Inicio > Mis eListas > encuentrohumboldt > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 141 al 160 
AsuntoAutor
136/02 - Página Ce Humboldt
137/02 - Quinto En Humboldt
138/02 - Quinto En Humboldt
139/02 - Muchas Gr Humboldt
190/02 - Enciclope Humboldt
191/02 - Quinto En Humboldt
192/02 - Quinto En Humboldt
193/02 - Los inici Humboldt
195/02 - Estimados Humboldt
196/02 - Enviar sa Humboldt
197/02 - La Escale Humboldt
198/02 - El Compor Humboldt
199/02 - Ponencias Humboldt
194/02 - MERCOSUR Humboldt
140/02 - Los Límit Humboldt
141/02 - Los sin t Humboldt
142/02 - Fronteira Humboldt
143/02 - Notas pre Humboldt
144/02 - Resolució Humboldt
145/02 - Migracion Humboldt
 << 20 ant. | 20 sig. >>
 
ENCUENTRO HUMBOLDT
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 171     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:[encuentrohumboldt] 193/02 - Los inicios de la integración con Brasil en l os años ochenta
Fecha:Miercoles, 2 de Octubre, 2002  15:45:05 (-0300)
Autor:Humboldt <humboldt @............ar>

Los inicios de la integración con Brasil en los años ochenta.

 

María Victoria Faiella - Javier Fernando Luchetti[1]

 

Introducción.

El siguiente trabajo se propone abordar diversos factores económicos y políticos externos que incidieron en la firma de los acuerdos de cooperación e integración entre Argentina y Brasil, entre la Declaración de Iguazú firmada en 1985, y el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo aprobado en 1989[2].

Si bien el tema de la integración no es nuevo, el impulso a la misma, en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, provino de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL). La propuesta se basaba en la industrialización vía sustitución de importaciones, que debía expandir las dimensiones de los mercados nacionales mediante espacios mayores, integrando a distintos países para aumentar el poder de negociación internacional, lograr economías de escala y alcanzar el desarrollo económico equilibrado. Sin embargo, el proceso de integración de las décadas del sesenta y del setenta tuvo escaso éxito. Entre las causas que lo motivaron se destacaban causas internacionales y factores endógenos como las diferencias políticas y económicas entre las naciones latinoamericanas. A fines de los setenta, el desarrollo económico estaba marcado por las políticas de ajuste estructural inducidas por el Fondo Monetario Internacional, y el Banco Mundial entre otros, debido al endeudamiento externo, y que exigían reconversión industrial y apertura económica.

En la década de los ochenta, los países en desarrollo debieron soportar diversas dificultades: el incremento de la tendencia al deterioro de los términos de intercambio de los productos primarios, el alza en los precios de los productos industriales y del petróleo, los subsidios a los productos agrícolas en los países industrializados, la disminución de los préstamos internacionales, la baja en la tasa de inversión y, el ascenso de las tasas de intereses de la deuda externa. Así, los procesos de integración y cooperación regionales, sufrieron los efectos de los cambios políticos y económicos en el contexto nacional e internacional, lo que influyó en el avance de dichos procesos, y motivó a las naciones latinoamericanas más desarrolladas, a la búsqueda de una mayor inserción en el mercado internacional. Además, actores como las empresas multinacionales dedicadas a la producción, las finanzas y los servicios mermaron la capacidad de control de los gobiernos sobre sus propias economías, transfiriendo sus ganancias a las casas matrices en los países del norte. Al mismo tiempo, se produjo un cambio revolucionario en la tecnología aplicada a la industria, que modificó los modelos tradicionales de producción e información.

Luego del cambio de regímenes militares por gobiernos democráticos que desplazaría paulatinamente las hipótesis de conflicto geopolíticas y militares, Argentina y Brasil se propusieron firmar acuerdos efectivos de integración y complementación como países vecinos buscando remover aquellos obstáculos con que habían tropezado reiteradamente. Efectivamente, uno de los temas relevantes de la agenda de Argentina y Brasil de los años ochenta, y posteriormente de los noventa, ha sido lo referido a los procesos de integración. De ahí la firma de la Declaración de Iguazú el 10 de noviembre de 1985, y los primeros protocolos firmados en diciembre de 1986 por los presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney -y los posteriores-, que sirvieron para avanzar en la cooperación económica, y sentaron las bases para una integración más profunda. Se firmaron acuerdos desde la Declaración de Iguazú en noviembre de 1985, hasta la tercera reunión presidencial entre Raúl Alfonsín y José Sarney en julio de 1987, pasando por la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica Argentina-Brasil (PICAB). Finalmente, en agosto de 1989, con la rúbrica entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, del Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo, firmado por los presidentes Carlos Menem y José Sarney, se aprobó la creación de un espacio común, removiendo los obstáculos tarifarios y no tarifarios al comercio de bienes y servicios en un plazo máximo de diez años.

 

1. El contexto internacional.

La administración de Ronald Reagan estableció la política de restauración hegemónica que logró levantar de su letargo una política de confrontación contra la Unión Soviética en todo el globo, incluyendo América Latina. Reforzó las relaciones Norte-Norte, en detrimento de las Norte-Sur, a partir de la restauración de su poderío militar y un nuevo ordenamiento en las relaciones internacionales. Washington lanzó una ofensiva diplomática, económica y militar contra los movimientos revolucionarios y los estados que los apoyaban. Conjuntamente, predominaron en esta década las políticas destinadas a eliminar la inflación mediante un ajuste monetario y fiscal en las economías centrales, gracias al desmantelamiento del estado benefactor. Las elevadas tasas de interés que atrajeron gran volúmenes de capital foráneo a Estados Unidos, perjudicaron a los países en desarrollo por la incidencia que tenían sobre el servicio de la deuda externa.

La ventaja tecnológica que disfrutaban los norteamericanos desapareció frente a los competidores. La pérdida de competitividad de las empresas transnacionales norteamericanas debido a la baja en la inversión, la caída en la tasa de ahorro personal, y el aumento de las tasas de interés en ese mercado, estimularon las colocaciones financieras a costa de las productivas, atrayendo el capital de estas empresas hacia el mercado financiero norteamericano. La pérdida de competitividad estadounidense y su búsqueda de la modernización, hizo que se promovieran acuerdos de complementación tecnológica e inversión, logrando que la IED -Inversión Extranjera Directa- de los Estados Unidos en el exterior se dirigiera al sector industrial de los países desarrollados. Esto perjudicó a los países en vías de desarrollo, porque los inversionistas privados extranjeros ante la caída de los precios de las materias primas redujeron sus inversiones en dichos países, afectando su capacidad de pago de la deuda externa al no poder generar divisas[3].

La modernización tecnológica de los países centrales adoptó una forma conservadora al agravar las exclusiones de la mayoría de los países en vías de desarrollo ante los cambios tecnológicos en robótica, informática, etc., originados por el descubrimiento de nuevas técnicas de producción, en unión con nuevos productos y nuevos materiales, que reemplazaron la estructura de producción basada en el modo de producción intensivo. Para economizar insumos y mano de obra y lograr una mayor eficiencia, se proyectaron transformaciones tecnológicas tendientes al uso de la automatización y la robotización, agudizando la propagación desigual del progreso tecnológico, y la dependencia periférica de las empresas transnacionales del centro[4].

