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Asunto:[encuentrohumboldt] 69/06 - CARACTERÍSTICAS DEL PALMAR
Fecha:Sabado, 15 de Abril, 2006  01:26:23 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

 

CARACTERÍSTICAS DEL PALMAR

 

 

 

Ubicación

En el kilómetro 387 de la ruta nacional Nº 14, que corre más o menos paralela al sinuoso curso del río Uruguay, se encuentra la entrada al Parque Nacional El Palmar, uno de los más visitados del país. Las coordenadas geográficas del área, tomando como punto de referencia el sector donde se levanta la infraestructura edilicia, son: 58º 17´ de longitud oeste  y  31º 30´ de latitud sur. Se ubica en el departamento de Colón, en el centro-este de la provincia de Entre Ríos, y dista de la ciudad homónima, cabecera del Departamento, 51 kilómetros hacia el norte y de Ubajay, el centro poblado más  próximo, 6 hacia el sur.    

El límite sur lo constituye el arroyo Sumaca, desde su desembocadura en el río Uruguay hasta su confluencia con el arroyo Espino, que lo delimita hasta su encuentro con la ruta 14. Por el este, el límite lo constituye el colosal río Uruguay y por el norte, en una pequeña porción, el arroyo Ubajay y alambrados que lo separan de campos linderos. El límite oeste es la ruta nacional Nº 14.

 

Fecha e instrumento legal de creación

La ley nacional 16.802 del 23 de enero de 1966 da origen al área protegida. Autoriza al Poder Ejecutivo Nacional a gestionar ante el gobierno de la provincia de Entre Ríos la cesión del dominio y la jurisdicción sobre la superficie que abarque el Parque y Reserva Nacional El Palmar, conforme lo dispuesto por la Ley 12.103, vigente en ese momento. Crea el Parque y la Reserva y declara de interés público y sujeta a expropiación la superficie definida por la misma ley –estimada en unas 14.000 ha- estableciendo que no menos de la mitad será considerada Parque Nacional y el resto a Reserva Nacional. En 1970, dado que había vencido el plazo que dicha ley otorgaba para la realización de las gestiones, se sanciona la Ley 18.844 que reitera la declaración de utilidad pública de la superficie delimitada por la Ley 16.802.  El 15 de junio de 1972 se sanciona la ley 19.689, mediante la cual se establecen los límites actuales del Parque, cuya superficie queda reducida a 8.500 ha. Por último, Ley 4.882 de la provincia de Entre Ríos (sancionada el 18 de mayo de 1970, cede al Estado Nacional la jurisdicción y el dominio eminente de las  tierras que comprende el Parque y Reserva Nacional El Palmar creado por Ley de la Nación 16.802..

La creación de este parque nacional tuvo como principal finalidad la preservación de los palmares relictuales de yatay (Syagrus yatay), que se extendían por vastos sectores desde el sur de Brasil, el oeste de la República Oriental del Uruguay y  sectores de Corrientes y Entre Ríos en su parte norte, siempre como  parches y relictos. La extensión avasalladora de las superficies destinadas a las explotaciones agrícolas, forestales y ganaderas hizo casi desaparecer esta formación vegetal.

 

Superficie: 8.500 ha

Relieve

La provincia de Entre Ríos es una llanura ondulada surcada por cientos de cursos de agua cuya unidad se interrumpe en dos sectores: al sur, donde las pequeñas elevaciones finalizan repentinamente, cambiando el ambiente semielevado por una zona deprimida y anegadiza que no alcanza a drenar lo suficiente por la gran cantidad de arroyos que vierten sus aguas hacia los ríos Paraná y Uruguay, y al noroeste, donde ocurre algo similar al bajar el nivel del suelo hacia lo que se conoce como el Bajo del Yacaré. El plegamiento andino tuvo influencia en el territorio de Entre Ríos creando líneas de falla ( fractura de la masa rocosa ) y reactivando otras por donde corren ríos de disposición longitudinal, como el Gualeguaychú, el Gualeguay y el arroyo Nogoyá. Así, la zona quedó fracturada en bloques marcados por las lomadas Grande y de Montiel, que se extienden de norte a sur la primera y de noreste a sureste la segunda.

