada en su dimensión debida. En este sentido, las estructuras del discurso periodístico muestran un juicio de valor encubierto, subrayando una vez más que el tema de la participación de la mujer rural en espacios de decisión, merecen una mayor atención.

A pesar de ello, la gente de  "la calle" rescató el alcance de la acción en comentarios tales como:   “En mi opinión es muy valioso que las mujeres -dueñas, esposas, hijas y trabajadoras de chacras-, se levanten en contra de las medidas a las que están siendo sometidas sus familias, y pidan una solución. Especialmente considero que en vista a que los hombres no logran respuestas por parte de las autoridades para mejorar su situación y clarificar deudas con el Banco, llegó el momento que las mujeres tomen la iniciativa y la fuerza para revertir la realidad que viven los productores agrarios desde hace ya varios años. Los ingresos de mi familia provienen de lo se obtiene en la chacra. Ya en los 90’, la crisis que invadió a tantos, también invadió mi familia. Desde que cumplí 18 años, mis padres no pudieron colaborar con mis estudios, porque la chacra no era rentable. He trabajado siempre para poder obtener mi título de ingeniera agrónoma. Este verano trabajé con los crianceros de la Línea Sur de Río Negro. En esa zona comprobé como trabaja una mujer a la par de un hombre. Pero, con una diferencia ella no tiene sueldo."(Andrea, 2000).

Cabe señalar que, en general, el trabajo de la mujer en el campo no es visibilizado. Son muchas las familias que viven en la zona rural, por lo tanto, son muchas las mujeres que aportan trabajo. Este movimiento de mujeres chacareras que se han agrupado con el fin de defender sus bienes, ha provocado una fuerte impacto en el país, especialmente en el mundo rural. Es la única manera que se valore el trabajo de la mujer en el campo y su fuerte peso en la economía rural.

Este año (2006), el MML de Roca, decidió conformar un plan “más terminante y resolutivo”, a fin de impedir los remates de los pequeños productores que adeudan el canon de riego. La decisión se tomó en un encuentro realizado con pequeños chacareros y otras organizaciones sociales, con el objetivo de “tratar la situación de los deudores del canon de riego de los distintos Consorcios del Alto Valle”.

Los medios de prensa regionales reflejan lo expuesto de la siguiente forma:

“La problemática se planteó ante la legisladora provincial por el ARI, Magdalena Odarda, quien asistió a la reunión. Por ello acordaron solicitar el tratamiento sobre tablas en la Legislatura del proyecto de modificación del artículo 1º de la ley 3.802, “que incorporaría a los deudores del servicio de riego a los beneficiarios de dicha normativa, como lo hizo con los deudores del ex banco provincia” en junio de 2005. Requerirán a otros legisladores provinciales que presten acuerdo para votar este proyecto, ante la urgencia que significa la realización de más remates, “como se tiene dispuesto desde los Consorcios, con la anuencia del Departamento Provincial de Aguas”. Dijeron que es  “los fines de proteger a pequeños chacareros familiares”.

Le exigirán también al DPA “que deje sin efecto la resolución Nº 087/02, por cuanto delega la atribución de su rol de policía del agua a los Consorcios de Riego”. Fundamentaron que los Consorcios, sin autorización previa del DPA, pueden ejecutar deudas, “siendo esta potestad de control facultad indelegable de la autoridad de aplicación”.

En la lista de pedidos incluyeron la presentación de un recurso por los juicios ejecutivos a los regantes, “por anormalidades existentes en los mismos” (Rio Negro, 03/02/06).

Por último, el MML de Roca, proclamó “hoy más que nunca” su histórico reclamo de un precio sostén en origen, por cuanto el precio logrado da como resultado más sometimiento y entrega, ya que está por debajo del costo de producción, por lo cual no existe posibilidad de que el chacarero siga viviendo con dignidad de su trabajo y menos aún que pueda pagar sus deudas.

