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Estimado Hermano Scout
Tal como he compartido con ustedes mis penas,
quiero compartir con ustedes un hecho que marcará mi vida.
Este domingo, como siempre, me levanté temprano
para ir a Misa (soy católico).
Al salir, busqué entre mis bolsillos el dinero que
llevaba y mientras caminaba concurrieron a mi mente estos pensamientos, al
mover de un lado el único billete que guardaba "daré todo el dinero
en Misa y así Dios me proveerá y ayudará a pasar este mal momento
económico" pero al momento siguiente discurría "Este es satán que me aconseja.
Si lo doy todo no podré comprar siquiera un poco de pan para mi familia". Llegué
a Misa sin saber que hacer.
Transcurrió la Misa hasta llegar a las lecturas
Bíblicas, donde explicaban que sólo se llega a Dios a través de su Hijo y es a
través de él que se pide al Padre. Pero, ¿Qué habría de pedirle? ¿Dinero? ¡No!
Se me ocurrió pedirle el ablandar los corazones de algunos empresarios, que
tengan dinero y necesidad de mis servicios.
A continuación, vino la prédica, donde en esta
ocasión y en forma muy especial, versó sobre el aporte que debemos hacer a
la Iglesia. (me consta que es la única vez en el año, en que el sacerdote ha
tratado este tema en la prédica). Por tanto estaba resuelto, daría el 1% a la
Iglesia y así lo hice al salir de Misa. Me inscribí en la oficina parroquial y
dí mis últimos $ 5.000 (unos 7 dólares). Desde que me cambié a vivir a
Villarrica, jamás me había acercado a cumplir con esta obligación con mi
parroquia local.
De esta forma, llegué a casa sin un cinco, donde me
esperaba mi esposa (es de otra religión) con visitas, dispuestos a tomar
desayuno. Lo primero que me dijo es que necesitaba algo rico, para atender a las
visitas. Vaya lío, ¿Cómo decirle que estaba quebrado delante de otras personas?
Ya me disponía a decírselo, con lágrimas en mis
ojos, cuando golpearon a la puerta. Se trataba de
un empresario que me debía el pago de un servicio hace mucho tiempo. Me había
pasado la semana detrás de él y estaba frente a mí con un sobre en las manos,
deshaciéndose en disculpas. Gracias a él y especialmente a Dios, pude atender a
nuestras visitas y guardar para el resto del mes.
No es importante el monto, pero si la relación: por
7 dólares recibí 42
Con esta experiencia, he aprendido que Dios es más
bueno y hay que aprender a pedirle las cosas a través de su Hijo, con mucha
humildad y fe.
Doy testimonio de lo ocurrido, porque creo que ha
sido un hecho digno de dar a conocer, especialmente a quien uno
quiere.
Recibe mi afectuoso saludo y deseos de Buena Caza
(Bienaventuranza)
Oso Cebado |