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Responder a este mensaje
Asunto:RE: didactifilosofica muerte y vida de los lectores
Fecha:Domingo, 11 de Mayo, 2008  23:50:27 (-0500)
Autor:Wilbert Tapia <filoswil @.......com>

Hola Carolina,
Comparto contigo los comentarios positivos de Fernando sobre la lectura. Respecto a tu in quietud, tuve la oportunidad de leer un libro de José An tonio Marina y María de la V¡lgoma en el que se hacen p ropuestas para incentivar la lectura por parte de los pad res. Creo que también pueden ser aplicables a los profes ores.  Van a continuación.
Saludos
Wilber t

 

Existen numerosos libr os de pedagogía, de especialistas en alfabetización, de maestros, de psicólogos que nos dicen qué hacer para q ue nuestros hijos se aficionen a la lectura. Desde la hip eractiva Fox que propone leer al niño unos mil libros an tes de que vaya a la escuela -es decir en los primeros tr es años de vida- hasta otros m¡s asequibles. Entre tant as sugerencias unas de las que nos han parecido m¡s pr¡ cticas y con m¡s sentido común, son las de la profesora Díaz-Plaja, que nos propone las siguientes líneas de a ctuación. En ellas podr¡ reconocer las recetas m¡gicas que le dimos en el capítulo anterior:

La primera: Crear en ca sa un ambiente de lectura. Ver al padre o a la madre con un libro o un periódico en las manos se convierte en una referencia importante del propio comportamiento. Supone adem¡s que en la familia hay ratos dedicados a la lectur a a los que los hijos se pueden sumar. La imitación e s una gran incitadora.< /SPAN>

La segunda: Hablar sobre libros. Oír como se com enta el interés -o incluso el aburrimiento, por qué no- que suscita la novela que tienen entre manos prolonga la actividad lectora; se crea una transmisión de saberes y de comunicación muy importante para cimentar el gusto l ector. Hay que hablar apasionadamente de nuestros amor es.

La tercera: Leer los libros ap ropiados para tu hijo. Acercarse a la inmensa oferta actu al de libros infantiles y compartirlos con los hijos va a suponer para muchos padres el descubrimiento de una lite ratura rica y variada, que proporciona momentos de conver sación e intercambio con los niños. La lectura debe ser un premio, una actividad divertida, emocionante, cord ial, tranquilizadora.

La cuarta: B uscar entre esta oferta temas que conecten con sus aficio nes. Hay libros infantiles sobre muchos campos y dirigido s a mentalidades y edades muy variadas. No hay duda de qu e alguno de ellos encajar¡ con las preferencias de tu hi jo.

La quinta: Convertir la tele en una aliada, n o en un enemigo. Si la pequeña pantalla es lo que le eng ancha, hay que fijarse en sus programas y películas pref eridos y tratar de buscar libros relacionados con su pasi ón. Tenemos ya garantizado un mínimo de interés. Es mu y importante, sobre todo en no caer en el "si no terminas de leer no hay tele", porque entonces estamos convirtien do la lectura en castigo y la televisión en premio.

La sexta:< SPAN lang=ES> Conocer la biblioteca pública del barrio. Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibli otecas públicas ofrecen muchos m¡s libros de los que se pueden comprar en casa. Suelen celebrarse adem¡s activi dades de animación a la lectura y encuentros con otros l ectores. Incluso a los niños que dicen que no les gusta leer les gusta ir a las bibliotecas. Son un lugar de encu entro, también de padres, que encuentran allí a otros c on los mismos intereses. No lo olvide: si algo que no se aprecia todavía se relaciona con una actividad divertida, acabar¡ asimilando algo de su atractivo.

La s ptima: Incluir en las salidas d e compras una vuelta por una buena librería. Aunque no s e compre nada, es bueno ver las novedades que han apareci do, o qué hay sobre un autor o un tema que le interesó. Si pueden, dejen que sus niños les acompañen y con alg ún motivo especial permítanles que elijan y compren alg ún cuento.

