Hola Carolina,
Comparto contigo los comentarios
positivos de Fernando sobre la lectura. Respecto a tu in
quietud, tuve la oportunidad de leer un libro de José An
tonio Marina y María de la V¡lgoma en el que se hacen p
ropuestas para incentivar la lectura por parte de los pad
res. Creo que también pueden ser aplicables a los profes
ores. Van a continuación.
Saludos
Wilber
t
Existen numerosos libr
os de pedagogía, de especialistas en alfabetización, de
maestros, de psicólogos que nos dicen qué hacer para q
ue nuestros hijos se aficionen a la lectura. Desde la hip
eractiva Fox que propone leer al niño unos mil libros an
tes de que vaya a la escuela -es decir en los primeros tr
es años de vida- hasta otros m¡s asequibles. Entre tant
as sugerencias unas de las que nos han parecido m¡s pr¡
cticas y con m¡s sentido común, son las de la profesora
Díaz-Plaja, que nos propone las siguientes líneas de a
ctuación. En ellas podr¡ reconocer las recetas m¡gicas
que le dimos en el capítulo anterior:
La primera: Crear en ca
sa un ambiente de lectura. Ver al padre o a la madre con
un libro o un periódico en las manos se convierte en una
referencia importante del propio comportamiento. Supone
adem¡s que en la familia hay ratos dedicados a la lectur
a a los que los hijos se pueden sumar. La imitación e
s una gran incitadora.<
/SPAN>
La segunda: Hablar sobre libros. Oír como se com
enta el interés -o incluso el aburrimiento, por qué no-
que suscita la novela que tienen entre manos prolonga la
actividad lectora; se crea una transmisión de saberes y
de comunicación muy importante para cimentar el gusto l
ector. Hay que hablar apasionadamente de nuestros amor
es.
La tercera: Leer los libros ap
ropiados para tu hijo. Acercarse a la inmensa oferta actu
al de libros infantiles y compartirlos con los hijos va a
suponer para muchos padres el descubrimiento de una lite
ratura rica y variada, que proporciona momentos de conver
sación e intercambio con los niños. La lectura debe
ser un premio, una actividad divertida, emocionante, cord
ial, tranquilizadora.
La cuarta: B
uscar entre esta oferta temas que conecten con sus aficio
nes. Hay libros infantiles sobre muchos campos y dirigido
s a mentalidades y edades muy variadas. No hay duda de qu
e alguno de ellos encajar¡ con las preferencias de tu hi
jo.
La quinta: Convertir la tele en una aliada, n
o en un enemigo. Si la pequeña pantalla es lo que le eng
ancha, hay que fijarse en sus programas y películas pref
eridos y tratar de buscar libros relacionados con su pasi
ón. Tenemos ya garantizado un mínimo de interés. Es mu
y importante, sobre todo en no caer en el "si no terminas
de leer no hay tele", porque entonces estamos convirtien
do la lectura en castigo y la televisión en premio.
La sexta:<
SPAN lang=ES> Conocer la biblioteca pública del barrio.
Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibli
otecas públicas ofrecen muchos m¡s libros de los que se
pueden comprar en casa. Suelen celebrarse adem¡s activi
dades de animación a la lectura y encuentros con otros l
ectores. Incluso a los niños que dicen que no les gusta
leer les gusta ir a las bibliotecas. Son un lugar de encu
entro, también de padres, que encuentran allí a otros c
on los mismos intereses. No lo olvide: si algo que no
se aprecia todavía se relaciona con una actividad
divertida, acabar¡ asimilando algo de su atractivo.
La s
ptima: Incluir en las salidas d
e compras una vuelta por una buena librería. Aunque no s
e compre nada, es bueno ver las novedades que han apareci
do, o qué hay sobre un autor o un tema que le interesó.
Si pueden, dejen que sus niños les acompañen y con alg
ún motivo especial permítanles que elijan y compren alg
ún cuento.
<
FONT size=3>La octava: Tratar de averiguar
qué tipo de lector es nuestro hijo y respetar sus ritmos
. Hay lectores compulsivos, que no paran hasta que han te
rminado el libro. Los hay, en cambio, calmosos. Hay lecto
res a quienes les gusta releer el mismo libro -Blanca, mi
hija pequeña, llegó a leerse el primer libro de Harry
Potter ¡cincuenta veces! Y varios de El pequeño vamp
iro m¡s de veinte- y los hay ¡vidos de novedades. L
os hay noct¡mbulos o diurnos. Darle un margen a su maner
a de leer contribuye a consolidar el h¡bito. Hay que
allanarle el camino.<
/FONT>
La novena:
No empeñamos en que le guste lo mismo
que a sus padres. Hay que recordar que se est¡ forjando
su gusto por la lectura, no el de pap¡ y mam¡. Y hay qu
e saber esperar para dar los libros adecuados en el momen
to oportuno.