Los principales productos de exportación de los países subdesarrollados –materias primas, alimentos y combustibles- asistieron no solamente a una caída de la demanda en todos los mercados, sino también a una baja en sus precios debido al reemplazo por nuevos productos, y a una mayor eficiencia en la producción de algunos de ellos en los países centrales. El crecimiento de las ramas tradicionales de la industria manufacturera disminuyó en los países centrales a favor de los servicios y de la electrónica[5].

Al adquirir una mayor importancia el factor tecnológico, la I+D -Investigación más Desarrollo-, pasó a ser el componente principal del costo de producción, en perjuicio de las materias primas y la mano de obra, lo que significó un traslado de la inversión extranjera directa de ciertas regiones a otras, aumentando el grado de las interdependencias regionales. El proceso de división internacional del trabajo sufrió cambios fundamentales al aumentar la demanda de productos diferenciados y de mayor contenido tecnológico que compiten más en estilo, calidad o modelo que en precios. Diversos sectores demostraron que poseían una mayor potencialidad para la diferenciación de los productos en los mercados, especialmente los de corta duración, por ejemplo en los bienes electrónicos esa diferenciación era facilitada por la especialización de las plantas que intervenían en las distintas etapas de producción, y porque los consumidores se encontraban identificados. El comercio intraindustrial –intercambio de bienes dentro del mismo sector, por ej. productos químicos por productos químicos-, provocó un aumento de la producción, mientras que el comercio interindustrial no ha mostrado la misma situación[6].

Los mecanismos no arancelarios compuestos por las regulaciones y políticas gubernamentales que introdujeron un trato desigual para los bienes nacionales y extranjeros, entre los que se encuentran las medidas antidumping –usadas contra mercancías importadas a precios por debajo de los costos de producción-, los derechos compensatorios –aplicados contra importaciones subsidiadas por los gobiernos en los países de origen-, las restricciones voluntarias a las exportaciones, y los acuerdos de ordenamiento de mercado por los cuales los importadores y los exportadores determinan los volúmenes de exportaciones por un plazo determinado, con la amenaza de restricciones unilaterales más graves, también han afectado a los países rezagados[7]. Al crear un nuevo proteccionismo que afecta a los productos intensivos en trabajo, a lo que se sumaron en muchos casos subsidios a las exportaciones, como una forma de proteger los empleos, los países periféricos no lograron hacer uso de sus ventajas comparativas en la venta de bienes producidos en forma intensiva, o con un modo de producción estandarizado[8].

Como la I+D adquirió una gran importancia para todos los estados, ante la interconexión de distintos mercados nacionales en el ámbito internacional, surgió como respuesta una regionalización necesaria para que un grupo de países invirtiera dinero en conocimientos que quedarían de otra forma fuera del alcance de ellos en forma individual. El regionalismo se formó con un grupo de países pertenecientes a un área geográficamente restringida, que intentaba mejorar su posición global respecto de otras economías por medio de la cooperación y las alianzas[9]. La tendencia hacia un refuerzo de los regionalismos se mostró con mayor fuerza en Europa. El regionalismo se convirtió en una plataforma de lanzamiento de una mayor inserción internacional que buscaba aumentar la penetración en los mercados, a partir de la abolición de las barreras aduaneras internas en la propia Comunidad Europea para estimular la competencia de las empresas: "En realidad, el ensanchamiento de la base económica es una plataforma para lanzarse a una inserción internacional más dinámica, lo que es evidente no sólo en la remoción de barreras internas al comercio, sino también en las iniciativas para aumentar la competitividad de sus industrias por medio de acciones conjuntas en áreas como la de ciencia y tecnología"[10].

En síntesis, como señala Sukup (1999), los años ochenta se han caracterizado por distintos factores: “aumentan mucho más rápidamente los flujos de comercio mundial que la producción, y más aún los flujos de capital, todo lo cual acelera muy fuertemente la ‘globalización’ económica y financiera; se intensifica la revolución científico-tecnológica basada en las técnicas de comunicación y de información, lo que les resta gran parte de las ventajas competitivas tradicionales a los países periféricos con sus recursos naturales y mano de obra barata; Estados Unidos se transforma de principal acreedor en máximo deudor del mundo, disminuye fuertemente su competitividad internacional y mantiene un elevadísimo déficit comercial que permite un importante flujo (precario por naturaleza) de exportaciones latinoamericanas hacia este mercado; la Comunidad Europea, hacia 1985, decide profundizar su proceso de integración para salir de su propia crisis aguda; el desempleo creciente aumenta las tendencias proteccionistas; el Japón sigue creciendo velozmente, acompañado por los tigres asiáticos, y ya es un actor principalismo de la economía mundial, como mayor potencia tecnológica y financiera; su peso también aumenta para América Latina, especialmente Chile y los otros países de la costa del Pacífico; empieza a decaer el poderío de la Unión Soviética que termina por desintegrarse conjuntamente con su bloque, dándole prácticamente una situación de monopolio al modelo capitalista occidental; en éste van predominando, a pesar de sus debilidades, las concepciones neoliberales en detrimento de las de tipo socialdemócrata y keynesiano, lo que es consecuencia parcialmente del derrumbe del socialismo real y parcialmente de otros factores”[11].

 

2. La situación latinoamericana.

a) Las circunstancias económicas.

En la década de los setenta, la mayoría de los países de la región gracias a los petrodólares tuvo acceso a los fondos externos, acumulándose una elevada deuda externa. Los bancos comerciales privados, prestaban dinero sin fijarse en la capacidad de pago de sus clientes, que buscaban adquirir bienes de consumo, equipo militar, mantener las burocracias, etc.. El capital privado reemplazaba la ayuda externa del sector público. El flujo de los petrodólares también sirvió para realizar inversiones estratégicas, y también para las inversiones de las empresas públicas[12].

Pero en 1982, México declaró que no podía efectuar más pagos de su deuda externa, desatando una crisis mundial, a la que se le sumó posteriormente el mayor país sudamericano, Brasil. La reacción del FMI y de los bancos ante la crisis, si bien fue rápida, consistía en “paquetes de rescate” que incluían la reprogramación de las deudas y el otorgamiento de nuevos créditos. Los bancos privados a requerimiento de los gobiernos de los países centrales y de sus respectivos bancos centrales, otorgaron fondos para organizar el rescate financiero, formando comités de dirección que llevaron a cabo las negociaciones, que fueron llevadas adelante con cada país en forma individual. El FMI actuó como mediador y parte interesada en las negociaciones concertando las acciones de los países deudores, países acreedores, la banca privada internacional y las de los bancos centrales.

