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Asunto:[encuentrohumboldt] 462/05 - LA EVOLUCION DEL COMERCIO MINORISTA DE BAHÍA BLANCA Y SUS CONSECUENCIAS TERRITORIALES
Fecha:Lunes, 26 de Diciembre, 2005  09:57:33 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

LA EVOLUCION DEL COMERCIO MINORISTA DE BAHÍA BLANCA Y SUS CONSECUENCIAS TERRITORIALES.

 

Silvia Marenco

Depto de Geografía y Turismo

UNS Bahía Blanca

smarenco@uns.edu.ar

 

 

RESUMEN

El comercio, en tanto actividad económica y a la vez social, puede ser abordada desde dos perspectivas por los geógrafos: una, desde su aspecto funcional en tanto redes interrelacionadas entre la esfera de la producción y la del consumo; y otra, desde un punto de vista “horizontal”, analizando las formas de inserción y su impacto en el seno de las ciudades y de sus territorios. El abordaje de estas dos formas está inspirado en las mutaciones sin precedentes de las actividades comerciales, que participan de la triple revolución tecnológica, económica y social de este nuevo milenio.

La crisis de los últimos años en Argentina, evidenció falencias de tipo estructural de larga data. Como todas las crisis ésta también es contradictoria en sus manifestaciones: al mismo tiempo que impulsó una toma de conciencia por parte de los empresarios, que debían instrumentar cambios para adaptar sus comercios, se quedaron sin recursos para incorporar las innovaciones necesarias. El propósito de este trabajo es analizar y explicar cómo se han producido estas innovaciones, cuáles son sus características actuales en un contexto de mundialización económica y cuáles son las consecuencias en el espacio urbano bahiense.

Este trabajo está financiado por la Secretaría y Ciencia y Tecnología de la UNS y se enmarca en el Proyecto de Investigación: “Factores de cambio en la estructura urbana y dinámica económica bahiense” (36-G 26)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA EVOLUCION DEL COMERCIO MINORISTA DE BAHÍA BLANCA Y SUS CONSECUENCIAS TERRITORIALES.

Silvia Marenco

Depto de Geografía y Turismo

UNS Bahía Blanca

smarenco@uns.edu.ar

 

  1. Introducción

 

Desde sus inicios hasta la actualidad, la actividad comercial evolucionó como todas aquellas realizadas por el hombre, desde la construcción de sus propios elementos de subsistencia, pasando por el trueque, la determinación del valor de las mercancías en función del peso, la aparición de la moneda, los mercaderes nómades, la función de las ferias y mercados de la edad media, la aparición del comercio urbano (en todas sus formas), el comercio virtual a través de Internet, son a grandes rasgos las formas que fue adoptando esta actividad, más allá de la intensidad y diversidad que despliega. La evolución pasó por varias etapas diferenciales, temporales y espaciales, pero a partir de mediados del siglo XIX la aceleración de los cambios produjo fuertes impactos en la economía, la sociedad y los territorios, desarticulando y rearticulando espacios.

La evolución experimentada por esta actividad significó la introducción de innovaciones en varios aspectos, entre los que se puede mencionar: a) las formas de ofrecer los productos, b) la gestión de los establecimientos, c) el tipo y la variedad de productos ofrecidos, d) la localización de los emprendimientos.

Desde el punto de vista disciplinar, el comercio, en tanto actividad económica y social, puede ser abordada de dos formas por los geógrafos: una, desde su aspecto funcional en tanto redes interrelacionadas entre la esfera de la producción y la del consumo; y otra, desde un punto de vista “horizontal”, analizando las formas de inserción y su impacto en el seno de las ciudades y de sus territorios. El abordaje de estas dos formas está inspirado en las mutaciones sin precedentes de las actividades comerciales, que participan de la triple revolución tecnológica, económica y social de este nuevo milenio.

A escala mundial, se describen aquí las innovaciones que dieron paso a las prácticas en la actividad que marcaron una verdadera revolución comercial, tanto en Europa como en Estados Unidos, resultando en dos tipos de localizaciones característicos de trayectorias  culturales diferentes.

En el caso de Bahía Blanca, la crisis de los últimos años dejó al descubierto falencias estructurales de larga data. Como todas las crisis ésta también es contradictoria en sus manifestaciones: al mismo tiempo que impulsó una toma de conciencia por parte de los empresarios, que debían instrumentar cambios para adaptar sus comercios, se quedaron sin recursos para incorporar las transformaciones necesarias. Sin embargo, la ciudad no es ajena a los procesos de innovaciones, aunque éstas no se produjeran en forma simultánea con aquellas de escala nacional e internacional.

El propósito de este trabajo es analizar y explicar cómo se han producido estas innovaciones y sus características actuales, en un contexto de mundialización económica, y cuáles son las consecuencias a escala territorial en una ciudad de tamaño medio como Bahía Blanca.

