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Asunto:Re: [dxcolombia] Las cosas de mi pueblo Colombiano
Fecha:Sabado, 4 de Febrero, 2012  23:39:51 (-0500)
Autor:JOSE LUIS CAÑAS de LIMA <hk3i.qrz @.....com>

Duele el alma al leer de nuevo esa noticia  de los niños muertos de hambre por la cobardía y corrupción de los burócratas.


Y algunos también tienen la insensatez de botar el bocado que no pudimos engullir, bien por glotones o por irresponsables. O simplemente se les ampolla la mano sino cierran la llave mientras se bañan o se afeitan o lavan los platos.

Quien devolverá la alegría de la sonrisa limpia de esos niños a sus madres?

Sigamos eligiendo a incompetentes por un plato de lentejas, por una cara bonita y una retórica de telenovela barata, que eso es comparable con la historia de las monedas de judas. Así vamos a terminar pronto con todo lo poco que nos queda, porque todos nos hacemos viejos algún día, inclusive los que mueren jóvenes y rozagantes en su opulencia y estúpida zona de confort, sin estrenar neuronas.

Que un niño muera de paludismo aunque triste, es una cosa. Pero de hambre muerto un niño?, cuando existe alguien cerca que no le dio de comer, porque por cobarde se le vino en gana "no involucrase para cuidarse el cuero"? eso es simplemente homicidio, es un crimen contra toda la humanidad.

 Y la fiscal y el procurador donde andan? a los curas el caso les quedó grande o no les llegó? porqué no hablan sobre esto? Están esperando los jueces a que los términos se venzan? Que hay investigaciones en curso? Me uno al decir de Juan Gossaín eso es otra investigación exhaustiva. El juicio de un caso de estos no debe demorar mas de tres meses, esto es un caso con pruebas comparables a las de la flagrancia!!!

Dios mío!!! donde andas que no te ocupas de tanto asesino de cuello blanco que anda suelto?
HK3I

El 29 de enero de 2012 14:16, German GONZALEZ DEL RIO <hk8ea.dx@gmail.com> escribió:
Asunto: Fwd: FW: QUE HORROR....ASÍ SE MANEJA NUESTRA PATRIA



Y POR FAVOR CIRCULELO ENTRE SUS AMISTADES.


¡Hideputas!


Por JUAN GOSSAÍN
Especial para El Tiempo

Excúsenme si parezco furioso: lo estoy. Esperé una semana antes de
sentarme a escribir, pero no se me pasa. El crimen que se ha cometido
clama justicia al cielo. Voy a contarles la historia.

San Estanislao de Kotska, con su nombre de santo polaco, es un
pueblo de 15.000 habitantes, en el departamento de Bolívar, situado
apenas a 40 kilómetros de Cartagena. Por allí se le conoce simplemente
como Arenal.

En la víspera de Nochebuena murieron dos niños, uno, de 2 años, en
Arenal, y el otro, de 7 meses, en Soplaviento, la aldea de músicos que
le queda al frente.

Estaban recogidos con sus familias en albergues para damnificados
del invierno. Los dictámenes médicos fueron iguales en ambos casos:
muerte por desnutrición. Los aguaceros de los últimos años han
ocasionado tantos estragos en las riberas del canal del Dique que ya
no hay comida. Un sacerdote amigo mío vio a una madre con sus hijos
almorzando las hojas que arrancaban de un palo de limón a la salida de
Calamar.

Ese mismo día, mientras los vecinos piadosos recogían dinero en la
calle para enterrar a los niños, en una bodega de la zona industrial
de Cartagena tuvieron que destruir 12.000 raciones de comida que la
Gobernación de Bolívar había comprado hace cuatro años, para socorrer
a las víctimas del invierno, pero que acabaron pudriéndose en un
depósito.

No eran solo alimentos. En las cajas también había varias
medicinas, entre ellas suero glucosado para rehidratar a los
hambrientos. Es probable que con un par de esas botellas los dos niños
se hubieran salvado. Sigo pensando en ellos hoy, que es día de los
Santos Inocentes.

Historia de un crimen

Todo empezó en el año 2007. El implacable invierno, que desde
entonces venía rugiendo como un perro hambriento del sur de Bolívar
hacia el norte, había cobrado ya sus primeras víctimas: ranchos
destruidos, cosechas perdidas, gallinas y cerdos que flotaban en las
corrientes. Las romerías de indigentes, con un pedazo de colchón al
hombro y las criaturas en brazos, se
desplazaban de pueblo en pueblo, mendigando cobijo y pan.
El gobernador Libardo Simancas, que estaba a punto de dejar su
cargo para ser investigado por vínculos con la parapolítica, ordenó
que se compraran 12.000 mercados a unos licitantes de víveres que los
cotizaron por 4.000 millones de pesos.

Joaco Berrío, el nuevo gobernante, acusó a su antecesor de haber
hecho una compra amañada y sin los requisitos que exige la ley. Según
declaró públicamente, temía que al repartir esos alimentos lo metieran
en la cárcel. En aquella ocasión le dije por radio que es mejor
terminar preso por repartir comida que por dejarla pudrir.