Para describir la geomorfología del parque, podemos dividirlo en tres unidades de paisaje. Si imaginamos al área como un rectángulo, el primer sector ocuparía, aproximadamente, la mitad derecha del mismo, exceptuando una franja longitudinal que bordea el río Uruguay. A esta zona se la conoce como “Terrazas de río Uruguay”, cuyo basamento está formado por una acumulación de depósitos de materiales de distinta naturaleza ocurrida durante el transcurso de las eras geológicas. El paisaje resultante de este proceso es una superficie plana o de pendientes suaves y largas, pero la erosión natural las transformó en pendientes empinadas y cortas, con ondulaciones más marcadas.

El segundo sector abarca lo que sería la mitad izquierda del imaginario rectángulo. Su base está formada por sedimentos arcillosos de origen fluvial que forman una transición entre las ya nombradas Terrazas del río Uruguay y la zona de los vertisoles, que son suelos de color negro o muy oscuros, pesados por su elevado contenido de arcilla, presentes en gran parte de la provincia. El paisaje de este sector no varía mayormente del anterior.

El tercer sector es el que forman los valles de los arroyos Los Loros y Palmar, que, como muchos afluentes del río Uruguay, poseen una dirección este-oeste.

El color del terreno es, en general, pardo, con matices amarillo-rojizos y, en determinados lugares, un rojo más intenso. En el subsuelo abunda el canto rodado, que aflora a la superficie en muchos lugares.

 

Hidrografía    

Los cursos de agua del Parque Nacional El Palmar tributan al río Uruguay, de gran influencia en el área protegida por constituir su límite este. Su cuenca imbrífera alcanza los 440.000 km2 , de los cuales más de 70.000 pertenecen al territorio argentino. Su  longitud llega a los 1612 km y transporta un volumen medio de 4.700 m3 por segundo. Su nombre deriva de la lengua guaraní (uruguá = caracol, í = agua). Nace en las Sierras Do Mar y Geral, en Brasil, a menos de 100 km del Atlántico y, al desembocar en el  río Paraná,  forma con éste el Río de La Plata.

Apenas ingresado en el territorio argentino, en la provincia de Misiones, forma los famosos Saltos de Moconá ; muchos arroyos que parten de las sierras de Misiones y del Imán vierten en  él sus aguas, aumentando así su caudal.

En su paso por la provincia de Corrientes recibe el aporte de importantes ríos como el Aguapey, el Miriñay y el Mocoretá, y en Entre Ríos forma un salto conocido con el nombre de “Salto Grande”, para cuyo aprovechamiento se construyó la gran represa del mismo nombre, una obra de ingeniería seriamente cuestionada por su impacto ambiental negativo. Luego, en su recorrido hacia el sur, su ancho va aumentado: alcanza los 2.800 metros en Concepción del Uruguay, y finalmente un máximo de 5.000 metros. El nivel aumenta entre los meses de mayo y octubre y disminuye notablemente entre noviembre y abril.

Como se dijo, los arroyos que discurren por el Parque vierten sus aguas en el Uruguay. En el extremo norte, el Ubajay forma una parte del límite del área protegida; hacia el sur, el arroyo Los Loros, cuyos dos brazos principales forman parte del área. El arroyo Palmar es el tercero que encontramos de norte a sur; su cauce es algo mayor que el de los demás, con varios pequeños afluentes que, según el caudal de agua, adquieren mayor o menor importancia. El cuarto curso que corre de este a oeste es el arroyo Sumaca, que luego une sus aguas a las del Espino.

Los espejos de agua lénticos son temporarios y algunos se formaron en excavaciones efectuadas hace más de un siglo, cuando funcionaba en el predio una empresa calera.

 

Clima

El tipo de clima del Parque Nacional El Palmar se caracteriza por ser lluvioso y de templado a cálido, húmedo en todas las estaciones, con verano caluroso e invierno no muy frío. Los datos meteorológicos son tomados por la estación más próxima, que es la que posee el Instituto Nacional de Tecnología Agraria (INTA) en la ciudad de Concordia.

Los vientos predominantes son los del noroeste, este y sudeste; les siguen en importancia los del sur y el norte, en tanto los que soplan del oeste son muy escasos.

Las precipitaciones están distribuidas en forma más o menos uniforme a lo largo del año, con un promedio cercano a los 1.300 mm. Su pico máximo se produce en los meses de primavera y verano y el mínimo en invierno, especialmente durante el mes de agosto. Según las mediciones realizadas en la década de 1980-1990, las heladas se producen entre los meses de mayo y septiembre.

La humedad relativa media anual es del 75% y, aunque las precipitaciones son más frecuentes en verano, la estación invernal es más húmeda que la estival, debido al menor período de insolación del invierno, sumado a la disminución de la intensidad de los rayos solares.