América Latina debía cumplir con sus obligaciones, de lo contrario la región no recibiría nuevos préstamos y se expondría a severos castigos por sus incumplimientos. Asimismo, todos sabían que la deuda era impagable, pero los bancos no podían pasar a pérdida sus préstamos porque los directorios sufrirían las quejas de los accionistas, y más de uno debería cerrar sus puertas, además el gobierno de los Estados Unidos, tendría que auxiliarlos, por lo que aumentarían los impuestos de los norteamericanos, algo que los políticos estadounidenses no estaban dispuestos a avalar. Los bancos redujeron honorarios y las tasas de interés, refinanciaron la deuda, y se pagaron solo los intereses para demostrar que la región continuaba siendo cumplidora, que los bancos no iban a quebrar, y que el sistema financiero internacional seguía gozando de buena salud. El diagnóstico era que los problemas en el pago de la deuda se podían superar con las políticas de ajuste, la reprogramación parcial de los servicios y la concesión de créditos de emergencia para enfrentar situaciones comprometidas en las balanzas de pago, pero hacia 1985 era evidente que la estrategia para enfrentar el problema de la deuda externa latinoamericana no funcionaba[13]. A pesar de diversas propuestas para solucionar el problema de la deuda externa, como el plan Baker y otros, el tema continúa vigente aún hoy en día.

La integración de los países latinoamericanos podía ser una respuesta a la crisis económica, sin embargo esto no fue así. La industrialización sustitutiva de importaciones debía expandir las dimensiones de los mercados nacionales mediante espacios mayores, integrando a distintos países para aumentar el poder de negociación internacional, lograr economías de escala y alcanzar el desarrollo económico equilibrado. Los países serían más eficientes complementando la capacidad industrial y las inversiones futuras a través de la ampliación de un mercado protegido. Se debía proceder a la diversificación de los patrones de exportación incluyendo productos de mayor elaboración para nuevos mercados, puesto que sería difícil competir en los mercados europeos y norteamericanos[14].

Pero, los países miembros de los procesos de integración tanto en la ALALC -Asociación Latinoamericana de Libre Comercio- como en la ALADI -Asociación Latinoamericana de Integración- eran heterogéneos, los unían pocos vínculos políticos estables, y era escasa la complementariedad de sus economías. Además, favorecieron la sustitución de importaciones por sobre la penetración en el mercado externo, haciendo caso omiso de los mayores costos de producción. Existían pocas redes de comunicación y transporte, debido a obstáculos geográficos y políticos. Las políticas cambiarias no fueron las adecuadas, las concesiones arancelarias eran inestables, y el comercio se concentró en las economías más desarrolladas, puesto que la aprobación de ventajas arancelarias no significaba que automáticamente se generaran relaciones de interdependencia entre los países[15].

Cuando se ofrecían oportunidades para crear nuevas industrias, el mercado definía donde instalarlas, y las inversiones elegían los países mayores para la especialización de las manufacturas, dejando a los países pequeños y medianos la explotación de las materias primas. Los empresarios no estaban dispuestos a someter a la producción nacional a la competencia de bienes originarios de otros países en la región. La mano de obra no estaba capacitada para competir en un mercado abierto contra la producción de los países más desarrollados. La idea de la integración no había sido muy aceptada tampoco por los gobiernos militares, que no solamente planteaban una desconfianza en el plano militar sobre sus vecinos, sino que estaban más atentos a los reclamos estadounidenses de unirse a una coalición anticomunista[16].

El naufragio de la ALADI reconoció casi las mismas causas que en el caso de su predecesora, la ALALC: la falta de resultados inmediatos, la inestabilidad económica, la ausencia de convergencias políticas, la deuda externa, las políticas de ajuste estructural, los nacionalismos, y la escasa competitividad industrial de los empresarios. Los países redujeron las importaciones de todas las fuentes, lo que perjudicó a los países miembros. Además, la insuficiencia de la complementación productiva y el predominio de los intercambios entre las filiales y la casa matriz de las multinacionales condujo a robustecer los intercambios intrazonales, dejando de lado una integración de los aparatos productivos. Las economías latinoamericanas estaban orientadas al comercio con los países industriales y no a la integración con los países vecinos[17].

La situación se complicó por los planes de ajuste en la región reclamados por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, los gobiernos de los países industrializados y la banca privada, para combatir la inflación y reducir los déficit comercial y fiscal, que produjeron una recesión en la economía, convirtiendo a la región en una exportadora de capitales y encontrándose fuera del flujo de capitales internacionales manejado por las empresas transnacionales y la banca internacional privada. La interrupción de préstamos internacionales, junto con el envío de fondos al exterior y la menor importancia relativa del continente como receptor de inversiones –excepto en los países con un mercado interno importante-, motivaron una inestabilidad generalizada. El peso de la deuda externa en los presupuestos estatales y el escaso recorte del gasto público, generó inflación, emisión monetaria, y la concentración en la distribución del ingreso[18].

El crecimiento económico basado en el crédito externo abundante y barato de los setenta se acabó bruscamente por una serie de factores tanto externos como internos: “mercados internos demasiado estrechos, que no fueron ampliados a tiempo a través de una orientación exportadora más decidida; falta de rentabilidad y escasa adaptación social y económica de los costosos proyectos de gran envergadura; utilización insuficiente del potencial de desarrollo nacional a consecuencia de la concentración en las clases medias y altas urbanas y en los modelos de consumo occidentales intensivos en importaciones; limitada competitividad internacional de muchas empresas, que, debido al elevado proteccionismo, tuvieron pocos incentivos para aumentar las exportaciones de bienes manufacturados, aprovechar rendimientos de escala mejorar el nivel tecnológico de los procesos de producción y de los productos; desarrollo deficiente de la producción de bienes intermedios y de capital, con una concentración simultánea en los productos de consumo duraderos e intensivos en importaciones; creciente diferenciación social y regional de los ingresos, cuya proporción sobrepasa considerablemente a la de los países semiindustrializados asiáticos; formas de producción muy intensivas en capital, generadas artificialmente, y una elevada propensión al consumo, que frena la acumulación de capital”[19].

Las empresas transnacionales contaban con un control de los mercados –a veces formando carteles-, en el cuál manejaban la producción, el transporte y la distribución de las materias primas y alimentos. El papel de las pequeñas y medianas empresas era poco significativo y su nivel de desarrollo tecnológico escaso. Los países vendedores carecían de la información suficiente como para fijar el rendimiento y la producción a futuro, y también los precios eran manejados por las bolsas situadas en países desarrollados. El superávit en la balanza comercial gracias a la depresión del mercado interno, las devaluaciones, el desempleo, y los bajos salarios, no se aplicó al desarrollo tecnológico, sino al pago de la deuda externa. La disminución del Producto Bruto Interno latinoamericano, el descenso del ingreso real per cápita, la evasión fiscal, la baja tasa de ahorro nacional, el éxodo de los más capacitados, la caída de la inversión pública y del consumo interno, y la disminución del nivel de vida, junto con la depreciación de los precios del sector exportador, amplió la brecha con los países del norte[20].

Los grupos privilegiados por las excepciones fiscales o por los contratos con el estado, lograron bloquear cualquier intento de los gobiernos democráticos por lograr un equilibrio fiscal, ya que su rentabilidad se basaba en la baja de los ingresos de los sectores asalariados y en la especulación financiera. La inflación se produjo además, porque la necesidad de contar con divisas para los pagos externos requería adquirir internamente los fondos necesarios, y los dólares debían adquirirse de los exportadores privados comprando las divisas con endeudamiento, o con emisión monetaria. Recién en la segunda mitad de la década se comienzan a aplicar las estrategias que intentan superar los estrangulamientos externos e internos mediante una mayor capacidad exportadora de la región que podría llevar a una mejoría económica interna a través de una mayor recaudación que ayudara a mejorar el déficit fiscal. Esto se instrumentó con el tipo de cambio, créditos a las exportaciones y estímulos fiscales[21].