Prefirió ordenar que almacenaran los mercaditos en una bodega
contratada mientras se adelantaba una "investigación exhaustiva" que
no llegó a ninguna parte. (Malditas sean las investigaciones
exhaustivas en Colombia. Todavía no hemos podido saber quién asesinó
al mariscal Sucre ni quién ordenó que mataran a Gaitán.)

A Berrío lo destituyó la Procuraduría por otras razones. Llegó un
tercero, Jorge Mendoza, tan fugaz que ni tuvo tiempo de averiguar
dónde diablos era que estaba guardada la comida.

En el 2010 convocaron a votaciones atípicas para que alguien
gobernara los nueve meses que hacían falta. Solo participó el 10 por
ciento de los ciudadanos. Apareció Alberto Bernal, el cuarto
mandatario, y, según él mismo ha dicho, desde el día de su posesión ya
los mercaditos estaban dañados.

En esos cuatro años, cada invierno fue más grave que el anterior.
Los damnificados se multiplicaron. Eran, como siempre, los más
indefensos y desprotegidos. Uno puede comprobar en las calles
coloniales de Cartagena que los desplazados por el agua ya no piden
dinero. Ni siquiera piden una sábana. Ellos mismos dicen que se
conforman con una lata de leche en polvo o unos cubitos para hacer
sopa.

Pasó el tiempo. Llovían las explicaciones legales, hubo una
inundación de incisos y parágrafos, cayó un diluvio de intrigas,
metieron sus manos diputados y concejales, y así, entre martingalas de
leguleyos y bellaquerías de políticos, la bodega terminó por
convertirse en un pudridero.

La ira de Dios

Los vecinos del depósito empezaron a quejarse. Los olores
apestaban. 12.000 cajas de comida para seres humanos se habían
convertido en un banquete de ratas y en basurero de cucarachas.

Hasta que la semana pasada un grupo de especialistas decidió que
se procediera a destruir los mercaditos con candela porque eran un
peligro para la salud pública. Yo no sé cuál de todos esos
gobernadores es el culpable, o si lo son todos, porque cada uno cuenta
un cuento distinto y cada quien trata de sacar sus chorizos del humo.

Solo espero que la ira de Dios caiga sobre los responsables de una
infamia como esta, ya que la justicia de los hombres no solo es ciega,
sino sorda. Y que les tenga reservada una paila del infierno más
caliente que el fuego de los mercaditos, para que prueben una
cucharada de su propia medicina. Son más condenables que la guerrilla,
los narcotraficantes y los paramilitares juntos.

Este crimen de lesa humanidad es más horrendo que el de los
parásitos financieros de Wall Street, que los fraudes electorales de
Putin en Rusia, que las masacres de Gadafi en Libia, que las palizas
del Ejército sirio contra los manifestantes de Damasco.

Pero aquí, en Colombia, tierra del café más suave del mundo y de
las esmeraldas más bonitas, nadie se indigna, nadie ocupa una plaza
para expresar su protesta, nadie abre la boca. Nadie se estremece. ¿Es
que aquí a nadie le duele nada? ¿Qué es lo que tenemos en las venas?
¿Chicha de maíz?

Las estadísticas más confiables señalan que casi cuatro millones
de colombianos se acuestan cada noche sin haber comido. De ellos, la
mitad son niños. Pero la plata del Bienestar Familiar no alcanza para
llenar el barril sin fondo de tanto contratista ladrón. Y en Cartagena
dejan pudrir 12.000 mercados.

Sigamos en esas, sigamos; sigamos felices, como Nerón, tocando el
arpa mientras Roma arde.

Epílogo para una infamia

Y faltan más horrores. Ya dije que el suministro de los mercados
perdidos se contrató hace cuatro años por 4.000 millones de pesos.
Como nunca les pagaron, ahora los proveedores exigen 9.000 millones,
un incremento del 125 por ciento, a lo que hay que añadirle el precio
hasta ahora desconocido de cuatro años de bodegaje, más 44 millones de
pesos adicionales que cobraron los encargados de destruir la
podredumbre.

No escribo con tinta de computador, sino con sangre, porque
Altenberg me enseñó que quien escribe con sangre aprende que la sangre
es el espíritu.

A punto de terminar, busco en la cabeza una palabra precisa para
referirme a quienes hayan sido los causantes de esta monstruosidad.
Todos los epítetos me parecen pobres ante la magnitud de lo ocurrido.
Decía Cervantes que "solo hay una palabra, y solo una, para expresar
lo que un hombre está sintiendo". Pero ninguna sirve para deshacerme
del tarugo que tengo enquistado en el fondo del corazón.

Hasta que la encontré ahí, en las páginas del propio Cervantes.
Cuando aquellos truhanes de una hospedería del camino lo molieron a
palos, Don Quijote salió del lugar lanzándoles todos los improperios
que se merecían: bribones, sinvergüenzas, granujas, perversos,
malignos, villanos. No contento con ello, subió a su caballo sarnoso
y, antes de volver grupas para marcharse, se asomó por la ventana de
la posada, llenó de aire los pulmones, abrió la boca hasta donde pudo
y, con toda la fuerza de su alma, les gritó:

-¡Hideputas!

Postdata: Algunos todavía seguimos mirando la paja en el ojo ajeno.



--
HK8EA

CHON

MUCHOS DX




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--
Cordial saludo,

JOSE LUIS CAÑAS de LIMA
HK3I
Mincomunicaciones - Colombia




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