<
B>La décima, e
l consejo m¡s importante: No ha
y que impacientarse si vemos que estas estrategias no fun
cionan a la primera. Justamente -nos dice Díaz-Plaja- po
rque actúan de manera indirecta, cuesta a veces que arra
iguen desde el primer momento. A base de tantear, de desc
ubrir sus aficiones y sus inquietudes se puede ir marcand
o la línea por la que desarrollar ese h¡bito de manera
efectiva, y sobre todo afectiva. Estamos creando un h
¡bito, y debemos contar con el tiempo como aliado.
o:p>
Tod
os los padres queremos que nuestros hijos sean felices y
buenas personas. El amor por la lectura no garantiza ning
una de las dos cosas, pero pone en buena forma para conse
guirlas.
<
/P>
E
xtraído de La Magia de Leer. José Antonio Marina y María de la V
¡lgoma.
Barcelona, Random House Mo
ndadori, 2005. pp. 91-94<
/P>
Date: Sun, 11 Ma
y 2008 08:28:33 -0700 From: carolina0725@yahoo.com.mx<
BR>To: didactifilosofica@eListas.net Subject: Re: dida
ctifilosofica muerte y vida de los lectores
<
DIV style="FONT-SIZE: 14pt; FONT-FAMILY: arial, helvetica
, sans-serif">Hola Fernando Gutierrez:
Querido profesor, me encanto su comentario y estoy de
acuerdo, pero esperaría la segunda parte acerca de cóm
o revivir a los lectores, yo trabajo con adolescentes y l
es doy español, justamente en este momento estoy escribi
endo la lista de libros del próximo año.
Así que su comentario, me cayo como anillo al de
do.
Carolina Martínez.
----- Mensaje original ----
De: fernando gutierrez <atalamantis@yahoo.com.mx&g
t; Para: didactifilosofica@elistas.net Enviado: vie
rnes, 9 de mayo, 2008 12:44:53 Asunto: didactifilosofi
ca muerte y vida de los lectores
Dicen
que estas palabras fueron extraidas de...bueno, no im
porta...ojal¡ los profesores y los estudiantes puedan le
erlas algun dia...
"De tantos héroes anón
imos que tiene el mundo, hay uno por el que siento pre
dilección, casi amor, sobre todo porque no le hace daño
a nadie y es silencioso. Es un hombre que ha sobreviv
ido a mil batallas. Y también, a otras épocas. Es el
lector.
Sé que cada día, en los lugares m¡s in
esperados de la Tierra, muere un lector. Sobre todo en
las escuelas, en los colegios, en las universidades,
sitios que por su misión deberían estar consagrados
como templos al oficio de leer.
Hay miles de estud
iantes que abandonan el salón de clases con la intenc
ión de no volver jam¡s a leer un libro. La culpa, mucha
s veces, es de los profesores. Ellos, a su vez, son la
s primeras víctimas anónimas de una m¡quina que ha
asesinado miles de lectores, desde la m¡s temprana in
fancia. Tal vez por eso algunos dedican el resto de su
s vidas, a veces sin siquiera darse cuenta, a repetir el<
BR>crimen cometido contra ellos.
Con la ayuda de m
i amigo Ángel Galeano, un hombre que ama los libros,
voy a tratar de hacer una lista de las mil muertes del lector.
La primera sucede cuando todavía es niñ
o. Los adultos le enseñan a leer porque consideran la
lectura, m¡s que un acto de libertad o un ejercicio
de la imaginación, un instrumento para defenderse en
los combates de la vida. Por eso la lectura se enseña co
mo la esgrima. Como si fuera un arte marcial.
L
a segunda muerte ocurre cuando los adultos seleccionan lo
s libros que el niño debe leer. En este, como en otro
s casos, los adultos no sugieren, ni seducen, sino que
imponen. El niño lector acepta, casi siempre en sile
ncio, el libro que escoge su maestro. Imagina que los
que escogen los libros son personas cultas. Se demora muc
hos años para comprender que algunos de sus profesore
s no leen.