 

2. Consideraciones teóricas

2.1. El contexto

El proceso de mundialización de la economía tiende a homogeneizar la apariencia de los territorios y los lugares, a partir de una racionalidad única. En este marco se ha modificado  la demanda por parte de los consumidores en general, que cada vez elevan más sus exigencias en calidad y diferenciación de los productos. Esta demanda se asocia a la difusión de una cultura mediatizada a través de las comunicaciones, que es funcional al proceso mencionado y da lugar a un consumo exacerbado: el consumismo. La pretensión de transformación de un mundo, particularmente urbano uniformizado, creador de valores simbólicos de los objetos a partir del sistema de flujos (García B., 2000:31) y de gran interculturalidad, uno de los elementos de esta mundialización posmoderna, el territorio se presenta en realidad como una gran mezcla donde conviven nuevos y viejos modelos, nuevas y viejas ideologías. Se está en presencia de una cultura del consumo cuyo mediador es el comerciante y el comercio la actividad económica que lo sustenta.

En las ciudades latinoamericanas, y particularmente en Argentina, la desfuncionalización de los espacios tradicionales constituye la evidencia de algunos cambios, que obedecen a un proceso de globalizador inconcluso; es decir un territorio donde la funcionalidad de la articulación espacio-sociedad-actividades tradicionales, muestra signos de desajuste y deterioro y donde, por otro lado, las transformaciones que responden al modelo global son incipientes, modestas, en consecuencia inacabadas.

El valor de aquello construido localmente, el cotidiano, posee un peso muy fuerte a partir de una lógica de funcionamiento interno que le es propia, y reacciona frente a la racionalidad homogeneizadora del orden global, con estrategias que la diferencian del resto. Así cada espacio local, el lugar, representa la individualidad del cotidiano en su territorio.

La geógrafa brasilera María Aparecida de Souza, respecto del lugar indica que:

 “El lugar de manera general es un espacio sensato, esto es, apropiado a nuestro sentido, un espacio que nos conviene, un espacio sensible. Pero también un espacio orientado. En fin es un espacio que da lugar al sentido, al buen criterio, al pensamiento sensato. Un lugar es un espacio habitado o habitable….. Un lugar se abre para otros lugares y el lugar de todos los lugares el lugar común, es el mundo. Es tenue por tanto la diferencia entre lugar y mundo. La presencia y la coexistencia son los fundamentos del acontecer solidario, esto es de los lugares. Esta presencia históricamente determinada en los lugares por el trabajo y sus divisiones, se ve en nuestra contemporaneidad, limitada. Son la presencia y el conocimiento, elementos de disyunción del trabajo y de los lugares. Presencia y coexistencia en esta contemporaneidad implica, una refuncionalización de los lugares. Refuncionalización dicha por la ruptura del proceso que en este siglo caracteriza al mundo y define los lugares, el mundo del trabajo”... (Aparecida de Souza, 1998).

La desfuncionalización o desestructuración de los sistemas territoriales tiene sus causas en los procesos políticos experimentados por los distintos países. En Argentina este proceso de desestructuración-reestructuración política, entre los años 1973/75 y 1991 (Bustos Cara, R., 2002:125), coincide con la irrupción evidente y casi violenta del modelo globalizador de la economía neoliberal. “La rapidez del cambio y la rapidez con que fue operado sorprendió y desarticuló la estructura territorial anterior sin dar posibilidad a un retorno (op. cit, 2002:125). Si bien el autor hace referencia a los sistemas territoriales de escala nacional, también se puede observar este proceso a escala urbana.[1]

La aparición de las grandes superficies de venta, que afectó al comercio minorista pequeño y mediano, no encontró, en este período, las regulaciones imprescindibles para evitar la enorme competencia que aquellas significaban en la economía de la ciudad. Al mismo tiempo, las localizaciones de los grandes supermercados (particularmente de capitales internacionales), imponían una lógica de gestión diferente, desfuncionalizando y desarticulando los espacios tradicionales. En tanto las estrategias empresariales locales, a veces de carácter muy conservador, provocaron una involución en las áreas centrales de las ciudades, donde además las políticas públicas no han acompañado su refuncionalización, generando conflictos de intereses entre conservadores e innovadores. Esto ha dado como resultado tanto un decrecimiento de la actividad, como un deterioro en áreas que cobijan al comercio y los servicios, en general.

Las innovaciones, en el comercio tradicional, con el tiempo aparecen. Pero para que este proceso de transformación modifique las estructuras del entorno local, es preciso contar con una capacidad empresarial innovadora, capaz de detectar los problemas y buscar las soluciones. Es necesario además disponer de recursos humanos capacitados para llevar a cabo el cambio y un Estado eficaz, desde las políticas, en el acompañamiento de su gestión.

Sin embargo, la reestructuración y la refuncionalización se ven impulsadas desde las instituciones privadas como las Cámaras, las Corporaciones, los Sindicatos, quienes muestran una mayor preocupación por la reactivación de las actividades económicas y su consecuencia directa en el desarrollo del empleo.