Cuando se habla de clima, los cuadros, gráficos y climatogramas expresan la realidad más claramente que las palabras; a continuación se muestran estadísticas climáticas de la zona:

 

Mes

Temperatura (ºC)

Humedad relativa %

Precipitación mensual/ mm

Máx.media

Media

Min.media

Enero

32.8

26.3

19.6

62

117.7

Febrero

30.8

24.8

19.1

70

161.2

Marzo

28.9

22.7

16.9

71

157.1

Abril

24.5

18.8

13.8

78

150.8

Mayo

21.1

15.4

10.2

79

109.8

Junio

17.5

12.2

7.4

81

53.2

Julio

17.8

12.3

7.4

79

53.5

Agosto

20.1

14.1

8.7

76

73.7

Septiembre

21.1

15.3

9.5

73

90.3

Octubre

25.3

19.0

12.7

69

109.0

Noviembre

27.7

21.9

15.5

69

152.0

Diciembre

30.9

24.4

17.4

63

79.7

 

Fuente: INTA-Concordia

 

 

 

Flora

Según la  clasificación efectuada por Cabrera (1976), el parque se sitúa  en la unidad del Espinal (distrito del Ñandubay) que, según este autor, se caracteriza por sus llanuras onduladas y serranías bajas, cuyo clima en la parte norte (donde se ubica el parque) es cálido y húmedo.

El tipo de vegetación predominante son los bosques xerófilos caducifolios, palmares, sabanas y estepas graminosas y estepas arbustivas. Predominan las especies arbóreas del género Prosopis ( ñandubay, espinillo, algarrobo y otros) en comunidades clímax (estado final de una secuencia evolutiva donde una asociación vegetal alcanza el equilibrio)

Los ingenieros agrónomos Jozami y Muñoz, dedicados por mucho tiempo al estudio de la flora entrerriana, realizaron una interesante clasificación en la que destacan tres ambientes o paisajes bastante diferenciados. Primero, una amplia zona que se extiende desde el departamento de Nogoyá, hacia el norte, excluyendo una franja oriental que se denomina Distrito de Montiel. Esa primera zona se caracteriza por la predominancia de árboles adaptados a suelos semisecos,  que generalmente son  de poca altura y espinosos como el ñandubay, el espinillo, el chañar, el molle, el sombra de toro y el algarrobo negro. También encontramos en este sector la palmera caranday.

En segundo lugar, la zona que bordea el curso de ríos y arroyos, que recibe el nombre de Distritos de Selvas en Galería. En estas formaciones, la vegetación está enriquecida por el aporte de semillas que provienen de zonas subtropicales transportadas por los grandes ríos: el Uruguay y el Paraná. Tal es el caso de numerosas epífitas, enredaderas y árboles como el curupí, el laurel, el arrayán del norte y el timbó negro, entre otros. El sauce criollo y el ceibo son los árboles más abundantes del parque. También engalanan este sector las palmeras pindó en las proximidades del río Paraná y las caranday cerca de las costas del río Uruguay.

Por último, se destaca el Distrito de la Pradera Pampeana, que se extiende al este y sureste de la provincia y se caracteriza por la abundancia de especies herbáceas nativas y cultivadas. La región del delta del Paraná merece una consideración aparte por sus características muy peculiares.

No hace mucho tiempo, la entonces Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable de la Nación, conjuntamente con la Administración de Parques Nacionales, reunieron a un importante número de especialistas de todo el país para elaborar un mapa de eco-regiones de la Argentina, trabajo que pretende adoptar un criterio unificado en esta materia. Las regiones en que se divide al país, como es de imaginar, no difieren demasiado en términos generales de las efectuadas por Cabrera. Sí se establecen, con minuciocidad, eco-regiones que, para la provincia de Entre Ríos, son tres: el delta e islas del Paraná, la Pampeana, que abarca aproximadamente la mitad sur del territorio provincial, y la del Espinal, al norte.

La gran mayoría de los cursos de agua que son afluentes de los ríos Uruguay y Paraná mantienen en sus márgenes una vegetación más o menos frondosa, producto del transporte de semillas desde zonas tropicales y subtropicales y favorecida por la humedad circundante. Esta masa vegetal tiende a unirse en su parte superior sobre los angostos cursos de agua, formando una especie de bóveda. A esta formación se la denomina “selva en galería” y la encontramos, dentro del parque, en los arroyos Ubajay, Palmar, Los Loros y, sobre el arroyo Espino, sólo en su extremo próximo al río Uruguay. El arroyo Palmar, que cruza el parque de este a oeste, tiene afluentes muy pequeños en los que también se desarrolla con bastante intensidad esta formación vegetal.