< FONT size=3>La octava: Tratar de averiguar qué tipo de lector es nuestro hijo y respetar sus ritmos . Hay lectores compulsivos, que no paran hasta que han te rminado el libro. Los hay, en cambio, calmosos. Hay lecto res a quienes les gusta releer el mismo libro -Blanca, mi hija pequeña, llegó a leerse el primer libro de Harry Potter ¡cincuenta veces! Y varios de El pequeño vamp iro m¡s de veinte- y los hay ¡vidos de novedades. L os hay noct¡mbulos o diurnos. Darle un margen a su maner a de leer contribuye a consolidar el h¡bito. Hay que allanarle el camino.< /FONT>

La novena: No empeñamos en que le guste lo mismo que a sus padres. Hay que recordar que se est¡ forjando su gusto por la lectura, no el de pap¡ y mam¡. Y hay qu e saber esperar para dar los libros adecuados en el momen to oportuno.

< B>La décima, e l consejo m¡s importante: No ha y que impacientarse si vemos que estas estrategias no fun cionan a la primera. Justamente -nos dice Díaz-Plaja- po rque actúan de manera indirecta, cuesta a veces que arra iguen desde el primer momento. A base de tantear, de desc ubrir sus aficiones y sus inquietudes se puede ir marcand o la línea por la que desarrollar ese h¡bito de manera efectiva, y sobre todo afectiva. Estamos creando un h ¡bito, y debemos contar con el tiempo como aliado.

Tod os los padres queremos que nuestros hijos sean felices y buenas personas. El amor por la lectura no garantiza ning una de las dos cosas, pero pone en buena forma para conse guirlas.

 < /P>

E xtraído de La Magia de Leer.  José Antonio Marina y María de la V ¡lgoma.   Barcelona, Random House Mo ndadori, 2005. pp. 91-94< /P>
 


Date: Sun, 11 Ma y 2008 08:28:33 -0700
From: carolina0725@yahoo.com.mx< BR>To: didactifilosofica@eListas.net
Subject: Re: dida ctifilosofica muerte y vida de los lectores

< DIV style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: arial, helvetica , sans-serif">Hola Fernando Gutierrez:
Querido profesor, me encanto su comentario y estoy de acuerdo, pero esperaría la segunda parte acerca de cóm o revivir a los lectores, yo trabajo con adolescentes y l es doy español, justamente en este momento estoy escribi endo la lista de libros del próximo año.
Así que su comentario, me cayo como anillo al de do.
Carolina Martínez.

----- Mensaje original ----
De: fernando gutierrez <atalamantis@yahoo.com.mx&g t;
Para: didactifilosofica@elistas.net
Enviado: vie rnes, 9 de mayo, 2008 12:44:53
Asunto: didactifilosofi ca muerte y vida de los lectores

Dicen que estas palabras fueron extraidas de...bueno, no
im porta...ojal¡ los profesores y los estudiantes puedan le erlas
algun dia...


"De tantos héroes anón imos que tiene el mundo, hay uno por el que
siento pre dilección, casi amor, sobre todo porque no le hace daño a
nadie y es silencioso. Es un hombre que ha sobreviv ido a mil
batallas. Y también, a otras épocas. Es el lector.

Sé que cada día, en los lugares m¡s in esperados de la Tierra, muere
un lector. Sobre todo en las escuelas, en los colegios, en
las universidades, sitios que por su misión deberían estar
consagrados como templos al oficio de leer.

Hay miles de estud iantes que abandonan el salón de clases con la
intenc ión de no volver jam¡s a leer un libro. La culpa, mucha s
veces, es de los profesores. Ellos, a su vez, son la s primeras
víctimas anónimas de una m¡quina que ha asesinado miles de lectores,
desde la m¡s temprana in fancia. Tal vez por eso algunos dedican el
resto de su s vidas, a veces sin siquiera darse cuenta, a repetir el< BR>crimen cometido contra ellos.

Con la ayuda de m i amigo Ángel Galeano, un hombre que ama los
libros, voy a tratar de hacer una lista de las mil muertes del
lector.

La primera sucede cuando todavía es niñ o. Los adultos le enseñan a
leer porque consideran la lectura, m¡s que un acto de libertad o
un ejercicio de la imaginación, un instrumento para defenderse en
los combates de la vida. Por eso la lectura se enseña co mo la
esgrima. Como si fuera un arte marcial.

L a segunda muerte ocurre cuando los adultos seleccionan lo s libros
que el niño debe leer. En este, como en otro s casos, los adultos no
sugieren, ni seducen, sino que imponen. El niño lector acepta, casi
siempre en sile ncio, el libro que escoge su maestro. Imagina que los
que escogen los libros son personas cultas. Se demora muc hos años
para comprender que algunos de sus profesore s no leen.