A partir del fracaso de la política de sustitución de importaciones, comenzaron a ganar terreno las ideas que hablaban de la apertura de la economía, la competitividad y la inserción externa a través de un estado eficiente que privatizara las empresas estatales, y se dedicara solamente a ciertos sectores económicos o sociales que no pudieran ser atendidos por el mercado. También comenzó a replantearse la inserción en la economía internacional a partir de la modernización del aparato productivo, el aumento de la productividad, la complementariedad y la competitividad, la creación de un mercado ampliado y de economías de escala para la utilización de la capacidad industrial ociosa, y la atracción de capitales de riesgo.

Los organismos internacionales buscaban la liberalización del comercio en los países subdesarrollados, integrándolos fuertemente a las demandas de las naciones desarrolladas, en desmedro del comercio intraregional que en la década disminuyó fuertemente. Esto se debió a que los productos primarios tradicionales estaban destinados a los mercados del norte, y a que las exportaciones recíprocas de manufacturas disminuyeron por falta de divisas para importar insumos, bienes de capital y tecnología y por la carencia de dinero de los países compradores. El comercio con los Estados Unidos y la Comunidad Económica Europea, fue disminuyendo como consecuencia de la intensidad con que la región contrajo sus importaciones en respuesta a las restricciones provenientes de la crisis del endeudamiento externo. Los productos agrícolas ocupan una parte importante de las exportaciones y han venido declinando en su participación como consecuencia de la PAC -política agrícola común- de la CEE que ha logrado transformarla en autosuficiente en una serie de rubros agrícolas, mediante subsidios masivos que descolocan las exportaciones latinoamericanas en otros mercados por la desleal competencia europea[22].

b) La orientación política.

En el aspecto político la situación mejoró ante el retroceso de las doctrinas de seguridad nacional y geopolíticas. La integración latinoamericana tomó un nuevo impulso con mecanismos de consulta y cooperación a partir de los problemas políticos que se planteaban en muchos casos, como un enfrentamiento regional de las grandes potencias. Tal fue el caso de la crisis centroamericana (el enfrentamiento fronterizo entre Honduras y Costa Rica frente a Nicaragua), y la creación del Grupo de Contadora en 1983. La búsqueda de una estabilidad política que consiguiera la perdurabilidad de los procesos democráticos de la región conllevó a la creación de instrumentos de concertación que pudieran solucionar los problemas latinoamericanos, que en ciertos casos se encontraban en la agenda internacional. La creación del Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) inició una nueva forma de concertación regional[23].

Las relaciones multilaterales de alto nivel político acompañaron la democratización continental buscando estratégicas alternativas a la de los gobiernos dictatoriales, y entre ellas se pueden mencionar el nacimiento del Grupo de Apoyo –Argentina, Brasil, Perú y Uruguay- a Contadora, y el Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política del Grupo de los Ocho, que mostraron la intención de aplicar la asistencia económica y política entre los países para lograr una mayor inserción internacional, consolidando los sistemas democráticos, favoreciendo el diálogo entre las naciones, y promoviendo la cooperación e integración latinoamericana[24].

Frente a la crisis económica, se promovió la realización en 1984 de la Primera Conferencia Económica Latinoamericana de Jefes de Estado en Quito, que buscaba la realización de programas de financiamiento, comercio y cooperación energética y regional destinada a dar solución a los graves problemas estructurales del área. Se buscaba también llevar a cabo estrategias colectivas de solidaridad frente a los acreedores de la deuda externa, algo que generó la oposición del Grupo de los 7 quienes se oponían a la formación de un club de deudores, porque esto hubiera significado la discusión pública de las políticas internas fiscales y monetarias de los países industrializados. Posteriormente ese mismo año, la Reunión de Cartagena de Indias a la que concurrieron los ministros de finanzas y cancilleres conformando un Mecanismo Permanente de Consulta y Concertación Política (Consenso de Cartagena) para proponer un tratamiento político de la deuda y su renegociación, mostró la voluntad de avanzar colectivamente en un mecanismo de concertación político-económico regional[25].

Se excluyó la posibilidad de repudio de la deuda, y se propuso la creación de un cartel de deudores que acordaran lineamientos generales que sirvieran a las negociaciones individuales de cada país. Se estableció la idea de la noción de corresponsabilidad entre acreedores y deudores respecto al endeudamiento, y se recomendó que se limitaran los pagos de la deuda externa a un porcentaje de las exportaciones, exigiendo no solamente la baja de las tasas de interés, sino también la restauración de los préstamos. Sin embargo, el Consenso de Cartagena no se manifestó solidario con la decisión del presidente peruano Alan García de limitar el servicio de su deuda externa al 10% de sus ingresos de exportación, ante la posterior reacción de dureza de los acreedores que presionaron al país, aislándolo del resto de las naciones[26].

La intención de los países de poner fin al estancamiento económico y político quedó demostrado por la firma de varios acuerdos sobre integración. La fusión del Grupo de Contadora con el Grupo de Apoyo en Río de Janeiro en 1986, en el llamado Grupo de los Ocho o Grupo de Río, no sólo se constituyó en un nuevo factor de poder frente a la crisis centroamericana, sino que se amplió el campo de aplicación de una política en común que abarcara la cuestión centroamericana, el desarrollo económico, la paz, la justicia, la libertad, y la defensa de la democracia. Lo que buscaban los países integrantes del Grupo de los Ocho era incrementar su poder negociador ante las grandes potencias económicas, promoviendo un cambio en las relaciones económicas y políticas internacionales[27].

La primera reunión de ocho presidentes latinoamericanos efectuada a fines de 1987 en Acapulco, resaltó el compromiso por la paz, el desarrollo, la democracia, la justicia y la independencia, asumiendo el compromiso de renovar y profundizar la integración y cooperación regional, ampliando el comercio recíproco con el objetivo de converger hacia un Mercado Común Latinoamericano y avanzando hacia un concepto de responsabilidad compartida que permitiera una articulación de intereses para lograr un desarrollo económico sostenido. Los jefes de estado recalcaron la necesidad de impulsar un programa de cooperación en ciencia y tecnología para marchar hacia la creación de tecnologías autónomas avanzadas y revertir las transferencias masivas de recursos hacia el exterior, limitando el servicio de la deuda a la capacidad de pago real de cada país. Para esto se consideró indispensable la estabilidad política democrática basada en el pluralismo político, la vigencia de los derechos humanos, el apoyo al desarme y la seguridad internacional, y la promoción del establecimiento de zonas de paz, ampliando el diálogo político con otros estados[28].

También se identificó la necesidad del establecimiento de un sistema comercial internacional sin proteccionismos, reconociendo la naturaleza política del problema de la deuda, y solicitando la creación de instrumentos que otorgaran a los países latinoamericanos beneficios en los descuentos del valor de sus respectivas deudas en los mercados secundarios, “(...) tomando forma definitiva la decisión de los gobiernos allí representados de reforzar la unidad latinoamericana y su poder negociador internacional, impulsando nuevas maneras para formular y enfrentar los problemas comunes; de poner en marcha novedosas estrategias para lograr una auténtica cooperación regional basada en la solidaridad y mantener una permanente interacción política a fin de avanzar en la consolidación de un núcleo integrador de voluntades políticas y esfuerzos económicos”[29].