La tercera muerte es la fecha límite.
De ella son culpables, sobre Las mil muertes del lecto
r todo, los colegios. Hay que leer contra reloj. Como
en una carrera de relevos. El estudiante que excede losplazos est¡ perdido. Est¡ prohibido disfrutar un libr
o.
La cuarta muerte es el resumen escrito. Adem¡s
de leer, el estudiante tiene que analizar y resumir.
Debe escribir una sarta de lugares comunes o, si prefi
ere, algo inteligente, suyo.
En este último caso,
si el profesor no est¡ de acuerdo, corre el riego de
perder la prueba. Muchos estudiantes tratan de sobrepasa
r esta clase de obst¡culos acudiendo a libros en los
que ya est¡n hechos los resúmenes.
La quinta
muerte del lector es el examen. El profesor anuncia que l
a próxima semana habr¡ una evaluación. Y un examen
es siempre un interrogatorio. No hay lugar para expres
ar pensamientos propios. Se debe citar. Repetir de mem
oria las cosas que otros han dicho sobre el libro.
La sexta muerte es la calificación. Tres con cinco.<
BR> La penúltima muerte es la culminación del 'proce
so'. Es la muerte del desprecio. El profesor le dice a
l estudiante que ha perdido el tiempo. Que m¡s import
ante que leer poemas, cuentos o novelas es estudiar ma
tem¡ticas, física, química, biología.
Hay much
as muertes m¡s. Son muertes de libros y por lo tanto de<
BR>lectores que jam¡s los leer¡n. Como la del libro que
muere ante nuestros ojos en las vitrinas de las libre
rías, sin siquiera abrir sus p¡ginas, porque no tene
mos dinero con qué comprarlo. La del libro que jam¡s
nos prestar¡n. La del libro que prestamos y no nos d
evolver¡n. Los libros que nos obligan a leer en los curs
os de lectura r¡pida. Pasamos sus p¡ginas como cuand
o comemos de af¡n una hamburguesa.
También es
t¡n los libros que no comprendemos. Como la versión
original de El Mío Cid. Susanita, mi hija, tenía que le
erlo para una tarea de literatura. Como no entendía e
l castellano antiguo, me pidió que le ayudara. Leí l
a obra repasando varios diccionarios. Fue en vano. Yo
tampoco la entendí.
Cada día mueren miles de lec
tores. Pero al mismo tiempo nacen miles m¡s. Lo veo y
lo creo. Y me siento feliz por eso. Porque la lectura
nos permite hablar con los muertos, con el resto de los<
BR>hombres, con nuestra propia historia. El hombre que le
e jam¡s se siente solo. Leer, adem¡s, es un acto de
libertad, de imaginación. El acto de libertad m¡s gr
ande que puede tener un hombre.
Hace un tiempo, un
jefe guerrillero que dejó las armas fue a buscarme a
la Universidad de Antioquia para contarme una historia.
Él era el jefe de una patrulla. Sus hombres llevaban
varios días recorriendo las selvas del sur de Bolíva
r y tenían la misión de buscar un campamento. Las
instrucciones de los comandantes sobre el sitio donde
habían dejado las provisiones eran claras. Los guerrill
eros cavaron durante varias horas. Al final, encontrar
on comida y pertrechos suficientes para varios días.
Y un libro.
Estaba húmedo porque la bolsa pl¡sti
ca en la que lo habían envuelto estaba rota. Lo pusie
ron a secar al sol durante varios días. Luego volvier
on a encuadernar sus hojas, una a una, con mucho cuidado.
Lo leyeron en voz alta en las horas de descanso ha
sta la última p¡gina. Luego lo regalaron a otro frente.
Perla Escandón, una periodista de El País, de C
ali, me contó que en las selvas húmedas y frías que
hay en las montañas que separan a Cali de Buenaventu
ra y la costa del Pacífico, una muchacha camina todos
los días de la semana en medio del bosque. Va con un mo
rral a sus espaldas. El morral est¡ lleno de libros.
Es una bibliotecaria rural. Ella presta los libros a l
os campesinos. Vive en medio del fuego cruzado de los
frentes guerrilleros y los grupos de autodefensas. A v
eces se encuentra en su camino con tropas del Ejércit
o Nacional o de la Policía Antinarcóticos. Ella camina
en medio de todos ellos cargando su morral lleno de li
bros, como si fuera un ¡ngel."
Saludos, Fern
ando Gutierrez
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