Estrategias ClÃnicas
► Trauma y adicción: dos paradigmas de la época
â–ºTexto / Cuerpo / Goce (De Quincey / Moreau de Tours / Baudelaire /
Burroughs / Huxley / Easton Ellis)
â–º Configuraciones clÃnicas en las adicciones.
Variaciones en las estrategias de los tratamientos.
â–º PolÃticas públicas en materia de drogas: Abstencionismo - Reducción de riesgos y daños. Efectos en la clÃnica de las adicciones.
Los temas aquà anunciados fueron tratados oportunamente en un Curso breve dictado en el mes de mayo por quien suscribe y dos colegas invitados: Silvia Quevedo y Félix Chiaramonte.
Cada uno de los temas fue enfocado desde la anudación clÃnica-polÃtica-episteme; en el centro de ese nudo colocamos los dos términos a tratar: trauma y adicción.
Lejos de plantear la prevalencia de uno de estos aspectos por sobre los otros, consideramos que se trata de tres perspectivas que se interceptan en una simultaneidad sincrónica.
AsÃ, al plantear estos dos términos como 'paradigmas' introducimos un enfoque epistémico que: 1. sitúa el modelo de conducta de una ciencia normal que como matriz disciplinar explica de modo indiferenciado una diversidad de fenómenos que acontecen en situaciones también muy diversas. De esta manera, se crea al mismo tiempo un estándar o modelo de investigación y una clase de anomalÃas que no responden a esa modelo. Ian Hacking introduce, en esta misma perspectiva, una pregunta cara a otro tema epistémico, en relación a los valores inherentes a estos modelos: ¿son meras construcciones sociales? SÃ, podemos decir que estos dos nombres claramente designan lo que el mismo autor llama 'clases interactivas' por el modo en que interactúan la
clasificación y el individuo clasificado. Definir una clase asà es ya una forma de interactuar con la clase misma. 2. Advierte sobre los usos generalizados, que desplazan metafóricamente -con el efecto de configuración social esperable- términos del habla cotidiana como lo es el ‘gusto’ en el caso de la adicción y ‘amenaza’, ‘peligro’, ‘riesgo’, en el de trauma.
Sin duda alguna, hoy de modo ejemplar, el término trauma designa todo lo que no es programable y por tanto entra en el registro de la sorpresa. Como acontecimiento real crea efectivamente un agujero en el discurso común (Eric Laurent, 2005). En términos clÃnicos no hay un tratamiento estándar del trauma. Y para situar la noción de 'acontecimiento real', el paso obligado es discernir los dos tiempos del trauma (infancia y pubertad) que describió Freud. Pero antes, hay que recordar que una vez que Freud sustrajo ese término del discurso médico, lo definió de modo inédito como un acontecimiento que importa, no en función de su gravedad, sino sólo en la medida que produzca 'sorpresa' y 'extrañamiento'. Sólo en ese caso se puede definir como
'traumático' a un acontecimiento 'x' (exterior) que ha producido un encuentro entre la fantasÃa (su montaje pulsional) y dicho acontecimiento. Es decir, que ha quedado ligado a un acontecimiento pulsional que le precede. (Germán GarcÃa, 2005).
La 'adicción' designa hoy un modo paradigmático de consumo. "Sincrónico y paradigmático" -dice J.-A. Miller, año 1997- respecto a una modalidad de goce contemporáneo. Es éste también un modo de nombrar el "empuje al consumo". Un imperativo de mercado (especÃficamente el del siglo XXI, en lo que va ya de su primera década), como tal universal: "para todos". Las modalidades de goce que genera ese imperativo pueden ser tratadas bajo el modo de lo particular. Atañe a grupos, circuitos diferenciados dentro de una ciudad. En términos más amplios: a generaciones, épocas, modas. Tampoco hay una respuesta estandarizada para el tratamiento de las adicciones desde la práctica que propone el psicoanálisis. No hay una respuesta "para todos",
en primer lugar, por un principio freudiano de rigor: la causa de la adicción no es la sustancia (en sus más variadas formas, incluyendo el alcohol, dejamos de lado aquà las llamadas adicciones conductuales). El agente no es el narcótico, sino la satisfacción (paradójica) que el consumo de una sustancia viene a suplir en cada cual. (Freud, 1897). El problema, por ende es otro: es la función que ese consumo tiene en la estructura del deseo en el caso de una neurosis, en la construcción del delirio en una psicosis, o bien como parte del montaje en una perversión. En la 'x' (enigmática) de esa función, toma cuerpo el elemento singular (fatÃdico) de la adicción en cuestión. Sin duda, en cada caso, también está en juego la sustancia -en su variabilidad, no hay "la droga", hay drogas muy diversas, históricamente diferenciadas por los usos y las modas-, y la modalidad del consumo -la edad, el
ritual, la "banda", el contexto social, los recursos económicos, etcétera-. De allà el hallazgo del aserto: "usos heterogéneos de múltiples productos" (A. Ehrenberg, 1994). Precisamente, ambos aspectos inciden en lo real del cuerpo de modos muy diferentes. No obstante, no hay posibilidad de saber de qué se trata en cada caso sino no es por la vÃa del relato a que dan lugar las drogas. Sólo por esa vÃa es posible responder al principio freudiano: qué satisfacción suple y cuál es su fatÃdica inscripción.