 

2.2. El carácter de las innovaciones

 

La actividad comercial ha experimentado una evolución muy importante a partir de la introducción de nuevas prácticas en las formas de comercializar que implican innovaciones desde el punto de vista de la organización y la gestión, resultando en la construcción de un tejido comercial que responde a un tipo de demanda particular por parte de los consumidores. Territorialmente, estas innovaciones y transformaciones, se traducen en localizaciones diferenciadas en la trama urbana, tanto por el requerimiento de superficie en el interior de las ciudades, como por la expansión del gran consumo de estas superficies sobre áreas las periurbanas adyacentes. Los avances tecnológicos ejercieron una gran influencia en estas transformaciones, desde la difusión mundial de los medios de transporte, como en los instrumentos de manejo de las empresas comerciales.

Las innovaciones que se describen  en el Cuadro 1, aluden en principio a un cambio en las prácticas comerciales, a la transacción en sí, la forma de negociar y gestionar los establecimientos, como a la demanda de determinados tipos de localizaciones preferenciales según las necesidades. La Geógrafa belga Bernardette Mérenne-Schoumaker, destaca que “los cambios en términos de logística y de gestión han modificado en gran medida el comercio y han contribuido, sin ninguna duda, a la reducción de los costos de funcionamiento, una lógica presente después del comienzo de la distribución moderna, que no es ajena a las cuatro innovaciones comerciales mayores, registradas desde 1851: los grandes almacenes (o tiendas), las tiendas populares, el autoservicio y los hipermercados” (Mérenne-Schoumaker, B., 2003:183) (Traducción de la autora). Se agregaron en este trabajo, algunas formas asociadas a las innovaciones mencionadas.

 

Cuadro 1. Las cuatro innovaciones comerciales mayores

 

Innovacion

Año

Quién

Dónde

Porqué

Cómo

Grandes tiendas

1851

Boucicaut

Paris

Buenos Precios

. Urbanizac.

.Industrializ.

. consumo

. medios de transporte

. grandes superficies

. gran amplitud en compensación de márgenes

. compra por impulso

. rotación rápida del capital

. beneficio unitario modesto

Tiendas populares

1880

Woolworth

Estados

Unidos

 urbanización

industrializac.

. consumo

.medios de transporte

. surtido con rotación rápida

. precios débilmente dispersos

 

Auto – servicio

Supermercados

1916

Carence

Saunder

Estados Unidos

 urbanización

industrializac

. consumo masivo

. automóvil

. gran surtido alimentario

. traspaso del trabajo al consumidor:  autoservicio

.  rotación rápida de stock

 

Hipermercados

1963

M. Fournier

Francia

. saturación del centro

. costo de las grandes

tiendas

 banalización de los productos industriales

 Localización periférica

 sup. superior a 2500 m2.

.gran estacionamien

. margen bajo

. surtido amplio

Fuente: M. Dupuis, Distribution: la nouvelle donne, Paris. Ed. D´Organisation, 1988, p.204. Citado por Mérenne-Schoumaker (2003), p. 182

 

2.2.1. Grandes Tiendas

El paso del comercio minorista tradicional al comercio moderno de los grandes almacenes o tiendas, se produjo en Francia a mediados del siglo XIX, cuando Aristide Boucicaut, en 1852 decide transformar su tienda introduciendo nuevas prácticas, que constituyen la base del surgimiento de las “grandes tiendas”. Dicha transformación se estructuró en torno a algunas ideas fuerza (Green, R. et al., 1996: 4). La primera, es la adopción de “precios marcados”, es decir precios iguales para todos los clientes y conocidos de antemano. Este hecho se produce en un momento en que la discusión del precio era la práctica habitual.

La segunda idea, se basaba en la “exposición” de las mercaderías, que además debían ubicarse a la vista de los potenciales clientes, quienes además debían poder circular libremente por el interior del local. Esto se oponía a la práctica del comercio en la que, entre la mercadería y el cliente se interponía el mostrador y el vendedor.

La tercera idea, quizá la más potente, fue la aplicación de un margen de ganancia reducido (entre el 13% y el 20%), pues consideraba que los beneficios se obtenían por un mayor volumen de venta, esto significaba mayor rotación de capital y mercaderías.

Complementariamente se introdujeron otras prácticas, referidas a lo que hoy conocemos como “marketing”: a) búsqueda de una oferta diversificada de productos que, a nivel de la tienda, incorporaba lencería, calzados, artículos de moda, etc., b) instituyó la práctica del “cambio de mercadería”, es decir, cuando el cliente no quedaba satisfecho con su compra podía sustituirla por otra; c) ambiente de fiesta en los locales, con gran decoración y precios especiales, por ejemplo: mes del calzado; d) inaugura una oficina para “reclamos”; e) incorpora el servicio de venta a domicilio.