La tercera muerte es la fecha límite. De ella son culpables, sobre
Las mil muertes del lecto r todo, los colegios. Hay que leer contra
reloj. Como en una carrera de relevos. El estudiante que excede losplazos est¡ perdido. Est¡ prohibido disfrutar un libr o.

La cuarta muerte es el resumen escrito. Adem¡s de leer, el
estudiante tiene que analizar y resumir. Debe escribir una sarta de
lugares comunes o, si prefi ere, algo inteligente, suyo.

En este último caso, si el profesor no est¡ de acuerdo, corre el
riego de perder la prueba. Muchos estudiantes tratan de sobrepasa r
esta clase de obst¡culos acudiendo a libros en los que ya est¡n
hechos los resúmenes.

La quinta muerte del lector es el examen. El profesor anuncia que l a
próxima semana habr¡ una evaluación. Y un examen es siempre un
interrogatorio. No hay lugar para expres ar pensamientos propios. Se
debe citar. Repetir de mem oria las cosas que otros han dicho sobre
el libro.

La sexta muerte es la calificación. Tres con cinco.< BR>
La penúltima muerte es la culminación del 'proce so'. Es la muerte
del desprecio. El profesor le dice a l estudiante que ha perdido el
tiempo. Que m¡s import ante que leer poemas, cuentos o novelas es
estudiar ma tem¡ticas, física, química, biología.

Hay much as muertes m¡s. Son muertes de libros y por lo tanto de< BR>lectores que jam¡s los leer¡n. Como la del libro que muere ante
nuestros ojos en las vitrinas de las libre rías, sin siquiera abrir
sus p¡ginas, porque no tene mos dinero con qué comprarlo. La del
libro que jam¡s nos prestar¡n. La del libro que prestamos y no nos
d evolver¡n. Los libros que nos obligan a leer en los curs os de
lectura r¡pida. Pasamos sus p¡ginas como cuand o comemos de af¡n una
hamburguesa.

También es t¡n los libros que no comprendemos. Como la versión
original de El Mío Cid. Susanita, mi hija, tenía que le erlo para una
tarea de literatura. Como no entendía e l castellano antiguo, me
pidió que le ayudara. Leí l a obra repasando varios diccionarios.
Fue en vano. Yo tampoco la entendí.

Cada día mueren miles de lec tores. Pero al mismo tiempo nacen miles
m¡s. Lo veo y lo creo. Y me siento feliz por eso. Porque la
lectura nos permite hablar con los muertos, con el resto de los< BR>hombres, con nuestra propia historia. El hombre que le e jam¡s se
siente solo. Leer, adem¡s, es un acto de libertad, de imaginación.
El acto de libertad m¡s gr ande que puede tener un hombre.

Hace un tiempo, un jefe guerrillero que dejó las armas fue a
buscarme a la Universidad de Antioquia para contarme una historia. Él
era el jefe de una patrulla. Sus hombres llevaban varios días
recorriendo las selvas del sur de Bolíva r y tenían la misión de
buscar un
campamento. Las instrucciones de los comandantes sobre el sitio
donde habían dejado las provisiones eran claras. Los guerrill eros
cavaron durante varias horas. Al final, encontrar on comida y
pertrechos suficientes para varios días. Y un libro.

Estaba húmedo porque la bolsa pl¡sti ca en la que lo habían envuelto
estaba rota. Lo pusie ron a secar al sol durante varios días. Luego
volvier on a encuadernar sus hojas, una a una, con mucho cuidado. Lo
leyeron en voz alta en las horas de descanso
ha sta la última p¡gina. Luego lo regalaron a otro frente.

Perla Escandón, una periodista de El País, de C ali, me contó que en
las selvas húmedas y frías que hay en las montañas que separan a
Cali de Buenaventu ra y la costa del Pacífico, una muchacha camina
todos los días de la semana en medio del bosque. Va con un mo rral a
sus espaldas. El morral est¡ lleno de libros. Es una bibliotecaria
rural. Ella presta los libros a l os campesinos. Vive en medio del
fuego cruzado de los frentes guerrilleros y los grupos de
autodefensas. A v eces se encuentra en su camino con tropas del
Ejércit o Nacional o de la Policía Antinarcóticos. Ella camina en
medio de todos ellos cargando su morral lleno de li bros, como si
fuera un ¡ngel."

Saludos, Fern ando Gutierrez



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