El Comercio, 22-06-08
Suplemento Mi Hogar
LA
COLUMNA DE COELHO
El
acto de escribir y el lector
Por
Paulo
Coelho. Escritor www.paulocoelhoblog.com
"Hay
dos tipos de escritores: unos hacen pensar, y otros hacen soñar", dice Brian
Aldiss, que durante mucho tiempo me hizo soñar con sus libros de ciencia
ficción. Pensando en su frase y en mi oficio, resolví escribir unas tres
columnas sobre el tema. Me parece, en principio, que todos los seres humanos de
este planeta tienen por lo menos una buena historia que contar a sus semejantes.
Recojo a continuación mis reflexiones sobre algunos elementos importantes en el
proceso de creación de un texto.
EL
LECTOR
Todo
escritor debe ser, antes que nada, un buen lector. Quien se aferra a los libros
académicos y no lee lo que escriben los demás (y no me refiero solo a libros,
sino también a blogs, columnas de periódicos, etc.) nunca llegará a conocer sus
propias cualidades y defectos.
Por
lo tanto, antes de comenzar cualquier cosa, debes buscar a personas interesadas
en compartir sus experiencias mediante la palabra.
Yo
no digo: "Acércate a otros escritores", sino: encuentra a personas con
diferentes habilidades, porque escribir no se diferencia de cualquier actividad
realizada con entusiasmo.
Tus
aliados no serán necesariamente aquellas personas a las que todos miran,
deslumbrados, y afirman: "Es el mejor". Muy al contrario: es gente que no tiene
miedo de equivocarse y que, por eso mismo, se equivoca. Por la misma razón, no
siempre se reconoce su trabajo. Pero estas son las personas que transforman el
mundo, y que, después de muchos errores, logran algún acierto que revoluciona
para bien la vida de su comunidad.
Son
personas que no consiguen estar de brazos cruzados, esperando que las cosas
sucedan, para poder después decidir cuál es la mejor manera de contarlo: van
decidiendo a medida que actúan, incluso sabiendo que eso puede ser muy
arriesgado.
Convivir
con este tipo de personas es importante para un escritor, porque este debe
entender que, antes de ponerse frente al papel, debe ser lo bastante libre como
para cambiar de dirección a medida que su imaginación viaja. Después de escribir
una frase, debe poder decirse a sí mismo: "Mientras escribía, recorrí un largo
camino, y ahora concluyo este párrafo con la conciencia de que arriesgué lo
necesario, y di lo mejor de mí mismo".
Los
mejores aliados son los que no piensan como los demás. Por eso, mientras buscas
a tus no siempre visibles compañeros (pues raramente se produce el encuentro
entre el lector y el escritor), haz de creer en tu intuición y no le prestes
oídos a los comentarios ajenos. Las personas siempre juzgan a los otros con el
modelo de sus propias limitaciones, y a veces la opinión de la comunidad está
llena de prejuicios y miedos.
Únete
a los que nunca dijeron: "Hasta aquí he llegado, no puedo seguir". Porque de la
misma manera que al invierno lo sigue la primavera, nada puede parar: tras
alcanzar el objetivo es necesario recomenzar, usando siempre todo lo aprendido
en el trayecto.
Únete
a los que cantan, cuentan historias, disfrutan de la vida, y tienen alegría en
los ojos. Porque la alegría es contagiosa e impide siempre que las personas se
dejen paralizar por la depresión, por la soledad, y por las
dificultades.
Y
cuenta tu historia, aunque solo sea para que la lea tu
familia.
Traducción
del portugués: Diego Chozas Ruiz-Belloso