Estas innovaciones no se redujeron solamente a las prácticas comerciales, sino que además tuvieron gran incidencia en el empleo: se produjo una nueva división del trabajo dentro de las empresas y mecanismos de incentivos a los trabajadores, como comisión por ventas, descanso semanal de los vendedores, etc. Asimismo desarrollaron nuevos instrumentos para gerenciar  la contabilidad (Green, R. et al., 1996: 5).

 

2.1.2. Tiendas populares

Luego de la primera gran innovación producida en Paris, le suceden otras. Así en 1878, un comerciante estadounidense llamado Frank W. Woolworth, sobre la base de las “grandes tiendas”, incorpora en su negocio un mostrador, de gran accesibilidad al público, una gran cantidad de artículos no vendidos con un cartel que indicaba “todo a cinco centavos”. Se da lugar de esta manera a la aparición de las “tiendas populares”.

Estos nuevos emprendimientos se localizaban en calles comerciales y de gran circulación, a los que se agregaban nuevos componentes: a) el aprovisionamiento se hacía directamente con los fabricantes; b) oferta de una gran variedad de productos de consumo masivo y a precio fijo.

 

2.2.3. El Autoservicio y supermercado

En 1916, Saunders crea en Estados Unidos el primer autoservicio, trasladando las innovaciones anteriores al rubro alimenticio. En 1929 Michael Cullen abre el primer “supermercado” en Nueva York, cuya estrategia se sustentaba en el mantenimiento de precios bajos con reducidos márgenes de ganancia, venta de productos de uso masivo, autoservicio (con lo cual pasaba a manos de los clientes el trabajo de los vendedores), posibilidad de estacionamiento, gastos fijos reducidos, venta de productos alimenticios con una gran diversidad y unos pocos productos no alimenticios.

El primer autoservicio en París data de 1948, quien consideraba más importante que el cliente se sirviera por sí mismo, sin bajar los precios. Con el “almacenero” Eduoard Leclerc comienza la historia de la distribución moderna en Francia (Green, R. et al., 1996: 6). Su idea consistía en bajar el costo de vida, en una época de inflación luego de la finalización de la segunda guerra mundial, vendiendo al público a precios mayoristas, para lo cual solo contemplaba un muy reducido margen de ganancia (alrededor de 9 %, pero sin superar el 14 %). Esta estrategia de venta trajo aparejado una serie de conflictos, con el resto de los comerciantes minoristas altamente perjudicados; sin embargo Leclerc fue favorecido por las políticas estatales orientadas a reducir la inflación, extendiendo finalmente sus filiales a una gran cantidad de ciudades francesas. En Argentina los primeros autoservicios surgen en 1951.

Al mismo tiempo aparecen innovaciones en otros rubros comerciales, como por ejemplo la sociedad FNAC que se crea como gran superficie de venta de libros a precios rebajados. También las ventas por catálogo comienzan a expandirse en tanto nuevas estrategias comerciales: en 1958 se lanza el primer catálogo de 3 Suisses, que evita los desplazamientos de los clientes, acercando sus compras al domicilio.

 

3. Las innovaciones en un contexto de mundialización

 

3.1. El Hipermercado y los Centros Comerciales

La gran expansión del uso del automóvil y la saturación del centro de las ciudades promueven la instalación de grandes superficies comerciales fuera de las ciudades, en algunos casos estas localizaciones responden a necesidades propias del tipo de productos ofrecidos (automóviles, maquinarias agrícolas, muebles, etc.), en otros casos a una demanda de los consumidores, que con menor tiempo disponible, realizan sus compras con menor frecuencia, pero en mayor cantidad, particularmente productos alimenticios, por tanto el uso del vehículo particular se hace imprescindible y necesita espacios de estacionamiento, que no encuentra en el centro.

Estos hipermercados, se diferencian fundamentalmente de los supermercados por las superficies que demandan, pero también por la diversidad de productos que ofrecen, ya que han incorporado, al ya tradicional rubro alimenticio, artículos de limpieza y bazar, otros como vestimenta, hogar y muebles, calzados, perfumería, electrodomésticos, ferretería, juguetes, librería, pinturas, bricolaje, sanitarios, y artículos para automotor, jardinería, pequeños maquinarias, entre otros. Algunos también incluyen cafetería.

Generalmente, estos hipermercados están insertos en Grandes Centros Comerciales, en algunos casos de carácter regional, es decir que no solo abastecen a la población de la ciudad inmediata, también atraen clientes de centros urbanos menores, lo que perjudica al comercio de esas localidades.

En 1969, se abre el primer Centro Comercial Regional y un Shopping Center en Paris, así como sociedades comerciales especializadas en venta de muebles, bricolaje, electrodomésticos, en la periferia de las ciudades, lo que implicaba no solamente un cambio en las prácticas comerciales, sino un desplazamiento en el territorio, producto de la masificación del uso del automóvil y una mejora generalizada de la renta en las familias, que además, comenzaban a modificar sus hábitos de consumo. En Argentina aparecen en 1981.

