Inicio > Mis eListas > elmistico > Mensajes

 Índice de Mensajes 
 Mensajes 8007 al 8036 
AsuntoAutor
RV: Por favor la b serymab
FW: Por favor la b Pedro Fc
RE: Por favor la b Pedro Fc
FW: Por favor la b Pedro Fc
RE: Por favor la b Pedro Fc
FW: RE: Por favor Pedro Fc
Inteligencia Espir Silvia .
Re: Inteligencia E cesar en
RE: Por favor la b FHER
RE: Por favor la b Oscar Ro
Sobre Inteligencia Silvia .
JESUS DECIA 4 RAMIRO L
DIOS HABLA DE SI M RAMIRO L
PALABRAS DE VIDA 8 RAMIRO L
dar de baja maria ro
Re: dar de baja karla ch
Rv: RE: Para darse Mirasol
RE: Rv: RE: Para d Silvia .
- EL ANTICRISTO, 6 galeon
RE: Fw: Astrología Vinka Lu
RE: Por favor la b leonora
Y estamos cansados Mirasol
Fw: Fw: LEAN ESTO Isabel R
Inteligencia Espir Silvia .
Re: dar de baja Jorge Ar
FW: marta fa
Re: Fw: Fw: LEAN E Jorge Ar
Re: Fw: Fw: LEAN E Isabel R
2.03.07 eclipse Isabel R
FW: Fw: Fw: LEAN E marta fa
 << 30 ant. | 30 sig. >>
 
El Mistico
Página principal    Mensajes | Enviar Mensaje | Ficheros | Datos | Encuestas | Eventos | Mis Preferencias

Mostrando mensaje 8032     < Anterior | Siguiente >
Responder a este mensaje
Asunto:Re: [elmistico] Inteligencia Espiritual-Cap VIII
Fecha:Jueves, 1 de Marzo, 2007  14:01:37 (-0300)
Autor:cesar enrique coronel <hennry2015 @.........ar>
En respuesta a:Mensaje 8031 (escrito por Silvia .)

QUERIDA SILVITA NO SE QUE PASŇ PERO ME FALTA EL VII
LO ENVIASTES? henry2015@...
gracias,chau