Las principales especies arbóreas de estas selvas modestas son el mataojo (Pouteria salicifolia), el laurel blanco (Ocotea acutifolia), que posee glándulas de aceites aromáticos, el arrayán del norte (por el aspecto de su tronco, muy similar al de los bosques andinopatagónicos) o anacahuita (Blepharocalyx salicifolius), de porte pequeño y madera clara, compacta y dura, muy útil para la confección de mangos de herramientas, el sauce criollo (Salix humboltiana) y sus híbridos, el chalchal (Allophylus edulis), que dio nombre al zorzal blanco o “chalchalero”, porque se come sus frutos. También son comunes en estas selvas en galería el ingá (o ingaí en guaraní) (Inga urugüensis), cuya hermosa madera se utiliza para la fabricación de muebles, puertas y parquets, el azota caballo, el Francisco Álvarez o árbol de San Francisco (Luehea divaricata), utilizado para la confección de suelas y tacos de calzados, el arbusto Eugenia repanda, vulgarmente conocido como ñangapirí negro o mora, y el cambuín o guayabo overo (Myrcia ramulosa). Es muy común también el guayabo blanco o guaviyú, cuya leña es muy utilizada en la zona;  el adjetivo “blanco” se debe al color grisáceo claro de los troncos descortezados. Como en toda selva, no falta una gran variedad de enredaderas, lianas y epífitas como el clavel del aire (Tillandsia pulchella), tal vez la más popular dentro de este último grupo vegetal.

Desde las cercanías del Centro de Interpretación hacia al sur, y paralelamente a la costa del río Uruguay, hay una hermosa selva en galería que se puede transitar cómodamente y que permite observar la mayoría de las especies mencionadas.

En una zona perteneciente al Espinal no pueden estar ausentes especies de monte, xerófilas o semixerófilas (adaptables a suelos secos o semisecos) como el espinillo o aromito (Acacia caven) y el ñandubay (Prosopis affinis), emblemático para la provincia de Entre Ríos, que se utiliza mucho para fabricar postes porque su madera es muy resistente a la intemperie y, además, proporciona un carbón de excelente calidad. Por supuesto, están presentes el tala (Celtis tala), el algarrobo blanco (Prosopis alba) y  el quebracho blanco (Aspidosperma quebracho blanco), el rey de los árboles de estas latitudes por su gran porte, el extraordinario valor del tanino que produce su madera y la triste historia de su explotación sin miramientos en cuanto a su reposición ni a la forma en que los hacheros realizaban ese trabajo.

También se ven varias especies de cactáceas y la chilca (Vernonia nitidula), uno de los arbustos más comunes no sólo en los sectores de monte xerófilo, sino también entre los palmares y pastizales.

Los pajonales, que son pastizales que crecen en zonas inundables, y los bañados, donde predominan especies de los géneros Typha, Scirpus, Andropogon y Bromus, configuran un panorama muy distinto.

En relación con la superficie de parque, son muy abundantes los pastizales de las más variadas especies de gramíneas y ciperáceas. Brevemente, daremos los caracteres que distinguen a estas familias florísticas. Las ciperáceas son hierbas anuales o perennes, cuya floración forma espiguillas solitarias o grupales en fascículos con flores de un solo sexo o de ambos, de las cuales hay unas 3.700 especies en el mundo. Las gramíneas son plantas anuales o perennes, con tallo herbáceo (raramente leñoso) que forma nudos y cuyas hojas son vainas. Este grupo está formado por más de 10.000 especies en todo el planeta.

En un estudio donde se clasifican los pastizales por la altura de sus pastos y la cobertura que brindan al suelo, Chiara Movia y Fernanda Menvielle (1994) estimaron la superficie que ocupan los pastizales en el parque. Los pastizales de 70 a 120 cm de altura pluriestratificados (estratos de distinta altura) que cubren entre el 70 y 90 % de la superficie, con o sin plantas leñosas que los acompañen y con palmares muy escasos, ocupan unas 2.100 ha. Los pastizales de entre 50 y 60 cm de altura que cubren entre un 40 % y 50 % del suelo, con pocos o ningún arbusto y sin palmeras, ocupan unas 740 ha y, por último, los de 10 a 30 cm que cubren menos del 30 % del terreno donde se desarrollan y que presentan sólo uno o dos estratos, se extienden sobre una superficie de 435 ha.