 

3.2. Las innovaciones en el ámbito bahiense

El cuadro 1 descrito, no puede extrapolarse a Bahía Blanca, debido a condicionantes demográficos, económicos y culturales, propio de la época. En 1851, año de la primera gran innovación, señalada por Dupuis, la situación de este asentamiento militar, la Fortaleza Protectora, era de gran precariedad. El exiguo crecimiento poblacional obedecía, entre otras, a tres razones esgrimidas por los historiadores (Wiemberg, 1978: 229), como fundamentales: en primer lugar el marcado aislamiento, pues no existía comunicación terrestre con otros fuertes o bien con Buenos Aires, la conexión solo era posible por mar; en segundo lugar, la seguridad, ya que el fuerte era asediado constantemente por los indígenas (el último malón corresponde a 1859), y, en tercer lugar las características climáticas, con fuertes vientos, inviernos muy rigurosos y veranos tórridos, que dificultaban la vida cotidiana.

Desde el punto de vista demográfico, los datos disponibles refieren lo siguiente:

 

Cuadro 2. Número de habitantes de Bahía Blanca, desde la fundación hasta 2001.

 

Censo Año

Número habitantes

1834 *

741

1836*

1.461

1856*

1.317

1869

1.057

1895

14.238

1914

44.143

1947

112.597

1960

126.669

1970

152.158

1980

223.727

1991

250.919

2001

274.311

 

Los datos correspondientes a 1834*, 1836* y 1856*, pertenecen a Weinberg (1978), y son consignados como relevamientos efectuados desde la guarnición militar. En 1836, el incremento se debe al aporte de tropas militares (885 militares, 477 familiares de soldados, 99 vecinos); en 1856 una epidemia de cólera redujo sensiblemente los efectivos poblacionales, a la que siguió otra epidemia, esta vez de tifus.

En los primeros años de la fundación, como se observa en el Cuadro 3, la presencia del comercio se reducía a las pulperías, que abastecían la demanda de los militares de la Fortaleza, cuyas provisiones llegaban por barcos de escasa frecuencia, y que además abastecían al incipiente comercio del fuerte. Hacia 1840, aún subsistían las pulperías, a las que se sumaban “… nuevos comercios que, aunque modestos satisfacen en la medida de lo posible las necesidades de consumo local, manteniendo sin embargo como característica dominante aún, la indiferenciación” (Cignetti, A. M., 1978: 138, en Weinberg, 1978). A partir de 1860, con una mayor demanda, aparecen los comercios con rubros diferenciados. “Como dato ilustrativo podemos mencionar que la ciudad contaba en 1869 con: 14 almacenes de comestibles, tejidos y otros artículos, 18 bodegas y tabernas, 1 botica, 1 café, 1 carnicería, 3 fondas y 2 panaderías” (Op. Cit: 139). Esta especialización marcó el pasaje del almacén de ramos generales (mayorista y minorista), a la venta separada: a) mayoristas especializados y b) minoristas con vidrieras a la calle.

La especialización en determinados rubros significó una innovación frente a las pulperías y los almacenes de ramos generales, debido principalmente a la creciente demanda, proveniente de una población con un gran porcentaje de inmigrantes europeos. Hacia 1880, existían 98 establecimientos registrados, que aumentaron a 330 en 1890, lo que representó un incremento del 336%, respecto de la década anterior. Entre otros factores, la llegada del ferrocarril, que permitió la comunicación por tierra con otros centros, como Buenos Aires, y el aumento de un mercado local y regional en expansión, impulsaron el consumo y el acceso a todo tipo de productos. En 1895, aparecen los primeros mayoristas especializados.

 

Cuadro 3. Las innovaciones en el ámbito bahiense.

 

Innovación

Año

Quién

Porqué

Cómo

Pulperías

1830

Piris,

Palao

Jones

Girard

Coulin

. mayoría pobla-ción militar

. sin rutas ni medios de transp.

terrestre

. pequeñas superficies

. pocos comestibles

. muchos licores

.consumo subsistencia.

Ramos Generales

1840

 

. población militar y civil

. incipiente comunicación

. pequeñas superficies

. comestibles y otros

. consumo subsistencia

. beneficio importante

Almacén al por mayor

1895

Varela y Álvarez

. aumento de población

. llegada FFCC

. inmigración

. superficies medias

. comestibles, textil, calzado, bazar, muebles

. escasa rotación de capital.

.beneficio importante

Grandes tiendas

1904

Gath y Chaves

Harrods

. urbanización acelerada

. industrialización incipiente

. consumo especial

. medios de com. y transporte

. superficies medias

. surtido amplio

. compra por impulso

. rotación rápida del capital

. beneficio unitario modesto

Tiendas populares

1960

Tía

. urbanización

. industrialización

. consumo

.medios de transp.

. surtido con rotación rápida

. precios débilmente dispersos

Auto – servicio

Supermercados

1965

Cooperativa Obrera

. urbanización

. industrialización

. consumo masivo

. automóvil

. surtido alimentario

.  rotación rápida de stock

Hipermercados

Centros Comerciales

Shoppings

1997

Disco

Wal Mart 

BBPS.

