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Asunto:[encuentrohumboldt] 425/05 - DESPUES DE COLÓN: LA DEFORESTACIÓN SIN CONT ROL
Fecha:Lunes, 24 de Octubre, 2005  01:24:20 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

DESPUES DE COLÓN: LA DEFORESTACIÓN SIN CONTROL.

EL CALDEN EN LA PAMPA[1]

 

María del Carmen Labey

Facultad de Ciencias Humanas

Universidad Nacional de La Pampa

E.mail: mlabey@fchst.unlpam.edu.ar

 

Resumen- Abstract

Los espacios geográficos siempre se utilizan para la provisión de recursos que le permitan a las sociedades satisfacer sus necesidades. En este trabajo se analiza como, en el espacio americano, argentino y pampeano el proceso de conquista y colonización implicó el comienzo de un proceso de depredación de los recursos naturales.

El bosque de caldén, formación única en el mundo por sus características de homogeneidad fue, principalmente a partir de Modelo Agroexporatador,   sistemáticamente talado para cumplir con diversos objetivos. En la actualidad su formación es muy diferente de la originaria. La disminución de la extracción permite la lenta recuperación de las especies pero el avance de la actividad agrícola nuevamente resulta una amenaza para el caldenal.

Preservar esta formación es una necesidad urgente  y para lograrlo se hace necesario que se reformulen las relaciones entre la sociedad, la naturaleza y los procesos económicos. 

 

 

Palabras clave- Key words

 

 Recursos naturales. Historia ambiental. Deforestación. Caldenal. Modelo Agroexportador. América. Argentina. La Pampa.  Rol del Estado.

  


 

 

A modo de introducción

 

En los espacios geográficos los procesos históricos intervienen a partir de actuaciones diferenciadas que determinarán la mejor o peor adaptación a las necesidades de las sociedades que sobre ellos de asienten.

 “...La articulación del espacio es función básica del modelo de producción – gestión - apropiación del valor excedente propio de la formación social vigente en cada momento a partir del espacio social previo – que a su vez comporta un espacio físico- genealógicamente considerado...” (J.E. Sánchez; 1.991; 69 )

Históricamente las sociedades han utilizado los espacios geográficos como fuentes de recursos aprovechándolos tal como estos se encuentran naturalmente, depredándolos o funcionalizándolos, es decir, dándole otros usos por medio de acciones más o menos sistemáticas como las desarrolladas a partir de la agricultura. El proceso de apropiación racional de los espacios geográficos define al hombre como ser histórico. Por lo tanto, se puede afirmar que el espacio físico tendrá en el tiempo las formas que determinen las sociedades que sobre ellos se asienten.

 El espacio geográfico es un factor clave en la vida del hombre y en las relaciones sociales. Es un factor activo, ya que es un medio primario de vida y un ámbito de explotación donde están y se extraen los recursos necesarios.

Sin el espacio el hombre no cuenta con base sobre lo que proyectar su fuerza de trabajo y no puede crear valores ni reproducirse. Cuando el hombre transforma la naturaleza en valor la convierte en riqueza.    

 Si consideramos que todas las acciones humanas necesitan de un territorio, el espacio se convierte entonces en un factor clave de la realidad global porque debe  ser apropiado por los agentes sociales para su manipulación y dominio. Es decir que la articulación social del espacio está guiada por las relaciones de poder. (Labey; Inédito)

“... Puede iniciase la reflexión sobre el papel de los recursos físicos recordando que, de hecho, lo que determina el grado de explotación de un país en cada etapa histórica es el juego entre las fuerzas productivas y su desarrollo técnico por un lado y, por otro, las relaciones sociales de producción características de la sociedad considerada. En ciertas condiciones, este juego deja inmensas riquezas inexplotadas, mientras que, en otras, es capaz de suplir las peores insuficiencias naturales.

