
Los intelectuales del mundo y LA
NACION
"Hemos
transformado el cuerpo humano en un nuevo dios"
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Laurent: "Ahora se toman
remedios psiquiátricos como recreo" Foto: Fabián Marelli
"Hoy lo que tenemos en común no
es el lazo social ni el lazo político ni el religioso, sino nuestro cuerpo,
nuestra biología. Hemos transformado el cuerpo humano en un nuevo dios: el
cuerpo como última esperanza de definir el bien común. A mí me parece que esto
es el prototipo de las falsas creencias", afirma el reconocido
psicoanalista francés Eric Laurent.
Laurent, nacido en París en 1945 y
uno de los más destacados discípulos de Jacques Lacan, critica el espíritu
cientificista y mecanicista de esta época. "Ahora que no está más la
garantía de Dios hay una garantía en el cuerpo. Este es, supuestamente, el
fundamento de una ciencia de la felicidad. Gracias a las nuevas tecnologías,
los neurólogos nos ofrecen imágenes en las que podemos ver el centro de la
felicidad. Eso es muy fascinante. Sin embargo, las respuestas rápidas que
ofrecen las neurociencias a los conflictos psíquicos son falsas", dijo
Laurent, máximo responsable de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, durante
una entrevista con LA NACION en su última visita a Buenos Aires.
"En nuestra sociedad existe la
idea de que todo puede ser reducido al mundo técnico. Es un protocolo
maquinista", sostuvo. Autor de numerosos libros (12 de los cuales han sido
publicados en español), Laurent es profesor de posgrado en el Departamento de
Psicoanálisis de la Universidad de París VIII, prestigiosa institución donde
dictaron clases intelectuales como Michel Foucault, Gilles Deleuze, Alain
Badiou y Lacan.
Amable y efusivo, Laurent opina que
un ejemplo del espíritu mecanicista de la época se puede ver en la actuación de
Estados Unidos en Irak: "Intentó constituir un Estado democrático, en un
laboratorio. Pasó del modelo de laboratorio al país sin pensar en la gente.
Esta concepción técnica del mundo no deja de producir catástrofes".
-Usted describe la
civilización actual como individualismo de masa. Esta sociedad genera, según
sus dichos, excesos y exclusión. ¿Qué respuestas tiene el psicoanálisis para
los marginados del sistema?
-Los marginados son sujetos que
están excluidos de la relación económica. Los cartoneros, por ejemplo, tratan
con los restos que quedan del consumo: ellos mismos se encuentran reducidos a
eso. Tratan con lo excluido y son excluidos. El objeto fundamental producido
por nuestra civilización es la basura. Y estas personas son, de la misma
manera, usadas y rechazadas. Lo que decimos frente a estos modos de expulsión
es que los excluidos no lo están en el plano de la lengua. Hablan, son seres
humanos, son seres parlantes.
-¿Cómo se los puede recuperar?
-Dándoles la palabra. A pesar de que
no tienen poder adquisitivo, tienen el poder de encontrar una solución.
-Esta imposibilidad
de acceder al consumo genera violencia. ¿Cree que esta sociedad es más violenta
que las anteriores?
-No es que haya más violencia, sino
más tecnología de la violencia. Se ha construido una sociedad de vigilancia
generalizada; entonces, se genera más violencia, para superar esas defensas. Es
una cuestión de tecnología. Nos rodea un mundo tecnológico donde la violencia
se vuelve más eficaz en su carácter destructivo. Es una eficacia negativa, es
pulsión de muerte, la parte maldita...
-Entre las víctimas
de esta violencia, los más débiles son los niños. ¿Dónde quedan ubicados en
este escenario?
-Los chicos pueden sentirse
abandonados a sí mismos y a su propia violencia. Hay algo vinculado a la
condición humana en esta violencia. El hombre es un animal violento. Los niños
se sienten abandonados a la violencia que tienen en ellos. Antes se los mandaba
a la guerra; ahora se los manda a las escuelas, pero esas escuelas tienen
problemas de autoridad. Hay que encontrar nuevos modelos que ayuden a la
juventud a atravesar la adolescencia. La culpa es nuestra, no de los niños. No
hemos sabido inventar los rituales apropiados que puedan ayudar a un joven
violento a encontrar salidas que no sean autodestructivas o destructivas para
los demás.
-Por ejemplo
-En el siglo XIX, los ingleses,
cuando tuvieron que pasar a la educación de masas, inventaron el deporte de
masas, el fútbol. En ese sentido, deberíamos inventar el nuevo deporte del
siglo XXI, un nuevo ritual que al mismo tiempo fuera una práctica del cuerpo y
que permitiera la socialización.
-Uno de los
refugios que parecían irreductibles eran las familias. ¿No lo son ya?
-Hoy tenemos familias recompuestas,
monoparentales y de personas sueltas. Tenemos también las familias compuestas
por parejas del mismo sexo. Son modos de mantener un deseo de familia. No se
puede decir que la familia no es más un objeto de deseo: más bien es un objeto
de deseo sobre formas múltiples, que no está regulado por la tradición.
-Y en esas
familias, ¿qué lugar ocupa esta figura que siempre fue central para el
psicoanálisis, el padre?
-Un cambio de esta época es la
desautorización de las prohibiciones. Recuerdo el famoso eslogan de fines de
los años 60: "prohibido prohibir". Hoy hay una desautorización de la
autoridad, del modelo tradicional de la autoridad. La figura del padre fue
trastrocada: hoy su función es cargarse de la culpa de prohibir. Esto lo vemos
en la extensión de los trastornos de atención, en las adicciones. Lo que parece
estar extendiéndose son las patologías de acciones, no las patologías derivadas
de la prohibición.
-¿Cuáles son estas patologías de acciones?
-Vemos cada día más gente desaforada
en los shoppings, gente que no puede parar de comprar. Si la felicidad es tener
tanto como los demás, hay que endeudarse de manera excesiva para tener más, sin
pensar, sin tener en cuenta las consecuencias.
-¿El psicoanálisis
está en contra del uso de medicamentos para ciertas patologías?
-El psicoanálisis es un discurso que
evoluciona. En el siglo XIX era una práctica que se ejercía en una civilización
en la cual no existían los fármacos psiquiátricos. Pero ahora todo el mundo
toma fármacos. Por enfermedad, por trastornos, de forma preventiva, por las
dudas... Toma medicación que sirve de recreo.
-¿A qué le llama "recreo"?
-A
la automedicación, la medicación consumida fuera de una indicación médica
precisa. Se utilizan, por ejemplo, remedios que supuestamente están hechos para
tratar la disfunción de la erección en el hombre y se los utiliza con la
fantasía de mejorar las performances sexuales. Estamos en una civilización en
la cual el uso de fármacos está muy presente. El psicoanálisis sólo constata
que su discurso opera en una civilización que ha cambiado completamente.
Por Virginia
Arce
Para LA NACION
Con la
colaboración de Cecilia Diwan