. saturación del centro

. costo de las grandes tiendas

 

localización periférica

. sup. may. 2500 m2

. gran estacionamiento.

. margen bajo

. surtido amplio.

Fuente: elaboración propia sobre la base de M. Dupuis, Distribution: la nouvelle donne, Paris. Ed. D´Organisation, 1988, p.204. Citado por Mérenne-Schoumaker (2003), p. 182

 

En 1904, cuando se instala la tienda “La Capital”, que operaba bajo la firma de Almacenes Argentinos Gath & Chavez Limitada, luego adquirido por Harrods, surge la primera innovación: “las grandes tiendas”, y como una verdadera transformación lo destaca la publicación en homenaje al Centenario de la ciudad “Cuando Gath & Chaves, empezó a romper las rutinas comerciales, inauguró una nueva forma de comercio que habría de ejercer perdurable influencia. Desde luego la casa consideró de capital importancia la presentación de los artículos en forma irreprochable. Fueron rápidamente reemplazadas las instalaciones deficientes, para ser sustituidas por otras en las que el buen gusto predominaba. El público favoreció resueltamente al nuevo establecimiento que ofrecía, para atraer a la clientela, la ventaja de la venta a precio fijo, dándole así la seguridad de no ser explotado, es decir despertando en él la confianza que es secreto del éxito en todo negocio, en el cual el vendedor es uno solo y el comprador es toda la comunidad” (Diario La Nueva Provincia, 1928:513). A este primer local innovador se sumaron años después otros, cuyos fundadores eran ex empleados de “La Capital”: Galerie de la Mode, La ciudad de Bahía Blanca, etc.

En 1963 se avanza hacia una nueva forma con la apertura de una sucursal de TIA (Tiendas Israelitas Argentinas), que se constituye en la primera tienda popular de la ciudad, sobre calle O´Higgins. Funcionó con muy pocas modificaciones, salvo edilicias, con un solo modelo comercial para todas las sucursales hasta 1991, en que se reconvierte a Tía Express y luego forma parte de la cadena Norte.

En 1965 la Cooperativa Obrera, inaugura la Sucursal Nº 5 “Centro, en el rubro alimenticio dando lugar así al nacimiento del primer autoservicio. En esta década nuestro país, y la ciudad de Bahía Blanca en particular, se ven favorecidos por circunstancias económicas, demográficas y sociales para la instalación de este nuevo formato comercial, ya que se registran altas tasas de urbanización, aumenta el número de empleados industriales Estos además gozan de mejoras en sus salarios lo que les permite acceder a los tres artículos que favorecen las ventas masivas: heladera, automóvil y televisor, al tiempo que aumentan el radio de influencia de los negocios. Por otro lado el gran desarrollo de la industria nacional en rubros como alimentos, bebidas, textil, bazar y artículos para el hogar, incrementan el surtido de artículos y las fuentes de trabajo. Comienzan a generalizarse así los supermercados, con mayor superficie de atención al público. La Cooperativa Obrera continúa su expansión en los años 70 con seis supermercados, y otros tantos en los ´80, distribuidos en toda la ciudad. A esta empresa acompañan otras como SUMA en 1989, Supermercado Hernández, en 1977 y Burgos, en 1988.

La otra gran innovación llega en 1996 con la apertura de la sucursal Nº 28 de la Cooperativa Obrera, denominado “Hipermercado de Aguado”. En realidad se trata de un supermercado integral tradicional; en él se incorporó tecnología y mayores servicios al cliente, con atención personalizada en determinados departamentos. El verdadero hipermercado, lo inauguró Wal Mart, en agosto de 1997, en un área periférica, sobre una ruta de ingreso a la ciudad. La llegada de este hipermercado y de otro supermercado también de capitales extranjeros (Disco S.A.), con estrategias comerciales sustancialmente distintas a las de los supermercados locales, alteró las prácticas de los empresarios bahienses. La publicidad a través de todos los medios de comunicación (televisión, radio, prensa, revistas y folletos), modificó los flujos de capital hacia la propaganda, debiendo ajustar los beneficios de rentabilidad, para lograr la captación de mayor clientela. Así, de las estrategias tradicionales de rebajas periódicas para algunos productos de un mismo o de unos pocos rubros, se pasó en el hipermercado a “precios bajos todos los días y para todos los rubros”, con beneficios extra en cuanto a servicios como tintorería Express, farmacia, revelado de fotografías, cajeros automáticos, cajas para pagos de servicios e impuestos, etc.

El hipermercado Wal Mart, instalado en el denominado Shopping Paseo del Sol, inauguró, además del primer hipermercado en la ciudad, el primer centro comercial, en un área periurbana, es decir otro formato comercial diferente a los conocidos en la ciudad.