Ello no impide que cada territorio disponga de ciertas facilidades, o que, por el contrario, se halle provisto de un cierto número de factores necesarios. Tanto si se trata de vivir de sí mismo como de practicar un intercambio – paso a la actividad económica -, el inventario de sus bienes físicos y naturales forma parte del análisis de sus capacidades. Debe tenerse únicamente en cuenta que ese inventario cambia considerablemente de sentido según el período y el lugar en que se efectúe, al tratarse en cada momento de una valoración social...” (J. E. Sánchez; 1.991; 198 )

Pero “… no basta con el conocimiento de que recursos existen, como se forman y que tecnología se utiliza para aprovecharlos sino que la sociedad, especialmente el grupo que está en contacto diario con las máquinas y la naturaleza, deben saber quienes controlan y manejan esos recursos, si los frutos van hacia el exterior a enriquecer a los grupos foráneos o son un medio de intercambio equitativo, si se quedan en la nación respectiva a promover el desarrollo nacional y una mayor justicia en la distribución de las riquezas o si se quedan en el país solo para beneficiar a unos pocos privilegiados…” (García; Cordero e Izquierdo. 1987. Pag. 189.)

 

 

Una breve historia de los recursos naturales latinoamericanos

 

Los recursos naturales debieran estar al alcance de las sociedades para permitirles satisfacer adecuadamente sus necesidades, pero generalmente y sobre todo en América Latina, este proceso no es justo, ni equitativo, ni racional, sino que influyen en el variables económicas tendientes a una alta rentabilidad, sin considerar los costos ecológicos que esto implica.

Cuando se analiza la historia de los recursos naturales en América Latina se hace evidente la constante depredación de los mismos. Ya sean Recursos Naturales renovables o no renovables desde la colonización europea hasta nuestros días los recursos fueron sistemáticamente utilizados sin considerar las consecuencias.

Las denominadas poblaciones precolombinas hacían uso de los Recursos Naturales a partir de actividades tendientes a la obtención de alimentos como la pesca, la caza y la recolección de frutos. También utilizaban algunos minerales de los que obtenían metales para fabricar armas u objetos de decoración personal y ambiental. Los suelos eran usados para cultivos, en algunos casos a partir de la implementación de canales de riego con el agua contenida en represas. Algunas tribus utilizaron el guano de las aves costeras y otros aprovechaban la sal. Pero estas actividades no provocaron un alto grado de degradación porque la mayoría de las sociedades precolombinas no conocieron la agricultura  ni la ganadería y no se establecían de modo permanente en ningún lado.

La colonización implicó un gran cambio en la forma de utilizar los Recursos Naturales, principalmente los denominados “minerales preciosos”, que lucharon por atesorar y que tuvieron como consecuencia la creación de pequeños poblados en los alrededores de las minas y de los puertos que se destinaron al embarque de estos minerales.

Tal como lo expresa Cardoso y Perez Brignoli (1984) la colonización ibérica redefinió y amplió el modo de producción capitalista sin aplicación de nuevas tecnologías y en el caso argentino no asociado a una alta productividad por trabajos con bajos rendimientos por unidad de superficie. Cuando los recursos se fueron agotando no se realizó ningún tipo de innovación tecnológica de significación, en todo caso se suplieron por otros o se habilitaron nuevas áreas produciendo como en el caso de la pampa argentina un corrimiento de la frontera agropecuaria.

Los colonizadores europeos “… se apoderaron de las riquezas que habían acumulado los indígenas y saquearon las tumbas precolombinas; mas tarde comenzaron la explotación de las minas y la instalación de unidades agrícolas que alimenten a la población y que sirvan para el comercio con la metrópoli…

…sobre la base de la explotación de minerales y piedras preciosas empiezan a crearse diversos focos que son los fundamentos de la nueva economía… Esto desarrolla a su vez una serie de áreas especializadas en agricultura y ganadería para servir a los centros de explotación de minerales y para mandar productos agropecuarios a la metrópoli… Toda la economía de las colonias se basó en la exportación de productos primarios…

Los movimientos emancipadores del siglo XIX marcaron escasos cambios, de los cuales quizá el mayor de ellos, el más importante, fue el rompimiento de los lazos obligatorios con las metrópolis, que posibilitó una comercialización directa y abierta entre países del mundo. El poder se concentra en los productores de bienes primarios (minería y  agricultura).

Sobre esta base socioeconómica, es decir, el poder detentado por los poseedores de las fuentes productoras agropecuarias y mineras, se organiza la vida económica de la naciones latinoamericanas, se crean nuevos centros productores, se amplían las áreas agrícolas y comienzan grandes procesos de colonización en distintas partes del continente latinoamericano: Argentina, Brasil, Chile, México, Colombia, etc… (García; Cordero; Izquierdo. 1987. Pág.238.)

La Revolución Industrial implicó la especialización de la manufactura y se trató de imponer un sistema que aún significa un desarrollo desigual entre Latinoamérica y los países industrializados. América Latina tuvo (y aún lo tiene) el rol de proveedor de materias primas y de comprador de manufacturas.