Los palmares de yatay (Syagrus yatay), antes incluida en el género Butia, constituyen la formación vegetal más vistosa del parque y un verdadero deleite para quien gusta de la fotografía. La yatay recibe también los nombres comunes de coco, palma real y yataí, que en lengua guaraní significa “fruto duro”. Se desarrolla principalmente donde el suelo es más bien arcilloso y de pH alto. Los relevamientos de las poblaciones del parque indican que predominan los ejemplares sobreadultos, de más de 100 años, y los renovales de pocos años. Muchas veces se observan renovales que crecen debajo de palmeras viejas y hay una notoria ausencia de ejemplares que oscilen entre los 0,5 y 2 metros. Los técnicos esbozan distintas hipótesis para explicar este fenómeno, pero aún no hay certeza sobre su causa.  

Para dar una idea de la lentitud del crecimiento de las yatay, los técnicos estiman que los ejemplares que tienen hoy unos 4 metros de altura fueron renovales de pocas hojas al momento de crearse el parque (36 años).

Los ejemplares adultos miden entre 10 y 18 metros de altura y las plantas jóvenes generalmente están asociadas con pastizales de chilca (género Vernonia). El estípite o tronco de las yatay es notoriamente recto; las hojas caen más o menos anualmente y dejan marcas claras en el lugar donde se insertaron, lo que permite averiguar fácilmente la edad de los ejemplares. Los frutos son muy apreciados para hacer mermeladas y licores. Los troncos caídos, muy susceptibles a la putrefacción, albergan una gran comunidad de fauna insectívora y de otros órdenes.

El área de dispersión de esta palmera abarca gran parte de las provincias de Corrientes y Entre Ríos, sur de Misiones y noreste de Santa Fe. En los países limítrofes se la ve en el sur de Brasil, noreste del Uruguay y parte de Paraguay.

El escritor Juan R. Báez, en su obra titulada “Las palmeras, la flor de Entre Ríos” (1942) nos dejó una bella y nostálgica descripción del palmar:

“El viajero desprevenido que hace la travesía desde Concepción del Uruguay a “Concordia, entre las estaciones Berduc y Ubajay del ferrocarril del noroeste Argentino “–Gral. Urquiza en la actualidad-, de pronto se encuentra sorprendido por la presencia “de un verdadero bosque de palmera, sin solución de continuidad por varios kilómetros “y que contrasta profundamente con el resto del paisaje formado por la pradera “crepitosa  salpicada de innumerables especies en flor en la primavera. Mas el tren corre “rápidamente y el palmar desaparece de pronto, dejando una rara impresión de esta “inopinada ínsula vegetal, verdadero monumento de la flora entrerriana y que debe, por “todos conceptos, conservarse como Reserva Botánica, ya que el excesivo utilitarismo “de la tierra destruye a diario y sin contemplación lo que la naturaleza ha  creado en “miles de años.”

Desde épocas remotas, célebres naturalistas prestaron singular atención a lo que antes se llamaba “El Palmar Grande”. Paul Lorentz, un eminente botánico alemán que efectuó un relevamiento de la flora entrerriana allá por 1876, deja claramente escrito que uno de los objetivos de su viaje fue el estudio de estas palmeras. Luego, el belga Lucien Hauman, otro gran  naturalista que contribuyó al desarrollo de las ciencias naturales en la Argentina, en 1919 escribió que los palmares de Entre Ríos estaban seriamente amenazados por la destrucción que le ocasionaba el ganado. Otros científicos importantes intervinieron para preservar este santuario de palmeras, pero, probablemente, quien llevó a cabo las acciones más contundentes para proteger el área fue don Milan Dimitri, quien combinó sus tareas rurales con el estudio de las yatay y transmitió sus conocimientos a Lorenzo Parodi, con quien trabajó en la cátedra de Botánica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires. Dimitri, en 1948, durante su desempeño en el Servicio de Parques Nacionales, redactó el anteproyecto para la creación del Parque Nacional Los Palmares de Yatay.    

 

Fauna

Los mamíferos y las aves del parque pueden considerarse fauna chaqueña desde el punto de vista zoogeográfico –aunque se carece en la Argentina de estudios definitivos en esta materia-; el resto de los grupos zoológicos pertenece a una transición entre la fauna pampeana, la de pastizal y la chaqueña.