 

Identidades beligerantes

La capacidad organizativa de la población femenina rural queda evidenciada en este movimiento como una (¿nueva?) figura de participación social. Al respecto una de sus integrantes afirmaba: "nosotras que nacimos como representantes del MML en el Alto Valle, estamos orgullosas de nuestra forma de resistencia…. somos mujeres que con energía que han decidido pelear por lo suyo. No somos un grupo de choque. No hay cosa más significativa que pelear por la producción, por el trabajo, por lo nuestro….". Su discurso se refería a las demandas que se habían consensuado en la Asamblea Nacional de Mujeres Agropecuarias en Lucha, en Santa Rosa (La Pampa), el 22 de septiembre de 1995 .Las mismas hacían referencia a:

- Suspensión de embargos y/o ejecuciones en forma inmediata y congelamiento de los juicios en trámite para el remate de tierras y bienes.

- Revisión y análisis de la legitimidad de las deudas acumuladas desde su origen y aceleración de la reconversión del sistema financiero.

- Refinanciación de todos los créditos.

- Análisis de la situación creada para muchos productores que recibieron la Células Hipotecarias Rurales, ante su imposibilidad de pago y la refinanciación inadecuada que ofrece el Banco de la Nación Argentina.

- Reconsideración de la normalización de cuentas corrientes bancarias para rehabilitar y recuperar las cadenas de pago.

- Implementación políticas nacionales y provinciales que atiendan dentro de los economías regionales a cada zona con sus necesidades particulares de desarrollo económico, tecnológico, de marcado y crediticio.

Como se puede observar, estas demandas han tendido fundamentalmente a lograr una urgente solución para los deudores de la producción rural con el objeto de impedir que se malvendan sus bienes a terceros. Las mismas surgieron de una acción colectiva hegemonizada por mujeres que, sin embargo, no se había constituido específicamente alrededor de demandas de "género". Es decir, constituyen acciones y estrategias que se pueden conceptualizar como emergentes de un nuevo movimiento social que incorporaba la presencia de la mujer en el ámbito organizacional.

Este fenómeno puede ser interpretado como un nuevo sujeto social que se articula en torno a demandas para mantener y mejorar condiciones materiales de existencia de sectores específicos. El perfil de este nuevo(a) sujeto(a) social MML, se asemeja, desde este punto de vista, a otras participaciones femeninas que con características similares movilizan barrios y o comunidades rurales. La cotidianidad plagada de riesgos es asumida por las mujeres; ellas demandan al Estado, a los gobiernos y autoridades locales y a los distintos grupos económicos que lucran con la pobreza, la apertura y ampliación de servicios de educación, salud, vivienda, medioambiente sano, para lograr una mejor calidad de vida  y conservación de recursos naturales, regularización de la tenencia de la tierra, etc.

En el caso de las mujeres del MML en sus relatos ellas nos transmiten “un modo de vivir diferente al de las zonas urbanas, tal vez más duro y con menos comodidades, con más trabajo, pero construidos por ellas. Defienden no sólo un mundo social - con una forma de insertarse en la producción, de pelear los ingresos y el destino de la descendencia - sino también un modo de vida. En este ultimo sentido, sus apelaciones cobran una relevancia acorde con los códigos de final de siglo. La fuerza de sus demandas proviene del riesgo de perder una identidad colectiva e individual que las acompañó a lo largo de sus vidas... Apelan a la imagen cultural de la espontaneidad y simpleza de las necesidades primarias: la familia, el cuidado de los hijos, de la tierra y de sus frutos...". De este modo, han estrechado lazos de solidaridad entre ellas y han logrado hacer público lo privado e histórico lo cotidiano. Los procesos de movilización, participación y representación en las acciones colectivas les dan puntos de acceso a formas de experiencia pública, y también de confianza y reconocimiento entre integrantes que acaban sin­tiéndose vinculadas al mismo bien común.

La reformulación de estas estrategias de vida, implica una toma de conciencia por parte de la opinión pública y a nivel de políticas sociales y educativas. En el caso del mundo rural, se necesitan programas de extensión/comunicación, además de políticas y programas educativos que reconozcan el papel de la mujer y sus derechos, su forma de organización para exponer sus ideas en relación a posibles transformaciones de una realidad social en la que está inmersa, como asimismo expresamente sumergida. Hasta ahora estas cuestiones sólo se han reducido a planificar mejoras referidas a tareas domésticas, tales como: la conservación de alimentos, mantenimiento de la huerta, la nutrición y el cuidado de niños.  Esto permitirá que ciertas esferas de la vida cotidiana, como el trabajo, la escuela, el barrio, el mercado de consumo, las acciones organizativas de grupos colectivos  se visualicen de otra forma.