Una gran cantidad de capitales internacionales fueron invertidos en Latinoamérica para el desarrollo de las vías de transporte y comunicación que unieron los puertos de embarque con las áreas productivas. Claro ejemplo de este proceso es el desarrollo de la red ferroviaria de la pampa argentina que pone en contacto los puertos de Buenos Aires, Rosario y Bahía Blanca con el área de mayor productividad de cereales y ganado vacuno.

Durante el siglo XX, este proceso continuó y se produce además un perfeccionamiento en las técnicas de explotación de minerales y de cultivos, dando lugar a un proceso de explotación de nuevos recursos.

 

Los recursos forestales latinoamericanos

 

Los recursos forestales en Latinoamérica fueron y son intensamente explotados. La deforestación ha sido una constante actividad en el territorio americano y solo en las últimas décadas, las sociedades han comenzado a tomar conciencia de los devastadores efectos de esta actividad aunque esto, no ha sido un motivo para que el proceso  no continúe. Un ejemplo de este proceso es la devastación de la selva Amazónica que da lugar al desarrollo de actividades agrícolas y/o mineras o la sustitución de las especies naturales del bosque húmedo frío del centro- sur de Chile por especies de alto valor económico destinadas a la industria celulósica.

La colonización significó un fuerte impacto para las áreas forestales, principalmente las cercanas a las minas porque se talaban los árboles para abastecer de leña destinada a los procesos de fundición de los metales y para construir postes y vigas utilizados en el proceso de apuntalamiento y sostenimiento de las minas.

Las áreas con mayores reservas forestales se concentran en Brasil, Colombia, Perú y Argentina. En la mayoría de estas formaciones prevalece la diversidad y en consecuencia el costo económico y ecológico de la explotación es muy elevado porque hay un bajo rendimiento de cada variedad explotada y por lo tanto la cantidad de hectáreas desvastadas es mayor. La incorporación de tecnología es mínima y el desperdicio de gran parte del recurso explotado es elevado.

Los países desarrollados controlan los procesos de explotación de los recursos y los pasos siguientes, es decir el transporte, la industrialización, la comercialización y la aplicación de tecnologías. En el caso de Latinoamérica esto no sucede porque estos procesos son controlados por las pequeñas minorías privilegiadas generalmente de origen extranjero.

 

La historia ambiental Argentina

 

A lo largo del tiempo el territorio argentino fue habitado por diversos grupos sociales que actuaron de manera diferenciada en los diversos ambientes que conforman el espacio.

Antes de la llegada de los conquistadores europeos el espacio estuvo habitado por grupos aborígenes que se apropiaban de los recursos de diversos modos, utilizando diferentes tecnologías según las características naturales de los lugares que habitaron. Ya hacia el 2000 a. C. en el noroeste se realizaban cultivos (como la calabaza) y se domesticaban camélidos de los que se obtenían lanas y carnes para consumo personal. Se abastecías de agua para regar, se construías terrazas y andenes de piedra para proteger el suelo de los procesos erosivos, lo que implica un uso cuidadoso del ambiente tendiente a no comprometer el futuro de los Recursos Naturales. También utilizaron la cerámica para la construcción de utensilios de uso doméstico y el cobre.

Los espacios de las llanuras pampeana, chaqueña y mesopotámica, así como también la meseta patagónica, fueron esencialmente habitados por tribus nómades. En las zonas fluviales (como las de los ríos Paraná, Pilcomayo o Bermejo entre otros) la pesca costera o en canoas era una de las actividades principales. En las áreas con vegetación arbórea era importante el proceso de recolección de frutos como la algarroba y el pehuén. La caza  del venado, el guanaco o la mara proveía de carne fresca a las tribus.

Durante la etapa de la conquista europea el mayor impacto ambiental se produjo en los espacios próximos a los centros mineros. El denominado Camino Real que unía Buenos Aires con el Alto Perú era utilizado para la provisión de mercancías a las minas (tejidos, vino, tasajo y mulas entre otros).

En este período colonial la introducción de ganado vacuno y equino en el área pampeana (caracterizado por pasturas abundantes) implicó un proceso de reproducción muy importante de estos animales que fueron “responsables” de la dispersión de especies arbóreas como el caldén.