La segunda reunión de jefes de Estado del Grupo de los Ocho en octubre de 1988, elaboró distintos instrumentos para la integración regional, la paz, la seguridad, la democracia, el fortalecimiento de los organismos regionales, la protección del medio ambiente, el combate del narcotráfico y el desarrollo de la estructura productiva de los distintos países. En esta segunda convocatoria realizada en Punta del Este, no solamente se habló de la integración económica sino también de la integración científico-tecnológica, cultural y educativa. Se buscó hacer hincapié en la necesidad de que se redujera el monto y los intereses de la deuda, y que los inversores externos tuvieran en cuenta a los países latinoamericanos. Se remarcó la necesidad de que el mundo no se dividiera en zonas de influencia, y que se respetaran las soberanías nacionales, valorizando de esta forma las negociaciones multilaterales. Como respuesta hacia nuestros países se formuló el plan Brady, que propiciaba la reducción de la deuda y de los servicios, en primera instancia a México y Costa Rica, para luego extender el plan a otros países[30].

 

3. El acercamiento argentino-brasileño.

El 30 de noviembre de 1985, los presidentes Raúl Alfonsín de Argentina y José Sarney de Brasil, encabezaron una nueva era en las relaciones bilaterales al firmar la Declaración de Iguazú, concibiendo la creación de una comisión mixta para estudiar las modalidades de integración económica entre ambos países. La contigüidad de ambas naciones serviría para que se profundizaran las relaciones puesto que “(…) esa proximidad permite el transporte carretero, con lo que no sólo los fletes son por lo general más reducidos, sino que se logran importantes economías financieras debido a la posibilidad de diminuir los stocks. Un litoral marítimo común, con puertos cercanos, posibilita un transporte económico para cargas de bajo precio en relación al volumen, como es el caso de los granos y minerales. A todo esto, que no es poco, se suman factores políticos como la feliz solución al problema del aprovechamiento de los ríos, y del hecho que ambos países hubieran recuperado, casi al mismo tiempo, la forma representativa democrática de gobierno”[31].

Los dos presidentes buscaban incrementar los lazos de solidaridad y amistad, y coincidieron en señalar los problemas de “(...) la deuda externa, el incremento de las políticas proteccionistas en el comercio internacional, el permanente deterioro de los términos del intercambio, y el drenaje de divisas que sufren las economías de los países en desarrollo”,[32] manifestando su intención de que “(...) América Latina refuerce su poder de negociación con el resto del mundo, ampliando su autonomía de decisión y evitando que los países de la región continúen vulnerables a los efectos de políticas adoptadas sin su participación. Por ello, resolvieron conjugar y coordinar los esfuerzos de los respectivos gobiernos para la revitalización de las políticas de cooperación e integración entre las naciones latinoamericanas”[33].

En lo referente a la deuda externa, “(...) manifestaron además, su gran satisfacción por el hecho de las ideas centrales de Cartagena –exigencia de crecimiento de la economía de los países deudores, necesidad de disminución del peso del servicio de la deuda y corresponsabilidad de deudores y acreedores- estén comenzando a ser comprendidas y, expresaron su deseo de que sirvan de base para nuevas iniciativas tendientes a solucionar el problema”[34]. En el terreno de la cooperación científica y tecnológica, los mandatarios “(...) expresaron su convicción de que la ciencia y la tecnología desempeñan un papel fundamental en el desarrollo económico y social y señalaron la importancia del acuerdo básico como marco adecuado para la cooperación bilateral. Su expresión concreta se manifiesta en los acuerdos complementarios referentes a meteorología, forestación, actividades espaciales, agricultura, comunicaciones y el firmado durante el transcurso de este encuentro sobre biotecnología, así como en el acuerdo de cooperación existente sobre los usos pacíficos de la energía nuclear”[35].

Los resultados emanados de la Comisión Mixta de Alto Nivel de Cooperación e Integración Económica Bilateral, de las subcomisiones sectoriales y de diversas reuniones de negociaciones dieron lugar en Buenos Aires el 29 de julio de 1986, a la firma del Programa de Integración y Cooperación Económica. En el marco del Acta para la Integración Argentino-Brasileña, se firmaron 12 protocolos de carácter sectorial: Bienes de Capital, Trigo, Complementación de Abastecimiento Alimentario, Expansión del Comercio, Empresas Binacionales, Asuntos Financieros, Fondos de Inversiones, Cooperación Energética, Cooperación Nuclear, Sector Aeronáutico, Biotecnología, Estudios Económicos. El programa funcionó hasta el tratado de 1988, y generó conexiones en distintos temas, partiendo de los “protocolos”, a los que luego se sumaron otros protocolos y “anexos”[36].

El Acta para la Integración Argentino-Brasileña establecía que; el programa sería gradual, con etapas anuales de definición, negociación, ejecución y evaluación; que sería flexible para ajustar alcance, ritmos y objetivos; que incluiría proyectos integrados; que se realizaría una armonización simétrica de políticas; que sería equilibrado para no inducir a una especialización de las economías en sectores específicos, sino que se estimularía la integración intrasectorial; que el intercambio buscaría un progresivo equilibrio cuantitativo y cualitativo mediante la expansión del comercio; y que se propiciaría la modernización tecnológica a través de tratamientos preferenciales ante terceros mercados y, la armonización progresiva de políticas económicas[37].

Los cuadros de los ministerios de relaciones exteriores, se percataban que una integración argentino-brasileña aumentaría el poder de negociación internacional obteniendo grandes ganancias por las economías de escala y la especialización productiva, que ayudarían al pago de la deuda externa y permitirían resolver conflictos sociales. Asimismo, favorecería la aparición de nuevas conductas empresariales, nuevas oportunidades de mercado y, de abastecimiento de insumos, incrementando la eficiencia empresaria en la producción de bienes y servicios[38].

La complementariedad intraindustrial se produciría a partir del desarrollo de industrias conjuntas en el sector de bienes de capital creadas a partir de fondos de inversión y la formación de empresas binacionales, es decir, una parte de la tarea se encontraría en manos de los gobiernos a través de las políticas adecuadas, y otra parte, la realizarían las empresas y los inversionistas. Para la Argentina, las ventajas tenían que ver con el acceso a un mercado consumidor mucho más grande que ayudaría a activar nuestra economía, en lo que hace a materias primas, equipos y maquinarias producidas en series cortas y con mano de obra calificada, mientras que para Brasil servía para sumar un mercado consumidor de bienes de consumo duraderos y suntuarios, con factores y recursos necesarios para mejorar la eficiencia de su economía, a partir de la provisión de alimentos baratos y de calidad, junto con recursos energéticos como el gas y mano de obra calificada relativamente barata[39]. Debido al reconocimiento del agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones, se podía optar por la apertura total de los mercados, o por el proteccionismo tradicional, pero se eligió una postura intermedia, que suprimiera la protección superflua, pero que lograra una integración sin grandes costos para ambos países, mediante “(...) un proteccionismo selectivo de aquellas actividades ubicadas en la frontera tecnológica, capaces de generar ventajas comparativas dinámicas”[40].

