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Asunto:[chavales] intimidad
Fecha:Domingo, 22 de Agosto, 2004  12:32:41 (+0200)
Autor:Francisco Gonzalez <fgonzalez54 @.......com>

¿Preferís textos como el que sigue?. Forma parte de un plan de educación en valores que podéis ver en chavales21

Œ  Introducción

 

 

Lee el siguiente documento:

1.- Hace tiempo que te diste cuenta de que las cosas te afectaban, que los aconteci­mientos exteriores producían una reacción en tu interior; te sentías movido a tomar postura ante ellos.

Las cosas te parecían bien o mal. Eras capaz de valorarlas y querías hacerlo.

No es que hasta ese momento no te afectasen; la diferencia está en que ahora te das cuenta.

Has encontrado un mundo en tu inte­rior en el que tú eres el protagonista, el dueño, el promotor y quien sufre los efec­tos. Ahí dentro, tú sientes, tú piensas, tú juzgas... tú sueñas: eres tú.

Te encuentras a gusto en él y ahí te re­fugias con frecuencia y vas haciendo descubrimientos y, como un niño que se cons­truye una cabaña en el bosque, no dejas que nadie penetre en ese interior que es tu­yo.

Y haces bien en guardarlo así, porque ésa es precisamente la parcela que a ti te ha tocado trabajar: sientes que es tuya y lo es.

Te resistes a las intromisiones y haces bien, porque nadie podrá responder por ella más que tú: la intimidad es inviolable

 

2.- Pero, al ir caminando por ese nuevo mundo que has descubierto y en el que pa­recía que habías encontrado la solución de todos los problemas que aquejan a los ma­yores y su mundo, las cosas unas veces te parecen de una manera y otra de otra, no eres capaz de controlar tus propios impul­sos, pasas con rapidez de momentos de eu­foria a otros de desánimo inmotivado.

Tienes serias dificultades para recono­cer tus propios sentimientos, para centrar con claridad la cabeza.

Por otra parte, tu cuerpo no te responde como quisieras: te ha crecido la nariz, tus piernas y brazos te parecen desproporcio­nados, te salen “gallos” al hablar y, ade­más, en los momentos más inoportunos, y observas que tus comentarios, por los gestos y sonrisas de los que te rodean, son inoportunos.

Los respetos humanos te van pudiendo, sientes, hasta el sonrojo, el aguijón del ri­dículo; y pasan un día y otro, semanas, y esos vaivenes continúan: parece la Historia Interminable, con un ambiente tantas veces tan difícil de comprender como el de la obra de Michael Ende.

Entonces es cuando corres serio peligro de encerrarte en ti mismo. Lucha contra ese atractivo reclamo a aislarte en los sue­ños de tu interior:

 

ü       Procura participar en las conversa­ciones con los que te rodean.

ü       Fuérzate a dar tu opinión.

ü       -Considera que es bueno pedir perdón.

ü       Atrévete a preguntar.

ü       ¿No te parece que esos «cascos» te aíslan de la gente?

ü       Ni se te ocurra fumar un «porro».

 

 

3.- El camino que has emprendido es bue­no; tienes una intimidad que te pertenece y que has de desarrollar; pero necesitas CO­NOCERTE A TI MISMO, saber cómo eres, por qué motivo actúas, lo que de verdad quieres conseguir, cuáles son tus defectos y cualidades y en qué grado los tienes; y ahí la sinceridad ocupa la primera fila, porque: la sinceridad comienza con uno mismo

Y esa es la labor más importante; por eso te está costando tanto.

Conocerte te ocupará toda la vida.

Has de ver cada día - te aconsejo que dediques unos minutos cada noche a ello - cómo te ha ido la jornada y los motivos por los que has actuado.

Si con tranquilidad y sinceridad buceas en tu interior, llegarás a darte cuenta que no estás solo. Hay allí una Presencia densa, amabilísima que te acompaña.

Al encontrarte contigo mismo, ahí dentro, verás que no has acabado de verlo todo. Y no sólo por lo difícil que es llegar c nuestra profunda realidad, sino por la Presencia de esa otra Realidad, íntimamente unida a la tuya que te retiene como un definitivo imán y te sostiene como eres.

Verás, entonces, que tus cualidades y defectos, la realidad de tu forma de ser deja de asustarte y, reflejados en ese otro espejo, tienen sentido, y verás, como con un sobresalto gozoso, que: nadie está solo

 

4.- Pero ten en cuenta que es el principio de la lucha: sabes más que antes, estás más dis­puesto, pero todavía no te conoces lo suficiente. Sí le empiezas a ver sentido a ser sincero contigo mismo y empiezas a vislumbrar el valor que realmente tienes , es el momento de que te plantees buscar apoyos en el exterior.