Durante el siglo XX, las mujeres del campo ocuparon espacios sociales anteriormente dedicados sólo a los hombres, sobre todo en las cooperativas, y, a partir de 1980, en programas gubernamentales dedicados a estimular su participación. Lograron tam­bién algunos cargos en sindicatos de trabajadores rurales donde la proporción de mujeres era significativa, como el caso de  empaque de frutas en el Alto Valle. Pero el espacio gremial de los productores agropecuarios es­tuvo, hasta 1995, reservado para los hombres y sin ninguna excepción: desde la Sociedad Rural Argentina (represen­tante gremial de los grandes terratenientes agropecuarios) hasta las radicalizadas Ligas Agrarias que agruparon a campesinos y colo­nos del Norte del país durante los años ‘70 (Giarraca, 2001).

Estas mujeres del movimiento tienen como tarea inmediata lograr la refinanciación de la deuda agraria, pero además poseen otra que es eminentemente comunicativa: explicar al mundo urbano unos códigos que subvierten la lógica de los que generan la política argentina. La lógica oficial habla de la desaparición de un modelo de agricultura que cofundó el país. En el proyecto oficial de la "nueva agricultura" participan actores económicos nacionales y de "globalización". En este sentido, estas mujeres hacen visible al público la cuota de violencia, de arbitrariedad, de injusticia y de autoritarismo, que existe en este proceso (Giarraca, 2001).

 
La formación de redes sociales

Una de las primeras decisiones de las "pioneras" fue conectar­se con otras organizaciones con expe­riencias similares, tanto del país y como del exterior.

Es importante prestar atención a las diferencias mencionadas por las dirigentes del MML en referencia a la principal organización gremial de los pequeños y medianos productores, ya que se relacio­nan con los aspectos que ellas mismas priorizan para generar alianzas. “La capacidad para registrar los despliegues de asimetrías por género, criticarlos y buscar los grupos donde los hombres es­tén más abiertos a estos nuevos aprendizajes democratizadores, señala preocupaciones pero también ciertas habilidades persona­les y grupales. En efecto, buscan fortalecer y conectar al movi­miento con otras organizaciones que cumplan dos aspectos (pa­ra ellas esenciales): combatividad y respeto por las posiciones de género” (Giarraca, 2001:161).

El MML Alto Valle se conectó, además, con organizaciones provinciales de pequeños productores o de comerciantes endeudados, con la Facultad de Ciencias Agrarias, UNCo. Además están en contacto y tratan de fortalecer vínculos con varias organizaciones de mujeres. Eligen el 8 de marzo “Día In­ternacional de la Mujer” para encontrarse y hacer su asamblea anual. Están conectadas con organismos de derechos humanos y con la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) y el Mo­vimiento de Trabajadores Argentinos (MTA), que son organizacio­nes gremiales combativas y con el Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MOCASE). Están en relación con el Frente Agropecuario Nacional e integrantes de entidades adheridas, representantes de las organizaciones del campo que conforman la Asamblea Agraria Nacional, la Mesa Federal Agraria, el Comité de Defensa del Usuario Vial, el Encuentro de Economistas Argentinos y la Mesa del Empresariado Nacional Pyme.

Tienen fuertes contactos con algunos legisladores de los partidos de centro-izquierda que conformaron la Alianza/FREPASO/ARI  pero declaran neutralidad partidaria. Asimis­mo se conectan con grupos de universitarios, con sectores de la Iglesia progresista (muchas de las dirigentes se manifiestan muy creyentes) y con los pueblos originarios, a través de la Coordinadora de Organizaciones Mapuche de Neuquén y con el Consejo Asesor Indígena de Río Negro.