Continuamente se firmaron nuevos protocolos hasta alcanzar el número de 24. Con el objetivo de profundizar aún más los lazos entre ambos países, en diciembre de 1986 se firmó en Brasil el Acta de Amistad Argentino-Brasileña, Democracia, Paz y Desarrollo, que reafirmaba los conceptos desarrollados en la Declaración de Iguazú y en el Acta de Integración. Los presidentes profundizaron algunos conceptos tales como su fe en la democracia y señalando que el estado de derecho era el principal garante de la justicia social, así como de la dignidad, la libertad y los derechos esenciales del ser humano, sin olvidar tampoco que el crecimiento económico era condición necesaria para la justicia social, la consolidación de la democracia y la paz. Por otra parte, se propusieron avanzar hacia un sistema permanente de concertación y coordinación políticas, tanto respecto de los temas bilaterales como de la situación regional e internacional[41].

El 29 noviembre de 1988 ambos países rubricaron el Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo. Los objetivos del tratado eran la consolidación del proceso de integración y cooperación económica y la integración en un espacio económico común de los territorios de los dos países[42]. El acuerdo enunciaba objetivos generales, aunque algunos de los objetivos eran más codiciosos: “La armonización de políticas aduaneras, de comercio interno y externo, agrícola, industrial, de transporte y comunicaciones, científica y tecnológica y otras que los Estados Partes acordaren, así como la coordinación de políticas en materia monetaria, fiscal, cambiaria y de capitales, serán realizadas gradualmente, a través de Acuerdos específicos que, en los casos correspondientes, deberán ser aprobados por el Poder Legislativo de la República Argentina y por el Poder Legislativo de la República Federativa del Brasil”[43].

Uno de los objetivos era alcanzar en la primera etapa la unión aduanera: “La remoción de todos los obstáculos tarifarios y no tarifarios al comercio de bienes y servicios en los territorios de los Estados Partes serán alcanzados, gradualmente, en un plazo máximo de diez años (...)”[44]. Una vez finalizada la primera etapa se debía llegar a la creación de un mercado común: “Concluida la primera etapa se procederá a la armonización gradual de las demás políticas necesarias para la formación del mercado común entre los dos Estados Partes, incluyendo, entre otras, las relativas a recursos humanos, a través de la negociación de Acuerdos Específicos que serán aprobados por el Poder Legislativo de la República Argentina y el Poder Legislativo de la República Federativa del Brasil”[45]. El tratado fue aprobado en agosto de 1989, por los parlamentos de ambos países, cuando había finalizado el mandato de Raúl Alfonsín, y luego de la asunción en julio de 1989 del presidente Carlos Menem.

 

4. Comentarios finales.

Como resultado de la cooperación e integración argentino-brasileña, entre 1985 y 1989 aumenta la participación brasileña en nuestro comercio exterior, especialmente por las importaciones de ese país. A partir de 1986, la importancia del comercio bilateral se evidenció en el aumento de las manufacturas industriales argentinas en detrimento de las materias primas, mientras que las importaciones del Brasil estuvieron dadas por las manufacturas de origen industrial en el período 1986-1989. El aumento del comercio bilateral e intraindustrial y de las manufacturas argentinas no solamente se debió a los protocolos firmados en el marco de una voluntad política binacional, sino también al tipo de cambio, especialmente entre 1988-89 cuando la hiperinflación argentina deprimió el consumo interno, y el austral estaba subvaluado[46].

El tratado de integración de 1988, logró el aumento el intercambio comercial luego del primer año de vigencia, corrigiéndose el desequilibrio favorable al Brasil en la balanza comercial entre los dos países mediante un esfuerzo del Brasil que aprobó un incremento de sus importaciones argentinas, especialmente en el área de productos agropecuarios, lo que sirvió para dispersar el temor de que el proyecto de mercado común sirviera únicamente al Brasil, como desconfiaban amplios sectores nacionales. A pesar que el primer trimestre de 1989 arrojó déficit, debido a las fluctuaciones cambiarias que demoraban los embarques, a los costos, y a las menores ventas, el comercio bilateral en 1989 se acercó a los 2.000 millones de dólares, y las exportaciones argentinas duplicaron el promedio de años anteriores, posibilitando un superávit de 500 millones de dólares. Por último, los protocolos sectoriales, lograron ampliar el comercio bilateral a partir de la eliminación de las barreras arancelarias, pese a la falta de concreción de algunos objetivos, como la coordinación de las políticas macroeconómicas, etc.[47].



[1]Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires.

[2]Para un análisis de las causas internas, véase: Luchetti, Javier; Argentina-Brasil: los comienzos de la integración (1985-1989). Salta, Tercer Encuentro Internacional Humboldt, octubre de 2001.

[3]Kisic, Drago: La inversión extranjera directa en América Latina, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1989, pp. 162-163. Martner, Gonzalo: Mercados internacionales de productos básicos, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1989, pp. 98-101.

[4]Kñakal, Jan: Morfología actual del sistema centro-periferia, en; Revista de la Cepal. Santiago, CEPAL, diciembre 1990, n° 42, pp. 19-21.

[5]Bernal-Meza, Raúl: Concertación política regional: factor clave de la integración económica latinoamericana, en Bernal-Meza, Raúl y Mendoza, Oscar (comp.); Orden mundial y escenarios regionales. San Juan, Universidad de San Juan, 1991, pp. 36-40. Centro Internacional de Formación Arístides Calvani; La Decisión. Aportes para la integración latinoamericana. Caracas, IFEDEC, 1987, pp. 65-72. Rodriguez, Ennio: La endogeneización del cambio tecnológico: un desafío para el desarrollo, en, Sunkel, Osvaldo (comp.); El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para la América latina. México, Fondo de Cultura Económica, pp. 298-301.

[6]Uno de los ejemplos más conocidos es el de la computadora Apple, cuya travesía abarca: el metal producido en Alemania, diferentes microcircuitos integrados de memoria de California y Japón, la separación de los componentes de las obleas de silicona y su montaje individual en Singapur, la fabricación del tablero de comando del equipo en Taiwán, el teclado de Irlanda, y todos los componentes que convergen a otra planta en Irlanda en donde se ensambla definitivamente. Este comercio intraindustrial vertical en el que se intercambian diferentes partes o materiales básicos para producir un bien final, se debe diferenciar de la especialización intraindustrial horizontal en productos finales diferenciados, como por ejemplo cambiar automóviles. Bekerman, Marta: Apertura importadora e integración en América Latina, en, Bekerman, Marta (comp.); Mercosur. La oportunidad y el desafío. Buenos Aires, Legasa, 1992, pp. 18-19. De La Balze, Felipe: La inserción de la Argentina en el comercio internacional, en, A.A.V.V.; El comercio exterior argentino en la década de 1990. Buenos Aires, Manantial, 1991, pp. 33-37. Leiva Lavalle, Patricio: Evolución y desafíos del sistema de comercio internacional, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1987, n° 120, pp. 17-19. Sierra, Pablo: La integración como estrategia frente a la crisis, en; Integración Latinoamericana. Informe Base. Buenos Aires, Consejo Federal de Inversiones, 1991, pp. 14-16. Tussie, Diana, Los países subdesarrollados en el sistema de comercio internacional: las fuentes de la discriminación. Buenos Aires, FLACSO, 1987, documentos e informes de Investigación nº 53, p. 9. Tussie, Diana; Los países menos desarrollados y el sistema de comercio mundial. Un desafío al GATT. México, Fondo de Cultura Económica, 1987, pp. 54-60.