A los pocos meses se inauguró, sobre la misma vía el “Bahía Blanca Plaza Shopping”, con un comercio ancla como la Cooperativa Obrera. Las diferencias entre ambas instalaciones fueron notorias desde un principio. El primero, diseñado en una sola planta y decoración rústica apuntaba a un segmento del mercado de ingresos medios, en poco tiempo aumentaron la cantidad de locales desocupados, evidenciando la falta de demanda real por los mismos. La empresa, entonces, modificó su estrategia, reduciendo el número de locales y ampliando e incorporando dos rubros mayoristas nuevos: uno dedicado a la venta de alimentos (Makro) y el otro a artículos de construcción y decoración del hogar (Tehuelche). Así, “la introducción de estos cambios en la oferta resultó en un considerable dinamismo de las actividades comerciales y el incremento de la demanda fue inductor de la instalación de locales comerciales, restaurantes, cafeterías, y puestos de objetos artesanales que han cambiado de manera notable la fisonomía de este centro comercial” (Garriz, et al.,2005:6)

El Bahía Blanca Plaza Shopping, puede definirse como el típico shopping. En sus inicios, también existían numerosos locales vacíos, el cambio de estrategia en este Centro se tradujo en la subdivisión de los locales de mayor superficie y en la cuidadosa selección del tipo de negocios a instalarse. Cuenta con actualmente con negocios de indumentaria, calzado, muebles, artesanías, servicios de comunicaciones, supermercado, lugares de esparcimiento (cines, juegos electrónicos), cafés, bares temáticos, restaurantes, heladerías, librerías, regalerías, etc.; no existiendo en este momento disponibilidad de locales en alquiler.

 

4. La evolución de los formatos comerciales y su impacto en el territorio

 

Hasta primera mitad del siglo XX, las actividades comerciales y sus innovaciones  estuvieron signadas por transformaciones que obedecían al crecimiento y expansión de la ciudad en el contexto nacional. Por un lado se observa una gran concentración comercial en el centro bahiense, que no solo obedece a la demanda de la densidad del área inmediata, sino que atrae a toda la población de la ciudad debido a su característica de espacio simbólico y de servicios, y a la gran accesibilidad desde todos los sectores, a través del servicio de transporte de pasajeros. Por otro lado se destacan localizaciones comerciales barriales, que configuran pequeños subcentros de servicios, que abastecen las necesidades diarias de la población residente. El comercio de escala barrial registra un escaso nivel de tecnología y poca adaptación a los cambios en la práctica de la actividad comercial.

Las manifestaciones más acentuadas de las innovaciones se observan en las dos últimas décadas, en que la globalización presenta un acelerado ritmo de difusión en el país. Así los mayores impactos los acusan aquellos territorios con mayor predisposición o potencialidad para incorporarlos, impactos que se traducen en un desplazamiento hacia la periferia de las ciudades de nuevas áreas comerciales, con incorporación primordial, preponderante y rápida, de tecnología. A su vez, este traslado del comercio genera nuevos subcentros, en los espacios intersticiales de consumo como el eje Altos de Sarmiento, ubicado entre el centro bahiense y el área de los shopping centers, “que inciden en la conformación de un dinámico eje de expansión urbana” (Formiga, N., 2002:54).

Algunos autores apuntan a un cambio en la reestructuración de las ciudades medias argentinas que pasan de un estilo e ideología de cultura europea, hacia la ciudad americana de grandes “shoppings centers”, campus universitarios, barrios cerrados, etc. (Rapposo, 1998). Sin embargo, la realidad muestra una tendencia muy marcada a mantener los centros tradicionales, renovando y rehabilitando áreas cuyo patrimonio histórico-arquitectónico, resignifican la identidad de la ciudad, como ámbito simbólico y de pertenencia.

En el caso bahiense, las áreas de consumo de las periferias, van quedando integradas a través de los ejes de comunicación, al centro tradicional, que no pierde valor pese a su deterioro. En estos ejes el incremento del flujo vehicular es notable, como así también las redes que generan a partir de las necesidades de abastecimiento de productos.

La calle Sarmiento y su prolongación, la Avenida de Penetración, es la más representativa de la ciudad, en este sentido.

Las nuevas estrategias de localización de determinados tipos de rubros se pueden observar claramente en estas arterias, cuya oferta está orientada hacia productos de alto valor y que no requieren de una ubicación central para su venta. Los tradicionales usos comerciales de abastecimiento diario dan paso a negocios de venta de productos especializados y destinados a un tipo de población de ingresos medio-altos y altos. La diversidad de rubros es notable, particularmente sobre calle Sarmiento (sector denominado Altos de Sarmiento): viejos anticuarios, artesanías, amoblamiento para cocinas, carnicería, panaderías y verdulerías tipo “boutique”, veterinarias, vehículos importados, muebles artesanales, servicios de seguridad, representaciones de viviendas industrializadas, rotiserías de pastas y mariscos, pinturerías, vivero, productos para jardines y accesorios para piscinas, locales de esparcimiento (pubs y cyber-pubs), farmacias, telefonía móvil y comunicaciones..

