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ENCUENTRO HUMBOLDT
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Asunto:[encuentrohumboldt] 406/05 - VOLVER A MIRAR EL PAÍS
Fecha:Lunes, 3 de Octubre, 2005  21:22:28 (-0300)
Autor:Centro Humboldt <humboldt @...........ar>

VOLVER A MIRAR EL PAÍS

(1ra parte)

 

“Buenos días a todos y bienvenidos.

Es un placer encontrarme acá rodeada de tantos amigos nuevos, viejos, y de otros que lo serán en el futuro.

Es también un honor inaugurar esta sesión en la que se concreta, una vez más, algo de lo que hace muchos años soñábamos quienes teníamos ocasión de encontrarnos en representación de nuestros países en algunas reuniones que tenían un tinte exclusivamente oficial.

Hemos hecho referencia a la existencia de la Unión Geográfica Internacional donde confraternizan los geógrafos de todo el mundo. Pero tenemos, todos los países que forman parte de la Organización de los Estados Americanos, otra institución. Y ese es, también, el espacio de conquistar. Aquí voy a lanzar un reto a mi colega mexicano: la sede del Instituto Panamericano (de Geografía e Historia) está en la ciudad de México, en Texas, Obispado 29 y tuve la fortuna extraordinaria de participar de esa reunión de la OEA, del Instituto Panamericano en diferentes oportunidades y allí conocer la excelencia del esfuerzo que mis colegas mexicanos hacían, pero también confraternizar con brasileños, uruguayos, con chilenos y con una enorme minoría, es cierto, los geógrafos de América Central. Y sin embargo, alguna reunión panamericana se realizó en Guatemala y eso permitió también un acercamiento con los países aunque no existía un verdadero desarrollo de la ciencia geográfica como tal. Porque este hecho de contar con representantes oficiales y la circunstancia de que muchos de los institutos cartográficos se llamen en nuestros países institutos geográficos, que dependen de las Fuerzas Armadas (que son las responsables de la realización de la cartografía), hacía que muchas veces las representaciones estuvieran constituidas por quienes miraban la Geografía con una visión sesgada desde ese punto de vista. Sin embargo, reconozco que para los que participamos de esas reuniones fue muy estimulante encontrar que había geógrafos con un lenguaje en común y una necesidad de conocernos mutuamente.

No era tan fácil –ni fue tan fácil- por las historias trágicas que vivieron todos nuestros países en un período en que las dictaduras se instalaron sucesivamente en uno o en otro con más o menos crueldad y originaron una verdadera diáspora, y rompieron las posibilidades de realizar estos encuentros, con los que soñábamos. Y en este sentido quiero rescatar la importancia que tuvo la relación con Milton Santos, en ese sueño de construir una Geografía elaborada por nosotros mismos.

Es cierto que nos encontrábamos con que los representantes de EEUU y aún en Canadá, que en ese momento ingresaba en la OEA, que también sabían más de nuestra geografía que lo que nosotros conocíamos puntualmente y además nos conocían a todos los que en nuestros países hacíamos algo, mientras nosotros los ignorábamos.

Por eso, cuando Humboldt plantea esta posibilidad de encuentro. Y esta posibilidad de que la cosa sea fuera de la égida oficial, contó con mi apoyo espiritual porque creo que es realmente este tipo de encuentros lo que necesitamos. Y necesitamos, como se ha dicho acá, mirar nuestros países hacia adentro; es decir, tener conciencia clara de quiénes somos, y a partir de ese conocimiento y esta afirmación de quiénes somos, estamos en condiciones de reconocer qué es lo que nos acerca a nuestros hermanos latinoamericanos y cuáles son nuestros problemas comunes y cómo debemos enriquecer la mirada del geógrafo a partir del conocimiento de esta realidad.

Porque la Geografía es también una geografía de los lugares y los lugares son únicos y si no tenemos conciencia desde qué lugares estamos hablando estamos siempre dispuestos a aceptar la postura que hoy está de moda, que surge del análisis de otras realidades, o a confundir el medio, que es una tecnología que representa el hecho geográfico, con el fin mismo de la Geografía. Y eso nos está pasando, a veces, con el exagerar la importancia que tiene la confección de los modelos o el dominio de ciertas tecnologías para representar el conocimiento geográfico, pero lo fundamental es alcanzar el conocimiento geográfico.

Y en este propósito de introspección, ver qué es lo que sabemos de nosotros mismos.

Quiero traer a colación la experiencia que estoy viviendo como docente de Geografía en la universidad. Me encuentro, no con alumnos de otras carreras que están cursando Geografía, sino con alumnos que están cursando la carrera de Geografía, que no tienen –diría yo- ni la más pálida idea de qué cosa es su país. Entonces, ¿para qué estamos enseñando? Y no los culpo a ellos. Digo, ¡cómo hemos enseñado nosotros para llegar a esta situación! Que un universitario que tiene 18, 19, 20 años, que es un ciudadano que decide sobre el destino de su país, ignore acerca de cuál es la materia sobre la cual va a dirimir en el futuro, en el momento que elige un gobernante...

Pienso cuáles son las etapas a través de las cuáles uno va adquiriendo ese conocimiento del país. Empieza por la escuela primaria y a veces simplificamos demasiado la mentalidad del niño como si fuera incapaz de comprender otra cosa que el barrio. Es necesario que comprenda el barrio y que aprenda a escribir lo que ve; pero también tiene un afán de conocimiento, una capacidad de imaginación y un interés por lo exótico, que lo lleva a interesarse, por ejemplo, en una obra como la de Harry Potter. ¿Quién podría repetir –yo no- los nombres de ninguno de los héroes que participan en las aventuras mágicas de Harry Potter? Pero ellos los repiten, reconocen las personalidades, saben los milagros... Y pienso que nosotros no fuimos de la era de Harry Potter pero éramos de la era de Selma Laguerlof que recurre al artificio de transformar a Nils Holgersons en un Pulgarcito que se monta sobre el lomo de un ánade, que viaja desde Noruega hasta el Parque Doñana y describe desde el aire todo lo que ve, y de tanto en tanto tiene que bajar para comer, y entonces traba relación con la sociedad. Y finalmente descubre que la rebelión que lo llevó a transformarse en un Pulgarcito era injustificada porque él se rebelaba contra su realidad y entiende que su raíz estaba en su lugar de origen. Entonces vuelve con el ánade hacia las zonas polares y en premio por su arrepentimiento vuelva a transformarse en el niño mimado en su hogar. Y reconoce a través de sus andanzas por diferentes países, sus raíces.

Nosotros nos hemos olvidado de esas capacidades de los niños y no les hacemos hacer el viaje de Holgersons por el propio país o por el propio continente, y descubrir cuáles son las afinidades que tenemos.”

 

CONTINUARÁ

Conferencia dictada durante la apertura del Séptimo Encuentro Internacional Humboldt. Villa de Merlo, San Luis – Argentina – 19 de setiembre de 2005.