La ictiofauna  cuenta con 33 especies censadas en ambientes lénticos y de aguas corrientes, como los arroyos que surcan el parque. Estas especies pertenecen a 11 familias, con dos nuevas citas para el país. Ellas son: Corydoras aurofrenatus y Astyanax scabripirfis o scabripinnis. El resultado de los censos efectuados es siempre susceptible de cambios, y el número de especies puede aumentar dado que hay varias cuya presencia es muy probable.

Los que llenan las noches con sus variados sonidos son los batracios, presentes en casi todos los ambientes. El doctor José María Gallardo, uno de los máximos especialistas en este grupo faunístico, censó con gran minuciosidad el Parque Nacional El Palmar. Sus observaciones le permitieron comprobar la presencia de 18 especies de anfibios, que, según su hábitat, se distribuyen aproximadamente de la siguiente forma: en el palmar, oculta entre las hojas de las palmeras durante el día, está presente la ranita trepadora (Scinax nasica). En el pastizal que circunda las palmeras se halla el sapito de las cuevas (Bufo granulosus), de unos 6 cm y que se distingue porque la hembra pone sus huevos adheridos a plantas acuáticas en forma de espiral, y ranas como el urnero (Leptodactylus latinasus) de 3 a 4 cm, siempre oculta bajo troncos o piedras y gran consumidora de insectos; también están presentes Leptodactylus mystacinus y L. chaquencis o rana chaqueña en la jerga popular.

En lagunitas temporarias se suelen ver ejemplares de Physalaemus biligonigerus, Elachistocleis bicolor, Pseudopaludicola falcipes (llamada comúnmente ranita enana por medir tan solo 1,6 cm) y Lysapus mantidactylus.

En una laguna un poco más profunda, que fue excavada cuando existió en el lugar una explotación calífera, se ve y escucha a la rana criolla (Leptodactylus ocellatus) que construye su nido de espuma en el agua y se alimenta de otros anfibios e incluso de pequeños vertebrados. Donde hay abundante vegetación, sea palustre o periférica al espejo de agua, encontramos a Hyla squalirostris  y otras del género Hyla.

En las barrancas sobre el río Uruguay, que alcanzan considerable altura en las cercanías de las instalaciones que conforman la infraestructura del Parque, es común encontrar al conocido sapo buey o cururú (Bufo paracnemis), que alcanza los 20 cm de largo y posee notables crestas en la cabeza.  En el río, por su parte,  se observan también ejemplares de la rana de las correderas (Limnomedusa macroglossa).

La fauna reptiliana está formada por aproximadamente 31 especies: 5 de saurios, 23 de ofidios y 3 de tortugas. Entre los ofidios podemos mencionar a la víbora de la cruz (Bothrops alternatus), que también recibe los nombres de crucera, yarará grande y urutú (en idioma guaraní), muy temida por su ponzoña y reconocible por sus manchas en forma de medialuna o riñón de color marrón oscuro sobre un fondo castaño claro; la culebra verde y negra (Liophis poecilogyrus), que se alimenta de batracios y peces; la culebra (Boiruna maculata) que come ofidios; Helicops carinicaudus; Liophis anomalus, a la que algunos llaman culebra de dos líneas en virtud de las dos líneas longitudinales amarillas que luce en el largo dorso; Lystrophis dorbignyi, llamada falsa yarará, culebra ñata o nariguda, debido a una pequeña extensión puntiaguda de su mandíbula superior; y muchos otros ofidios a los que sólo se los conoce vulgarmente con el nombre genérico de culebra, debido a que el gran parecido entre especies las hace indistinguibles a los ojos del profano.

Con respecto a los saurios, el papel protagónico lo tiene el lagarto overo (Tupinambis merianae), por la facilidad con que se lo ve: es habitual que elija la zona del camping para asolearse o posar, indiferente, ante las cámaras fotográficas. Uno de los sitios preferidos por este saurio para reposar es la entrada de las vizcacheras, que abundan en algunos sectores. La víbora de cristal (Ophiodes intermedius)  es una de las especies en la cual la evolución dejó un vestigio “a la vista”, ya que es un saurio cuyas patas son tan pequeñas y están tan ocultas que le dan el aspecto de víbora (de allí su nombre). Dentro del grupo de las lagartijas se puede mencionar la presencia de Mabuya dorsivittata, Pantodactylus schreibersi y  Anops kingii, de hábitos subterráneos.