No importa si encuentras defectos, en cuanto a la sinceridad, en todas las personas, incluso en quienes más quieres.

Además, hay una serie de actuaciones que te molestan especialmente:

- Que tus padres acojan con tono condescendiente tus opiniones.

- Que te machaquen los argumentos que acabas de dar y que te parecían definitivos.

          - Que te digan cómo eres. «¿Qué sabrán ellos?»

 

Bueno... ¡Así es el mundo!

 

-           ¡Así somos la gente! y, perdóname.  ¡Así... eres también tú!

 

No lo olvides: eres de la misma pasta que la «gente» que te rodea.

 

5.- Pero es en este mundo donde tú y yo hemos de luchar para ser mejores. Las si­tuaciones ideales sólo se dan en algunos cuentos y películas; a ti mismo te molestan los cuadros color de rosa.

 

Podrías irte a vivir a la tundra de Sibe­ria o al desierto del Sahara, pero te encon­trarías contigo mismo y comenzaría de nuevo la lucha.

 

Volvamos un momento al punto de par­tida: si la sinceridad contigo mismo tenía sentido por el reconocimiento que ante tus ojos tiene el valor de tu intimidad, de tu dignidad -te lo debes a ti mismo-, ése también puede ser el punto de referen­cia para ser sincero con todas esas perso­nas que te rodean.

 

- Tu autoestima.

- Tu  necesidad de actuar a tu nivel.

- Lo requiere tu dignidad.

- TÚ, en el fondo, LO HAS DE QUE­RER... POR TI.

 

Y has de asentir a lo que te digo porque cuando no has sido sincero (no te digo na­da, cuando has difamado o calumniado), pasado el primer momento de alivio o de «gustirrinín», has sentido como un sabor amargo que te llega hasta la boca.

Y se ha clavado en tu cabeza volviendo a ella con una cierta desazón: no estás con­tento contigo.

Y si no has tenido el valor de confesar, por lo menos has procurado tratar mejor a esa persona, para compensar.

Dejémoslo, por ahora, ahí.

Pero estoy contigo en que, aunque te propongas ser sincero, no a todo el mundo le vas a contar todo lo que te pasa. Te cos­taría mucho, no estarías dispuesto y... no lo debes hacer.

 

6.- Y, sin embargo, tú necesitas compartir tu intimidad. Tú mismo lo sientes muchas veces y no como un sentimiento pasajero. Parece que tu mismo ser te lo pide. Necesi­tas dar cauce a esos pensamientos y senti­mientos que con frecuencia te abruman.

Mira a tu alrededor y seguro que hay al­guna persona que te infunda confianza:

 

 - La madre suele ser un buen confi­dente.

- Para los chicos es preferible el padre.

- A veces, un profesor

 - Un amigo (ellos) o amiga (ellas) con quien «conectes».

 - Siempre el sacerdote, aunque no todos.

 

En cualquier caso, una persona:

 

- Que te quiera: fundamental.

 - Que sepa, que tenga experiencia de la vida en sus tres dimensiones: física, psíqui­ca y  sobrenatural.

- Que veas que trata con delicadeza tu intimidad.

- Que te infunda confianza, que estés gusto.

- Que te suponga una exigencia de mejora.

 

Procura no hacer confidencias a extraños, y no tratar de tus sentimientos, de defectos de angustias, del sexo, etc. con personas del otro sexo; tienen una psicología diferente, es muy difícil que se pongan en tu lugar y te aconsejen bien y se pueden crear lazos fal­sos, con malas consecuencias.

 

Todas esas precauciones son importan­tes porque ese delicado jarrón de tu intimi­dad tiene un gran valor. ¡A ver si me va a importar más a mí que a ti!

 

Además, porque la confidencia no es para el desahogo sino para la acción:

Para que te conozcas mejor.

Para que actúes correctamente, te­niendo en cuenta los consejos recibidos.

Pero, tú conoces, tú juzgas y tú decides cómo actúas. Los consejos orientan pero eres tú quien ha de actuar, proyectando con decisión tu visión de las cosas en una auténtica sinceridad de vida.

 

                                                                                  Javier Querejeta.

                                                                                  Sinceridad

Ž  ¿Cuáles son las ideas principales del texto?




 

Francisco González
Puesto que en esta cuenta suelo recibir abundante "correo basura" le ruego que, si me responde, lo haga a fgm@chavales21.net. o bien incuya en el campo "Asunto" la palabra amigo. Gracias




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