"Silvia ." <silviamdelcdelc@...>> esc escribió:
LA LEY DE LA INTEGRIDAD
 
LA VIDA EN NUESTRA VERDAD
Integridad significa vivir y actuar alineado con las Leyes Espirituales y con nuestra más alta conciencia,
a pesar de impulsos a hacer lo contrario.
Del corazón de la integridad, reconocemos, aceptamos, y expresamos nuestra auténtica realidad interior, inspirando a los demás no con palabras, sino con nuestro ejemplo.
No estoy seguro de ganar pero estoy seguro de ser verdadero.
No estoy seguro de tener éxito pero estoy seguro de vivir de acuerdo a la luz que tengo.
Abraham Lincoln
Después de ver el halcón girar con las corrientes de aire, nos dirigimos hacia un valle profundo donde los árboles llevaban un lazo de musgo de esmeralda. Mientras descendíamos reflexioné sobre las Leyes que había aprendido hasta el momento, pero apenas pude recordar algún detalle.
Refiriéndose a mis preocupaciones, la santa dijo, "no tienes que recordar todas las palabras, viajero. Las palabras son sólo sonidos. Algunas voces tienen el poder de penetrar el corazón y tocar el alma. Esta autoridad espiritual sólo la adquieres viviendo acorde a las Leyes de la Espiritualidad."
Deteniéndose, ella miró en la lejanía y señaló un pico ante nosotros. "¿Puedes ver la cima de esa colina?"
"No querrás que le de con una piedra, ¿verdad?"
Ella sonrió. "No, nada de eso. Sólo quiero que vayas hasta arriba del todo y vuelvas aquí en treinta minutos."
Miré hacia la cima. "¿Treinta minutos? Pero si hasta corriendo a tope todo el camino de ida y vuelta, dudo que – quiero decir, supongo que podría trabajar con mis creencias -"
"Te quedan veintinueve minutos," dijo ella.
Me callé y salí.
La carrera fue difícil y dolorosa. A mitad de camino para arriba, mis pulmones quemaban de tal manera que consideré la posibilidad de dar media vuelta antes de alcanzar la cima. Sentí que no podía continuar, pero tenía que hacerlo, y por tanto lo hice; llegué a mis límites y los superé.
Cuando volví casi caí a sus pies. Llegué diez minutos tarde. Estaba respirando con fuerza y me estaba planteando que significaba ese fracaso, cuando la santa preguntó, "¿por qué no te has vuelto antes de llegar a la cima? De esa manera habrías podido llegar a tiempo. ¿Quién hubiera sabido la diferencia? Yo no lo hubiera sabido."
"Yo sí," dije recuperando la respiración. "Yo lo hubiera sabido."
Ella sonrió. "Ahí la tienes: la Ley de la Integridad consiste en vivir en consonancia con tu mayor conciencia a pesar de los impulsos a hacer lo contrario – sobre cómo te comportas cuando nadie te está mirando."
La santa me guió, todavía jadeando, hacia una cuesta que nos llevó a un lago estacional, todavía lleno de las lluvias del invierno. Sin rastro alguno de conciencia de identidad, se quitó sus ropas exteriores y se metió en el lago. Yo hice lo mismo. No era una experiencia diaria estar a solas en las montañas, casi desnudo con otra mujer que no fuera mi esposa. La santa era suficientemente atractiva; me encontré preguntándome si tenía una vida amorosa. Sentí un poco de culpabilidad. No es que tuviera ningunas intenciones sexuales – yo tenía mis reglas – pero no puedo negar que el pensamiento no cruzara mi mente.
Justo entonces, ella se giró hacia mí y respondió a mis pensamientos: "Romper los códigos de la sociedad es como nadar hacia arriba por un río, contra la corriente de los valores contemporáneos. Puede ser hecho si es el deseo más profundo de tu corazón, pero hace la vida más difícil – exhausta – y tiene consecuencias."
"¿Cómo cuales?"
"Tales como agitar las creencias y emociones de otros que se toman esas creencias muy en serio," dijo ella.
"Por tanto, ¿significa tener integridad seguir los estándares sociales?"
"Seguir los estándares de vuestra sociedad y evitar lo que no está considerado ético, legal, o moral, no es cosa de integridad; eso es tener sentido común."
"Por tanto ¿recomiendas conformidad porque es más fácil?"
"Yo no recomiendo que aceptes algo ciegamente o te rebeles ciegamente. Simplemente mantén los ojos bien abiertos, y pon más atención a la Inteligencia Espiritual de tu corazón en vez de complacer o negar impulsos o deseos aleatorios. Sigue la guía en integridad de Martin Luther: Ama a Dios y haz lo que te apetezca."
Haz lo que te apetezca, pensé, preguntándome por un momento si esto era algún tipo de invitación, y qué haría si lo fuera. Mis reflexiones fueron pronto interrumpidas por las palabras de la santa mientras se ponía la ropa y me indicaba que yo también debería hacer lo propio. "Como decía, viajero, la Ley de la Integridad pide una genuina expresión de nuestra realidad interior. También reconoce que si la envidia, la avaricia, y la manipulación influencian nuestras acciones y expresiones, las consecuencias son inevitables, están construidas en la mecánica del universo. Al romper las Leyes Espirituales, el propio acto es el castigo, poniendo en movimiento fuerzas sutiles las consecuencias de las cuales no nos podemos escapar más de lo que nos podemos escapar de la ley de la gravedad."