[7]En algunos casos gracias a la producción en una frontera compartida, se labran acuerdos de subcontratación entre empresas productoras de bienes intermedios, o de partes en países en desarrollo y empresas terminales en países desarrollados, por ejemplo, en el sector de la electrónica. Los países industriales autorizan el reingreso libre de derechos, de artículos de producción nacional que recibieron elaboración adicional en un país extranjero: “El ensamblado en el extranjero es un arreglo por el cual contrata una empresa en el exterior el procesamiento o el ensamblado de un producto, o la fabricación de componentes. Este arreglo involucra la reubicación geográfica de las etapas intensivas en mano de obra de la fabricación de un artículo para aprovechar los menores costos salariales de los países abundantes en mano de obra. Esta fase de la producción podría delegarse a una subsidiaria extranjera de la compañía matriz, o podría subcontratarse con una empresa extranjera no relacionada”. Tussie, Diana, Los países menos desarrollados y el sistema de comercio mundial. Un desafío al GATT, op. cit., pp. 72-73. El trámite más conocido es el de la industria de la maquila en México, que se beneficia del tratamiento preferencial que permite que productos norteamericanos exportados a México reciban valor agregado en México, y sean reexportados a los Estados Unidos, con un arancel que pesa solo sobre el valor agregado mexicano. De La Balze, Felipe, op. cit., p. 36.

[8]“Este nuevo proteccionismo se ejerció globalmente a través de medidas que se aplicaron en tres frentes: la defensa de las producciones en el propio mercado nacional por la vía de restricciones a las importaciones; la defensa por la vía de limitar las exportaciones de los países que causan o amenazan causar problemas en su mercado nacional imponiendo restricciones ‘voluntarias’ a dichas exportaciones o acuerdos de ‘ordenamiento de mercado’, o bien mediante la aplicación arbitraria de medidas para detener la competencia presuntamente ‘desleal’; y la protección de las producciones nacionales en los mercados internacionales por la vía de concederles subsidios u otras medidas promocionales a dichas producciones cuando son exportadas, o bien impidiendo que estos mecanismos sean utilizados por otros países cuando resultan competitivos con las producciones nacionales en terceros mercados”. Leiva Lavalle: Patricio, Evolución y desafíos del sistema de comercio internacional, op. cit., p. 12.

[9]Amorim, Celso: El mercado común del sur y el contexto hemisférico, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, Depalma, mayo-agosto 1991, n° 38, pp. 250-252. Leiva Lavalle, Patricio: La evolución de los intercambios y de la política comercial de los países industrializados, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1989, pp. 64-67.

[10]Amorim, Celso, op cit., p. 251.

[11]Sukup, Viktor; América Latina, año 2000 ¿Unida y dominada?. Políticas económicas, desarrollo e integración regional. Buenos Aires, Centro de Estudios Alexander von Humboldt, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional del Centro, 1999, p. 51.

[12]Altimir, Oscar: Desarrollo, crisis y equidad, en; Revista de la Cepal. Santiago, CEPAL, abril 1990, n° 40, pp. 9-15. Laredo, Iris: Definición y redefinición de los objetivos del proceso de integración latinoamericana en las tres últimas décadas (1960-1990), en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, septiembre-octubre 1991, nº 171-172, pp. 12-14. Vacchino, Juan; La dimensión institucional en la integración latinoamericana, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, diciembre 1992, nº 185, pp. 57-58. Wiarda, Howard: Estados Unidos, América Latina y la deuda internacional: ¿hacia una solución?, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, mayo 1988, n° 134, pp. 47-48.

[13]Bitar, Sergio: El pensamiento latinoamericano ante la crisis económica, en, A.A.V.V.; Crisis y regulación estatal: dilemas de políticas en América Latina y Europa. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1986, pp. 23-24. Sistema Económico Latinoamericano; La economía mundial y el desarrollo de América Latina y el Caribe. Caracas, Nueva Sociedad, 1990, pp. 114-118. Wiarda, Howard, op. cit., pp. 48-49.

[14]Bernal-Meza, Raúl; América Latina en la economía política mundial. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1994, pp. 254-262. Mendoza, Oscar: El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, en, Bernal-Meza, Raúl (comp.); Política, integración y comercio internacional en el Cono Sur Latinoamericano. Mendoza, Universidad de Cuyo, 1989, pp. 255-257. Rofman, Alejandro: Estrategias frente al desafío del Mercosur, en; Revista Realidad Económica. Buenos Aires, febrero-mayo 1993, n° 114-115, pp. 134-140.

[15]Amorim, Celso, op. cit., pp. 254-255. Aragão, José: La integración en América Latina: objetivos, obstáculos y oportunidades, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, diciembre 1993, n° 196, pp. 46-49. Bodemer, Klaus; Europa occidental. América Latina. Experiencias y desafíos. Barcelona, Alfa, 1987, pp. 21-22. Eguivar, Luis y Rua Boiero, Rodolfo; Mercosur. Buenos Aires, La Ley, 1991, pp. 140-142. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Sukup, Viktor: La integración latinoamericana, un camino difícil, en; Cuadernos. Tandil, Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires, 1995, pp. 8-11. Tussie, Diana, Los países menos desarrollados y el sistema de comercio mundial. Un desafío al GATT, op. cit., pp. 156-161. Vacchino, Juan, La dimensión institucional en la integración latinoamericana, op. cit., pp. 5-6.

[16]Aragão, José, op. cit., pp. 46-49. Ffrench-Davis, Ricardo: Integración económica, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1989, nº 142, pp. 38-42. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, op. cit., pp. 255-257. Raimundi, Carlos: La nueva dimensión política de la integración. Buenos Aires, Honorable Cámara de Diputados de la Nación, 1991, pp. 19-24. Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés; La Comunicad Europea y el Mercosur. Una evaluación comparada. Buenos Aires, FIHES, 1993, pp. 59-63.

[17]Aragão, José, op. cit., pp. 46-49. Gonzales Arrieta, Gerardo: Vinculación entre la integración bilateral y multilateral en América Latina: el caso argentino-brasileño en el sector de bienes de capital, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, julio-agosto 1988, n° 136-137, pp. 82-83. Vacchino, Juan, La dimensión institucional en la integración latinoamericana, op. cit., pp. 5-6.

[18]Bouzas, Roberto: América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta, en, Bouzas, Roberto (comp.); De espaldas a la prosperidad. América Latina y la economía internacional a fines de los ochenta, op. cit., pp. 14-17. Gilpin, Robert; La economía política de las relaciones internacionales. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1990, pp. 335-338.

[19]Kürzinger, Edith: América Latina y la Comunidad Europea: repercusiones de los cambios en la economía mundial, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1987, n° 120, p. 29.