El aumento del número de cabezas de ganado vacuno permitió el desarrollo del saladero que abastecía el consumo de tasajo demandado para la alimentación de los esclavos y en algunos casos la exportación de los cueros.

La actividad del saladero y la curtiembre de cueros cobró mayor importancia en el período independiente y tuvo como consecuencia la valorización de los salares en La Pampa y sur de la provincia de Buenos Aires. El saladero provocó en la ciudad de Buenos Aires problemas ambientales porque los líquidos de desecho eran enviados al río sin una previa desinfección y el aire se impregnaba del feo olor de la carne secada al sol.

El denominado “modelo agroexportador” implicó una intensa modificación del ambiente, principalmente en las tierras de la región pampeana. El desarrollo de la actividad agropecuaria implicó la desaparición de los pastizales naturales; se construyeron miles de kilómetros de vías férreas que alteraron en algunos casos el normal escurrimiento de las aguas; se alambraron los campos impidiendo el natural desplazamiento de algunos mamíferos, etc. En la llanura chaqueña el tratamiento del ambiente no fue mejor, el bosque chaqueño (para la utilización del quebracho colorado) fue talado sin ninguna consideración de tipo conservacionista. En Misiones la producción intensiva de la yerba mate se asocia a intensivos procesos de deforestación y deterioro de los suelos.

Durante el pasado siglo y hasta la actualidad no se han producido cambios significativos en el pensamiento ecológico de la sociedad argentina, contrariamente aunque los medios de comunicación y las campañas escolares hacen llegar permanentemente mensajes tendientes al cuidado y conservación de los Recursos Naturales, los procesos de degradación y contaminación han ido aumentando progresivamente. Así por ejemplo, los mínimos procesos de industrialización han generado severos procesos de contaminación en el aire, el agua y el suelo. La actividad minera, en manos de capitales extranjeros, genera severos procesos de destrucción de los ambientes y contamina los suelos de modo irreversible. La mecanización agrícola implicó la sobrepoblación sin control de algunos centros urbano (por la inmigración rural) y el aumento de los procesos de erosión de los suelos por la realización de trabajos continuos que no permiten las rotaciones y el barbecho. La rápida (y a veces elevada) rentabilidad de la agricultura ha implicado un corrimiento de la frontera agropecuaria sobre espacios agroecológicamente más débiles y menos estables. En algunos casos se han acentuado los procesos de erosión y degradación de los suelos y en otros se realizan intensos procesos de deforestación para dar lugar a cultivos de alta rentabilidad. 

 

Un recurso forestal pampeano: El Bosque Abierto Caducifolio de Caldén

 

Cuando hacemos referencia a las formaciones arbóreas surge una relación directa con actividades económicas ligadas a los procesos de obtención de insumos rurales como postes, varillas, tranqueras, o a la de pasta celulósica para obtener diversos tipos de papel o a la fabricación de muebles, la obtención de carbón vegetal o de leña para calefacción o construcción de viviendas, entre otros usos. Pero también los árboles protegen el suelo de la erosión provocada por el viento y el agua, inciden en las condiciones climáticas de una región o actúan como filtro purificador de la atmósfera.

El Caldén forma parte del Bosque Abierto Caducifolio. Se extiende desde el Sur de la provincia de San Luis hasta el Suroeste de La Pampa. La Pampa es la provincia que posee el bosque de mayor magnitud de esta formación que es única en el país. Es por esto de gran importancia contar con reservas de esta especie para preservar su ecosistema.

Tiene un especial interés tanto desde el punto de vista ecológico como productivo.

Ecológicamente, el Caldén contiene una fauna y flora específica y además brinda protección contra la erosión y las distintas adversidades climáticas. Con relación al beneficio productivo, representa un importante valor forestal y es productor de bienes y servicios, además de ser generador de mano de obra. También es importante la calidad de las pasturas naturales que se obtienen a través de un buen manejo, ya que permite el desarrollo de la actividad ganadera de cría. También su fruto, una chaucha amarillenta es base de la alimentación del ganado por su alto valor proteico.

En la época anterior a la conquista el territorio estuvo poblado por indígenas, araucanizados aproximadamente a partir del año 1.800. Hubo asentamientos de carácter permanente pero, como su número de pobladores era escaso, no se produjeron cambios notables en los ecosistemas aunque utilizaban el cardenal para la provisión de alimento, protección, abrigo, combustible y madera para la construcción.