Como se comentó anteriormente, hay tres especies de tortugas en El Palmar. Una de las más típicas es la conocida como tortuga de río (Phrynops hilarii), acuática y de unos 35 cm de longitud. También acuática es la tortuga de agua (Trachmnys dorbignyi), que, junto con la cuello de víbora (Hydromedusa tectifera) –en obvia alusión a su cuello extremadamente largo- completa el trío mencionado.

El área protegida posee una avifauna abundante debido, en parte, al mosaico de ambientes -pastizales, bosque xerófilo, selva en galería, palmares de distintas características-. La lista suma unas 202 especies registradas, de las cuales algunas habitan en forma permanente, otras son migratorias y otras ocasionales. Es de destacar la presencia de Gubernatrix cristata, conocido como cardenal amarillo, cuyas poblaciones están en retroceso numérico, del biguá víbora (Anhinga anhinga), del hocó colorado (Tigrisoma lineatum) y del carpintero blanco (Melanerpes candidus), que tiene en el Parque su distribución más austral.

Circulando por los caminos vehiculares no es raro encontrar al inambú colorado (Rhynchotus rufescens), al ñandú (Rhea americana) o al inambú chico común (Nothura maculosa). Entre las aves vinculadas con el medio acuático se destacan el ya mencionado biguá víbora, así llamado por su largísimo cuello, varias especies de garzas que posan con bastante confianza, como es el caso del chiflón (Syrigma sibilatrix), la garcita blanca común  (Egretta thula) y la garza mora (Ardea cocoi), algo más difícil de  ver que las anteriores. El ipacaá (Aramides ypecaha) se encuentra generalmente en pastizales que circundan el agua; el chorlito de collar (Charadrius collaris) es frecuente en las playas sobre el río Uruguay, y la becasina común (Gallinago gallinago), de extraño vuelo que acompaña con un silbo muy característico, no pasa inadvertida. Sobre los espejos de agua se observa la polla de agua pintada (Porphyriops melanops) y su pariente, la polla de agua negra (Gallinula chloropus), el pato cutirí (Amazonetta brasiliensis), uno de los más comunes, y el biguá (Phalacrocorax grasiliamus)

El único psitácido permanente en El Palmar es la cotorra común (Myopsitta monachus). Sus chillidos estridentes y casi constantes nos recuerdan permanentemente su presencia. También es destacable el hermoso tingazú  (Piaya cayana), cuyos 45 cm de longitud, su larga cola, su grito y sus movimientos muy similares a los del gato doméstico (que le vale recibir otro nombre común, “alma de gato”) hacen inolvidable su avistaje, al menos para quien lo realiza por primera vez.

Del grupo de las lechuzas (Strigidae), tres especies “dan su presente” en el área y una sola de sus parientes, los Caprimúlgidos, con el atajacaminos común (Hydropsalis brasiliana). Los carpinteros muestran cuatro integrantes de su familia: el carpintero campestre (Colaptes campestris), el carpintero real (Colaptes melanochloros), el ya mencionado carpintero blanco y el bataraz chico (Picoides mixtus).                                                                                   

De los chincheros familia Dendrocolaptidae– son comunes el chinchero grande (Drymornis bridgesii) y el chinchero chico (Lepidocolaptes angustirostris), que recorren los troncos a saltitos, en forma vertical, buscando insectos debajo de la corteza o en sus grietas.                                                                                                                                                                

La típica familia neotropical de los furnáridos (horneros) presenta siete especies, entre ellas, el hornero común (Furnarius rufus) y el conspicuo cacholote castaño (Pseudoseisura lophotes), que llama la atención por sus fuertes gritos. La familia  de los tiránidos (Tyrannidae) tiene unas 15 especies censadas en el parque y la de los ictéridos (Icteridae) atrae al visitante por lo llamativas que son sus especies, como por ejemplo el pecho amarillo chico (Pseudoleistes virescens), el boyero ala amarilla (Cacicus chrysopterus), el boyero negro (Cacicus solitarius) y otras cuatro especies más.

Las rapaces son escasas: se encontraron dos especies de la familia Accipitridae y tres de la Falconidae. Entre los jotes sólo se observa el de cabeza negra (Coragyps atratu).