En el reverso del enfoque epistémico antes planteado, encontramos en una faz clÃnica -en sentido extenso, en lo que tiene de la práctica de una ejercitación- la singularidad de cada uno de los grandes relatos literarios creados a partir de la experiencia con drogas.
La reunión de tres términos: texto-cuerpo-goce constituye un trÃpode -acuñado por quien suscribe- que permite entrever el modo en el que cada autor (los nombrados más arriba y otros) construye el "texto drogado" (A. Castoldi, 1977). El principio de identidad de percepción es el elemento que articula la gramática de una experiencia de goce encarnada en un cuerpo erógeno que se vuelve texto-escritura, "modelo" por el que otros quieren pasar otros para hacer esa misma experiencia de escritura.
Esos textos dan prueba del principio freudiano: en la "fuente" no está la droga, sino la opacidad de una experiencia de satisfacción-insatisfacción que se cierra sobre sà en una continuidad "fuera" del tiempo, un plus de goce, del que sólo sabremos algún sentido, o algún resto de verdad, a partir de los relatos a que dan lugar.
Desde una perspectiva polÃtica, planteada ya la variabilidad de las prácticas de goce que suponen los consumos de drogas y alcoholes, en el amplio abanico que va de un simple consumo más o menos habitual a una adicción, una clÃnica psicoanalÃtica, que retoma los conceptos fundamentales del psicoanálisis, tal como lo plantea Jacques Lacan (1962-64) a partir de la creación del objeto 'a', es decir de la postulación de la falta estructural de objeto y por ende de la apertura de un nuevo campo de articulaciones, está en condiciones de proponer respuestas centradas en una diversidad de estrategias clÃnicas. Un principio orienta toda estrategia: la adicción no es una estructura clÃnica en si misma, sino un montaje ("de autoconservación
paradójica": S. Le Poulichet, 1990), un artificio que se incrusta en las estructuras antes planteadas, en las que el trauma está siempre referido a un mal encuentro con el cuerpo sexuado y a la elección a la que ese encuentro dió lugar. Cabe plantear incluso que estas prácticas de goce ponen a prueba también el lÃmite mismo de la práctica clÃnica y la discontinuidad de las estructuras clÃnicas, en tanto que la función de "la droga" (precisamente como "nombre de hierro") puede ser desde un simple suplemento a una suplencia que esté en el lugar del único frágil anudamiento con el que cuenta el yo.
No fue ajeno a este enfoque, la consideración, en el contexto actual, de las polÃticas publicas referidas a las dos corrientes vigentes: el abstencionismo por un lado, y la reducción de riesgos y daños por otro. El Módulo de investigación hoy llamado Trauma y Adicción organizó años atrás una actividad sobre este tema en particular. Hoy el contexto ha variado en parte. La reconsideración de la Ley que regula la tenencia y el consumo de drogas está en revisión, en particular en lo que hace a la tenencia y la imputación correspondiente a esa pena. En este estado de cosas, la polÃtica de reducción de riesgos y daños tiene otro alcance. La abstención puede dejar de ser una estrategia de "guerra contra las drogas" para pasar a ser una indicación más,
posible, entre muchas otras a considerar. Desde la orientación aquà planteada, consideramos posible sostener una interlocución productiva en las actuales coordenadas.
► El Módulo de investigación continúa tratando estos temas centrales (que formaron parte del programa del Curso breve) a través de la propuestas de nuevas temáticas que serán siendo anunciadas en los cinco meses que restan del presente año.
La bibliografÃa de referencia (incluido el listado distribuido durante el Curso) está disponible en la Biblioteca del Centro Descates.-
 
; ADRIANA TESTA