El Caldén es el principal recurso forestal de la provincia, a punto tal que a fines del siglo pasado y principios del actual, su explotación (ligada principalmente a la extensión del ferrocarril) dio lugar a la fundación de diversos pueblos, entre ellos Quehue, Naicó, La Maruja,Loventué, Conhelo, Rucanelo y Telén.

La explotación del Caldén fue un factor de poblamiento, pero no de afincamiento. Surgió un personaje típico – el hachero – generalmente oriundos de espacios empobrecidos del Centro y Norte del país; llevaban, solos o con sus familias, una vida errante y llena de privaciones.

Actualmente, algunos de aquellos pueblos han desaparecido o tienden ha hacerlo (son los denominados pueblos fantasmas, como Naicó) y la superficie del bosque ha disminuido notoriamente debido a la extracción indiscriminada de árboles y sin un plan de manejo adecuado. A esto debe sumarse la expansión de la frontera agropecuaria y los incendios. Además, el fuego como herramienta de manejo para la obtención de mejores pasturas para el ganado, afectó y afecta en forma cualitativa a los caldenes y otras especies maderables del bosque.

Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, tanto el Caldén como el Algarrobo, fueron empleados para hacer parquets de muy buena calidad, en reemplazo del roble europeo y norteamericano. Nuevamente el bosque pampeano fue depredado, aunque esta vez el valor agregado era muy superior. Con la aparición de materiales sintéticos, pisos de goma y tratamientos químicos para endurecer las maderas blandas, se eliminaron del mercado el piso de Caldén y Algarrobo y cerraron las fábricas pampeanas.

El agotamiento de los bosques (de muy lenta reposición), la desvalorización de la madera y su reemplazo por el carbón y el petróleo, hicieron entrar en crisis esta actividad de carácter depredatorio.

La ausencia del Estado visible en la carencia de una política ambiental es la causa de la pérdida de grandes masas vegetales. El caldenal fue explotado con criterio minero, meramente extractivo, sin tener en consideración los tiempos de reposición y transformando el recurso en no renovable. El ferrocarril fue agotando los bosques cercanos a sus trayectos y a medida que se agotaban se extraía leña de áreas más lejanas.

El bosque de Caldén  en la actualidad ocupa aproximadamente una superficie de 2.800.000 has, de las cuales solo unas 750.000 has son aprovechables. La media anual de deforestación, es decir, la pérdida neta de superficie de los bosques nativos, a través de un uso sustitutivo, es de aproximadamente 3.000 has., con una media de degradación (alteración más o menos intensa e irreversible de los parámetros estructurales de los bosques nativos) de unas 300.000 has. En amplias superficies la estructura actual del bosque es totalmente diferente de la originaria, se presenta como un bosque cerrado, achaparrado que comúnmente es denominado fachinal. Los renuevos del Caldenal tienden en algunos sectores a avanzar lentamente y se trata de recuperar el equilibrio perdido. Es una zona dedicada a la ganadería, principalmente de vacunos de cría, con escasa densidad de población.     

La madera de caldén tiene diversos usos. Los más tradicionales son: leña, postes, varillas, vigas, carbón, tablas para pisos, muebles, marcos y contramarcos de puertas y ventanas.

En lo relacionado a la producción de rollizos se poseen datos desde 1.951, siendo los primeros 8 años donde se produjo la mayor extracción. A partir de la década del ’70 hubo una declinación considerable.

La excesiva extracción en décadas pasadas produjo un grave deterioro en la calidad del caldenal, mas que reducción de la superficie boscosa. La escasa extracción actual de rollizos permite la lenta restauración de los bosques. Actualmente se han elaborado políticas tendientes a restituir al caldenal la importancia económica que tuvo. En ese sentido, las políticas se orientarían  hacia un manejo silvopastoril que considera la producción de madera de buena calidad  como un objetivo compatible con la función protectora y forrajera del bosque. Se tiende a la aplicación de planes de ordenación que permitan a las masas boscosas recuperar su capacidad productiva y regularizar la oferta maderera en cantidad y calidad.

 

 

Algunas consideraciones finales

 

El caldenar es una conjunción de flora, fauna y suelo que fue utilizado de diversos modos. Con la excepción de los grupos aborígenes, el resto de los grupos sociales que lo aprovecharon no consideraron sus etapas de crecimiento y recuperación e hicieron de este ecosistema un agroecosistema desvastado, que constantemente fue perdiendo las características de su formación natural.