En ese instante ya nos habíamos adentrado más en el valle, donde empinadas vertientes y gruesos matorrales componían los sonidos de nuestro paso. Perdido en el pensamiento sobre lo convencional, los deseos, y la integridad, casi choqué con la santa, que se había parado para señalar un lagarto que había salido de la grieta de una roca. "Ese lagarto no intenta ser algo diferente," dijo ella. Entonces comenzó a señalar un objeto detrás de otro, diciendo, "Esto es un árbol. Allí hay una riera -"
"Sí," interrumpí. "Ya los veo."
"¿Pero puedes sentirlos?"
"No estoy muy seguro de qué quieres decir."
"A diferencia de las criaturas del mundo natural, los humanos están rodeados por el artificio social, apartándose de su propia verdadera naturaleza."
Entonces, casi hablando en un susurro, ella dijo, "Los shamans – los curanderos de los nativos – practican el arte del cambio de forma. Este arte no consiste en cambiar tu cuerpo sino en propagar tu conciencia a los animales, árboles, o riachuelos para poder sentirlos – aprender sus lecciones – identificándose con cada uno de ellos para poder sentir sus cualidades interiores y convertirte interiormente en ellos. Esto es posible porque el Yo auténtico contiene todas estas cosas."
"¿Qué tiene todo esto que ver con la Ley de la Integridad?"
"Supuse que lo preguntarías," dijo ella sonriendo. "Mi amigo Lao-tzu una vez dijo, ´El oso polar no tiene que bañarse para ponerse blanco; y tú tampoco tienes que hacer nada excepto ser tú mismo´. El mundo natural está repleto de tal autenticidad; el caudaloso río, el movido viento, y los ruidosos grillos están contentos de ser ellos mismos. ¿Estás tú completamente contento con quién eres – no ser nada más, ni nada menos?"
"¿Qué pasa si quiero convertirme en algo más?" pregunté.
"¿Más?" la santa sonrió. "¿Cómo podrías ser más? ¡Tú ya no tienes límites! Cuando dejes el cuerpo, viajero, nadie en las puertas del cielo te preguntará si fuiste un santo; te preguntarán si fuiste tú mismo, si hiciste el papel para el que has venido a la Tierra.
"La sabiduría de los años," continuó ella, "de Platón a Shakespeare, nos recuerda, ´Conócete a ti mismo,´ y ´sé verdadero.´ Integridad significa ser íntegro, conociéndonos a nosotros mismos y siendo nosotros mismos, para que nuestras acciones sean auténticas, consistentes con nuestras intenciones supremas – para que nuestro cuerpo, mente, emociones, y actitudes se complementen entre sí, formando un todo mucho mayor que la suma de las partes.
"No tiene sentido hablar de integridad hasta que entendamos nuestros más profundos incentivos, valores, y motivos – hasta que aceptemos quienes Somos, nuestra Luz, en vez de quienes esperamos ser o pretendemos ser. Una persona puede donar a los pobres por amor y compasión; otro puede hacerlo por culpabilidad, o por la necesidad de impresionar a los demás; cada uno de los dos demuestra caridad; sólo uno muestra integridad. Motivos e intenciones marcan una gran diferencia en las vidas de los que dan y en los que los que reciben, porque damos mucho más que monedas; damos la moneda de nuestro ser."
"Me está dando la impresión que es mucho más difícil conseguir vivir la integridad de lo que pensaba."
"Todo es difícil hasta que se convierte en fácil," contestó la santa. "Se necesita coraje y ser abierto para conseguir autenticidad – ser capaz de decirte a ti mismo y al mundo, ´Te guste o no, este soy yo,´ y después vivir esa verdad. Pero una vez que aceptas tu humanidad, la integridad no es nada difícil. No se trata de ser perfecto o infalible; todos hemos cometido errores. Sólo podemos hacerlo lo mejor posible y aprender de nuestros fallos, para que podamos hacerlo mejor la próxima vez. Estar unido a la Ley de la Integridad significa aceptar nuestras flaquezas y aferrarnos a nuestra fuerza interior, y así convertirnos en ejemplos vivientes que enseñan el camino a otros."
"Quizás esto es a lo que se refería Mahatma Gandhi cuando decía, ´Mi vida son mis enseñanzas´."
"Sí," respondió ella. "Los niños nunca han sido muy buenos escuchando a sus padres, pero nunca fallan a la hora de imitarlos."
"No creo que sólo te estés refiriendo a los niños."
"De hecho no," replicó la santa. "Todos nos influenciamos los unos a los otros por medio de nuestro ejemplo, y todos aprendemos imitando, seamos o no conscientes de ello. Influimos a los demás no tanto por lo que decimos, sino por cómo vivimos.
"Una vez caminé por una carretera junto a una señora que se hacia llamar a sí misma Peregrina De La Paz," continuó la santa. "Ella viajaba por fe, caminando hasta que era ofrecida refugio y ayunando hasta que era ofrecida comida, recordándonos, ´Vivid acorde con vuestra Luz suprema y más Luz os será otorgada.´ Esto resume la esencia de lo que es integridad, viajero, y tú eres llamado a practicarla."


Consigue