[20]Sunkel, Osvaldo: Del desarrollo hacia adentro al desarrollo desde dentro, en, Sunkel, Osvaldo (comp.); El desarrollo desde dentro. Un enfoque neoestructuralista para la América Latina. México, Fondo de Cultura Económica, 1991, pp. 57-58. Bustos, Pablo; El Mercosur ¿más de lo mismo?. Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, 1992, pp. 11-13. López, Andrés y Porta, Fernando: Nuevas modalidades de inserción internacional: el Mercosur, en, Kosacoff, Bernardo (ed.); Hacia una nueva estrategia exportadora. Buenos Aires, Universidad de Quilmes, 1995, pp. 231-233. Martner, Gonzalo, Mercados internacionales de productos básicos, op. cit., pp. 97-101. Sierra, Pablo, La integración como estrategia frente a la crisis, op. cit., pp. 14-15.

[21]Altimir, Oscar, op. cit., pp. 9-15. Bustos, Pablo; El Mercosur ¿más de lo mismo?. Buenos Aires, Fundación Friedrich Ebert, 1992, pp. 11-13. López, Andrés y Porta, Fernando, op. cit., pp. 231-233. Martner, Gonzalo, Mercados internacionales de productos básicos, op. cit., pp. 97-101. Sierra, Pablo, La integración como estrategia frente a la crisis, op. cit., pp. 14-15. Sierra, Pablo: Países del Cono Sur. Ajuste económico 1980/1990 y procesos de integración, en; Integración Latinoamericana. Informe Base II. Buenos Aires, Consejo Federal de Inversiones, 1992, pp. 14-15.

[22]Castellanos, Diego: Hacia una revisión de las relaciones con la Comunidad Europea, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad, marzo-abril 1990, n° 106, pp. 119-120. Insulza, José: Europa y América Latina ante la reestructuración global, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Nueva Sociedad, marzo-abril 1990, n° 106, pp. 98-104.

[23]Bernal-Meza, Raúl, La concertación política regional: factor clave de la integración económica latinoamericana, op. cit., pp. 45-48.

[24]Alegrett, Sebastián: Nuevas formas de concertación regional en América Latina, en Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988, pp. 304-309. Bernal-Meza, Raúl, La concertación política regional: factor clave de la integración económica latinoamericana, op. cit., pp. 45-48. Green, Rosario: Nuevas formas de concertación regional en América Latina: El Grupo de los Ocho, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988, pp. 260-265.

[25]Alegrett, Sebastián, op. cit., pp. 304-309. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. O’ Connell, Arturo: La coordinación de los deudores latinoamericanos: el Consenso de Cartagena y el Grupo de los Ocho, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988, pp. 279-288. Rofman, Alejandro, Estrategias frente al desafío del Mercosur, op. cit., pp. 143-145.

[26]Alegrett, Sebastián, op. cit., pp. 309-319. O’ Connell, Arturo, op. cit., pp. 279-288. Raimundi, Carlos, op. cit., pp. 28-31. Rofman, Alejandro, Estrategias frente al desafío del Mercosur, op. cit., pp. 143-145.

[27]Green, Rosario, op. cit., pp. 265-270. Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Rofman, Alejandro, Estrategias frente al desafío del Mercosur, op. cit., pp. 143-145.

[28]Barros Charlín, Raymundo: Estructuras de concertación de políticas económicas, en, Tomassini, Luciano (comp.); Nuevas formas de concertación regional en América Latina. Buenos Aires, Grupo Editor Latinoamericano, 1988, pp. 155-160. Comisión Económica Para América Latina y el Caribe: Integración regional: desafíos y opciones, en; Revista Comercio Exterior. México, Banco Nacional de Comercio Exterior, enero 1990, volumen 40, n° 1, pp. 67-70. Green, Rosario, op. cit., pp. 265-270. Fuentes Hernández, Alfredo: Concertación política para el desarrollo de América Latina, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, abril 1988, n° 133, pp. 38-40.

[29]Bernal-Meza, Raúl, La concertación política regional: factor clave de la integración económica latinoamericana, op. cit., p. 45.

[30]Laredo, Iris, op. cit., pp. 6-12. Raimundi, Carlos, op. cit., pp. 28-31. Serbin, Andrés: El Grupo de los Tres y el proceso de regionalización de la cuenca del Caribe, en; Revista Nueva Sociedad. Caracas, Editorial Texto, mayo-junio 1993, nº 125, pp. 120-122.

[31]Baldinelli, Elvio; El proyectado Mercado Común Argentino-Brasileño. Buenos Aires, BID/INTAL, 1990, p. 6.

[32]Declaración de Iguazú, artículo 7.

[33]Declaración de Iguazú, artículo 8.

[34]Ibídem, artículo 9.

[35]Ibídem, artículo 28.

[36]Halperín, Marcelo: Dilemas jurídicos e institucionales en el proceso de integración entre Argentina y Brasil, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, INTAL, abril 1987, n° 122, pp. 268-269. Tagle, Carlos: Aspectos jurídicos e institucionales del Programa de Integración y Cooperación Argentino-Brasileño, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, n° 122, pp. 46-50.

[37]Acta para la Integración Argentino-Brasileña, artículo 2.

[38]Ondarts, Guillermo: La nueva integración, en; Revista Integración Latinoamericana. Buenos Aires, INTAL, enero-febrero 1992, n° 175, pp. 29-30. Quintanar, Silvia: La estrategia de integración desde el PICAB al MERCOSUR a través del análisis del sector de bienes de capital, en; Revista Meridiano. Buenos Aires, Centro de Estudios Alexander von Humboldt, agosto 1995, n° 1, pp. 25-26. Valls Pereira, Lía: Integración del cono sur: algunas reflexiones, en; Revista del Derecho Industrial. Buenos Aires, Depalma, mayo-agosto 1991, n° 38, pp. 293-294.

[39]Aldaco, Alfredo y Hunt, Guillermo: El Mercado Común del Sur, en, A.A.V.V.; El comercio exterior argentino en la década de 1990. Buenos Aires, Manantial, 1991, pp. 371-372. Bustos, Pablo, op. cit., pp. 28-29. Mendoza, Oscar, El programa de integración y cooperación Argentino-Brasileño. Algunos criterios para su evaluación, op. cit., pp. 290-300.

[40]Mendoza, Oscar: DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, en, Bernal-Meza, Raúl y Mendoza, Oscar (comp.); Orden mundial y escenarios regionales. San Juan, Universidad de San Juan, 1991, p. 72.

[41]Acta de Amistad Argentino-Brasileña, Democracia, Paz y Desarrollo, artículos 1-10.

[42]Tratado de Integración, Cooperación y Desarrollo entre la República Argentina y la República Federativa del Brasil, artículo 1.

[43]Ibídem, artículo 4.

[44]Ibídem, artículo 3.

[45]Ibídem, artículo 5.

[46]Porta, Fernando: El acuerdo de integración Argentino-Brasileño en el sector de bienes de capital: características y evolución reciente, en, Hirst, Mónica (comp.); Argentina-Brasil. Perspectivas comparativas y ejes de integración. Buenos Aires, Tesis, 1990, pp. 275-290. Rapoport, Mario y Musacchio, Andrés, op. cit., pp. 130-139.

[47]Amorim, Celso, op. cit., pp. 255-260. Mendoza, Oscar, DEL PICAB AL MERCOSUR. Continuidad, cambios y proyección subregional del Programa de Integración Argentina-Brasil, op. cit., pp. 76-82.


Ponencia presentada en el Simposio MERCOSUR, durante el Cuarto Encuentro Internacional Humboldt "Geografía de la Integración", Puerto Iguazú, setiembre 2002.