Algunas de estas vinculaciones en el nivel nacional se orien­tan hacia la formación de "redes", que producen proyectos comunes, complementan acciones, buscan generar nuevos sentidos que los incluyan en conjuntos, etc., las dirigentes las consideran como relaciones estables e importantes. Otras relaciones son precarias y, por ahora, tienden a conformarse corno espacios donde ellas buscan apoyos. Se convierten así en importantes recursos en sus estrategias de acción y crean grandes corrientes de simpatía y solidaridad en distintos mundos sociales (el de las organizaciones de mujeres, el religioso, el universitario, etc.).

En América Latina mantienen contactos con la or­ganización mexicana El Barzón y con la brasileña Movimiento de los Sin Tierra (MST). Existe un proyecto, según la presidenta del MML, de crear un "movimiento de deudores de América latina". Con el MST las une la demanda sobre la tierra: los brasileños para acceder a ella y el MML para no perderla. También han participado de numerosos encuentros como el Foro Social Mundial de Porto Ale­gre y han tomado contacto con la organización internacional Vía Cam­pesina. Estos encuentros muestran un avance muy importante orientado a colocar sus luchas en un contexto más amplio y global.

 
A modo de conclusión

El MML, surgido durante la crisis del endeudamiento del sec­tor rural, se fue convirtiendo en una fuerte voz crí­tica del modelo neoliberal en su conjunto, rompiendo con el sentido común patriarcal y machista. Esta ruptura, habilitó a las mujeres para analizar y deconstruir sus propias deudas, plantear las irracionalidades de los montos que se fueron acumulando y promover un nuevo discurso que pusiera en tela de juicio la legitimidad del endeudamiento y del mo­delo económico que genera la deuda.    

Asimismo, el MML se presenta como un claro representante de la “nueva protesta social agraria”,  porque logra sumar a sus demandas económicas otras que dan cuenta de los problemas de la sociedad actual. En efecto, las protestas de fines del siglo XX pueden caracterizarse como novedosas, tanto porque surgen nue­vos actores como por el tipo de problemática social que logran hacer visible y las estrategias o metodologías de lucha. En este caso, el tipo de actor una organización de mujeres -chacareras o campesinas-, condiciona esas otras de­mandas que logran expresar y simbolizar en la construcción del movimiento. De esta forma, las mujeres han estrechado lazos de solidaridad y tras un proceso rico en aprendizajes, han logrado hacer público lo privado y cotidiano.

Por ello hemos tomado esta organización -MML- como un actor social en formación con capacidad para participar en el escenario de las transformaciones agrarias. El hecho de que sea una organización de mujeres conduce a que la experiencia sea más intere­sante y tenga efectos en varios niveles del mundo rural. En este sentido, el MML ha tenido enfrentamientos muy fuertes con los dirigentes de los gremios agrarios tradicionales. Los hombres no quieren ceder sus espacios en la toma de decisiones y ellas mantienen una línea coherente orientada a lograr ma­yor participación de las mujeres en todos los espacios públicos y de toma de decisiones. No obstante esta lucha, no puede consi­derarse al MML un movimiento feminista aún cuando el problema de género está siempre presente en sus acciones y debates.

De esta forma, las movilizaciones con alta participación de mujeres, ofrecen una nueva dimensión crítica para la implementación de nuevas formas de articulación de espacios de poder y de toma de decisiones no contempladas en el desarrollo del pensamiento occidental tradicional.

Esta conciencia femenina que crece, se enfrenta a barreras cuya superación requiere creatividad e imaginación; por un lado, el cuestionamiento a las culturas machistas y a las instituciones claves de la reproducción social y  por otro, las demandas al Estado se formulan en el momento en que éste se transforma tanto en sus papeles y funciones como en sus formas de ejercer el poder. Las acciones colectivas llevadas a cabo por estas mujeres son vectores de la “democracia de la vida cotidiana” y constituyen los lugares en los que se construye la relación de las ciudadanas con su vida privada y con la vida pública; espacios de circulación de doble sentido entre actuaciones cívicas y experiencias personales.

 

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 Ponencia presentada en el Simposio Movimientos Sociales Rurales. Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos, Argentina. Martes 26 de setiembre de 2006.