En general puede afirmarse que los empresarios del comercio, de este sector, se caracterizan por novedosos métodos de gestión de sus locales, en los cuales se privilegia la atención personalizada y el asesoramiento adecuado y, dependiendo del rubro, la incorporación de servicios (pago rápido, distribución a domicilio, etc.)

Desde el punto de vista del diseño urbano la calle Sarmiento, ha modificado su aspecto barrial, evidenciando una rápida renovación y evolución. En los últimos diez años el desplazamiento del uso residencial por el comercial ha sido muy importante; las viviendas que aún existen han remozado sus fachadas, adecuándolas a la nueva fisonomía del sector. El dinamismo se expresa a través de la demolición de viejas viviendas y la construcción inmediata de modernas edificaciones de frentes vidriados y gran calidad estética.

Con respecto a la Avenida de Penetración, en predios de mayores dimensiones, las implantaciones comerciales son de carácter diferente, y aún predominan los grandes espacios abiertos y vacantes. Allí se han instalado dos shoppings, dirigidos a dos tipos de demanda diferentes; mayoristas; venta de vehículos importados; hotelería, centros de servicios para el transporte (estaciones de servicio), restaurantes, pubs, y locales de entretenimiento nocturno, entre otros. Este sector constituye el área de expansión urbana del segmento mayores ingresos de la población, con viviendas de alto valor en terrenos de grandes dimensiones, donde predominan las áreas verdes parquizadas y la forestación.

 

5. Reflexiones finales

 

Los cambios en las innovaciones registradas en los primeros años de vida bahiense, fueron lentos, como producto de condicionantes demográficos, económicos y culturales, como así también de los procesos de desestructuración y reestructuración del territorio, en consonancia con la ideología imperante desde el punto de vista político.

Las pulperías y almacenes de ramos generales, de mediados y fines de siglo (con una gran indiferenciación de la oferta) dieron paso a las tiendas especializadas por rubros para atender a una demanda cada vez más exigente en cuanto a diversificación y calidad, constituyendo las primeras innovaciones producidas en el ámbito del comercio, debido al refinamiento cultural, de una incipiente burguesía local y de inmigrantes. Esta etapa coincide con la estructuración del territorio a partir de promulgación de la Constitución Nacional, en 1853.

El desarrollo del comercio entre 1880 y 1930, produjo las primeras grandes innovaciones, sustentado en el marco de una ideología liberal que Bustos Cara (op.cit.:123) denomina primera modernización. Entre 1945 y 1975, etapa de difusión del llamado estado benefactor, produjo un comercio de tipo conservador, amparado en la seguridad de un Estado empresario y contratista.

De la localización netamente urbana y central de los comercios minoristas, producto de la escasa innovación registrada en el ámbito local, se pasa en la última década a la instalación, en áreas periurbanas, de grandes complejos comerciales, que responden a nuevas demandas en el consumo, generando un estancamiento y deterioro marcado del centro tradicional, que necesita una urgente renovación y rehabilitación. Esta etapa, como se mencionara, corresponde a la desfuncionalización del área urbana central y refuncionalización de las áreas periurbanas. Pese a estas condiciones, esta área se presenta como aglutinadora de población en tanto espacio de encuentro y compras, por la diversidad de los servicios que ofrece: administrativos, financieros, tecnológicos, institucionales.

Las innovaciones recientes demandan territorios de la periferia que organizan en función de sus prácticas, estructurando además áreas de gran movilidad y accesibilidad donde la característica predominante la constituyen áreas residenciales y de servicios de jerarquía en sus proximidades, como los barrios Altos de Palihue, Patagonia, además de hotelería, restauración, concesionarias de automóviles y nuevas áreas de esparcimiento, y espacios de gran valor paisajístico.

Por otro lado, el proceso innovador impone como condición esencial, la necesidad de recalificar los recursos humanos, ya que la demanda exige un empleado de comercio capacitado en el asesoramiento de las cualidades de los productos que ofrece, y no solamente un vendedor. Sin embargo los empresarios locales, manifiestan actitudes pasivas frente a las nuevas estrategias y lógicas de gestión en sus negocios. Será necesario indagar acerca de estos comportamientos, frente a una competitividad territorial y cambios en el modelo cultural que se imponen cada vez con más fuerza en el proceso de expansión de la actividad en la ciudad.

 

6. Bibliografía

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- García Ballesteros, Aurora, “El espacio social del consumo en la cultura de la posmodernidad”, en Estudios Geográficos, Tomo LXI, 2000, Nº 238, p. 27-47

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- Souza, María Adelia de, (1998), O Lugar de todo mundo. A geografía da solidariedade. (Inédito).

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Ponencia presentada en el Simposio Problemáticas Urbanas. Séptimo Encuentro Internacional Humboldt. Villa de Merlo, San Luis – Argentina. Viernes 23 de setiembre de 2005.

 

 



[1] Esta periodización se ha establecido en Formiga, N. Marenco, S. “La dinámica Urbana”, 2000, 151 p.