“... El agrosistema es un ecosistema truncado y exportador, y a él corresponde, por definición la destrucción de unos equilibrios naturales y su sustitución por otros equilibrios secundarios, inestables y directamente unidos al ritmo  y tipo de valor económico. De esta forma, los elementos constitutivos del agrosistema son los cultivos y las técnicas tanto de organización del espacio como técnicas de cultivo, orientadas a obtener mayores producciones cuyo destino es el autoconsumo y/o el mercado. La dinámica del agrosistema supone en sí la obtención de unos beneficios.

El agrosistema se materializa en un espacio cuyos caracteres físicos, climáticos topográficos y edáficos, brindan unas determinadas posibilidades a los distintos cultivos  en función de la valencia ecológica de los mismos. Al mismo tiempo los agrosistemas están configurados por unos condicionantes humanos, como la existencia de una población productora y consumidora, la estructura social de la misma determinada por los distintos regímenes de tenencia de la tierra y las explotaciones y, por último, los distintos sistemas económicos y políticos donde se practican estos sistemas agrarios... ” (Márquez Fernández; 1.992; 10).

 A partir de la inserción del territorio provincial en el modelo agroexportador,  que los desequilibrios ecológicos adquieren tal magnitud que comprometen la futura utilización de los recursos.

Cada modelo productivo soluciona algunos problemas ecológicos pero, también crea otros. El modelo agroexportador implicó aumentar la producción pero como consecuencia, multiplicó las superficies sometidas a riesgos edáficos y climáticos.

De este modo, el sobrepastoreo provocó el deterioro de los suelos, la expansión de las malezas y el aumento de los procesos erosivos. La causa de esto fue el inadecuado manejo de los rebaños, que al no existir alambrados, deambulaban libremente. Los cambios tecnológicos importantes como el alambrado y las aguadas dieron un principio de solución a esta grave situación.

Pero con el Modelo Agroexportador surge otro elemento desencadenante de los procesos erosivos: la agricultura realizada por arrendatarios temporarios, sin interés por preservar el suelo ajeno y sin demasiados conocimientos agronómicos.

Se cortaron los caldenes en forma indiscriminada para abastecer de combustible al ferrocarril o para el desarrollo de los aserraderos al tiempo que se araba siguiendo la pendiente del terreno, facilitando así el arrastre de los nutrientes con la lluvia.

La agricultura es, desde el punto de vista ecológico, una forma extrema de simplificar un agrosistema porque, limita su diversidad biológica a un mínimo de componentes (cultivo, maleza y plagas). Los procesos actuales de avance de la agricultura han determinado la lenta pero progresiva deforestación del caldenal para dar lugar a tierras destinadas a cultivos. Si bien hay leyes que tienden a proteger la superficie del monte de caldén, los productores encuentran siempre “artilugios” legales (por ejemplo si se quema se pueden sacar los árboles afectados y entonces se provocan incendios) y de este modo, año a año la superficie cubierta por el cardenal esta disminuyendo.

En la actualidad, la idea de la conservación de los Recursos Naturales está generalizada, pero se hace necesario transitar el camino de las ideas hacia las acciones. El Estado deberá tener un rol fundamental en el proceso de conservación de recursos como el caldén, para que las futuras generaciones encuentren un espacio que les permita desarrollar actividades económicas sin perjuicio de la desaparición de un ecosistema tan importante como este.  

Será necesario realizar una reformulación de las relaciones entre la sociedad, la naturaleza y los procesos económicos y no olvidar los hechos del pasado, principalmente los que han provocado severos daños en los ecosistemas y que han beneficiado solo a unos pocos, en la inmensa mayoría de los casos sin pertenencia al espacio deteriorado.

 

   

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Ponencia presentada en el Simposio Geopolítica y Recursos Naturales. Séptimo Encuentro Internacional Humboldt. Villa de Merlo, San Luis – Argentina. Martes 20 de setiembre de 2005.

 

 



[1] La siguiente comunicación forma parte del proyecto de investigación denominado Circuitos Productivos, Sustentabilidad y Desarrollo Rural. El caso de los circuitos de oleaginosas y ganadería bovina en la provincia de La Pampa., aprobado por Resolución 043/05 del 4 de Abril de 2005 por el Consejo Directivo de la Facultad de Ciencias Humanas de la U.N de La Pampa y que cuenta con evaluación externa.