En materia de mastofauna, la región Neotropical se divide, según Hershkovitz (1958 y 1969),  en tres subregiones: brasílica, de las indias occidentales y patagónica. El norte de Entre Ríos está  enmarcado en una zona de transición entre las subregiones brasílica y patagónica. Se registraron en el parque 35 especies nativas, teniendo en cuenta que los quirópteros (murciélagos), por ser un grupo muy numeroso, aún no han sido censados pormenorizadamente. También hay cuatro especies exóticas: la liebre europea (Lepus europaeus), el jabalí (Sus scrofa), el antílope negro (Antilope cervicapra) de origen asiático, y el ciervo axis (Axis axis), muy extendido en la provincia de Entre Ríos. Los órdenes están representados de la siguiente manera: Didelphimorphia (marsupiales): 2 especies; Xenarthra (mulitas, peludos): 4 especies; Chiroptera   (murciélagos):  6 especies; Carnivora  (carnívoros): 9 especies; Rodentia (roedores):  14  especies; Artiodactyla  (ciervos):  1 especie.

Es importante destacar la presencia de tres félidos: el yaguarundí, gato eirá o gato moro, entre otros muchos nombres vulgares (Herpailurus  yaguarondi),  de tamaño relativamente grande para un gato salvaje, pues llega a medir 1,30 m con cola incluida y cuyo status nacional es el de “fuera de peligro”; el gato montés común (Oncifelis geoffroyi), de típica coloración baya con manchas negras, redondeadas o elípticas, y cola con anillos negros, o bien, a veces, en fase melánica. Su distribución abarca gran parte de la zona norte del país hasta la provincia de Santa Cruz. Finalmente, el gato de pajonal (Lynchailurus pajeros), algo menor que los dos anteriores, de coloración bayo- grisácea con bandas rojizas o pardas no muy marcadas, distribuidas en los costados y en las extremidades.

En esta nómina de carnívoros -en la que no se sigue el orden taxonómico- no puede faltar la referencia a los cánidos –Canidae-: el zorro de monte (Cerdocyon thous) y el zorro gris pampeano o zorro pampa (Dusicyon gymnocercus); el primero se puede llegar a ver cruzando alguno de los caminos, en tanto el segundo se distingue del anterior por no poseer las extremidades negras. Dentro de los carnívoros también están los mustélidos, que incluyen al “popular” lobito de río (Lontra longicaudis). El valor de su piel le ha valido que se lo declarara “en peligro” en el orden nacional. Otros dos mustélidos que habitan en el Parque son el zorrino común (Conepatus chinga) y el hurón menor (Galictis cuja), gran consumidor de roedores.

Entre los marsupiales debemos mencionar a la comadreja overa (Didelphis albiventris) y a la comadrejita enana (Thilamys pusillus).

Con respecto a Mazama gouazoupira, llamado comúnmente guazuncho o birá, no se mencionaba su presencia hasta hace unos años, pero ha habido indicios de que se encuentra en el área porque se lo cita en listas recientes (Heinonen Fortabat y Chebez)

Entre los edentados, nombre que proviene de la otra denominación que se le daba al orden Xenarthra, habría que confirmar la probable presencia de Chaetophractus villosus o peludo, en la jerga vulgar; sí está confirmada la de la mulita grande (Dasypus novemcinctus), la de la mulita pampeana (Dasypus hybridus) y la del tatú peludo (Euphractus sexcinctus).

En espejos de agua temporarios y en los arroyos se suele ver al carpincho (Hydrochaeris hydrochaeris).

La familia Chinchillidae está representada por la vizcacha (Lagostomus maximus), que es abundante y se ve especialmente en la zona del camping y en las cercanías de las edificaciones. Se estima que la población ha disminuido mucho por causas naturales.

El osito lavador o aguará popé (Procyon cancrivorus) y el coipo (Myocastor coypus) son habitantes de los arroyos. El primero pertenece a la familia Procyonidae y se lo ve con poca frecuencia; el segundo, en cambio, es relativamente común e integra la familia Myocastoridae.

Un ruido semejante al de un motor que se escucha a lo lejos, se percibe con intensidad en algunas partes del área: lo produce el tucu-tucu (Ctenomys rionegrenses), de hábitos totalmente subterráneos.

Para cerrar este muestrario de la mastofauna del Parque Nacional El Palmar hacemos mención de la presencia conspicua del cuis común (Cavia aperea), infaltable habitante de amplios sectores del territorio argentino.

 


 Octavo Encuentro Internacional Humboldt. Colón, Entre Ríos - Argentina. 25 al 29 de setiembre de 2006.